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Dante Alighieri

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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:29 am

DANTE ALIGHIERI



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Retrato de Dante Alighieri por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]



Dante Alighieri, bautizado Durante di Alighiero degli Alighieri ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  29 de mayo de 1265-[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , 14 de septiembre de 1321), fue un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  italiano, conocido por escribir la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista y una de las cumbres de la literatura universal.​
La fecha exacta del nacimiento de Dante es desconocida, aunque generalmente se cree que fue alrededor de 1265. Esto puede deducirse de las alusiones autobiográficas reflejadas en la Vita nuova. ​Durante su vida, Dante participó activamente en las luchas políticas de su tiempo, por lo que fue desterrado de su ciudad natal, y fue un activo defensor de la unidad italiana. Escribió varios tratados en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  sobre literatura, política y filosofía. A su pluma se debe el tratado en latín [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , de 1311, que constituye una exposición detallada de sus ideas políticas, entre las cuales se encuentran la necesidad de la existencia de un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . ​ En 1289 participó en la batalla de Campaldino durante la guerra entre Florencia y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y contribuyó así a la victoria de los florentinos.​
Apodado «el Poeta Supremo» (en italiano «il Sommo Poeta»), también se le considera el «padre del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] » (llamado volgare en aquella época). Su primera biografía fue escrita por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  (1313-1375), en el Trattatello in laude di Dante.


Se desconoce el año de su nacimiento exacto, aunque suele datarse en torno a 1265 en este lugar, tomando en cuenta algunas alusiones autobiográficas en la Vita Nova y en el Infierno (que se inicia «en medio del camino de nuestra vida»), cuando se sabe por otras de sus obras que, siguiendo una tradición bien conocida, Dante consideraba que la mitad de la vida de un hombre eran los treinta y cinco años, por lo que, si el viaje imaginario se inicia en 1300, debería haber nacido hacia 1265. Algunos versos del Paraíso informan que nació bajo el signo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , es decir, entre el 21 de mayo y el 21 de junio.


L'aiuola che ci fa tanto feroci,

volgendom' io con li etterni Gemelli,
tutta m'apparve dà colli a le foci;

poscia rivolsi li occhi a li occhi belli.
Paraíso, canto XXII, 151-154.

Pudo haber sido bautizado con el nombre de «Durante» en el Baptisterio de Florencia, y «[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] » pudo ser la versión [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de tal nombre. Su familia era de Florencia y su verdadero nombre era Alaghieri, favorable al partido [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


Su padre, Alighiero de Bellincione, era un güelfo blanco,​ pero no sufrió la venganza de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , después de su victoria en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Esta salvación le dio un cierto prestigio a la familia. La madre de Dante era Bella degli Abati​ y falleció cuando el autor tenía entre cinco y seis años de edad. Poco después, su padre se volvió a casar, esta vez con Lapa di Chiarissimo Cialuffise. Existe controversia en cuanto a esa boda, proponiendo que los dos se hayan unido sin contraer matrimonio, debido a las dificultades levantadas en la época a la boda de viudos. La pareja tuvo dos hijos: Francesco y Tana (Gaetana).
Mientras estudiaba en su ciudad natal en 1278, fue discípulo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , quien hace aparición en Infierno (canto XV), y fue amigo del poeta [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Cuando Dante tenía doce años se comprometió con Gemma, hija de Messer Manetto Donati, con la que se casó en 1291, posiblemente en la Iglesia de Santa Margarita.


​ Los matrimonios negociados a edades tan precoces eran entonces frecuentes y para celebrar estos se realizaba una ceremonia importante, que exigía actos oficiales firmados delante de notario. Dante tuvo varios hijos con Gemma: Jacopo, Pietro y Antonia, y quizá un cuarto (Juan). Antonia se hizo monja con el nombre de Hermana Beatrice.


Muy poco se sabe de la educación de Dante, aunque se presume que se educaba en casa y que estudió [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . En ese momento, la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  cautivó a Dante. Sus centros de interés lo llevaron a conocer lugares de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


También se hacía evidente su admiración hacia el poeta [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Además, estudió la lengua vernácula italiana, el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  (la lengua franca de esa época) y el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y de hecho insertó algunos versos en este idioma en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Cabe señalar que en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  la caída del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  dejó en Italia una docena de pequeños Estados, de modo que Sicilia estaba alejada cultural y políticamente de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , como esta lo estaba de Provenza: las regiones no compartían la misma lengua ni la misma cultura y los medios de comunicación eran difíciles.​


Cuando tenía nueve años, Dante conoció a la dama florentina [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , ​ hija de Folco Portinari, de la cual se enamoró «a primera vista», y al parecer sin siquiera haberse hablado. 


Él continuó observándola con frecuencia incluso luego cumplir los dieciocho años, a menudo intercambiaban saludos en la calle, pero nunca llegó a conocerla bien y él mismo con eficacia propuso el ejemplo para el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Es difícil entender lo que este amor comprendía en realidad, pero fue algo sumamente importante para la cultura italiana. 


Era en nombre de este amor que Dante dio su impresión al [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  que posteriormente influenció a escritores y poetas a descubrir el tema del «Amor», que nunca antes había sido tan acentuado. El amor por Beatriz, al parecer, era la razón de su poesía y de su vida, junto con sus pasiones políticas.
​ Cuando Beatriz murió en 1290, Dante trató de encontrar un refugio en la literatura, más específicamente en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Entonces se dedicó a estudios filosóficos en escuelas religiosas como [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Esta pasión «excesiva» por la filosofía fue criticada más tarde por el personaje de Beatriz en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , el segundo canto de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] .


Dante, como muchos florentinos de aquella época, estuvo involucrado en el conflicto de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Luchó en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , que ocurrió el 11 de junio de 1289, con los Caballeros Florentinos Güelfos contra los Gibelinos de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , luego en 1294 estuvo entre los caballeros que escoltaron a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , nieto de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , mientras este se encontraba en Florencia. En junio de 1290 se sitúa la fecha de la presunta muerte de Beatriz, a los veinticuatro años de edad.


Más adelante en su carrera política, se hizo doctor y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Se propuso no ejercer estas profesiones, pero una ley emitida en 1295 «el efecto de las reglas de Giano del Bella» requirió que la nobleza que pretendía ocupar cargos públicos debían alistarse en uno de los gremios de Corporazioni di Arti e Mestieri, entonces Dante obtuvo una rápida admisión en el gremio de los boticarios. La profesión que escogió no era completamente inepta, vendía sus libros en las tiendas de los boticarios. Como político, logró un poco de importancia.

Después de derrotar a los Gibelinos, los Güelfos se dividieron en dos facciones: Güelfos Blancos (Guelfi Bianchi), el partido de Dante, liderados por Vieri dei Cerchi, y los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  Negros (Guelfi Neri), conducidos por Corso Donati. Los «colores» fueron escogidos cuando Vieri dei Cerchi dio su protección a la familia Grandi en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , aquella zona fue llamada La parte bianca («La parte blanca»); Corso Donati por consiguiente había protegido al rival (Parte negra), y estos colores se hicieron los colores distintivos de los partidos en Florencia.


 Fue miembro del Consejo Especial del Pueblo entre 1295 y 1296 y posteriormente formó parte del consejo que elegía los priores. De 1296 a 1297 fue miembro del Consejo de los Ciento. En el año 1300 fue designado como [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  en San Gimignano. En 1300 Dante fue elegido como uno de los seis magistrados más altos en la ciudad de Florencia.

La situación política en Florencia no era fácil, porque el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  planificaba una ocupación militar de la ciudad, y esto dificultó su labor como funcionario político. En 1301, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , hermano del rey [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , visitó Florencia porque el papa lo había designado pacificador de Toscana. Pero el gobierno de la ciudad ya había reaccionado negativamente a la llegada de los embajadores del Papa algunas semanas antes, buscando así la independencia de las influencias papales.​


Para resolver el problema, Dante fue designado como embajador y jefe de una delegación para proponer un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , pero al llegar a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  fue retenido por el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  Bonifacio VIII que pretendía tomar Florencia, para que, de acuerdo con los güelfos negros, la ciudad se anexara a los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Corso Donati, jefe de los güelfos negros desató una persecución en contra de los güelfos blancos, después de que el pontífice tomó la ciudad por la fuerza en 1301.


[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  pidió a la delegación volver a Florencia y obligó a Dante a permanecer en la ciudad. Al mismo tiempo, el 1 de noviembre de 1301 Carlos de Valois entró en Florencia con los Güelfos negros, quienes en los seis días posteriores destruyeron todo y mataron a la mayor parte de sus enemigos. Después del nombramiento de Cante dei Gabrielli da Gubbio como podestà (es decir, el alcalde) de Florencia (9 de noviembre de 1301), Dante fue condenado por él a exilio durante dos años, y a pagar una gran suma de dinero (sentencia de 27 de enero de 1302). 


El poeta no podía pagar su multa y finalmente fue condenado a exilio perpetuo (10 de marzo de 1302) al igual que a otros 600 güelfos blancos, partidarios de la independencia y le fue negada toda participación política. El podestà declaró que si alguna vez Dante fuera atrapado por soldados florentinos, sería inmediatamente ejecutado (igne comburatur sic quod moriatur). Gemma, la esposa de Dante, permaneció en Florencia con el fin de evitar la total confiscación de los bienes conyugales.



El poeta participó en varias tentativas de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  blancos para recuperar el poder que habían perdido, pero fallaron entre otras cosas debido a traiciones. Dante, disgustado por el trato que recibió de las manos de sus enemigos, también se molestó por las luchas internas y la ineficacia de sus aliados, y de hecho votó a hacer un partido de uno. Llegado a este punto comenzó a bosquejar las ideas para la Divina Comedia.[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


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Fue a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  como invitado de Bartolomeo Della Scala, entonces se trasladó a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ), y es después de esto que, como se supone, vivió un tiempo en la ciudad de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , en donde estuvo tranquilo con Madame Gentucca (más tarde y, como señal de gratitud, fue mencionada en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , XXIV, 37). Algunas fuentes especulativas dicen que Dante permaneció en París entre los años 1308 y 1310. Otras fuentes, de menor fiabilidad, lo sitúan en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] .

En 1310 [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , invadió Italia; Dante vio en él la ocasión de la venganza, así que le escribió varias cartas (y a otros príncipes italianos) en las que le incitaba a destruir violentamente a los güelfos negros. Mezclando la religión y preocupaciones privadas, invocó la peor cólera de Dios contra su ciudad, sugiriendo varios blancos particulares que coincidían con sus enemigos personales.


En Florencia, Baldo d'Aguglione perdonó a la mayor parte de güelfos blancos del exilio, y les permitió volver; sin embargo, Dante había ido al margen de la sociedad en sus violentas cartas a Enrique VII, y por ello no fue perdonado. En 1310, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , emperador de Alemania, fue coronado en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , como rey de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . En 1312, Enrique VII asaltó Florencia y derrotó a los güelfos negros, pero no hay ninguna prueba de que Dante estuviese implicado. Unos dicen que rechazó participar en el asalto sobre su ciudad; los otros sugieren que su nombre se hubiera hecho desagradable para los güelfos blancos y también que cualquier rastro de su paso por la ciudad habría sido quitado cuidadosamente. Dante buscó entrevistarse con Enrique VII y aunque no pretendía deber su regreso al ejército alemán, sí quería ver una Florencia libre de la codicia pontifical. 


Los deseos de Dante cambiaron a raíz de enterarse de que Enrique VII había fallecido envenenado; y con él cualquier esperanza para que Dante volviera a ver Florencia otra vez. Así que regresó a Verona, donde [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  le permitió vivir con cierta seguridad, por lo visto, en una cantidad justa de prosperidad. Cangrande fue admitido al [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de Dante.


En 1315 Florencia fue forzada por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , el oficial militar que controlaba la ciudad, a conceder una amnistía a los exiliados. Dante estaba en la lista de ciudadanos perdonados. Pero Florencia requirió que, aparte del pago de una suma del dinero, estos ciudadanos estuvieran de acuerdo con ser tratados como delincuentes en una ceremonia religiosa y someterse a un consejo público en el que se les reconocería como delincuentes públicos. Dante rechazó este vergonzoso requerimiento y prefirió permanecer en el exilio.

Cuando Uguccione finalmente derrotó a Florencia, la pena de muerte de Dante se convirtió en el confinamiento, con la condición única de que volviera a Florencia a jurar que nunca iba a entrar a la ciudad otra vez. Confirmaron su condena a muerte y la ampliaron a sus hijos. Mucho tiempo esperó Dante ser invitado a volver a Florencia en términos honorables. Para él, el exilio era casi una forma de muerte porque le despojaba de la mayor parte de su identidad. Desde luego, nunca regresó. El príncipe Guido Novello da Polenta lo invitó a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  en 1318 y él aceptó. 


Terminó el Paraíso, y finalmente murió en 1321, a los cincuenta y seis años, cuando regresaba a Rávena de una misión diplomática en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , quizás por la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Dante fue enterrado en la iglesia de San Pier Maggiore, llamada más tarde [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Bernardo Bembo, pretor de Venecia, mostró preocupación en 1483 por sus restos y organizó su traslado a una mejor tumba.

Finalmente, Florencia lamentó el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de Dante. En 1829, se construyó una tumba para él en Florencia en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Esa tumba ha estado siempre vacía y el cuerpo de Dante permanece en su tumba en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . El frente de su tumba en Florencia se lee «Honrad al más alto poeta».



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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:33 am

Obras

1 - Vita nuova


La Vita nuova ('Vida nueva') es la primera obra conocida de Dante Alighieri; escrita entre 1292 y 1293, poco después de la muerte de su amada [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . En la obra se alternan 31 poemas líricos y 42 capítulos en prosa. El sentido del título viene dado por la renovación vital que experimenta el poeta al enamorarse de su amada. La parte en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  sirve como explicación de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , escritos según los cánones del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y escogidos entre los que Dante había compuesto desde 1283, en honor de diversas mujeres y de la propia Beatriz. Destacan algunos, como Donne ch'avete intelletto d'amore (capítulo V), o Tanto gentile e tanto onesta pare (capítulo XXVI). Las explicaciones en prosa se escribieron después, con el objeto de dar un marco narrativo a los poemas. La Vita Nuova es la máxima expresión del sentido del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] .
El tema de la obra es el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de Dante por su amada Beatriz. Dante encuentra por primera vez a Beatriz a los nueve años y se enamora de ella en el acto. Vuelve a encontrarla nueve años después, a los dieciocho de edad, y compone un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  en su honor. Desde ese momento, siente por Beatriz un amor platónico, y su mayor felicidad es ser saludado por ella. Sin embargo, oculta cuidadosamente el amor que tiene por Beatriz cortejando abiertamente a otra dama.[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ​ Llegado esto a oídos de Beatriz, ella le niega el saludo. Se le aparece el Amor, y en su discurso, que el poeta no comprende, profetiza la muerte de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Dante toma como objetivo de su vida expresar a través de la poesía su amor por Beatriz. Muere el padre de Beatriz y, poco después, Dante cae gravemente enfermo. Durante su enfermedad tiene una pesadilla que es un presagio de la muerte de Beatriz, que se relaciona con el número 9.


Dante se cree enamorado de otra dama, pero vence esta falsa pasión, y una visión le muestra a Beatriz, vestida de rojo, en la gloria de los cielos, por lo cual el poeta decide no amar a otra mujer y consagrar su vida al recuerdo de su amada, aunque no escribirá sobre ella hasta que no sea capaz de encontrar la forma adecuada de hacerlo. En el ámbito universal se conoce a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  como una de las más grandes [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de la historia. Fue esta mujer quien inspiró a Dante para escribir una de las más grandes obras de la literatura mundial.​


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:35 am

2 - De vulgari eloquentia







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De vulgari eloquentia (acerca del habla popular) es el título de un ensayo de Dante Alighieri, escrito en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  e inicialmente iba a consistir en cuatro libros, pero Dante desechó la idea después del segundo. Fue probablemente escrito en los años que precedieron el destierro de Dante de su natal [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , entre 1303 y 1305. Los ensayos latinos eran muy populares en la Edad Media, pero Dante hizo algunas innovaciones en su trabajo. 


Primero: el tema, la lengua vernácula, que era una opción rara en ese momento. Secundariamente, la manera en que Dante se acercó a este tema, dando a la lengua vernácula la misma dignidad que se le otorgaba al latín. Finalmente, Dante escribió este ensayo para analizar el origen y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de lengua vernácula, porque, en su opinión, este [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  no era algo estático, sino algo que evolucionaba y necesitaba una contextualización histórica.




Al principio, Dante enfrentó la evolución histórica del idioma que él pensaba que nació unitario y luego fue separado en modismos diferentes debido a la vanidad demostrada por la humanidad en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Compiló un mapa de la posición geográfica de los idiomas que él conocía, mientras dividió el territorio europeo en tres partes: uno al este, con los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , uno al norte, con los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y al sur los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , separado en tres ramas, identificadas por el adverbio de afirmación, el idioma del oc, el idioma del oïl y el idioma del sì. 


Rebatió la idea de que la gramática es un idioma estático que consiste en reglas inmutables. Dante necesitó recuperar los idiomas naturales.​
Entre los capítulos diez y quince del primer libro, Dante escribe sobre su investigación para una lengua vernácula ilustre, entre las catorce variedades encontradas en la región italiana. 


Directamente o indirectamente, Dante leyó los trabajos de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , los de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y algunos diccionarios enciclopédicos como el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Él también se inspira en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y en el trabajo de Dante se pueden identificar algunas referencias en los textos a representantes de lo que a veces se ha llamado Aristotelismo Radical.


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:40 am

3 - Divina Comedia

La [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  es una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  escrita entre 1304 y su muerte, considerada como una de las obras maestras de la literatura italiana y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] .


​ Numerosos pintores de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre ella, destacan [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] . Dante la escribió en el dialecto [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , matriz del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , que se utilizó entre los siglos XI y XII. 


La obra se divide en tres partes: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] .
Cada una de sus partes está dividida en treinta y tres cantos, a su vez compuestos de tercetos. La composición del poema se ordena según el simbolismo del número tres (número que simboliza la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , así como también, el número tres simboliza el equilibrio y la estabilidad en algunas culturas, y que también tiene relación con el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y la perfección): tres personajes principales, 
Dante, que personifica al hombre, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , que personifica a la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , que personifica a la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ;​ la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  tiene tres [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y cada una de las tres partes cuenta con treinta y tres cantos.​ El poema puede leerse según los cuatro significados que se atribuyen a los textos sagrados: literal, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


En este poema, Dante hace gala de un gran poder de síntesis que es característico de los grandes poetas.


Dante, modestamente, tituló Comedia a la obra pues, de acuerdo con el esquema clásico, no podía ser una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , ya que su final era feliz. El libro suele presentarse actualmente con un gran cuerpo de notas que ayudan a entender quiénes eran los personajes mencionados. 


Estos comentarios incluyen interpretaciones de las [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  o significados místicos que contendría el texto, que otros prefieren leer como un relato literal. Esta tendencia se acentuó en el siglo XX entre los exégetas y críticos de La divina comedia, muchos de los cuales sostienen que Dante narró una historia en el mundo material de ultratumba tal como se lo concebía en su tiempo.


 [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , por otra parte, destacó la importancia de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  musulmana en la estructura del Infierno dantesco,​ y en particular de la obra Escala de Mahoma, en la que [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , guiado por el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , recorre el Cielo y el Infierno, dividido este último en siete estancias.


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:42 am

4 - Il Convivio


El Convivio / Convite fue escrito entre 1303 y 1309 en prosa toscana, después de la Vita Nuova. Su propósito era aclarar 14 canciones filosóficas y didácticas del autor y debía constar de 15 libros de contenido más bien enciclopédico, pero solo llegó a escribir el de introducción y tres tratados más, el primero sobre el consuelo de la filosofía, inspirado en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , el segundo un elogio de la sabiduría y el tercero un tratado sobre el concepto de qué es la verdadera [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , si la de la sangre o la del alma. Es una exposición bastante aristotélica que inaugura la prosa científica en lengua vulgar en Italia y se imprimió por vez primera en Florencia en 1490.​


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:45 am

Otras obras


Dante dejó además el tratado político en tres libros [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , donde defiende la necesidad de una monarquía universal autónoma e independiente que garantice la unidad y la paz. En el segundo reconoce la legitimidad del derecho del imperio y en el tercero demuestra que la autoridad del monarca es divina, procede de Dios, y por tanto no está sujeta a la autoridad de papa alguno; la monarquía universal es distinta a la Iglesia y está a la misma altura que ella.


​ Produjo además dos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  latinas hacia el año 1318, varias [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , la más famosa la XIII dirigida a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , donde expone el concepto de su Commedia, y el tratado Qaestio de aqua et terra, posiblemente apócrifo. 


También se han recogido en un Canzoniere todas las poesías sueltas, unas bajo el influjo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] , otras stilnovistas de estilo [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  o [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  que compuso, entre ellas las Rime pietrose, dos canciones y dos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]  dedicadas a una antigua amante, Petra, bella e insensible.


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 6:53 am

La Divina Commedia. Inferno. Canto I. 







Nel mezzo del cammin di nostra vita
mi ritrovai per una selva oscura
ché la diritta via era smarrita.

Ahi quanto a dir qual era è cosa dura
esta selva selvaggia e aspra e forte
che nel pensier rinova la paura!

Tant'è amara che poco è più morte;
ma per trattar del ben ch'i' vi trovai,
dirò de l'altre cose ch'i' v'ho scorte.

Io non so ben ridir com'i' v'intrai,
tant'era pien di sonno a quel punto
che la verace via abbandonai.

Ma poi ch'i' fui al piè d'un colle giunto,
là dove terminava quella valle
che m'avea di paura il cor compunto,

guardai in alto, e vidi le sue spalle
vestite già de' raggi del pianeta
che mena dritto altrui per ogne calle.

Allor fu la paura un poco queta
che nel lago del cor m'era durata
la notte ch'i' passai con tanta pieta.

E come quei che con lena affannata
uscito fuor del pelago a la riva
si volge a l'acqua perigliosa e guata,

così l'animo mio, ch'ancor fuggiva,
si volse a retro a rimirar lo passo
che non lasciò già mai persona viva.

Poi ch'èi posato un poco il corpo lasso,
ripresi via per la piaggia diserta,
sì che 'l piè fermo sempre era 'l più basso.

Ed ecco, quasi al cominciar de l'erta,
una lonza leggera e presta molto,
che di pel macolato era coverta;

e non mi si partia dinanzi al volto,
anzi 'mpediva tanto il mio cammino,
ch'i' fui per ritornar più volte vòlto.

Temp'era dal principio del mattino,
e 'l sol montava 'n sù con quelle stelle
ch'eran con lui quando l'amor divino

mosse di prima quelle cose belle;
sì ch'a bene sperar m'era cagione
di quella fiera a la gaetta pelle

l'ora del tempo e la dolce stagione;
ma non sì che paura non mi desse
la vista che m'apparve d'un leone.

Questi parea che contra me venisse
con la test'alta e con rabbiosa fame,
sì che parea che l'aere ne tremesse.

Ed una lupa, che di tutte brame
sembiava carca ne la sua magrezza,
e molte genti fé già viver grame,

questa mi porse tanto di gravezza
con la paura ch'uscia di sua vista,
ch'io perdei la speranza de l'altezza.

E qual è quei che volontieri acquista,
e giugne 'l tempo che perder lo face,
che 'n tutt'i suoi pensier piange e s'attrista;

tal mi fece la bestia sanza pace,
che, venendomi 'ncontro, a poco a poco
mi ripigneva là dove 'l sol tace.

Mentre ch'i' rovinava in basso loco,
dinanzi a li occhi mi si fu offerto
chi per lungo silenzio parea fioco.

Quando vidi costui nel gran diserto,
«Miserere di me», gridai a lui,
«qual che tu sii, od ombra od omo certo!».

Rispuosemi: «Non omo, omo già fui,
e li parenti miei furon lombardi,
mantoani per patria ambedui.

Nacqui sub Iulio, ancor che fosse tardi,
e vissi a Roma sotto 'l buono Augusto
nel tempo de li dèi falsi e bugiardi.

Poeta fui, e cantai di quel giusto
figliuol d'Anchise che venne di Troia,
poi che 'l superbo Ilión fu combusto.

Ma tu perché ritorni a tanta noia?
perché non sali il dilettoso monte
ch'è principio e cagion di tutta gioia?».

«Or se' tu quel Virgilio e quella fonte
che spandi di parlar sì largo fiume?»,
rispuos'io lui con vergognosa fronte.

«O de li altri poeti onore e lume
vagliami 'l lungo studio e 'l grande amore
che m'ha fatto cercar lo tuo volume.

Tu se' lo mio maestro e 'l mio autore;
tu se' solo colui da cu' io tolsi
lo bello stilo che m'ha fatto onore.

Vedi la bestia per cu' io mi volsi:
aiutami da lei, famoso saggio,
ch'ella mi fa tremar le vene e i polsi».

«A te convien tenere altro viaggio»,
rispuose poi che lagrimar mi vide,
«se vuo' campar d'esto loco selvaggio:

ché questa bestia, per la qual tu gride,
non lascia altrui passar per la sua via,
ma tanto lo 'mpedisce che l'uccide;

e ha natura sì malvagia e ria,
che mai non empie la bramosa voglia,
e dopo 'l pasto ha più fame che pria.

Molti son li animali a cui s'ammoglia,
e più saranno ancora, infin che 'l veltro
verrà, che la farà morir con doglia.

Questi non ciberà terra né peltro,
ma sapienza, amore e virtute,
e sua nazion sarà tra feltro e feltro.

Di quella umile Italia fia salute
per cui morì la vergine Cammilla,
Eurialo e Turno e Niso di ferute.

Questi la caccerà per ogne villa,
fin che l'avrà rimessa ne lo 'nferno,
là onde 'nvidia prima dipartilla.

Ond'io per lo tuo me' penso e discerno
che tu mi segui, e io sarò tua guida,
e trarrotti di qui per loco etterno,

ove udirai le disperate strida,
vedrai li antichi spiriti dolenti,
ch'a la seconda morte ciascun grida;

e vederai color che son contenti
nel foco, perché speran di venire
quando che sia a le beate genti.

A le quai poi se tu vorrai salire,
anima fia a ciò più di me degna:
con lei ti lascerò nel mio partire;

ché quello imperador che là sù regna,
perch'i' fu' ribellante a la sua legge,
non vuol che 'n sua città per me si vegna.

In tutte parti impera e quivi regge;
quivi è la sua città e l'alto seggio:
oh felice colui cu' ivi elegge!».

E io a lui: «Poeta, io ti richeggio
per quello Dio che tu non conoscesti,
acciò ch'io fugga questo male e peggio,

che tu mi meni là dov'or dicesti,
sì ch'io veggia la porta di san Pietro
e color cui tu fai cotanto mesti».

Allor si mosse, e io li tenni dietro.







*************************
*************************
*************************






Canto I° de la Divina Comedia


(Fragmento)



Del camino a mitad de nuestra vida
encontréme por una selva oscura,
que de derecha senda era perdida.


¡Y cuánto en el decir es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
que en el pensar renueva la pavura!


Tanto es amarga que es poco más muerte:
más, para hablar del bien que allí encontrara
diré otras cosas de que fui vidente.


Yo no se bien decir cómo allí entrara;
tan lleno era de sueño en aquel punto
que el derecho camino abandonara.


Mas luego, al ser al pie de un monte junto
en donde daba término aquel valle
que aflicto en miedo el corazón me tuvo,


miré a lo alto, y vi que era en su talle
vestido ya de rayos del planeta
que nos guía derecho en cualquier calle.


Fue entonces la pavura un poco quieta,
que en el lago del pecho aún me duraba
la noche, que pasara tanto inquieta.


Y como aquel que con cansadas ansias,
salido ya del piélago a la riba,
se vuelve a ver las peligrosas aguas,


así el ánima mía, aún fugitiva,
se volvió atrás a remirar el paso
que no dejó jamás persona viva.


Cuando di algún reposo al cuerpo laso
aquella proseguí playa desierta,
tal que el pie firme siempre era el más bajo.


Y he aquí, casi al comenzar la cuesta
una onza ligera y presta pronto,
que de pie maculada era cubierta:


y no se me apartaba de ante el rostro,
así tanto impedía mi camino
que muchas veces intenté el retorno.


Tiempo era el principio matutino,
y remontaba el sol con las estrellas
que eran con él, cuando el amor divino


movió al principio aquellas cosas bellas;
tal que de esperar bien me dio ocasión,
de la fiera de piel pintada aquella,


la hora del tiempo y dulce la estación:
mas no sin que temor no me infundiese
la aparecida vista de un león.


Este semblaba contra mi viniese
con la testa alta y apetito fiero,
que el aire parecía le temiese;


mas una loba, que de todo anhelo
parecía cargada en su magrura,
y vivir mucha gente hizo con duelo,


esta causome turbación tan dura
con el temor, nacido de su vista,
que perdí la esperanza de la altura.


Y como aquel, que con placer aquista,
y llega el tiempo que perder le haga,
que en todo su pensar llora y se atrista,


tal me hiciera la fiera de paz falta,
que, viniendo a mi encuentro, poco a poco,
me rechazaba allí donde el sol falla.


Mientras retrocedía al lugar hondo
ante mi vista se hizo descubierto
quien mudo pareció en lo silencioso.


Cuando yo le miré en el gran desierto,
"Apiádate de mi -le grité al mismo-,
quienquiera seas, sombra u hombre cierto."


Respondiome: "Hombre no; hombre ya he sido,
los que diéronme el ser fueron lombardos,
y ambos por patria a Mantua la han tenido.


Nací sub Julio, bien que un poco tardo
y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
en tiempos de engañosos dioses falsos.


Poeta he sido, y yo canté del justo
hijo de Anquises, que volvió de Troya
después que fuese el soberbio Ilión combusto.


Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?
¿por qué no vas al deleitoso monte
que es principio y razón de dicha toda?"


"¿Eres tu aquel Virgilio, aquella fuente
que tan gran río en el hablar difunde?
-le respondí con vergonzosa frente-.


¡Oh, de los otros poetas honra y lumbre!
válgame el largo estudio y grande amor,
que a mí buscar me han hecho tu volumen.


Eres tu mi maestro, eres mi autor:
eres tu solo aquel, de quien yo hurto
el bello estilo, que me ha dado honor.


Mira la bestia por la cual yo huyo:
de ella, famoso sabio, has de ayudarme,
que me hace estremecer venas y pulso."


Te conviene seguir distinto viaje,
-dijo, después de ver que yo lloraba-,
si quieres huir de este lugar salvaje:


porque esta bestia, por la qual tu clamas,
no deja que otro pase por su vía,
mas tanto se lo impide que lo mata;


y es su natura tan malvada e impía
que su rabiosa gana nunca llena,
y ha más hambre al comer que antes tenía.


Con muchos animales se empareja,
y aún serán muchos más, hasta que el Veltro
vendrá, y hará que con dolor se muera.


Este no comerá tierra ni peltro,
pero si amor, virtud, sabiduría,
y su patria estará entre Feltro y Feltro;


será salud de aquella humilde Italia,
por quien murió la virginal Camila,
Euríalo y Turno y Niso en la batalla.


Este la cazara por cada villa,
hasta arrojarla dentro del infierno,
del que al principio la sacó la envidia.


Mas ahora por tu bien pienso y discierno
que tu me sigas, yo seré tu guía:
te sacaré de aquí a un lugar eterno,


donde oirás espantosa gritería:
verás viejos espíritus en duelo,
que todos la segunda muerte ansían;


luego aquellos verás, que están contentos
en fuego, porque esperan la llegada
entre los alabados, a su tiempo:


a los cuales, si tu ascender desearas,
otra alma te quiara que yo más digna,
te dejaré con ella cuando parta:


que aquel Emperador, que reina arriba,
porque yo con su ley rebelde me hice,
no quiere a su cuidad por mi la ida.


En toda parte impera y allí rige,
allí está su ciudad y su alto asiento:
¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!"


Yo le dije: "Poeta, te requiero
por ese Dios que tu no conociste,
para huir de este mal o más adverso,


que me lleves allá donde dijiste,
tal que yo vea la puerta de San Pedro
y aquellos que tu dices ser tan tristes."


Anduvo entonces, y seguí postrero.









Versión de: Carlos López Narváez



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie Oct 30, 2020 5:38 pm

Gracias, María, por traerlo . Era necesario que los clásicos estuvieran en nuestro FORO. Te cuento una anécdota...

En la visita a Florencia, hace un par de años, pasamos  a ver la Casa donde vivió el autor. Y en el rellano del primer piso pedí permiso para leer unos versos de la DIVINA COMEDIA. Me lo dieron... me senté en la silla del controlador de la sala, y con todo el respeto y mi amor a la poesía recité unos versos. Al principio solo estaban como espectadoras Josefina y su hermana Esperanza... pero al poco se agolparon los turistas para escuchar. Hay imágenes ( fotografías) que dan constancia de ello.

Seguiré tu trabajo con mucho gusto. Vuelvo a darte las gracias.

Besos.


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Mensaje por Maria Lua el Vie Oct 30, 2020 8:53 pm

Gracias, amigo Pascual.
Muy interesante lo que cuentas sobre tu visita 
a Firenze( Florencia}.
Sabes, soy admiradora de muchos poetas italianos.
Me gusta leerlos en su idioma que es hermoso.
Traducir poesias es algo muy dificil,
Si el traductor no es poeta, es muy complicado
y si lo es, muchas veces, pone su imaginación
el los poemas que traduce...
Entonces tengo la"pretención" de leer los poemas
en el idioma de los autores, siempre que posible.
Estoy buscando poemas de Dante en italiano/español...
No es muy facil encontrarlos, pues "mi google" "habla"
portugués...
Feliz fin de semana!
Besos para ti, para Josefina
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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie Oct 30, 2020 10:48 pm

Tenía una edición BILINGÜE de la Divina Comedia... Pero nadie sabe decirme que fue de ella. Ahora la tengo en español. Fue el libro que usé en Florencia. Pero lo tengo en Murcia... y estamos confinados ( no nos podemos desplazar a no ser por causa justificada ). Es decir, nosotros, ahora mismo estamos en Mazarrón. Y no podemos desplazarnos a Murcia. Y mis hijos, en Murcia o en Cieza, no se pueden desplazar de la ciudad en la que se encuentran...

Yo tengo que ir, en principio, el 3 de Diciembre... Hay causa médica justificada, y certificación de ello. Pero ni siquiera sé si podré pasar por casa.

Insisto: Te seguiré en lo que hagas. Me gusta Dante.


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:05 pm

LA DIDINA COMMEDIA






CANTICA PRIMA – INFERNO


CANTO I.




ARGOMENTO




Il Poeta smarritosi fra gli orrori di una selva oscura, tentando di
rientrare nella diritta via, comincia a salire l’erta di un monte.
Una lonza gli si para dinanzi e lo impedisce di ascendere: quindi
sopraggiunge un leone, e finalmente una lupa, spaventasi e ruina
giù. Quivi gli appare l’ombra di Virgilio, che lo invita a visitare i
tre mondi dell’anime.






Nel mezzo del cammin di nostra vita
Mi ritrovai per una selva oscura,
Che la diritta via era smarrita. 3
Ah! quanto a dir qual era è cosa dura
Questa selva selvaggia e aspra e forte,
Che nel pensier rinova la paura 6
Tanta e amara, che poco è più morte:
Ma per trattar del ben ch’ivi trovai,
Dirò dell’altre cose ch’io v’ho scorte. 9
I’ non so ben ridir com’io v’entrai,
Tant’era pien di sonno in su quel punto,
Che la verace via abbandonai. 12
Ma poi ch’io fui al piè d’un colle giunto,
Là dove terminava quella valle,
Che m’avea di paura il cor compunto; 15
Guardai in alto, e vidi le sue spalle
Vestite già de’ raggi del pianeta,
Che mena dritto altrui per ogni calle. 18
Allor fu la paura un poco queta,
Che nel lago del cor m’era durata
La notte, ch’io passai con tanta pieta. 21
E come quei, che con lena affannata,
Uscito fuor del pelago alla riva,
Si volge all’acqua perigliosa, e guata; 24
Così l’animo mio, che ancor fuggiva,
Si volse indietro a rimirar lo passo,
Che non lasciò giammai persona viva. 27
Poi ch’hei posato un poco il corpo lasso,
Ripresi via per la piaggia diserta,
Sì che il piè fermo sempre era il più basso; 30
Ed ecco, quasi al cominciar dell’erta,
Una lonza leggiera e presta molto,
Che di pel maculato era coverta; 33
E non mi si partia dinanzi al volto,
Anzi impediva tanto il mio cammino,
Ch’io fui per ritornar più volte volto. 36
Temp’era dal principio del mattino,
E il sol montava in su con quelle stelle
Ch’eran con lui, quando l’Amor Divino 39
Mosse da prima quelle cose belle;
Sì ch’a bene sperar m’eran cagione
Di quella fera la gaietta pelle, 42
L’ora del tempo e la dolce stagione;
Ma non sì, che paura non mi desse
La vista che m’apparve d’un leone. 45
Questi parea che contra me venesse
Con la test’alta e con rabbiosa fame;
Sì che parea che l’aer ne tremesse. 48
E una lupa, che di tutte brame
Sembiava carca nella sua magrezza,
E molte genti fe’ già viver grame: 51
Questa mi porse tanto di gravezza
Con la paura, che uscia di sua vista,
dolcezza dell’acclive.
Ch’io perdei la speranza dell’altezza. 54

E quale è quei, che volentieri acquista,
E giugne il tempo, che perder lo face,
Che in tutti suoi pensier piange e s’attrista; 57
Tal mi fece la bestia senza pace,
Che venendomi incontro, a poco a poco
Mi ripingeva là, dove il Sol tace. 60
Mentre ch’io rovinava in basso loco,
Dinanzi agli occhi mi si fu offerto
Chi per lungo silenzio parea fioco. 63
Quand’io vidi costui nel gran deserto,
Miserere di me, gridai a lui,
Qual che tu sie, o ombra o uomo certo. 66
Risposemi: Non uomo, uomo già fui,
E li parenti miei furon Lombardi,
E Mantovani per patria ambedui. 69
Nacqui sub Julio, ancor che fosse tardi,
E vissi a Roma, sotto il buono Augusto,
Al tempo degli Dei falsi e bugiardi. 72
Poeta fui, e cantai di quel giusto
Figliuol d’Anchise, che venne da Troia,
Poi che il superbo Ilion fu combusto. 75
Ma tu perchè ritorni a tanta noia?
Perchè non sali il dilettoso monte,
Ch’è principio e cagion di tutta gioia? 78
Or se’ tu quel Virgilio, e quella fonte,
Che spandi di parlar sì largo fiume?
Risposi lui con vergognosa fronte. 81
Oh degli altri poeti onore e lume,
Vagliami il lungo studio e il grande amore,

Che m’han fatto cercar lo tuo volume. 84
Tu se’ lo mio maestro e il mio autore:
Tu se’ solo colui, da cui io tolsi
Lo bello stile, che m’ha fatto onore. 87
Vedi la bestia, per che io mi volsi:
Aiutami da lei, famoso saggio,
Ch’ella mi fa tremar le vene e i polsi. 90
A te convien tenere altro viaggio,
Rispose, poi che lagrimar mi vide,
Se vuoi campar d’esto loco selvaggio; 93
Chè questa bestia, per la qual tu gride,
Non lascia altrui passar per la sua via,
Ma tanto lo impedisce, che l’uccide: 96
E ha natura sì malvagia e ria,
Che mai non empie la bramosa voglia,
Ma dopo il pasto ha più fame che pria. 99
Molti son gli animali, a cui s’ammoglia,
E più saranno ancora, infin che il Veltro
Verrà, che la farà morir di doglia. 102
Questi non ciberà terra nè peltro,
Ma sapienza e amore e virtute,
E sua nazion sarà tra Feltro e Feltro. 105
Di quell’umile Italia fia salute
Per cui morì la vergine Cammilla,
Eurialo, e Turno, e Niso di ferute: 108
Questi la caccerà per ogni villa,
Fin che l’avrà rimessa nello Inferno,
Là onde invidia in prima dipartilla. 111
Ond’io per lo tuo me’ penso e discerno,
Che tu mi segui, ed io sarò tua guida,
E trarrotti di qui per loco eterno, 114
Ove udirai le disperate strida,
Vedrai gli antichi spiriti dolenti,
Che a la seconda morte ciascun grida: 117
E vederai color, che son contenti
Nel fuoco, perchè speran di venire,
Quando che sia, alle beate genti: 120
Alle quai poi se tu vorrai salire,
Anima fia a ciò più di me degna;
Con lei ti lascerò nel mio partire: 123
Chè quello imperador che lassù regna,
Perch’io fui ribellante alla sua legge,
Non vuol che in sua città per me si vegna. 126
In tutte parti impera, e quivi regge:
Quivi è la sua città e l’alto seggio:
Oh felice colui, cu’ ivi elegge! 129
E io a lui: Poeta, io ti richeggio
Per quello Iddio, che tu non conoscesti,
A ciò ch’io fugga questo male e peggio, 132
Che tu mi meni là dov’or dicesti,
Sì ch’io vegga la porta di san Pietro,
E color che tu fai cotanto mesti. 135
Allor si mosse, ed io gli tenni dietro.


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:15 pm

LA DIVINA COMEDIA




CANTO PRIMERO - INFIERNO




PROEMIO GENERAL




EL EXTRAVIO, LA FALSA VIA Y EL GUIA SEGURO




La selva oscura. El poeta se extravia en ella en medio de la noche. Al
amanacer sale a un valle y llega al pie de un monte iluminado por
el sol. Se atraviesan en su camino tres animales simbólicos. Retrocede y se le aparece la sombra de Virgilio, que lo conforta, y le
ofrece llevarlo al linde del paraíso al través del infierno y del purgatorio. Los dos poetas prosiguen su camino.




En medio del camino de, la vida,
errante me encontré por selva oscura,
en que la recta vía era perdida.
¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura,
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
que en la mente renueva la pavura!
i Tan amarga es, que es poco más la muerte!
Mas al tratar del bien que allí encontrara,
otras cosas diré que,vi por suerte. 
No podría explicar como allí entrara,
tan soñoliento estaba en el instante
en que el cierto camino abandonara.
Llegué al pie de un collado dominante,
donde aquel valle lóbrego termina,
de pavores el pecho zozobrante;
miré hacia arriba, y vi ya la colina
vestida con los rayos del planeta,
que por doquier a todos encamina.
Entonces, la pavura un poco quieta,
del corazón el lago, serenado,
pasó la angustia de la noche inquieta.
Y como quien, con hálito afanado
sale fuera del piélago a la riba,
y vuelve atrás la) vista, aun azorado;
así mi alma también, aun fugitiva,
volvió a mirar el temeroso paso
del que nunca salió persona viva.
Cuando hube reposado el cuerpo laso,
volví a seguir por la región desierta,
el pie más firme siempre en más retraso.

Y aquí, al comienzo de subida incierta,
una móvil pantera hacia mí vino,
que de piel maculosa era cubierta;
como no se apartase del camino
y continuar la marcha me impedía,
a veces hube de tornar sin tino.
Era la hora en que apuntaba el día,
el sol subía al par de las estrellas,

como el divino amor, en armonía 
movió al nacer estas creaciones bellas;
y hacíanme esperar suerte propicia,
de la pantera las pintadas huellas,
la hora y dulce estación con su caricia:
cuando un león que apareció violento,
ti'ocó en pavor esta feliz primicia.
Venía en contra el animal, hambriento,
rabioso, alta la testa, y parecía,
hacer temblar el aire con su aliento.
Y una loba asomó; que se diría,
de apetitos repleta en su flacura.,
que hace a muchos vivir en agonía.
De sus ardientes ojos la bravura,
de tal modo turbó mi alma afligida,
que perdí la esperanza de la altura.
Y como aquel que gana de seguida,
se regocija, y al perder desmaya,
y queda con la mente entristecida,
así la bestia, me tenía a raya,
y poco a poco, en contra, repelía
hacia la parte donde el sol se calla.
Mientras que al hondo valle descendía,
me encontré con un ser tan silencioso,
que mudo en su silencio parecía.
Al divisarle en el desierto umbroso,
«¡Miserere de míh clamé afligido,
«hombre seas o espectro vagaroso.»
Y respondió: «Hombre no soy: lo he sido;
Mantua mi patria fué, y Lombardía
la tierra de mis padres. Fui nacido,
«Sub Julio, aunque lo fuera en tardo día,
y a Roma vi, bajo del buen Augusto,
en tiempo de los dioses de falsía.
«Poeta fui; canté aquel héroe justo,
hijo de Anquises, que de Troya vino,
cuando el soberbio Ilion quedó combusto.
«¿Mas tú, por qué tornar al mal camino,
y no subes al monte refulgente,
principio y fin del goce peregrino?»
«¡ Tú eres Virgilio, la perenne fuente
que expande el gran raudal de su oratoria !»
le interrumpí con ruborosa frente,
«¡ Oh! de poetas, luminar y gloria,
¡válgame el largo estudio y grande afecto
que consagré a tu libro, y tu memoria!
«• Oh mi autor y maestro predilecto!
de tí aprendí tan sólo el bello estilo,
que tanto honor ha dado a mi intelecto.
«Esa bístia me espanta, y yo vacilo:
¡ de ella defiéndeme, sabio famoso,
que hace latir mis venas, intranquilo!»
Al verme tan turbado y tan lloroso,
«Te conviene tomar», dijo, «otra vía,
para salir ele sitio tan fragoso.
«La bestia que tu marcha contraría,
no permite i pasar por su apretura
sino al que se le rinde en agonía.
«Es tan maligna, empero su magrura,
que de apetitos y de cebo henchida,
hambrea más cuanto es mayor su hartura. 
«Con muchos animales hace vida,
y muchos más serán, hasta que encuentre
al Lebrel que la inmole dolorida.
«Este no vivirá de tierra y güeltre,
sino de amor, virtud, sabiduría,
y su nación, será entre Peltre y Feltre.
«El salvará la humilde Italia, un día,
por quien murió Camila y Eurialo,
y Niso y Turno, heridos en porfía;
«perseguirá do quier sin intervalo
esa bestia feroz, hasta el infierno,
que de la. envidia fué el enjendro malo.
«Mejor que tú, por tí pienso y discierno;
sigue, seré tu guía en la partida,
hasta llevarte a otro lugar eterno.
«Oirás allí la grita dolorida,
y verás los espíritus dolientes,
que claman por perder segunda vida.
«Después verás, en llamas siempre ardientes
vivir contentos, llenos de esperanza,
los que suspensos sufren penitentes,
«porque esperan gozar la bienandanza;
y si quieres subir, alma más digna,
te llevará a celeste lontananza;
«pues el Emperador que allá domina,
porque desconocí su ley eterna,
me veda acceso a su ciudad divina.
«El universo desde allí gobierna:
ese es su trono y elsvado asiento:
¡Feliz el que a sus plantas se prosterna!» 
«Poeta», dije, en suplicante acento:
«por el dios que te fué desconocido,
sálvame de este mal y de otro evento.
«Llévame donde tú me has ofrecido,
de san Pedro a la puerta luminosa,
al través de ese mundo dolorido.»
Marchó y seguí su planta cautelosa. 


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:33 pm

CANTO II.


ARGOMENTO


Invoca l’aiuto delle muse, di Virgilio, e della propria mente: non
per tanto dubita di accingersi all’ardimentoso viaggio. Virgilio lo
rassicura esponendogli essere espresso volere di Dio, che Dante,
eletto a un gran fine, visiti l’Inferno, il Purgatorio, il Paradiso. Il
Poeta si rincuora e dietro i passi del suo conducitore si apparec -
chia a discendere all’Inferno.


Lo giorno se n’andava, e l’aer bruno
Toglieva li animai che sono in terra,
Dalle fatiche loro; e io sol uno 3
M’apparecchiava a sostener la guerra
Sì del cammino, e sì de la pietate,
Che ritrarrà la mente, che non erra. 6
O Muse, o alto ingegno, or m’aiutate:
O mente, che scrivesti ciò ch’io vidi,
Qui si parrà la tua nobilitate. 9
Io incominciai: Poeta, che mi guidi,
Guarda la mia virtù, s’ella è possente,
Anzi ch’all’alto passo tu mi fidi. 12
Tu dici, che di Silvio lo parente,
Corruttibile ancora, ad immortale
Secolo andò, e fu sensibilmente. 15
Però se l’avversario d’ogne male
Cortese fu, pensando l’alto effetto,
Che uscir dovea di lui, e il chi, e il quale, 18
Non pare indegno ad uomo d’intelletto;
Ch’ei fu dell’alma Roma e di suo impero
Nell’empireo ciel per padre eletto: 21
La quale, e il quale, a voler dir lo vero,
Fur stabiliti per lo loco santo,
U’ siede il successor del maggior Piero. 24
Per questa andata, onde gli dai tu vanto,
Intese cose, che furon cagione
Di sua vittoria, e del papale ammanto. 27
Andovvi poi lo Vas d’elezione,
Per recarne conforto a quella fede,
Ch’è principio e via di salvazione. 30
Ma io perchè venirvi, o chi ’l concede?
Io non Enea, io non Paolo sono:
Me degno a ciò nè io, nè altri crede. 33
Per che se del venire io m’abbandono,
Temo, che la venuta non sia folle:
Se’ savio; intendi me’, ch’io non ragiono. 36
E quale è quei, che disvuol ciò ch’e’ volle,
E per nuovi pensier cangia proposta,
Sì che del cominciar tutto si tolle; 39
Tal mi fec’io in quella oscura costa:
Per che pensando consumai la impresa,
Che fu nel cominciar cotanto tosta. 42
Se io ho ben la tua parola intesa,
Rispose del magnanimo quell’ombra,
L’anima tua è da viltade offesa, 45
La qual molte fiate l’uomo ingombra,
Sì che d’onrata impresa lo rivolve,
Come falso veder bestia, quand’ombra. 48
Da questa tema acciò che tu ti solve,
Dirotti, perch’io venni, e quel ch’io intesi
Nel primo punto, che di te mi dolve. 
Io era tra color, che son sospesi,
E donna mi chiamò beata e bella,
Tal che di comandare io la richiesi. 54
Lucevan gli occhi suoi più che la Stella:
E cominciommi a dir soave e piana,
Con angelica voce, in sua favella: 57
O anima cortese Mantovana,
Di cui la fama ancor nel mondo dura,
E durerà quanto il mondo lontana: 60
L’amico mio, e non della ventura,
Nella diserta piaggia è impedito
Sì nel cammin, che volto è per paura; 63
E temo, che non sia già sì smarrito,
Ch’io mi sia tardi al soccorso levata,
Per quel ch’io ho di lui nel Cielo udito. 66
Or muovi, e con la tua parola ornata,
E con ciò, che ha mestieri al suo campare,
L’aiuta sì, ch’io ne sia consolata. 69
Io son Beatrice, che ti faccio andare:
Vegno di loco, ove tornar disio:
Amor mi mosse, che mi fa parlare. 72
Quando sarò dinanzi al Signor mio,
Di te mi loderò sovente a lui.
Tacette allora, e poi comincia’ io: 75
O donna di virtù sola, per cui
L’umana spezie eccede ogni contento
Da quel ciel, che ha minori i cerchi sui; 78
Tanto m’aggrada il tuo comandamento,
Che l’ubbidir, se già fosse, m’è tardi:
Più non t’è uopo aprirmi il tuo talento. 81
Ma dimmi la cagion, che non ti guardi
Dello scender quaggiù in questo centro
Dall’ampio loco, ove tornar tu ardi. 84
Da che tu vuoi saper cotanto addentro,
Dirotti brevemente, mi rispose,
Perch’io non temo di venir qua entro. 87
Temer si dee di sole quelle cose
Ch’hanno potenza di fare altrui male:
Dell’altre no; che non son paurose. 90
Io son fatta da Dio, sua mercè, tale,
Che la vostra miseria non mi tange,
Nè fiamma d’esto incendio non m’assale. 93
Donna è gentil nel ciel, che si compiange
Di questo impedimento, ov’io ti mando,
Sì che duro giudicio lassù frange. 96
Questa chiese Lucia in suo dimando,
E disse: Ora abbisogna il tuo fedele
Di te, ed io a te lo raccomando. 99
Lucia, nimica di ciascun crudele,
Si mosse, e venne al loco, dov’io era,
Che mi sedea con l’antica Rachele; 102
Disse: Beatrice, loda di Dio vera,
Chè non soccorri quei che t’amò tanto,
Ch’uscìo per te della volgare schiera? 105
Non odi tu la pietà del suo pianto?
Non vedi tu la morte, che il combatte
Su la fiumana, ove il mar non ha vanto? 108
Al mondo non fur mai persone ratte
A far lor pro, nè a fuggir lor danno,
Com’io, dopo cotai parole fatte, 111
Venni quaggiù del mio beato scanno,
Fidandomi nel tuo parlare onesto,
Che onora te e quei ch’udito l’hanno. 114
Poscia che m’ebbe ragionato questo,
Gli occhi lucenti, lagrimando, volse:
Per che mi fece del venir più presto: 117
E venni a te così, com’ella volse;
Dinanzi a quella fiera ti levai
Che del bel monte il corto andar ti tolse. 120
Dunque che è? perchè, perchè ristai?
Perchè tanta viltà nel core allette?
Perchè ardire e franchezza non hai? 123
Poscia che tai tre donne benedette
Curan di te nella corte del cielo,
E il mio parlar tanto ben t’impromette? 126
Quali i fioretti, dal notturno gelo
Chinati e chiusi, poi che il Sol gl’imbianca,
Si drizzan tutti aperti in loro stelo; 129
Tal mi fec’io, di mia virtute stanca;
E tanto buono ardire al cuor mi corse,
Ch’io cominciai, come persona franca: 132
Oh pietosa colei, che mi soccorse,
E tu cortese, che ubbidisti tosto
Alle vere parole che ti porse! 135
Tu m’hai con desiderio il cor disposto
Sì al venir, con le parole tue,
Ch’io son tornato nel primo proposto. 138
Or va’, ch’un sol volere è d’amendue:
Tu duca, tu signore, e tu maestro.
Così gli dissi; e poi che mosso fue, 141
Entrai per lo cammino alto e silvestro


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:39 pm

CANTO SEGUNDO


PROEMIO DEL INFIERNO


 HUMANO Y CONSUELO DIVINO, LAS TRES MU.IEKES
BENDITAS
El camino del infierno. El poeta hace examen de conciencia. Sobrecogido, trepida en proseguir el viaje. Virgilio le dice que es enviado
por Beatriz para salvarle. Le relata la aparición de Beatriz en
el limbo. El poeta se decide a seguirle al través de las regiones
infernales.




Ibase el día, envuelto en aire bruno,
aliviando a los seres de la tierra
de su fatiga diaria, y yo, solo, uno,
me apercibía a sostener la guerra,
en un camino de penar sin cuento,
que trazará la mente, que no yerra.
¡ Oh musas! ¡ oh alto ingenio, dadme aliento!
¡ O mente, que escribiste mis visiones,
muestra de tu nobleza el nacimiento!
«¡ Oh poeta, que guías mis acciones!»
prorrumpí, «mide bien mi resistencia,
antes ele conducirme a esas regiones.
«Si el gran padre de Silvio, en existencia
de hombre carnal, bajo feliz auspicio,
de este siglo inmortal palpó la esencia;
«si el adversario al mal, le fué propicio,
fué sin duda, midiendo el gran efecto
de sus altos destinos, según juicio,
«que no se oculta al hombre de intelecto;
que alma de Koma y de su vasto imperio,
en el empíreo fuá por padre electo;
«la que y el cual (según vero criterio)
se destinó a les altos sucesores
del gran Pedro, en su sacro ministerio.
«En ese viaje, digno de loores,
púdose presentir la gran victoria,
que cubre papal manto de esplendores.
«Pablo, vaso de dicha promisoria,
al cielo fué a buscar la fe del pecho,
principio de una vida meritoria.
«No soy Pablo ni Eneas. ¿ Qué es lo que he hecho
para que pueda merecer tal gracia?
Menos que nadie tengo ese derecho.
«Si te siguiera, acaso por desgracia,
presiento, que es demencia mi aventura;
bien lo alcanza tu sabia perspicacia.»
Y como el que anhelando una ventura,
por contrarios deseos trabajado,
abandona su intento en la premura, 
así al tocar el límite buscado,
reflexionando bien, retrocedía
ante la empresa que empecé animado.
La gran sombra me habló con valentía:
«si bien he comprendido, tu alma es presa
de un acceso de nimia cobardía,
«que a los hombres retrae de noble empresa,
como bestia que ve torcidamente,
y se encabrita llena de sorpresa.
«Disiparé el temor que tu alma siente,
cliciéndote, como hasta aquí he venido
cuando supe tu trance, condoliente.
«Me encontraba en el limbo detenido,
y una mujer angélica y hermosa,
a sí llamóme y me sentí rendido.
«Cada ojo era una estrella fulgorosa;
y así ma habló con celestial acento,
dulce y suave en su habla melodiosa:
«Alma noble de Mantua, cuyo aliento
«con el renombre que aun el mundo llena,
«durará cual su largo movimiento:
«mi amigo—no de dichas, sí de pena,—
«sólo se encuentra en playa desolada
«y desanda el camino que lo apena.
«Temo se pierda, en senda abandonada,
«si tarde ya. para salvarle acorro,
«según, allá en el cielo, fui avisada.
«Por eso ansiosa en tu demanda corro;
«sálvale con tu ingenio en su conflicto;
«i consuélame prestándole socori*o ! 
«Yo soy Beatriz, que a noble acción te incito:
«vengo de lo alto do tornar anhelo:
«amor me mueve, y en su hablar palpito;
«mi gratitud, cuando retorne al cielo,
«hará que a dios, en tu loor demande.»
Callóse, y comencé lleno de celo:
«alma virtud, que sola hace más grande
al hombre sobre todos los nacidos,
en la esfera menor en que se espande,
«tus mandatos, son tan agradecidos,
que obedecer me tarda con afecto;
y no me digas más, serán cumplidos.
«Mas dime, [, cómo y por qué raro efecto
has descendido hasta este bajo centro,
del amplio sitio para tí dilecto?»
«Pues penetrar pretendes tan adentro,»
respondió: «te diré muy brevemente,
«por qué sin miedo alguno aquí me encuentro.
«Toda cosa se teme solamente,
«por su potencia de dañar dotada:
«cuando no hay daño, miedo no se siente.
«Por la gracia de dios, estoy formada,
«que ni me alcanza la miseria ajena,
«ni me quema esta ardiente llamarada.
«Virgen del cielo, de bondades llena,
«del trance de mi amigo condolida,
«del duro fallo obtuvo gracia plena.
«Llamó a Lucía, y dijo enternecida:
«tu fiel adepto, tu asistencia espera:
«yo lo encomiendo a tu bondad cumplida. 
«Lucía, de la gracia mensajera,
«vino dti tengo, allá donde me encielo,
«a la antigua Baquel por compañera.
«Beatriz,—dijo,—alabanza de este cielo,
«acorre al hombre que elevaste tanto,
«y que mucho te amara allá en el suelo.
«¿No oyes acaso su angustioso llanto?
«¿No ves le amaga muerte lastimosa,
«en río que ni al mar desciende un tanto?
«Nadie en el mundo fué tan apremiosa,
«cual yo lo fuera, a contrastar el daño,
«después de oir aquella voz piadosa.
«Y vine aquí, desde mi excelso escaño,
«confiada en, tu elocuente hablar honesto,
«honor tuyo, y honor a nadie extraño.»
«Después que grata díjome todo esto,
volvió hacia mí su rostro lagrimoso,
lo que me hizo venir mucho más presto.
«Cumpliendo su deseo afectuoso,
te he precavido de la. bestia horrenda
que te cerraba el paso al monte hermoso.
«¿Por qué, pues, te detienes en tu¡ senda?
¿Por qué tu fortaleza así quebrantas?
¿Por qu<5! no sueltas al valor la rienda,
«cuando te amparan tres mujeres santas
que allá en el cielo tienen su morada,
y cuando te prometo dichas tantas?»
Cual floréenla, que nocturna helada
dobla y marchita, y luego brilla erguida
sobre su tallo, por el sol bañada, 
así se reanimó mi alma abatida:
súbito ardor el corazón recorre,
y prorrumpo con voz estremecida:
«¡ Bendita LA que pía me socorre!
¡gracias a tí, que, fiel a su mandato,
con la verdad a la aflicción acorre!
«Me lia llenado de bríos tu relato;
siento mi corazón fortalecido:
vuelvo a mi empresa, y tu palabra acato;
«voy a tu misma voluntad unido,
sé mi maestro, mi señor, mi guía.»
así dije, y seguile decidido,
por la silvestre y encumbrada vía. 


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:54 pm

CANTO III.


ARGOMENTO


Il Poeta, entrato in Inferno in compagnia di Virgilio, vede le ani -
me degli scioperati, fra le quali conosce l’ombra di Celestino V.
Pervenuto indi alla riviera di Acheronte, mira appressarglisi Ca -
ronte, che ricusa di tragettarlo perchè è vivo. Virgilio palesando
al nocchiero infernale essere volere di Dio, che Dante visiti l’In -
ferno, l’acqueta. Il Poeta addormentasi sulla riva del fiume.


Per me si va nella città dolente,
Per me si va nell’eterno dolore:
Per me si va tra la perduta gente. 3
Giustizia mosse il mio alto fattore:
Fecemi la divina potestate,
La somma sapienza, e il primo amore. 6
Dinanzi a me non fur cose create
Se non eterne, ed io eterna duro:
Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate. 9
Queste parole di colore oscuro
Vid’io scritte al sommo d’una porta;
Per ch’io: Maestro, il senso lor m’è duro. 12
Ed egli a me, come persona accorta:
Qui si convien lasciare ogni sospetto:
Ogni viltà convien che qui sia morta. 15
Noi siam venuti al luogo, ov’io t’ho detto
Che tu vedrai le genti dolorose,
Ch’hanno perduto il ben dello intelletto. 18
E poichè la sua mano alla mia pose
Con lieto volto, ond’io mi confortai,
Mi mise dentro alle segrete cose. 21
Quivi sospiri, pianti, e alti guai
Risonavan per l’aer senza stelle,
Perch’io al cominciar ne lagrimai. 24
Diverse lingue, orribili favelle,
Parole di dolore, accenti d’ira,
Voci alte e fioche, e suon di man con elle 27
Facevano un tumulto, il qual s’aggira
Sempre in quell’aria senza tempo tinta,
Come la rena, quando al turbo spira. 30
E io, ch’avea d’error la testa cinta,
Dissi: Maestro, che è quel, ch’i’ odo?
E che gent’è, che par nel duol sì vinta? 33
Ed egli a me: Questo misero modo
Tegnon l’anime triste di coloro,
Che visser senza infamia e senza lodo. 36
Mischiate sono a quel cattivo coro
Degli angeli, che non furon ribelli,
Nè fur fedeli a Dio, ma per sè foro. 39
Caccianli i Ciel, per non esser men belli,
Nè lo profondo inferno li riceve,
Che alcuna gloria i rei avrebber d’elli. 42
Ed io: Maestro, che è tanto greve
A lor, che lamentar gli fa sì forte?
Rispose: Dicerolti molto breve. 45
Questi non hanno speranza di morte:
E la lor cieca vita è tanto bassa,
Che invidiosi son d’ogni altra sorte. 48
Fama di loro il mondo esser non lassa:
Misericordia e giustizia gli sdegna.
Non ragioniam di lor, ma guarda e passa. 51
Ed io, che riguardai, vidi una insegna,
Che girando correva tanto ratta,
Che d’ogni posa mi pareva indegna: 54
E dietro le venia sì lunga tratta
Di gente, ch’io non avrei mai creduto,
Che Morte tanta n’avesse disfatta. 57
Poscia ch’io v’ebbi alcun riconosciuto,
Guardai e vidi l’ombra di colui,
Che fece per viltade il gran rifiuto
Incontanente intesi, e certo fui,
Che questa era la setta de’ cattivi
A Dio spiacenti, ed a’ nemici sui. 63
Questi sciaurati, che mai non fur vivi,
Erano ignudi, e stimolati molto
Da mosconi e da vespe, ch’eran ivi. 66
Elle rigavan lor di sangue il volto,
Che mischiato di lagrime, a’ lor piedi
Da fastidiosi vermi era ricolto. 69
E poi, ch’a riguardare oltre mi diedi,
Vidi gente alla riva d’un gran fiume:
Per ch’io dissi: Maestro, or mi concedi, 72
Ch’io sappia quali sono, e qual costume
Le fa parer di trapassar sì pronte,
Com’io discerno per lo fioco lume. 75
Ed egli a me: Le cose ti fien conte
Quando noi fermerem li nostri passi
Su la trista riviera d’Acheronte. 78
Allor con gli occhi vergognosi e bassi,
Temendo no ’l mio dir gli fusse grave,
Infino al fiume dal parlar mi trassi. 81
Ed ecco verso noi venir per nave
Un vecchio bianco per antico pelo
Gridando: Guai a voi, anime prave. 84
Non isperate mai veder lo Cielo:
Io vegno per menarvi all’altra riva
Nelle tenebre eterne in caldo, e in gelo: 87
E tu, che se’ costì, anima viva,
Partiti da cotesti, che son morti:
Ma poi ch’ei vide, ch’io non mi partiva, 90
Disse: Per altre vie, per altri porti
Verrai a piaggia, non qui, per passare:
Più lieve legno convien che ti porti. 93
E il duca lui: Caron non ti crucciare:
Vuolsi così colà dove si puote
Ciò che si vuole; e più non dimandare. 96
Quinci fur quete le lanose gote
Al nocchier della livida palude,
Che intorno agli occhi avea di fiamme ruote. 99
Ma quell’anime, ch’eran lasse e nude,
Cangiar colore, e dibattero i denti,
Ratto che inteser le parole crude. 102
Bestemmiavano Iddio, e i lor parenti,
L’umana specie, il luogo, il tempo, e il seme
Di lor semenza, e di lor nascimenti. 105
Poi si ritrasser tutte e quante insieme,
Forte piangendo, alla riva malvagia,
Che attende ciascun uom, che Dio non teme. 108
Caron dimonio con occhi di bragia
Loro accennando, tutte le raccoglie:
Batte col remo qualunque s’adagia. 111
Come d’autunno si levan le foglie,
L’una appresso dell’altra, infin che ’l ramo
Vede alla terra tutte le sue spoglie; 114
Similemente il mal seme d’Adamo
Gittansi di quel lito ad una ad una
Per cenni, come augel per suo richiamo. 117
Così sen vanno su per l’onda bruna,
Ed avanti che sien di là discese,
Anche di qua nuova schiera s’aduna. 120
Figliuol mio, disse il Maestro cortese,
Quelli che muoion nell’ira di Dio
Tutti convegnon qui d’ogni paese: 123
E pronti sono a trapassar del rio,
Chè la Divina Giustizia gli sprona,
Sì che la tema si volge in disio. 126
Quinci non passa mai anima buona:
E però se Caron di te si lagna,
Ben puoi sapere omai, che il suo dir suona. 129
Finito questo, la buia campagna
Tremò sì forte, che dello spavento
La mente di sudore ancor mi bagna. 132
La terra lagrimosa diede vento,
E balenò d’una luce vermiglia,
La qual mi vinse ciascun sentimento; 135
E caddi, come l’uom, cui sonno piglia.


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Oct 31, 2020 10:58 pm

CANTO TERCERO


VESTÍBULO: COBARDÍA


LA PUERTA INFERNAL, EL VESTÍBULO DE LOS COBARDES
Y EL PASO DEL AQUERONTE
I-loga el poeta a la puerta del infierno y lee en ellaj una inscripción
pavorosa. Confortado por Virgilio, penetran en las sombras de los
condenados. Encuentra a la entrada a los cobardes que de nada sirvieron en la vida. Siguen los dos poetas su camino, y llegan al
Aqueronte. Caronte, el barquero infernal, transport a las almas al
lugar de su suplicio a la otra margen del Aqueronte. Un terremoto
estremece el campo de ias lagrimas y un relámpago rojizo surca las
tinieblas. El poeta cae desfallecido en profundo letargo.




Pov mí se va, a la ciudad doliente;
por nú se va, al eternal tormento;
por mí se va, tras la maldita gente. s
Movió a mi Autor el justiciero aliento •.
hízome la divina gobernanza,
el primo amor, el alto pensamiento. 8
Antes de mí, no hubo jamás crianza,
sino lo eterno: yo por siempre duro:
¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza! 8
Esta leyenda de color oscuro,

que vide inscripta en lo alto de una puerta,
me hizo exclamar: «¡ Cual su sentido es duro!» 12
Habló el maestro, cual persona experta:
«Todo temor deseche tu prudencia;
toda 'flaqueza debe aquí ser muerta. 15
«Es el sitio de que hice ya advertencia,
donde verás las gentes dolorosas
que perdieron el don de inteligencia.» ]S
Y tendiendo sus manos cariñosas,
me confortó con rostro placentero,
y me hizo entrar en las secretas cosas. 2i
Llantos, suspiros, aúllo plañidero,
llenaban aquel aire sin estrellas,
que me bañó de llanto lastimero. 24
Lenguas diversas, hórridas querellas,
voces altas y bajas en son de ira,
con golpeos de manos a par de ellas, 27
como un tumulto, en aire tinto gira
siempre, por tiempo eterno, ciial la arena
que en el turbión remolinear se mira. a0
De incertidumbres la cabeza llena,
pregunté: «¿Quién con voz tan dolorosa
parece así vencido por la pena?» 33
El maestro: «Es la suerte ignominiosa
de las míseras jalmas que vivieron,
sin infamia ni aplauso, vida ociosa. S(.
«En el coro infernal se confundieron
con los míseros ángeles mezclados,
que fieles ni rebeldes, a Dios fueron; 
«los que del alto cielo desterrados,
perdida su belleza rutilante,
son por el mismo infierno desechados.»
Y yo: «Maestro, ¿ qué aguijón punzante,
les hace rebramar queja tan fuerte?»
Y él respondió: «Te lo diré al instante.
«No tienen ni esperanza de la muerte,
y es su ciega existencia tan escasa,
que envidian de otros reprobos la suerte.
«No hay memoria en el mundo de su raza:
caridad y justicia los desdeña;
¡no hablemos de ellos; pero mira y pasa!»
Entonces vide una movible enseña,
revolotear tan temblorosamente,
que de quietud no parecía dueña.
Detrás de ella, venía tal torrente
de muertos, que a no haberle contemplado,
no creyera a la muerte tan potente.
Luego que algunos hube señalado,
la sombra vi, del que cobardemente,
la gran renuucia hiciera de su estado;
y comprendí de luego, ciertamente,
era la triste secta, renegada
por Dios y su enemigo, juntamente.
Esta turba, que en vida no fué nada,
desnuda va, por nubes incesantes,
de tábanos y avispas, hostigada,
que regaban de sangre sus semblantes,
y a sus pies con sus lágrimas caía,
chupándola gusanos repugnantes.
A otro lado tendí la vista mía,

y vi gente a la orilla de un gran río
que en tropel a su margen acudía.
«¿Puedo saber, por qué tanto gentío,»
interrogúele, «al paso se apresura
según columbro en este sitio umbrío?»
Y él: «Lo sabrás, cuando la orilla oscura
del Aqueronte triste, la ribera
pisemos con la planta bien, segura.»
Temiendo que mi hablar molesto fuera,
bajé los ojos, y calladamente
seguimos hasta el río la carrera.
Y en una barca, vimos de repente,
un viejo, blanco con antiguo pelo,
que así gritaba: «¡ Guay ! ¡ maldita gente !
«¡ No esperéis más volver a ver el cielo:
vengo a llevaros a la opuesta riba,
a la eterna tiniebla, al fuego, al hielo!
«Y tú, que aquí has venido, ánima viva,
vete; no es tu lugar-entre los muertos.»
Y viendo que suspenso no me iba,
dijo: «Por otra playa y otros puertos
encontrarás esquife más liviano,
que te conduzca por caminos ciertos.»
Y el guía a él: «Caronte, no así en vano,
te encolerices, ni preguntes nada:
lo quiere allá quien manda soberano.»
Y la lanosa faz quedó aquietada,
del nauta de la lívida laguna,
con dos cercos ele fuego su mirada.
Pero las almas lasas que él aduna,
pálidas y desnudas, baten dientes,
al escuchar su acento, cada una.
Blasfeman de su Dios, de sus parientes,
del tiempo, del lugar y su crianza,
y de la especie humana y sus simientes.
Y amontonada, aquella grey se avanza,
gimiendo, a la ribera maldecida,
que espera al que en su dios no tuvo fianza.
Caronte, de ojos de ascua enrojecida,
da la señal, y al río las arroja
con el remo, si atardan la partida.
Como vuelve el otoño hoja tras hoja
sus despojos al suelo, cuando rasa
el mustio gajo que al final despoja,
así de Adán la pervertida raza
obedece la voz de su barquero,
como el ave al reclamo de la'caza;
y así las sombras van en hervidero,
por las oscuras ondas, y al momento
las reemplaza en la orilla otro reguero.
«Hijo mío,» prorrumpe el maestro atento,
«los que la ira de Dios señala en muerte,
acuden en continuo movimiento,
«para vadear el río de esta suerte:
la justiciera espuela les desfrena,
el temor convirtiendo en ansia fuerte.
«Por aquí nunca pasa ánima buena,
y si a Caronte irrita tu venida,
ya sabes tú lo que su dicho suena.»
Y aquí, la negra tierra estremecida

tembló con furia tal, que hasta ahora siento
baña el sudor mi mente espavorida.
La tierra lacrimosa sopló un viento,
que hizo relampaguear una luz roja,
que me postró, y caí sin sentimiento,
cual hombre a quien el sueño le acongoja. 


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Mensaje por Maria Lua el Dom Nov 01, 2020 10:08 pm

CANTO IV.


ARGOMENTO


I due Poeti discendono nel Limbo, che è il primo cerchio dell’In -
ferno. Oltre a’ pargoli innocenti morti senza battesimo, vi trovano
le anime di coloro, i quali, vissuti prima della venuta di Cristo e
quindi non illuminati dalla rivelazione, si condussero nondimeno
secondo i dettami della giustizia naturale: di questi illustri spiriti
Virgilio nomina e mostra a Dante i più celebri.


Ruppemi l’alto sonno nella testa
Un grave tuono, sì ch’io mi riscossi,
Come persona, che per forza è desta: 3
E l’occhio riposato intorno mossi
Dritto levato, e fiso riguardai,
Per conoscere il loco, dov’io fossi. 6
Vero è, che in su la proda mi trovai
Della valle d’abisso dolorosa,
Che tuono accoglie d’infiniti guai. 9
Oscura, profond’era, e nebulosa
Tanto, che per ficcar lo viso al fondo
Io non vi discernea veruna cosa. 12
Or discendiam quaggiù nel cieco mondo,
Cominciò il mio Poeta tutto smorto:
Io sarò primo, e tu sarai secondo. 15
E io, che del color mi fui accorto,
Dissi: Come verrò, se tu paventi,
Che suoli al mio dubbiare esser conforto! 18
Ed egli a me: L’angoscia delle genti,
Che son quaggiù, nel viso mi dipinge
Quella pietà, che tu per tema senti. 21
Andiam, chè la via lunga ne sospinge:
Così si mise, e così mi fe’ entrare
Nel primo cerchio che l’abisso cinge. 24
Quivi, secondo che per ascoltare,
Non avea pianto mai che di sospiri,
Che l’aura eterna facevan tremare: 27
E ciò avvenia di duol senza martiri,
Ch’avean le turbe, ch’eran molte, e grandi,
E d’infanti, e di femmine, e di viri. 30
Lo buon Maestro a me: Tu non dimandi
Che spiriti son questi, che tu vedi?
Or vo’ che sappi, innanzi che più andi, 33
Ch’ei non peccaro: e s’egli hanno mercedi,
Non basta, perch’ei non ebber battesmo,
Ch’è porta della Fede, che tu credi; 36
E se furon dinanzi al Cristianesmo,
Non adorar debitamente Iddio:
E di questi cotai son io medesmo. 39
Per tai difetti, e non per altro rio,
Semo perduti, e sol di tanto offesi,
Che senza speme vivemo in disio. 42
Gran duol mi prese al cor, quando lo intesi,
Però che gente di molto valore
Conobbi, che in quel limbo eran sospesi. 45
Dimmi, Maestro mio, dimmi, signore,
Comincia’ io per voler esser certo
Di quella fede, che vince ogni errore: 48
Uscinne mai alcuno, o per suo merto
O per altrui, che poi fosse beato?
E quei, che intese il mio parlar coverto, 51
Rispose: Io era nuovo in questo stato,
Quando ci vidi venire un Possente,
Con segno di vittoria incoronato. 54
Trasseci l’ombra del Primo Parente;
D’Abel suo figlio; e quella di Noè;
Di Moisè legista e ubbidiente; 57
Abraam Patriarca; e David re;
Israel con suo padre, e co’ suoi nati,
E con Rachele, per cui tanto fe’: 60
E altri molti, e fecegli beati:
E vo’ che sappi, che dinanzi ad essi,
Spiriti umani non eran salvati. 63
Non lasciavam l’andar, perch’ei dicessi,
Ma passavam la selva tuttavia,
La selva dico di spiriti spessi. 66
Non era lungi ancor la nostra via
Di qua dal sommo, quand’io vidi un foco
Ch’emisperio di tenebre vincia. 69
Di lungi v’eravamo ancora un poco,
Ma non sì, ch’io non discernessi in parte,
Ch’orrevol gente possedean quel loco: 72
O tu, che onori ogni scienza, ed arte,
Questi chi son, ch’hanno cotanta orranza,
Che dal modo degli altri gli diparte? 75
E quegli a me: L’onrata nominanza,
Che di lor suona su nella tua vita,
Grazia acquista nel Ciel, che sì gli avanza. 78
Intanto voce fu per me udita;
Onorate l’altissimo poeta:
L’ombra sua torna, ch’era dipartita. 81
Poichè la voce fu restata e queta,
Vidi quattro grand’ombre a noi venire:
Sembianza avevan nè trista nè lieta. 84
Lo buon Maestro cominciommi a dire:
Mira colui con quella spada in mano,
Che vien dinanzi a’ tre, sì come sire. 87
Quegli è Omero poeta sovrano,
L’altro è Orazio satiro, che viene;
Ovidio è il terzo, e l’ultimo è Lucano. 90
Però che ciascun meco si conviene
Nel nome, che sonò la voce sola,
Fannomi onore, e di ciò fanno bene.
Così vidi adunar la bella scuola
Di quel signor dell’altissimo canto,
Che sovra gli altri come aquila, vola. 96
Da ch’ebber ragionato insieme alquanto,
Volsersi a me con salutevol cenno:
E il mio Maestro sorrise di tanto: 99
E più d’onore ancora assai mi fenno,
Ch’ei sì mi fecer della loro schiera,
Sì ch’io fui sesto tra cotanto senno. 102
Così n’andammo infino alla lumiera,
Parlando cose, che il tacere è bello,
Sì com’era il parlar colà dov’era. 105
Venimmo al piè d’un nobile castello
Sette volte cerchiato d’alte mura,
Difeso intorno d’un bel fiumicello. 108
Questo passammo come terra dura:
Per sette porte intrai con questi savi:
Giugnemmo in prato di fresca verdura. 111
Genti v’eran con occhi tardi e gravi,
Di grande autorità ne’ lor sembianti:
Parlavan rado con voci soavi. 114
Traemmoci così dall’un de’ canti
In luogo aperto, luminoso, e alto,
Sì che veder si potean tutti quanti. 117
Colà diritto, sovra il verde smalto,
Mi fur mostrati gli spiriti magni,
Che di vederli in me stesso n’esalto. 120
Io vidi Elettra con molti compagni,
Tra’ quai conobbi ed Ettore, ed Enea,
Cesare armato con gli occhi grifagni. 123
Camilla vidi, e la Pentesilea.
Dall’altra parte vidi il re Latino,
Che con Lavinia sua figlia sedea. 126
Vidi quel Bruto, che cacciò Tarquino;
Lucrezia, Julia, Marzia e Corniglia,
E solo in parte vidi il Saladino. 129
Poi che innalzai un poco più le ciglia,
Vidi il Maestro di color che sanno,
Seder tra filosofica famiglia. 132
Tutti lo miran, tutti onor gli fanno.
Quivi vid’io e Socrate, e Platone,
Che innanzi agli altri più presso gli stanno, 135
Democrito, che il mondo a caso pone,
Diogenes, Anassagora e Tale,
Empedocles, Eraclito e Zenone: 138
E vidi il buono accoglitor del quale,
Dioscoride dico; e vidi Orfeo,
Tullio, e Livio, e Seneca morale, 141
Euclide geometra, e Tolomeo,
Ipocrate, Avicenna, e Galieno,
Averrois che il gran comento feo. 144
Io non posso ritrar di tutti appieno,
Però che sì mi caccia il lungo tema,
Che molte volte al fatto il dir vien meno. 147
La sesta compagnia in duo si scema:
Per altra via mi mena il savio duca
Fuor della queta nell’aura che trema: 150
E vengo in parte, ove non è che luca.


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Mensaje por Maria Lua el Dom Nov 01, 2020 10:12 pm

CANTO CUARTO


CÍRCULO PRIMERO: LIMBO


PÁRVULOS INOCENTES, PATRIARCAS Y HOMBRES ILUSTRES
í'n trueno despierta al poeta (le su letargo. Sigue el viaje con su guía
desciende al limbo, que es el primer círculo del infierno. Encuentra allí las almas que vivieron virtuosamente, pero que están excluidas del paraíso por no haber recibido el agua del bautismo. Los
grandes poetas antiguos. Los espíritus magnos. Después, desciende al segundo círculo.


Rompió mi sueño un trueno estrepitoso,
que sacudió con fuerza mi cabeza,
y desperté, mi cuerpo tembloroso;
J el ojo reposado, con sorpresa,
me levanté, miré en contorno mío,
por conocer el sitio con fijeza;
y vi, que estaba en el veril sombrío,
del valle del abismo doloroso,
y ayes sin fin subían del bajío:
era oscuro, profundo y nebuloso,
que aun hundiendo de fijo la mirada,
no alcanzaba su fondo tenebroso.
Mi guía, con la faz amortajada,
dijo: «Bajemos a ese mundo ciego :
primero yo: tú, sigue mi pisada.»
Yo, que su palidez vi desde luego,
respondí: «Si el bajar a tí te espanta,
¿Quién a mi pecho infundirá sosiego!»
«Es la angustia,» dijo él, «por pena tanta,
y la piedad pintada en mi semblante;
no piens;s que es temor que me quebranta.
«Vamos: el trecho es largo y apremiante.»
Y entramos en el círculo primero,
que ceñía el abismo colindante.
Aquí volvía el grito lastimero,
de suspiros sin fin, más no de llanto,
que en aire eterno tiembla plañidero.
Era rumor de pena, sin quebranto,
de hombres, niños, mujeres, numerosos,
que en turba iban girando, sin espanto.
«Quiero sepas, que espíritus llorosos,
son esos que tú ves,» el maestro dijo,
«antes de ir a otros antros tenebrosos.
«No pecaron, ni el cielo los maldijo;
pero el bautismo, nunca recibieron,
puerta segura que tu fe predijo.
«Antes del cristianismo, ellos nacieron;
no adoraron al dios omnipotente,
y uno soy yo de los que así murieron.
«Por tal culpa aquí yacen solamente,
y el castigo, es desear sin esperanza,
piadosa remisión del inocente.»
Un gran dolor al pecho se abalanza,
al hallar en el limbo tanta gente,
digna de la celeste bienandanza.
«Dime, maestro, dime ciertamente,»
pregunté, para estar más cerciorado,
de la fe que al error vence potente:
«,;, Salió de. esta mansión algún penado,
por méritos que el cielo le abonaba?»
Y comprendido el razonar velado,
me respondió: «Apenas aquí entraba,
cuando miré venir un prepotente,
que el signo de victoria coronaba.
«Sacó la sombra del primer viviente,
de su hijo Abel, y de Noé el del Arca,
y de Moisés, que legisló obediente;
«con la de Isaac, la de Abrahan, patriarca;
y a Jacob con Raquel, por la que hizo
tanto, y su prole; y a David monarca;
«y muchos más, a quienes dio el bautizo;
que hasta entonces, jamás alma nacida,
subió de esta región al paraíso.»
Sin parar nuestra; marcha de seguida,
íbamos al través de selva espesa,
digo, selva de gente dolorida.
Casi vencida la primera empresa,
un fuego vi, que en forma de hemisferio
vencía de la sombra la oscureza
Sin comprender de lejos el misterio,
bien pude discernir, siquiera en parte,
que era de noble gente cautiverio.
«¡ Oh tú! que honras la ciencia a par del arte,
¿Quiénes tienen tal honra, y en qué nombre
de las almas la vida así se parte?»
Y respondióme: «El caso no te asombre;
la fama que publica tu planeta
se propicia en el cielo con renombre.»
«i Honremos al altísimo poeta!
Su sombra vuelve a hacernos compañía»
Clamó una voz, y se calló discreta.
Al expirar la voz, que así decía,
vi, cuatro grandes sombras por delante,
que ni dolor mostraban ni alegría.
«¡ Míralos en su gloria fulgurante!»
Dijo el maestro: «El que la espada en mano,
se adelanta a los otros arrogante,
«es Homero, el poeta soberano:
el otro' Horacio: Ovidio es el tercero;
y el que les sigue, se llamó Lucano.
«Como cada uno cree merecedero,
el nombre que me dio la voz aislada,
me honran con sentimiento placentero.»
Así, la bella escuela vi adunada,
del genio superior del alto canto,
águila sobre todos encumbrada..
Luego que hubieron departido un tanto,
hacia mí se volvieron placenteros,
y el maestro sonrióse con encanto.
Mayor honor me hicieron lisonjeros;
y dándome un lugar en compañía,
el sexto fui, contado entre primeros.
Y así seguimos, hasta ver del día
la dulce luz, en cuento razonado,
que es bien callar, y allí muy bien venía.
Un castillo encontramos, rodeado
con siete muros de soberbia altura,
de un hermoso arroyuelo circundado.
Paso el arroyo dio cual tierra dura;
siete puertas pasamos y seguimos,
hasta pisar de un prado la verdura.
Gentes de tardos ojos allí vimos,
de grande autoridad en su semblante,
y que muy bajo hablaban, percibimos.
Montamos una altura dominante,
que campo luminoso dilataba,
y que a todos mostraba por delante;
y en el prado, que todo lo esmaltaba
los espíritus vi del genio magno,
y de sólo mirarlos, me exaltaba.
A Electra vi en un grupo soberano:
a Héctor reconocí, y al justo Enea;
y armado, César, de ojos de milano.
Y vi a Camila, y vi a Pentisilea,
a la otra parte; y vide el rey Latino
que .con su hija Lavima se parea.
Y vide a Bruto, que expelió a Tarquino;
Lucrecia y Julia y Marcia, y a Cornelia;
y solo, aparte, estaba Saladme
Y ante la luz, que mi mirada auxilia,
vi' al maestro, que el saber derrama,
sentado, en filosófica familia:
todos le admiran, le honran, se le aclama,
de Platón y de Sócrates cercado,
y de Zenón, y otros de excelsa fama:
Demócrito, que al caso todo ha dado:
Diógenes, Anaxágoras, y Tales,
y Heráclito, de Empédocles al lado;
Dioscórides, en ciencias naturales,
el gran observador; y vide a Orfto,
y a Tulio y Livio y Séneca, morales:
al sabio Euclídes, cabe a Tolomeo;
Hipócrates, Galeno y Avizena,
y Averroes, de la ciencia corifeo.
Mas a todos nombrar fuera gran pena,
y así, debo dejar interrumpido,
este discurso, que no todo llena.
Quedó a dos nuestro grupo reducido:
por otra senda me llevó mi guía,
del aura quieta al aire estremecido,
para volver a la región sombría. 


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Mensaje por Maria Lua el Miér Nov 11, 2020 6:57 am

CANTO V.


ARGOMENTO


Pervenuti al secondo cerchio, vi trovano Minosse, il quale, udita
la ragione del viaggio di Dante, concede loro che procedano. Tra
le ombre degli incontinenti in amore, puniti in questo luogo,
Dante, dopo d’averne osservate le più notevoli, fermasi a favella -
re con Paolo Malatesta e Francesca da Rimini, la quale gli narra
la dolorosa storia de’ propri amori.




Così discesi del cerchio primaio
Giù nel secondo, che men loco cinghia,
E tanto più dolor, che punge a guaio. 3
Stavvi Minos orribilmente, e ringhia:
Esamina le colpe nell’entrata:
Giudica, e manda, secondo ch’avvinghia. 6
Dico, che quando l’anima mal nata
Li vien dinanzi, tutta si confessa:
E quel conoscitor delle peccata 9
Vede quel loco d’Inferno è da essa:
Cignesi con la coda tante volte,
Quantunque gradi vuol che giù sia messa. 12
Sempre dinanzi a lui ne stanno molte:
Vanno a vicenda ciascuna al giudizio:
Dicono e odono, e poi son giù volte. 15
O tu, che vieni al doloroso ospizio,
Disse Minos a me, quando mi vide,
Lasciando l’atto di cotanto ufizio, 18
Guarda com’entri, e di cui tu ti fide:
Non t’inganni l’ampiezza dell’entrare.
E il duca mio a lui: Perchè pur gride? 21
Non impedir lo suo fatale andare:
Vuolsi così colà dove si puote
Ciò che si vuole, e più non dimandare. 24
Or incomincian le dolenti note
A farmisi sentire; or son venuto
Là, dove molto pianto mi percote. 27
Io venni in luogo d’ogni luce muto,
Che mugghia, come fa mar per tempesta,
Se da contrari venti è combattuto. 30
La bufera infernal, che mai non resta,
Mena gli spirti con la sua rapina;
Voltando e percotendo li molesta. 33
Quando giungon davanti alla ruina,
Quivi le strida, il compianto e il lamento;
Bestemmian quivi la virtù divina. 36
Intesi, ch’a così fatto tormento
Enno dannati i peccator carnali,
Che la ragion sommettono al talento. 39
E come gli stornei ne portan l’ali,
Nel freddo tempo a schiera larga e piena,
Così quel fiato gli spiriti mali 42
Di qua, di là, di giù, di su li mena:
Nulla speranza li conforta mai,
Non che di posa, ma di minor pena. 45
E come i grui van cantando lor lai,
Facendo in aer di sè lunga riga,
Così vid’io venir, traendo guai, 48
Ombre portate dalla detta briga.
Per ch’io dissi: Maestro chi son quelle
Genti, che l’aer nero sì gastiga? 51
La prima di color, di cui novelle
Tu vuoi saper, mi disse quegli allotta,
Fu imperadrice di molte favelle. 54
A vizio di lussuria fu sì rotta,
Che libito fe’ licito in sua legge,
Per torre il biasmo, in che era condotta. 57
Ell’è Semiramis, di cui si legge,
Che succedette a Nino, e fu sua sposa:
Tenne la terra, che il Soldan corregge. 60
L’altra è colei, che s’ancise amorosa,
E ruppe fede al cener di Sicheo:
Poi è Cleopatra lussuriosa. 63
Elena vidi, per cui tanto reo
Tempo si volse, e vidi il grande Achille,
Che con amore al fine combatteo. 66
Vidi Paris, Tristano; e più di mille
Ombre mostrommi, e nominolle a dito,
Ch’amor di nostra vita dipartille. 69
Poscia ch’io ebbi il mio dottore udito
Nomar le donne antiche e i cavalieri,
Pietà mi giunse, e fui quasi smarrito. 72
Io cominciai: Poeta, volentieri
Parlerei a que’ duo, che insieme vanno,
E paion sì al vento esser leggieri. 75
Ed egli a me: Vedrai quando saranno
Più presso a noi; e tu allor li prega
Per quell’amor, che i mena; e qui verranno, 78
Sì tosto, come il vento a noi li piega.
Mossi la voce: O anime affannate;
Venite a noi parlar, s’altri nol niega. 81
Quali colombe dal disio chiamate,
Con l’ale aperte e ferme, al dolce nido
Volan per l’aer dal voler portate; 84
Cotali uscir della schiera ov’è Dido,
A noi venendo per l’aer maligno,
Sì forte fu l’affettuoso grido. 87
O animal grazioso, e benigno,
Che visitando vai per l’aer perso
Noi, che tignemmo il mondo di sanguigno, 90
Se fosse amico il Re dell’universo,
Noi pregheremmo lui per la tua pace,
Poi c’hai pietà del nostro mal perverso. 93
Di quel che udire, e che parlar ti piace,
Noi udiremo, e parleremo a vui,
Mentre che il vento, come fa, si tace. 96
Siede la terra, dove nata fui,
Su la marina dove il Po discende
Per aver pace co’ seguaci sui. 99
Amor, che al cor gentil ratto s’apprende,
Prese costui della bella persona,
Che mi fu tolta, e il modo ancor m’offende: 102
Amor, ch’a nullo amato, amar perdona,
Mi prese del costui piacer sì forte,
Che, come vedi, ancor non m’abbandona; 105
Amor condusse noi ad una morte:
Caina attende chi vita ci spense.
Queste parole da lor ci fur porte. 108
Da ch’io intesi quelle anime offense,
Chinai ’l viso, e tanto il tenni basso,
Finchè il poeta mi disse: Che pense? 111
Quando risposi, cominciai: O lasso!
Quanti dolci pensier, quanto disio
Menò costoro al doloroso passo! 114
Poi mi rivolsi a loro, e parlai io,
E cominciai: Francesca, i tuoi martiri
A lagrimar mi fanno tristo, e pio. 117
Ma dimmi: al tempo de’ dolci sospiri,
A che, e come concedette Amore,
Che conosceste i dubbiosi desiri? 120
Ed ella a me: Nessun maggior dolore,
Che ricordarsi del tempo felice
Nella miseria; e ciò sa il tuo dottore
Ma se a conoscer la prima radice
Del nostro amor tu hai cotanto affetto,
Farò come colui, che piange, e dice. 126
Noi leggevamo un giorno per diletto
Di Lancillotto, come amor lo strinse:
Soli eravamo, e senza alcun sospetto. 129
Per più fiate gli occhi ci sospinse
Quella lettura, e scolorocci il viso:
Ma solo un punto fu quel, che ci vinse. 132
Quando leggemmo il disiato riso
Esser baciato da cotanto amante,
Questi, che mai da me non fia diviso, 135
La bocca mi baciò tutto tremante.
Galeotto fu il libro, e chi lo scrisse:
Quel giorno più non vi leggemmo avante. 138
Mentre che l’uno spirto questo disse,
L’altro piangeva sì, che di pietade
Io venni meno com’ s’io morisse. 141
E caddi, come corpo morto cade.


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Mensaje por Maria Lua el Miér Nov 11, 2020 7:03 am

CANTO QUINTO


CIRCULO SEGUNDO: LUJURIA


MINOS, PECADORES CARNALES, FEANCESCA DE EIMINI
Segundo círculo del infierno. Minos examina las culpas a la entrada,
y señala, a cada alma condenada el sitio de su suplicio. Círculo de
los Injuriosos donde comienza la serie de los siete pecados capitales. Francesco de Eímini.




Así bajé del círculo primero,
al segundo, en que en trecho más cerrado,
más gran dolor, aulla plañidero.
Allí, Minos, horrible, gruñe ''airado;
examina las culpas a la entrada:
juzga y manda, según ciñe el pecado.
-Digo, que cuando el alma malhadada,
ante su faz, desnuda se confiesa,
aquel conocedor de la culpada,
ve de que sitio del infierno es presa,
y cíñese la cola, y cada vuelta,
marea el grado a que abajo la endereza.
Presente hay siempre, multitud revuelta:
cada alma se declara ante su juicio;
la escucha, y al abismo baja vuelta.
«¿Qué buscas del dolor en el hospicio?»
Gritó Minos, mirando de hito en hito,
y suspendiendo su severo oficio.
«¡ Guay de quien fías, y no seas cuito!
i No te engañe la anchura de la entrada!»
Y mi guía le dijo: «¿ A qué ese grito ?
«No le interrumpas su fatal jornada:
lo quiere así, quien puede y ha podido
lo que se quiere. ¡No preguntes nada!»
Ora comienza el grito dolorido
a resonar en la mansión del llanto,
y el corazón golpea y el oído.
Era un lugar mudo de luz, en tanto
que mugía cual mar embravecida,
por encontrados vientos, con espanto.
La borrasca infernal, siempre movida,
los espíritus lleva en remolino,
y los vuelca y lastima a su caída.
Y en el negro confín del torbellino,
se oyen hondos sollozos y lamentos,
que niegan de virtud el don divino.
Eran los condenados a tormentos,
los pecadores, de la carne presa,
que a instintos abajaron pensamientos.
Cual estorninos, que en bandada espesa,
en tiempo frío, el ala inerte estiran,
así van ellos en bandada oprcsa.
De aquí, de allá, de arriba, abajo, giran,
sin esperanza de ningún consuelo:
ni a menos pena ni al descanso aspiran.
Como las grullas, que en tendido vuelo
hienden el aire, al son de su cantiga,
así van, arrastrados en su duelo,
por aquel,huracán que los fustiga.
«¿Quienes son,» pregunté, «que en giro eterno,
el aire negro con furor castiga?»
«La primera que ves en este infierno,»
me dijo, «emperatriz fué de naciones
de muchas lenguas, con poder suporno:
«Rota fué de lujuria, y sus pasiones
en leyes convirtió, y así la afrenta
quiso en vida borrar de sus acciones.-
«la Semíramis fué, de quien se cuenta,
dio de mamar a Niño y fué su esposa,
donde hoy el trono de Soldán se asienta.
«La otra que ves, se suicidó amorosa,
infiel a las cenizas de Siqueo:
la otra es Cleopatra, reina lujuriosa.»
Y a Helena vi, causa y fatal trofeo
de larga lucha; y víctima de, amo res,
al grande Aquiles, hijo de Peleo;
y a Páris y a Tristán, y de amadores,
las sombras mil, por el amor heridas,
que dejaron su vida en sus ardores. 
Luego que supe las antiguas vidas,
sentí de la piedad el soplo interno,
desmarrido por tantas sacudidas.
«Hablar quisiera con lenguaje tierno,»
dije, «a esas sombras que ayuntadas vuelan,
tan leves como el aire en este inflamo.»
Y díjome: «Por el amor que anhelan,
pídeles que se acerquen, y a tu ruego
vendrán, cuando los vientos las impelan.»
Y cuando el viento nos las trajo luego,
interpelé a las almas desoladas:
«Venid a mí, y habladme con sosiego.»
Cual dos palomas por amor llevadas,
con ala abierta vuelan hacia el nido,
por una misma voluntad aunadas,
así, del grupo donde estaba Dido,
cruzaron por el aire malignoso,
tan simpático fué nuestro pedido.
Y exclamaron: «¡ Oh, ser tan bondadoso,
que buscas al través del aire impío,
las víctimas de un mundo sanguinoso!
«Si Dios escucha nuestro ruego pío.
por tu paz rogaremos en buen hora,
pues que te apiada nuestro mal sombrío.
«Y pues oír y hablar tu voz implora
te hablaremos prestándote el oído,
mientras el viento calla, como ahora.
«Se halla la tierra donde yo he nacido
en la marina donde el Po desciende,
en paz con sus secuaces confundido.
«Amor, que alma gentil súbito prende
a este prendó de la gentil persona,
que me quitó la herida que aun me ofende.
«Amor, que a nadie amado, amar perdona,
me ató a sus brazos, con placer tan fuerte,
que como ves, ni aun muerta me abandona.
«Amor llevónos a la misma muerte,
Caina, espera al matador en vida.»
Las dos sombras me hablaron de esta suerte.
Al escuchar aquélla ánima herida,
bajé la frente, y el poeta amado,
«|Qué piensas?» preguntóme, y dolorida,
salió mi voz del pecho atribulado:
«¡ Qué desees, qué dulce pensamiento,
les trajeron un fin tan malhadado!»
Y volviéndome a ellos al momento,
díjeles: «¡Oh Francesca! ¡tu martirio,
me hace llorar con pío sentimiento!
«Mas, del dulce, suspiro en el delirio,
¿Cómo te dio el Amor tímido acuerdo,
que abrió al deseo de tu seno el lirio!» •
i ella: «¡Nada es más triste que el recuerdo
de la ventura, en medio a la desgracia!
i Muy bien lo sabe tu maestro cuerdo!
«Pero si tu bondad aun no se sacia,
te contaré, como quien habla y llora,
de nuestro amor la primitiva gracia.
«Leíamos un día, en grata hora,
del tierno Laneeloto la ventura,
solos, y sin sospecha turbadora.
«Nuestros ojos, durante la lectura
se encontraron: ¡ perdimos los colores,
y una página fué la desventura!
«Al leer que el amante, con amores
la anhelada sonrisa besó amante,
este, por siempre unido a mis dolores,
«la boca me besó, todo tremante...
¡ El libro y el autor... Galeoto han sido... !
• Ese día no leímos adelante!»
Así habló el un espíritu dolido,
mientras lloraba el otro; y cuasi yerto,
de piedad, me sentí desfallecido,
y caí, como cae un cuerpo muerto. 


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Nov 14, 2020 8:56 pm

CANTO VI.


ARGOMENTO


Riavutosi Dante dallo smarrimento de’ sensi, in cui era caduto all’affettuoso racconto di Francesca, discende nel terzo cerchio,
che è quello de’ golosi. Parla con Ciacco famoso buffone, il qua -
le, domandato, predice le vicende delle fazioni fiorentine per la
venuta di Carlo di Valois.


Al tornar della mente, che si chiuse
Dinanzi alla pietà de’ duo cognati,
Che di tristizia tutto mi confuse, 3
Nuovi tormenti, e nuovi tormentati
Mi veggio intorno, come ch’io mi mova,
E come ch’io mi volga, e ch’io mi guati. 6
Io sono al terzo cerchio della piova
Eterna, maledetta, fredda, e greve:
Regola, e qualità mai non l’è nova. 9
Grandine grossa, e acqua tinta, e neve
Per l’aer tenebroso si riversa:
Pute la terra, che questo riceve: 12
Cerbero, fiera crudele e diversa,
Con tre gole caninamente latra
Sovra la gente che quivi è sommersa. 15
Gli occhi ha vermigli e la barba unta ed atra,
E il ventre largo, e unghiate le mani:
Graffia gli spirti ed ingoja ed isquatra. 18
Urlar li fa la pioggia come cani:
Dell’un de’ lati fanno all’altro schermo:
Volgonsi spesso i miseri profani. 21
Quando ci scorse Cerbero, il gran vermo,
Le bocche aperse, e mostrocci le sanne:
Non avea membro che tenesse fermo. 24
Il duca mio, distese le sue spanne,
Prese la terra, e con piene le pugna
La gittò dentro alle bramose canne. 27
Qual è quel cane, ch’abbaiando agugna,
E si racqueta, poi che il pasto morde,
Che solo a divorarlo intende, e pugna; 30
Cotai si fecer quelle fauci lorde
Dello demonio Cerbero, che introna
L’anime sì, ch’esser vorrebber sorde. 33
Noi passavam su per l’ombre, che adona
La greve pioggia, e ponevam le piante
Sopra lor vanità, che par persona. 36
Elle giacean per terra tutte quante,
Fuor d’una, ch’a seder si levò, ratto
Ch’ella ci vide passarsi davante. 39
O tu, che se’ per questo inferno tratto,
Mi disse, riconoscimi, se sai:
Tu fosti prima, ch’io disfatto, fatto. 42
E io a lei: L’angoscia, che tu hai
Forse ti tira fuor della mia mente,
Sì che non par ch’io ti vedessi mai. 45
Ma dimmi chi tu se’, che in sì dolente
Luogo se’ messa, e a sì fatta pena,
Che s’altra è maggior, nulla è sì spiacente. 48
Ed egli a me: La tua città ch’è piena
D’invidia sì che già trabocca il sacco,
Seco mi tenne in la vita serena. 51
Voi, cittadini, mi chiamaste Ciacco:
Per la dannosa colpa della gola,
Come tu vedi, alla pioggia mi fiacco: 54
E io anima trista non son sola,
Chè tutte queste a simil pena stanno
Per simil colpa: e più non fe’ parola. 57
Io gli risposi: Ciacco, il tuo affanno
Mi pesa sì, ch’a lagrimar m’invita:
Ma dimmi, se tu sai, a che verranno 60
Li cittadin della città partita;
S’alcun v’è giusto; e dimmi la cagione,
Per che l’ha tanta discordia assalita. 63
Ed egli a me: Dopo lunga tenzone
Verranno al sangue, e la parte selvaggia
Caccerà l’altra con molta offensione. 66
Poi appresso convien, che questa caggia
Infra tre Soli, e che l’altra sormonti
Con la forza di tal, che testè piaggia. 69
Alto terrà lungo tempo le fronti,
Tenendo l’altra sotto gravi pesi,
Come che di ciò pianga, e che n’adonti. 72
Giusti son duo, e non vi sono intesi:
Superbia, invidia, e avarizia sono
Le tre faville, ch’hanno i cori accesi. 75
Qui pose fine al lacrimabil suono;
E io a lui: Ancor vo’ che m’insegni,
E che di più parlar mi facci dono. 78
Farinata, e il Tegghiaio, che fur sì degni,
Jacopo Rusticucci, Arrigo, e il Mosca,


E gli altri, che a ben far poser gl’ingegni, 81
Dimmi ove sono, e fa ch’io li conosca;
Chè gran disio mi stringe di sapere,
Se ’l ciel li addolcia, o l’inferno li attosca. 84
E quegli: Ei son tra le anime più nere:
Diversa colpa giù gli aggrava al fondo.
Se tanto scendi, gli potrai vedere. 87
Ma se tu torni mai nel dolce mondo,
Pregoti ch’alla mente altrui mi rechi:
Più non ti dico, e più non ti rispondo. 90
Li diritti occhi torse allora in biechi:
Guardommi un poco, e poi chinò la testa:
Cadde con essa a par degli altri ciechi. 93
E il duca disse a me: Più non si desta
Di qua dal suon dell’angelica tromba,
Quando vedrà la nimica podesta: 96
Ciascun ritroverà la trista tomba;
Ripiglierà sua carne, e sua figura;
Udirà quel, che in eterno rimbomba. 99
Sì trapassammo per sozza mistura
Dell’ombre e della pioggia, a passi lenti,
Toccando un poco la vita futura: 102
Per ch’io dissi: Maestro, esti tormenti
Cresceranno ei dopo la gran sentenza,
O fien minori, o saran sì cocenti? 105
Ed egli a me: Ritorna a tua scienza,
Che vuol, quanto la cosa è più perfetta,
Più senta il bene, e così la doglienza. 108
Tuttochè questa gente maledetta
In vera perfezion già mai non vada,
Di là, più che di qua, essere aspetta. 111
Noi aggirammo a tondo quella strada,
Parlando più assai ch’io non ridico:
Venimmo al punto dove si digrada; 114
Quivi trovammo Pluto il gran nemico.


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Nov 14, 2020 8:59 pm

CANTO SEXTO


CIRCULO TERCERO: GULA
CERBERO, CIACCO Y SU PROFECÍA


Tercer círculo del infierno. Tormentos de los glotones, en un pantano
infecto, azotados eternamente por una lluvia helada. El C:\ccerliero. El florentino Ciacco. Reseña de fusucos florentinos famosos
Ciacco predice al poeta las desgracias de Florencia y su destierro
El juicio final, la vida futura, las penas infernales y la perfectibilidad humana en el bien y en el mal. Los dos poetas desciendan
al cuarto circulo.


Al retornar a la razón, perdida
de los tristes amantes al lamento,
que de piedad llenó mi alma transida,
nuevos atormentados y tormento,
miro en contorno, sea que me mueva,
o me revuelva o busque abrigamiento.
Era el círculo tercio; fría greva,
de eterna lluvia, habitación maldita,
dónde ninguna vida se renueva.
Grueso granizo allí se precipita,
y nieve y agua negra, en aire turbio,
pudre la tierra y todo lo marchita.
El Cerbero, animal feroz y gurvio,
por sus tres fauces ladra de continuo,
y es de los anegados el disturbio.
De negro hocico y ojo; purpurino,
de vientre obeso y manos unguladas,
muerde a las almas con furor canino.
Las sombras, por las lluvias maceradas,
ladran también cual can, y se resguardan,
unas contra las otras apiñadas,
cuando el ataque del Cerbero aguardan;
y al verle abrir la boca sanguinosa,
temblorosas se) esconden, y acobardan.
El maestro, con mano cautelosa,
cogió tierra del suelo, y arrojóla
del Cerbero en la boca espumajosa.
Y cual perro que ansioso por la gola,
sólo a tragar el alimento es dado,
y acalla su canina batahola,
así quedó el Cerbero endemoniado,
que las almas aturde, con ladridos,
que sordo ser quisiera el condenado.
Pasamos! sobre sombras de afligidos,
que marchita la lluvia, y nuestra planta,
hollando vanas formas de dolidos.
Del suelo, allí ninguno se levanta,
y uno tan sólo se incorpora incierto,
al notar que mi paso se adelanta.
«¡ Oh, tú, que cruzas este infierno yerto!»
me dijo, «reconóceme, yo era
después de tú nacido, triste muerto.»
Y yo a él: «Tu angustia lastimera,
quizá te desfigura, de tal suerte,
que estás de mi memoria al pronto, fuera.
«Dime quién eres y porque la muerte
a este sitio te trajo de la pena,
y si a la culpa cabe otra más fuerte.»
Y respondió: «La tu ciudad, que llena
de vil envidia ya colmó su saco,
me vio vivir allí, vida serena.
«Los ciudadanos rne llamaban Ciaco:
por la dañosa culpa de la gula,
aquí me ves, bajo la lluvia, flaco:
«mas no aquí sola mi alma se atribula,
que todos estos igual pena lloran,
por culpa igual que a pena se acumula.»
Le repuse: «Tus voces que me imploran,
me hacen, Ciaeco, llorar con simpatía;
mas di, ¿sabes qué espera a los que moran,
en la ciudad que parte la porfía;
si un justo tiene, y cual la causa sea
de su discordia y tanta bandería?»
Y él a mí: «Tras de larga y cruel pelea,
los Blancos triunfarán por varias veces,
proscribiendo de Negros la ralea.
«Tres soles pasarán, y entre reveses,
los Negros subirán, con los adeptos
que los halaguen; y con nuevas creces 
«por largo tiempo, de mandar repletos,
al abatido oprimirán por ende,
con dolor y censura de discretos.
«Sólo hay dos justos, que ninguno atiende:
la envidia, la soberbia y la avaricia,
son las tres teas que la furia enciende.»
Calló la voz llorosa, sin t caricia,
y yo dije: «Si quieres ser benigno,
bríndame tu palabra, y da noticia
«de Arrigo, y de Teguiao de fama digno;
de Rusticueio, Mosca y Farinata,
y otros, que bien obrar fuera el destino.
«Dime si yacen en mansión ingrata;
házmelos conocer, pues mucho anhelo,
saber si el cielo con bondad los trata.»
«Se hallan», dijo, «con almas sin consuelo,
por grandes culpas todas condenadas:
abajo las verás en hondo duelo.
«Guando pises las playas anheladas
del dulce mundo, piensa en mí, contrito;
y no te digo más.» Y con miradas
siniestras, me miró muy de hito en hito:
cayó en el fango, doblegó la frente,
y entre los ciegos se perdió el maldito.
Y el guía díjome: «Tan solamente,
cuando suene la angélica trompeta,
despertarán ante su juez potente;
«encontrarán su triste tumba quieta;
revestirán su carne y su figura,
y el fallo eterno, oirán con alma inquieta.»
Dejando atrás esta infernal mixtura,
de lluvia y sombras, con el paso lento,
nos ocupó tratar vida futura:
«Maestro», dije, «¿este infernal tormento,
se aumentará, tras de la gran sentencia?
¿Será menor, o acaso más violento?»
Y respondió: «Pregúntalo a tu ciencia,
que quiere, que los seres más perfectos,
sientan mejor el bien, más la dolencia.
«Estos reprobos, entes imperfectos,
si la alta perfección no han alcanzado,
esperan mejorar cual les electos.»
Recorrimos el cerco condenado,
hablando de otras cosas que no digo;
y descendimos hasta el cuarto grado:
Pluto está allí, del hombre el enemigo. 


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Mensaje por Maria Lua el Jue Nov 19, 2020 10:01 pm

CANTO VII.


ARGOMENTO


I Poeti chiedono a Sordello alcun indizio per giunger più spediti
al Purgatorio, ed egli si offre a guida. Il primo luogo, al quale
giungono dietro la di lui scorta, è quello ove stanno purgando le
anime dei principi, che occupati nei mondani ingrandimenti riserbarono all’ultimo il pensiero di Dio. Sordello ne addita alcuni ai
due Poeti.


Poscia che l’accoglienze oneste e liete
Furo iterate tre e quattro volte,
Sordel si trasse, e disse: Voi chi siete? 3
Prima che a questo monte fosser volte
L’anime degne di salire a Dio,
Fur l’ossa mie per Ottavian sepolte. 6
Io son Virgilio; e per null’altro rio
Lo ciel perdei, che per non aver fe’:
Così rispuose allora il Duca mio. 9
Qual è colui che cosa innanzi a sè
Subita vede, ond’ei si maraviglia
Che crede e no, dicendo: ell’è, non è; 12
Tal parve quegli; e poi chinò le ciglia,
E umilmente ritornò ver lui,
E abbracciollo ove il minor s’appiglia. 15
O gloria de’ Latin, disse, per cui
Mostrò ciò che potea la lingua nostra,
O pregio eterno del loco ond’io fui, 18
Qual merito, o qual grazia mi ti mostra?
S’io son d’udir le tue parole degno,
Dimmi se vien d’Inferno, e di qual chiostra. 21
Per tutti i cerchi del dolente regno;
Rispose lui, son io di qua venuto:
Virtù del Ciel mi mosse, e con lei vegno. 24
Non per far, ma per non fare ho perduto
Di veder l’alto Sol che tu disiri,
E che fu tardi da me conosciuto. 27
Loco è laggiù non tristo da martiri,
Ma di tenebre solo, ove i lamenti
Non suonan come guai, ma son sospiri. 30
Quivi sto io coi parvoli innocenti,
Dai denti morsi della morte, avante
Che fosser dall’umana colpa esenti. 33
Quivi sto io con quei che le tre sante
Virtù non si vestiro, e senza vizio
Conobber l’altre, e seguir tutte quante. 36
Ma se tu sai, e puoi, alcuno indizio
Dà noi, perchè venir possiam più tosto
Là dove il Purgatorio ha dritto inizio. 39
Rispose: Loco certo non c’è posto:
Licito m’è andar suso e intorno:
Per quanto ir posso, a guida mi t’accosto. 42
Ma vedi già come dichina il giorno,
E andar su di notte non si puote:
Però è buon pensar di bel soggiorno. 45
Anime sono a destra qua remote:
Se mi consenti, io menerotti ad esse,
E non senza diletto ti fien note. 48
Com’è ciò? fu risposto: chi volesse
Salir di notte, fora egli impedito
D’altrui? ovver saria che non potesse? 51
E il buon Sordello in terra fregò il dito,
Dicendo: Vedi, sola questa riga
Non varcheresti dopo il Sol partito: 54
Non però che altra cosa desse briga,
Che la notturna tenebra, a ir suso:
Quella col non poter la voglia intriga. 57
Ben si poria con lei tornare in giuso,
E passeggiar la costa intorno errando,
Mentre che l’orizzonte il dì tien chiuso. 60
Allora il mio Signor, quasi ammirando,
Menane, disse, dunque là ove dici
Che aver si può diletto dimorando. 63
Poco allungati c’eravam di lici,
Quando io m’accorsi che il monte era scemo
A guisa che i valloni sceman quici. 66
Colà, disse quell’ombra, n’anderemo,
Dove la costa face di sè grembo,
E quivi il nuovo giorno attenderemo. 69
Tra erto e piano era un sentiero sghembo,
Che ne condusse in fianco della lacca,
Là ove più che a mezzo more il lembo. 72
Oro e argento fino e cocco e biacca,
Indico, legno lucido, e sereno,
Fresco smeraldo in l’ora che si fiacca, 75
Dall’erba e dalli fior dentro a quel seno
Posti, ciascun saria di color vinto,
Come dal suo maggiore è vinto il meno. 78
Non avea pur natura ivi dipinto;
Ma di soavità di mille odori
Vi facea un incognito indistinto. 81
Salve, Regina, in sul verde e in su i fiori
Quindi seder cantando anime vidi,
Che per la valle non parean di fuori. 84
Prima che il poco Sole omai s’annidi,
Cominciò il Mantovan che ci avea volti,
Tra color non vogliate ch’io vi guidi. 87
Da questo balzo meglio gli atti e i volti
Conoscerete voi di tutti quanti,
Che nella lama giù tra essi accolti. 90
Colui che più siede alto, e fa sembianti
D’aver negletto ciò che far dovea,
E che non move bocca agli altrui canti, 93
Ridolfo imperador fu, che potea
Sanar le piaghe ch’hanno Italia morta,
Sì che tardi per altri si ricrea. 96
L’altro, che nella vista lui conforta,
Resse la terra dove l’acqua nasce,
Che Molta in Albia, e Albia in mar ne porta: 99
Ottachero ebbe nome, e nelle fasce
Fu meglio assai che Vincislao suo figlio
Barbuto, cui lussuria e ozio pasce. 102
E quel Nasetto, che stretto a consiglio
Par con colui che ha sì benigno aspetto,
Morì fuggendo e disfiorando il giglio: 105
Guardate là, come si batte il petto.
L’altro vedete che ha fatto alla guancia
Della sua palma, sospirando, letto. 108
Padre e suocero son del mal di Francia:
Sanno la vita sua viziata e lorda,
E quindi viene il duol che sì li lancia. 111
Quel che par sì membruto, e che s’accorda
Cantando con colui dal maschio naso,
D’ogni valor portò cinta la corda. 114
E se Re dopo lui fosse rimaso
Lo giovinetto che retro a lui siede,
Ben andava il valor di vaso in vaso; 117
Che non si puote dir delle altre rede.
Jacomo e Federigo hanno i reami:
Del retaggio miglior nessun possiede. 120
Rade volte risurge per li rami
L’umana probità: e questo vuole
Quei che la dà, perchè da lui si chiami. 123
Anche al Nasuto vanno mie parole
Non men che all’altro, Pier, che con lui canta,
Onde Puglia e Provenza già si duole. 126
Tanto è del seme suo minor la pianta,
Quanto più che Beatrice e Margherita,
Gostanza di marito ancor si vanta. 129
Vedete il Re della semplice vita
Seder là solo, Arrigo d’Inghilterra:
Questi ha nei rami suoi migliore uscita. 132
Quel che più basso tra costor s’atterra,
Guardando in suso, è Guglielmo Marchese,
Per cui Alessandria e la sua guerra 135
Fa pianger Monferrato e il Canavese.


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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasión
y la rosa roja del amor
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Dante Alighieri Empty Re: Dante Alighieri

Mensaje por Maria Lua el Jue Nov 19, 2020 10:13 pm

CANTO SÉTIMO


CIRCULO CUARTO: AVARICIA Y PRODIGALIDAD
PLUTO, PENA DE LOS AVAROS Y PRÓDIGOS, LA FORTUNA
CIRCULO QUINTO: IRA


Cuarto circulo del Infierno dantesco, presidido por Pluto. Virgilio y
Pluto. La avaricia castigada. Los avaros y los pródigos hacen rodar pesadas masas con el pecho. Razonamiento de Virgilio sobre la
fortuna y los agentes celestes en la tierra. Los dos poetas descienden al quinto circulo. La laguna Estigia, donde yacen sumidos en
el fango los iracundos. El himno de los tristes.




«¡Pape Satán, pape Satán aleppe!»
grita Pluto con voz estropajosa;
y el grande sabio, sin que en voz discrepe,
me conforta diciendo: «No medrosa
tu alma se turbe, porque no le es dado
impedir que desciendas a esta fosa.»
Y al demonio feroz de labio hinchado,
le grita: «Calla, lobo maldecido,
y devora tu rabia, atragantado.
«No sin razón el viaje está emprendido:
se quiere en lo alto, do Miguel glorioso,
tomó vindicta del estupro infido.»
Cual vela inflada de aire tormentoso,
revuelta cae del mástil que ha flaqueado,
así cayó en el suelo aquel furioso.
Y descendimos hasta el cuarto grado,
adentro del abismo doloroso,
que todo el mal del mundo se ha tragado.
i Oh, Dios, que en tu justicia, poderoso,
amontonas cual vi, tanta tortura!
¿Por qué el fallo es aquí más riguroso?
Cual de Seyla y Carybdis a la altura,
onda con onda, choca procelosa,
tal se choca esta gente en apretura.
Aquí una turba, hallé más numerosa,
que de una y otra parte, en sus revueltas,
con el pecho empujaba clamorosa,
pesos enormes; y en continuas vueltas,
volvían hacia atrás, cuando 'chocaban,
gritando: ¿por qué agarras? ¿por qué meltasl
Así en el cerco tétrico giraban,
del uno y otro lado retornando,
y las mismas injurias se gritaban.
Y luego, el medio cerco contorneando,
se chocaban de nuevo. Yo afligido
sentí el pecho, la lucha contemplando.
Dije al maestro: «Por favor te pido,
rae digas, si las sombras tonsuradas
sacerdotes en vida acaso han sido.»
«Son viseas, como ves, tan dementadas,
cual fueron», dijo, «en vida torticeras,
y en gastar su peculio inmoderadas.
«Claro lo ladran sus palabras fieras;
y al venir de les des puntos postremos,
su opuesta culpa lleva a sus esferas.
«Esos sin pelo, que de un lado vemos,
fueron clérigos, papas, cardenales,
que la avaricia llevó a sus extremos.»
Y pregunté al maestro: «Entre estos tales,
¿puedo quizá reconocer alguno,
de los ^manchados con inmundos males?»
Y él: «No podrás reconocer ninguno:
su mala vida, si antes fueron albos,
los cubre a todos con su tinte bruno.
«Eternamente chocarán no salvos,
Y aun en la tumba apretarán el puño
los unos, y los otres serán calvos.
«Mal dar y mal tener, si dan terruño,
quitan el' cielo, en riñas tan procaces,
que no merecen de palabra el cuño.
«Así puedes ver, hijo, cuan fugaces
son los bienes que alarga la fortuna,
y de que son les hombres tan rapaces.
«Todo el oro que está bajo la luna,
y el que esa grey de sombras retenía,
la paz no le dará, siquiera a una.»
Y yo insistí: «Mas dime todavía:
esa> fortuna de que tanto me hablas,
I Cómo aferra del mundo la cuantía?»
Y él, sonriendo «¡ Qué cuestión entablas!
Quiero hacerte mamar una sentencia,
i Oh ignorante! y apúntala en tus tablas.
«El Sapiente, en su vasta trascendencia,
hizo el cielo, y nombróle su regente,
que en todo resplandece su alta ciencia.
«Distribuyó las luces igualmente,
y así alta potestad a los mundanos,
esplendores también dio providente.
«Ella, permuta vuestros bienes vanos
de gente en gente, y quita o los conserva,
maguer la previsión de los humanos.
«A unos abate, y a otros los preserva,
según la voluntad que yace oculta,
cual silenciosa sierpe entre la yerba.
«No toma en. cuenta vuestra ciencia estulta,
cuando juzga, dispone, da o cercena,
como deidad que sólo a sí consulta.
«Ninguna tregua su carrera enfrena:
necesidad su marcha multiplica,
pues cada instante, nueva cosa ordena.
«De mala fama el mundo la sindica,
cuando debiera tributarle culto,
y el vulgo la maldice y crucifica.
«Pero ella es buena, y sorda al torpe insulto,
leda con las criatura primitiva,
gira su rueda en medio del tumulto.
«Entramos a región más aflictiva:
ya bajan las estrellas que alumbraban,
y la jornada debe ser activa.»
Cruzamos los ribazos, que* cerraban
los dos cercos, y hallamos una fuente
de hirvientes aguas turbias que bajaban
por un barranco abierto en la pendiente:
orillando' su margen enfangada,
descendimos por vía diferente.
Esta triste corriente, despeñada,
forma en oscura playa maldecida,
la laguna de Bstigia nominada.
Yo miraba con vista prevenida,
y vi gente fangosa en el pantano,
desnuda y con la faz de ira encendida.
Golpeábanse entre sí, no con la mano,
mas con los pies, el pecho y la cabeza,
y se mordían con furor insano.
El buen maestro, dijo: «Aquí está presa
la grey de poseídos por la ira:
pero quiero que sepas con certeza,
«que bajo,el agua hay gente que suspira,
y la hace pulular, cual ahora vimos,
por donde quiera que la vista gira.
«Pita m el limo, dicen: ¡Tristes fuimos,
bajo del sol que el al fin llegamos.


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