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Olvido García Valdés

Pedro Casas Serra
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Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 18 Sep 2020, 13:30

.


Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) es licenciada en Filología Románica y en Filosofía. Es co-directora de la revista Los Infolios y fue miembro del consejo editor de la revista El signo del gorrión. Entre sus libros de poemas destacan títulos como El tercer jardín (1986), Exposición (1990. Premio Ícaro de Literatura); Ella, los pájaros (1994. Premio Leonor de Poesía); Caza nocturna (1997) o Del ojo al hueso (Ave del Paraíso, Madrid, 2001). Sus poemas han sido recogidos, entre otras, en las antologías La prueba del nueve (1994), Ellas tienen la palabra ( 1997) y El último tercio de siglo, 1968-1998. Antología consultada de la poesía española (1998). Igualmente ha traducido al castellano a poetas como Pier Paolo Pasolini. En 2007 obtiene el Premio Nacional de Poesía, otorgado por el Ministerio de Cultura, con su poemario Y todos estábamos vivos.


POEMAS:


Eucaliptus y pinos rodean
el pueblo de tu infancia
(tan distintos, los pinos,
de los que conociste más tarde
¿cuántas clases de pinos?
¿cuántas clases de infancia?
Te curarás
si vas a vivir entre pinos,
dijo la curandera de voz dulce).
Eucaliptus y pinos
que no reconoces, que casi no recuerdas;
y ayer por la tarde,
cuando cayó el chaparrón de aguanieve,
cuando ya estaba cesando,
una mujer descuidada y medio cubierta
la cabeza con una bufanda
te preguntó si por esa calle se iba
a una plaza (la de la Cruz Verde).
No, vuelva hacia atrás y tome
la primera a la izquierda,
llegará todo recto.
Y ella se dio la vuelta y andando
apresurada, delante de ti,
te iba hablando y decía:
¿la primera a la izquierda?
Es que me confundí de calle…
¿Y por esta primera a la izquierda
ya llego? Y tu le contestabas
(cada vez un poco más alto), sí.
Y no sabes por qué, por la noche,
recordaste a la mujer, su forma
de andar, su forma de hablar
en fila india, sin mover la cabeza,
y te recordó tu niñez,
lo lejos que estás,
y te recordó
la cara de tu hijo y cómo a veces
la sientes lejana y desconocida
como una máscara.

Olvido García Valdés (La caída de Ícaro, 1982-1989)


Qué tiene este paisaje
que está quieto
en cualquier estación. La manera
dormida de la tierra, de la hierba
en la tierra
que desciende del páramo,
los almendros de nuevo florecidos
sobre un suelo
de naciente dulzura.
No duele el nacimiento, a pesar
de la ácida luz de algunas horas.
Ser niño aquí, esconderse
en lo oscuro, en la gruta
de arcilla. Tiene ojos y acoge.
Quedarse allí muy quieto y al salir
correr por los senderos
hasta el bosque de pinos
y arriba recostarse contra el muro
de adobe. Ver la ciudad abajo
y las torres más altas.

Olvido García Valdés (La caída de Ícaro, 1982-1989)


En este lugar es sobrio el color
de los pájaros
-tordos, gorriones, alondras-,
excepto a veces
el de la abubilla y el jilguero
o algunas lavanderas a la orilla del río.
Bosques de cardos
invaden las cunetas, enormes,
de muchas variedades y formas.
Me gustan
los que al final del tallo
-sólo una varilla delgada-
abren su botón de luz
y hacen ese ruido al secarse,
cuando al atardecer los mueve
el viento. Esa luz
y esa música. Crepitan.
En casa, en la pared,
hay dos mujeres, una se llama
Elena, tiene un lazo
en la blusa y los ojos más tristes
en el rostro. La otra
se sienta al borde de la cama
en una habitación de hotel. Ha leído
una carta que conserva en las manos.
Son tan distintos
el gorrión y la alondra,
pero yo amo la pureza
del silbido del tordo,
sobre todo en invierno;
están en las antenas
un poco alicaídos y barbudos
y silban en el aire
transparente. La tierra
entonces es marrón
y ni sauces ni almendros
tienen hojas.

Olvido García Valdés (ella, los pájaros, 1989-1992)


Las flores de algunos árboles
recién brotadas
son como caracoles
verdes, árboles invadidos
de infinitos gusanos,
levedad de materia.
Me da miedo la luz,
lo quieto de la luz,
el hueso de tu sien
contra la mía.

Olvido García Valdés (ella, los pájaros, 1989-1992)


Los campos amarillos devuelven con violencia
lo que se pone en ellos. Lo sé
ahora que sólo me devuelven amarillo.
Cerca crecen los cardos,
su poderoso verde
dispuesto a consumirse,
sus botones morados. Las collalbas
se orientan hacia el valle
esbeltas como pájaros de piedra
marroquíes. Hace calor.

Olvido García Valdés (ella, los pájaros, 1989-1992)


Sólo lo que hagas y digas
eres, incierto lo que piensas, invisible
lo que sientes dentro de ti.
¿Qué significa
dentro de ti? Nada eres si, como dicen,
no es intersubjetivamente comprobado
(al menos comprobable). Juan de la Cruz no es
más que unos poemas. Emily
Dickinson, Edgar Allan Poe, sólo palabras.
¿Qué significa
intersubjetivamente? ¿Cuántos sujetos
hacen falta? ¿Cuántos que digan
a la vez: Juan de la Cruz, Emili
Dyckinson, Edgar Allan Poe son cimas
de la vida humana, cimas
de la miseria humana en este hermoso
mundo?

Olvido García Valdés (Caza nocturna, 1992-1996)


escribir el miedo es escribir
despacio, con letra
pequeña y líneas separadas,
describir lo próximo, los humores,
la próxima inocencia
de lo vivo, las familiares
dependencias carnosas, la piel
sonrosada, sanguínea, las venas,
venillas, capilares

Olvido García Valdés (Caza nocturna, 1992-1996)


allí donde entra el sol
se queda; míralo en las piedras
a las que da en verano
cuando abren; vete
a la catedral y tócalas; pero también
la luna queda, es especial
el cuarto en el que da, quédate
en él a oscuras, se percibe muy bien

Olvido García Valdés (Caza nocturna, 1992-1996)


Es verdad lo que digo, cada
palabra dice del poema la lógica
del poema. Condición
de real al margen de lo real.
Lo real dice yo siempre en el poema,
miente nunca, así la lógica.

Olvido García Valdés (Caza nocturna, 1992-1996)


Se dejaba caer sobre la cama
con la ventana abierta,
acompasaba todo el aire
del huerto al respirar, los naranjos
y hortensias, el olivo, los nísperos
y rosas. Era profunda y leve
esa respiración, hondo su sueño,
todo tenía un regusto de ropa
que el azulete aclara, punzante
como el sol en el armario oscuro. Poder
sentir el peso así en el cuerpo sin redes.

Olvido García Valdés (Del ojo al hueso, 1997-2000)


……………………………...a Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina

Un colirrojo, el primero aquí arriba
emite su canto con extraña
pureza. Dónde va el cuerpo
cuando baja y baja, me pregunto
con la aguja en la vena
mientras ella pregunta ¿todo va bien?
Un sujeto pasivo, se dice, el sujeto
paciente que siente adelgazarse
su hilo y baja y baja. En el alba
lo escucho, en la raya primera
del amanecer. ¿Hay partes
formales en el mundo o todo
somos tan sólo partes materiales?
¿La pureza del trino, la reiterada
ansiedad de su armonía es diferente
del chillido estridente de vencejos
que en seguida comienza? Chillan
como almas, como ratones
que huyen y buscan agujeros
en lo oscuro. Chillan, más agudos
cuanto más veloces, en escuadrillas
al cielo por esta calle estrecha. ¿Miden
velocidad y distancia con su tono?
El colirrojo ya no está. Sé fuerte,
toma frutas, verduras de hoja,
quizá de despedida, el monte se corona
de brezos; como si fuera ciega,
mira sin ver, se acerca, sólo se fija
en el pomo brillante del paraguas,
un instante lo toca

Olvido García Valdés (Del ojo al hueso, 1997-2000)


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Pedro Casas Serra
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Mensaje por Pedro Casas Serra el Sáb 19 Sep 2020, 13:42

.


Olivos extraídos de cuajo,
taladas las ramas y viajeros;
al adelantarlos miro
la tierra que conservan como parte
de sí, tierra roja, densa y entreverada
de guijarros; muy blanca la sección
de ramas y raíces, algo
irreal la simetría, impropia
de ancianos nudosos. Indiferencia
o naturaleza, color de sangre

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


Son sandalias alegres como un baño,
como un verano, como alegría
del cuerpo o la salud,
sandalias que ciñen pies que hubieran sido
alegres -por gráciles, ligeros- si no fueran
de quien son, si toda el alma
en el cuerpo no cayera pensando
que no es lo que quisiera, y que sabe bien
qué es. Cuenta también con desdichas
que podrían ocurrir como ir perdiéndose
y que en vez de ampararla
y conducirla, la fijaran
a una silla en casa extraña hasta querer
morir, y morir. Podría ocurrir
que deseara caminar por no tener
que sentarse; mover sin término los pies,
sin ligereza o alma, por no volver
a sentarse. Son estas sandalias
rojo y carne alegres como un baño, si no
pesaran en vez de volar sus pies alados.

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


Un alma pájaro vuelve y te llama,
vuelve diciéndote: ven, vamos
por el sendero este, junto al arroyo. Lo oyes
como si el canto llegara desde lejos, sin
abrir los ojos dejas que lo repita: el sendero este
junto al arroyo. Un lugar así te parece
de cuando recios pies no hollaran aún la hierba,
de antes de que el río bajara tan oscuro y aquel cuerpo
flotara junto a varas de mimbre. Qué despacio recuerdas
y vuelves, es del gozo ese canto, no
ruiseñor ni mirlo sino otro más tuyo, pájaro
que llamara a la senda y frescura. Ya voy, ya
voy, vas a decirle, y te demoras por oírlo de nuevo.

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


madres araña, las mujeres vamos
siendo reales desde los treinta, llegamos
a serlo a los cincuenta; algunas,
madres; otras, sólo reales; arañas, si
tienen hijas, hijas de araña, sí

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


Juntas en la cocina sin apenas
hablar, un lugar no exclusivo
de mujeres, que sigue al parecer siendo
exclusivo. Casi nada en común,
salvo contradicciones que sujetan
y asemejan. Nos enmarca este espacio
al que creemos ya no pertenecer. De ellos
el mundo y la sala grande, conversación
de lengua reductora, el chiste sexual,
la perspectiva hollada, cierto
poder, risas, el mundo. Al mundo
salgo que es único consuelo, campos
y árboles hoy que es mayo, y la savia
estalla verde y varón según la lengua,
el mundo que consuela y el que no,
ajenos ambos hoy a mí, que camino
con daño en lo ajeno que la vida deja.

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


qué largo el tiempo
para la niña que peina a su hermana
mientras la madre hace
la cena de fin de año; luego
ella misma se lava los cabellos
y su hermana la peina; casi
como si fuera su nochevieja primera
todo va muy despacio y pide
con uvas los deseos.

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


Viene enero con la muerte
en su séquito, anciana
de dulces rasgos y cáncer
en vena cava y cóncavos
huesos del cráneo. Así,
arrebatada y fría va pasando
junto a nosotros, cerca de mí. La
miro adormecida o sapos que recorren
los árboles bronquiales. La miro
ahora, no sé si podré luego
como a quien viene -porque
así ha de ser- sin rencor.

Olvido García Valdés (Y todos estábamos vivos, 2001-2005)


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