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Fernando Pessoa: Libro del desasosiego

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 16 Ago 2021, 03:12

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315

eternamente a la luz del sol que no hay, y de la luna que no puede haber.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 17 Ago 2021, 02:41

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316

El lema que hoy más requiero para definición de mi espíritu es el de creador de indiferencias. Más que otra, querría que mi actuación por la vida fuese la de educar a los demás para que sientan cada vez más para sí mismos, y cada vez menos según la ley /dinámica/ de la colectividad…

Educar en esa antisepsia espiritual, gracias a la cual no puede haber contagio de vulgaridad, me parece el más constelado destino del pedagogo /íntimo/ que yo querría ser. Que cuantos me leyesen aprendiesen — poco a poco sin embargo, como requiere el asunto — a no experimentar sensación alguna ante las miradas ajenas y las opiniones de los demás, y ese destino enguirnaldaría de sobra el estancamiento escolástico de mi vida.

La imposibilidad de hacer ha sido siempre en mí una enfermedad de etiología metafísica. Hacer un gesto ha sido siempre, para mi sentimiento de las cosas, una perturbación, un desdoblamiento, en el universo exterior; moverme me ha dado siempre la impresión de que no dejaría intactas las estrellas ni los cielos sin cambio. Por eso, la importancia metafísica del más pequeño gesto adquirió pronto un relieve atónito dentro de mí. He adquirido ante el hacer un escrúpulo de honestidad trascendental que me inhibe, desde que lo he fijado en mi conciencia, de tener relaciones muy acentuadas con el mundo palpable.

¿1915?


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 18 Ago 2021, 03:01

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317

La vida práctica siempre me ha parecido el menos cómodo de los suicidios. Hacer ha sido siempre para mí la condenación violenta del sueño injustamente condenado. Tener influencia en el mundo exterior, alterar cosas, transponer entes, influir en la gente —todo esto me ha parecido siempre de una substancia más nebulosa que la de los devaneos. La futilidad inmanente de todas las formas de la acción ha sido, desde mi infancia, una de las medidas más queridas de mi desapego hasta de mí.

Hacer es reaccionar contra uno mismo. Influenciar es salir de casa.

Siempre que he meditado en lo absurdo que era que, donde la realidad substancial es una serie de sensaciones, hubiese cosas tan complicadamente sencillas como comercios, industrias, relaciones sociales y familiares, tan desoladoramente incomprensibles ante la actitud interior del alma para con la idea de la verdad...


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 19 Ago 2021, 07:07

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318

De mi abstención de colaborar en la existencia del mundo exterior resulta, entre otras cosas, un fenómeno psíquico curioso.

Al abstenerme interiormente de la acción desinteresándome de las cosas, consigo ver al mundo exterior, cuando reparo en él. Con una objetividad perfecta. Como nada interesa o conduce a tener razón para alterarlo, no lo altero.

Y así consigo (…)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 20 Ago 2021, 02:25

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319

Todo esfuerzo es un crimen porque todo gesto es un sueño inerte.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 21 Ago 2021, 03:02

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320

ESTÉTICA DE LA INDIFERENCIA

Ante cada cosa, lo que el soñador debe procurar sentir es la clara indiferencia que ella, en cuanto cosa, le causa.

Sabe, como un inmediato instinto, abstraer de cada objeto o acontecimiento lo que puede tener de sonable, dejando muerto en el Mundo Exterior todo cuanto tiene de real —he ahí lo que el sabio debe tratar de realizar en sí mismo.

No sentir nunca sinceramente sus propios sentimientos, y elevar su pálido triunfo al punto de mirar indiferentemente a sus propias ambiciones, ansias y deseos; pasar por sus alegrías y angustias como quien pasa por lo que no le interesa…

El mayor dominio de sí mismo es la indiferencia por sí mismo, estándose, alma y cuerpo, por la casa y la quinta donde el destino quiso que pasásemos nuestra vida.

Tratar sus propios sueños e íntimos deseos altivamente, en grand seigneur, (...), poniendo una íntima delicadeza en no reparar en ellos. Tener el pudor de sí mismo; percibir que en nuestra presencia no estamos solos, que somos testigos de nosotros mismos, y que por eso importa comportarse ante nosotros mismos como ante un extraño, con una estudiada y serena línea exterior, indiferente por hidalga, y fría por indiferente.

Para que no descendamos ante nuestros ojos basta con que nos acostumbremos a no tener ambiciones ni pasiones, ni deseos, ni esperanzas, ni impulsos, ni desasosiego. Para conseguir esto, acordémonos siempre de que estamos en nuestra presencia, que nunca estamos solos, para que podamos estar a nuestras anchas. Y así dominaremos el tener pasiones y ambiciones porque pasiones y ambiciones son desescudarnos; no tendremos deseos ni esperanzas porque deseos y esperanzas son gestos bajos e inelegantes; ni tendremos impulsos y desasosiegos porque la precipitación es una indelicadeza para con los ojos de los demás, y la impaciencia es siempre una grosería.

El aristócrata es aquel que nunca olvida que jamás está solo; por eso los usos y los protocolos son /atributo/ de las aristocracias. Interioricemos al aristócrata. Arranquémoslo a los salones y /a los jardines/ y pasémoslo a nuestra alma y a nuestra conciencia de que existimos. Estemos siempre ante nosotros con protocolos y usos, con gestos estudiados y para-(los)-otros.

Cada uno de nosotros es todo un barrio, [...], conviene que al menos tornemos elegante y distinguida la vida de ese barrio, que en las fiestas de nuestras sensaciones haya refinamiento y recato, y [...] sobria la cortesía en los banquetes de nuestros pensamientos. En torno a nosotros, podrán las otras almas erigir sus barrios sucios y pobres; marquemos claramente dónde acaba y comienza el nuestro, y que desde la fachada de las casas hasta las alcobas de nuestras timideces, todo sea hidalgo y sereno, construido con una /sobriedad/ o sordina de exhibición. Saber encontrar a cada sensación el modo sereno de realizarse. Hacer al amor reducirse apenas a una sombra de ser sueño de amor, pálido y trémulo intervalo entre las crestas de dos pequeñas olas en las que da el claro de luna. Convertir al deseo en una cosa inútil e inofensiva, en una especie de sonrisa delicada del alma a solas consigo misma; hacer de ella una cosa que nunca piense en realizarse ni en decirse. Al odio, adormecerlo como a una serpiente prisionera, y decir al miedo que de sus gestos sólo guarde la agonía en la mirada, y en la mirada de nuestra alma, única actitud compatible con el ser estética.


(Continuación)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 22 Ago 2021, 02:13

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321

Si existiese en el arte el oficio de perfeccionador, yo tendría en la vida (de mi arte) una función…

Tomar la obra hecha por otro, y trabajar sólo en perfeccionarla. Así, tal vez, fue hecha la Ilíada…

¡Sólo el no hacer el esfuerzo de la creación primitiva!

¡Cómo envidio a los que escriben novelas, que las empiezan y las hacen, y las terminan! Sé imaginarlos, capítulo a capítulo, a veces con las frases del diálogo y las que están entre el diálogo, pero no sabría decir en el papel esos sueños de escribir […]


(Continuar)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 23 Ago 2021, 02:43

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322

Hubo un tiempo en que me irritaban las cosas que hoy me hacen sonreír. Y una de ellas, que casi todos los días me recuerdan, es la insistencia con que los hombres cotidianos y activos en la vida se sonríen de los poetas y de los artistas. No siempre lo hacen, como creen los pensadores de los periódicos, con un aire de superioridad. Muchas veces lo hacen con cariño. Pero es siempre como quien acaricia a un niño, alguien ajeno a la certeza y a la exactitud de la vida.

Esto me irritaba antes, porque suponía, como los ingenuos, y yo era ingenuo, que esa sonrisa dedicada a las preocupaciones de soñar y decir era un efluvio de una sensación íntima de superioridad. Es solamente un estallido de diferencia. Y, si antes consideraba yo esa sonrisa como un insulto, porque implicase una superioridad, hoy la considero como una duda inconsciente; como los hombres adultos reconocen muchas veces en los niños una agudeza de espíritu superior a la suya, así nos reconocen, a nosotros que soñamos y lo decimos, un algo diferente del que desconfían como extraño. Quiero creer que, muchas veces, los más inteligentes de entre ellos entrevén nuestra superioridad; y entonces sonríen superiormente para ocultar que la entrevén.

Pero esa superioridad nuestra no consiste en aquello que tantos soñadores han considerado como la superioridad propia. El soñador no es superior al hombre activo porque el sueño sea superior a la realidad. La superioridad del soñador consiste en que soñar es mucho más práctico que vivir, y en que el soñador extrae de la vida un placer mucho más vasto y mucho más variado que el hombre de acción. En mejores y más directas palabras, el soñador es quien es el hombre de acción.

Siendo la vida esencialmente un estado mental, y todo cuanto hacemos o pensamos, válido para nosotros en la proporción en que lo pensamos válido, depende de nosotros la valorización. El soñador es un emisor de billetes, y los billetes que emite circulan por la ciudad de su espíritu del mismo modo que los de la realidad. ¿Qué me importa que el papel moneda de mi alma no sea nunca convertible en oro, si no hay oro nunca en la alquimia facticia de la vida? Después de todos nosotros viene el diluvio, pero es sólo después de todos nosotros. Mejores, y más felices, los que, reconociendo la ficción de todo, hacen la novela antes que les sea hecha, y, como Maquiavelo, visten los trajes de la corte para escribir bien en secreto.

15-5-1930.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 24 Ago 2021, 04:51

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323

El placer de elogiarnos a nosotros mismos…


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 25 Ago 2021, 03:41

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324

INT[ERVALO] DOL[OROSO]

Ni en el orgullo encuentro consolación. De qué enorgullecerme si no soy el creador de mí mismo. Y aunque haya en mí de qué envanecerme, cuánto para no envanecerme.

Yazgo mi vida. Y no sé hacer con el sueño el gesto de levantarme, tan hasta el alma estoy desnudo de saber hacer un esfuerzo.

Los hacedores de sistemas metafísicos, los (...) de explicaciones psicológicas son todavía peores en el sufrimiento. Sistematizar, explicar, ¿qué es sino (...) y construir? Y todo esto —componer, disponer, organizar— qué es sino esfuerzo realizado —¡y cuan desoladoramente es eso vida!

Pesimista, yo no lo soy. Dichosos los que consiguen traducir a lo universal su sufrimiento. Yo no sé si el mundo es triste o malo ni eso me importa, porque lo que los demás sufren me resulta aburrido e indiferente. Una vez que no lloren o giman, lo que me irrita y molesta, ni un encoger de hombros tengo —tan hondo me pesa mi desdén por ellos— para su sufrimiento.

Pero soy quien cree que la vida es medio luz medio sombras. Y no soy pesimista. No me quejo del horror de la vida. Me quejo del horror de la mía. El único hecho importante para mí es el hecho de que yo existo y de que yo sufro y de no poder siquiera soñarme del todo por fuera de mi sentir sufriendo.

Soñadores felices son los pesimistas. Forman el mundo a su imagen y, así, siempre consiguen estar en casa. A mí, lo que me duele más es la diferencia entre el ruido y la alegría del mundo y mi tristeza y mi silencio aburrido.

La vida, con todos sus dolores y recelos y vaivenes, debe ser buena y alegre, como para un viaje en diligencia para quien va acompañado (y lo puede ver).

Ni, por lo menos, puedo sentir mi sufrimiento como una señal de Grandeza. No sé lo que es. Pero sufro por cosas tan despreciables, me hieren cosas tan triviales, que no oso insultar con esa hipótesis a la hipótesis de que yo pueda tener genio.

La gloria de un poniente bello, con su belleza me entristece. Ante ellos, yo digo siempre; ¡qué contento debe sentirse quien es feliz al ver esto!

Y este libro es un gemido. Una vez escrito él, el Só ya no es el libro más triste que hay en Portugal.

Al lado de mi dolor, todos los demás dolores me parecen falsos o mínimos. Son dolores de gente feliz y dolores de gente que vive y se queja. Los míos son los de quien se encuentra un encarcelado en la vida, aparte…

Entre mí y la vida…

De manera que veo todo lo que angustia. Y todo lo que alegra no lo siento. Y me he dado cuenta de que el mal más se ve que se siente, la alegría más se siente que se ve. Porque no pensando, no viendo, cierto contentamiento se adquiere, como el de los místicos y el de los bohemios y el de los /canallas/. Pero todo, al final, entra [en] casa por la ventana de la observación y por la puerta del pensamiento.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 26 Ago 2021, 03:27

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325

SEN[TIMIEN]TO APOCALÍPTICO

Pensando que cada paso en mi vida era el contacto con el horror de lo Nuevo, y que cada nueva persona que yo conocía era un nuevo fragmento vivo de lo desconocido que yo ponía encima de mi mesa para una cotidiana meditación horrorizada, decidí abstenerme de todo, no avanzar hacia nada, reducir la acción al mínimo, hurtarme lo más posible a que yo fuese encontrado ya por los hombres, ya por los acontecimientos, refinar la abstinencia y bizantinizar la abdicación. Tanto(el) vivir me horroriza y me tortura.

Decidirme, terminar algo, salir de lo dudoso y de lo oscuro, son cosas [que] se me figuran catástrofes, cataclismos universales.

Siento a la vida en apocalipsis y cataclismo. Cada día, aumenta en mí la incompetencia para siquiera esbozar gestos para concebirme siquiera en situaciones claras de realidad.

La presencia de los otros —tan inesperado de alma en todo momento— cada día me resulta más dolorosa y angustiadora. Hablar de los demás me recorre de escalofríos. Si muestran interés por mí, huyo. Si me miran, me estremezco. Si (…)

Estoy perpetuamente a la defensiva. Me quejo a la vida y a los demás. No puedo mirar a la realidad frente a frente. El propio sol ya me desanima y me desoía. Sólo de noche, y de noche a solas conmigo, ajeno, olvidado, perdido —sin atadura con la realidad ni parte con la utilidad— me encuentro y me consuelo.

Tengo frío de la vida. Todo es cuevas húmedas y catacumbas sin luz en mi existencia. Soy la gran derrota del último ejército que defendía al último imperio. Me sé al final de una civilización antigua y dominadora. Estoy solo y abandonado, yo que me parece que solía mandar a otros. Estoy sin amigo, sin guía, yo a quien siempre habían guiado otros.

Algo pide en mí compasión eternamente —y llora sobre mí como sobre un dios muerto, sin altares en su culto, cuando la venida candida de los bárbaros moceó en las fronteras y la vida vino a pedir cuentas al imperio de lo que había hecho de su alegría.

Siento siempre recelo de que hablen de mí. He fracasado en todo. Nada he osado siquiera pensar en ser; pensar que lo desearía ni siquiera lo he soñado porque en el propio sueño me he conocido incompatible con la vida, hasta en mi estado visionario de soñador solamente.

Ni un sentimiento levanta mi cabeza de la almohada donde la hundo por no poder con el cuerpo, ni con la idea de que vivo, o siquiera con la idea absoluta de la vida.

No hablo la lengua de las realidades, y entre las cosas de la vida me tambaleo como un enfermo que ha guardado mucha cama y que se levanta por primera vez. Sólo en la cama me siento, en la vida normal. Cuando llega la fiebre, me agrada como cosa natural (...) a mi estar recostado. Como una llama al viento, tiemblo y me aturdo. Sólo en el aire muerto de los cuartos cerrados respiro la normalidad de mi vida.

Ni una añoranza me queda ya de las caracolas a la orilla de los mares. Me he comparado con tenerme a mi alma por convento y no ser yo para mí más que otoño sobre los descampados secos, sin más /vida viva/ que un reflejo vivo como una luz que termina en la obscuridad endovelada [sic] de los estanques, sin más esfuerzo y color que el esplendor violeta —exilio del final del poniente sobre los montes.

En el fondo, ningún otro placer que el análisis del dolor, ni otra voluptuosidad que la del culebrear líquido y doliente de las sensaciones cuando se desmenuzan y se descomponen —leves pasos en la sombra incierta, suaves al oído, y nosotros ni nos volvemos para saber de quién son, vagos cantos lejanos, cuyas palabras no tratamos de captar, pero donde nos arrulla más lo indeciso de lo que dirán y la incertidumbre del lugar de donde vienen; tenues secretos de aguas pálidas, que llenan de lejanías leves los espacios (...) y nocturnos; campanillas de carros lejanos ¿regresando a dónde? y qué alegrías allá dentro que no se oyen aquí, somnolientos en el torpor tibio de la tarde donde el verano se olvida en otoño. Han muerto las flores del jardín y, marchitas, son otras flores —más antiguas, más nobles, más coevas en amarillo muerto del misterio y el silencio y el abandono. Las culebras de agua que afloran en los estanques tienen su razón para los sueños. ¿Croar distante de las ranas? ¡Oh campo muerto en mí! ¡Oh sosiego rústico pasado en sueños! ¡Oh mi vida fútil como un campesino que no trabaja y duerme al borde de los caminos con el aroma de los prados entrándole en el alma como una niebla, en un sonido translúcido y fresco, hondo y lleno de entender en todo que nada ata a nada, nocturno, ignorado, nómada y cansado bajo la compasión fría de las estrellas.

Sigo el curso de mis sueños, haciendo de las imágenes escalones para otras imágenes; desplegando, como un abanico, las metáforas casuales en grandes cuadros de visión interior; desato de mí a la vida, y la desecho como a un traje que aprieta. Me oculto entre los árboles lejos de los caminos. Me pierdo. Y logro, durante unos momentos que corren levemente, olvidar el gusto a vida, dejar […] de luz y de bullicio y acabar conscientemente, absurdamente por las sensaciones, como un imperio en ruinas angustiadas, y una entrada entre pendones y tambores de victoria en una gran ciudad final donde no lloraría nada, ni desearía nada y ni a mí mismo pediría el ser.

Me duelen las superficies de los azules de los estanques que he creado en sueños. Es mía la palidez de la luna que entreveo sobre paisajes de florestas. Es mi cansancio el otoño de los cielos estancados que recuerdo y no he visto nunca. Me pesa toda mi vida muerta, todos mis sueños faltos, todo lo mío no ha sido mío, en el azul de mis cielos interiores, en el vibrar a la vista del correr de mis ríos del alma, en el vasto e inquieto sosiego de los trigos de las planicies que veo y que no veo.

Una jícara de café; un tabaco que se fuma y cuyo aroma nos atraviesa, los ojos casi cerrados en un cuarto en penumbra... no quiero más de la vida que mis sueños y esto... ¿Que si es poco? No lo sé. ¿Sé yo acaso lo que es poco o lo que es mucho?

Cómo me gustaría ser otro allá por la tarde de verano... Abro la ventana. Todo allá fuera es suave, pero me aflige como un dolor inconcreto, como una sensación vaga de descontento.

Y una última cosa me hiere, me rasga, me destroza el alma toda. Es que yo, a esta hora, a esta ventana, ante estas cosas tristes y suaves, debía ser una figura estética, bella, como una figura de un cuadro —y no lo soy, ni esto soy…

La hora, que pase y olvide... La noche, que venga, que crezca, que caiga sobre todo y nunca se levante. Que esta alma sea mi túmulo para siempre, y que (...) si absoluto en tinieblas, y yo nunca piense vivir sintiendo y deseando.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 27 Ago 2021, 02:45

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326

...y un profundo y tedioso desdén por todos cuantos trabajan para la humanidad, por todos cuantos se baten por la patria y dan su vida para que la civilización continúe…

...un desdén lleno de tedio por ellos, que desconocen que la única realidad para cada uno es su propia alma, y el resto —el mundo exterior y los demás— una pesadilla inestética, como un resultado de los sueños de la indigestión del espíritu.

Mi aversión hacia el esfuerzo se excita hasta el horror casi gesticulante ante todas las formas de esfuerzo violento. Y la guerra, el trabajo productivo y enérgico, la ayuda a los demás (...) todo esto no me parece más que el producto de un impudor, (…)

Y, ante la realidad suprema de mi alma, todo lo que es útil y exterior me sabea frívolo y trivial ante la soberana y pura grandeza de mis más vivos y frecuentes sueños. Esos, para mí, son más reales.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 28 Ago 2021, 03:15

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327

Es noble ser tímido, ilustre no saber hacer, grande no tener habilidad para vivir.

Sólo el Tedio, que es un alejamiento, y el Arte, que es un desdén, doran de una semejanza de contentamiento nuestra (…)

Los fuegos fatuos que nuestra podredumbre /genera/ son al menos luz en nuestras tinieblas.

Sólo la desventura elemental y el tedio puro de las desventuras continuas, es heráldica como lo son los descendientes de los héroes lejanos.

Soy un pozo de gestos que ni en mí se han esbozado todos, de palabras que no he pensado poniendo curvas en mis labios, de sueños que me he olvidado de soñar hasta el final.

Soy ruinas de edificios que nunca han sido más que esas ruinas, que alguien se hurtó, en medio del construirlas, de pensar en quién construyó.

No nos olvidemos de odiar a los que gozan porque gozan, de despreciar a los que son alegres, porque no supimos nosotros ser alegres como ellos... Ese sueño falso, ese odio flaco no es sino el pedestal tosco y sucio de la tierra en que se apoya, sobre el cual, altiva y única, la estatua de nuestro Tedio se hiergue, oscuro bulto cuya faz una sonrisa impenetrable nimba vagamente de secreto.

Benditos los que no confían la vida a nadie.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 29 Ago 2021, 02:54

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328

La dulzura de no tener familia ni compañía, ese suave gusto como el del exilio, en que sentimos al orgullo del destierro desdibujarnos en una voluptuosidad inconstante la vaga inquietud de estar lejos —todo esto lo disfruto a mi modo indiferentemente. Porque uno de los detalles característicos de mi actitud espiritual es que la atención no debe ser cultivada exageradamente, e incluso el sueño debe ser mirado altivamente, con una conciencia aristocrática de estar haciéndole existir. Dar demasiada importancia al sueño sería dar demasiada importancia, a fin de cuentas, a una cosa que se ha separado de nosotros, que se ha erigido, conforme ha podido, en realidad, y que, por eso, ha perdido el derecho absoluto a nuestra delicadeza para con ella.

Las figuras imaginarias tienen más relieve y verdad que las reales.

Mi mundo imaginario ha sido siempre el único mundo verdadero para mí. Nunca he tenido amores tan reales, tan llenos de vigor de sangre y de vida como los que he tenido con figuras que yo mismo he creado. ¡Qué pena! Siento añoranzas de ellos, porque, como los demás, pasan…


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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 30 Ago 2021, 03:07

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329

Las frases que nunca escribiré, los paisajes que no podré describir nunca, con qué claridad las dicto cuando, recostado, no pertenezco, sino lejanamente, a la vida. Cincelo frases enteras, perfectas palabra por palabra, contexturas de dramas se me narran construidas en el espíritu, siento el movimiento métrico y verbal de grandes poemas en todas las palabras, y un gran [...] como un esclavo al que no veo, me sigue en la penumbra. Pero si diese un paso, desde la silla donde yazgo entre sensaciones casi realizadas, hacia la mesa donde querría escribirlas, las palabras huyen, los dramas mueren, del nexo vital que unió al murmullo rítmico no queda más que una añoranza lejana, un resto de sol sobre unos montes alejados, un viento que eleva a las hojas al lado del umbral desierto, un parentesco nunca revelado, la orgía de los demás, la mujer que nuestra intuición dice que miraría para atrás, y que nunca llega a existir.

Proyectos, los he tenido todos. La Ilíada que he compuesto tenía una lógica de impulso, una concatenación orgánica de epodos que Hornero no podía conseguir. La perfección estudiada de mis versos por completar en palabras deja pobre a la precisión de Virgilio y débil a la fuerza de Milton. Las sátiras alegóricas que he hecho excedían todas a Swift en la precisión simbólica de los detalles exactamente fijados. ¡Cuántos /Verlaines/ y cuántos Horacios he sido!

Y siempre que me levanto de la silla donde, en verdad, estas cosas no han sido absolutamente soñadas, he tenido [sic] la doble tragedia de saberlas nulas y de saber que no han sido todas sueño, que algo ha quedado de ellas en el umbral abstracto de pensar yo, y ellas ser.

He sido genio más que en los sueños y menos que en la vida. Mi tragedia es ésta. He sido el corredor que se cayó casi en la meta, cuando era, hasta allí, el primero.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 31 Ago 2021, 03:52

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330

Vivir del sueño y para el sueño, deshaciendo el universo y recomponiéndolo (distraídamente) confiere más apego a nuestro momento de soñar. Hacer esto consciente, muy conscientemente, concede la inutilidad y (...) de hacerlo. Ignorar la vida con todo el cuerpo, perderse en la realidad con todos los sentidos, abdicar del amor con toda el alma. Llenar de arena vana los cántaros de nuestra ida a la fuente y verterlos para volver a llenar y verter, futilísimamente.

Tejer guirnaldas para, una vez terminadas, deshacerlas totalmente y minuciosamente.

Coger pinturas y mezclarlas en la paleta sin tela ante nosotros en la que poder pintar. Mandar traer piedra para burilar sin tener buril ni ser escultor. Hacer de todo un absurdo, perfeccionar haciéndolas fútiles todas nuestras estériles horas. Jugar a escondidas con nuestra conciencia de vivir.

Esculpir en silencio nulo todos nuestros sueños de hablar. Estancar en torpor todos nuestros pensamientos en acción.

Oír a las horas decirnos que existimos con una sonrisa encantada e incrédula. Ver al Tiempo pintar el mundo y encontrar al cuadro, no sólo falso, sino hueco.

Pensar en frases que se contradigan, hablando alto con sonidos que no son sonidos y colores que no son colores. Decir y comprenderlo, lo que es además imposible —que tenemos conciencia de no tener conciencia, y que no somos lo que somos. Explicar todo esto mediante un sentido oculto y paradoja que las cosas tengan en su aspecto otro-lado y divino, y no creer demasiado en la explicación para que no tengamos que abandonarla. Y sobre todo esto, como un cielo uno y azul, el horror de vivir paria y enajenadamente.

Pero los paisajes soñados son apenas humos de paisajes conocidos y el tedio de soñarlos también es casi tan grande como el tedio de mirar al mundo.

(Posterior a 1913.)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 01 Sep 2021, 04:15

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331

Por lo demás, yo no sueño, yo no vivo, salvo la vida real. Todas las naves son naves de sueño siempre que esté en nosotros el poder de soñar(las). Lo que mata al soñador es no vivir cuando sueña; lo que hiere al [...] es no soñar cuando vive. Yo /he fundido/ en un color uno de felicidad la belleza del sueño y la realidad de lavida.

Por más que poseamos un sueño, nunca se posee un sueño tanto como se posee el pañuelo que se tiene en el bolsillo, o, si queremos, como se posee nuestra propia carne. Por más que se viva la vida en plena [...] y triunfante acción, nunca desaparecen el (...) del contacto con los demás, el tropezar en obstáculos, aunque mínimos, el sentir transcurrir al tiempo.

Matar al sueño es matarnos. Es mutilar nuestra alma. El sueño es lo que tenemos de realmente nuestro, de impenetrablemente e inexpugnablemente nuestro.

El Universo, la Vida —sea eso real o ilusión— es de todos, todos pueden ver lo que yo veo, y poseer lo que yo poseo —o, por lo menos, puede concebirse viéndolo y pasando y eso es (…)

Pero lo que yo sueño nadie puede verlo sino yo, nadie, de no ser yo, poseerlo. Y si, desde el mundo exterior, mi verlo difiere de como otros lo ven, eso procede de lo que de mi sueño pongo en verlo sin querer, de lo que de mi sueño se pega a mis ojos y a mis oídos.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 02 Sep 2021, 01:44

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332

Mis sueños: como me creo amigos al soñar, ando con ellos. Su imperfección otra, (…)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 03 Sep 2021, 03:05

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333

(a child hand's playing with coton-reels, etc.)

Yo nunca he hecho más que soñar. Ha sido ése, y sólo ése, el sentido de mi vida. Nunca he tenido otra preocupación verdadera que mi escenario. Los mayores dolores de mi vida se me esfuman cuando, abriendo la ventana que da a la calle de mi sueño, puedo olvidarme en la visión de su movimiento.

Nunca he pretendido ser más que un soñador. A quien me ha hablado de vivir nunca le he prestado atención. He pertenecido siempre a lo que no está donde estoy y a lo que nunca he podido ser. Todo lo que no es mío, por bajo que sea, ha tenido siempre poesía para mí. Nunca he amado sino a ninguna cosa. Nunca he deseado sino lo que no podía imaginar. A la vida, nunca le he pedido sino que pasase por mí sin que yo la sintiese. /Del amor apenas he exigido que nunca dejase de ser un sueño lejano./ En mis propios paisajes interiores, irreales todos ellos, ha sido siempre lo lejano lo que me ha atraído, y los acueductos que se esfuman —casi en la distancia de mis paisajes soñados, tenían una dulzura de sueño en relación a las otras partes del paisaje—, una dulzura que hacía que yo pudiese amarlos. Mi /manía/ de crear un mundo falso todavía me acompaña, y sólo cuando muera me abandonará. No alineo hoy en mis gavetas carretes de cuerda y peones de ajedrez —con un alfil o un caballo acaso sobresaliendo— pero me da pena no hacerlo... y alineo en mi imaginación, cómodamente, como quien en el invierno se calienta a la lumbre, figuras que habitan, y son constantes y vivas, mi vida interior. Tengo un mundo de amigos dentro de mí, con vidas propias, reales, definidas e imperfectas.

Algunos pasan dificultades, otros llevan una vida bohemia, pintoresca y humilde. Hay otros que son viajantes de comercio. (Poder soñarme viajante de comercio siempre ha sido una de mis grandes ambiciones —¡desgraciadamente irrealizable!) Otros viven en aldeas y villas, allá hacia las fronteras de un /Portugal/ que hay dentro de mí; vienen a la ciudad, donde por casualidad los encuentro y reconozco, y les abro los brazos emotivamente. Y cuando sueño esto, y me veo encontrándolos, todo yo me alegro, me realizo, me exalto, me brillan los ojos, abro los brazos y siento la felicidad enorme, real.

¡Ah, no hay añoranzas más dolorosas que las de las cosas que nunca han sido!Lo que siento cuando pienso en el pasado que he tenido en el tiempo real, cuando lloro sobre el cadáver de la vida de mi infancia ida..., eso mismo no llega al fervor doloroso y trémulo con que lloro el que no sean reales las figuras humildes de mis sueños, las mismas figuras secundarias que me acuerdo de haber visto una sola vez, por casualidad, al volver una esquina de mis visiones, al pasar por un portón en una calle que he recorrido por ese sueño.

¡La rabia de que la nostalgia no pueda revivir y levantarse nunca es tan lacrimosa contra Dios que ha creado imposibilidades, como cuando medito que mis amigos de sueño, con quienes he compartido tantos pormenores de una vida supuesta, con quien tantas conversaciones iluminadas, en cafés imaginarios, he tenido, no han pertenecido, al final, a ningún espacio en el que pudiesen ser, realmente, con independencia de mi conciencia de ellos!

¡Oh, el pasado muerto que traigo conmigo y jamás ha estado sino en mí! ¡Las huertas, los pomares, el pinar de la quinta que fue sólo en mi sueño! ¡Mis vacaciones supuestas, mis paseos por un campo que nunca ha existido! Los árboles de al borde de la carretera, los atajos, las piedras, los campesinos que pasan… todo esto, que nunca ha pasado de un sueño, está conservado en mi memoria haciendo de dolor, y yo, que he pasado horas soñándolos, paso después horas recordando haberlos soñado y es, en verdad, nostalgia lo que siento, un pasado que lloro, una vida real muerta que miro, /solemne/, en su ataúd.

Existen también los paisajes y las vidas que no han sido completamente interiores. Ciertos cuadros, sin subido relieve artístico, ciertos óleo-grabados que había en paredes con las que he convivido muchas horas —pasan a ser realidad dentro de mí. Aquí, la sensación era otra, más hiriente y /triste/. Me quemaba no poder estar allí, fuesen reales o no. ¡No ser yo, al menos, una figura más, dibujada junto a aquel bosque al claro de luna que había en un grabado pequeño de un cuarto donde dormí de más pequeño! ¡No poder pensar que estaba allí oculto, en el bosque a la orilla del río, por aquel claro de luna eterno (aunque mal dibujado), viendo al hombre que pasa en una barca por debajo de la inclinación del sauce! Entonces, el no poder soñar enteramente me dolía. Las facciones de mi nostalgia eran otras. Los gestos de mi desesperación eran diferentes. La imposibilidad que me torturaba pertenecía a otro orden de angustia. ¡Ah, no tener todo esto un sentido en Dios, realización conforme al espíritu de nuestros deseos, no sé dónde, por un tiempo vertical, consubstanciado con la dirección de mis nostalgias y de mis devaneos! ¡No haber, por lo menos sólo para mí, un paraíso hecho de esto! No poder yo encontrar a los amigos que he soñado, pasear por las calles que he creado, despertar, entre el ruido de los gallos y de las gallinas y el rumorear matutino de la casa, en la quinta en que me supuse... y todo esto más perfectamente organizado por Dios, puesto en ese orden perfecto para existir, en la precisa forma para tenerlo yo, que ni mis propios sueños llegan sino a la falta de[...] conciencia del espacio íntimo que entretienen esas pobres realidades.

Levanto la cabeza de encima del papel en que escribo... Es pronto todavía. Apenas ha pasado el mediodía y es domingo. El mal de la vida, la enfermedad de ser consciente, entra en mi propio cuerpo y me perturba. ¡No haber islas para los incómodos, alamedas vetustas, inencontrables por otros, para los aislados en el soñar! ¡Tener que vivir y, por poco que sea, que hacer cosas; tener que rozarse con el hecho de que haya otra gente, también real, en la vida! Tener que estar aquí escribiendo esto, por serme preciso para el alma el hacerlo, e, /incluso esto/, no poder soñarlo apenas, expresarlo sin palabras, hasta sin conciencia, mediante una construcción de mí mismo en música y desvanecimiento, de modo que me subiesen las lágrimas a los ojos sólo de sentirme expresarme, y yo floreciese, como un río encantado, por lentos declives de mí mismo, cada vez más hacia lo inconsciente y lo Distante, sin sentido ninguno excepto /Dios/.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 05 Sep 2021, 04:11

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334

SEGUNDA PARTE

Lo que de primordial hay en mí es la costumbre y la manera de soñar. Las circunstancias de mi vida, desde niño solo y tranquilo, otras fuerzas tal vez, moldeándome de lejos, por heredamientos oscuros, a su siniestro corte, han hecho de mi espíritu una constante corriente de devaneos. Todo lo que soy reside en esto, e incluso aquello que en mí parece más lejos de poner de relieve al soñador, pertenece sin escrúpulo al alma de quien únicamente sueña, elevada a su más alto grado.

Quiero, para mi propio gusto de analizarme, ir, a medida que esto me acomode, poniendo en palabras los procesos mentales que en mí son uno solo, ése, el de una vida consagrada al sueño, de un alma educada tan sólo en soñar.

Viéndome desde fuera, como casi siempre me veo, soy un inepto para la acción, perturbado ante el tener que dar pasos y hacer gestos, inhábil para hablar con los demás, sin lucidez interior para entretenerme con lo que provoque esfuerzo a mi espíritu, ni secuencia física para aplicarme a ningún mero mecanismo de entretenimiento trabajando.

Esto es natural que yo sea. El soñador se entiende que sea así. Toda realidad me perturba. El habla de los demás me sumerge en una angustia enorme. La realidad de las demás almas me sorprende constantemente. La vasta red de inconsciencias que es toda acción que veo me parece una ilusión absurda, sin coherencia plausible, nada.

Pero si se cree que desconozco los trámites de la psicología ajena, que yerro en la percepción clara de los motivos y de los íntimos pensamiento de los demás, se producirá un error sobre lo que soy.

Porque yo no soy un soñador, sino que soy exclusivamente un soñador. La costumbre única de soñar me ha proporcionado una extraordinaria nitidez de visión interior. No sólo veo con espantoso y a veces perturbador relieve las figuras y los decorados de mis sueños, sino que con igual relieve veo mis ideas abstractas, mis sentimientos humanos —lo que me queda de ellos—, mis secretos impulsos, mis actitudes psíquicas ante mí mismo. Afirmo que mis propias ideas abstractas, yo las veo en mí, yo las veo con una interior visión real en un espacio interior. Y, así, mis meandros me son más visibles en sus mínimos [sic].

Por eso, me conozco enteramente y, a través de conocerme enteramente, conozco enteramente a toda la humanidad. No hay un bajo impulso, como no hay una noble intención que no haya sido relámpago en mi alma; yo sé con qué gestos se muestra cada uno. Bajo las máscaras, que usan las malas ideas, de buenas o indiferentes, incluso dentro de nosotros y por los gestos, las conozco por quienes son. Sé lo que en nosotros se esfuerza por engañarnos. Y así, a la mayoría de los que veo los conozco mejor que ellos a sí mismos. Me aplico muchas veces a sondearlos, porque así los vuelvo míos. Conquisto el psiquismo que explico, porque para mí soñar es poseer. Y así se ve cuan natural es que yo, soñador como soy, sea el analítico que me reconozco.

Entre las pocas cosas que me gusta leer, destaco, por eso, las piezas teatrales. Todos los días suceden en mí piezas, y yo conozco a fondo cómo se proyecta un alma en la proyección del Mercator, planamente. Me entretengo poco, además, con esto; tan constantes, vulgares y enormes son los errores de los dramaturgos. Nunca me ha satisfecho ningún drama. Conociendo la psicología humana con una claridad de relámpago que sondea todos los rincones con una sola mirada, el grosero análisis y construcción de los dramaturgos me hiere, y lo poco que leo de este género me disgusta como un borrón de tinta atravesado en la escritura.

Las cosas son la materia de mis sueños; por eso aplico una atención distraídamente superatenta a ciertos detalles de lo Exterior.

Para darle relieve a mis sueños, necesito conocer cómo es como los paisajes reales y los personajes de la vida se nos aparecen en relieve. Porque la visión del soñador no es como la visión del que ve las cosas. En el sueño, no se da el posarse la vista sobre lo importante y lo no importante de un objeto que hay en la realidad. Sólo lo importante es lo que ve el soñador. La realidad verdadera de un objeto es sólo parte de él; el resto es el pesado tributo que paga a la materia a cambio de existir en el espacio. De manera semejante, no hay en el espacio realidad para ciertos fenómenos que en el sueño son palpablemente reales. Un ocaso real es imponderable y transitorio. Un ocaso de sueño es fijo y eterno. Quien sabe escribir es el que sabe ver sueños claramente (y es así) o ver en sueños la vida, ver la vida inmaterialmente, sacándole fotografías con la máquina del devaneo, sobre la que los rayos de lo pasado, de lo inútil y de lo circunscrito no tienen acción, y dan negro en la placa espiritual.

En mí, esta actitud, que el mucho soñar me ha enquistado, me hace ver siempre, en la realidad, la parte que es sueño. Mi visión de las cosas suprime siempre en ellas lo que mi sueño no puede utilizar. Y así vivo siempre en sueños, incluso cuando vivo en la vida. Mirar a un ocaso en mí o a un ocaso en lo Exterior es para mí lo mismo, porque veo de la misma manera, puesto que mi visión está cortada igualmente.

Por eso, la idea que me hago de mí es una idea que a muchos les parecerá equivocada. En cierto modo, es equivocada. Pero yo me sueño a mí mismo y escojo de mí lo que es sonable, y me compongo y recompongo de todas las maneras hasta estar bien ante lo que exijo de lo que soy y no soy. A veces, el mejor modo de ver un objeto es anularlo, pero él subsiste, no sé explicar cómo, hecho de materia de negación y anulación; así hago a grandes espacios de mi ser, que suprimidos en mi cuadro de mí, me transfiguran para mi realidad.

¿Cómo, entonces, no me engaño respecto a mis íntimos procesos de ilusión de mí? Porque el proceso que arranca para una realidad más que real un aspecto del mundo o una figura del sueño, arranca también, para que sea más real, una emoción o un pensamiento; lo despoja, por tanto, de todo pertrecho de noble o puro cuando, lo que casi siempre sucede, no lo es. Repárese en que mi objetividad es absoluta, la más absoluta de todas. Yo creo el objeto absoluto, con cualidades de absoluto en su concreción. Yo no he huido propiamente de la vida, en el sentido de procurar para mi alma una cama más blanda, sólo he mudado de vida y he encontrado en mis sueños la misma objetividad que encontraba en la vida. Mis sueños —esto lo estudio en otra página— se yerguen independientes de mi voluntad y muchas veces me golpean y me hieren. Muchas veces, lo que he descubierto en mí me desoía, me avergüenza (quizás debido a un resto de humanidad en mí —¿qué es la vergüenza?) y me asusta.

En mí, el devaneo ininterrumpido sustituye a la atención. He pasado a superponer a las cosas vistas, incluso cuando ya sonadamente vistas, otros sueños que llevo conmigo. Distraído ya lo suficiente para hacer bien aquello a lo que llamo ver las cosas en sueños, aun así, porque esa distracción era motivada por un perpetuo devaneo y una, tampoco exageradamente atenta, preocupación por el decurso de mis sueños, superpongo lo que sueño al sueño que veo e intersecciono la realidad ya despojada de la materia con una inmaterialidad absoluta.

De ahí la habilidad que he adquirido de seguir varias ideas al mismo tiempo, observar las cosas y al mismo tiempo soñar asuntos muy diferentes, estar al mismo tiempo soñando un ocaso real sobre el Tajo real y una mañana soñada en un Pacífico interior; y las dos cosas soñadas se intercalan la una en la otra, sin mezclarse, sin propiamente confundir más que el estado emotivo diferente que cada una provoca, y soy como alguien que viese pasar por la calle mucha gente y simultáneamente sintiese dentro las almas de todos —lo que tendría que realizar en una unidad de sensación— al mismo tiempo que veía los varios cuerpos —ése tenía que verlos diferentes— cruzarse en la calle llena de movimientos de piernas.

(Posterior a 1914.)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 06 Sep 2021, 02:46

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335

LEYENDA IMPERIAL

Mi Imaginación es una ciudad en el Oriente. Toda su composición de realidad en el espacio tiene la voluptuosidad de superficie de una alfombra rica y blanda. Las tiendas que multicolorean sus calles se destacan sobre no sé qué fondo /que no es suyo/ como bordados de amarillo o rojo sobre satenes azul clarísimo. /Toda la historia/ progresa, desde esa ciudad vuela en torno a la lámpara de mi sueño una especie de mariposa apenas oída en la penumbra del cuarto. Mi fantasía ha vivido entre pompas otra ocasión y recibido de manos de reinas joyas veladas de antigüedad. Han alfombrado indolencias íntimas los arenales de mi existencia y, hálitos de /penumbra/, las algas han flotado a la ostensiva de mis ríos. He sido por eso pórticos de civilizaciones perdidas, fiebres de arabescos en frisos muertos, ennegrecimientos de eternidad en los serpenteos de las columnas partidas, mástiles apenas en los naufragios remotos, escalones sólo de tronos abatidos, velos nada velando, y como velando sombras, fantasmas erguidos del suelo como humos de turíbulos arrojados. Funesto fue mi reinado y lleno de guerras en las fronteras alejadas de mi paz imperial en mi palacio. Próximo siempre al ruido indeciso de las fiestas distantes; procesiones siempre para ir a pasar bajo mis ventanas; pero ni peces de oro encarnado en mis piscinas, ni pomos entre los verdores /parados/ de mi pomar; ni siquiera, pobres chozas donde los otros son felices, el humo de chimeneas de más allá de los árboles, adormecen con baladas de simplicidad el misterio inquieto de mi conciencia de mí.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 07 Sep 2021, 02:26

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336

(¿PREFACIO?)

Tengo que escoger lo que detesto —o el sueño, al que odia mi inteligencia, o la acción, a la que repugna mi sensibilidad; o la acción, para la que no he nacido, o el sueño, para el que nadie ha nacido.

Resulta que, como detesto a ambos, no escojo ninguno: pero como tengo, en determinada ocasión, que soñar o hacer, mezclo una cosa con otra.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 09 Sep 2021, 03:31

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337

Quien haya leído las páginas de este libro que están antes que ésta, se habrá formado, sin duda, la idea de que soy un soñador. Se habrá engañado si se la formó. Para ser soñador me falta el dinero.

Las grandes melancolías, las tristezas llenas de tedio, no pueden existir sino en un ambiente de comodidad y sobrio lujo. Por eso, al Egeus de Poe, concentrado horas y horas en una absorción morbosa, lo hace un castillo antiguo, abolengo, donde, más allá de las puertas de la gran sala donde yace la vida, mayordomos invisibles administran la casa y la comida.

El gran sueño requiere ciertas circunstancias sociales. Un día que, embebecido por cierto movimiento rítmico triste de lo que había escrito, me acordé de Chateaubriand, no tardé en acordarme de que yo no era vizconde, ni siquiera bretón. Otra vez que creí sentir, en el sentido de lo que había dicho, una semejanza con Rousseau, no tardó, tampoco, en ocurrírseme que no [habiendo] tenido el privilegio de ser hidalgo y castellano, tampoco había tenido el de ser suizo y vagabundo.

Pero, en fin, también hay universo en la Calle de los Doradores. También concede Dios aquí que no falte el enigma de vivir. Y por eso, si son pobres, como el paisaje de carros y cajones, los sueños que consigo extraer de entre las ruedas y las tablas, aun así son para mí lo que tengo, lo que puedo ser.

En otro lugar, sin duda, es donde se producen los ocasos. Pero hasta desde este cuarto piso sobre la ciudad se puede pensar en el infinito. Un infinito con almacenes abajo, es cierto, pero con estrellas al final... Es lo que pienso, en este acabarse de la tarde, junto a la ventana alta, con la insatisfacción del burgués que no soy y con la tristeza del poeta que nunca podré ser.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 10 Sep 2021, 03:17

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338

La miseria de mi condición no es estorbada por estas palabras conjugadas con que formo, poco a poco, mi libro casual y meditado. Sobrevivo nulo en el fondo de cada expresión, como un polvo indisoluble en el fondo del vaso en el que sólo se ha bebido agua. Escribo mi literatura como escribo mis asientos: con cuidado e indiferencia. Ante el vasto cielo estrellado y el enigma de muchas almas, la noche del abismo desconocido y el llanto de no comprender nada —ante todo esto, lo que escribo en el libro auxiliar de caja y lo que escribo en este papel del alma son cosas igualmente limitadas a la Calle de los Doradores, muy poco a los grandes espacios millonarios del universo.

Todo esto es sueño y fantasmagoría, y poco vale que el sueño sea asientos como prosa de buen porte. ¿De qué más sirve soñar con princesas que soñar con la puerta de entrada de la oficina? Todo lo que sabemos es una impresión nuestra, y todo lo que somos es una impresión ajena, melodrama de nosotros, que, sintiéndonos, nos constituimos en nuestros propios espectadores activos, en nuestros dioses por licencia de la […]


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 11 Sep 2021, 04:24

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339

Ficciones del interludio, cubriendo coloridamente el marasmo y la desidia de nuestra íntima incredulidad.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 12 Sep 2021, 03:24

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340

EL COMANDANTE

Nada hay que tan íntimamente revele, que tan completamente interprete la substancia de mi infortunio nato como el tipo de devaneo que, en verdad, más acaricio, el bálsamo que con más íntima frecuencia escojo para mi angustia de existir. El resumen de la esencia de lo que deseo es sólo esto: dormir la vida. Quiero demasiado a la vida para que la pueda desear vivida; quiero demasiado no vivirla para tener respecto a la vida un anhelo demasiado importuno.

Así, es éste, que voy a dejar escrito, el mejor de mis sueños preferidos. Por la noche, a veces, con la casa tranquila porque los dueños hayan salido o se callen, cierro las vidrieras de mis ventanas, las tapo con las pesadas contraventanas; […] en un traje viejo, me retrepo en la silla profunda, y me fijo en el sueño de que soy un comandante retirado en un hotel de provincias a la hora de después de la cena, cuando éste sea, con otro más sobrio, el comensal lento que se ha quedado sin motivo.

Supongo que he nacido así. No me interesa la juventud del comandante retirado, ni los destinos militares por los que ha ascendido hasta este anhelo mío. Independientemente del Tiempo y de la Vida, el comandante que me supongo no es posterior a ninguna vida que haya tenido, no tiene ni ha tenido parientes; existe eternamente en ese vivir de ese hotel provinciano, cansado ya de conversaciones sobre anécdotas que le sucedieron con los compañeros en la dilación.

8-10-1919.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 13 Sep 2021, 09:11

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341

Por escalones de sueños y cansancios míos baja de tu irrealidad, baja y ven a substituir al mundo.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 14 Sep 2021, 03:17

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342

Nada pesa tanto como el afecto ajeno —ni el odio ajeno, puesto que el odio es más intermitente que el afecto; siendo una emoción desagradable, tiende, por instinto de quien la siente, a ser menos frecuente. Pero tanto el odio como el amor nos oprime; ambos nos buscan y procuran, no nos dejan (solos).

Mi ideal sería vivirlo todo en plan de novela, reposando en la vida —leer mis emociones, vivir mi desprecio de ellas. Para quien tenga la imaginación a flor de piel, las aventuras de un protagonista de novela son emoción propia suficiente, y más, porque son suyas y nuestras. No hay gran aventura como haber amado a Lady Macbeth con amor verdadero y directo; ¿qué hacer quien no ha amado así sino, por descanso, no amar en esta vida a nadie?

No sé qué sentido tiene este viaje que he sido forzado a hacer, entre una noche y otra noche, en compañía del universo entero. Sé que puedo leer para distraerme. Considero a la lectura como el modo más sencillo de entretener este, lo mismo que otro, viaje; y, de vez en cuando, levanto los ojos del libro donde estoy sintiendo verdaderamente y veo, como un extranjero, el paisaje que huye —campos, ciudades, hombres y mujeres, afectos y añoranzas— y todo esto no es para mí más que un episodio de mi reposo, una distracción inerte en la que descanso los ojos de las páginas demasiado leídas.

Sólo lo que soñamos es lo que verdaderamente somos, porque lo demás, por estar realizado, pertenece al mundo y a todo el mundo. Si realizase algún sueño, tendría celos de él, pues me habría traicionado con el dejarse realizar. He realizado todo cuanto he querido, dice el débil, y es mentira; la verdad es que ha soñado proféticamente todo cuanto la vida ha realizado de él. Nada realizamos. La vida nos arroja como una piedra y vamos diciendo por el aire «Por aquí voy moviéndome».

Sea lo que sea este interludio mimado bajo el proyector del sol y las lentejuelas de las estrellas, no duele por cierto saber que es un interludio; si lo que está más allá de las puertas del teatro es la vida, viviremos; si es la muerte, moriremos, y la pieza nada tiene que ver con eso.

Por eso, nunca me siento tan cerca de la verdad, tan sensiblemente iniciado, como cuando en las raras veces que voy al teatro o al circo: sé entonces que por fin estoy asistiendo a la perfecta figuración de la vida. Y los actores y las actrices, los payasos y los prestidigitadores son cosas importantes y fútiles, como el sol y la luna, el amor y la muerte, la peste, el hambre, la guerra, en la humanidad. Todo es teatro. Ah, ¿quiero la verdad? Voy a seguir con la novela…

15-5-1932.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 15 Sep 2021, 03:28

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343

Como todo individuo de gran movilidad mental, tengo un amor orgánico y fatal a la fijación. Abomino la vida nueva y el lugar desconocido.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 16 Sep 2021, 02:25

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344

La vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente. Es un viaje del espíritu a través de la materia y, como es el espíritu quien viaja, es en él donde se vive. Hay, por eso, almas contemplativas que han vivido más intensa, más extensa, más tumultuosamente que otras que han vivido externas. El resultado lo es todo. Lo que se ha sentido ha sido lo que se ha vivido. Uno se recoge de un sueño como de un trabajo visible. Nunca se ha vivido tanto como cuando se ha pensado mucho.

Quien está en el rincón de la sala baila con todos los bailarines. Lo ve todo y, porque lo ve todo, lo vive todo. Como todo, en súmula y ultimidad, es una sensación nuestra, tanto vale el contacto con un cuerpo como su visión o, incluso, su simple recuerdo. Bailo, pues, cuando veo bailar. Digo, como el poeta inglés, al narrar que contemplaba, tumbado en la hierba, a tres segadores: «Un cuarto está segando, y ése soy yo».

Viene todo esto, que va dicho como va sentido, a propósito del gran cansancio, aparentemente sin causa, que ha descendido hoy súbitamente sobre mí. Estoy, no sólo cansado, sino amargado, y la amargura es también desconocida. Estoy, de tan angustiado, al borde del llanto —no de lágrimas que se lloran, sino que se reprimen, lágrimas de una enfermedad del alma, que no de un dolor sensible.

¡Tanto he vivido sin haber vivido! ¡Tanto he pensado sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias paradas, de aventuras tenidas sin movimiento. Estoy harto de lo que nunca he tenido ni tendré, tedioso de dioses por existir. Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que he evitado. Mi cuerpo muscular está molido del esfuerzo que no he pensado en hacer.

Empañado, mudo, nulo... El cielo alto es el de un verano muerto, imperfecto. Lo miro como si no estuviese allí. Duermo lo que pienso, estoy echado andando, sufro sin sentir. Mi gran nostalgia lo es de nada, es nada, como el cielo alto que no veo, y que estoy mirando impersonalmente.

26-3-1932.


(Continuará)


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