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Fernando Pessoa: Libro del desasosiego

Pedro Casas Serra
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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 15 Jul 2021, 03:34

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287


Tan dado como soy al tedio, es curioso que nunca, hasta hoy, se me haya ocurrido meditar en qué consiste. Estoy hoy, de veras, en ese estado intermedio del alma en que no apetece la vida ni otra cosa. Y empleo el súbito recuerdo de que nunca he pensado en lo que fuese, en soñar, a lo largo de pensamientos medio impresiones, el análisis, un poco facticio, de lo que sea.


No sé, realmente, si el tedio en tan sólo la correspondencia despierta de la somnolencia del vagabundo, o si es cosa, en verdad, más noble que ese entorpecimiento. En mí es frecuente el tedio pero, que yo sepa, porque me fijase, no obedece a reglas de aparición. Puedo pasar sin tedio un domingo inerte; puedo sufrirlo repentinamente, como una nube exterior, en pleno trabajo atento. No consigo relacionarlo con un estado de salud o de falta de ella; no alcanzo a conocerlo como producto de causas que se encuentren en la parte evidente de mí.


Decir que es una angustia metafísica disfrazada, que es una gran desilusión desconocida, que es una poesía sorda del alma que aflora aburrida a la ventana queda a la vida —decir esto, o lo que sea hermano de esto, puede colorear al tedio, como un niño al dibujo cuyos contornos transborde o apague, pero no me proporciona más que un sonido de palabras que producen eco en las cuevas del pensamiento.


El tedio... Pensar sin que se piense, con el cansancio de pensar; sentir sin que se sienta, con la angustia de sentir; no querer sin que no se quiera, con la náusea de no querer —todo esto está en el tedio sin ser el tedio, ni es de él más que una paráfrasis o una traducción. Es en la sensación directa, como si sobre el foso del castillo del alma se elevase el puente levadizo, no quedase, entre el castillo y las tierras, más que el poder mirarlas sin poderlas recorrer. Hay un aislamiento de nosotros en nosotros mismos, pero un aislamiento donde lo que separa está estancado como nosotros, agua sucia que rodea a nuestro desentendimiento. El tedio... Sufrir sin sufrimiento, querer sin deseo, pensar sin raciocinio... Es como la posesión por un demonio negativo, un embrujamiento por nada. Dicen que los brujos, o los pequeños magos, haciendo imágenes de nosotros, e infligiendo a ellas malos tratos, que esos malos tratos, debido a una transferencia astral, se reflejan en nosotros. El tedio me surge, en la sensación transpuesta de esta imagen, como el reflejo maligno de hechicerías de un demonio de las hadas, ejercidas, no sobre una imagen mía, sino sobre su sombra. Es en la sombra íntima de mí, en lo exterior del interior de mi alma, donde se pegan papeles o se clavan alfileres. Soy como el hombre que vendió su sombra o, más bien, como la sombra del hombre que la vendió.


El tedio... Trabajo mucho. Cumplo lo que los moralistas de la acción llamarían mi deber social. Cumplo ese deber, o esa suerte, sin gran esfuerzo ni notable desentendimiento. Pero, unas veces en pleno trabajo, otras veces en el pleno descanso que, según los mismos moralistas, merezco y me debe ser agradable, me transborda del alma una hiel de inercia, y estoy cansado, no de la obra o del reposo, sino de mí.


¿Por qué de mí, si no pensaba en mí? ¿De qué otra cosa, si no pensaba en ella? ¿El misterio del universo que baja a mis cuentas o a mi retrepamiento? ¿El dolor universal de vivir que se particulariza súbitamente en mi alma mediúmnica? ¿Para qué ennoblecer tanto a quien no se sabe quién es? Es una sensación de vacío, un hambre sin ganas de comer, tan noble como estas sensaciones del simple cerebro, del simple estómago, procedentes del fumar demasiado o del no digerir bien.


El tedio... Es tal vez, en el fondo, la insatisfacción del alma íntima porque no le hemos proporcionado una creencia, la desolación del niño triste que íntimamente somos, porque no le hemos comprado el juguete divino. Es tal vez la inseguridad de quien necesita una mano que le guíe y no siente, en el camino negro de la sensación profunda, más que a la noche sin ruido de no poder pensar, al camino sin nada de no saber sentir…


El tedio... Quien tiene Dioses nunca tiene tedio. El tedio es la falta de una mitología. Para quien no tiene creencias, hasta la duda le es imposible, hasta el escepticismo carece de fuerza para que dude. Sí, el tedio es eso: la pérdida, en el alma, de su capacidad de engañarse, la falta, en el pensamiento, de la escalera inexistente por donde sube segura a la verdad.


1-12-1931.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 16 Jul 2021, 03:58

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Ni con pintar en ese cristal sombras de colores me oculto el rumor de la vida ajena a mi mirada, del otro lado.


¡Dichosos los hacedores de sistemas pesimistas! No sólo se amparan con haber hecho algo, sino que también se alegran de lo explicado, y se incluyen en el dolor universal.


Yo no me quejo por el mundo. No protesto en nombre del universo. No soy pesimista. Sufro y me quejo pero no sé si lo que hay de malo es el sufrimiento ni sé si es humano sufrir. ¿Qué me importa saber si eso es cierto o no?


Yo sufro, no sé si merecidamente. (Corza perseguida.)


Yo no soy pesimista, soy triste.


No me indigno, porque la indignación es para los fuertes; no me resigno, porque la resignación es para los nobles; no me callo, porque el silencio es para los grandes. Y yo no soy fuerte, ni noble, ni grande. Sufro y sueño. Me quejo porque soy débil y, porque soy artista, me entretengo en tejer musicales mis quejas y en organizar mis sueños conforme le parece mejor a mi idea de encontrarlos bellos.


Sólo lamento no ser niño, para que pudiese creer en mis sueños; el no ser loco, para que pudiese alejar del alma de todos los que me rodean, […]


Tomar el sueño por real, vivir demasiado los sueños, me ha dado esta espina para la rosa falsa de mi /soñada/ vida; que ni los sueños me agradan, porque les encuentro defectos.


(Posterior a 1913.)




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 17 Jul 2021, 03:53

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289


A mi incapacidad de vivir le llamarían genio, a mi cobardía [...] delicadeza. Me he puesto a mí mismo —/Dios dorado con oro falso/— en un altar de cartón pintado para que pareciese mármol.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 18 Jul 2021, 03:44

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290


Antes que cese el estío y llegue el otoño, en el cálido intervalo en que el aire pesa y los colores se ablandan, las tardes suelen llevar un traje sensible de gloria falsa. Son comparables a esos artificios de la imaginación en que las añoranzas lo son de nada, y se prolongan indefinidas como estelas de navíos que forman la misma serpiente sucesiva.


En estas tardes me llena, como un mar en plena marea, un sentimiento peor que el tedio pero al que no le cuadra otro nombre que el de tedio —un sentimiento de desolación sin lugar, de naufragio de toda el alma. Siento que he perdido un Dios complaciente, que la Substancia de todo ha muerto. Y el universo sensible es para mí un cadáver al que amé cuando era vida; mas todo él se ha vuelto nada en la luz todavía caliente de las últimas nubes iluminadas.


Mi tedio asume aspectos de horror; mi aburrimiento es un miedo. Mi sudor no es frío, pero está fría mi conciencia de mi sudor. No hay malestar físico, salvo que el malestar del alma es tan grande que pasa por los poros del cuerpo y lo enfría también a él.


Es tan magno el tedio, tan soberano el horror de estar vivo, que no concibo qué cosa puede haber que pudiese servir de lenitivo, de antídoto, de bálsamo u olvido para él. Dormir me horroriza como todo. Morir me horroriza como todo. Ir y pararse son la misma cosa imposible. Esperar y no creer se equivalen en frío y ceniza. Soy un anaquel con frascos vacíos.


Y sin embargo, ¡qué añoranza del futuro si dejo a los ojos vulgares recibir el saludo muerto del día iluminado que se acaba! ¡Qué gran entierro de la esperanza va por el silencio dorado aún de los cielos inertes, qué cortejo de vacíos y nadas se extiende en azul encarnado que va a ser pálido por las vastas planicies del espacio blanquecino!


No sé lo que quiero o lo que no quiero. He dejado de saber querer, de saber cómo se quiere, de saber las emociones o los pensamientos con que ordinariamente se conoce que estamos queriendo, o queriendo querer. No sé quién soy o lo que soy. Como alguien soterrado bajo un muro que se desmoronase, yazgo bajo la vacuidad tumbada del universo entero. Y así voy, por el rastro de mí mismo, hasta que la noche entre y un poco del halago de ser diferente ondule, como una brisa,por el comienzo de mi impaciencia de mí.


¡Ah, y la luna alta y mayor de estas noches plácidas, tibias de angustia y desasosiego! La paz siniestra de la belleza celeste, ironía fría del aire caliente, azul negro nublado de claro de luna y tímido de estrellas.


22-8-1931.




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Mensaje por cecilia gargantini Dom 18 Jul 2021, 14:58

No sé lo que quiero o lo que no quiero. He dejado de saber querer, de saber cómo se quiere, de saber las emociones o los pensamientos con que ordinariamente se conoce que estamos queriendo, o queriendo querer. No sé quién soy o lo que soy.

Qué maravilla, querido Pedro!!!!!!!!!!!!
Cuántas veces uno se siente así, pero decirlo con esta jerarquía realmente impresiona.
Besosssssssss y gracias una vez más
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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 19 Jul 2021, 02:29

Gracias por tu interés, Cecilia. Pessoa se desnuda en esta obra.

Un fuerte abrazo.
Pedro

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 19 Jul 2021, 02:31

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291


FRAGMENTOS DE UNA AUTOBIOGRAFÍA


Primero me entretuvieron las especulaciones metafísicas, las ideas científicas después. Me atrajeron finalmente las (...) sociológicas. Pero en ninguno de estos estadios de mi busca de la verdad encontré seguridad y alivio. Poco leía, sobre cualquiera de las preocupaciones. Pero, en lo poco que leía, me cansaba ver tantas teorías, contradictorias, igualmente asentadas en ideas desarrolladas, todas ellas igualmente probables y de acuerdo con cierta selección de los hechos que tenía siempre el aire de ser todos los hechos. Si levantaba de los libros los ojos cansados,o si de mis pensamientos desviaba hacia el mundo exterior mi perturbada atención, sólo una cosa veía yo, que me desmentía toda la utilidad de leer y pensar, que me arrancaba uno a uno todos los pétalos de la idea del esfuerzo: la infinita complejidad de las cosas, la inmensa suma (...), la prolija inaccesibilidad de los mismos pocos hechos que se podrían concebir como precisos para el planteamiento de una ciencia.




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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 20 Jul 2021, 04:15

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292


Al disgusto de no encontrar nada lo encuentro conmigo poco a poco. No he encontrado razón ni lógica sino a un escepticismo que ni siquiera busca una lógica para defenderse. En curarme de esto no he pensado —¿por qué había de curarme yo de esto? ¿Y qué es estar sano? ¿Qué seguridad tenía yo de que ese estado de alma debe pertenecer a la enfermedad? ¿Quién nos asegura que, de ser enfermedad, la enfermedad no era más deseable, o más lógica o más (...) que la salud? De ser la salud preferible, ¿por qué estaba yo enfermo sino por serlo naturalmente, y si naturalmente lo era, por qué ir contra la naturaleza, que para algún fin, si fines tiene, me quería con seguridad enfermo?


Nunca he encontrado argumentos sino para la inercia. Día tras día, más y más, se ha infiltrado en mí la conciencia sombría de mi inercia de abdicador. Buscar modos de inercia, resolverme a huir de todo esfuerzo respecto a mí, de toda responsabilidad social —he tallado en esta materia de (...) la estatua pensada de mi existencia.


He dejado lecturas, he abandonado casuales caprichos de este o aquel modo estético de la vida. De lo poco que leía, aprendí a extraer tan sólo elementos para el sueño. De lo poco que presenciaba, me apliqué a sacar tan sólo lo que se podía,en reflejo /distante/ y [...], prolongar más dentro de mí. /Me esforcé,/ porque todos mis pensamientos, todos los capítulos cotidianos de mi experiencia me proporcionasen tan sólo sensaciones. Le creé a mi vida una orientación estética. Y orienté esa estética para que fuese puramente individual. La hice mía tan sólo.


Me apliqué después, en el transcurso buscado de mi hedonismo interior, a hurtarme a las sensibilidades sociales. Lentamente me acoracé contra el sentimiento del ridículo. Me enseñé a ser insensible ya a las llamadas de los instintos, ya a las solicitaciones (…)


Reduje al mínimo mi contacto con los demás. Hice cuanto pude por perder toda inclinación hacia la vida, (...) Del propio deseo de la gloria me despojé lentamente, como quien lleno de cansancio se desnuda para reposar.




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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 21 Jul 2021, 03:14

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293


Del estudio de la metafísica, (...) pasé a las ocupaciones del espíritu más violentas para el equilibrio de los nervios. Gasté aterrorizadas noches inclinado sobre volúmenes de místicos y de cabalistas, que nunca tenía paciencia para leer del todo de otra manera que intermitentemente trémulo y (…)


Los ritos y las razones de los Rosacruces, la simbología (...) de la Cabala y de los Templarios (...) —sufrí durante mucho tiempo la cercanía de todo eso. Y llenaron la fiebre de mis días especulaciones venenosas, de la razón demoníaca de la metafísica —la magia (...) la alquimia— y extraje un falso estímulo vital de sensación dolorosa y presciente de estar siempre como al borde de saber un misterio supremo. Me perdí por los sistemas secundarios, excitados, de la metafísica, sistemas llenos de analogías perturbadoras, de trampas para la lucidez, que disponen paisajes misteriosos donde reflejos de lo sobrenatural despiertan misterios en los contornos.


Envejecí por las sensaciones... Me gasté disfrutando de los pensamientos... Y mi vida pasó a ser una fiebre metafísica, siempre descubriendo sentidos ocultos en las cosas, jugando con el fuego de las analogías misteriosas, procrastinando la lucidez integral, la síntesis normal para [...]se.


Caí en una compleja indisciplina cerebral, llena de indiferencias. ¿Dónde me refugié? Tengo la impresión de que no me refugié en ninguna parte. Me abandoné pero no sé a qué.


Concentré y limité mis deseos, para poder elaborarlos mejor. Para llegar al infinito, y creo que se puede llegar allí, es preciso que tengamos un puerto, uno sólo, firme, y partir de él hacia lo Indefinido.


Hoy soy ascético en mi religión de mí mismo. Una jícara de café, un cigarro y mis sueños substituyen bien al universo y a sus estrellas, al trabajo, al amor, hasta a la belleza y a la gloria. Casi no tengo necesidad de estímulos. Opio tengo yo en el alma.


¿Qué sueños tengo? No lo sé. Me he esforzado en llegar a un punto donde no sepa ya en qué pienso, en qué sueño, qué visiones tengo. Me parece que sueño cada vez desde más lejos, que cada vez sueño más lo vago, lo impreciso, lo no susceptible de visiones.


No tengo teorías respecto a la vida. Si es buena o mala, no lo sé, no lo pienso. A mis ojos es dura y triste, con sueños deliciosos por medio. ¿Qué me importa lo que es para los demás?


La vida de los demás sólo me sirve para vivirle a cada uno la vida que me parece que les conviene en mi sueño.




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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 22 Jul 2021, 02:41

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294


No sé qué vaga caricia, tanto más suave cuanto no es caricia, la brisa incierta de la tarde me trae a la frente y a la comprensión. Sé sólo que el tedio que sufro se me ajusta mejor, durante un momento, como una veste que dejase de tocar una llaga.


¡Pobre de la sensibilidad que depende de un pequeño movimiento del arte para la consecución, aunque episódica, de su tranquilidad! Pero así es toda sensibilidad humana, y yo no creo que pese más en la balanza de los seres el dinero súbitamente ganado, o la sonrisa súbitamente recibida, que son para otros lo que para mí ha sido, en este momento, el paso breve de una brisa sin continuación.


Puedo pensar en dormir. Puedo soñar en soñar. Veo más claro la objetividad de todo. Uso con más comodidad el sentimiento exterior de la vida. Y todo esto, efectivamente, porque, al llegar casi a la esquina, un cambio en el aire de la brisa me alegra la superficie de la piel.


Todo cuanto amamos o perdemos —cosas, seres, significaciones— nos roza la piel y así nos llega al alma, y el episodio no es, en Dios, más que la brisa que no me ha traído nada salvo el alivio supuesto, el momento propicio y el poder perderlo todo espléndidamente.


23-4-1930.




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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 23 Jul 2021, 03:08

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295


No sé cuántos habrán contemplado con la mirada que merece una calle desierta con gente en ella. Ya esta manera de decir parece querer decir cualquier otra cosa, y efectivamente la quiere decir. Una calle desierta no es una calle por laque no pasa nadie, sino una calle donde los que pasan, pasan por ella como si estuviese desierta. No hay dificultad en comprender esto una vez se haya visto: una cebra es imposible para quien no conozca más que un burro.


Las sensaciones se ajustan, dentro de nosotros, a ciertos grados y tipos de comprensión de ellas. Hay maneras de entender que tienen maneras de ser entendidas.


Hay días en que sube en mí, como de la tierra ajena a la cabeza propia, un tedio, un disgusto de vivir que sólo no me parece insoportable porque en realidad lo soporto. Es un estrangulamiento de la vida en mí mismo, un deseo de ser otra persona en todos los poros, una breve noticia del final.


(¿1932?)




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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 24 Jul 2021, 03:21

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296


lo que tengo sobre todo es cansancio, y ese desasosiego que es gemelo del cansancio cuando éste no tiene otra razón de ser sino el estar siendo. Tengo un recelo íntimo de los gestos a esbozar, una timidez intelectual de las palabras a decir. Todo me parece anticipadamente frustrado.


El insoportable tedio de todas estas caras, estúpidas de inteligencia o de falta de ella, grotescas hasta la náusea por felices o desgraciadas, horrorosas porque existen, marea separada de las cosas vivas que son ajenas a mí…


(¿1932?)




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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 25 Jul 2021, 02:56

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297


Somos muerte. Esto, que consideramos vida, es el sueño de la vida real, la muerte de lo que verdaderamente somos. Los muertos nacen, no mueren. Están trocados, para nosotros, los mundos. Cuando creemos que vivimos, estamos muertos; vamos a vivir cuando estamos moribundos.


Esa relación que hay entre el sueño y la vida es la misma que hay entre lo que llamamos vida y lo que llamamos muerte. Estamos durmiendo, y esta vida es un sueño, no en un sentido metafórico o poético, sino en un sentido verdadero.


Todo aquello que en nuestras actividades consideramos superior, todo eso participa de la muerte, todo eso es muerte. ¿Qué es el ideal sino la confesión de que la vida no sirve? ¿Qué es el arte sino la negación de la vida? Una estatua es un cuerpo muerto, tallado para fijar a la muerte, en materia de incorrupción. El mismo placer, que tanto parece una inmersión en la vida, es antes una inmersión en nosotros mismos, una destrucción de las relaciones entre nosotros y la vida, una sombra agitada de la muerte.


El propio vivir es morir, porque no tenemos un día más en nuestra vida que no tengamos, con eso, un día menos en ella.


Poblamos sueños, somos sombras que yerran a través de florestas imposibles, en que los árboles son casas, costumbres, ideas, ideales y filosofías.


¡Nunca encontrar a Dios, nunca saber, siquiera, si Dios existe! Pasar de mundo a mundo, de encarnación a encarnación, siempre con la ilusión que halaga, siempre en el error que acaricia.


¡La verdad nunca, la parada nunca! ¡La unión con Dios, nunca! ¡Nunca enteramente en paz sino siempre un poco de ella, siempre el deseo de ella!




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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 26 Jul 2021, 03:37

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298


...Y yo, que odio la vida con timidez, temo a la muerte con fascinación. Tengo miedo de esa nada que puede ser otra cosa, y tengo miedo de ella simultáneamente como nada y como otra cosa cualquiera, como si en ella se pudiesen reunir lo nulo y lo horrible, como si en el ataúd me encerrasen la respiración eterna de un alma corpórea, como si allí triturasen, a fuerza de clausura, lo inmortal. La idea del infierno, que sólo un alma satánica podría haber inventado, me parece derivarse de una confusión de esta suerte —ser la mezcla de dos miedos diferentes, que se contradicen e inficionan.


(Posterior a 1923.)




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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 27 Jul 2021, 03:01

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299


Lleve yo al menos, para la inmensidad posible del abismo de todo, la gloria de mi desilusión como si fuese la de un gran sueño, el esplendor de no creer como un pendón de derrota —pendón sin embargo en las manos débiles, pero pendón arrastrado por el barro y la sangre de los débiles... pero alzado en alto, al sumirnos en las arenas movedizas, nadie sabe si como protesta, si como desafío, si como gesto de desesperación... Nadie sabe, porque nadie sabe nada, y las arenas engolfan a los que tienen pendones como a los que no los tienen…


Y las arenas lo cubren todo, mi vida, mi prosa, mi eternidad.


Llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria.




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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 28 Jul 2021, 03:01

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300


Son siempre cataclismos del cosmos las grandes angustias de nuestra alma. Cuando nos llegan, en torno a nosotros se extravía el sol y se perturban las estrellas. En toda alma que siente llega el día en que el Destino representa en ella un apocalipsis de angustia —un volcarse de los cielos y de los mundos sobre su desconsuelo.


Sentirse superior y verse tratado por el Destino como inferior a los ínfimos —quién puede vanagloriarse de ser hombre en tal situación.


Si un día pudiese yo adquirir un rasgo tan grande de expresión que concentrase todo el arte en mí, escribiría una apoteosis del sueño. No sé de un placer mayor en toda mi vida que el placer de dormir. El apagamiento integral de la vida y del alma, el alejamiento completo de todo cuanto es seres y gente, el no tener pasado ni futuro (…)




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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 29 Jul 2021, 03:46

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301


Mi orgullo lapidado por ciegos y mi desilusión pisada por mendigos.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 30 Jul 2021, 02:49

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302


Existe un cansancio de la inteligencia abstracta y es el más horroroso de los cansancios. No pesa como el cansancio del cuerpo, ni inquieta como el cansancio de la emoción. Es un peso de la conciencia del mundo, un no poder respirar con el alma.


Entonces, como si el viento en ellas diese, y fuesen nubes, todas las ideas en que hemos sentido la vida, todas las ambiciones y designios en que hemos fundado la esperanza en su continuación, se rasgan, se abren, se alejan convertidas en cenizas de nieblas, harapos de lo que no ha sido ni podrá ser. Y tras de la derrota surge pura la soledad negra e implacable del cielo desierto y estrellado. El misterio de la vida nos duele y nos empavorecemos de muchas maneras. Unas veces viene sobre nosotros como un fantasma sin forma, y el alma tiembla con el peor de los miedos —el de la encarnación disforme del no ser—. Otras veces está detrás de nosotros, visible sólo cuando nos volvemos para ver, y es la verdad toda en su horror profundísimo de que la desconozcamos.


Pero este horror que hoy me anula, es menos /noble y más roedor/. Es un deseo de no querer tener pensamiento, un deseo de nunca haber sido nada, una desesperación consciente de todas las células del cuerpo y del alma. Es el sentimiento súbito de estar enclaustrado en una celda infinita. ¿Hacia dónde pensaren huir, si sólo la celda es el Todo?




Y entonces me asalta el deseo desbordante, absurdo, de una especie de satanismo que ha precedido a Satán, de que un día —un día sin tiempo ni substancia— se encuentre una fuga hacia fuera de Dios y lo más profundo de nosotros deje, no sé cómo, de formar parte del ser o del no ser.


23-3-1930.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 31 Jul 2021, 04:46

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303


Tengo por una intuición que para las criaturas como yo ninguna circunstancia material puede ser propicia, ningún caso de la vida tener una solución favorable. Si ya por estas razones me aparto de la vida, ésta contribuye también a que yo me aparte. Esas sumas de hechos que, para los hombres vulgares, inevitabilizarían el éxito, tienen, cuando a mí se refieren, otro resultado cualquiera, inesperado y adverso.


Me nace, a veces, de esta constatación una impresión dolorosa de enemistad divina. Me parece que sólo por una disposición consciente de los hechos, de modo que me resulten maléficos, la /serie de desastres/ que define a mi vida podría haberme acontecido. Resulta de todo esto que, para mi esfuerzo, yo no intento nada demasiadamente. La suerte, si quiere, que venga a estar conmigo. Sé de sobra que mi mayor esfuerzo no logra la consecución que en otros tendría. Por eso me abandono a la suerte, sin esperar mucho de ella. ¿Para qué? Mi estoicismo es una necesidad orgánica. Necesito acorazarme contra la vida. Como todo estoicismo no pasa de ser un epicureismo severo, deseo, cuanto es posible, hacer que mi desgracia me divierta. No sé hasta qué punto lo consigo. No sé hasta qué punto consigo algo. No sé hasta qué punto se puede conseguir algo…


Donde otro vencería, no por su esfuerzo, sino por una inevitabilidad de las cosas, yo, ni por esa inevitabilidad, ni por ese esfuerzo, venzo o vencería.


Quizás he nacido espiritualmente un día corto de invierno. La noche ha llegado pronto a mi ser. Sólo en frustración y abandono puedo realizar mi vida.


En el fondo, nada de esto es estoico. Es tan sólo en las palabras donde está la nobleza de mi sufrimiento. Me quejo como un niño enfermo. Me amohíno como un ama de casa. Mi vida es enteramente fútil y enteramente triste.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 01 Ago 2021, 03:12

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304


Las cosas claras consuelan, y las cosas al sol consuelan. Ver pasar a la vida bajo un día azul me compensa de muchas cosas. Olvido indefinidamente, olvido más de lo que podía recordar. Mi corazón translúcido y aéreo se penetra de la suficiencia de las cosas, y me basta mirar cariñosamente. Nunca he sido yo otra cosa que una visión incorpórea, desnuda de toda el alma salvo un vago aire que pasó y veía.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 02 Ago 2021, 02:52

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305


Todo cuanto es acción, sea la guerra o el raciocinio, es falso; y todo cuanto es abdicación es falso también.


¡Ojalá pudiese yo saber cómo no hacer ni abdicar de hacer! Sería ésa la Corona-de-sueño de mi gloria, el Cetro-de-silencio de mi grandeza.


Yo, ni siquiera sufro. Mi desdén por todo es tan grande que me desdeño a mí mismo; que, como desprecio los sufrimientos ajenos, desprecio también los míos y así aplasto bajo mi desdén a mi propio sufrimiento.


/Ah/ pero así sufro más... Porque dar valor al propio sufrimiento le pone el oro [¿ideal?] del orgullo. Sufrir mucho puede producir la ilusión de ser el Elegido del Dolor. Así (…)




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 03 Ago 2021, 04:34

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306


INTERVALO DOLOROSO


Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor.


Ojalá fuese un niño que echa barcos de papel en el estanque de una quinta con un dosel-rústico de entrelazamientos de emparrado que pone ajedreces de luz y sombra verde en los reflejos sombríos de la poca agua.


Entre mí y la vida hay un cristal tenue. Por más claramente que vea y comprenda la vida, no puedo tocarla.


¿Raciocinar mi tristeza? ¿Para qué, si el raciocinio es un esfuerzo? Y quien es triste no puede esforzarse.


Ni siquiera abdico de esos gestos triviales de la vida de los que tanto querría abdicar. Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el del alma con que esforzarme.


¡Cuántas veces me aflige el no ser el accionador de aquel coche, el conductor de aquel tren! ¡Cualquier trivial Otro supuesto, cuya vida, por no ser mía, deliciosamente se me penetra de yo quererla y se me empostiza ajena!


Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa. La noción de la vida como un Todo no me agobiaría los hombros del pensamiento.


Mis sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo.


Soy tan inerte, tan pobrecillo, tan falto de gestos y de actos.


Por más que por mí me embreñe, todos los atajos de mi sueño van a dar en los claros de la angustia.


Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en que el sueño huye de mí. Entonces, las cosas se me aparecen claras. Se desvanece la niebla de que merodeo. Y todas las aristas visibles hieren a la carne de mi alma. Todas las durezas miradas me lastiman lo que en mí las sabe durezas. Todos los pesos visibles de objetos me pesan por dentro del alma.


Mi vida es como si me golpeasen con ella.




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 04 Ago 2021, 03:28

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307


Vivir una vida desapasionada y culta, al relente de las ideas, leyendo, soñando, y pensando en escribir, una vida lo suficientemente lenta como para estar siempre al borde del tedio, lo bastante meditada como para nunca caer en él. Vivir esa vida lejos de las emociones y en la emoción de los pensamientos. Estancarse al sol, doradamente, como un lago oscuro rodeado de flores. Tener, en la sombra, esa hidalguía de la individualidad que consiste en no insistir para nada con la vida. Ser en el volteo de los mundos como un polvo de flores que un viento desconocido levanta por el aire de la tarde, y el torpor del anochecer deja bajar en el lugar del acaso, indistinto entre cosas mayores. Ser esto con un conocimiento seguro, ni alegre ni triste, reconocido al sol de su brillo y a las estrellas de su alejamiento. No ser más, no tener más, no querer más... La música del hambriento, la canción del ciego, la reliquia del viandante desconocido, las huellas en el desierto del camello descargado sin destino…




(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 09 Ago 2021, 11:54

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308

Me flota en la superficie del cansancio algo de áureo que está sobre las aguas cuando el sol concluido las abandona. Me veo como el lago que he imaginado, y lo que veo en ese lago soy yo. No sé cómo explicar esta imagen, o este símbolo, o este yo en que me figuro. Pero lo que tengo por cierto es que veo, como si en realidad lo viese, un sol por detrás de los montes, lanzando rayos perdidos sobre el lago que los recibe en oro oscuro.

Uno de los maleficios de pensar es ver cuándo se está pensando. Los que piensan con el raciocinio están distraídos. Los que piensan con la emoción están durmiendo. Los que piensan con la voluntad están muertos. Yo, sin embargo, pienso con la imaginación, y todo cuanto debería ser en mí o razón, o angustia, o impulso, se me reduce a algo indiferente y distante, como este lago muerto entre rocas donde el último sol flota alargadamente.

Porque me he parado, se han estremecido las aguas. Porque he reflexionado, el sol se ha recogido. Cierro los ojos lentos y llenos de sueño, y no hay dentro de mí sino una región lacustre donde la noche empieza a dejar de ser día en un reflejo castaño oscuro de aguas de las que surgen algas.

Porque he escrito, nada he dicho. Mi impresión es que lo que existe existe siempre en otra región, más allá de los montes, y que hay grandes viajes por hacer, si tuviéramos alma con la que tener pasos.

He cesado, como el sol en mi paisaje. No queda, de lo que ha sido dicho o visto, sino una noche ya cerrada, llena de un brillo muerto de lagos, en una planicie sin patos salvajes, muerta, fluida, húmeda y siniestra.

28-3-1932.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 10 Ago 2021, 04:55

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309

...en el desaliño triste de mis emociones confusas…

Una tristeza de crepúsculo, hecha de cansancios y de renuncias falsas, un tedio si siento algo, un dolor como de un sollozo parado o de una verdad conseguida. Se despliega en el alma distraída este paisaje de abdicaciones —paseos de gestos abandonados, macizos altos de sueños ni siquiera bien soñados, inconsecuencias, como muros de boj que separan caminos vacíos, suposiciones, como viejos estanques sin surtidor vivo, todo se enmaraña y se visualiza pobre en el desaliño triste de mis sensaciones confusas.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 11 Ago 2021, 02:10

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310

Hay un sueño de la atención voluntaria, que no sé explicar, y que frecuentemente me ataca, si de cosa tan esfumada se puede decir que ataca a alguien. Voy por una calle como quien está sentado, y mi atención, despierta a todo, tiene todavía la inercia de un reposo del cuerpo entero. No sería capaz de desviarme conscientemente de un transeúnte opuesto. No sería capaz de responder con palabras, o siquiera, dentro de mí, con pensamientos, a una pregunta de cualquier casual que hiciese escala en mi casualidad coincidente. No sería capaz detener un deseo, una esperanza, cualquier cosa que representase un movimiento, no ya de la voluntad de mi ser completo, sino hasta, si así puedo decirlo, de la voluntad parcial y propia de cada elemento en que soy descomponible. No sería capaz de pensar, de sentir, de querer. Y ando, avanzo, vago. Nada en mismo vimientos (me doy cuenta porque los demás no se dan cuenta) transfiere hacia lo observable el estado de estancamiento en que voy. Y este estado de falta de alma, que sería cómodo, seguramente, en un echado o en un recostado, es singularmente incómodo, hasta doloroso, en un hombre que va andando por la calle.

Es la sensación de una ebriedad de inercia, de una borrachera sin alegría, ni en ella, ni en su origen. Es una enfermedad que no tiene sueño de convalecer. Es una muerte alacre.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 12 Ago 2021, 03:12

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311

Considerar nuestra mayor angustia como un incidente sin importancia, no sólo en la vida del universo, sino en la de nuestra misma alma, es el principio de la sabiduría. Considerar esto en la misma mitad de esa angustia es la sabiduría entera. En el momento en que sufrimos parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada humano hay que sea infinito, ni nuestro dolor vale más que el ser un dolor que sentimos nosotros.

Cuántas veces, bajo el peso de un tedio que parece ser locura, o de una angustia que parece ir más lejos que ella, me paro, dudando, antes de rebelarme, dudo, al pararme, antes de divinizarme. Dolor de no saber lo que es el misterio del mundo, dolor de que no nos amen, dolor de que sean injustos con nosotros, sofocando y agarrando, dolor de muelas, dolor de zapatos apretados —¿quién puede decir cuál es el mayor en sí mismo, cuanto más en los demás, o en la generalidad de los que existen?

Para algunos que me hablan y me escuchan, soy un insensible. Soy, sin embargo, más sensible —creo— que la vasta mayoría de los hombres. Lo que soy, no obstante, es un sensible que se conoce y que, por lo tanto, conoce a la sensibilidad.

Ah, no es verdad que la vida sea dolorosa o que sea doloroso pensar en la vida. Lo que es verdad es que nuestro dolor sólo es serio y grave cuando lo fingimos tal. Si somos naturales, se pasará lo mismo que ha llegado, se esfumará como ha crecido. Todo es nada, y nuestro dolor en ello.

Escribo esto bajo la opresión de un tedio que parece no caber en mí, o necesitar de algo más que mi alma para tener donde estar; de una opresión de todos y de todo que me estrangula y desvaría; de un sentimiento físico de la incomprensión ajena que me perturba y aplasta. Pero levanto la cabeza hacia el cielo azul ajeno, expongo la cara al viento inconscientemente fresco, bajo los párpados después de haber visto, olvido la cara después de haber sentido. No me siento mejor, pero me siento diferente. Verme me libera de mí. Casi sonrío, no porque me comprenda, sino porque, habiéndome vuelto otro, he dejado de poder comprenderme. En lo alto del cielo, como una nada visible, una nube pequeñísima es un olvido blanco del universo entero.

5-4-1933.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 13 Ago 2021, 02:57

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312

He llegado a ese punto en que el tedio es una persona, la ficción encarnada de mi convivencia conmigo mismo.

¿1932?


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 14 Ago 2021, 03:19




313

La oportunidad es como el dinero, que, además, no es más que una oportunidad. Para quien actúa, la oportunidad es un episodio de la voluntad, y la voluntad no me interesa. Para quien, como yo, no actúa, la oportunidad es el canto de la falta de sirenas. Tiene que ser despreciado con voluptuosidad, colocado alto para ningún uso.

Tener ocasión de... En ese campo se colocará la estatua de la renuncia.

Oh anchos campos al sol, el espectador para quien estáis vivos os contempla desde la sombra.

El alcohol de las grandes palabras y de las anchas frases que como olas elevan la respiración de su ritmo y se deshacen sonriendo, en la ironía de las culebras de espuma, en la magnificencia triste de las penumbras.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 15 Ago 2021, 02:55

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314

Nadie ha definido todavía, con un lenguaje comprensible para quien no lo haya experimentado, lo que es el tedio. Aquello a lo que algunos llaman tedio no es más que aburrimiento; aquello a lo que otros lo llaman, no es sino malestar; hay otros, todavía, que llaman tedio al cansancio. Pero el tedio, aunque participe del cansancio, y del malestar, y del aburrimiento, participa de ellos como el agua participa del hidrógeno y del oxígeno de que se compone. Los incluye sin parecerse a ellos.

Si unos dan así al tedio un sentido restringido e incompleto, uno u otro le presta una significación que en cierto modo lo trasciende —como cuando se llama tedio al disgusto íntimo y espiritual de la variedad y de la incertidumbre del mundo. Lo que hace abrir la boca, que es el aburrimiento; lo que hace cambiar de posición, que es el malestar; lo que hace no poder moverse, que es el cansancio —ninguna de estas cosas es el tedio; pero tampoco lo es el sentimiento profundo de la vacuidad de las cosas, mediante el cual se libera la aspiración frustrada, el ansia desilusionada se levanta, y se forma en el alma la simiente de la que nace el místico o el santo.

El tedio es, sí, el aburrimiento del mundo, el malestar de estar viviendo, el cansancio de haberse vivido; el tedio es, en verdad, la sensación carnal de la vacuidad prolija de las cosas. Pero el tedio es, más que esto, el aburrimiento de los otros mundos, existan o no; el malestar de tener que vivir, aunque otro, aunque de otro modo, aunque en otro mundo; el cansancio, no sólo de ayer y de hoy, sino de mañana también, (y) de la eternidad, si la hay, (y) de la nada, si él es la eternidad. No es solamente la vacuidad de las cosas y de los seres lo que duele en el alma cuando siente tedio: es también la vacuidad de otra cosa cualquiera, que no las cosas y los seres, la vacuidad de la propia alma que siente el vacío, que se siente vacío, y que en él de sí misma se enoja y se repudia.

El tedio es la sensación física del caos y de que el caos lo es todo. El aburrido, el malestante, el cansado, se sienten presos en uña celda estrecha. El disgustado de la estrechez de la vida se siente esposado en una celda grande. Pero el que tiene tedio se siente preso en libertad ordinaria en una celda infinita. Sobre el que se aburre, o tiene malestar, o fatiga, pueden derrumbarse los muros de la celda, y enterrarlo. Al que se disgusta de la pequeñez del mundo pueden caérsele las esposas, y él huir; o dolerse de no poder quitárselas, y él, con sentir el dolor, revivirse sin disgusto. Pero los muros de la celda infinita no nos pueden soterrar, porque no existen; ni siquiera nos pueden hacer vivir por el dolor las esposas que nadie nos ha puesto.

Y esto es lo que siento ante la belleza plácida de esta tarde que termina impereciblemente. Miro al cielo alto y claro, donde cosas vagas, rosadas, como sombras de nubes, son un plumón impalpable de una vida alada y lejana. Bajo los ojos hacia el río, donde el agua, no más que levemente trémula, es de un azul que parece espejado desde un cielo más profundo. Alzo de nuevo los ojos al cielo, y ya hay, entre lo que de vagamente coloreado se deshilacha sin harapos en el aire invisible, un tono glacial de blanco empañado, como si también algo de las cosas, donde son más altas y ordinarias, tuviese un tedio material propio, una imposibilidad de ser lo que es, un cuerpo imponderable de angustia y de desolación.

¿Pero qué? ¿Qué hay en el aire alto más que el aire alto, que no es nada?¿Qué hay en el cielo más que un color que no es suyo? ¿Qué hay en esos harapos de menos que nubes, de que ya dudo, más que unos reflejos de luz materialmente incidentes de un sol ya sumiso? ¿Qué hay en todo esto sino yo? Ah, pero el tedio es eso, sólo eso. ¡Es que en todo esto —cielo, tierra, mundo—, lo que hay en todo esto no es sino yo!

28-9-1932.


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