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OVIDIO NASON. Roma Clásica

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 09:06

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

DEUCALIÓN Y PIRRA


Surge la tierra, crecen los lugares al decrecer las ondas,
y, después de día largo, sus desnudadas copas las espesuras
muestran y limo retienen que en su fronda ha quedado.
Había retornado el orbe; el cual, después de que lo vio vacío,
y que desoladas las tierras hacían hondos silencios,
Deucalión con lágrimas brotadas así a Pirra se dirige:
«Oh hermana, oh esposa, oh hembra sola sobreviviente,
a la que a mí una común estirpe y un origen de primos,
después un lecho unió, ahora nuestros propios peligros unen,
de las tierras cuantas ven el ocaso y el orto
nosotros dos la multitud somos: posee lo demás el ponto.
Esta tampoco todavía de la vida nuestra es garantía
cierta bastante; aterran todavía ahora nublados nuestra mente.
¿Cuál si sin mí de los hados arrebatada hubieras sido
ahora tu ánimo, triste de ti, sería? ¿De qué modo sola
el temor soportar podrías? ¿Con consuelo de quién te dolerías?
Porque yo, créeme, si a ti también el ponto te tuviera,
te seguiría, esposa, y a mí también el ponto me tendría.
Oh, ojalá pudiera yo los pueblos restituir con las paternas
artes, y alientos infundir a la conformada tierra.
Ahora el género mortal resta en nosotros dos
-así pareció a los altísimos- y de los hombres como ejemplos quedamos».
Había dicho, y lloraban; decidieron al celeste numen
suplicar y auxilio por medio buscar de las sagradas venturas.
Ninguna demora hay: acuden a la par a las cefísidas ondas,
como todavía no líquidas, así ya sus vados conocidos cortando.
De allí, cuando licores de él tomados rociaron
sobre sus ropas y cabeza, doblan sus pasos hacia el santuario
de la sagrada diosa, cuyas cúspides de indecente
musgo palidecían, y se alzaban sin fuegos sus aras.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 09:11

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

DEUCALIÓN Y PIRRA


Cuando del templo tocaron los peldaños se postró cada uno
inclinado al suelo, y atemorizado besó la helada roca,
y así: «Si con sus plegarias justas», dijeron, «los númenes vencidos
se enternecen, si se doblega la ira de los dioses,
di, Temis, por qué arte la merma del género nuestro
reparable es, y presta ayuda, clementísima, a estos sumergidos estados».
Conmovida la diosa fue y su ventura dio: «Retiraos del templo
y velaos la cabeza, y soltaos vuestros ceñidos vestidos,
y los huesos tras vuestra espalda arrojad de vuestra gran madre».
Quedaron suspendidos largo tiempo, y rompió los silencios con su voz
Pirra primera, y los mandatos de la diosa obedecer rehúsa,
y tanto que la perdone con aterrada boca ruega, como se aterra
de herir, arrojando sus huesos, las maternas sombras.
Entre tanto repasan, por sus ciegas latencias oscuras,
las palabras de la dada ventura, y para entre sí les dan vueltas.
Tras ello el Prometida a la Epimetida con plácidas palabras
calma, y: «O falaz», dice, «es mi astucia para nosotros,
o -píos son y a ninguna abominación los oráculos persuaden-
esa gran madre la tierra es: piedras en el cuerpo de la tierra
a los huesos calculo que se llama; arrojarlas tras nuestra espalda se nos ordena».
De su esposo por el augurio aunque la Titania se conmovió,
su esperanza, aun así, en duda está: hasta tal punto ambos desconfían
de las celestes admoniciones. Pero, ¿qué intentarlo dañará?
Se retiran y velan su cabeza y las túnicas se desciñen,
y las ordenadas piedras tras sus plantas envían.
Las rocas -¿quién lo creería, si no estuviera por testigo la antigüedad?-
a dejar su dureza comenzaron, y su rigor
a mullir, y con el tiempo, mullidas, a tomar forma.
Luego, cuando crecieron y una naturaleza más tierna
les alcanzó, como sí semejante, del mismo modo manifiesta parecer no puede
la forma de un humano, sino, como de mármol comenzada,
no terminada lo bastante, a las rudas estatuas muy semejante era.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 09:15

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

DEUCALIÓN Y PIRRA


La parte aun así de ellas que húmeda de algún jugo
y terrosa era, vuelta fue en uso de cuerpo.
Lo que sólido es y doblarse no puede, se muta en huesos,
la que ahora poco vena fue, bajo el mismo nombre quedó;
y en breve espacio, por el numen de los altísimos, las rocas
enviadas por las manos del hombre la faz tomaron de hombres,
y del femenino lanzamiento restituida fue la mujer.
De ahí que un género duro somos y avezado en sufrimientos
y pruebas damos del origen de que hemos nacido.
   A los demás seres la tierra con diversas formas
por sí misma los parió después de que el viejo humor por el fuego
se caldeó del sol, y el cieno y los húmedos charcos
se entumecieron por su hervor, y las fecundas simientes de las cosas,
por el vivaz suelo nutridas, como de una madre en la matriz
crecieron y faz alguna cobraron con el pasar del tiempo.
Así, cuando abandonó mojados los campos el séptuple fluir
del Nilo, y a su antiguo seno hizo volver sus corrientes,
y merced a la etérea estrella, reciente, ardió hasta secarse el limo,
muchos seres sus cultivadores al volver los terrones
encuentran y entre ellos a algunos apenas comenzados, en el propio
espacio de su nacimiento, algunos inacabados y truncos
los ven de sus proporciones, y en el mismo cuerpo a menudo
una parte vive, es la parte otra ruda tierra.
Porque es que cuando una templanza han tomado el humor y el calor,
conciben, y de ellos dos se originan todas las cosas
y, aunque sea el fuego para el agua pugnaz, el vapor húmedo todas
las cosas crea, y la discorde concordia para las crías apta es.
Así pues, cuando del diluvio reciente la tierra enlodada
con los soles etéreos se encandeció y con su alto hervor,
dio a luz innumerables especies y en parte sus figuras
les devolvió antiguas, en parte nuevos prodigios creó.

FIN DE DECAULIÓN Y PIRRA.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:08

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

LA SIERPE PITÓN


Ella ciertamente no lo querría, pero a ti también, máximo Pitón,
entonces te engendró, y de los pueblos nuevos, desconocida sierpe,
el terror eras: tan grande espacio de un monte ocupabas.
A él el dios señor del arco, y que nunca tales armas
antes sino en los gamos y corzas fugaces había usado,
hundido por mil disparos, exhausta casi su aljaba,
lo perdió, derramándose por sus heridas negras su veneno.
Y para que de esa obra la fama no pudiera destruir la antigüedad,
instituyó, sagrados, de reiterado certamen, unos juegos,
Pitios con el nombre de la domada serpiente llamados.
Ése de los jóvenes quien con su mano, sus pies o a rueda
venciera, de fronda de encina cobraba un galardón.
Todavía laurel no había y, hermosas con su largo pelo,
sus sienes ceñía de cualquier árbol Febo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:13

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

APOLO Y DAFNE


El primer amor de Febo: Dafne la Peneia, el cual no
el azar ignorante se lo dio, sino la salvaje ira de Cupido.
El Delio a él hacía poco, por su vencida sierpe soberbio,
le había visto doblando los cuernos al tensarle el nervio,
y: «¿Qué tienes tú que ver, travieso niño, con las fuertes armas?»,
había dicho; «ellas son cargamentos decorosos para los hombros nuestros,
que darlas certeras a una fiera, dar heridas podemos al enemigo,
que, al que ahora poco con su calamitoso vientre tantas yugadas hundía,
hemos derribado, de innumerables saetas henchido, a Pitón.
Tú con tu antorcha no sé qué amores conténtate
con irritar, y las alabanzas no reclames nuestras».
El hijo a él de Venus: «Atraviese el tuyo todo, Febo,
a ti mi arco», dice, «y en cuanto los seres ceden
todos al dios, en tanto menor es tu gloria a la nuestra».
Dijo, y rasgando el aire a golpes de sus alas,
diligente, en el sombreado recinto del Parnaso se posó,
y de su saetífera aljaba aprestó dos dardos
de opuestas obras: ahuyenta éste, causa aquél el amor.
El que lo causa de oro es y en su cúspide fulge aguda.
El que lo ahuyenta obtuso es y tiene bajo la caña plomo.
Éste el dios en la ninfa Peneide clavó, mas con aquél
hirió de Apolo, pasados a través sus huesos, las médulas.
En seguida el uno ama, huye la otra del nombre de un amante,
de las guaridas de las espesuras, y de los despojos de las cautivas
fieras gozando, y émula de la innupta Febe.
Con una cinta sujetaba, sueltos sin ley, sus cabellos.
Muchos la pretendieron; ella, evitando a los pretendientes,
sin soportar ni conocer varón, bosques inaccesibles lustra
y de qué sea el Himeneo, qué el amor, qué el matrimonio, no cura.
A menudo su padre le dijo: «Un yerno, hija, me debes».
A menudo su padre le dijo: «Me debes, niña, unos nietos».
Ella, que como un crimen odiaba las antorchas conyugales,
su bello rostro teñía de un verecundo rubor
y de su padre en el cuello prendiéndose con tiernos brazos:


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:16

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

APOLO Y DAFNE
. CONT.

«Concédeme, genitor queridísimo» le dijo, «de una perpetua
virginidad disfrutar: lo concedió su padre antes a Diana».
Él, ciertamente, obedece; pero a ti el decor este, lo que deseas
que sea, prohíbe, y con tu voto tu hermosura pugna.
Febo ama, y al verla desea las nupcias de Dafne,
y lo que desea espera, y sus propios oráculos a él le engañan;
y como las leves pajas sahúman, despojadas de sus aristas,
como con las antorchas los cercados arden, las que acaso un caminante
o demasiado les acercó o ya a la luz abandonó,
así el dios en llamas se vuelve, así en su pecho todo
él se abrasa y estéril, en esperando, nutre un amor.
Contempla no ornados de su cuello pender los cabellos
y «¿Qué si se los arreglara?», dice. Ve de fuego rielantes,
a estrellas parecidos sus ojos, ve sus labios, que no
es con haber visto bastante. Alaba sus dedos y manos
y brazos, y desnudos en más de media parte sus hombros:
lo que oculto está, mejor lo supone. Huye más veloz que el aura
ella, leve, y no a estas palabras del que la revoca se detiene:
«¡Ninfa, te lo ruego, del Peneo, espera! No te sigue un enemigo;
¡ninfa, espera! Así la cordera del lobo, así la cierva del león,
así del águila con ala temblorosa huyen las palomas,
de los enemigos cada uno suyos; el amor es para mí la causa de seguirte.
Triste de mí, no de bruces te caigas o indignas de ser heridas
tus piernas señalen las zarzas, y sea yo para ti causa de dolor.
Ásperos, por los que te apresuras, los lugares son: más despacio te lo ruego
corre y tu fuga modera, que más despacio te persiga yo.
A quién complaces pregunta, aun así; no un paisano del monte,
no yo soy un pastor, no aquí ganados y rebaños,
hórrido, vigilo. No sabes, temeraria, no sabes
de quién huyes y por eso huyes. A mí la délfica tierra,
y Claros, y Ténedos, y los palacios de Pátara me sirven;
Júpiter es mi padre. Por mí lo que será, y ha sido,
y es se manifiesta; por mí concuerdan las canciones con los nervios.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:20

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

APOLO Y DAFNE.
CONT.

Certera, realmente, la nuestra es; que la nuestra, con todo, una saeta
más certera hay, la que en mi vacío pecho estas heridas hizo.
Hallazgo la medicina mío es, y auxiliador por el orbe
se me llama, y el poder de las hierbas sometido está a nos:
ay de mí, que por ningunas hierbas el amor es sanable,
y no sirven a su dueño las artes que sirven a todos».
Del que más iba a hablar con tímida carrera la Peneia
huye, y con él mismo sus palabras inconclusas deja atrás,
entonces también pareciendo hermosa; desnudaban su cuerpo los vientos,
y las brisas a su encuentro hacían vibrar sus ropas, contrarias a ellas,
y leve el aura atrás daba, empujándolos, sus cabellos,
y acrecióse su hermosura con la huida. Pero entonces no soporta más
perder sus ternuras el joven dios y, como aconsejaba
el propio amor, a tendido paso sigue sus plantas.
Como el perro en un vacío campo cuando una liebre, el galgo,
ve, y éste su presa con los pies busca, aquélla su salvación:
el uno, como que está al cogerla, ya, ya tenerla
espera, y con su extendido morro roza sus plantas;
la otra en la ignorancia está de si ha sido apresada, y de los propios
mordiscos se arranca y la boca que le toca atrás deja:
así el dios y la virgen; es él por la esperanza raudo, ella por el temor.
Aun así el que persigue, por las alas ayudado del amor,
más veloz es, y el descanso niega, y la espalda de la fugitiva
acecha, y sobre su pelo, esparcido por su cuello, alienta.
Sus fuerzas ya consumidas palideció ella y, vencida
por la fatiga de la rápida huida, contemplando las peneidas ondas:
«Préstame, padre», dice, «ayuda; si las corrientes numen tenéis,
por la que demasiado he complacido, mutándola pierde mi figura».
Apenas la plegaria acabó un entumecimiento pesado ocupa su organismo,
se ciñe de una tenue corteza su blando tórax,
en fronda sus pelos, en ramas sus brazos crecen,
el pie, hace poco tan veloz, con morosas raíces se prende,
su cara copa posee: permanece su nitor solo en ella.
A ésta también Febo la ama, y puesta en su madero su diestra
siente todavía trepidar bajo la nueva corteza su pecho,
y estrechando con sus brazos esas ramas, como a miembros,
besos da al leño; rehúye, aun así, sus besos el leño.
Al cual el dios: «Mas puesto que esposa mía no puedes ser,
el árbol serás, ciertamente», dijo, «mío. Siempre te tendrán
a ti mi pelo, a ti mis cítaras, a ti, laurel, nuestras aljabas.
Tú a los generales lacios asistirás cuando su alegre voz
el triunfo cante, y divisen los Capitolios las largas pompas.
En las jambas augustas tú misma, fidelísisma guardiana,
ante sus puertas te apostarás, y la encina central guardarás,
y como mi cabeza es juvenil por sus intonsos cabellos,
tú también perpetuos siempre lleva de la fronda los honores».
Había acabado Peán: con sus recién hechas ramas la láurea
asiente y, como una cabeza, pareció agitar su copa.


FIN DE APOLO Y DAFNE.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:26

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

JÚPITER E ÍO (I)


   Hay un bosque en la Hemonia al que por todos lados cierra, acantilada,
una espesura: le llaman Tempe. Por ellos el Peneo, desde el profundo
Pindo derramándose, merced a sus espumosas ondas, rueda,
y en su caer pesado nubes que agitan tenues
humos congrega, y sobre sus supremas espesuras con su aspersión
llueve, y con su sonar más que a la vecindad fatiga.
Ésta la casa, ésta la sede, éstos son los penetrales del gran
caudal; en ellos aposentado, en su caverna hecha de escollos,
a sus ondas leyes daba, y a las ninfas que honran sus ondas.
Se reúnen allá las paisanas corrientes primero,
ignorando si deben felicitar o consolar al padre:
rico en álamos el Esperquío y el irrequieto Enipeo
y el Apídano viejo y el lene Anfriso y el Eante,
y pronto los caudales otros que, por donde los llevara su ímpetu a ellos,
hacia el mar abajan, cansadas de su errar, sus ondas.
   El Ínaco solo falta y, en su profunda caverna recóndito,
con sus llantos aumenta sus aguas y a su hija, tristísimo, a Ío,
plañe como perdida; no sabe si de vida goza
o si está entre los manes, pero a la que no encuentra en ningún sitio
estar cree en ningún sitio y en su ánimo lo peor teme.
   La había visto, de la paterna corriente regresando, Júpiter
a ella y: «Oh virgen de Júpiter digna y que feliz con tu
lecho ignoro a quién has de hacer, busca», le había dicho, «las sombras
de esos altos bosques», y de los bosques le había mostrado las sombras,
«mientras hace calor y en medio el sol está, altísimo, de su orbe,
que si sola temes en las guaridas entrar de las fieras,
segura con la protección de un dios, de los bosques el secreto alcanzarás,
y no de la plebe un dios, sino el que los celestes cetros
en mi magna mano sostengo, pero el que los errantes rayos lanzo:
no me huye», pues huía. Ya los pastos de Lerna,
y, sembrados de árboles, de Lirceo había dejado atrás los campos,
cuando el dios, produciendo una calina, las anchas tierras
ocultó, y detuvo su fuga, y le arrebató su pudor.
Entre tanto Juno abajo miró en medio de los campos
y de que la faz de la noche hubieran causado unas nieblas voladoras
en el esplendor del día admirada, no que de una corriente ellas
fueran, ni sintió que de la humedecida tierra fueran despedidas,
y su esposo dónde esté busca en derredor, como la que
ya conociera, sorprendido tantas veces, los hurtos de su marido.
Al cual, después de que en el cielo no halló: «O yo me engaño
o se me ofende», dice, y deslizándose del éter supremo
se posó en las tierras y a las nieblas retirarse ordenó.
De su esposa la llegada había presentido, y en una lustrosa
novilla la apariencia de la Ináquida había mutado él
-de res también hermosa es-: la belleza la Saturnia de la vaca
aunque contrariada aprueba, y de quién, y de dónde, o de qué manada
era, de la verdad como desconocedora, no deja de preguntar.
Júpiter de la tierra engendrada la miente, para que su autor
deje de averiguar: la pide a ella la Saturnia de regalo.
¿Qué iba a hacer? Cruel cosa adjudicarle sus amores,
no dárselos sospechoso es: el pudor es quien persuade de aquello,
de esto disuade el amor. Vencido el pudor habría sido por el amor,
pero si el leve regalo, a su compañera de linaje y de lecho,
de una vaca le negara, pudiera no una vaca parecer.
Su rival ya regalada no en seguida se despojó la divina
de todo miedo, y temió de Júpiter, y estuvo ansiosa de su hurto
hasta que al Arestórida para ser custodiada la entregó, a Argos.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Mar 19 Ene 2021, 14:39, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:30

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

ARGOS


De cien luces ceñida su cabeza Argos tenía,
de donde por sus turnos tomaban, de dos en dos, descanso,
los demás vigilaban y en posta se mantenían.
Como quiera que se apostara miraba hacia Ío:
ante sus ojos a Ío, aun vuelto de espaldas, tenía.
A la luz la deja pacer; cuando el sol bajo la tierra alta está,
la encierra, y circunda de cadenas, indigno, su cuello.
De frondas de árbol y de amarga hierba se apacienta,
y, en vez de en un lecho, en una tierra que no siempre grama tiene
se recuesta la infeliz y limosas corrientes bebe.
Ella, incluso, suplicante a Argos cuando sus brazos quisiera
tender, no tuvo qué brazos tendiera a Argos,
e intentando quejarse, mugidos salían de su boca,
y se llenó de temor de esos sonidos y de su propia voz aterróse.
Llegó también a las riberas donde jugar a menudo solía,
del Ínaco a las riberas, y cuando contempló en su onda
sus nuevos cuernos, se llenó de temor y de sí misma enloquecida huyó.
Las náyades ignoran, ignora también Ínaco mismo
quién es; mas ella a su padre sigue y sigue a sus hermanas
y se deja tocar y a sus admiraciones se ofrece.
Por él arrancadas el más anciano le había acercado, Ínaco, hierbas:
ella sus manos lame y da besos de su padre a las palmas
y no retiene las lágrimas y, si sólo las palabras le obedecieran,
le rogara auxilio y el nombre suyo y sus casos le dijera.
Su letra, en vez de palabras, que su pie en el polvo trazó,
de indicio amargo de su cuerpo mutado actuó.
«Triste de mí», exclama el padre Ínaco, y en los cuernos
de la que gemía, y colgándose en la cerviz de la nívea novilla:
«Triste de mí», reitera; «¿Tú eres, buscada por todas
las tierras, mi hija? Tú no encontrada que hallada
un luto eras más leve. Callas y mutuas a las nuestras
palabras no respondes, sólo suspiros sacas de tu alto
pecho y, lo que solo puedes, a mis palabras remuges.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:33

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

ARGOS.
CONT.

Mas a ti yo, sin saber, tálamos y teas te preparaba
y esperanza tuve de un yerno la primera, la segunda de nietos.
De la grey ahora tú un marido, y de la grey hijo has de tener.
Y concluir no puedo yo con mi muerte tan grandes dolores,
sino que mal me hace ser dios, y cerrada la puerta de la muerte
nuestros lutos extiende a una eterna edad».
Mientras de tal se afligía, lo aparta el constelado Argos
y, arrancada a su padre, a lejanos pastos a su hija
arrastra; él mismo, lejos, de un monte la sublime cima
ocupa, desde donde sentado otea hacia todas partes.
Tampoco de los altísimos el regidor los males tan grandes de la Forónide
más tiempo soportar puede y a su hijo llama, al que la lúcida Pléyade
de su vientre había parido, y que a la muerte dé, le impera, a Argos.
Pequeña la demora es la de las alas para sus pies, y la vara somnífera
para su potente mano tomar, y el cobertor para sus cabellos.
Ello cuando dispuso, de Júpiter el nacido desde el paterno recinto
salta a las tierras. Allí, tanto su cobertor se quitó
como depuso sus alas, de modo que sólo la vara retuvo:
con ella lleva, como un pastor, por desviados campos unas cabritas
que mientras venía había reunido, y con unas ensambladas avenas canta.
Por esa voz nueva, y cautivado el guardián de Juno por su arte:
«Mas tú, quien quiera que eres, podrías conmigo sentarte en esta roca»,
Argos dice, «pues tampoco para el rebaño más fecunda en ningún
lugar hierba hay, y apta ves para los pastores esta sombra».
Se sienta el Atlantíada, y al que se marchaba, de muchas cosas hablando
detuvo con su discurso, al día, y cantando con sus unidas
cañas vencer sus vigilantes luces intenta.
Él, aun así, pugna por vencer sobre los blandos sueños
y aunque el sopor en parte de sus ojos se ha alojado,
en parte, aun así, vigila; pregunta también, pues descubierta
la flauta hacía poco había sido, en razón de qué fue descubierta.


FIN DE ARGOS


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:38

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

PAN Y SIRINGE


Entonces el dios: «De la Arcadia en los helados montes», dice,
«entre las hamadríadas muy célebre, las Nonacrinas,
náyade una hubo; las ninfas Siringe la llamaban.
No una vez, no ya a los sátiros había burlado ella, que la seguían,
sino a cuantos dioses la sombreada espesura y el feraz
campo hospeda; a la Ortigia en sus aficiones y con su propia virginidad
honraba, a la diosa; según el rito también ceñida de Diana,
engañaría y podría creérsela la Latonia, si no
de cuerno el arco de ésta, si no fuera áureo el de aquélla;
así también engañaba. Volviendo ella del collado Liceo,
Pan la ve, y de pino agudo ceñido en su cabeza
tales palabras refiere...». Restaba sus palabras referir,
y que despreciadas sus súplicas había huido por lo intransitable la ninfa,
hasta que del arenoso Ladón al plácido caudal
llegó: que aquí ella, su carrera al impedirle sus ondas,
que la mutaran a sus líquidas hermanas les había rogado,
y que Pan, cuando presa de él ya a Siringa creía,
en vez del cuerpo de la ninfa, cálamos sostenía lacustres,
y, mientras allí suspira, que movidos dentro de la caña los vientos
efectuaron un sonido tenue y semejante al de quien se lamenta;
que por esa nueva arte y de su voz por la dulzura el dios cautivado:
«Este coloquio a mí contigo», había dicho, «me quedará»,
y que así, los desparejos cálamos con la trabazón de la cera
entre sí unidos, el nombre retuvieron de la muchacha.



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 14:42

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

JÚPITER E ÍO (II)


Tales cosas cuando iba a decir ve el Cilenio que todos
los ojos se habían postrado, y cubiertas sus luces por el sueño.
Apaga al instante su voz y afirma su sopor,
sus lánguidas luces acariciando con la ungüentada vara.
Y, sin demora, con su falcada espada mientras cabeceaba le hiere
por donde al cuello es confín la cabeza, y de su roca, cruento,
abajo lo lanza, y mancha con su sangre la acantilada peña.
Argos, yaces, y la que para tantas luces luz tenías
extinguido se ha, y cien ojos una noche ocupa sola.
Los recoge, y del ave suya la Saturnia en sus plumas
los coloca, y de gemas consteladas su cola llena.
En seguida se inflamó y los tiempos de su ira no difirió
y, horrenda, ante los ojos y el ánimo de su rival argólica
le echó a la Erinis, y aguijadas en su pecho ciegas
escondió, y prófuga por todo el orbe la aterró.
Último restabas, Nilo, a su inmensa labor;
a él, en cuanto lo alcanzó y, puestas en el margen de su ribera
sus rodillas, se postró, y alzada ella de levantar el cuello,
elevando a las estrellas los semblantes que sólo pudo,
con su gemido, y lágrimas, y luctuoso mugido
con Júpiter pareció quejarse, y el final rogar de sus males.
De su esposa él estrechando el cuello con sus brazos,
que concluya sus castigos de una vez le ruega y: «Para el futuro
deja tus miedos», dice; «nunca para ti causa de dolor
ella será», y a las estigias lagunas ordena que esto oigan.
Cuando aplacado la diosa se hubo, sus rasgos cobra ella anteriores
y se hace lo que antes fue: huyen del cuerpo las cerdas,
los cuernos decrecen, se hace de su luz más estrecho el orbe,
se contrae su comisura, vuelven sus hombros y manos,
y su pezuña, disipada, se subsume en cinco uñas:
de la res nada queda a su figura, salvo el blancor en ella,
y al servicio de sus dos pies la ninfa limitándose
se yergue, y teme hablar, no a la manera de la novilla
muja, y tímidamente las palabras interrumpidas reintenta.
Ahora como diosa la honra, celebradísima, la multitud vestida de lino.
Ahora que Épafo generado fue de la simiente del gran Júpiter por fin
se cree, y por las ciudades, juntos a los de su madre,
templos posee.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 06:46

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO PRIMERO

FAETÓN (I)


Tuvo éste en ánimos un igual, y en años,
del Sol engendrado, Faetón; al cual, un día, que grandes cosas decía
y que ante él no cedía, de que fuera Febo su padre soberbio,
no lo soportó el Ináquida y «A tu madre», dice, «todo como demente
crees y estás henchido de la imagen de un genitor falso».
Enrojeció Faetón y su ira por el pudor reprimió,
y llevó a su madre Clímene los insultos de Épafo,
y «Para que más te duelas, mi genetriz», dice, «yo, ese libre,
ese fiero me callé. Me avergüenza que estos oprobios a nos
sí decirse han podido, y no se han podido desmentir.
Mas tú, si es que he sido de celeste estirpe creado,
dame una señal de tan gran linaje y reclámame al cielo».
Dijo y enredó sus brazos en el materno cuello,
y por la suya y la cabeza de Mérope y las teas de sus hermanas,
que le trasmitiera a él, le rogó, signos de su verdadero padre.
Ambiguo si Clímene por las súplicas de Faetón o por la ira
movida más del crimen dicho contra ella, ambos brazos al cielo
extendió y mirando hacia las luces del Sol:
«Por el resplandor este», dice, «de sus rayos coruscos insigne,
hijo, a ti te juro, que nos oye y que nos ve,
que de éste tú, al que tú miras, de éste tú, que templa el orbe,
del Sol, has sido engendrado. Si mentiras digo, niéguese él a ser visto
de mí y sea para los ojos nuestros la luz esta la postrera.
Y no larga labor es para ti conocer los patrios penates.
De donde él se levanta la casa es confín a la tierra nuestra:
si es que te lleva tu ánimo, camina y averígualo de él mismo».
Brinca al instante, contento después de tales
palabras de la madre suya, Faetón, y concibe éter en su mente,
y por los etíopes suyos y, puestos bajo los fuegos estelares,
por los indos atraviesa, y de su padre acude diligente a los ortos.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 06:52

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METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II)


El real del Sol era, por sus sublimes columnas, alto,
claro por su rielante oro y, que a las llamas imita, por su piropo,
cuyo marfil nítido las cúspides supremas cubría;
de plata sus bivalvas puertas radiaban de su luz.
A la materia superaba su obra; pues Múlciber allí
las superficies había cincelado, que ciñen sus intermedias tierras,
y de esas tierras el orbe, y el cielo, que domina el orbe.
Azules tiene la onda sus dioses: a Tritón el canoro,
a Proteo el ambiguo, y de las ballenas apretando,
a Egeón, las inabarcables espaldas con sus brazos,
a Doris y a sus nacidas, de las cuales, parte nadar parece,
parte, en una mole sentada, sus verdes cabellos secar;
de un pez remolcarse algunas; su faz no es de todas una misma,
no distante, aun así, cual decoroso es entre hermanas.
La tierra hombres y ciudades lleva, y espesuras y fieras
y corrientes y ninfas y los restantes númenes del campo.
De ello encima, impuesta fue del fulgente cielo la imagen,
y signos seis en las puertas diestras y otros tantos en las siniestras.
Adonde, en cuanto por su ascendente senda de Clímene la prole
llegó y entró de su dudado padre en los techos,
en seguida hacia los patrios rostros lleva sus plantas,
y se apostó lejos, pues no más cercanas soportaba
sus luces: de una purpúrea vestidura velado, sentábase
en el solio Febo, luciente de sus claras esmeraldas.
A diestra e izquierda el Día y el Mes y el Año,
y los Siglos, y puestas en espacios iguales las Horas,
y la Primavera nueva estaba, ceñida de floreciente corona,
estaba desnudo el Verano y coronas de espigas llevaba;
estaba también el Otoño, de las pisadas uvas sucio,
y glacial el Invierno, arrecidos sus canos cabellos.

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:02

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.

Desde ahí, central según su lugar, por la novedad de las cosas atemorizado
al joven el Sol con sus ojos, con los que divisa todo, ve,
y «¿Cuál de tu ruta es la causa? ¿A qué en este recinto», dice, «acudías,
progenie, Faetón, que tu padre no ha de negar?».
Él responde: «Oh luz pública del inmenso mundo,
Febo padre, si me das el uso del nombre este
y Clímene una culpa bajo esa falsa imagen no esconde:
prendas dame, genitor, por las que verdadera rama tuya
se me crea y el error arranca del corazón nuestro».
Había dicho, mas su genitor, alrededor de su cabeza toda rielantes
se quitó los rayos, y más cerca avanzar le ordenó
y un abrazo dándole: «Tú de que se niegue que eres mío
digno no eres, y Clímene tus verdaderos» dice «orígenes te ha revelado,
y para que menos lo dudes, cualquier regalo pide, que,
pues te lo otorgaré, lo tendrás. De mis promesas testigo sea,
por la que los dioses han de jurar, la laguna desconocida para los ojos nuestros».
No bien había cesado, los carros le ruega él paternos,
y, para un día, el mando y gobierno de los alípedes caballos.
Le pesó el haberlo jurado al padre, el cual, tres y cuatro veces
sacudiendo su ilustre cabeza: «Temeraria», dijo,
«la voz mía por la tuya se ha hecho. Ojalá mis promesas pudiera
no conceder. Confieso que sólo esto a ti, mi nacido, te negaría;
pero disuadirte me es dado: no es tu voluntad segura.
Grandes pides, Faetón, regalos, y que ni a las fuerzas
esas convienen ni a tan pueriles años.
La suerte tuya mortal: no es mortal lo que deseas.
A más incluso de lo que los altísimos alcanzar pueden,
ignorante, aspiras; aunque pueda a sí mismo cada uno complacerse,
ninguno, aun así, es capaz de asentarse en el eje
portador del fuego, yo exceptuado. También el regidor del vasto Olimpo,
que fieros rayos lanza con su terrible diestra,
no llevará estos carros, y qué que Júpiter mayor tenemos.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:05

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TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.

Ardua la primera vía es y con la que apenas de mañana, frescos,
pugnan los caballos; en medio está la más alta del cielo,
desde donde el mar y las tierras a mí mismo muchas veces ver
me dé temor, y de pávido espanto tiemble mi pecho;
la última, inclinada vía es, y precisa de manejo cierto:
entonces, incluso la que me recibe en sus sometidas olas,
que yo no caiga de cabeza, Tetis misma, suele temer.
Añade que de una continua rotación se arrebata el cielo
y sus estrellas altas arrastra y en una rápida órbita las vira.
Pugno yo en contra, y no el ímpetu que a lo demás a mí me
vence, y contrario circulo a ese rápido orbe.
Figúrate que se te han dado los carros. ¿Qué harás? ¿Podrías
en contra ir de los rotantes polos para que no te arrebate el veloz eje?
Acaso, también, las florestas allí y las ciudades de los dioses
concibas en tu ánimo que están, y sus santuarios ricos
en dones. A través de insidias el camino es, y de formas de fieras,
y aunque tu ruta mantengas y ningún error te arrastre,
a través, aun así, de los cuernos pasarás del adverso Toro,
y de los hemonios arcos, y la boca del violento León,
y del que sus salvajes brazos curva en un circuito largo,
el Escorpión, y del que de otro modo curva sus brazos, el Cangrejo.
Tampoco mis cuadrípedes, ardidos por los fuegos esos
que en su pecho tienen, que por su boca y narices exhalan,
a tu alcance gobernar está: apenas a mí me sufren cuando sus agrios
ánimos se enardecen, y su cerviz rechaza las riendas.
Mas tú, de que no sea yo para ti el autor de este funesto regalo,
mi nacido, cuida y, mientras la cosa lo permite, tus votos corrige.
Claro es que para que de nuestra sangre tú engendrado te creas
unas prendas ciertas pides: te doy unas prendas ciertas temiendo,
y con el paterno miedo que tu padre soy pruebo. Mira los rostros
aquí míos, y ojalá tus ojos en mi pecho pudieras
inserir y dentro desprender los paternos cuidados.
Y, por último, cuanto tiene el rico cosmos mira en derredor,
y de tantos y tan grandes bienes del cielo y la tierra
y el mar demanda algo: ninguna negativa sufrirás.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:07

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METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.

Te disuado de esto solo, que por verdadero nombre un castigo,
no un honor es: un castigo, Faetón, en vez de un regalo demandas.
¿Por qué mi cuello sostienes, ignorante, con tus blandos brazos?
No lo dudes, se te concederá -las estigias ondas hemos jurado-
aquello que pidas. Pero tú con más sabiduría pide.
Había acabado sus advertencias. Sus palabras, aun así, él rechaza
y su propósito apremia y flagra en el deseo del carro.
Así pues, lo que podía, su genitor, irresoluto, a los altos
conduce al joven, de Vulcano regalos, carros.
Áureo el eje era, el timón áureo, áurea la curvatura
de la extrema rueda, de los radios argénteo el orden.
Por los yugos unos crisólitos y, puestas en orden, unas gemas,
claras devolvían sus luces, reverberante, a Febo.
Y mientras de ello, henchido, Faetón se admira y su obra
escruta, he aquí que vigilante abrió desde el nítido orto
la Aurora sus purpúreas puertas, y plenos de rosas
sus atrios. Se dispersan las estrellas, cuyas columnas conduce
el Lucero, y de su posta del cielo el postrero sale:
al cual cuando buscar las tierras, y que el cosmos enrojecía, vio,
y los cuernos como desvanecerse de la extrema luna,
uncir los caballos el Titán impera a las veloces Horas.
Sus órdenes las diosas rápidas cumplen y, fuego vomitando
y de jugo de ambrosia saciados, de sus pesebres altos
a los cuadrípedes sacan, y les añaden sus sonantes frenos.
Entonces el padre la cara de su nacido con una sagrada droga
tocó y la hizo paciente de la arrebatadora llama
e impuso a su pelo los rayos, y, présagos del luto,
de su pecho angustiado reiterando suspiros, dijo:


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:12

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.
«Si puedes a estas advertencias al menos obedecer de tu padre,
sé parco, chico, con las aguijadas, y más fuerte usa las bridas.
Por sí mismos se apresuran: la labor es inhibirles tal deseo.
Y no a ti te plazca la ruta, derechos, a través de los cinco arcos.
Cortada en oblicuo hay, de ancha curvatura, una senda,
y, con la frontera de tres zonas contentándose, del polo
rehúye austral y, vecina a los aquilones, de la Osa.
Por aquí sea tu camino: manifiestas de mi rueda las huellas divisarás;
y para que soporten los justos el cielo y la tierra calores,
ni hundas ni yergas por los extremos del éter el carro.
Más alto pasando los celestes techos quemarás,
más bajo, las tierras: por el medio segurísimo irás.
Tampoco a ti la más diestra te decline hacia la torcida Serpiente,
ni tu más siniestra rueda te lleve, hundido, al Ara.
Entre ambos manténte. A la Fortuna lo demás encomiendo,
la cual te ayude, y que mejor que tú por ti vele, deseo.
Mientras hablo, puestas en el vespertino litoral, sus metas
la húmeda noche ha tocado; no es la demora libre para nos.
Se nos reclama, y fulge, las tinieblas ahuyentadas, la Aurora.
Coge en la mano las riendas, o, si un mudable pecho
es el tuyo, los consejos, no los carros usa nuestros.
Mientras puedes y en unas sólidas sedes todavía estás,
y mientras, mal deseados, todavía no pisas, ignorándolos, mis ejes,
las que tú seguro contemples, déjame dar, las luces a las tierras».
Ocupa él con su juvenil cuerpo el leve carro
y se aposta encima, y de que a sus manos las leves riendas hayan tocado
se goza, y las gracias da de ello a su contrariado padre.
Entre tanto, voladores, Pirois, y Eoo y Eton,
del Sol los caballos, y el cuarto, Flegonte, con sus relinchos llameantes
las auras llenan y con sus pies las barreras baten.



CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:14

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.

Las cuales, después de que Tetis, de los hados ignorante de su nieto,
retiró, y hecha les fue provisión del inmenso cielo,
cogen la ruta y sus pies por el aire moviendo
a ellos opuestas hienden las nubes, y con sus plumas levitando
atrás dejan, nacidos de esas mismas partes, a los Euros.
Pero leve el peso era y no el que conocer pudieran
del Sol los caballos, y de su acostumbrado peso el yugo carecía,
y como se escoran, curvas, sin su justo peso las naves,
y por el mar, inestables por su excesiva ligereza, vanse,
así, de su carga acostumbrada vacío, da en el aire saltos
y es sacudido hondamente, y semejante es el carro a uno inane.
   Lo cual en cuanto sintieron, se lanzan, y el trillado espacio
abandonan los cuadríyugos, y no en el que antes orden corren.
Él se asusta, y no por dónde dobla las riendas a él encomendadas,
ni sabe por dónde sea el camino, ni si lo supiera se lo imperaría a ellos.
Entonces por primera vez con rayos se calentaron los helados Triones
y, vedada, en vano intentaron en la superficie bañarse,
y la que puesta está al polo glacial próxima, la Serpiente,
del frío yerta antes y no espantable para nadie,
se calentó y tomó nuevas con esos hervores unas iras.
Tú también que turbado huiste cuentan, Boyero,
aunque tardo eras y tus carretas a ti te retenían.
Pero cuando desde el supremo éter contempló las tierras
el infeliz Faetón, que a lo hondo, y a lo hondo, yacían,
palideció y sus rodillas se estremecieron del súbito temor,
y le fueron a sus ojos tinieblas en medio de tanta luz brotadas,
y ya quisiera los caballos nunca haber tocado paternos,
ya de haber conocido su linaje le pesa, y de haber prevalecido en su ruego.
Ya, de Mérope decirse deseando, igual es arrastrado que un pino
llevado por el vertiginoso bóreas, al que vencidos sus frenos
ha soltado su propio regidor, y al que a los dioses y a los rezos ha abandonado.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:18

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LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II).
CONT.

¿Qué haría? Mucho cielo a sus espaldas ha dejado;
ante sus ojos más hay. Con el ánimo mide los dos;
y, ya, los que su hado alcanzar no es,
delante mira los ocasos; a las veces detrás mira los ortos,
y, de qué hacer ignorante, suspendido está, y ni los frenos suelta
ni de retenerlos es capaz, ni los nombres conoce de los caballos.
Esparcidas también en el variado cielo por todos lados maravillas,
y ve, tembloroso, los simulacros de las vastas fieras.
Hay un lugar, donde en gemelos arcos sus brazos concava
el Escorpión, y con su cola, y dobladas a ambos lados sus pinzas,
alarga en espacio los miembros de sus dos signos:
a éste el muchacho, cuando, húmedo del sudor de su negro veneno,
y heridas amenazando con su curvada cúspide, ve,
de la razón privado por el helado espanto las bridas soltó.
Las cuales, después de que tocaron postradas lo alto de sus espaldas,
se desorbitan los caballos y, nadie reteniéndolos, por las auras
de una ignota región van, y por donde su ímpetu les lleva,
por allá sin ley se lanzan, y bajo el alto éter se precipitan
contra las fijas estrellas y arrebatan por lo inaccesible el carro,
y ya lo más alto buscan, ya en pendiente y por rutas
vertiginosas a un espacio a la tierra más cercano vanse,
y de que más bajo que los suyos corran los fraternos caballos
la Luna se admira, y abrasadas las nubes humean.
Se prende en llamas, según lo que está más alto, la tierra,
y hendida produce grietas, y de sus jugos privada se deseca.
Los pastos canecen, con sus frondas se quema el árbol,
y materia presta para su propia perdición el sembrado árido.
De poco me quejo: grandes perecen, con sus murallas, ciudades,
y con sus pueblos los incendios a enteras naciones
en ceniza tornan; las espesuras con sus montes arden,
arde el Atos y el Tauro cílice y el Tmolo y el Oete
y, entonces seco, antes abundantísimo de fontanas, el Ide,
y el virgíneo Helicón y todavía no de Eagro el Hemo.
Arde a lo inmenso con geminados fuegos el Etna
y el Parnaso bicéfalo y el Érix y el Cinto y el Otris
y, que por fin de nieves carecería, el Ródope, y el Mimas
y el Díndima y el Mícale y nacido para lo sagrado el Citerón,
y no le aprovechan a Escitia sus fríos: el Cáucaso arde
y el Osa con el Pindo y mayor que ambos el Olimpo,
y los aéreos Alpes y el nubífero Apenino.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:22

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II)
. CONT.

Entonces en verdad Faetón por todas partes el orbe
mira incendiado, y no soporta tan grandes calores,
e hirvientes auras, como de una fragua profunda,
con la boca atrae, y los carros suyos encandecerse siente;
y no ya las cenizas, y de ellas arrojada la brasa,
soportar puede, y envuelto está por todos lados de caliente humo,
y a dónde vaya o dónde esté, por una calina como de pez cubierto,
no sabe, y al arbitrio de los voladores caballos es arrebatado.
De su sangre, entonces, creen, al exterior de sus cuerpos llamada,
que los pueblos de los etíopes trajeron su negro color.
Entonces se hizo Libia, arrebatados sus humores con ese bullir,
árida, entonces las ninfas, con sueltos cabellos, a sus fontanas
y lagos lloraron: busca Beocia a su Dirce,
Argos a Amímone, Éfire a las pirénidas ondas.
Y tampoco las corrientes, las agraciadas con riberas distantes de lugar,
seguras permanecen: en mitad el Tanais humeaba de sus ondas,
y también Peneo el viejo y el teutranteo Caíco
y el veloz Ismeno con el fegíaco Erimanto
y el que habría de arder de nuevo, el Janto, y el flavo Licormas
y el que juega, el Meandro, entre sus recurvadas ondas,
y el migdonio Melas y el tenario Eurotas.
Ardió también el Eufrates babilonio, ardió el Orontes
y el Termodonte raudo y el Ganges y el Fasis y el Histro.
Bulle el Alfeo, las riberas del Esperquío arden,
y el que en su caudal el Tajo lleva, fluye, por los fuegos, el oro,
y las que frecuentaban con su canción las meonias riberas,
sus fluviales aves, se caldean en mitad del Caístro.
El Nilo al extremo huye, aterrorizado, del orbe,
y se tapó la cabeza, que todavía está escondida; sus siete embocaduras,
polvorientas, están vacías, siete, sin su corriente, valles.
El azar mismo los ismarios Hebro y Estrimón seca,
y los Vespertinos caudales del Rin, el Ródano y el Po,
y al que fue de todas las cosas prometido el poder, al Tíber.
Saltó en pedazos todo el suelo y penetra en los Tártaros por las grietas
la luz, y aterra, con su esposa, al infernal rey;
y el mar se contrae, y es un llano de seca arena
lo que poco antes ponto era, y, los que alta cubría la superficie,
sobresalen esos montes y las esparcidas Cícladas ellos acrecen.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:25

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II) .
CONT.

Lo profundo buscan los peces y no sobre las superficies, curvos,
a elevarse se atreven los delfines hacia sus acostumbradas auras;
los cuerpos de las focas, de espaldas sobre lo extremo del profundo,
exánimes, nadan; el mismo incluso Nereo, fama es,
y Doris y sus nacidas, que se ocultaron bajo tibias cavernas.
Tres veces Neptuno, de las aguas, sus brazos con torvo semblante
a extraer se atrevió, tres veces no soportó del aire los fuegos.
La nutricia Tierra, aun así, como estaba circundada de ponto,
entre las aguas del piélago y, contraídas por todos lados, sus fontanas,
que se habían escondido en las vísceras de su opaca madre,
sostuvo hasta el cuello, árida, su devastado rostro
y opuso su mano a su frente, y con un gran temblor
todo sacudiendo, un poco se asentó y más abajo
de lo que suele estar quedó, y así con seca voz habló:
«Si te place esto y lo he merecido, ¿a qué, oh, tus rayos cesan,
supremo de los dioses? Pueda la que ha de perecer por las fuerzas del fuego,
por el fuego perecer tuyo, y su calamidad por su autor aliviar.
Apenas yo, ciertamente, mis fauces para estas mismas palabras libero»
-le oprimía la boca el vapor- «quemados, ay, mira mis cabellos,
y en mis ojos tanta, tanta sobre mi cara brasa.
¿Estos frutos a mí, este premio de mi fertilidad
y de mi servicio me devuelves, porque las heridas del combado arado
y de los rastrillos soporto, y todo se me hostiga el año,
porque al ganado frondas, y alimentos tiernos, los granos,
al humano género, a vosotros también inciensos, suministro?
Pero aun así, este final pon que yo he merecido ¿Qué las ondas,
qué ha merecido tu hermano? ¿Por qué, a él entregadas en suerte,
las superficies decrecen y del éter más lejos se marchan?
Y si ni la de tu hermano, ni a ti mi gracia te conmueve,
mas del cielo compadécete tuyo. Mira a ambos lados:
humea uno y otro polo, los cuales si viciara el fuego,
los atrios vuestros se desplomarán. Atlante, ay, mismo padece,
y apenas en sus hombros candente sostiene el eje.
Si los estrechos, si las tierras perecen, si el real del cielo:
en el caos antiguo nos confundimos. Arrebata a las llamas
cuanto todavía quede y vela por la suma de las cosas».


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:31

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO

FAETÓN (II) .
CONT.

Había dicho esto la Tierra, puesto que ni tolerar el vapor
más allá pudo ni decir más, y la boca
suya se devolvió a sí misma, y a sus cavernas a los manes más cercanas.
Mas el padre omnipotente, los altísimos poniendo por testigos y a aquél mismo
que había dado sus carros, de que, si ayuda él no prestara, todas las cosas de un hado
desaparecerían grave, acude, arduo, al supremo recinto
desde donde suele las nubes congregar sobre las anchas tierras,
desde donde mueve los truenos, y sus blandidos rayos lanza.
Pero ni las que pudiera sobre las tierras congregar, nubes
entonces tuvo, ni las que del cielo mandara, lluvias:
truena, y balanceando un rayo desde su diestra oreja
lo mandó al auriga y, al par, de su aliento y de sus ruedas
lo expelió, y apacentó con salvajes fuegos los fuegos.
Constérnanse los caballos, y un salto dando en contrario
sus cuellos del yugo arrebatan, y sus rotas correas abandonan:
por allí los frenos yacen, por allí, del timón arrancado,
el eje, en esta parte los radios de las quebradas ruedas,
y esparcidos quedan anchamente los vestigios del lacerado carro.
Mas Faetón, con llama devastándole sus rútilos cabellos,
rodando cae en picado, y en un largo trecho por los aires
va, como a las veces desde el cielo una estrella, sereno,
aunque no ha caído, puede que ha caído parecer.
Al cual, lejos de su patria, en el opuesto orbe, el máximo
Erídano lo recibió, y le lavó, humeante, la cara.
Las náyades Vespertinas, por la trífida llama humeante,
su cuerpo dan a un túmulo, e inscriben también con esta canción la roca:
AQUÍ · SITO · QUEDA · FAETÓN · DEL · CARRO · AURIGA · PATERNO
QUE · SI · NO · LO · DOMINÓ · AUN · ASÍ · SUCUMBIÓ · A · UNAS · GRANDES · OSADÍAS
Pues su padre, cubiertos por su luto afligido, digno de compasión,
había escondido sus semblantes, y si es que lo creemos, que un único
día pasó sin sol refieren; los incendios luz
prestaban, y algún uso hubo en el mal aquel.


FIN DE FAETÓN (II)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:34

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

CLIMENE
.

Mas Clímene, después de que dijo cuanto hubo
en tan grandes males de ser dicho, lúgubre y amente,
y rasgándose los senos, todo registró el orbe,
y sus exánimes miembros primero, luego sus huesos buscando,
los halló, aunque huesos, en una peregrina ribera escondidos.
Y se postró en ese lugar, y su nombre, en el mármol leído,
regó de lágrimas, y con su abierto pecho lo calentó.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:46

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

LAS HELIADES


Y no menos las Helíades le plañen y, inanes ofrendas
a la muerte, le dan lágrimas, e hiriéndose los pechos con sus palmas,
a quien no oiría sus tristes quejas, a Faetón,
noche y día llaman y se prosternan al sepulcro.
La luna cuatro veces había llenado, juntos sus cuernos, su orbe:
ellas, con la costumbre suya -pues costumbre lo hiciera el uso-,
sus golpes de duelo se habían dado; de las cuales Faetusa, de las hermanas
la mayor, cuando quisiera en tierra postrarse, se quejó
de que rigentes estaban sus pies, a la cual intentando llegarse
la cándida Lampetie, por una súbita raíz retenida fue;
la tercera, cuando con las manos su pelo a desgarrar se disponía,
arranca frondas; ésta, de que un tronco sus piernas retiene,
aquélla se duele de que se han hecho sus brazos largas ramas;
y mientras de ello se admiran, se abraza a sus ingles una corteza
y por sus plantas, útero y pecho y hombros y manos,
las rodea, y restaban sólo sus bocas llamando a su madre.
¿Qué iba a hacer su madre, sino, adonde la trae su ímpetu a ella,
para acá ir y para allá, y, mientras puede, su boca unirles?
No bastante es: de los troncos arrancar sus cuerpos intenta,
y tiernas con sus manos sus ramas rompe; mas de ahí
sanguíneas manan, como de una herida, gotas.
«Cesa, te lo suplico, madre», aquélla que es herida grita,
«cesa, te lo suplico: se lacera en el árbol nuestro cuerpo.
Y ya adiós...». La corteza a sus palabras postreras llega.
Después fluyen lágrimas, y, destilados, con el sol se endurecen,
de sus ramas nuevas, electros, los cuales el lúcido caudal
recibe, y a las nueras los manda, para que los lleven, latinas.



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 21 Ene 2021, 07:52

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

CIGNO


Asistió a este prodigio, prole de Esténelo, Cigno,
el cual a ti, aunque por la sangre materna unido,
en la mente aun así, Faetón, más cercano estaba. Él, tras abandonar
-pues de los lígures los pueblos y sus grandes ciudades regía-
su gobierno, las riberas verdes y el caudal Erídano
de sus quejas había llenado, y la espesura, por sus hermanas acrecida;
cuando su voz se adelgazó para la de un hombre, y canas plumas
sus cabellos disimulan, y el cuello del pecho lejos
se extiende, y sus dedos rojecientes liga una unión,
un ala su costado vela, tiene su cara, sin punta, un pico.
Se vuelve nueva Cigno una ave, y no él al cielo y a Júpiter
se confía, como acordado del fuego injustamente enviado desde él;
a los pantanos acude y a los anchurosos lagos, y el fuego odiando,
las que honrara eligió, contrarias a las llamas, las corrientes.
Demacrado entre tanto el genitor de Faetón, y privado
él de su propio decor, con tal orbe cual cuando falta
estar suele, la luz odia y a sí mismo él, y al día,
y da su ánimo a los lutos, y a los lutos añade ira,
y su servicio niega al cosmos. «Bastante», dice, «desde los principios
del tiempo la suerte mía ha sido irrequieta, y me pesa
de estos, cumplidos sin fin por mí, sin honor, trabajos.
Cualquier otro lleve, portadores de las luces, los carros.
Si nadie hay y todos los dioses que no pueden confiesan,
que él mismo los lleve, para que al menos mientras prueba nuestras riendas,
los que han de orfanar a los padres, alguna vez los rayos suelte.
Entonces sabrá, las fuerzas experimentando de los caballos de pies de fuego,
que no merecía la muerte quien no bien los gobernara a ellos».
Al que tal decía circundan, al Sol, todos
los númenes, y que no quiera las tinieblas congregar sobre las cosas
con suplicante voz ruegan; sus enviados fuegos también Júpiter
excusa, y a sus súplicas amenazas, regiamente, añade.
Reúne amentes y todavía de terror espantados
Febo los caballos, y con la aguijada, doliente, y el látigo se encona
-pues enconado está- y de su nacido les acusa e imputa a ellos.



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 22 Ene 2021, 01:25

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

JÚPITER Y CALISTO

Mas el padre omnipotente las ingentes murallas del cielo
rodea y que no haya algo vacilante, por las fuerzas del fuego
derruido, explora. Las cuales, después de que firmes y con su reciedumbre
propia que están ve, las tierras y los trabajos de los hombres
indaga. El de la Arcadia suya, aun así, es su más precioso
cuidado, y sus fontanas y, las que todavía no osaban bajar,
sus corrientes restituye, da a la tierra gramas, frondas
a los árboles, y ordena retoñar, lastimadas, a las espesuras.
Mientras vuelve y va incesante, en una virgen nonacrina
quedó prendido, y encajados caldearon bajo sus huesos unos fuegos.
No era de ella obra la lana mullir tirando,
ni de disposición variar los cabellos: cuando un broche su vestido,
una cinta sujetara blanca sus descuidados cabellos,
y ora en la mano una leve jabalina, ora tomara el arco,
un soldado era de Febe, y no al Ménalo alcanzó alguna
más grata que ella a Trivia. Pero ninguna potencia larga es.
Más allá de medio su espacio el sol alto ocupaba,
cuando alcanza ella un bosque que ninguna edad había cortado.
Despojó aquí su hombro de su aljaba y los flexibles arcos
destensó, y en el suelo, que cubriera la hierba, yacía,
y su pinta aljaba, con su cuello puesto, hundía.
Júpiter cuando la vio, cansada y de custodia libre:
«Este hurto, ciertamente, la esposa mía no sabrá», dice,
«o si lo vuelve a saber, son, oh, son unas disputas por tanto...».
Al punto se viste de la faz y el culto de Diana
y dice: «Oh, de las acompañantes mías, virgen, parte única,
¿en qué sierras has cazado?». Del césped la virgen
se eleva y: «Salud, numen a mi juicio», dijo,
«aunque lo oiga él mismo, mayor que Júpiter». Ríe y oye,
y de que a él, a sí mismo, se prefiera se goza y besos le une
ni moderados bastante, ni que así una virgen deba dar.
En qué espesura cazado hubiera a la que a narrar se disponía,
la impide él con su abrazo, y no sin crimen se delata.

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 22 Ene 2021, 01:27

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

JÚPITER Y CALISTO.
CONT.

Ella, ciertamente, en contra, cuanto, sólo una mujer, pudiera
-ojalá lo contemplaras, Saturnia, más compasiva serías-,
ella, ciertamente, lucha, pero ¿a quién vencer una muchacha,
o quién a Júpiter podría? Al éter de los altísimos acude vencedor
Júpiter: para ella causa de odio el bosque es y la cómplice espesura,
de donde, su pie al retirar, casi se olvidó de coger
su aljaba con las flechas y, que había suspendido, su arco.
He aquí que de su coro acompañada Dictina por el alto
Ménalo entrando, y de su matanza orgullosa de fieras,
la vio a ella y vista la llama: llamada ella rehúye
y temió a lo primero que Júpiter estuviera en ella,
pero después de que al par a las ninfas avanzar vio,
sintió que no había engaños y al número accedió de ellas.
Ay, qué difícil es el crimen no delatar con el rostro.
Apenas los ojos levanta de la tierra, y no, como antes solía,
junta de la diosa al costado está, ni de todo es el grupo la primera,
sino que calla y da signos con su rubor de su lastimado pudor
y, salvo porque virgen es, podría sentir Diana
en mil señales su culpa -las ninfas que lo notaron refieren-.
En su orbe noveno resurgían de la luna cuernos,
cuando la diosa, de la cacería bajo las fraternas llamas lánguida,
alcanzado había un bosque helado desde el que con su murmullo bajando
iba, y sus trilladas arenas viraba un río;
cuando esos lugares alabó, lo alto con el pie tocó de sus ondas.
Ellas también alabadas, «Lejos queda», dijo, «árbitro todo;
desnudos, sumergidos en las linfas bañemos nuestros cuerpos».
La Parráside rojeció; todas sus velos dejan;
una demoras busca; a la que dudaba su vestido quitado le es,
el cual dejado, se hizo patente, con su desnudo cuerpo, su delito.
A ella, atónita, y con sus manos el útero esconder queriendo:
«Vete lejos de aquí», le dijo Cintia, «y estas sagradas fontanas
no mancilles», y de su unión le ordenó separarse.
Había sentido esto hacía tiempo la matrona del gran Tonante,
y había diferido, graves, hasta idóneos tiempos los castigos.
Causa de demora ninguna hay, y ya el niño Árcade -esto mismo
dolió a Juno- había de su rival nacido.
Al cual nada más volvió su salvaje mente junto con su luz:


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 22 Ene 2021, 01:30

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

JÚPITER Y CALISTO.
CONT.

«Claro es que esto también restaba, adúltera», dijo,
«que fecunda fueras y se hiciera tu injuria por tu parto
conocida y del Júpiter mío testimoniado el desdoro fuera.
No impunemente lo harás, puesto que te arrancaré a ti la figura
en la que a ti misma, y en la que complaces, importuna, a nuestro marido»,
dijo, y de su frente, a ella opuesta, prendiéndole los cabellos,
la postra en el suelo de bruces; tendía sus brazos suplicantes:
sus brazos empezaron a erizarse de negros vellos
y a curvarse sus manos y a crecer en combadas uñas
y el servicio de los pies a cumplir, y alabada un día
su cara por Júpiter, a hacerse deforme en una ancha comisura,
y para que sus súplicas los ánimos, y sus palabras suplicantes, no dobleguen,
el poder hablar le es arrebatado: una voz iracunda y amenazante
y llena de terror de su ronca garganta sale.
Su mente antigua le queda -también permaneció en la osa hecha-,
y con su asiduo gemido atestiguando sus dolores,
cuales ellas son, sus manos al cielo y a las estrellas alza,
e ingrato a Júpiter, aunque no pueda decirlo, siente.
Ay, cuántas veces, no osando descansar en la sola espesura,
delante de su casa y, otro tiempo suyos, vagó por los campos.
Ay, cuántas veces por las rocas los ladridos de los perros la llevaron,
y la cazadora, por el miedo de los cazadores aterrada, huyó.
Muchas veces fieras se escondió al ver, olvidada de qué era,
y, la osa, de ver en los montes osos se horrorizó,
y temió a los lobos, aunque su padre estuviese entre ellos.
He aquí que su prole, desconocedor de su Licaonia madre,
Árcade, llega, por tercera vez sus quintos casi cumpleaños pasados,
y mientras fieras persigue, mientras los sotos elige aptos
y de nodosas mallas las espesuras del Erimanto rodea,
cae sobre su madre, la cual se detuvo Árcade al ver
y como aquella que lo conociera se quedó. Él rehúye,
y de quien inmóviles sus ojos en él sin fin tenía
sin saber tuvo miedo y a quien más cerca avanzar ansiaba
hubiera atravesado el pecho con una heridora flecha.


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 22 Ene 2021, 01:33

OVIDIO NASÓN

METAMORFOSIS

TRADUCCIÓN: ANA PÉREZ VEGA

LIBRO SEGUNDO.

JÚPITER Y CALISTO.
CONT.

Lo evitó el omnipotente, y al par a ellos y su abominación
contuvo, y, al par, arrebatados por el vacío merced al viento,
los impuso en el cielo, y vecinas estrellas los hizo.
Se inflamó Juno después que entre las estrellas su rival
fulgió, y hasta la cana Tetis descendió a las superficies,
y al Océano viejo, cuya reverencia conmueve
a menudo a los dioses, y a aquéllos que la causa de su ruta preguntaban, empieza:
«¿Preguntáis por qué, reina de los dioses, de las etéreas
sedes aquí vengo? En vez de mí tiene otra el cielo.
Miento si cuando oscuro la noche haya hecho el orbe,
recién honoradas -mis heridas- con el supremo cielo,
no vierais unas estrellas allí, donde el círculo último,
por su espacio el más breve, el eje postrero rodea.
¿Hay en verdad razón por que alguien a Juno herir no quiera,
y ofendida le trema, la que sola beneficio daño haciendo?
¡Oh, yo, qué cosa grande he hecho! ¡Cuán vasta la potencia nuestra es!
Ser humana le veté: hecho se ha diosa. Así yo los castigos
a los culpables impongo, así es mi gran potestad.
Que le reclame su antigua hermosura y los rasgos ferinos
le detraiga, lo cual antes en la argólica Forónide hizo.
¿Por qué no también, echada Juno, se la lleva
y la coloca en mi tálamo y por suegro a Licaón toma?
Mas vosotros, si os mueve el desprecio de vuestra herida ahijada,
del abismo azul prohibid a los Siete Triones,
y esas estrellas, en el cielo en pago de un estupro recibidas,
rechazad, para que no se bañe en la superficie pura una rival».
Los dioses del mar habían asentido: en su manejable carro la Saturnia
ingresa en el fluente éter con sus pavones pintados.


FIN DE JÚPITER Y CALISTO


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