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Palabras a Constance

F. Enrique
F. Enrique
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Palabras a Constance  Empty Palabras a Constance

Mensaje por F. Enrique el Sáb 08 Jun 2019, 06:04

La muerte tiene ojos color avellana.
(Manuel Vicent)


I

Me equivoqué, Constance,
al pensar que tus ojos eran un cielo,
en una mañana espesa de engañosa primavera
de ideas descontroladas,
una habitación abierta a sombras desiguales,
una fontana tensa para los paparazzis,
anclada
en los ejes de un diario sangrante y dolido
que no quería seguir y manchaba palabras
en las fechas, las fotos, la tinta, los borrones...

Así  tu mirada muestra en tu rebeca
la muerte cuando piensas
en los cánticos que rompen con una melodía
la fragilidad de la noche del amante
adolescente
en su primera cita con Georgia en el recuerdo,
así la primavera parece recortarse
en un grito lejano donde las flores brillan
cuando luces tu vestido por las calles antiguas
que sueñan con tu paso y acarician tus pecados.

Ya no habrá queja alguna,
el sol hierve despacio y sonríe la última
luminiscencia de tu acento
distante, estanco,
perdido al pie de una nota,
de algún verso suelto
en una canción sin vida.

Ya no podré negarte en la firma de esos días,
ya no podré fingir
el amor entre tus piernas,
este limo del Tíber se olvidó de estas cruces
que vigilan sin tregua los gigantes de piedra,
pienso en mi pueblo quieto, párvulo de llanura,
allí recordarán a un triste apasionado
que no se echó a los montes y murió en esa pena
ebria de remordimientos.

Callas, y en torno a ese silencio se derrama el amor
que las columnas del pórtico no sostienen,
el amor que los transeúntes tocan, torturan
y no guardan
pues no lo reconocen en la claridad de la fiesta
oscura que crepita cuando planeas otro vuelo,
pues temen los suspiros de mujeres de negro
que siguen en la guerra, estallan, se enamoran
de los ángeles caídos, de los hombres sin noticia.

Eres como una isla que se me aleja y canta
con el perfume ciego de una rosa cortada,
como el ayer de una comparsa que se oculta
en la máscara suave de un carnaval extinguido
que sigue con sus quejas
sin mirar el calendario.

No era azul el cielo que descubrí en tus ojos,
no era roja la herida que esbocé en tu pecho,
quizás solo la carne me arrastra cuando hablo
cansado de latir,
quizás solo el deseo sabe cuánto he amado
el color de tus medias, la muerte en tus ojos.

Escucho en la penumbra de este cuarto velado
mi último requiebro,
tu blusa ajustada,
tu pelo ordenado y quieto de esos días
de brillantina y laca,
tu determinación
de hundirme en el olvido
de arrastrarme en la Troya
que hieres y arrebatas;
quedarán mis palabras
tus imágenes dormirán en los archivos
aunque cambien de nombre y te duela.

Te fuiste en abril, el año
lo he olvidado,
estarás en mi mente
y serás un recuerdo
en la llama de agosto, en las calles de Turín
en sombras bajo el sol que me empuja a la nada.

Ha pasado el amor, la muerte tiene hoy
lo que fue del silencio,
desde el silencio vuelve tu voz esta mañana,
tus ojos avellana son el triste sudario
de un sueño interrumpido que mantuve despierto
y no supe mirarte
aunque te amaba hondo como una bailarina.

II

Veo pasar las alas por el cielo despacio,
oigo vagar las nubes
con un viento de queja que no sabe mecerte
y tu amor no reclama entre los edificios
las hojas arrugadas de un poema inconsciente,
al borracho que miente su verdad reducida
como un niño pequeño que aún no sabe quejarse
y asustado pretende librarse de sí mismo.

Sigo anclado en tus ojos y acaricio tu sombra
cuando miro en el fondo de una sonrisa amarga
y recuerdo la extraña caricia de unas rimas
en un cuaderno antiguo
que huele a tu presencia.

Ya que todos los vuelos llevaban tu vestido,
y las lágrimas brotan sobre un papel mojado
en los sueños azules se esconde una protesta
y en la noche confusa un hombre enamorado
que no encuentra la llave sorda que le dejaste
se lamenta en la lluvia triste que no ha caído.

Veo pasar tu talle sobre una herida inerte,
sobre las escaleras que ya saben tu nombre
y te busco en los días
tiernos que se me fueron
evocando la llama de fiestas sin sentido,
de música gastada,
de miradas sin dueño.

Sigo  buscando el verso y tú la huella larga
de sueños que acorralan el margen de la vida,
ni una carta llegó, tampoco tu presencia,
tan solo en mi camino aparece la muerte.


III

Perdido en el silencio de tu acera vacía,
veo pasar los ángeles que gritan el ocaso
mientras corren las hojas y los poemas huyen
en trenes sin vagones y miradas sin alma
que no encuentran destino amable y la sonrisa
ahogada en el humo  de vitrinas ornadas
enfrente de los bancos
donde tiembla el periódico,
donde los vagabundos no encuentran una estrella
queda un halo de luz para seguir viviendo
un sueño de elegancia entre las galerías.

Ya no puedo evocar
los días que se agolpan en tus ojos que hieren
mi soledad y arrancan un latido sin voz
para estrechar la acera que abriga nuestros árboles,
tus ojos se detienen entre la enredadera
que ocultan las palabras cansadas que te escribo.

¿Es preciso seguir si el amor no me mira?
¿Es más fuerte tu olvido que todas mis tristezas?  

 

IV





Apenas me dejaste alimentar el vuelo
entre las golondrinas de la tarde romana
cargada de ruinas
y un vaso consumido
expresaba la llama que en mi interior ardía,
y tus ojos marrones presagiaban mi suerte.

Un pintor milenario sin firma ni recuerdo
que colmar no podrían las mieles de la gloria
de haber enamorado a una mujer herida
en las escalinatas
de la Plaza de España,
derramaba el pincel entre los adoquines,
escrutaba tu pelo, tu risa recogía.

Nunca más volverá el amor que no tuve,
era un esfuerzo inútil, una guerra perdida
acudía a mi frente que sin luces luchaba,
era cada palabra un manifiesto estéril
de rosas y jazmines
blancos entre los pasos
que raudos te llevaban a un escenario enorme
que ahogaba tus sueños en su propio esplendor
e ignoraba los míos en su desasosiego.

El gesto solitario de vuelta en la almohada,
de encuentros amorosos en las puertas del campo
de miradas que nunca tuvieron alegría,
de muros separados por cancelas y garras,
para tu corazón
pertenezco al olvido como un lobo enjaulado
que no conoce a nadie y vaga en cuatro metros,
muere en la soledad de una especie extinguida.

Cada vez que sentías a un poeta oprimido
porque no conociera ojos enamorados
esbozabas mis labios que aliento no tenían,
en la mesa desierta
me miraba la muerte a través de tu espejo,
a través de la oscura belleza de tu rostro.

V

Rostro de primavera

Sé que ahora la muerte
lleva otro vestido,
tiene otra mirada,
miente con otros labios.

Ya no puedo ascender
al alfiler prendido de la falda plisada  
que cierra tu cintura como una despedida
en un broche angustiado.

Tu huella se perdió en la última fuente
y otros pasos arrastra,
otra rosa de nube
hacia un camino incierto que ilumina tu rostro
en parcas direcciones que rompen nuestros lazos.

Entre los calendarios olvidaste mi fecha;
ya no hablaré de amor cuando diga tu nombre,
ha bordado la muerte el color de tus ojos,
me equivoqué, lo sabes, y no me lo dijiste,
me dejaste soñar en un azul confuso
y me quedé en la calle de la sonrisa amarga
con un geranio roto, huella de primavera.


(Octubre 2016)


Última edición por F. Enrique el Sáb 08 Jun 2019, 16:14, editado 7 veces
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Palabras a Constance  Empty Re: Palabras a Constance

Mensaje por cecilia gargantini el Sáb 08 Jun 2019, 12:45

pertenezco al olvido como un lobo enjaulado
que no conoce a nadie y vaga en cuatro metros,
muere en la soledad de una especie extinguida.

Intensos y dolorosos versos, que tienen gran belleza y logran emocionar, lo cual no es un tema menor en esto de la poesía.
Me encantó la cita de Manuel Vicent, muy bien elegida para este texto.
Cariñosssssssssss desde Buenos Aires, poeta
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Palabras a Constance  Empty Re: Palabras a Constance

Mensaje por F. Enrique el Lun 17 Jun 2019, 12:47

Gracias, Cecilia. Este homenaje al último intento frustrado de Pavese, nos ofrece un camino a la soledad. Nadie podrá saber lo que buscaba, ese sabio no supo aliarse con el amor, nadie sabe lidiar con la soledad aunque, a veces, pareciera que se busca, como un fin de la existencia.

Un abrazo.
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Palabras a Constance  Empty Re: Palabras a Constance

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 25 Jun 2019, 09:30

Es bello ser recordado por haber querido mucho.

Un abrazo, Enrique.
Pedro


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