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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:29

    DANTE ALIGHIERI



    [Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]



    Retrato de Dante Alighieri por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]



    Dante Alighieri, bautizado Durante di Alighiero degli Alighieri ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] 29 de mayo de 1265-[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], 14 de septiembre de 1321), fue un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] italiano, conocido por escribir la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], una de las obras fundamentales de la transición del pensamiento medieval al renacentista y una de las cumbres de la literatura universal.​
    La fecha exacta del nacimiento de Dante es desconocida, aunque generalmente se cree que fue alrededor de 1265. Esto puede deducirse de las alusiones autobiográficas reflejadas en la Vita nuova. ​Durante su vida, Dante participó activamente en las luchas políticas de su tiempo, por lo que fue desterrado de su ciudad natal, y fue un activo defensor de la unidad italiana. Escribió varios tratados en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] sobre literatura, política y filosofía. A su pluma se debe el tratado en latín [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], de 1311, que constituye una exposición detallada de sus ideas políticas, entre las cuales se encuentran la necesidad de la existencia de un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. ​ En 1289 participó en la batalla de Campaldino durante la guerra entre Florencia y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y contribuyó así a la victoria de los florentinos.​
    Apodado «el Poeta Supremo» (en italiano «il Sommo Poeta»), también se le considera el «padre del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]» (llamado volgare en aquella época). Su primera biografía fue escrita por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] (1313-1375), en el Trattatello in laude di Dante.


    Se desconoce el año de su nacimiento exacto, aunque suele datarse en torno a 1265 en este lugar, tomando en cuenta algunas alusiones autobiográficas en la Vita Nova y en el Infierno (que se inicia «en medio del camino de nuestra vida»), cuando se sabe por otras de sus obras que, siguiendo una tradición bien conocida, Dante consideraba que la mitad de la vida de un hombre eran los treinta y cinco años, por lo que, si el viaje imaginario se inicia en 1300, debería haber nacido hacia 1265. Algunos versos del Paraíso informan que nació bajo el signo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], es decir, entre el 21 de mayo y el 21 de junio.


    L'aiuola che ci fa tanto feroci,

    volgendom' io con li etterni Gemelli,
    tutta m'apparve dà colli a le foci;

    poscia rivolsi li occhi a li occhi belli.
    Paraíso, canto XXII, 151-154.

    Pudo haber sido bautizado con el nombre de «Durante» en el Baptisterio de Florencia, y «[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]» pudo ser la versión [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de tal nombre. Su familia era de Florencia y su verdadero nombre era Alaghieri, favorable al partido [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


    Su padre, Alighiero de Bellincione, era un güelfo blanco,​ pero no sufrió la venganza de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], después de su victoria en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Esta salvación le dio un cierto prestigio a la familia. La madre de Dante era Bella degli Abati​ y falleció cuando el autor tenía entre cinco y seis años de edad. Poco después, su padre se volvió a casar, esta vez con Lapa di Chiarissimo Cialuffise. Existe controversia en cuanto a esa boda, proponiendo que los dos se hayan unido sin contraer matrimonio, debido a las dificultades levantadas en la época a la boda de viudos. La pareja tuvo dos hijos: Francesco y Tana (Gaetana).
    Mientras estudiaba en su ciudad natal en 1278, fue discípulo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], quien hace aparición en Infierno (canto XV), y fue amigo del poeta [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Cuando Dante tenía doce años se comprometió con Gemma, hija de Messer Manetto Donati, con la que se casó en 1291, posiblemente en la Iglesia de Santa Margarita.


    ​ Los matrimonios negociados a edades tan precoces eran entonces frecuentes y para celebrar estos se realizaba una ceremonia importante, que exigía actos oficiales firmados delante de notario. Dante tuvo varios hijos con Gemma: Jacopo, Pietro y Antonia, y quizá un cuarto (Juan). Antonia se hizo monja con el nombre de Hermana Beatrice.


    Muy poco se sabe de la educación de Dante, aunque se presume que se educaba en casa y que estudió [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. En ese momento, la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] cautivó a Dante. Sus centros de interés lo llevaron a conocer lugares de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


    También se hacía evidente su admiración hacia el poeta [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Además, estudió la lengua vernácula italiana, el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] (la lengua franca de esa época) y el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y de hecho insertó algunos versos en este idioma en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Cabe señalar que en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] la caída del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] dejó en Italia una docena de pequeños Estados, de modo que Sicilia estaba alejada cultural y políticamente de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], como esta lo estaba de Provenza: las regiones no compartían la misma lengua ni la misma cultura y los medios de comunicación eran difíciles.​


    Cuando tenía nueve años, Dante conoció a la dama florentina [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], ​ hija de Folco Portinari, de la cual se enamoró «a primera vista», y al parecer sin siquiera haberse hablado. 


    Él continuó observándola con frecuencia incluso luego cumplir los dieciocho años, a menudo intercambiaban saludos en la calle, pero nunca llegó a conocerla bien y él mismo con eficacia propuso el ejemplo para el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Es difícil entender lo que este amor comprendía en realidad, pero fue algo sumamente importante para la cultura italiana. 


    Era en nombre de este amor que Dante dio su impresión al [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] que posteriormente influenció a escritores y poetas a descubrir el tema del «Amor», que nunca antes había sido tan acentuado. El amor por Beatriz, al parecer, era la razón de su poesía y de su vida, junto con sus pasiones políticas.
    ​ Cuando Beatriz murió en 1290, Dante trató de encontrar un refugio en la literatura, más específicamente en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Entonces se dedicó a estudios filosóficos en escuelas religiosas como [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Esta pasión «excesiva» por la filosofía fue criticada más tarde por el personaje de Beatriz en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], el segundo canto de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].


    Dante, como muchos florentinos de aquella época, estuvo involucrado en el conflicto de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Luchó en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], que ocurrió el 11 de junio de 1289, con los Caballeros Florentinos Güelfos contra los Gibelinos de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], luego en 1294 estuvo entre los caballeros que escoltaron a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], nieto de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], mientras este se encontraba en Florencia. En junio de 1290 se sitúa la fecha de la presunta muerte de Beatriz, a los veinticuatro años de edad.


    Más adelante en su carrera política, se hizo doctor y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Se propuso no ejercer estas profesiones, pero una ley emitida en 1295 «el efecto de las reglas de Giano del Bella» requirió que la nobleza que pretendía ocupar cargos públicos debían alistarse en uno de los gremios de Corporazioni di Arti e Mestieri, entonces Dante obtuvo una rápida admisión en el gremio de los boticarios. La profesión que escogió no era completamente inepta, vendía sus libros en las tiendas de los boticarios. Como político, logró un poco de importancia.

    Después de derrotar a los Gibelinos, los Güelfos se dividieron en dos facciones: Güelfos Blancos (Guelfi Bianchi), el partido de Dante, liderados por Vieri dei Cerchi, y los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Negros (Guelfi Neri), conducidos por Corso Donati. Los «colores» fueron escogidos cuando Vieri dei Cerchi dio su protección a la familia Grandi en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], aquella zona fue llamada La parte bianca («La parte blanca»); Corso Donati por consiguiente había protegido al rival (Parte negra), y estos colores se hicieron los colores distintivos de los partidos en Florencia.


     Fue miembro del Consejo Especial del Pueblo entre 1295 y 1296 y posteriormente formó parte del consejo que elegía los priores. De 1296 a 1297 fue miembro del Consejo de los Ciento. En el año 1300 fue designado como [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en San Gimignano. En 1300 Dante fue elegido como uno de los seis magistrados más altos en la ciudad de Florencia.

    La situación política en Florencia no era fácil, porque el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] planificaba una ocupación militar de la ciudad, y esto dificultó su labor como funcionario político. En 1301, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], hermano del rey [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], visitó Florencia porque el papa lo había designado pacificador de Toscana. Pero el gobierno de la ciudad ya había reaccionado negativamente a la llegada de los embajadores del Papa algunas semanas antes, buscando así la independencia de las influencias papales.​


    Para resolver el problema, Dante fue designado como embajador y jefe de una delegación para proponer un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], pero al llegar a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] fue retenido por el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] Bonifacio VIII que pretendía tomar Florencia, para que, de acuerdo con los güelfos negros, la ciudad se anexara a los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Corso Donati, jefe de los güelfos negros desató una persecución en contra de los güelfos blancos, después de que el pontífice tomó la ciudad por la fuerza en 1301.


    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] pidió a la delegación volver a Florencia y obligó a Dante a permanecer en la ciudad. Al mismo tiempo, el 1 de noviembre de 1301 Carlos de Valois entró en Florencia con los Güelfos negros, quienes en los seis días posteriores destruyeron todo y mataron a la mayor parte de sus enemigos. Después del nombramiento de Cante dei Gabrielli da Gubbio como podestà (es decir, el alcalde) de Florencia (9 de noviembre de 1301), Dante fue condenado por él a exilio durante dos años, y a pagar una gran suma de dinero (sentencia de 27 de enero de 1302). 


    El poeta no podía pagar su multa y finalmente fue condenado a exilio perpetuo (10 de marzo de 1302) al igual que a otros 600 güelfos blancos, partidarios de la independencia y le fue negada toda participación política. El podestà declaró que si alguna vez Dante fuera atrapado por soldados florentinos, sería inmediatamente ejecutado (igne comburatur sic quod moriatur). Gemma, la esposa de Dante, permaneció en Florencia con el fin de evitar la total confiscación de los bienes conyugales.



    El poeta participó en varias tentativas de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] blancos para recuperar el poder que habían perdido, pero fallaron entre otras cosas debido a traiciones. Dante, disgustado por el trato que recibió de las manos de sus enemigos, también se molestó por las luchas internas y la ineficacia de sus aliados, y de hecho votó a hacer un partido de uno. Llegado a este punto comenzó a bosquejar las ideas para la Divina Comedia.[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


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    Fue a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] como invitado de Bartolomeo Della Scala, entonces se trasladó a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ([Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]), y es después de esto que, como se supone, vivió un tiempo en la ciudad de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], en donde estuvo tranquilo con Madame Gentucca (más tarde y, como señal de gratitud, fue mencionada en el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], XXIV, 37). Algunas fuentes especulativas dicen que Dante permaneció en París entre los años 1308 y 1310. Otras fuentes, de menor fiabilidad, lo sitúan en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].

    En 1310 [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], invadió Italia; Dante vio en él la ocasión de la venganza, así que le escribió varias cartas (y a otros príncipes italianos) en las que le incitaba a destruir violentamente a los güelfos negros. Mezclando la religión y preocupaciones privadas, invocó la peor cólera de Dios contra su ciudad, sugiriendo varios blancos particulares que coincidían con sus enemigos personales.


    En Florencia, Baldo d'Aguglione perdonó a la mayor parte de güelfos blancos del exilio, y les permitió volver; sin embargo, Dante había ido al margen de la sociedad en sus violentas cartas a Enrique VII, y por ello no fue perdonado. En 1310, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], emperador de Alemania, fue coronado en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], como rey de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. En 1312, Enrique VII asaltó Florencia y derrotó a los güelfos negros, pero no hay ninguna prueba de que Dante estuviese implicado. Unos dicen que rechazó participar en el asalto sobre su ciudad; los otros sugieren que su nombre se hubiera hecho desagradable para los güelfos blancos y también que cualquier rastro de su paso por la ciudad habría sido quitado cuidadosamente. Dante buscó entrevistarse con Enrique VII y aunque no pretendía deber su regreso al ejército alemán, sí quería ver una Florencia libre de la codicia pontifical. 


    Los deseos de Dante cambiaron a raíz de enterarse de que Enrique VII había fallecido envenenado; y con él cualquier esperanza para que Dante volviera a ver Florencia otra vez. Así que regresó a Verona, donde [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] le permitió vivir con cierta seguridad, por lo visto, en una cantidad justa de prosperidad. Cangrande fue admitido al [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de Dante.


    En 1315 Florencia fue forzada por [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], el oficial militar que controlaba la ciudad, a conceder una amnistía a los exiliados. Dante estaba en la lista de ciudadanos perdonados. Pero Florencia requirió que, aparte del pago de una suma del dinero, estos ciudadanos estuvieran de acuerdo con ser tratados como delincuentes en una ceremonia religiosa y someterse a un consejo público en el que se les reconocería como delincuentes públicos. Dante rechazó este vergonzoso requerimiento y prefirió permanecer en el exilio.

    Cuando Uguccione finalmente derrotó a Florencia, la pena de muerte de Dante se convirtió en el confinamiento, con la condición única de que volviera a Florencia a jurar que nunca iba a entrar a la ciudad otra vez. Confirmaron su condena a muerte y la ampliaron a sus hijos. Mucho tiempo esperó Dante ser invitado a volver a Florencia en términos honorables. Para él, el exilio era casi una forma de muerte porque le despojaba de la mayor parte de su identidad. Desde luego, nunca regresó. El príncipe Guido Novello da Polenta lo invitó a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en 1318 y él aceptó. 


    Terminó el Paraíso, y finalmente murió en 1321, a los cincuenta y seis años, cuando regresaba a Rávena de una misión diplomática en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], quizás por la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Dante fue enterrado en la iglesia de San Pier Maggiore, llamada más tarde [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Bernardo Bembo, pretor de Venecia, mostró preocupación en 1483 por sus restos y organizó su traslado a una mejor tumba.

    Finalmente, Florencia lamentó el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de Dante. En 1829, se construyó una tumba para él en Florencia en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Esa tumba ha estado siempre vacía y el cuerpo de Dante permanece en su tumba en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. El frente de su tumba en Florencia se lee «Honrad al más alto poeta».



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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:33

    Obras

    1 - Vita nuova


    La Vita nuova ('Vida nueva') es la primera obra conocida de Dante Alighieri; escrita entre 1292 y 1293, poco después de la muerte de su amada [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. En la obra se alternan 31 poemas líricos y 42 capítulos en prosa. El sentido del título viene dado por la renovación vital que experimenta el poeta al enamorarse de su amada. La parte en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] sirve como explicación de los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], escritos según los cánones del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y escogidos entre los que Dante había compuesto desde 1283, en honor de diversas mujeres y de la propia Beatriz. Destacan algunos, como Donne ch'avete intelletto d'amore (capítulo V), o Tanto gentile e tanto onesta pare (capítulo XXVI). Las explicaciones en prosa se escribieron después, con el objeto de dar un marco narrativo a los poemas. La Vita Nuova es la máxima expresión del sentido del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
    El tema de la obra es el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de Dante por su amada Beatriz. Dante encuentra por primera vez a Beatriz a los nueve años y se enamora de ella en el acto. Vuelve a encontrarla nueve años después, a los dieciocho de edad, y compone un [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en su honor. Desde ese momento, siente por Beatriz un amor platónico, y su mayor felicidad es ser saludado por ella. Sin embargo, oculta cuidadosamente el amor que tiene por Beatriz cortejando abiertamente a otra dama.[Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]​ Llegado esto a oídos de Beatriz, ella le niega el saludo. Se le aparece el Amor, y en su discurso, que el poeta no comprende, profetiza la muerte de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Dante toma como objetivo de su vida expresar a través de la poesía su amor por Beatriz. Muere el padre de Beatriz y, poco después, Dante cae gravemente enfermo. Durante su enfermedad tiene una pesadilla que es un presagio de la muerte de Beatriz, que se relaciona con el número 9.


    Dante se cree enamorado de otra dama, pero vence esta falsa pasión, y una visión le muestra a Beatriz, vestida de rojo, en la gloria de los cielos, por lo cual el poeta decide no amar a otra mujer y consagrar su vida al recuerdo de su amada, aunque no escribirá sobre ella hasta que no sea capaz de encontrar la forma adecuada de hacerlo. En el ámbito universal se conoce a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] como una de las más grandes [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de la historia. Fue esta mujer quien inspiró a Dante para escribir una de las más grandes obras de la literatura mundial.​


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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:35

    2 - De vulgari eloquentia







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    De vulgari eloquentia (acerca del habla popular) es el título de un ensayo de Dante Alighieri, escrito en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] e inicialmente iba a consistir en cuatro libros, pero Dante desechó la idea después del segundo. Fue probablemente escrito en los años que precedieron el destierro de Dante de su natal [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], entre 1303 y 1305. Los ensayos latinos eran muy populares en la Edad Media, pero Dante hizo algunas innovaciones en su trabajo. 


    Primero: el tema, la lengua vernácula, que era una opción rara en ese momento. Secundariamente, la manera en que Dante se acercó a este tema, dando a la lengua vernácula la misma dignidad que se le otorgaba al latín. Finalmente, Dante escribió este ensayo para analizar el origen y la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de lengua vernácula, porque, en su opinión, este [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] no era algo estático, sino algo que evolucionaba y necesitaba una contextualización histórica.




    Al principio, Dante enfrentó la evolución histórica del idioma que él pensaba que nació unitario y luego fue separado en modismos diferentes debido a la vanidad demostrada por la humanidad en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Compiló un mapa de la posición geográfica de los idiomas que él conocía, mientras dividió el territorio europeo en tres partes: uno al este, con los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], uno al norte, con los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y al sur los [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], separado en tres ramas, identificadas por el adverbio de afirmación, el idioma del oc, el idioma del oïl y el idioma del sì. 


    Rebatió la idea de que la gramática es un idioma estático que consiste en reglas inmutables. Dante necesitó recuperar los idiomas naturales.​
    Entre los capítulos diez y quince del primer libro, Dante escribe sobre su investigación para una lengua vernácula ilustre, entre las catorce variedades encontradas en la región italiana. 


    Directamente o indirectamente, Dante leyó los trabajos de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], los de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y algunos diccionarios enciclopédicos como el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Él también se inspira en la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y en el trabajo de Dante se pueden identificar algunas referencias en los textos a representantes de lo que a veces se ha llamado Aristotelismo Radical.


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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:40

    3 - Divina Comedia

    La [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] es una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] escrita entre 1304 y su muerte, considerada como una de las obras maestras de la literatura italiana y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].


    ​ Numerosos pintores de todos los tiempos crearon ilustraciones sobre ella, destacan [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]. Dante la escribió en el dialecto [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], matriz del [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], que se utilizó entre los siglos XI y XII. 


    La obra se divide en tres partes: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo].
    Cada una de sus partes está dividida en treinta y tres cantos, a su vez compuestos de tercetos. La composición del poema se ordena según el simbolismo del número tres (número que simboliza la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], así como también, el número tres simboliza el equilibrio y la estabilidad en algunas culturas, y que también tiene relación con el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y la perfección): tres personajes principales, 
    Dante, que personifica al hombre, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], que personifica a la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], que personifica a la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo];​ la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] tiene tres [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y cada una de las tres partes cuenta con treinta y tres cantos.​ El poema puede leerse según los cuatro significados que se atribuyen a los textos sagrados: literal, [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo][Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] y [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


    En este poema, Dante hace gala de un gran poder de síntesis que es característico de los grandes poetas.


    Dante, modestamente, tituló Comedia a la obra pues, de acuerdo con el esquema clásico, no podía ser una [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], ya que su final era feliz. El libro suele presentarse actualmente con un gran cuerpo de notas que ayudan a entender quiénes eran los personajes mencionados. 


    Estos comentarios incluyen interpretaciones de las [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] o significados místicos que contendría el texto, que otros prefieren leer como un relato literal. Esta tendencia se acentuó en el siglo XX entre los exégetas y críticos de La divina comedia, muchos de los cuales sostienen que Dante narró una historia en el mundo material de ultratumba tal como se lo concebía en su tiempo.


     [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], por otra parte, destacó la importancia de la [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] musulmana en la estructura del Infierno dantesco,​ y en particular de la obra Escala de Mahoma, en la que [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], guiado por el [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], recorre el Cielo y el Infierno, dividido este último en siete estancias.


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:42

    4 - Il Convivio


    El Convivio / Convite fue escrito entre 1303 y 1309 en prosa toscana, después de la Vita Nuova. Su propósito era aclarar 14 canciones filosóficas y didácticas del autor y debía constar de 15 libros de contenido más bien enciclopédico, pero solo llegó a escribir el de introducción y tres tratados más, el primero sobre el consuelo de la filosofía, inspirado en [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], el segundo un elogio de la sabiduría y el tercero un tratado sobre el concepto de qué es la verdadera [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], si la de la sangre o la del alma. Es una exposición bastante aristotélica que inaugura la prosa científica en lengua vulgar en Italia y se imprimió por vez primera en Florencia en 1490.​


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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:45

    Otras obras


    Dante dejó además el tratado político en tres libros [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], donde defiende la necesidad de una monarquía universal autónoma e independiente que garantice la unidad y la paz. En el segundo reconoce la legitimidad del derecho del imperio y en el tercero demuestra que la autoridad del monarca es divina, procede de Dios, y por tanto no está sujeta a la autoridad de papa alguno; la monarquía universal es distinta a la Iglesia y está a la misma altura que ella.


    ​ Produjo además dos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] latinas hacia el año 1318, varias [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], la más famosa la XIII dirigida a [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], donde expone el concepto de su Commedia, y el tratado Qaestio de aqua et terra, posiblemente apócrifo. 


    También se han recogido en un Canzoniere todas las poesías sueltas, unas bajo el influjo de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo], otras stilnovistas de estilo [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] o [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] que compuso, entre ellas las Rime pietrose, dos canciones y dos [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] dedicadas a una antigua amante, Petra, bella e insensible.


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    Mensaje por Maria Lua Jue 29 Oct 2020, 19:53

    La Divina Commedia. Inferno. Canto I. 







    Nel mezzo del cammin di nostra vita
    mi ritrovai per una selva oscura
    ché la diritta via era smarrita.

    Ahi quanto a dir qual era è cosa dura
    esta selva selvaggia e aspra e forte
    che nel pensier rinova la paura!

    Tant'è amara che poco è più morte;
    ma per trattar del ben ch'i' vi trovai,
    dirò de l'altre cose ch'i' v'ho scorte.

    Io non so ben ridir com'i' v'intrai,
    tant'era pien di sonno a quel punto
    che la verace via abbandonai.

    Ma poi ch'i' fui al piè d'un colle giunto,
    là dove terminava quella valle
    che m'avea di paura il cor compunto,

    guardai in alto, e vidi le sue spalle
    vestite già de' raggi del pianeta
    che mena dritto altrui per ogne calle.

    Allor fu la paura un poco queta
    che nel lago del cor m'era durata
    la notte ch'i' passai con tanta pieta.

    E come quei che con lena affannata
    uscito fuor del pelago a la riva
    si volge a l'acqua perigliosa e guata,

    così l'animo mio, ch'ancor fuggiva,
    si volse a retro a rimirar lo passo
    che non lasciò già mai persona viva.

    Poi ch'èi posato un poco il corpo lasso,
    ripresi via per la piaggia diserta,
    sì che 'l piè fermo sempre era 'l più basso.

    Ed ecco, quasi al cominciar de l'erta,
    una lonza leggera e presta molto,
    che di pel macolato era coverta;

    e non mi si partia dinanzi al volto,
    anzi 'mpediva tanto il mio cammino,
    ch'i' fui per ritornar più volte vòlto.

    Temp'era dal principio del mattino,
    e 'l sol montava 'n sù con quelle stelle
    ch'eran con lui quando l'amor divino

    mosse di prima quelle cose belle;
    sì ch'a bene sperar m'era cagione
    di quella fiera a la gaetta pelle

    l'ora del tempo e la dolce stagione;
    ma non sì che paura non mi desse
    la vista che m'apparve d'un leone.

    Questi parea che contra me venisse
    con la test'alta e con rabbiosa fame,
    sì che parea che l'aere ne tremesse.

    Ed una lupa, che di tutte brame
    sembiava carca ne la sua magrezza,
    e molte genti fé già viver grame,

    questa mi porse tanto di gravezza
    con la paura ch'uscia di sua vista,
    ch'io perdei la speranza de l'altezza.

    E qual è quei che volontieri acquista,
    e giugne 'l tempo che perder lo face,
    che 'n tutt'i suoi pensier piange e s'attrista;

    tal mi fece la bestia sanza pace,
    che, venendomi 'ncontro, a poco a poco
    mi ripigneva là dove 'l sol tace.

    Mentre ch'i' rovinava in basso loco,
    dinanzi a li occhi mi si fu offerto
    chi per lungo silenzio parea fioco.

    Quando vidi costui nel gran diserto,
    «Miserere di me», gridai a lui,
    «qual che tu sii, od ombra od omo certo!».

    Rispuosemi: «Non omo, omo già fui,
    e li parenti miei furon lombardi,
    mantoani per patria ambedui.

    Nacqui sub Iulio, ancor che fosse tardi,
    e vissi a Roma sotto 'l buono Augusto
    nel tempo de li dèi falsi e bugiardi.

    Poeta fui, e cantai di quel giusto
    figliuol d'Anchise che venne di Troia,
    poi che 'l superbo Ilión fu combusto.

    Ma tu perché ritorni a tanta noia?
    perché non sali il dilettoso monte
    ch'è principio e cagion di tutta gioia?».

    «Or se' tu quel Virgilio e quella fonte
    che spandi di parlar sì largo fiume?»,
    rispuos'io lui con vergognosa fronte.

    «O de li altri poeti onore e lume
    vagliami 'l lungo studio e 'l grande amore
    che m'ha fatto cercar lo tuo volume.

    Tu se' lo mio maestro e 'l mio autore;
    tu se' solo colui da cu' io tolsi
    lo bello stilo che m'ha fatto onore.

    Vedi la bestia per cu' io mi volsi:
    aiutami da lei, famoso saggio,
    ch'ella mi fa tremar le vene e i polsi».

    «A te convien tenere altro viaggio»,
    rispuose poi che lagrimar mi vide,
    «se vuo' campar d'esto loco selvaggio:

    ché questa bestia, per la qual tu gride,
    non lascia altrui passar per la sua via,
    ma tanto lo 'mpedisce che l'uccide;

    e ha natura sì malvagia e ria,
    che mai non empie la bramosa voglia,
    e dopo 'l pasto ha più fame che pria.

    Molti son li animali a cui s'ammoglia,
    e più saranno ancora, infin che 'l veltro
    verrà, che la farà morir con doglia.

    Questi non ciberà terra né peltro,
    ma sapienza, amore e virtute,
    e sua nazion sarà tra feltro e feltro.

    Di quella umile Italia fia salute
    per cui morì la vergine Cammilla,
    Eurialo e Turno e Niso di ferute.

    Questi la caccerà per ogne villa,
    fin che l'avrà rimessa ne lo 'nferno,
    là onde 'nvidia prima dipartilla.

    Ond'io per lo tuo me' penso e discerno
    che tu mi segui, e io sarò tua guida,
    e trarrotti di qui per loco etterno,

    ove udirai le disperate strida,
    vedrai li antichi spiriti dolenti,
    ch'a la seconda morte ciascun grida;

    e vederai color che son contenti
    nel foco, perché speran di venire
    quando che sia a le beate genti.

    A le quai poi se tu vorrai salire,
    anima fia a ciò più di me degna:
    con lei ti lascerò nel mio partire;

    ché quello imperador che là sù regna,
    perch'i' fu' ribellante a la sua legge,
    non vuol che 'n sua città per me si vegna.

    In tutte parti impera e quivi regge;
    quivi è la sua città e l'alto seggio:
    oh felice colui cu' ivi elegge!».

    E io a lui: «Poeta, io ti richeggio
    per quello Dio che tu non conoscesti,
    acciò ch'io fugga questo male e peggio,

    che tu mi meni là dov'or dicesti,
    sì ch'io veggia la porta di san Pietro
    e color cui tu fai cotanto mesti».

    Allor si mosse, e io li tenni dietro.







    *************************
    *************************
    *************************






    Canto I° de la Divina Comedia


    (Fragmento)



    Del camino a mitad de nuestra vida
    encontréme por una selva oscura,
    que de derecha senda era perdida.


    ¡Y cuánto en el decir es cosa dura
    esta selva salvaje, áspera y fuerte,
    que en el pensar renueva la pavura!


    Tanto es amarga que es poco más muerte:
    más, para hablar del bien que allí encontrara
    diré otras cosas de que fui vidente.


    Yo no se bien decir cómo allí entrara;
    tan lleno era de sueño en aquel punto
    que el derecho camino abandonara.


    Mas luego, al ser al pie de un monte junto
    en donde daba término aquel valle
    que aflicto en miedo el corazón me tuvo,


    miré a lo alto, y vi que era en su talle
    vestido ya de rayos del planeta
    que nos guía derecho en cualquier calle.


    Fue entonces la pavura un poco quieta,
    que en el lago del pecho aún me duraba
    la noche, que pasara tanto inquieta.


    Y como aquel que con cansadas ansias,
    salido ya del piélago a la riba,
    se vuelve a ver las peligrosas aguas,


    así el ánima mía, aún fugitiva,
    se volvió atrás a remirar el paso
    que no dejó jamás persona viva.


    Cuando di algún reposo al cuerpo laso
    aquella proseguí playa desierta,
    tal que el pie firme siempre era el más bajo.


    Y he aquí, casi al comenzar la cuesta
    una onza ligera y presta pronto,
    que de pie maculada era cubierta:


    y no se me apartaba de ante el rostro,
    así tanto impedía mi camino
    que muchas veces intenté el retorno.


    Tiempo era el principio matutino,
    y remontaba el sol con las estrellas
    que eran con él, cuando el amor divino


    movió al principio aquellas cosas bellas;
    tal que de esperar bien me dio ocasión,
    de la fiera de piel pintada aquella,


    la hora del tiempo y dulce la estación:
    mas no sin que temor no me infundiese
    la aparecida vista de un león.


    Este semblaba contra mi viniese
    con la testa alta y apetito fiero,
    que el aire parecía le temiese;


    mas una loba, que de todo anhelo
    parecía cargada en su magrura,
    y vivir mucha gente hizo con duelo,


    esta causome turbación tan dura
    con el temor, nacido de su vista,
    que perdí la esperanza de la altura.


    Y como aquel, que con placer aquista,
    y llega el tiempo que perder le haga,
    que en todo su pensar llora y se atrista,


    tal me hiciera la fiera de paz falta,
    que, viniendo a mi encuentro, poco a poco,
    me rechazaba allí donde el sol falla.


    Mientras retrocedía al lugar hondo
    ante mi vista se hizo descubierto
    quien mudo pareció en lo silencioso.


    Cuando yo le miré en el gran desierto,
    "Apiádate de mi -le grité al mismo-,
    quienquiera seas, sombra u hombre cierto."


    Respondiome: "Hombre no; hombre ya he sido,
    los que diéronme el ser fueron lombardos,
    y ambos por patria a Mantua la han tenido.


    Nací sub Julio, bien que un poco tardo
    y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
    en tiempos de engañosos dioses falsos.


    Poeta he sido, y yo canté del justo
    hijo de Anquises, que volvió de Troya
    después que fuese el soberbio Ilión combusto.


    Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?
    ¿por qué no vas al deleitoso monte
    que es principio y razón de dicha toda?"


    "¿Eres tu aquel Virgilio, aquella fuente
    que tan gran río en el hablar difunde?
    -le respondí con vergonzosa frente-.


    ¡Oh, de los otros poetas honra y lumbre!
    válgame el largo estudio y grande amor,
    que a mí buscar me han hecho tu volumen.


    Eres tu mi maestro, eres mi autor:
    eres tu solo aquel, de quien yo hurto
    el bello estilo, que me ha dado honor.


    Mira la bestia por la cual yo huyo:
    de ella, famoso sabio, has de ayudarme,
    que me hace estremecer venas y pulso."


    Te conviene seguir distinto viaje,
    -dijo, después de ver que yo lloraba-,
    si quieres huir de este lugar salvaje:


    porque esta bestia, por la qual tu clamas,
    no deja que otro pase por su vía,
    mas tanto se lo impide que lo mata;


    y es su natura tan malvada e impía
    que su rabiosa gana nunca llena,
    y ha más hambre al comer que antes tenía.


    Con muchos animales se empareja,
    y aún serán muchos más, hasta que el Veltro
    vendrá, y hará que con dolor se muera.


    Este no comerá tierra ni peltro,
    pero si amor, virtud, sabiduría,
    y su patria estará entre Feltro y Feltro;


    será salud de aquella humilde Italia,
    por quien murió la virginal Camila,
    Euríalo y Turno y Niso en la batalla.


    Este la cazara por cada villa,
    hasta arrojarla dentro del infierno,
    del que al principio la sacó la envidia.


    Mas ahora por tu bien pienso y discierno
    que tu me sigas, yo seré tu guía:
    te sacaré de aquí a un lugar eterno,


    donde oirás espantosa gritería:
    verás viejos espíritus en duelo,
    que todos la segunda muerte ansían;


    luego aquellos verás, que están contentos
    en fuego, porque esperan la llegada
    entre los alabados, a su tiempo:


    a los cuales, si tu ascender desearas,
    otra alma te quiara que yo más digna,
    te dejaré con ella cuando parta:


    que aquel Emperador, que reina arriba,
    porque yo con su ley rebelde me hice,
    no quiere a su cuidad por mi la ida.


    En toda parte impera y allí rige,
    allí está su ciudad y su alto asiento:
    ¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!"


    Yo le dije: "Poeta, te requiero
    por ese Dios que tu no conociste,
    para huir de este mal o más adverso,


    que me lleves allá donde dijiste,
    tal que yo vea la puerta de San Pedro
    y aquellos que tu dices ser tan tristes."


    Anduvo entonces, y seguí postrero.









    Versión de: Carlos López Narváez



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 30 Oct 2020, 06:38

    Gracias, María, por traerlo . Era necesario que los clásicos estuvieran en nuestro FORO. Te cuento una anécdota...

    En la visita a Florencia, hace un par de años, pasamos  a ver la Casa donde vivió el autor. Y en el rellano del primer piso pedí permiso para leer unos versos de la DIVINA COMEDIA. Me lo dieron... me senté en la silla del controlador de la sala, y con todo el respeto y mi amor a la poesía recité unos versos. Al principio solo estaban como espectadoras Josefina y su hermana Esperanza... pero al poco se agolparon los turistas para escuchar. Hay imágenes ( fotografías) que dan constancia de ello.

    Seguiré tu trabajo con mucho gusto. Vuelvo a darte las gracias.

    Besos.


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    Mensaje por Maria Lua Vie 30 Oct 2020, 09:53

    Gracias, amigo Pascual.
    Muy interesante lo que cuentas sobre tu visita 
    a Firenze( Florencia}.
    Sabes, soy admiradora de muchos poetas italianos.
    Me gusta leerlos en su idioma que es hermoso.
    Traducir poesias es algo muy dificil,
    Si el traductor no es poeta, es muy complicado
    y si lo es, muchas veces, pone su imaginación
    el los poemas que traduce...
    Entonces tengo la"pretención" de leer los poemas
    en el idioma de los autores, siempre que posible.
    Estoy buscando poemas de Dante en italiano/español...
    No es muy facil encontrarlos, pues "mi google" "habla"
    portugués...
    Feliz fin de semana!
    Besos para ti, para Josefina
    Maria Lua


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 30 Oct 2020, 11:48

    Tenía una edición BILINGÜE de la Divina Comedia... Pero nadie sabe decirme que fue de ella. Ahora la tengo en español. Fue el libro que usé en Florencia. Pero lo tengo en Murcia... y estamos confinados ( no nos podemos desplazar a no ser por causa justificada ). Es decir, nosotros, ahora mismo estamos en Mazarrón. Y no podemos desplazarnos a Murcia. Y mis hijos, en Murcia o en Cieza, no se pueden desplazar de la ciudad en la que se encuentran...

    Yo tengo que ir, en principio, el 3 de Diciembre... Hay causa médica justificada, y certificación de ello. Pero ni siquiera sé si podré pasar por casa.

    Insisto: Te seguiré en lo que hagas. Me gusta Dante.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:05

    LA DIDINA COMMEDIA






    CANTICA PRIMA – INFERNO


    CANTO I.




    ARGOMENTO




    Il Poeta smarritosi fra gli orrori di una selva oscura, tentando di
    rientrare nella diritta via, comincia a salire l’erta di un monte.
    Una lonza gli si para dinanzi e lo impedisce di ascendere: quindi
    sopraggiunge un leone, e finalmente una lupa, spaventasi e ruina
    giù. Quivi gli appare l’ombra di Virgilio, che lo invita a visitare i
    tre mondi dell’anime.






    Nel mezzo del cammin di nostra vita
    Mi ritrovai per una selva oscura,
    Che la diritta via era smarrita. 3
    Ah! quanto a dir qual era è cosa dura
    Questa selva selvaggia e aspra e forte,
    Che nel pensier rinova la paura 6
    Tanta e amara, che poco è più morte:
    Ma per trattar del ben ch’ivi trovai,
    Dirò dell’altre cose ch’io v’ho scorte. 9
    I’ non so ben ridir com’io v’entrai,
    Tant’era pien di sonno in su quel punto,
    Che la verace via abbandonai. 12
    Ma poi ch’io fui al piè d’un colle giunto,
    Là dove terminava quella valle,
    Che m’avea di paura il cor compunto; 15
    Guardai in alto, e vidi le sue spalle
    Vestite già de’ raggi del pianeta,
    Che mena dritto altrui per ogni calle. 18
    Allor fu la paura un poco queta,
    Che nel lago del cor m’era durata
    La notte, ch’io passai con tanta pieta. 21
    E come quei, che con lena affannata,
    Uscito fuor del pelago alla riva,
    Si volge all’acqua perigliosa, e guata; 24
    Così l’animo mio, che ancor fuggiva,
    Si volse indietro a rimirar lo passo,
    Che non lasciò giammai persona viva. 27
    Poi ch’hei posato un poco il corpo lasso,
    Ripresi via per la piaggia diserta,
    Sì che il piè fermo sempre era il più basso; 30
    Ed ecco, quasi al cominciar dell’erta,
    Una lonza leggiera e presta molto,
    Che di pel maculato era coverta; 33
    E non mi si partia dinanzi al volto,
    Anzi impediva tanto il mio cammino,
    Ch’io fui per ritornar più volte volto. 36
    Temp’era dal principio del mattino,
    E il sol montava in su con quelle stelle
    Ch’eran con lui, quando l’Amor Divino 39
    Mosse da prima quelle cose belle;
    Sì ch’a bene sperar m’eran cagione
    Di quella fera la gaietta pelle, 42
    L’ora del tempo e la dolce stagione;
    Ma non sì, che paura non mi desse
    La vista che m’apparve d’un leone. 45
    Questi parea che contra me venesse
    Con la test’alta e con rabbiosa fame;
    Sì che parea che l’aer ne tremesse. 48
    E una lupa, che di tutte brame
    Sembiava carca nella sua magrezza,
    E molte genti fe’ già viver grame: 51
    Questa mi porse tanto di gravezza
    Con la paura, che uscia di sua vista,
    dolcezza dell’acclive.
    Ch’io perdei la speranza dell’altezza. 54

    E quale è quei, che volentieri acquista,
    E giugne il tempo, che perder lo face,
    Che in tutti suoi pensier piange e s’attrista; 57
    Tal mi fece la bestia senza pace,
    Che venendomi incontro, a poco a poco
    Mi ripingeva là, dove il Sol tace. 60
    Mentre ch’io rovinava in basso loco,
    Dinanzi agli occhi mi si fu offerto
    Chi per lungo silenzio parea fioco. 63
    Quand’io vidi costui nel gran deserto,
    Miserere di me, gridai a lui,
    Qual che tu sie, o ombra o uomo certo. 66
    Risposemi: Non uomo, uomo già fui,
    E li parenti miei furon Lombardi,
    E Mantovani per patria ambedui. 69
    Nacqui sub Julio, ancor che fosse tardi,
    E vissi a Roma, sotto il buono Augusto,
    Al tempo degli Dei falsi e bugiardi. 72
    Poeta fui, e cantai di quel giusto
    Figliuol d’Anchise, che venne da Troia,
    Poi che il superbo Ilion fu combusto. 75
    Ma tu perchè ritorni a tanta noia?
    Perchè non sali il dilettoso monte,
    Ch’è principio e cagion di tutta gioia? 78
    Or se’ tu quel Virgilio, e quella fonte,
    Che spandi di parlar sì largo fiume?
    Risposi lui con vergognosa fronte. 81
    Oh degli altri poeti onore e lume,
    Vagliami il lungo studio e il grande amore,

    Che m’han fatto cercar lo tuo volume. 84
    Tu se’ lo mio maestro e il mio autore:
    Tu se’ solo colui, da cui io tolsi
    Lo bello stile, che m’ha fatto onore. 87
    Vedi la bestia, per che io mi volsi:
    Aiutami da lei, famoso saggio,
    Ch’ella mi fa tremar le vene e i polsi. 90
    A te convien tenere altro viaggio,
    Rispose, poi che lagrimar mi vide,
    Se vuoi campar d’esto loco selvaggio; 93
    Chè questa bestia, per la qual tu gride,
    Non lascia altrui passar per la sua via,
    Ma tanto lo impedisce, che l’uccide: 96
    E ha natura sì malvagia e ria,
    Che mai non empie la bramosa voglia,
    Ma dopo il pasto ha più fame che pria. 99
    Molti son gli animali, a cui s’ammoglia,
    E più saranno ancora, infin che il Veltro
    Verrà, che la farà morir di doglia. 102
    Questi non ciberà terra nè peltro,
    Ma sapienza e amore e virtute,
    E sua nazion sarà tra Feltro e Feltro. 105
    Di quell’umile Italia fia salute
    Per cui morì la vergine Cammilla,
    Eurialo, e Turno, e Niso di ferute: 108
    Questi la caccerà per ogni villa,
    Fin che l’avrà rimessa nello Inferno,
    Là onde invidia in prima dipartilla. 111
    Ond’io per lo tuo me’ penso e discerno,
    Che tu mi segui, ed io sarò tua guida,
    E trarrotti di qui per loco eterno, 114
    Ove udirai le disperate strida,
    Vedrai gli antichi spiriti dolenti,
    Che a la seconda morte ciascun grida: 117
    E vederai color, che son contenti
    Nel fuoco, perchè speran di venire,
    Quando che sia, alle beate genti: 120
    Alle quai poi se tu vorrai salire,
    Anima fia a ciò più di me degna;
    Con lei ti lascerò nel mio partire: 123
    Chè quello imperador che lassù regna,
    Perch’io fui ribellante alla sua legge,
    Non vuol che in sua città per me si vegna. 126
    In tutte parti impera, e quivi regge:
    Quivi è la sua città e l’alto seggio:
    Oh felice colui, cu’ ivi elegge! 129
    E io a lui: Poeta, io ti richeggio
    Per quello Iddio, che tu non conoscesti,
    A ciò ch’io fugga questo male e peggio, 132
    Che tu mi meni là dov’or dicesti,
    Sì ch’io vegga la porta di san Pietro,
    E color che tu fai cotanto mesti. 135
    Allor si mosse, ed io gli tenni dietro.


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:15

    LA DIVINA COMEDIA




    CANTO PRIMERO - INFIERNO




    PROEMIO GENERAL




    EL EXTRAVIO, LA FALSA VIA Y EL GUIA SEGURO




    La selva oscura. El poeta se extravia en ella en medio de la noche. Al
    amanacer sale a un valle y llega al pie de un monte iluminado por
    el sol. Se atraviesan en su camino tres animales simbólicos. Retrocede y se le aparece la sombra de Virgilio, que lo conforta, y le
    ofrece llevarlo al linde del paraíso al través del infierno y del purgatorio. Los dos poetas prosiguen su camino.




    En medio del camino de, la vida,
    errante me encontré por selva oscura,
    en que la recta vía era perdida.
    ¡Ay, que decir lo que era, es cosa dura,
    esta selva salvaje, áspera y fuerte,
    que en la mente renueva la pavura!
    i Tan amarga es, que es poco más la muerte!
    Mas al tratar del bien que allí encontrara,
    otras cosas diré que,vi por suerte. 
    No podría explicar como allí entrara,
    tan soñoliento estaba en el instante
    en que el cierto camino abandonara.
    Llegué al pie de un collado dominante,
    donde aquel valle lóbrego termina,
    de pavores el pecho zozobrante;
    miré hacia arriba, y vi ya la colina
    vestida con los rayos del planeta,
    que por doquier a todos encamina.
    Entonces, la pavura un poco quieta,
    del corazón el lago, serenado,
    pasó la angustia de la noche inquieta.
    Y como quien, con hálito afanado
    sale fuera del piélago a la riba,
    y vuelve atrás la) vista, aun azorado;
    así mi alma también, aun fugitiva,
    volvió a mirar el temeroso paso
    del que nunca salió persona viva.
    Cuando hube reposado el cuerpo laso,
    volví a seguir por la región desierta,
    el pie más firme siempre en más retraso.

    Y aquí, al comienzo de subida incierta,
    una móvil pantera hacia mí vino,
    que de piel maculosa era cubierta;
    como no se apartase del camino
    y continuar la marcha me impedía,
    a veces hube de tornar sin tino.
    Era la hora en que apuntaba el día,
    el sol subía al par de las estrellas,

    como el divino amor, en armonía 
    movió al nacer estas creaciones bellas;
    y hacíanme esperar suerte propicia,
    de la pantera las pintadas huellas,
    la hora y dulce estación con su caricia:
    cuando un león que apareció violento,
    ti'ocó en pavor esta feliz primicia.
    Venía en contra el animal, hambriento,
    rabioso, alta la testa, y parecía,
    hacer temblar el aire con su aliento.
    Y una loba asomó; que se diría,
    de apetitos repleta en su flacura.,
    que hace a muchos vivir en agonía.
    De sus ardientes ojos la bravura,
    de tal modo turbó mi alma afligida,
    que perdí la esperanza de la altura.
    Y como aquel que gana de seguida,
    se regocija, y al perder desmaya,
    y queda con la mente entristecida,
    así la bestia, me tenía a raya,
    y poco a poco, en contra, repelía
    hacia la parte donde el sol se calla.
    Mientras que al hondo valle descendía,
    me encontré con un ser tan silencioso,
    que mudo en su silencio parecía.
    Al divisarle en el desierto umbroso,
    «¡Miserere de míh clamé afligido,
    «hombre seas o espectro vagaroso.»
    Y respondió: «Hombre no soy: lo he sido;
    Mantua mi patria fué, y Lombardía
    la tierra de mis padres. Fui nacido,
    «Sub Julio, aunque lo fuera en tardo día,
    y a Roma vi, bajo del buen Augusto,
    en tiempo de los dioses de falsía.
    «Poeta fui; canté aquel héroe justo,
    hijo de Anquises, que de Troya vino,
    cuando el soberbio Ilion quedó combusto.
    «¿Mas tú, por qué tornar al mal camino,
    y no subes al monte refulgente,
    principio y fin del goce peregrino?»
    «¡ Tú eres Virgilio, la perenne fuente
    que expande el gran raudal de su oratoria !»
    le interrumpí con ruborosa frente,
    «¡ Oh! de poetas, luminar y gloria,
    ¡válgame el largo estudio y grande afecto
    que consagré a tu libro, y tu memoria!
    «• Oh mi autor y maestro predilecto!
    de tí aprendí tan sólo el bello estilo,
    que tanto honor ha dado a mi intelecto.
    «Esa bístia me espanta, y yo vacilo:
    ¡ de ella defiéndeme, sabio famoso,
    que hace latir mis venas, intranquilo!»
    Al verme tan turbado y tan lloroso,
    «Te conviene tomar», dijo, «otra vía,
    para salir ele sitio tan fragoso.
    «La bestia que tu marcha contraría,
    no permite i pasar por su apretura
    sino al que se le rinde en agonía.
    «Es tan maligna, empero su magrura,
    que de apetitos y de cebo henchida,
    hambrea más cuanto es mayor su hartura. 
    «Con muchos animales hace vida,
    y muchos más serán, hasta que encuentre
    al Lebrel que la inmole dolorida.
    «Este no vivirá de tierra y güeltre,
    sino de amor, virtud, sabiduría,
    y su nación, será entre Peltre y Feltre.
    «El salvará la humilde Italia, un día,
    por quien murió Camila y Eurialo,
    y Niso y Turno, heridos en porfía;
    «perseguirá do quier sin intervalo
    esa bestia feroz, hasta el infierno,
    que de la. envidia fué el enjendro malo.
    «Mejor que tú, por tí pienso y discierno;
    sigue, seré tu guía en la partida,
    hasta llevarte a otro lugar eterno.
    «Oirás allí la grita dolorida,
    y verás los espíritus dolientes,
    que claman por perder segunda vida.
    «Después verás, en llamas siempre ardientes
    vivir contentos, llenos de esperanza,
    los que suspensos sufren penitentes,
    «porque esperan gozar la bienandanza;
    y si quieres subir, alma más digna,
    te llevará a celeste lontananza;
    «pues el Emperador que allá domina,
    porque desconocí su ley eterna,
    me veda acceso a su ciudad divina.
    «El universo desde allí gobierna:
    ese es su trono y elsvado asiento:
    ¡Feliz el que a sus plantas se prosterna!» 
    «Poeta», dije, en suplicante acento:
    «por el dios que te fué desconocido,
    sálvame de este mal y de otro evento.
    «Llévame donde tú me has ofrecido,
    de san Pedro a la puerta luminosa,
    al través de ese mundo dolorido.»
    Marchó y seguí su planta cautelosa. 


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:33

    CANTO II.


    ARGOMENTO


    Invoca l’aiuto delle muse, di Virgilio, e della propria mente: non
    per tanto dubita di accingersi all’ardimentoso viaggio. Virgilio lo
    rassicura esponendogli essere espresso volere di Dio, che Dante,
    eletto a un gran fine, visiti l’Inferno, il Purgatorio, il Paradiso. Il
    Poeta si rincuora e dietro i passi del suo conducitore si apparec -
    chia a discendere all’Inferno.


    Lo giorno se n’andava, e l’aer bruno
    Toglieva li animai che sono in terra,
    Dalle fatiche loro; e io sol uno 3
    M’apparecchiava a sostener la guerra
    Sì del cammino, e sì de la pietate,
    Che ritrarrà la mente, che non erra. 6
    O Muse, o alto ingegno, or m’aiutate:
    O mente, che scrivesti ciò ch’io vidi,
    Qui si parrà la tua nobilitate. 9
    Io incominciai: Poeta, che mi guidi,
    Guarda la mia virtù, s’ella è possente,
    Anzi ch’all’alto passo tu mi fidi. 12
    Tu dici, che di Silvio lo parente,
    Corruttibile ancora, ad immortale
    Secolo andò, e fu sensibilmente. 15
    Però se l’avversario d’ogne male
    Cortese fu, pensando l’alto effetto,
    Che uscir dovea di lui, e il chi, e il quale, 18
    Non pare indegno ad uomo d’intelletto;
    Ch’ei fu dell’alma Roma e di suo impero
    Nell’empireo ciel per padre eletto: 21
    La quale, e il quale, a voler dir lo vero,
    Fur stabiliti per lo loco santo,
    U’ siede il successor del maggior Piero. 24
    Per questa andata, onde gli dai tu vanto,
    Intese cose, che furon cagione
    Di sua vittoria, e del papale ammanto. 27
    Andovvi poi lo Vas d’elezione,
    Per recarne conforto a quella fede,
    Ch’è principio e via di salvazione. 30
    Ma io perchè venirvi, o chi ’l concede?
    Io non Enea, io non Paolo sono:
    Me degno a ciò nè io, nè altri crede. 33
    Per che se del venire io m’abbandono,
    Temo, che la venuta non sia folle:
    Se’ savio; intendi me’, ch’io non ragiono. 36
    E quale è quei, che disvuol ciò ch’e’ volle,
    E per nuovi pensier cangia proposta,
    Sì che del cominciar tutto si tolle; 39
    Tal mi fec’io in quella oscura costa:
    Per che pensando consumai la impresa,
    Che fu nel cominciar cotanto tosta. 42
    Se io ho ben la tua parola intesa,
    Rispose del magnanimo quell’ombra,
    L’anima tua è da viltade offesa, 45
    La qual molte fiate l’uomo ingombra,
    Sì che d’onrata impresa lo rivolve,
    Come falso veder bestia, quand’ombra. 48
    Da questa tema acciò che tu ti solve,
    Dirotti, perch’io venni, e quel ch’io intesi
    Nel primo punto, che di te mi dolve. 
    Io era tra color, che son sospesi,
    E donna mi chiamò beata e bella,
    Tal che di comandare io la richiesi. 54
    Lucevan gli occhi suoi più che la Stella:
    E cominciommi a dir soave e piana,
    Con angelica voce, in sua favella: 57
    O anima cortese Mantovana,
    Di cui la fama ancor nel mondo dura,
    E durerà quanto il mondo lontana: 60
    L’amico mio, e non della ventura,
    Nella diserta piaggia è impedito
    Sì nel cammin, che volto è per paura; 63
    E temo, che non sia già sì smarrito,
    Ch’io mi sia tardi al soccorso levata,
    Per quel ch’io ho di lui nel Cielo udito. 66
    Or muovi, e con la tua parola ornata,
    E con ciò, che ha mestieri al suo campare,
    L’aiuta sì, ch’io ne sia consolata. 69
    Io son Beatrice, che ti faccio andare:
    Vegno di loco, ove tornar disio:
    Amor mi mosse, che mi fa parlare. 72
    Quando sarò dinanzi al Signor mio,
    Di te mi loderò sovente a lui.
    Tacette allora, e poi comincia’ io: 75
    O donna di virtù sola, per cui
    L’umana spezie eccede ogni contento
    Da quel ciel, che ha minori i cerchi sui; 78
    Tanto m’aggrada il tuo comandamento,
    Che l’ubbidir, se già fosse, m’è tardi:
    Più non t’è uopo aprirmi il tuo talento. 81
    Ma dimmi la cagion, che non ti guardi
    Dello scender quaggiù in questo centro
    Dall’ampio loco, ove tornar tu ardi. 84
    Da che tu vuoi saper cotanto addentro,
    Dirotti brevemente, mi rispose,
    Perch’io non temo di venir qua entro. 87
    Temer si dee di sole quelle cose
    Ch’hanno potenza di fare altrui male:
    Dell’altre no; che non son paurose. 90
    Io son fatta da Dio, sua mercè, tale,
    Che la vostra miseria non mi tange,
    Nè fiamma d’esto incendio non m’assale. 93
    Donna è gentil nel ciel, che si compiange
    Di questo impedimento, ov’io ti mando,
    Sì che duro giudicio lassù frange. 96
    Questa chiese Lucia in suo dimando,
    E disse: Ora abbisogna il tuo fedele
    Di te, ed io a te lo raccomando. 99
    Lucia, nimica di ciascun crudele,
    Si mosse, e venne al loco, dov’io era,
    Che mi sedea con l’antica Rachele; 102
    Disse: Beatrice, loda di Dio vera,
    Chè non soccorri quei che t’amò tanto,
    Ch’uscìo per te della volgare schiera? 105
    Non odi tu la pietà del suo pianto?
    Non vedi tu la morte, che il combatte
    Su la fiumana, ove il mar non ha vanto? 108
    Al mondo non fur mai persone ratte
    A far lor pro, nè a fuggir lor danno,
    Com’io, dopo cotai parole fatte, 111
    Venni quaggiù del mio beato scanno,
    Fidandomi nel tuo parlare onesto,
    Che onora te e quei ch’udito l’hanno. 114
    Poscia che m’ebbe ragionato questo,
    Gli occhi lucenti, lagrimando, volse:
    Per che mi fece del venir più presto: 117
    E venni a te così, com’ella volse;
    Dinanzi a quella fiera ti levai
    Che del bel monte il corto andar ti tolse. 120
    Dunque che è? perchè, perchè ristai?
    Perchè tanta viltà nel core allette?
    Perchè ardire e franchezza non hai? 123
    Poscia che tai tre donne benedette
    Curan di te nella corte del cielo,
    E il mio parlar tanto ben t’impromette? 126
    Quali i fioretti, dal notturno gelo
    Chinati e chiusi, poi che il Sol gl’imbianca,
    Si drizzan tutti aperti in loro stelo; 129
    Tal mi fec’io, di mia virtute stanca;
    E tanto buono ardire al cuor mi corse,
    Ch’io cominciai, come persona franca: 132
    Oh pietosa colei, che mi soccorse,
    E tu cortese, che ubbidisti tosto
    Alle vere parole che ti porse! 135
    Tu m’hai con desiderio il cor disposto
    Sì al venir, con le parole tue,
    Ch’io son tornato nel primo proposto. 138
    Or va’, ch’un sol volere è d’amendue:
    Tu duca, tu signore, e tu maestro.
    Così gli dissi; e poi che mosso fue, 141
    Entrai per lo cammino alto e silvestro


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:39

    CANTO SEGUNDO


    PROEMIO DEL INFIERNO


     HUMANO Y CONSUELO DIVINO, LAS TRES MU.IEKES
    BENDITAS
    El camino del infierno. El poeta hace examen de conciencia. Sobrecogido, trepida en proseguir el viaje. Virgilio le dice que es enviado
    por Beatriz para salvarle. Le relata la aparición de Beatriz en
    el limbo. El poeta se decide a seguirle al través de las regiones
    infernales.




    Ibase el día, envuelto en aire bruno,
    aliviando a los seres de la tierra
    de su fatiga diaria, y yo, solo, uno,
    me apercibía a sostener la guerra,
    en un camino de penar sin cuento,
    que trazará la mente, que no yerra.
    ¡ Oh musas! ¡ oh alto ingenio, dadme aliento!
    ¡ O mente, que escribiste mis visiones,
    muestra de tu nobleza el nacimiento!
    «¡ Oh poeta, que guías mis acciones!»
    prorrumpí, «mide bien mi resistencia,
    antes ele conducirme a esas regiones.
    «Si el gran padre de Silvio, en existencia
    de hombre carnal, bajo feliz auspicio,
    de este siglo inmortal palpó la esencia;
    «si el adversario al mal, le fué propicio,
    fué sin duda, midiendo el gran efecto
    de sus altos destinos, según juicio,
    «que no se oculta al hombre de intelecto;
    que alma de Koma y de su vasto imperio,
    en el empíreo fuá por padre electo;
    «la que y el cual (según vero criterio)
    se destinó a les altos sucesores
    del gran Pedro, en su sacro ministerio.
    «En ese viaje, digno de loores,
    púdose presentir la gran victoria,
    que cubre papal manto de esplendores.
    «Pablo, vaso de dicha promisoria,
    al cielo fué a buscar la fe del pecho,
    principio de una vida meritoria.
    «No soy Pablo ni Eneas. ¿ Qué es lo que he hecho
    para que pueda merecer tal gracia?
    Menos que nadie tengo ese derecho.
    «Si te siguiera, acaso por desgracia,
    presiento, que es demencia mi aventura;
    bien lo alcanza tu sabia perspicacia.»
    Y como el que anhelando una ventura,
    por contrarios deseos trabajado,
    abandona su intento en la premura, 
    así al tocar el límite buscado,
    reflexionando bien, retrocedía
    ante la empresa que empecé animado.
    La gran sombra me habló con valentía:
    «si bien he comprendido, tu alma es presa
    de un acceso de nimia cobardía,
    «que a los hombres retrae de noble empresa,
    como bestia que ve torcidamente,
    y se encabrita llena de sorpresa.
    «Disiparé el temor que tu alma siente,
    cliciéndote, como hasta aquí he venido
    cuando supe tu trance, condoliente.
    «Me encontraba en el limbo detenido,
    y una mujer angélica y hermosa,
    a sí llamóme y me sentí rendido.
    «Cada ojo era una estrella fulgorosa;
    y así ma habló con celestial acento,
    dulce y suave en su habla melodiosa:
    «Alma noble de Mantua, cuyo aliento
    «con el renombre que aun el mundo llena,
    «durará cual su largo movimiento:
    «mi amigo—no de dichas, sí de pena,—
    «sólo se encuentra en playa desolada
    «y desanda el camino que lo apena.
    «Temo se pierda, en senda abandonada,
    «si tarde ya. para salvarle acorro,
    «según, allá en el cielo, fui avisada.
    «Por eso ansiosa en tu demanda corro;
    «sálvale con tu ingenio en su conflicto;
    «i consuélame prestándole socori*o ! 
    «Yo soy Beatriz, que a noble acción te incito:
    «vengo de lo alto do tornar anhelo:
    «amor me mueve, y en su hablar palpito;
    «mi gratitud, cuando retorne al cielo,
    «hará que a dios, en tu loor demande.»
    Callóse, y comencé lleno de celo:
    «alma virtud, que sola hace más grande
    al hombre sobre todos los nacidos,
    en la esfera menor en que se espande,
    «tus mandatos, son tan agradecidos,
    que obedecer me tarda con afecto;
    y no me digas más, serán cumplidos.
    «Mas dime, [, cómo y por qué raro efecto
    has descendido hasta este bajo centro,
    del amplio sitio para tí dilecto?»
    «Pues penetrar pretendes tan adentro,»
    respondió: «te diré muy brevemente,
    «por qué sin miedo alguno aquí me encuentro.
    «Toda cosa se teme solamente,
    «por su potencia de dañar dotada:
    «cuando no hay daño, miedo no se siente.
    «Por la gracia de dios, estoy formada,
    «que ni me alcanza la miseria ajena,
    «ni me quema esta ardiente llamarada.
    «Virgen del cielo, de bondades llena,
    «del trance de mi amigo condolida,
    «del duro fallo obtuvo gracia plena.
    «Llamó a Lucía, y dijo enternecida:
    «tu fiel adepto, tu asistencia espera:
    «yo lo encomiendo a tu bondad cumplida. 
    «Lucía, de la gracia mensajera,
    «vino dti tengo, allá donde me encielo,
    «a la antigua Baquel por compañera.
    «Beatriz,—dijo,—alabanza de este cielo,
    «acorre al hombre que elevaste tanto,
    «y que mucho te amara allá en el suelo.
    «¿No oyes acaso su angustioso llanto?
    «¿No ves le amaga muerte lastimosa,
    «en río que ni al mar desciende un tanto?
    «Nadie en el mundo fué tan apremiosa,
    «cual yo lo fuera, a contrastar el daño,
    «después de oir aquella voz piadosa.
    «Y vine aquí, desde mi excelso escaño,
    «confiada en, tu elocuente hablar honesto,
    «honor tuyo, y honor a nadie extraño.»
    «Después que grata díjome todo esto,
    volvió hacia mí su rostro lagrimoso,
    lo que me hizo venir mucho más presto.
    «Cumpliendo su deseo afectuoso,
    te he precavido de la. bestia horrenda
    que te cerraba el paso al monte hermoso.
    «¿Por qué, pues, te detienes en tu¡ senda?
    ¿Por qué tu fortaleza así quebrantas?
    ¿Por qu<5! no sueltas al valor la rienda,
    «cuando te amparan tres mujeres santas
    que allá en el cielo tienen su morada,
    y cuando te prometo dichas tantas?»
    Cual floréenla, que nocturna helada
    dobla y marchita, y luego brilla erguida
    sobre su tallo, por el sol bañada, 
    así se reanimó mi alma abatida:
    súbito ardor el corazón recorre,
    y prorrumpo con voz estremecida:
    «¡ Bendita LA que pía me socorre!
    ¡gracias a tí, que, fiel a su mandato,
    con la verdad a la aflicción acorre!
    «Me lia llenado de bríos tu relato;
    siento mi corazón fortalecido:
    vuelvo a mi empresa, y tu palabra acato;
    «voy a tu misma voluntad unido,
    sé mi maestro, mi señor, mi guía.»
    así dije, y seguile decidido,
    por la silvestre y encumbrada vía. 


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
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    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:54

    CANTO III.


    ARGOMENTO


    Il Poeta, entrato in Inferno in compagnia di Virgilio, vede le ani -
    me degli scioperati, fra le quali conosce l’ombra di Celestino V.
    Pervenuto indi alla riviera di Acheronte, mira appressarglisi Ca -
    ronte, che ricusa di tragettarlo perchè è vivo. Virgilio palesando
    al nocchiero infernale essere volere di Dio, che Dante visiti l’In -
    ferno, l’acqueta. Il Poeta addormentasi sulla riva del fiume.


    Per me si va nella città dolente,
    Per me si va nell’eterno dolore:
    Per me si va tra la perduta gente. 3
    Giustizia mosse il mio alto fattore:
    Fecemi la divina potestate,
    La somma sapienza, e il primo amore. 6
    Dinanzi a me non fur cose create
    Se non eterne, ed io eterna duro:
    Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate. 9
    Queste parole di colore oscuro
    Vid’io scritte al sommo d’una porta;
    Per ch’io: Maestro, il senso lor m’è duro. 12
    Ed egli a me, come persona accorta:
    Qui si convien lasciare ogni sospetto:
    Ogni viltà convien che qui sia morta. 15
    Noi siam venuti al luogo, ov’io t’ho detto
    Che tu vedrai le genti dolorose,
    Ch’hanno perduto il ben dello intelletto. 18
    E poichè la sua mano alla mia pose
    Con lieto volto, ond’io mi confortai,
    Mi mise dentro alle segrete cose. 21
    Quivi sospiri, pianti, e alti guai
    Risonavan per l’aer senza stelle,
    Perch’io al cominciar ne lagrimai. 24
    Diverse lingue, orribili favelle,
    Parole di dolore, accenti d’ira,
    Voci alte e fioche, e suon di man con elle 27
    Facevano un tumulto, il qual s’aggira
    Sempre in quell’aria senza tempo tinta,
    Come la rena, quando al turbo spira. 30
    E io, ch’avea d’error la testa cinta,
    Dissi: Maestro, che è quel, ch’i’ odo?
    E che gent’è, che par nel duol sì vinta? 33
    Ed egli a me: Questo misero modo
    Tegnon l’anime triste di coloro,
    Che visser senza infamia e senza lodo. 36
    Mischiate sono a quel cattivo coro
    Degli angeli, che non furon ribelli,
    Nè fur fedeli a Dio, ma per sè foro. 39
    Caccianli i Ciel, per non esser men belli,
    Nè lo profondo inferno li riceve,
    Che alcuna gloria i rei avrebber d’elli. 42
    Ed io: Maestro, che è tanto greve
    A lor, che lamentar gli fa sì forte?
    Rispose: Dicerolti molto breve. 45
    Questi non hanno speranza di morte:
    E la lor cieca vita è tanto bassa,
    Che invidiosi son d’ogni altra sorte. 48
    Fama di loro il mondo esser non lassa:
    Misericordia e giustizia gli sdegna.
    Non ragioniam di lor, ma guarda e passa. 51
    Ed io, che riguardai, vidi una insegna,
    Che girando correva tanto ratta,
    Che d’ogni posa mi pareva indegna: 54
    E dietro le venia sì lunga tratta
    Di gente, ch’io non avrei mai creduto,
    Che Morte tanta n’avesse disfatta. 57
    Poscia ch’io v’ebbi alcun riconosciuto,
    Guardai e vidi l’ombra di colui,
    Che fece per viltade il gran rifiuto
    Incontanente intesi, e certo fui,
    Che questa era la setta de’ cattivi
    A Dio spiacenti, ed a’ nemici sui. 63
    Questi sciaurati, che mai non fur vivi,
    Erano ignudi, e stimolati molto
    Da mosconi e da vespe, ch’eran ivi. 66
    Elle rigavan lor di sangue il volto,
    Che mischiato di lagrime, a’ lor piedi
    Da fastidiosi vermi era ricolto. 69
    E poi, ch’a riguardare oltre mi diedi,
    Vidi gente alla riva d’un gran fiume:
    Per ch’io dissi: Maestro, or mi concedi, 72
    Ch’io sappia quali sono, e qual costume
    Le fa parer di trapassar sì pronte,
    Com’io discerno per lo fioco lume. 75
    Ed egli a me: Le cose ti fien conte
    Quando noi fermerem li nostri passi
    Su la trista riviera d’Acheronte. 78
    Allor con gli occhi vergognosi e bassi,
    Temendo no ’l mio dir gli fusse grave,
    Infino al fiume dal parlar mi trassi. 81
    Ed ecco verso noi venir per nave
    Un vecchio bianco per antico pelo
    Gridando: Guai a voi, anime prave. 84
    Non isperate mai veder lo Cielo:
    Io vegno per menarvi all’altra riva
    Nelle tenebre eterne in caldo, e in gelo: 87
    E tu, che se’ costì, anima viva,
    Partiti da cotesti, che son morti:
    Ma poi ch’ei vide, ch’io non mi partiva, 90
    Disse: Per altre vie, per altri porti
    Verrai a piaggia, non qui, per passare:
    Più lieve legno convien che ti porti. 93
    E il duca lui: Caron non ti crucciare:
    Vuolsi così colà dove si puote
    Ciò che si vuole; e più non dimandare. 96
    Quinci fur quete le lanose gote
    Al nocchier della livida palude,
    Che intorno agli occhi avea di fiamme ruote. 99
    Ma quell’anime, ch’eran lasse e nude,
    Cangiar colore, e dibattero i denti,
    Ratto che inteser le parole crude. 102
    Bestemmiavano Iddio, e i lor parenti,
    L’umana specie, il luogo, il tempo, e il seme
    Di lor semenza, e di lor nascimenti. 105
    Poi si ritrasser tutte e quante insieme,
    Forte piangendo, alla riva malvagia,
    Che attende ciascun uom, che Dio non teme. 108
    Caron dimonio con occhi di bragia
    Loro accennando, tutte le raccoglie:
    Batte col remo qualunque s’adagia. 111
    Come d’autunno si levan le foglie,
    L’una appresso dell’altra, infin che ’l ramo
    Vede alla terra tutte le sue spoglie; 114
    Similemente il mal seme d’Adamo
    Gittansi di quel lito ad una ad una
    Per cenni, come augel per suo richiamo. 117
    Così sen vanno su per l’onda bruna,
    Ed avanti che sien di là discese,
    Anche di qua nuova schiera s’aduna. 120
    Figliuol mio, disse il Maestro cortese,
    Quelli che muoion nell’ira di Dio
    Tutti convegnon qui d’ogni paese: 123
    E pronti sono a trapassar del rio,
    Chè la Divina Giustizia gli sprona,
    Sì che la tema si volge in disio. 126
    Quinci non passa mai anima buona:
    E però se Caron di te si lagna,
    Ben puoi sapere omai, che il suo dir suona. 129
    Finito questo, la buia campagna
    Tremò sì forte, che dello spavento
    La mente di sudore ancor mi bagna. 132
    La terra lagrimosa diede vento,
    E balenò d’una luce vermiglia,
    La qual mi vinse ciascun sentimento; 135
    E caddi, come l’uom, cui sonno piglia.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Oct 2020, 11:58

    CANTO TERCERO


    VESTÍBULO: COBARDÍA


    LA PUERTA INFERNAL, EL VESTÍBULO DE LOS COBARDES
    Y EL PASO DEL AQUERONTE
    I-loga el poeta a la puerta del infierno y lee en ellaj una inscripción
    pavorosa. Confortado por Virgilio, penetran en las sombras de los
    condenados. Encuentra a la entrada a los cobardes que de nada sirvieron en la vida. Siguen los dos poetas su camino, y llegan al
    Aqueronte. Caronte, el barquero infernal, transport a las almas al
    lugar de su suplicio a la otra margen del Aqueronte. Un terremoto
    estremece el campo de ias lagrimas y un relámpago rojizo surca las
    tinieblas. El poeta cae desfallecido en profundo letargo.




    Pov mí se va, a la ciudad doliente;
    por nú se va, al eternal tormento;
    por mí se va, tras la maldita gente. s
    Movió a mi Autor el justiciero aliento •.
    hízome la divina gobernanza,
    el primo amor, el alto pensamiento. 8
    Antes de mí, no hubo jamás crianza,
    sino lo eterno: yo por siempre duro:
    ¡Oh, los que entráis, dejad toda esperanza! 8
    Esta leyenda de color oscuro,

    que vide inscripta en lo alto de una puerta,
    me hizo exclamar: «¡ Cual su sentido es duro!» 12
    Habló el maestro, cual persona experta:
    «Todo temor deseche tu prudencia;
    toda 'flaqueza debe aquí ser muerta. 15
    «Es el sitio de que hice ya advertencia,
    donde verás las gentes dolorosas
    que perdieron el don de inteligencia.» ]S
    Y tendiendo sus manos cariñosas,
    me confortó con rostro placentero,
    y me hizo entrar en las secretas cosas. 2i
    Llantos, suspiros, aúllo plañidero,
    llenaban aquel aire sin estrellas,
    que me bañó de llanto lastimero. 24
    Lenguas diversas, hórridas querellas,
    voces altas y bajas en son de ira,
    con golpeos de manos a par de ellas, 27
    como un tumulto, en aire tinto gira
    siempre, por tiempo eterno, ciial la arena
    que en el turbión remolinear se mira. a0
    De incertidumbres la cabeza llena,
    pregunté: «¿Quién con voz tan dolorosa
    parece así vencido por la pena?» 33
    El maestro: «Es la suerte ignominiosa
    de las míseras jalmas que vivieron,
    sin infamia ni aplauso, vida ociosa. S(.
    «En el coro infernal se confundieron
    con los míseros ángeles mezclados,
    que fieles ni rebeldes, a Dios fueron; 
    «los que del alto cielo desterrados,
    perdida su belleza rutilante,
    son por el mismo infierno desechados.»
    Y yo: «Maestro, ¿ qué aguijón punzante,
    les hace rebramar queja tan fuerte?»
    Y él respondió: «Te lo diré al instante.
    «No tienen ni esperanza de la muerte,
    y es su ciega existencia tan escasa,
    que envidian de otros reprobos la suerte.
    «No hay memoria en el mundo de su raza:
    caridad y justicia los desdeña;
    ¡no hablemos de ellos; pero mira y pasa!»
    Entonces vide una movible enseña,
    revolotear tan temblorosamente,
    que de quietud no parecía dueña.
    Detrás de ella, venía tal torrente
    de muertos, que a no haberle contemplado,
    no creyera a la muerte tan potente.
    Luego que algunos hube señalado,
    la sombra vi, del que cobardemente,
    la gran renuucia hiciera de su estado;
    y comprendí de luego, ciertamente,
    era la triste secta, renegada
    por Dios y su enemigo, juntamente.
    Esta turba, que en vida no fué nada,
    desnuda va, por nubes incesantes,
    de tábanos y avispas, hostigada,
    que regaban de sangre sus semblantes,
    y a sus pies con sus lágrimas caía,
    chupándola gusanos repugnantes.
    A otro lado tendí la vista mía,

    y vi gente a la orilla de un gran río
    que en tropel a su margen acudía.
    «¿Puedo saber, por qué tanto gentío,»
    interrogúele, «al paso se apresura
    según columbro en este sitio umbrío?»
    Y él: «Lo sabrás, cuando la orilla oscura
    del Aqueronte triste, la ribera
    pisemos con la planta bien, segura.»
    Temiendo que mi hablar molesto fuera,
    bajé los ojos, y calladamente
    seguimos hasta el río la carrera.
    Y en una barca, vimos de repente,
    un viejo, blanco con antiguo pelo,
    que así gritaba: «¡ Guay ! ¡ maldita gente !
    «¡ No esperéis más volver a ver el cielo:
    vengo a llevaros a la opuesta riba,
    a la eterna tiniebla, al fuego, al hielo!
    «Y tú, que aquí has venido, ánima viva,
    vete; no es tu lugar-entre los muertos.»
    Y viendo que suspenso no me iba,
    dijo: «Por otra playa y otros puertos
    encontrarás esquife más liviano,
    que te conduzca por caminos ciertos.»
    Y el guía a él: «Caronte, no así en vano,
    te encolerices, ni preguntes nada:
    lo quiere allá quien manda soberano.»
    Y la lanosa faz quedó aquietada,
    del nauta de la lívida laguna,
    con dos cercos ele fuego su mirada.
    Pero las almas lasas que él aduna,
    pálidas y desnudas, baten dientes,
    al escuchar su acento, cada una.
    Blasfeman de su Dios, de sus parientes,
    del tiempo, del lugar y su crianza,
    y de la especie humana y sus simientes.
    Y amontonada, aquella grey se avanza,
    gimiendo, a la ribera maldecida,
    que espera al que en su dios no tuvo fianza.
    Caronte, de ojos de ascua enrojecida,
    da la señal, y al río las arroja
    con el remo, si atardan la partida.
    Como vuelve el otoño hoja tras hoja
    sus despojos al suelo, cuando rasa
    el mustio gajo que al final despoja,
    así de Adán la pervertida raza
    obedece la voz de su barquero,
    como el ave al reclamo de la'caza;
    y así las sombras van en hervidero,
    por las oscuras ondas, y al momento
    las reemplaza en la orilla otro reguero.
    «Hijo mío,» prorrumpe el maestro atento,
    «los que la ira de Dios señala en muerte,
    acuden en continuo movimiento,
    «para vadear el río de esta suerte:
    la justiciera espuela les desfrena,
    el temor convirtiendo en ansia fuerte.
    «Por aquí nunca pasa ánima buena,
    y si a Caronte irrita tu venida,
    ya sabes tú lo que su dicho suena.»
    Y aquí, la negra tierra estremecida

    tembló con furia tal, que hasta ahora siento
    baña el sudor mi mente espavorida.
    La tierra lacrimosa sopló un viento,
    que hizo relampaguear una luz roja,
    que me postró, y caí sin sentimiento,
    cual hombre a quien el sueño le acongoja. 


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    Mensaje por Maria Lua Dom 01 Nov 2020, 11:08

    CANTO IV.


    ARGOMENTO


    I due Poeti discendono nel Limbo, che è il primo cerchio dell’In -
    ferno. Oltre a’ pargoli innocenti morti senza battesimo, vi trovano
    le anime di coloro, i quali, vissuti prima della venuta di Cristo e
    quindi non illuminati dalla rivelazione, si condussero nondimeno
    secondo i dettami della giustizia naturale: di questi illustri spiriti
    Virgilio nomina e mostra a Dante i più celebri.


    Ruppemi l’alto sonno nella testa
    Un grave tuono, sì ch’io mi riscossi,
    Come persona, che per forza è desta: 3
    E l’occhio riposato intorno mossi
    Dritto levato, e fiso riguardai,
    Per conoscere il loco, dov’io fossi. 6
    Vero è, che in su la proda mi trovai
    Della valle d’abisso dolorosa,
    Che tuono accoglie d’infiniti guai. 9
    Oscura, profond’era, e nebulosa
    Tanto, che per ficcar lo viso al fondo
    Io non vi discernea veruna cosa. 12
    Or discendiam quaggiù nel cieco mondo,
    Cominciò il mio Poeta tutto smorto:
    Io sarò primo, e tu sarai secondo. 15
    E io, che del color mi fui accorto,
    Dissi: Come verrò, se tu paventi,
    Che suoli al mio dubbiare esser conforto! 18
    Ed egli a me: L’angoscia delle genti,
    Che son quaggiù, nel viso mi dipinge
    Quella pietà, che tu per tema senti. 21
    Andiam, chè la via lunga ne sospinge:
    Così si mise, e così mi fe’ entrare
    Nel primo cerchio che l’abisso cinge. 24
    Quivi, secondo che per ascoltare,
    Non avea pianto mai che di sospiri,
    Che l’aura eterna facevan tremare: 27
    E ciò avvenia di duol senza martiri,
    Ch’avean le turbe, ch’eran molte, e grandi,
    E d’infanti, e di femmine, e di viri. 30
    Lo buon Maestro a me: Tu non dimandi
    Che spiriti son questi, che tu vedi?
    Or vo’ che sappi, innanzi che più andi, 33
    Ch’ei non peccaro: e s’egli hanno mercedi,
    Non basta, perch’ei non ebber battesmo,
    Ch’è porta della Fede, che tu credi; 36
    E se furon dinanzi al Cristianesmo,
    Non adorar debitamente Iddio:
    E di questi cotai son io medesmo. 39
    Per tai difetti, e non per altro rio,
    Semo perduti, e sol di tanto offesi,
    Che senza speme vivemo in disio. 42
    Gran duol mi prese al cor, quando lo intesi,
    Però che gente di molto valore
    Conobbi, che in quel limbo eran sospesi. 45
    Dimmi, Maestro mio, dimmi, signore,
    Comincia’ io per voler esser certo
    Di quella fede, che vince ogni errore: 48
    Uscinne mai alcuno, o per suo merto
    O per altrui, che poi fosse beato?
    E quei, che intese il mio parlar coverto, 51
    Rispose: Io era nuovo in questo stato,
    Quando ci vidi venire un Possente,
    Con segno di vittoria incoronato. 54
    Trasseci l’ombra del Primo Parente;
    D’Abel suo figlio; e quella di Noè;
    Di Moisè legista e ubbidiente; 57
    Abraam Patriarca; e David re;
    Israel con suo padre, e co’ suoi nati,
    E con Rachele, per cui tanto fe’: 60
    E altri molti, e fecegli beati:
    E vo’ che sappi, che dinanzi ad essi,
    Spiriti umani non eran salvati. 63
    Non lasciavam l’andar, perch’ei dicessi,
    Ma passavam la selva tuttavia,
    La selva dico di spiriti spessi. 66
    Non era lungi ancor la nostra via
    Di qua dal sommo, quand’io vidi un foco
    Ch’emisperio di tenebre vincia. 69
    Di lungi v’eravamo ancora un poco,
    Ma non sì, ch’io non discernessi in parte,
    Ch’orrevol gente possedean quel loco: 72
    O tu, che onori ogni scienza, ed arte,
    Questi chi son, ch’hanno cotanta orranza,
    Che dal modo degli altri gli diparte? 75
    E quegli a me: L’onrata nominanza,
    Che di lor suona su nella tua vita,
    Grazia acquista nel Ciel, che sì gli avanza. 78
    Intanto voce fu per me udita;
    Onorate l’altissimo poeta:
    L’ombra sua torna, ch’era dipartita. 81
    Poichè la voce fu restata e queta,
    Vidi quattro grand’ombre a noi venire:
    Sembianza avevan nè trista nè lieta. 84
    Lo buon Maestro cominciommi a dire:
    Mira colui con quella spada in mano,
    Che vien dinanzi a’ tre, sì come sire. 87
    Quegli è Omero poeta sovrano,
    L’altro è Orazio satiro, che viene;
    Ovidio è il terzo, e l’ultimo è Lucano. 90
    Però che ciascun meco si conviene
    Nel nome, che sonò la voce sola,
    Fannomi onore, e di ciò fanno bene.
    Così vidi adunar la bella scuola
    Di quel signor dell’altissimo canto,
    Che sovra gli altri come aquila, vola. 96
    Da ch’ebber ragionato insieme alquanto,
    Volsersi a me con salutevol cenno:
    E il mio Maestro sorrise di tanto: 99
    E più d’onore ancora assai mi fenno,
    Ch’ei sì mi fecer della loro schiera,
    Sì ch’io fui sesto tra cotanto senno. 102
    Così n’andammo infino alla lumiera,
    Parlando cose, che il tacere è bello,
    Sì com’era il parlar colà dov’era. 105
    Venimmo al piè d’un nobile castello
    Sette volte cerchiato d’alte mura,
    Difeso intorno d’un bel fiumicello. 108
    Questo passammo come terra dura:
    Per sette porte intrai con questi savi:
    Giugnemmo in prato di fresca verdura. 111
    Genti v’eran con occhi tardi e gravi,
    Di grande autorità ne’ lor sembianti:
    Parlavan rado con voci soavi. 114
    Traemmoci così dall’un de’ canti
    In luogo aperto, luminoso, e alto,
    Sì che veder si potean tutti quanti. 117
    Colà diritto, sovra il verde smalto,
    Mi fur mostrati gli spiriti magni,
    Che di vederli in me stesso n’esalto. 120
    Io vidi Elettra con molti compagni,
    Tra’ quai conobbi ed Ettore, ed Enea,
    Cesare armato con gli occhi grifagni. 123
    Camilla vidi, e la Pentesilea.
    Dall’altra parte vidi il re Latino,
    Che con Lavinia sua figlia sedea. 126
    Vidi quel Bruto, che cacciò Tarquino;
    Lucrezia, Julia, Marzia e Corniglia,
    E solo in parte vidi il Saladino. 129
    Poi che innalzai un poco più le ciglia,
    Vidi il Maestro di color che sanno,
    Seder tra filosofica famiglia. 132
    Tutti lo miran, tutti onor gli fanno.
    Quivi vid’io e Socrate, e Platone,
    Che innanzi agli altri più presso gli stanno, 135
    Democrito, che il mondo a caso pone,
    Diogenes, Anassagora e Tale,
    Empedocles, Eraclito e Zenone: 138
    E vidi il buono accoglitor del quale,
    Dioscoride dico; e vidi Orfeo,
    Tullio, e Livio, e Seneca morale, 141
    Euclide geometra, e Tolomeo,
    Ipocrate, Avicenna, e Galieno,
    Averrois che il gran comento feo. 144
    Io non posso ritrar di tutti appieno,
    Però che sì mi caccia il lungo tema,
    Che molte volte al fatto il dir vien meno. 147
    La sesta compagnia in duo si scema:
    Per altra via mi mena il savio duca
    Fuor della queta nell’aura che trema: 150
    E vengo in parte, ove non è che luca.


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    Mensaje por Maria Lua Dom 01 Nov 2020, 11:12

    CANTO CUARTO


    CÍRCULO PRIMERO: LIMBO


    PÁRVULOS INOCENTES, PATRIARCAS Y HOMBRES ILUSTRES
    í'n trueno despierta al poeta (le su letargo. Sigue el viaje con su guía
    desciende al limbo, que es el primer círculo del infierno. Encuentra allí las almas que vivieron virtuosamente, pero que están excluidas del paraíso por no haber recibido el agua del bautismo. Los
    grandes poetas antiguos. Los espíritus magnos. Después, desciende al segundo círculo.


    Rompió mi sueño un trueno estrepitoso,
    que sacudió con fuerza mi cabeza,
    y desperté, mi cuerpo tembloroso;
    J el ojo reposado, con sorpresa,
    me levanté, miré en contorno mío,
    por conocer el sitio con fijeza;
    y vi, que estaba en el veril sombrío,
    del valle del abismo doloroso,
    y ayes sin fin subían del bajío:
    era oscuro, profundo y nebuloso,
    que aun hundiendo de fijo la mirada,
    no alcanzaba su fondo tenebroso.
    Mi guía, con la faz amortajada,
    dijo: «Bajemos a ese mundo ciego :
    primero yo: tú, sigue mi pisada.»
    Yo, que su palidez vi desde luego,
    respondí: «Si el bajar a tí te espanta,
    ¿Quién a mi pecho infundirá sosiego!»
    «Es la angustia,» dijo él, «por pena tanta,
    y la piedad pintada en mi semblante;
    no piens;s que es temor que me quebranta.
    «Vamos: el trecho es largo y apremiante.»
    Y entramos en el círculo primero,
    que ceñía el abismo colindante.
    Aquí volvía el grito lastimero,
    de suspiros sin fin, más no de llanto,
    que en aire eterno tiembla plañidero.
    Era rumor de pena, sin quebranto,
    de hombres, niños, mujeres, numerosos,
    que en turba iban girando, sin espanto.
    «Quiero sepas, que espíritus llorosos,
    son esos que tú ves,» el maestro dijo,
    «antes de ir a otros antros tenebrosos.
    «No pecaron, ni el cielo los maldijo;
    pero el bautismo, nunca recibieron,
    puerta segura que tu fe predijo.
    «Antes del cristianismo, ellos nacieron;
    no adoraron al dios omnipotente,
    y uno soy yo de los que así murieron.
    «Por tal culpa aquí yacen solamente,
    y el castigo, es desear sin esperanza,
    piadosa remisión del inocente.»
    Un gran dolor al pecho se abalanza,
    al hallar en el limbo tanta gente,
    digna de la celeste bienandanza.
    «Dime, maestro, dime ciertamente,»
    pregunté, para estar más cerciorado,
    de la fe que al error vence potente:
    «,;, Salió de. esta mansión algún penado,
    por méritos que el cielo le abonaba?»
    Y comprendido el razonar velado,
    me respondió: «Apenas aquí entraba,
    cuando miré venir un prepotente,
    que el signo de victoria coronaba.
    «Sacó la sombra del primer viviente,
    de su hijo Abel, y de Noé el del Arca,
    y de Moisés, que legisló obediente;
    «con la de Isaac, la de Abrahan, patriarca;
    y a Jacob con Raquel, por la que hizo
    tanto, y su prole; y a David monarca;
    «y muchos más, a quienes dio el bautizo;
    que hasta entonces, jamás alma nacida,
    subió de esta región al paraíso.»
    Sin parar nuestra; marcha de seguida,
    íbamos al través de selva espesa,
    digo, selva de gente dolorida.
    Casi vencida la primera empresa,
    un fuego vi, que en forma de hemisferio
    vencía de la sombra la oscureza
    Sin comprender de lejos el misterio,
    bien pude discernir, siquiera en parte,
    que era de noble gente cautiverio.
    «¡ Oh tú! que honras la ciencia a par del arte,
    ¿Quiénes tienen tal honra, y en qué nombre
    de las almas la vida así se parte?»
    Y respondióme: «El caso no te asombre;
    la fama que publica tu planeta
    se propicia en el cielo con renombre.»
    «i Honremos al altísimo poeta!
    Su sombra vuelve a hacernos compañía»
    Clamó una voz, y se calló discreta.
    Al expirar la voz, que así decía,
    vi, cuatro grandes sombras por delante,
    que ni dolor mostraban ni alegría.
    «¡ Míralos en su gloria fulgurante!»
    Dijo el maestro: «El que la espada en mano,
    se adelanta a los otros arrogante,
    «es Homero, el poeta soberano:
    el otro' Horacio: Ovidio es el tercero;
    y el que les sigue, se llamó Lucano.
    «Como cada uno cree merecedero,
    el nombre que me dio la voz aislada,
    me honran con sentimiento placentero.»
    Así, la bella escuela vi adunada,
    del genio superior del alto canto,
    águila sobre todos encumbrada..
    Luego que hubieron departido un tanto,
    hacia mí se volvieron placenteros,
    y el maestro sonrióse con encanto.
    Mayor honor me hicieron lisonjeros;
    y dándome un lugar en compañía,
    el sexto fui, contado entre primeros.
    Y así seguimos, hasta ver del día
    la dulce luz, en cuento razonado,
    que es bien callar, y allí muy bien venía.
    Un castillo encontramos, rodeado
    con siete muros de soberbia altura,
    de un hermoso arroyuelo circundado.
    Paso el arroyo dio cual tierra dura;
    siete puertas pasamos y seguimos,
    hasta pisar de un prado la verdura.
    Gentes de tardos ojos allí vimos,
    de grande autoridad en su semblante,
    y que muy bajo hablaban, percibimos.
    Montamos una altura dominante,
    que campo luminoso dilataba,
    y que a todos mostraba por delante;
    y en el prado, que todo lo esmaltaba
    los espíritus vi del genio magno,
    y de sólo mirarlos, me exaltaba.
    A Electra vi en un grupo soberano:
    a Héctor reconocí, y al justo Enea;
    y armado, César, de ojos de milano.
    Y vi a Camila, y vi a Pentisilea,
    a la otra parte; y vide el rey Latino
    que .con su hija Lavima se parea.
    Y vide a Bruto, que expelió a Tarquino;
    Lucrecia y Julia y Marcia, y a Cornelia;
    y solo, aparte, estaba Saladme
    Y ante la luz, que mi mirada auxilia,
    vi' al maestro, que el saber derrama,
    sentado, en filosófica familia:
    todos le admiran, le honran, se le aclama,
    de Platón y de Sócrates cercado,
    y de Zenón, y otros de excelsa fama:
    Demócrito, que al caso todo ha dado:
    Diógenes, Anaxágoras, y Tales,
    y Heráclito, de Empédocles al lado;
    Dioscórides, en ciencias naturales,
    el gran observador; y vide a Orfto,
    y a Tulio y Livio y Séneca, morales:
    al sabio Euclídes, cabe a Tolomeo;
    Hipócrates, Galeno y Avizena,
    y Averroes, de la ciencia corifeo.
    Mas a todos nombrar fuera gran pena,
    y así, debo dejar interrumpido,
    este discurso, que no todo llena.
    Quedó a dos nuestro grupo reducido:
    por otra senda me llevó mi guía,
    del aura quieta al aire estremecido,
    para volver a la región sombría. 


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    Mensaje por Maria Lua Mar 10 Nov 2020, 19:57

    CANTO V.


    ARGOMENTO


    Pervenuti al secondo cerchio, vi trovano Minosse, il quale, udita
    la ragione del viaggio di Dante, concede loro che procedano. Tra
    le ombre degli incontinenti in amore, puniti in questo luogo,
    Dante, dopo d’averne osservate le più notevoli, fermasi a favella -
    re con Paolo Malatesta e Francesca da Rimini, la quale gli narra
    la dolorosa storia de’ propri amori.




    Così discesi del cerchio primaio
    Giù nel secondo, che men loco cinghia,
    E tanto più dolor, che punge a guaio. 3
    Stavvi Minos orribilmente, e ringhia:
    Esamina le colpe nell’entrata:
    Giudica, e manda, secondo ch’avvinghia. 6
    Dico, che quando l’anima mal nata
    Li vien dinanzi, tutta si confessa:
    E quel conoscitor delle peccata 9
    Vede quel loco d’Inferno è da essa:
    Cignesi con la coda tante volte,
    Quantunque gradi vuol che giù sia messa. 12
    Sempre dinanzi a lui ne stanno molte:
    Vanno a vicenda ciascuna al giudizio:
    Dicono e odono, e poi son giù volte. 15
    O tu, che vieni al doloroso ospizio,
    Disse Minos a me, quando mi vide,
    Lasciando l’atto di cotanto ufizio, 18
    Guarda com’entri, e di cui tu ti fide:
    Non t’inganni l’ampiezza dell’entrare.
    E il duca mio a lui: Perchè pur gride? 21
    Non impedir lo suo fatale andare:
    Vuolsi così colà dove si puote
    Ciò che si vuole, e più non dimandare. 24
    Or incomincian le dolenti note
    A farmisi sentire; or son venuto
    Là, dove molto pianto mi percote. 27
    Io venni in luogo d’ogni luce muto,
    Che mugghia, come fa mar per tempesta,
    Se da contrari venti è combattuto. 30
    La bufera infernal, che mai non resta,
    Mena gli spirti con la sua rapina;
    Voltando e percotendo li molesta. 33
    Quando giungon davanti alla ruina,
    Quivi le strida, il compianto e il lamento;
    Bestemmian quivi la virtù divina. 36
    Intesi, ch’a così fatto tormento
    Enno dannati i peccator carnali,
    Che la ragion sommettono al talento. 39
    E come gli stornei ne portan l’ali,
    Nel freddo tempo a schiera larga e piena,
    Così quel fiato gli spiriti mali 42
    Di qua, di là, di giù, di su li mena:
    Nulla speranza li conforta mai,
    Non che di posa, ma di minor pena. 45
    E come i grui van cantando lor lai,
    Facendo in aer di sè lunga riga,
    Così vid’io venir, traendo guai, 48
    Ombre portate dalla detta briga.
    Per ch’io dissi: Maestro chi son quelle
    Genti, che l’aer nero sì gastiga? 51
    La prima di color, di cui novelle
    Tu vuoi saper, mi disse quegli allotta,
    Fu imperadrice di molte favelle. 54
    A vizio di lussuria fu sì rotta,
    Che libito fe’ licito in sua legge,
    Per torre il biasmo, in che era condotta. 57
    Ell’è Semiramis, di cui si legge,
    Che succedette a Nino, e fu sua sposa:
    Tenne la terra, che il Soldan corregge. 60
    L’altra è colei, che s’ancise amorosa,
    E ruppe fede al cener di Sicheo:
    Poi è Cleopatra lussuriosa. 63
    Elena vidi, per cui tanto reo
    Tempo si volse, e vidi il grande Achille,
    Che con amore al fine combatteo. 66
    Vidi Paris, Tristano; e più di mille
    Ombre mostrommi, e nominolle a dito,
    Ch’amor di nostra vita dipartille. 69
    Poscia ch’io ebbi il mio dottore udito
    Nomar le donne antiche e i cavalieri,
    Pietà mi giunse, e fui quasi smarrito. 72
    Io cominciai: Poeta, volentieri
    Parlerei a que’ duo, che insieme vanno,
    E paion sì al vento esser leggieri. 75
    Ed egli a me: Vedrai quando saranno
    Più presso a noi; e tu allor li prega
    Per quell’amor, che i mena; e qui verranno, 78
    Sì tosto, come il vento a noi li piega.
    Mossi la voce: O anime affannate;
    Venite a noi parlar, s’altri nol niega. 81
    Quali colombe dal disio chiamate,
    Con l’ale aperte e ferme, al dolce nido
    Volan per l’aer dal voler portate; 84
    Cotali uscir della schiera ov’è Dido,
    A noi venendo per l’aer maligno,
    Sì forte fu l’affettuoso grido. 87
    O animal grazioso, e benigno,
    Che visitando vai per l’aer perso
    Noi, che tignemmo il mondo di sanguigno, 90
    Se fosse amico il Re dell’universo,
    Noi pregheremmo lui per la tua pace,
    Poi c’hai pietà del nostro mal perverso. 93
    Di quel che udire, e che parlar ti piace,
    Noi udiremo, e parleremo a vui,
    Mentre che il vento, come fa, si tace. 96
    Siede la terra, dove nata fui,
    Su la marina dove il Po discende
    Per aver pace co’ seguaci sui. 99
    Amor, che al cor gentil ratto s’apprende,
    Prese costui della bella persona,
    Che mi fu tolta, e il modo ancor m’offende: 102
    Amor, ch’a nullo amato, amar perdona,
    Mi prese del costui piacer sì forte,
    Che, come vedi, ancor non m’abbandona; 105
    Amor condusse noi ad una morte:
    Caina attende chi vita ci spense.
    Queste parole da lor ci fur porte. 108
    Da ch’io intesi quelle anime offense,
    Chinai ’l viso, e tanto il tenni basso,
    Finchè il poeta mi disse: Che pense? 111
    Quando risposi, cominciai: O lasso!
    Quanti dolci pensier, quanto disio
    Menò costoro al doloroso passo! 114
    Poi mi rivolsi a loro, e parlai io,
    E cominciai: Francesca, i tuoi martiri
    A lagrimar mi fanno tristo, e pio. 117
    Ma dimmi: al tempo de’ dolci sospiri,
    A che, e come concedette Amore,
    Che conosceste i dubbiosi desiri? 120
    Ed ella a me: Nessun maggior dolore,
    Che ricordarsi del tempo felice
    Nella miseria; e ciò sa il tuo dottore
    Ma se a conoscer la prima radice
    Del nostro amor tu hai cotanto affetto,
    Farò come colui, che piange, e dice. 126
    Noi leggevamo un giorno per diletto
    Di Lancillotto, come amor lo strinse:
    Soli eravamo, e senza alcun sospetto. 129
    Per più fiate gli occhi ci sospinse
    Quella lettura, e scolorocci il viso:
    Ma solo un punto fu quel, che ci vinse. 132
    Quando leggemmo il disiato riso
    Esser baciato da cotanto amante,
    Questi, che mai da me non fia diviso, 135
    La bocca mi baciò tutto tremante.
    Galeotto fu il libro, e chi lo scrisse:
    Quel giorno più non vi leggemmo avante. 138
    Mentre che l’uno spirto questo disse,
    L’altro piangeva sì, che di pietade
    Io venni meno com’ s’io morisse. 141
    E caddi, come corpo morto cade.


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    Mensaje por Maria Lua Mar 10 Nov 2020, 20:03

    CANTO QUINTO


    CIRCULO SEGUNDO: LUJURIA


    MINOS, PECADORES CARNALES, FEANCESCA DE EIMINI
    Segundo círculo del infierno. Minos examina las culpas a la entrada,
    y señala, a cada alma condenada el sitio de su suplicio. Círculo de
    los Injuriosos donde comienza la serie de los siete pecados capitales. Francesco de Eímini.




    Así bajé del círculo primero,
    al segundo, en que en trecho más cerrado,
    más gran dolor, aulla plañidero.
    Allí, Minos, horrible, gruñe ''airado;
    examina las culpas a la entrada:
    juzga y manda, según ciñe el pecado.
    -Digo, que cuando el alma malhadada,
    ante su faz, desnuda se confiesa,
    aquel conocedor de la culpada,
    ve de que sitio del infierno es presa,
    y cíñese la cola, y cada vuelta,
    marea el grado a que abajo la endereza.
    Presente hay siempre, multitud revuelta:
    cada alma se declara ante su juicio;
    la escucha, y al abismo baja vuelta.
    «¿Qué buscas del dolor en el hospicio?»
    Gritó Minos, mirando de hito en hito,
    y suspendiendo su severo oficio.
    «¡ Guay de quien fías, y no seas cuito!
    i No te engañe la anchura de la entrada!»
    Y mi guía le dijo: «¿ A qué ese grito ?
    «No le interrumpas su fatal jornada:
    lo quiere así, quien puede y ha podido
    lo que se quiere. ¡No preguntes nada!»
    Ora comienza el grito dolorido
    a resonar en la mansión del llanto,
    y el corazón golpea y el oído.
    Era un lugar mudo de luz, en tanto
    que mugía cual mar embravecida,
    por encontrados vientos, con espanto.
    La borrasca infernal, siempre movida,
    los espíritus lleva en remolino,
    y los vuelca y lastima a su caída.
    Y en el negro confín del torbellino,
    se oyen hondos sollozos y lamentos,
    que niegan de virtud el don divino.
    Eran los condenados a tormentos,
    los pecadores, de la carne presa,
    que a instintos abajaron pensamientos.
    Cual estorninos, que en bandada espesa,
    en tiempo frío, el ala inerte estiran,
    así van ellos en bandada oprcsa.
    De aquí, de allá, de arriba, abajo, giran,
    sin esperanza de ningún consuelo:
    ni a menos pena ni al descanso aspiran.
    Como las grullas, que en tendido vuelo
    hienden el aire, al son de su cantiga,
    así van, arrastrados en su duelo,
    por aquel,huracán que los fustiga.
    «¿Quienes son,» pregunté, «que en giro eterno,
    el aire negro con furor castiga?»
    «La primera que ves en este infierno,»
    me dijo, «emperatriz fué de naciones
    de muchas lenguas, con poder suporno:
    «Rota fué de lujuria, y sus pasiones
    en leyes convirtió, y así la afrenta
    quiso en vida borrar de sus acciones.-
    «la Semíramis fué, de quien se cuenta,
    dio de mamar a Niño y fué su esposa,
    donde hoy el trono de Soldán se asienta.
    «La otra que ves, se suicidó amorosa,
    infiel a las cenizas de Siqueo:
    la otra es Cleopatra, reina lujuriosa.»
    Y a Helena vi, causa y fatal trofeo
    de larga lucha; y víctima de, amo res,
    al grande Aquiles, hijo de Peleo;
    y a Páris y a Tristán, y de amadores,
    las sombras mil, por el amor heridas,
    que dejaron su vida en sus ardores. 
    Luego que supe las antiguas vidas,
    sentí de la piedad el soplo interno,
    desmarrido por tantas sacudidas.
    «Hablar quisiera con lenguaje tierno,»
    dije, «a esas sombras que ayuntadas vuelan,
    tan leves como el aire en este inflamo.»
    Y díjome: «Por el amor que anhelan,
    pídeles que se acerquen, y a tu ruego
    vendrán, cuando los vientos las impelan.»
    Y cuando el viento nos las trajo luego,
    interpelé a las almas desoladas:
    «Venid a mí, y habladme con sosiego.»
    Cual dos palomas por amor llevadas,
    con ala abierta vuelan hacia el nido,
    por una misma voluntad aunadas,
    así, del grupo donde estaba Dido,
    cruzaron por el aire malignoso,
    tan simpático fué nuestro pedido.
    Y exclamaron: «¡ Oh, ser tan bondadoso,
    que buscas al través del aire impío,
    las víctimas de un mundo sanguinoso!
    «Si Dios escucha nuestro ruego pío.
    por tu paz rogaremos en buen hora,
    pues que te apiada nuestro mal sombrío.
    «Y pues oír y hablar tu voz implora
    te hablaremos prestándote el oído,
    mientras el viento calla, como ahora.
    «Se halla la tierra donde yo he nacido
    en la marina donde el Po desciende,
    en paz con sus secuaces confundido.
    «Amor, que alma gentil súbito prende
    a este prendó de la gentil persona,
    que me quitó la herida que aun me ofende.
    «Amor, que a nadie amado, amar perdona,
    me ató a sus brazos, con placer tan fuerte,
    que como ves, ni aun muerta me abandona.
    «Amor llevónos a la misma muerte,
    Caina, espera al matador en vida.»
    Las dos sombras me hablaron de esta suerte.
    Al escuchar aquélla ánima herida,
    bajé la frente, y el poeta amado,
    «|Qué piensas?» preguntóme, y dolorida,
    salió mi voz del pecho atribulado:
    «¡ Qué desees, qué dulce pensamiento,
    les trajeron un fin tan malhadado!»
    Y volviéndome a ellos al momento,
    díjeles: «¡Oh Francesca! ¡tu martirio,
    me hace llorar con pío sentimiento!
    «Mas, del dulce, suspiro en el delirio,
    ¿Cómo te dio el Amor tímido acuerdo,
    que abrió al deseo de tu seno el lirio!» •
    i ella: «¡Nada es más triste que el recuerdo
    de la ventura, en medio a la desgracia!
    i Muy bien lo sabe tu maestro cuerdo!
    «Pero si tu bondad aun no se sacia,
    te contaré, como quien habla y llora,
    de nuestro amor la primitiva gracia.
    «Leíamos un día, en grata hora,
    del tierno Laneeloto la ventura,
    solos, y sin sospecha turbadora.
    «Nuestros ojos, durante la lectura
    se encontraron: ¡ perdimos los colores,
    y una página fué la desventura!
    «Al leer que el amante, con amores
    la anhelada sonrisa besó amante,
    este, por siempre unido a mis dolores,
    «la boca me besó, todo tremante...
    ¡ El libro y el autor... Galeoto han sido... !
    • Ese día no leímos adelante!»
    Así habló el un espíritu dolido,
    mientras lloraba el otro; y cuasi yerto,
    de piedad, me sentí desfallecido,
    y caí, como cae un cuerpo muerto. 


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 14 Nov 2020, 09:56

    CANTO VI.


    ARGOMENTO


    Riavutosi Dante dallo smarrimento de’ sensi, in cui era caduto all’affettuoso racconto di Francesca, discende nel terzo cerchio,
    che è quello de’ golosi. Parla con Ciacco famoso buffone, il qua -
    le, domandato, predice le vicende delle fazioni fiorentine per la
    venuta di Carlo di Valois.


    Al tornar della mente, che si chiuse
    Dinanzi alla pietà de’ duo cognati,
    Che di tristizia tutto mi confuse, 3
    Nuovi tormenti, e nuovi tormentati
    Mi veggio intorno, come ch’io mi mova,
    E come ch’io mi volga, e ch’io mi guati. 6
    Io sono al terzo cerchio della piova
    Eterna, maledetta, fredda, e greve:
    Regola, e qualità mai non l’è nova. 9
    Grandine grossa, e acqua tinta, e neve
    Per l’aer tenebroso si riversa:
    Pute la terra, che questo riceve: 12
    Cerbero, fiera crudele e diversa,
    Con tre gole caninamente latra
    Sovra la gente che quivi è sommersa. 15
    Gli occhi ha vermigli e la barba unta ed atra,
    E il ventre largo, e unghiate le mani:
    Graffia gli spirti ed ingoja ed isquatra. 18
    Urlar li fa la pioggia come cani:
    Dell’un de’ lati fanno all’altro schermo:
    Volgonsi spesso i miseri profani. 21
    Quando ci scorse Cerbero, il gran vermo,
    Le bocche aperse, e mostrocci le sanne:
    Non avea membro che tenesse fermo. 24
    Il duca mio, distese le sue spanne,
    Prese la terra, e con piene le pugna
    La gittò dentro alle bramose canne. 27
    Qual è quel cane, ch’abbaiando agugna,
    E si racqueta, poi che il pasto morde,
    Che solo a divorarlo intende, e pugna; 30
    Cotai si fecer quelle fauci lorde
    Dello demonio Cerbero, che introna
    L’anime sì, ch’esser vorrebber sorde. 33
    Noi passavam su per l’ombre, che adona
    La greve pioggia, e ponevam le piante
    Sopra lor vanità, che par persona. 36
    Elle giacean per terra tutte quante,
    Fuor d’una, ch’a seder si levò, ratto
    Ch’ella ci vide passarsi davante. 39
    O tu, che se’ per questo inferno tratto,
    Mi disse, riconoscimi, se sai:
    Tu fosti prima, ch’io disfatto, fatto. 42
    E io a lei: L’angoscia, che tu hai
    Forse ti tira fuor della mia mente,
    Sì che non par ch’io ti vedessi mai. 45
    Ma dimmi chi tu se’, che in sì dolente
    Luogo se’ messa, e a sì fatta pena,
    Che s’altra è maggior, nulla è sì spiacente. 48
    Ed egli a me: La tua città ch’è piena
    D’invidia sì che già trabocca il sacco,
    Seco mi tenne in la vita serena. 51
    Voi, cittadini, mi chiamaste Ciacco:
    Per la dannosa colpa della gola,
    Come tu vedi, alla pioggia mi fiacco: 54
    E io anima trista non son sola,
    Chè tutte queste a simil pena stanno
    Per simil colpa: e più non fe’ parola. 57
    Io gli risposi: Ciacco, il tuo affanno
    Mi pesa sì, ch’a lagrimar m’invita:
    Ma dimmi, se tu sai, a che verranno 60
    Li cittadin della città partita;
    S’alcun v’è giusto; e dimmi la cagione,
    Per che l’ha tanta discordia assalita. 63
    Ed egli a me: Dopo lunga tenzone
    Verranno al sangue, e la parte selvaggia
    Caccerà l’altra con molta offensione. 66
    Poi appresso convien, che questa caggia
    Infra tre Soli, e che l’altra sormonti
    Con la forza di tal, che testè piaggia. 69
    Alto terrà lungo tempo le fronti,
    Tenendo l’altra sotto gravi pesi,
    Come che di ciò pianga, e che n’adonti. 72
    Giusti son duo, e non vi sono intesi:
    Superbia, invidia, e avarizia sono
    Le tre faville, ch’hanno i cori accesi. 75
    Qui pose fine al lacrimabil suono;
    E io a lui: Ancor vo’ che m’insegni,
    E che di più parlar mi facci dono. 78
    Farinata, e il Tegghiaio, che fur sì degni,
    Jacopo Rusticucci, Arrigo, e il Mosca,


    E gli altri, che a ben far poser gl’ingegni, 81
    Dimmi ove sono, e fa ch’io li conosca;
    Chè gran disio mi stringe di sapere,
    Se ’l ciel li addolcia, o l’inferno li attosca. 84
    E quegli: Ei son tra le anime più nere:
    Diversa colpa giù gli aggrava al fondo.
    Se tanto scendi, gli potrai vedere. 87
    Ma se tu torni mai nel dolce mondo,
    Pregoti ch’alla mente altrui mi rechi:
    Più non ti dico, e più non ti rispondo. 90
    Li diritti occhi torse allora in biechi:
    Guardommi un poco, e poi chinò la testa:
    Cadde con essa a par degli altri ciechi. 93
    E il duca disse a me: Più non si desta
    Di qua dal suon dell’angelica tromba,
    Quando vedrà la nimica podesta: 96
    Ciascun ritroverà la trista tomba;
    Ripiglierà sua carne, e sua figura;
    Udirà quel, che in eterno rimbomba. 99
    Sì trapassammo per sozza mistura
    Dell’ombre e della pioggia, a passi lenti,
    Toccando un poco la vita futura: 102
    Per ch’io dissi: Maestro, esti tormenti
    Cresceranno ei dopo la gran sentenza,
    O fien minori, o saran sì cocenti? 105
    Ed egli a me: Ritorna a tua scienza,
    Che vuol, quanto la cosa è più perfetta,
    Più senta il bene, e così la doglienza. 108
    Tuttochè questa gente maledetta
    In vera perfezion già mai non vada,
    Di là, più che di qua, essere aspetta. 111
    Noi aggirammo a tondo quella strada,
    Parlando più assai ch’io non ridico:
    Venimmo al punto dove si digrada; 114
    Quivi trovammo Pluto il gran nemico.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 14 Nov 2020, 09:59

    CANTO SEXTO


    CIRCULO TERCERO: GULA
    CERBERO, CIACCO Y SU PROFECÍA


    Tercer círculo del infierno. Tormentos de los glotones, en un pantano
    infecto, azotados eternamente por una lluvia helada. El C:\ccerliero. El florentino Ciacco. Reseña de fusucos florentinos famosos
    Ciacco predice al poeta las desgracias de Florencia y su destierro
    El juicio final, la vida futura, las penas infernales y la perfectibilidad humana en el bien y en el mal. Los dos poetas desciendan
    al cuarto circulo.


    Al retornar a la razón, perdida
    de los tristes amantes al lamento,
    que de piedad llenó mi alma transida,
    nuevos atormentados y tormento,
    miro en contorno, sea que me mueva,
    o me revuelva o busque abrigamiento.
    Era el círculo tercio; fría greva,
    de eterna lluvia, habitación maldita,
    dónde ninguna vida se renueva.
    Grueso granizo allí se precipita,
    y nieve y agua negra, en aire turbio,
    pudre la tierra y todo lo marchita.
    El Cerbero, animal feroz y gurvio,
    por sus tres fauces ladra de continuo,
    y es de los anegados el disturbio.
    De negro hocico y ojo; purpurino,
    de vientre obeso y manos unguladas,
    muerde a las almas con furor canino.
    Las sombras, por las lluvias maceradas,
    ladran también cual can, y se resguardan,
    unas contra las otras apiñadas,
    cuando el ataque del Cerbero aguardan;
    y al verle abrir la boca sanguinosa,
    temblorosas se) esconden, y acobardan.
    El maestro, con mano cautelosa,
    cogió tierra del suelo, y arrojóla
    del Cerbero en la boca espumajosa.
    Y cual perro que ansioso por la gola,
    sólo a tragar el alimento es dado,
    y acalla su canina batahola,
    así quedó el Cerbero endemoniado,
    que las almas aturde, con ladridos,
    que sordo ser quisiera el condenado.
    Pasamos! sobre sombras de afligidos,
    que marchita la lluvia, y nuestra planta,
    hollando vanas formas de dolidos.
    Del suelo, allí ninguno se levanta,
    y uno tan sólo se incorpora incierto,
    al notar que mi paso se adelanta.
    «¡ Oh, tú, que cruzas este infierno yerto!»
    me dijo, «reconóceme, yo era
    después de tú nacido, triste muerto.»
    Y yo a él: «Tu angustia lastimera,
    quizá te desfigura, de tal suerte,
    que estás de mi memoria al pronto, fuera.
    «Dime quién eres y porque la muerte
    a este sitio te trajo de la pena,
    y si a la culpa cabe otra más fuerte.»
    Y respondió: «La tu ciudad, que llena
    de vil envidia ya colmó su saco,
    me vio vivir allí, vida serena.
    «Los ciudadanos rne llamaban Ciaco:
    por la dañosa culpa de la gula,
    aquí me ves, bajo la lluvia, flaco:
    «mas no aquí sola mi alma se atribula,
    que todos estos igual pena lloran,
    por culpa igual que a pena se acumula.»
    Le repuse: «Tus voces que me imploran,
    me hacen, Ciaeco, llorar con simpatía;
    mas di, ¿sabes qué espera a los que moran,
    en la ciudad que parte la porfía;
    si un justo tiene, y cual la causa sea
    de su discordia y tanta bandería?»
    Y él a mí: «Tras de larga y cruel pelea,
    los Blancos triunfarán por varias veces,
    proscribiendo de Negros la ralea.
    «Tres soles pasarán, y entre reveses,
    los Negros subirán, con los adeptos
    que los halaguen; y con nuevas creces 
    «por largo tiempo, de mandar repletos,
    al abatido oprimirán por ende,
    con dolor y censura de discretos.
    «Sólo hay dos justos, que ninguno atiende:
    la envidia, la soberbia y la avaricia,
    son las tres teas que la furia enciende.»
    Calló la voz llorosa, sin t caricia,
    y yo dije: «Si quieres ser benigno,
    bríndame tu palabra, y da noticia
    «de Arrigo, y de Teguiao de fama digno;
    de Rusticueio, Mosca y Farinata,
    y otros, que bien obrar fuera el destino.
    «Dime si yacen en mansión ingrata;
    házmelos conocer, pues mucho anhelo,
    saber si el cielo con bondad los trata.»
    «Se hallan», dijo, «con almas sin consuelo,
    por grandes culpas todas condenadas:
    abajo las verás en hondo duelo.
    «Guando pises las playas anheladas
    del dulce mundo, piensa en mí, contrito;
    y no te digo más.» Y con miradas
    siniestras, me miró muy de hito en hito:
    cayó en el fango, doblegó la frente,
    y entre los ciegos se perdió el maldito.
    Y el guía díjome: «Tan solamente,
    cuando suene la angélica trompeta,
    despertarán ante su juez potente;
    «encontrarán su triste tumba quieta;
    revestirán su carne y su figura,
    y el fallo eterno, oirán con alma inquieta.»
    Dejando atrás esta infernal mixtura,
    de lluvia y sombras, con el paso lento,
    nos ocupó tratar vida futura:
    «Maestro», dije, «¿este infernal tormento,
    se aumentará, tras de la gran sentencia?
    ¿Será menor, o acaso más violento?»
    Y respondió: «Pregúntalo a tu ciencia,
    que quiere, que los seres más perfectos,
    sientan mejor el bien, más la dolencia.
    «Estos reprobos, entes imperfectos,
    si la alta perfección no han alcanzado,
    esperan mejorar cual les electos.»
    Recorrimos el cerco condenado,
    hablando de otras cosas que no digo;
    y descendimos hasta el cuarto grado:
    Pluto está allí, del hombre el enemigo. 


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    Mensaje por Maria Lua Jue 19 Nov 2020, 11:01

    CANTO VII.


    ARGOMENTO


    I Poeti chiedono a Sordello alcun indizio per giunger più spediti
    al Purgatorio, ed egli si offre a guida. Il primo luogo, al quale
    giungono dietro la di lui scorta, è quello ove stanno purgando le
    anime dei principi, che occupati nei mondani ingrandimenti riserbarono all’ultimo il pensiero di Dio. Sordello ne addita alcuni ai
    due Poeti.


    Poscia che l’accoglienze oneste e liete
    Furo iterate tre e quattro volte,
    Sordel si trasse, e disse: Voi chi siete? 3
    Prima che a questo monte fosser volte
    L’anime degne di salire a Dio,
    Fur l’ossa mie per Ottavian sepolte. 6
    Io son Virgilio; e per null’altro rio
    Lo ciel perdei, che per non aver fe’:
    Così rispuose allora il Duca mio. 9
    Qual è colui che cosa innanzi a sè
    Subita vede, ond’ei si maraviglia
    Che crede e no, dicendo: ell’è, non è; 12
    Tal parve quegli; e poi chinò le ciglia,
    E umilmente ritornò ver lui,
    E abbracciollo ove il minor s’appiglia. 15
    O gloria de’ Latin, disse, per cui
    Mostrò ciò che potea la lingua nostra,
    O pregio eterno del loco ond’io fui, 18
    Qual merito, o qual grazia mi ti mostra?
    S’io son d’udir le tue parole degno,
    Dimmi se vien d’Inferno, e di qual chiostra. 21
    Per tutti i cerchi del dolente regno;
    Rispose lui, son io di qua venuto:
    Virtù del Ciel mi mosse, e con lei vegno. 24
    Non per far, ma per non fare ho perduto
    Di veder l’alto Sol che tu disiri,
    E che fu tardi da me conosciuto. 27
    Loco è laggiù non tristo da martiri,
    Ma di tenebre solo, ove i lamenti
    Non suonan come guai, ma son sospiri. 30
    Quivi sto io coi parvoli innocenti,
    Dai denti morsi della morte, avante
    Che fosser dall’umana colpa esenti. 33
    Quivi sto io con quei che le tre sante
    Virtù non si vestiro, e senza vizio
    Conobber l’altre, e seguir tutte quante. 36
    Ma se tu sai, e puoi, alcuno indizio
    Dà noi, perchè venir possiam più tosto
    Là dove il Purgatorio ha dritto inizio. 39
    Rispose: Loco certo non c’è posto:
    Licito m’è andar suso e intorno:
    Per quanto ir posso, a guida mi t’accosto. 42
    Ma vedi già come dichina il giorno,
    E andar su di notte non si puote:
    Però è buon pensar di bel soggiorno. 45
    Anime sono a destra qua remote:
    Se mi consenti, io menerotti ad esse,
    E non senza diletto ti fien note. 48
    Com’è ciò? fu risposto: chi volesse
    Salir di notte, fora egli impedito
    D’altrui? ovver saria che non potesse? 51
    E il buon Sordello in terra fregò il dito,
    Dicendo: Vedi, sola questa riga
    Non varcheresti dopo il Sol partito: 54
    Non però che altra cosa desse briga,
    Che la notturna tenebra, a ir suso:
    Quella col non poter la voglia intriga. 57
    Ben si poria con lei tornare in giuso,
    E passeggiar la costa intorno errando,
    Mentre che l’orizzonte il dì tien chiuso. 60
    Allora il mio Signor, quasi ammirando,
    Menane, disse, dunque là ove dici
    Che aver si può diletto dimorando. 63
    Poco allungati c’eravam di lici,
    Quando io m’accorsi che il monte era scemo
    A guisa che i valloni sceman quici. 66
    Colà, disse quell’ombra, n’anderemo,
    Dove la costa face di sè grembo,
    E quivi il nuovo giorno attenderemo. 69
    Tra erto e piano era un sentiero sghembo,
    Che ne condusse in fianco della lacca,
    Là ove più che a mezzo more il lembo. 72
    Oro e argento fino e cocco e biacca,
    Indico, legno lucido, e sereno,
    Fresco smeraldo in l’ora che si fiacca, 75
    Dall’erba e dalli fior dentro a quel seno
    Posti, ciascun saria di color vinto,
    Come dal suo maggiore è vinto il meno. 78
    Non avea pur natura ivi dipinto;
    Ma di soavità di mille odori
    Vi facea un incognito indistinto. 81
    Salve, Regina, in sul verde e in su i fiori
    Quindi seder cantando anime vidi,
    Che per la valle non parean di fuori. 84
    Prima che il poco Sole omai s’annidi,
    Cominciò il Mantovan che ci avea volti,
    Tra color non vogliate ch’io vi guidi. 87
    Da questo balzo meglio gli atti e i volti
    Conoscerete voi di tutti quanti,
    Che nella lama giù tra essi accolti. 90
    Colui che più siede alto, e fa sembianti
    D’aver negletto ciò che far dovea,
    E che non move bocca agli altrui canti, 93
    Ridolfo imperador fu, che potea
    Sanar le piaghe ch’hanno Italia morta,
    Sì che tardi per altri si ricrea. 96
    L’altro, che nella vista lui conforta,
    Resse la terra dove l’acqua nasce,
    Che Molta in Albia, e Albia in mar ne porta: 99
    Ottachero ebbe nome, e nelle fasce
    Fu meglio assai che Vincislao suo figlio
    Barbuto, cui lussuria e ozio pasce. 102
    E quel Nasetto, che stretto a consiglio
    Par con colui che ha sì benigno aspetto,
    Morì fuggendo e disfiorando il giglio: 105
    Guardate là, come si batte il petto.
    L’altro vedete che ha fatto alla guancia
    Della sua palma, sospirando, letto. 108
    Padre e suocero son del mal di Francia:
    Sanno la vita sua viziata e lorda,
    E quindi viene il duol che sì li lancia. 111
    Quel che par sì membruto, e che s’accorda
    Cantando con colui dal maschio naso,
    D’ogni valor portò cinta la corda. 114
    E se Re dopo lui fosse rimaso
    Lo giovinetto che retro a lui siede,
    Ben andava il valor di vaso in vaso; 117
    Che non si puote dir delle altre rede.
    Jacomo e Federigo hanno i reami:
    Del retaggio miglior nessun possiede. 120
    Rade volte risurge per li rami
    L’umana probità: e questo vuole
    Quei che la dà, perchè da lui si chiami. 123
    Anche al Nasuto vanno mie parole
    Non men che all’altro, Pier, che con lui canta,
    Onde Puglia e Provenza già si duole. 126
    Tanto è del seme suo minor la pianta,
    Quanto più che Beatrice e Margherita,
    Gostanza di marito ancor si vanta. 129
    Vedete il Re della semplice vita
    Seder là solo, Arrigo d’Inghilterra:
    Questi ha nei rami suoi migliore uscita. 132
    Quel che più basso tra costor s’atterra,
    Guardando in suso, è Guglielmo Marchese,
    Per cui Alessandria e la sua guerra 135
    Fa pianger Monferrato e il Canavese.


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Jue 19 Nov 2020, 11:13

    CANTO SÉTIMO


    CIRCULO CUARTO: AVARICIA Y PRODIGALIDAD
    PLUTO, PENA DE LOS AVAROS Y PRÓDIGOS, LA FORTUNA
    CIRCULO QUINTO: IRA


    Cuarto circulo del Infierno dantesco, presidido por Pluto. Virgilio y
    Pluto. La avaricia castigada. Los avaros y los pródigos hacen rodar pesadas masas con el pecho. Razonamiento de Virgilio sobre la
    fortuna y los agentes celestes en la tierra. Los dos poetas descienden al quinto circulo. La laguna Estigia, donde yacen sumidos en
    el fango los iracundos. El himno de los tristes.




    «¡Pape Satán, pape Satán aleppe!»
    grita Pluto con voz estropajosa;
    y el grande sabio, sin que en voz discrepe,
    me conforta diciendo: «No medrosa
    tu alma se turbe, porque no le es dado
    impedir que desciendas a esta fosa.»
    Y al demonio feroz de labio hinchado,
    le grita: «Calla, lobo maldecido,
    y devora tu rabia, atragantado.
    «No sin razón el viaje está emprendido:
    se quiere en lo alto, do Miguel glorioso,
    tomó vindicta del estupro infido.»
    Cual vela inflada de aire tormentoso,
    revuelta cae del mástil que ha flaqueado,
    así cayó en el suelo aquel furioso.
    Y descendimos hasta el cuarto grado,
    adentro del abismo doloroso,
    que todo el mal del mundo se ha tragado.
    i Oh, Dios, que en tu justicia, poderoso,
    amontonas cual vi, tanta tortura!
    ¿Por qué el fallo es aquí más riguroso?
    Cual de Seyla y Carybdis a la altura,
    onda con onda, choca procelosa,
    tal se choca esta gente en apretura.
    Aquí una turba, hallé más numerosa,
    que de una y otra parte, en sus revueltas,
    con el pecho empujaba clamorosa,
    pesos enormes; y en continuas vueltas,
    volvían hacia atrás, cuando 'chocaban,
    gritando: ¿por qué agarras? ¿por qué meltasl
    Así en el cerco tétrico giraban,
    del uno y otro lado retornando,
    y las mismas injurias se gritaban.
    Y luego, el medio cerco contorneando,
    se chocaban de nuevo. Yo afligido
    sentí el pecho, la lucha contemplando.
    Dije al maestro: «Por favor te pido,
    rae digas, si las sombras tonsuradas
    sacerdotes en vida acaso han sido.»
    «Son viseas, como ves, tan dementadas,
    cual fueron», dijo, «en vida torticeras,
    y en gastar su peculio inmoderadas.
    «Claro lo ladran sus palabras fieras;
    y al venir de les des puntos postremos,
    su opuesta culpa lleva a sus esferas.
    «Esos sin pelo, que de un lado vemos,
    fueron clérigos, papas, cardenales,
    que la avaricia llevó a sus extremos.»
    Y pregunté al maestro: «Entre estos tales,
    ¿puedo quizá reconocer alguno,
    de los ^manchados con inmundos males?»
    Y él: «No podrás reconocer ninguno:
    su mala vida, si antes fueron albos,
    los cubre a todos con su tinte bruno.
    «Eternamente chocarán no salvos,
    Y aun en la tumba apretarán el puño
    los unos, y los otres serán calvos.
    «Mal dar y mal tener, si dan terruño,
    quitan el' cielo, en riñas tan procaces,
    que no merecen de palabra el cuño.
    «Así puedes ver, hijo, cuan fugaces
    son los bienes que alarga la fortuna,
    y de que son les hombres tan rapaces.
    «Todo el oro que está bajo la luna,
    y el que esa grey de sombras retenía,
    la paz no le dará, siquiera a una.»
    Y yo insistí: «Mas dime todavía:
    esa> fortuna de que tanto me hablas,
    I Cómo aferra del mundo la cuantía?»
    Y él, sonriendo «¡ Qué cuestión entablas!
    Quiero hacerte mamar una sentencia,
    i Oh ignorante! y apúntala en tus tablas.
    «El Sapiente, en su vasta trascendencia,
    hizo el cielo, y nombróle su regente,
    que en todo resplandece su alta ciencia.
    «Distribuyó las luces igualmente,
    y así alta potestad a los mundanos,
    esplendores también dio providente.
    «Ella, permuta vuestros bienes vanos
    de gente en gente, y quita o los conserva,
    maguer la previsión de los humanos.
    «A unos abate, y a otros los preserva,
    según la voluntad que yace oculta,
    cual silenciosa sierpe entre la yerba.
    «No toma en. cuenta vuestra ciencia estulta,
    cuando juzga, dispone, da o cercena,
    como deidad que sólo a sí consulta.
    «Ninguna tregua su carrera enfrena:
    necesidad su marcha multiplica,
    pues cada instante, nueva cosa ordena.
    «De mala fama el mundo la sindica,
    cuando debiera tributarle culto,
    y el vulgo la maldice y crucifica.
    «Pero ella es buena, y sorda al torpe insulto,
    leda con las criatura primitiva,
    gira su rueda en medio del tumulto.
    «Entramos a región más aflictiva:
    ya bajan las estrellas que alumbraban,
    y la jornada debe ser activa.»
    Cruzamos los ribazos, que* cerraban
    los dos cercos, y hallamos una fuente
    de hirvientes aguas turbias que bajaban
    por un barranco abierto en la pendiente:
    orillando' su margen enfangada,
    descendimos por vía diferente.
    Esta triste corriente, despeñada,
    forma en oscura playa maldecida,
    la laguna de Bstigia nominada.
    Yo miraba con vista prevenida,
    y vi gente fangosa en el pantano,
    desnuda y con la faz de ira encendida.
    Golpeábanse entre sí, no con la mano,
    mas con los pies, el pecho y la cabeza,
    y se mordían con furor insano.
    El buen maestro, dijo: «Aquí está presa
    la grey de poseídos por la ira:
    pero quiero que sepas con certeza,
    «que bajo,el agua hay gente que suspira,
    y la hace pulular, cual ahora vimos,
    por donde quiera que la vista gira.
    «Pita m el limo, dicen: ¡Tristes fuimos,
    bajo del sol que el al fin llegamos.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 03 Dic 2020, 14:41

    CANTO VIII.


    ARGOMENTO


    Mentre i poeti entro una barca condotta da Flegi ás trapassano la
    palude Stige, Filippo Argenti alterca con Dante. Sbarcati presso
    la città di Dite, vien loro conteso il passo da una moltitudine di
    Demoni, che serrano le porte in viso a Virgilio.


    Io dico seguitando, ch’assai prima,
    Che noi fussimo al piè dell’alta torre,
    Gli occhi nostri n’andar suso alla cima 3
    Per duo fiammette, che vedemmo porre,
    E un’altra da lungi render cenno,
    Tanto ch’a pena il potea l’occhio torre. 6
    E io rivolto al mar di tutto il senno
    Dissi: Questo che dice? e che risponde
    Quell’altro fuoco? e chi son que’, che il fenno? 9
    Ed egli a me: Su per le sucide onde
    Già scorgere puoi quello, che s’aspetta,
    Se il fumo del pantan nol ti nasconde. 12
    Corda non pinse mai da se saetta,
    Che sì corresse via per l’aer snella,
    Com’io vidi una nave piccioletta 15
    Venir per l’acqua verso noi in quella,
    Sotto il governo d’un sol galeoto,
    Che gridava: Or se’ giunta, anima fella? 18
    Flegiás, Flegiás, tu gridi a voto,
    Disse lo mio signore, a questa volta,
    Più non ci avrai, se non passando il loto. 21
    Quale colui, che grande inganno ascolta,
    Che gli sia fatto, e poi se ne rammarca,
    Tal si fe’ Flegiás nell’ira accolta. 24
    Lo duca mio discese nella barca,
    E poi mi fece entrare appresso lui;
    E sol, quand’io fui dentro, parve carca. 27
    Tosto che il duca, e io nel legno fui,
    Segando se ne va l’antica prora
    Dell’acqua più, che non suol con altrui. 30
    Mentre noi correvam la morta gora,
    Dinanzi mi si fece un pien di fango,
    E disse: Chi se’ tu, che vieni anzi ora? 33
    E io a lui: S’io vegno, io non rimango;
    Ma tu chi sei, che sì se’ fatto brutto?
    Rispose: Vedi, che son un, che piango. 36
    E io a lui: Con piangere e con lutto,
    Spirito maledetto, ti rimani;
    Ch’io ti conosco, ancor sie lordo tutto. 39
    Allora stese al legno ambe le mani;
    Per che il Maestro accorto lo sospinse,
    Dicendo: Via costà con gli altri cani, 42
    Lo collo poi con le braccia mi cinse;
    Baciommi il volto, e disse: Alma sdegnosa,
    Benedetta colei, che in te s’incinse. 45
    Quel fu al mondo persona orgogliosa:
    Bontà non è, che sua memoria fregi:
    Così è l’ombra sua qui furiosa. 48
    Quanti si tengon or lassù gran regi,
    Che qui staranno, come porci in brago,
    Di se lasciando orribili dispregi. 51
    E io: Maestro, molto sarei vago
    Di vederlo attuffare in questa broda,
    Anzi che noi uscissimo del lago. 54
    Ed egli a me: Avanti che la proda
    Ti si lasci veder, tu sarai sazio:
    Di tal disio converrà, che tu goda. 57
    Dopo ciò poco vidi quello strazio
    Far di costui alle fangose genti,
    Che Dio ancor ne lodo, e ne ringrazio. 60
    Tutti gridavano: A Filippo Argenti:
    E il Fiorentino spirito bizzarro
    In se medesmo si volgea co’ denti. 63
    Quivi il lasciammo, che più non ne narro:
    Ma negli orecchi mi percosse un duolo,
    Per ch’io avanti intento l’occhio sbarro; 66
    E il buon Maestro disse: Omai, figliuolo,
    S’appressa la città, c’ha nome Dite,
    Co’ gravi cittadin, col grande stuolo. 69
    E io: Maestro, già le sue meschite
    Là entro certe nella valle cerno,
    Vermiglie, come se di foco uscite 72
    Fossero; ed ei mi disse: Il fuoco eterno,
    Ch’entro l’affuoca, le dimostra rosse,
    Come tu vedi in questo basso Inferno. 75
    Noi pur giugnemmo dentro all’alte fosse,
    Che vallan quella terra sconsolata:
    Le mura mi parea, che ferro fosse. 78
    Non senza prima far grande aggirata,
    Venimmo in parte dove il nocchier forte,
    Uscite, ci gridò, qui è l’entrata. 81
    Io vidi più di mille in sulle porte
    Dal ciel piovuti, che stizzosamente
    Dicean: Chi è costui, che senza morte 84
    Va per lo regno della morta gente?
    E il savio mio Maestro fece segno
    Di voler lor parlar segretamente. 87
    Allor chiusero un poco il gran disdegno ,
    E disser: Vien tu solo, e quei sen vada,
    Che sì ardito entrò per questo regno: 90
    Sol si ritorni per la folle strada:
    Provi, se sa; che tu qui rimarrai,
    Che gli hai scorta sì buia contrada. 93
    Pensa, Lettore, s’io mi sconfortai
    Nel suon delle parole maledette,
    Ch’io non credetti ritornarci mai. 96
    O caro Duca mio, che più di sette
    Volte m’hai sicurtà renduta, e tratto
    D’alto periglio, che incontra mi stette, 99
    Non mi lasciar, diss’io, così disfatto:
    E se l’andar più oltre ci è negato,
    Ritroviam l’orme nostre insieme ratto. 102
    E quel signor, che lì m’avea menato,
    Mi disse: Non temer, che il nostro passo
    Non ci può torre alcun, da tal n’è dato. 105
    Ma qui m’attendi, e lo spirito lasso
    Conforta, e ciba di speranza buona,
    Ch’io non ti lascerò nel mondo basso. 108
    Così sen va, e quivi m’abbandona
    Lo dolce padre; e io rimango in forse,
    Che il sì, e il no nel capo mi tenzona. 111
    Udir non potei quello, ch’a lor porse:
    Ma ei non stette là con essi guari,
    Che ciascun dentro a prova si ricorse. 114
    Chiuser le porte quei nostri avversari
    Nel petto al mio signor, che fuor rimase-
    E rivolsesi a me con passi rari. 117
    Gli occhi alla terra e le ciglia avea rase
    D’ogni baldanza, e dicea ne’ sospiri:
    Chi m’ha negate le dolenti case? 120
    E a me disse: Tu, perch’io m’adiri,
    Non sbigottir, ch’io vincerò la prova,
    Qual, ch’alla difension dentro s’aggiri. 123
    Questa lor tracotanza non è nuova,
    Che già l’usaro a men segreta porta,
    La qual senza serrame ancor si trova. 126
    Sovr’essa vedestù la scritta morta:
    E già di qua da lei discende l’erta,
    Passando per li cerchi senza scorta 129
    Tal, che per lui ne fia la terra aperta.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 03 Dic 2020, 14:46

    CANTO OCTAVO


    ANTEPÜRGATOEIO. EL VALLE AMENO
    PRINCIPES PREOCUPADOS DE GLORIA TERRENA
    PLEGABIA DE LA NOCHE. DOS ANGELES GUARDIANES.
    VISCONTI. LA SERPIENTE. MALASPIXA


    El crespúsculo. El himno de las almas. Bajada de dos angeles, para
    custodiar el valle. Los poetas bajan para hablar con las grandes
    almas. Encuentro del Dante con el juez Niño. Niño recuerda su
    vida, y recomienda su alma a su hija. Virgilio explica al Dante el
    movimiento de los astros en el hemisferio austral. Aparición y
    huida de la serpiente maligna. Dialogo entre el Dante y Conrado
    Maiaspina, en que el segundo hace el elogio del primero y de su
    familia. Predicción de Maiaspina a l Dante .


    Era la hora, en que sentir consigo,
    el navegante enternecido quiere,
    el día del adiós al dulce amigo; ¡¡
    y al novel peregrino, amor le hiere,
    si una campana suena en lo lejano,
    como llorando el día que se muere; 8
    cuando sentí el oido como en vano,
    mirando solo una de aquellas almas,
    que atención les pedía con la mano: 8
    uniendo y levantando sus dos palmas,
    volvió sus ojos fijos al oriente,
    como diciendo a Dios: ¡Sólo tú calmas!
    Te lucís ante, tan devotamente
    de su boca brotó, con dulces notas,
    que enajenaban corazón y mente;
    y dulcemente las demás, devotas,
    siguieron entonando el himno entero,
    con su ojo a las esferas más remotas.
    Busca, lector, sentido verdadero
    a esta visión de velo transparente,
    que es fácil traspasar por lo ligero.
    Vi ejército gentil, que penitente
    después del himno, contemplaba el cielo,
    pálido, y esperando humildemente;
    y de lo alto bajar en raudo vuelo,
    dos ángeles con fúlgidas espadas,
    sin punta, como en signo de consuelo:
    verdes, como las hojas renovadas,
    sus vestes, se agitaban levemente,
    verdes alas, a espalda ventiladas.
    Uno de ellos bajó por nuestro frente,
    y el otro descendió por parte opuesta,
    quedando en medio la piadosa gente.
    Vi que era blonda la cabeza, enhiesta,
    mas contemplar sus rostros no podía,
    a su esplendor mi vista contrapuesta.
    Dijo Sordello: «Mándalos María
    a custodiar el valle amenazado,
    porque se acerca la serpiente impía.»
    Y yo, que no sabía de que lado,
    interrogué del valle los extremos,
    y me acogí a mi guía, todo helado.
    «Ora», agregó Sordello, «bajaremos;
    que seréis recibidos con agrado,
    y con las grandes sombras hablaremos.»
    Creo que ni tres pasos hube andado,
    y a un espíritu vi que parecía
    querer reconocerme con cuidado.
    El aire ya la noche ennegrecía,
    pero no tanto, que no fuese dado
    discernir lo que el ojo percibía.
    Él vino a mí; yo me acerqué a su lado:
    ¡Oh, Niño, noble juez, cual fué mi gozo
    al no hallarte en el mundo condenado!
    Y después de un saludo cariñoso,
    Niño me preguntó: «¿ Cuándo has venido
    al pie del monte, por el mar undoso?»
    «¡ Oh!», respondí: «Por sitio entristecido,
    esta mañana vine, en primer vida,
    para la otra alcanzar arrepentido.»
    Niño y Sordello, mi respuesta oída,
    hacia atrás se volvieron de improviso,
    como acontece a gente desmarrida.
    Uno mira a Virgilio; otro remiso
    se dirije a un sedente: «¡Sus! ¡Conrado!
    ven a ver lo que; Dios por gracia quiso.»
    Y vuelto a mí: «Por el favor preciado,
    que a Aquél le debes, que profundo esconde
    su alto porqué; cuando hayas traspasado 
    «el ancho mar, y que te encuentres dónde
    mi Juana está, dirás que por mí clame
    allá donde a inocentes se responde; 72
    «Pienso que ya su madre no me ame,
    pues por otra trocó su blanca venda,
    que mísera tal vez tarde reclame. 75
    «Y por ella es muy fácil se comprenda,
    lo que en mujeres, fuego de amor dura,
    cuando el ojo y el tacto no lo encienda. 78
    «No le dará tan bella sepultura
    el Milasés, que en Víbora se acampa,
    cual se la diera el Gallo de Gallura.» 8i
    Así dijo, marcándose en la estampa
    de su aspecto, su noble y recto celo,
    que al corazón en su medida alampa. s4
    Mi vista ansiosa se tornaba al cielo,
    donde los astros, de amplitud decrecen,
    cual rueda junto al eje acorta el vuelo. 8 r
    Y el guía: «¿A qué tus ojos obedecen?»
    Y yo a él: «Miro esas tres estrellas
    que más acá del polo resplandecen.» 9o
    Y de él a mí: «Las cuatro luces bellas
    que viste esta mañana, están abajo,
    y ascienden éstas donde estaban ellas.» 93
    Mientras tanto, Sordello a sí le trajo,
    diciendo: «Mira allá nuestro adversario.»
    Y apuntó con el dedo hacia lo bajo. 96
    A la parte del valle solitario,
    que es sin reparo, una serpiente estaba,
    (que a Eva tal vez le dio cebo nefario). 99
    Entre yerbas y flores se arrastraba
    el mal reptil, torciendo la cabeza,
    y lamiéndose el lomo se lavaba.
    No vi, decir no puedo con certeza,
    moverse a los aleones celestiales,
    pero les vi volar con ligereza,
    y de sus alas verdes las señales
    sentí en el aire, huyendo la serpiente,
    y tornar a la vez;, volando iguales
    La sombra que acudiera prontamente
    al llamado del juez, en el asalto
    no dejó de mirarme fijamente.
    «¡ Que en la luz que te guía a lo más alto,»
    me dijo, «encuentres suficiente cera
    para que subas hasta el gran resalto!
    «Y si quieres noticia verdadera
    de Valdemagra y la región vecina,
    dilo, que allí en un tiempo grande fuera.
    «Me llamaba Conrado Malaspina;
    no el antiguo, mas fui su descendiente,
    y el amor a mi prole, aquí se afina.»
    Y yo: «Vuestro país no vi presente;
    ¿Mas cuál es en Europa la demora
    que no repita el nombre reverente?
    «La fama vuestra, vuestra raza honora,
    por el pueblo y los nobles aclamada,
    que hasta os conoce quien allí no mora.
    «Y os juro, ¡que así suba en mi jornada!
    que no ha perdido vuestra honrada gente,
    el honor de la bolsa y de la espada.
    «Su natura y su genio providente,
    hace que el genio malo no la aparte
    de la senda que sigue rectamente.» 1S2
    Y respondióme: «Antes que el sol se aparte,
    siete veces girando en su trascurso,
    que Aries con cuatro pies monta y comparte, 1S5
    «será loado tu cortés discurso,
    y quedará clavado en tu cabeza,
    si el juicio divinal no cambia curso, 1S8
    «con más seguros clavos, con largueza.» 


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    Mensaje por Maria Lua Lun 07 Dic 2020, 09:24

    CANTO IX.


    ARGOMENTO
    Le tre furie infernali minacciano Dante. Un angiolo sceso espressamente dal Cielo fa che le porte della città d’Inferno si aprano. I poeti sul primo entrarvi vedono il luogo di punizione per gli ere -
    siarchi e i loro seguaci.




    Quel color, che viltà di fuor mi pinse,
    Veggendo il duca mio tornar in volta,
    Più tosto dentro il suo nuovo ristrinse. 3
    Attento si fermò, come uom, ch’ascolta;
    Chè l’occhio nol potea menare a lunga
    Per l’aer nero, e per la nebbia folta. 6
    Pure a noi converrà vincer la punga,
    Cominciò ei: se non tal ne s’offerse.
    Oh quanto tarda a me, ch’altri qui giunga! 9
    Io vidi ben, sì com’ei ricoperse
    Lo cominciar con l’altro, che poi venne,
    Che fur parole alle prime diverse. 12
    Ma nondimen paura il suo dir dienne,
    Perch’io traeva la parola tronca
    Forse a peggior sentenzia, ch’ei non tenne. 15
    In questo fondo della trista conca
    Discende mai alcun del primo grado,
    Che sol per pena ha la speranza cionca? 18
    Questa question fec’io; e quei: Di rado
    Incontra, mi rispose, che di nui
    Faccia il cammino alcun, per quale io vado. 21
    Vero è, ch’altra fiata quaggiù fui,
    Congiurato da quella Eriton cruda,
    Che richiamava l’ombre a’ corpi sui. 24
    Di poco era di me la carne nuda,
    Ch’ella mi fece intrar dentr’a quel muro,
    Per trarne un spirto del cerchio di Giuda. 27
    Quell’è il più basso loco, e il più oscuro,
    E il più lontan del ciel, che tutto gira:
    Ben so il cammin; però ti fa securo. 30
    Questa palude, che il gran puzzo spira,
    Valla d’intorno la città dolente,
    U’ non potemo entrare omai senz’ira; 33
    E altro disse, ma non l’ho a mente;
    Però che l’occhio m’avea tutto tratto
    Ver l’alta torre alla cima rovente, 36
    Ove in un punto furon dritte ratto
    Tre Furie infernal di sangue tinte,
    Che membra femminili aveano, e atto, 39
    E con idre verdissime eran cinte:
    Serpentelli e ceraste avien per crine,
    Onde le fiere tempie eran avvinte. 42
    E quei, che ben conobbe le meschine
    Della regina dell’eterno pianto,
    Guarda, mi disse, le feroci Trine. 45
    Quest’è Megera dal sinistro canto:
    Quella, che piange dal destro, è Aletto:
    Tesifone è nel mezzo; e tacque a tanto. 48
    Con l’unghie si fendea ciascuna il petto;
    Batteansi a palme; e gridavan sì alto,
    Ch’io mi strinsi al poeta per sospetto. 51
    Venga Medusa, sì il farem di smalto,
    Dicevan tutte, riguardando in giuso:
    Mal noi vengiammo in Teseo l’assalto. 54
    Volgiti indietro, e tien lo viso chiuso;
    Chè se il Gorgon si mostra, e tu il vedessi,
    Nulla sarebbe del tornar mai suso. 57
    Così disse il Maestro; ed egli stessi
    Mi volse, e non si tenne alle mie mani,
    Che con le sue ancor non mi chiudessi. 60
    O voi, che avete gl’intelletti sani,
    Mirate la dottrina, che s’asconde
    Sotto il velame degli versi strani. 63
    E già venia su per le torbide onde
    Un fracasso d’un suon pien di spavento,
    Per cui tremavano amendue le sponde, 66
    Non altrimenti fatto, che d’un vento
    Impetuoso per gli avversi ardori,
    Che fier la selva senz’alcun rattento 69
    Li rami schianta, abbatte, e porta i fiori;
    Dinanzi polveroso va superbo;
    E fa fuggir le fiere, e gli pastori. 72
    Li occhi mi sciolse, e disse: Or drizza il nerbo
    Del viso su per quella schiuma antica
    Per indi, ove quel fumo è più acerbo. 75
    Come le rane innanzi alla nimica
    Biscia per l’acqua si dileguan tutte,
    Fin che alla terra ciascuna s’abbica, 78
    Vid’io più di mille anime distrutte
    Fuggir così dinanzi ad un, che al passo
    Passava Stige con le piante asciutte. 81
    Dal volto rimovea quell’aer grasso,
    Menando la sinistra innanzi spesso;
    E sol di quell’angoscia parea lasso. 84
    Ben m’accorsi, ch’egli era del Ciel Messo,
    E volsimi al Maestro; e quei fe’ segno,
    Ch’io stessi cheto, ed inchinassi ad esso. 87
    Ahi quanto mi parea pien di disdegno!
    Giunse alla porta, e con una verghetta
    L’aperse, che non v’ebbe alcun ritegno. 90
    O cacciati del Ciel, gente dispetta,
    Cominciò egli in su l’orribil soglia,
    Ond’esta oltracotanza in voi s’alletta? 93
    Perchè ricalcitrate a quella voglia,
    A cui non puote il fin mai esser mozzo,
    E che più volte v’ha cresciuta doglia? 96
    Che giova nelle Fata dar di cozzo?
    Cerbero vostro, se ben vi ricorda,
    Ne porta ancor pelato il mento, e il gozzo. 99
    Poi si rivolse per la strada lorda,
    E non fe’ motto a noi, ma fe’ sembiante
    D’uomo, cui altra cura stringa e morda, 102
    Che quella di colui, che gli è davante:
    E noi movemmo i piedi in ver la terra
    Sicuri appresso le parole sante. 105
    Dentro v’entrammo senz’alcuna guerra:
    Ed io, ch’avea di riguardar disio
    La condizion, che tal fortezza serra, 108
    Come fui dentro, io l’occhio intorno invio,
    E veggio ad ogni man grande campagna
    Piena di duolo, e di tormento rio. 111
    Sì come ad Arli, ove Rodano stagna,
    Sì come a Pola presso del Carnaro,
    Ch’Italia chiude, e i suoi termini bagna, 114
    Fanno i sepolcri tutto il lito varo;
    Così facevan quivi d’ogni parte,
    Salvo ch’il modo v’era più amaro; 117
    Che tra gli avelli fiamme erano sparte,
    Per le quali eran sì del tutto accesi,
    Che ferro più non chiede verun’arte. 120
    Tutti li lor coperchi eran sospesi,
    E fuor n’uscivan sì duri lamenti,
    Che ben parean di miseri e d’offesi. 123
    Ed io: Maestro, chi son quelle genti,
    Che seppellite dentro da quell’arche
    Si fan sentir coi sospiri dolenti? 126
    Ed egli a me: Qui son gli eresiarche
    Co’ lor seguaci d’ogni setta, e molto
    Più, che non credi, son le tombe carche. 129
    Simile qui con simile è sepolto:
    E i monimenti son più, e men caldi.
    E poi ch’alla man destra si fu volto, 132
    Passammo tra i martiri, e gli alti spaldi.


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    Mensaje por Maria Lua Lun 07 Dic 2020, 09:35

    CANTO NOVENO


    PUERTAS DE DÍTE
    ANGUSTIA, LAS TRES FÜEIAS, EL MENSAJERO CELESTE
    CIRCULO SEXTO: HEREJÍA
    LA REGIÓN DE LOS HERESIARCAS Y SUS SECUACES


    Virgilio narr a a Dante su anterior bajada a los infiernos, y le explica
    los cuatro grados más que hay que descender. Aparición de las furias en lo alto de la torre de Díte, que llaman a Medusa. Virgilio
    tapa los ojos del Dante para preservarlo de la vista maléfica de la
    Gorgona. Aparición de un ángel que interviene en favor de los poetas y abre con un golpe de su vara las puertas cerradas de Dite. Bajada de los poetas al sexto circulo. Los incrédulos y los heresiarcas. Tumbas ardientes con las tapa s levantadas, donde yacen los
    sectarios del error.


    Mi palidez que el miedo reflejaba,
    al ver que mi maestro se volvía,
    contuvo la expresión, que le turbaba. 8
    Como quien oye y mira, así tendía
    su mirada, no larga en el alcance,
    en niebla espesa y en la noche umbría. 0
    «Pues vencer es forzoso en este lance...
    a menos que...» prorrumpe; «está ofrecido...
    ¡mucho tarda el auxilio en este trance!» 9
    Bien comprendí que estaba confundido,
    pues sus vagas palabras encerraban,
    doble contradicción en su s ntido;
    pero, ellas, por lo mismo, me alarmaban,
    y yo les di un sentido temeroso,
    peor tal vez, que el peligro que ocultaban.
    «¿Al fondo de este abismo misterioso,
    alguno descendió del primer grado,
    sin otra pena que esperar dudoso?
    «¿Y quiénes?» El maestro interrogado,
    respondió: «Pocas veces, como ahora,
    hemos este camino transitado.
    «Verdad, que alguna vez, y en otra hora,
    bajé al conjuro de la Ericto ^cruda,
    de sombras a sus cuerpos llamadora.
    «Mi alma estaba de carne ya desnuda,
    cuando ella me hizo traspasar el muro,
    buscando un alma en la mansión de Juda.
    «Es el cerco más bajo y más oscuro,
    el más lejano de loa altos cielos;
    mas conozco el camino: está seguro.
    «Este pantano, con inmundos velos,
    envuelve en torno la mansión doliente,
    donde no se penetra sin desvelos.»
    Si algo más dijo, no lo tengo en mente,
    pues de mis ojos la atención llamaban,
    los resplandores de la torre ardiente;
    y tres Furias, que súbito se alzaban,
    tintas en sangre; formas espantosas
    de miembros femeniles semejaban:
    ceñido el vientre de hidras, muy verdosas,
    y en las sienes, cual sueltas cabell ras,
    eerastos y serpientes venenosas.
    Y él, que reconoció las mensajeras,
    de la que es reina del eterno llanto,
    díjome: «¡ Guarda! |¡Las Brinis fieras!
    «Esa es Megera, de siniestro canto;
    Alecto es la otra, que a la diestra Hora;
    y en medio, Tisifone». Calla en tanto.
    Laceraban con uña1
     torcedora,
    sus pechos, y con furia tal gritando,
    que me acogí a mi sombra protectora.
    «i Venga Medusa!» grítannos, mirando :
    «¡ Será de dura piedra frío bulto,
    de Teseo el asalto vindicando!»
    «Vuelve a la diestra, con el rostro oculto;
    porque si viene, y ves a la Gorgona,
    de este lugar no subirás exulto.»
    Así mi guía habló, y mi persona,
    hace girar, me coge de la mano,
    y mis ojos cerrados precauciona.
    ¡ Oh, los que sois de entendimiento sano,
    comprended la doctrina que se encierra
    de mi velado verso en el arcano!
    Sordo rumor, que el corazón aterra,
    las ondas turbias puso en movimiento,
    y estremecióse con fragor la tierra:
    no de otro modo el encontrado viento,
    que del verano mueven los ardores,
    sacude el bosque en soplo turbulento
    los gajos troncha, lleno de furores,
    y en polvareda los arrastra envueltos,
    haciendo huir a fieras y pastores.
    Dejóme entonces ambos ojos sueltos,
    mi guía, y dijo: «ve la espuma antigua,
    en esos humos densos y revueltos.»
    Como las ranas, cuando ven contigua,
    a la serpiente que se avanza astuta,
    en fango ocultan su cabeza exigua,
    así también, toda la turba hirsuta
    huyó delante de uno que avanzaba,
    marchando por la Estigia a planta enjuta.
    Del rostro, el aire espeso se apartaba,
    con la siniestra mano hacia adelante,
    y al parecer, sólo esto le cansaba.
    Comprendí que del cielo era anunciante,
    y el maestro, al mirarle, me hizo seña
    de quedo estar, y me incliné tremante.
    En torno suyo todo lo desdeña:
    llega a la puerta, y con varilla leve,
    la abre al instante, y del umbral se adueña.
    «¡ Desterrados del cielo! ¡ raza aleve!»
    así exclamó, sobre el umbral terrible,
    «¿.Qué loco intento esta arrogancia mueve?
    «La voluntad de Dios es invencible:
    ¿Por qué ponéis, vuestro destino a prueba,
    ante el que mide hasta la pena horrible?
    «¿Quién contra su alto fallo se subleva?
    Recordad, que pelado todavía
    cuello y hocico el Cancerbero lleva.»
    Y retornóse por la inmunda vía,
    sin fijarse en nosotros, con semblante
    que un cuidado más íntimo mordía
    que el presente que estaba por d?lante.
    Nos dirigimos a la ignota tierra,
    fiados en su palabra dominante,
    adonde entramos sin señal de guerra;
    y yo, anhelando conocer el centro,
    y lo que aquella fortaleza encierra,
    al encontrarme de sus puertas dentro,
    giro los ojos, y una gran campaña,
    llena de duelo y de tormento encuentro.
    Como en Arles, do el Ródano se encaña,
    y en Pola de Quarnaro, se relevan,
    en el confín que a Italia cierra y baña,
    viejos sepulcros, que el terreno elevan,
    tal en ella sepulcros se elevaban;
    pero de más crueldad señales llevan.
    Las llamas, de uno a otro serpenteaban,
    y en fuegos más intensos abrasados,
    que los que el hierro funden, se inflamaban.
    Los sepulcros estaban destapados,
    y del fondo salían, clamorosos,
    los lamentos de tristes torturados.
    Pregunté: «¿Quiénes son los dolorosos,
    que sepultados en ardientes arcas,
    hacen oir gemidos tan penosos?»
    Y me dijo: «ahí están los heresiarcas,
    y turba de secuaces blasfemante,
    y que son más de los que en mente abarcas.
    «Ahí están, semejante y semejante;
    sus tumbas más o menos sen ardientes.»
    Y girando a la; diestra, fué adelante
    entre muros y tristes penitentes. 


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 19 Dic 2020, 10:29

    CANTO X.


    ARGOMENTO


    Procedono per entro la città infernale. Da una dell’arche infuoca -
    te sorge l’ombra di Farinata degli Uberti e con superbo contegno
    favella con Dante. Calvalcante Cavalcanti affacciatosi anch’esso
    gli chiede nuova del suo figlio Guido, e credendolo morto ricade
    nell’arca. Farinata ripiglia l’interrotto discorso, predice al poeta
    l’esilio, e lo ammaestra intorno la scienza profetica de’ dannati.


    Ora sen va per uno stretto calle
    Tra il muro della terra, e li martiri
    Lo mio Maestro; e io dopo le spalle. 3
    O virtù somma, che per gli empi giri
    Mi volvi, cominciai, com’a te piace,
    Parlami e sodisfammi a’ miei desiri: 6
    La gente, che per li sepolcri giace,
    Potrebbesi veder? già son levati
    Tutti i coperchi, e nessun guardia face. 9
    E egli a me: Tutti saran serrati,
    Quando di Josaphat qui torneranno
    Coi corpi che lassù hanno lasciati. 12
    Suo cimitero da questa parte hanno
    Con Epicuro tutti suoi seguaci,
    Che l’anima col corpo morta fanno. 15
    Però alla dimanda, che mi faci,
    Quinci entro soddisfatto sarai tosto,
    E al disio ancor, che tu mi taci. 18
    E io: Buon duca, non tegno riposto
    A te mio cor, se non per dicer poco;
    E tu m’hai non pur ora a ciò disposto. 21
    O Tosco, che per la città del foco
    Vivo ten vai così parlando onesto,
    Piacciati di ristare in questo loco. 24
    La tua loquela ti fa manifesto
    Di quella nobil patria natio,
    Alla qual forse fui troppo molesto. 27
    Subitamente questo suono uscio
    D’una dell’arche: però m’accostai,
    Temendo, un poco più al duca mio. 30
    Ed ei mi disse: Volgiti, che fai?
    Vedi là Farinata, che s’è dritto:
    Dalla cintola in su tutto il vedrai. 33
    Io avea già il mio viso nel suo fitto:
    Ed ei s’ergea col petto, e con la fronte:
    Come avesse lo inferno a gran dispitto: 36
    E le animose man del duca, e pronte
    Mi pinser tra le sepolture a lui,
    Dicendo: Le parole tue sien conte. 39
    Tosto che al piè della sua tomba fui,
    Guardommi un poco, e poi quasi sdegnoso
    Mi dimandò: Chi furo i maggior tui? 42
    Io, ch’era d’ubbidir desideroso,
    Non gliel celai, ma tutto mi gli apersi;
    Ond’ei levò le ciglia un poco in soso. 45
    Poi disse: Fieramente furo avversi
    A me, e a’ miei primi, e a mia parte;
    Sì che per duo fiate li dispersi. 48
    S’ei fur cacciati, ei tornar d’ogni parte,
    Risposi io lui, l’una, e l’altra fiata;
    Ma i vostri non appreser ben quell’arte. 51
    Allor surse alla vista scoperchiata
    Un’ombra lungo questa infino al mento:
    Credo, che s’era inginocchion levata. 54
    D’intorno mi guardò come talento
    Avesse di veder s’altri era meco;
    Ma poi che il sospiccar fu tutto spento, 57
    Piangendo disse: Se per questo cieco
    Carcere vai per altezza d’ingegno,
    Mio figlio ov’è? e perchè non è teco? 60
    Onde io risposi a lui: Da me non vegno:
    Colui, ch’attende là, per qui mi mena,
    Forse cui Guido vostro ebbe a disdegno. 63
    Le sue parole, e il modo della pena
    M’avevan di costui già letto il nome;
    Però fu la risposta così piena. 66
    Di subito drizzato gridò: Come?
    Dicesti egli ebbe? non viv’egli ancora?
    Non fiere gli occhi suoi lo dolce lome? 69
    Quando s’accorse d’alcuna dimora
    Ch’io facea dinanzi alla risposta,
    Supin ricadde, e più non parve fuora. 72
    Ma quell’altro magnanimo, a cui posta
    Ristato m’era, non mutò aspetto,
    Nè mosse collo, nè piegò sua costa: 75
    E se, continuando al primo detto,
    Egli han quell’arte, disse, male appresa,
    Ciò mi tormenta più che questo letto. 78
    Ma non cinquanta volte fia raccesa
    La faccia della donna, che qui regge,
    Che tu saprai quanto quell’arte pesa: 81
    E se tu mai nel dolce mondo regge,
    Dimmi, perchè quel popolo è sì empio
    Incontro a’ miei in ciascuna sua legge? 84
    Ond’io a lui: Lo strazio e il grande scempio,
    Che fece l’Arbia colorata in rosso,
    Tale orazion fa far nel nostro tempio. 87
    Poi ch’ebbe sospirato e il capo scosso:
    A ciò non fui io sol, disse, nè certo
    Senza cagion sarei con gli altri mosso; 90
    Ma fui io sol colà, dove sofferto
    Fu per ciascun di torre via Fiorenza,
    Colui, che la difesi a viso aperto. 93
    Deh, se riposi mai vostra semenza,
    Pregai io lui, solvetemi quel nodo,
    Che qui ha inviluppata mia sentenza. 96
    E’ par, che voi veggiate, se ben odo,
    Dinanzi quel, che il tempo seco adduce,
    E nel presente tenete altro modo. 99
    Noi veggiam, come quei, che ha mala luce,
    Le cose, disse, che ne son lontano;
    Che tanto ancor ne splende il sommo Duce: 102
    Quando s’appressano, o son, tutto è vano
    Nostro intelletto; e s’altri non ci apporta,
    Nulla sapem di vostro stato umano. 105
    Però comprender puoi, che tutta morta
    Fia nostra conoscenza da quel punto,
    Che del futuro fia chiusa la porta. 108
    Allor, come di mia colpa compunto,
    Dissi: Or direte dunque a quel caduto,
    Che il suo nato è tra vivi ancor congiunto. 111
    E s’io fui dianzi alla risposta muto,
    Fat’ei saper che il fei, perchè pensava
    Già nell’error, che m’avete soluto. 114
    E già il Maestro mio mi richiamava:
    Per ch’io pregai lo spirito più avaccio,
    Che mi dicesse chi con lui si stava. 117
    Dissemi: Qui con più di mille giaccio:
    Qua entro è lo secondo Federico,
    E il Cardinale; e degli altri mi taccio. 120
    Indi s’ascose; e io inver l’antico
    Poeta volsi i passi, ripensando
    A quel parlar, che mi parea nemico. 123
    Egli si mosse; e poi così andando,
    Mi disse: Perchè sei tu sì smarrito?
    E io li soddisfeci al suo dimando. 126
    La mente tua conservi quel che udito
    Hai contra te, mi comandò quel saggio,
    E ora attendi qui: e drizzò il dito. 129
    Quando sarai dinanzi al dolce raggio
    Di quella, il cui bell’occhio tutto vede,
    Da lei saprai di tua vita il viaggio. 132
    Appresso mosse a man sinistra il piede:
    Lasciammo il muro, e gimmo inver lo mezzo
    Per un sentier, che ad una valle fiede, 135
    Che in fin lassù facea spiacer suo lezzo.


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    Mensaje por Maria Lua Jue 31 Dic 2020, 10:18

    CANTO DÉCIMO


    CIRCULO SEXTO: HEREJÍA
    FARINATA, CAVALCANTE CAVALCAXTI, FEDERICO II,
    EL CARDENAL
    Siguen los dos poetas su camino entre los muros y los sepulcros. Dante
    manifiesta el deseo de hablar con uno de los sepultados allí. Una
    sombra que se alza de uno de los sepulcros ardientes le llama. La
    aparición de Farinata degli überti. Mientras habla Farinata con
    Dante, aparece la sombra de Cavalcante Cavalcantl, que pregunta
    por su hijo, amigo de Dante. Vuelve a hundirse en el sepulcro
    pensando que su hijo hubiese muerto. Sigue el dialogo entre Dante y Farinata, en que éste predice oscuramente su prCximo destierro
    al primero.


    Ora el maestro, sigue estrecha calle,
    y yo sigo a su, espalda con retraso,
    entre el muro y los mártires del valle.
    «Suma virtud», prorrumpo, «que mi paso
    guías en cerco impío, cual te place,
    responde a mi, deseo en este caso.
    «¡Puede verse la gente que aquí yace?
    cada tapa se encuentra levantada,
    y nadie guardia a los sepulcros hace.»
    Y él: «Cada tumba quedará cerrada,
    cuando del Jcsafat el cuerpo yerto,
    vuelva a buscar el alma abandonada.
    «Yacen aquí los que creyeron cierto,
    con Bpícuro y todos sus secuaces,
    que el alma muere con el cuerpo muerto.
    «En cuanto a la pregunta que tú me haces,
    y aun a la que me callas, prontamente,
    satisfarán las tumbas, cuando pases.»
    Y yo: «Te abro mi pecho plenamente:
    si acasoí soy conciso en mi discurso,
    en esto sigo tu lección prudente.»
    «i Oh Toscano, que sigues vivo el curso,
    de esta mansión de fuego, tan discreto,
    deten en este sitio tu trascurso!
    «Tu locuela me dice tu secreto:
    has nacido en la tierra bien querida,
    de que tal vez de males hice objeto.»
    De súbito,, de un arca encandecida,
    salió esta voz, y yo, tímidamente,
    junto a mi guía procuré guarida.
    El me dijo: «Retorna diligente;
    contempla a Farinata levantado:
    entero está mostrando cinto y frente.»
    Yo, mi rostro tenía en él fijado:
    él erguía su pecho y su cabeza,
    como en desprecio del infierno airado.
    El maestro, me impele con presteza
    hacia la tumba, y dice cauteloso:
    «¡ en tus palabras pon gran sutileza!» 
    Al llegar a su tumba, presuroso,
    demandó: «¿quiénes fueron tus abuelos!»
    mirándome con gesto desdeñoso.
    Yo, que de obedecer tenía anhelos,
    no le oculté lo que saber deseaba,
    y él contrajo las cejas con recelos.
    Luego me dijo: «Cuando yo bregaba,
    £u:ron tus padres fieros adversarios:
    tu familia por mí fué desterrada.»
    «Si fueron exilados 'por contrarios»,
    le respondí, «volvieron del destierro:
    este arte no aprendieron tus sectarios.»
    Surgió del borde de aquel duro encierro,
    otra sombra mostrando la cabeza,
    y estaba arrodillada si no, yerro,
    cual si esperase ver, de duda presa,
    algún otro mortal; y defraudado
    viendo su anhelo, dijo con tristeza:
    «Tú que cruzas el mundo condenado,
    a que por alto ingenio has descendido,
    I por qué no te acompaña mi hijo amado?»
    Y yo a él: «No solo aquí he venido:
    ese que ves allí, mis pasos guía,
    a quien tal vez menospreciaba Guido.»
    Su palabra, el dolor que le afligía,
    revelaban el nombre del que hablaba,
    por eso respondí con tal certía.
    De súbito clamó: «¿Menospreciaba,
    dijiste? Mi hijo no disfruta ahora
    la dulce lnz que el ojo le alumbraba?»
    Notando a su pregunta mi demora,
    se desplomó en su fosa, lastimero,
    y más no vi su faz conmovedora.
    Pero el otro magnánimo, el primero,
    que me llamara, sin mudar semblante,
    ni doblar, la cerviz, alzóse fiero,
    y continuó: «Si un arte semejante,
    no aprendieron los míos en, su vida,
    más me duele que el lecho atormentante.
    «Cuando cincuenta veces, encendida
    gire su luz la reina de este imperio,
    de tu arte la virtud verás fallida.
    «Y tú al salir del mundo del misterio,
    di | por qué el pueblo en leyes sin templanza
    contra los míos decretó el dicterio?»
    Y yo: «Por el ejemplo y la matanza,
    que enrojeció del Arbia la corriente,
    se reza en nuestro templo la venganza.»
    Sacudió la cabeza, tristemente:
    y dijo: «Solo, allí no estuve, y cierto,
    no sin. razón me puse frente a frente.
    «Empero, solo estuve en el acierto,
    cuando quisieron arrasar Florencia,
    y solo yo me opuse a rostro abierto.»
    «¡Pueda gozar de tu paz tu descendencia!»
    le dije, «mas desata prevenido
    el nudo que reata mi conciencia.
    «Paréceme, si acaso bien te he oído,
    que tu vista los tiempos ultrapasa,
    aunque el presente se halle oscurecido.»
    «Miramos, como el que es de vista escasa,»
    dijo, «mas solamente lo lejano,
    que aun esta luz del cielo nos abrasa.
    «Lo que existe o apremia de cercano,
    nuestro intelecto a penetrar no acierta,
    para saber de vuestra estado humano.
    «Y bien comprendes, yacería muerta
    nuestra conciencia, desde el mismo instante
    que nos cerrara el porvenir su puerta.»
    Entonces, de mi culpa contristante,
    repuse ¡ «Le dirás a ese caído
    que su hijo de la luz es habitante;
    «Y que si mi respuesta he contenido,
    fué, porque mi cabeza preocupaba
    la duda que tú me has esclarecido.»
    Mas viendo que el maestro me llamaba,
    le demandé,—razones abreviando-—
    decirme quien allí le acompañaba.
    «Más de mil», dijo, «están aquí penando:
    con Federico, al cardenal contiguo,
    y otros que ni nombrar quiero, callando.»
    Y se acostó en su tumba, y al antiguo
    poeta, me dirijo, meditando
    sus predicciones de sentido ambiguo.
    Al seguir por la vía, caminando,
    preguntóme: «¿ Por qué vas desmarrido f»
    Respondo, mi presagio relatando.
    «Guarda en tu mente lo que aquí has oído,
    en tu contra,» me ordena aquel prudente.
    «Ora '"atiende,» agregó con dedo erguido.
    «Cuando el ojo te alumbre, dulcemente,
    de LA que ve en el viaje de tu vida,
    tú sabrás tu destino ciertamente.»
    A la izquierda del muro, de seguida,
    tomamos, por sendero que llevaba
    a hondo valle de atmósfera podrida,
    cuya hediondez del fondo reventaba. 


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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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