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    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

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    Pascual Lopez Sanchez
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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 09 Ene 2019, 07:48

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    26

    A LA SEÑORA MARÍA PAUTRET(*)

    Hija de la beldad, ninfa divina,
    ¿cuál es el alma helada
    que al girar de tu planta delicada
    no se embriaga en placer? La orquesta suena,
    y al compás de sus ecos presurosos,
    de florida beldad y gracias llena
    te lanzas tú veloz... ¡Oh! ¿quién podría
    tu elegancia, viveza inimitable
    y tu hechizo pintar? La lira mía
    no expresa el vivo ardor que mi alma siente;
    la arrojo despechado...
    El pecho que palpita contrastado
    es en su agitación más elocuente,

    ¡Ninfa del Betis claro! Si en los días
    de la Grecia feliz brillado hubieras
    más espléndido triunfo consiguieras.
    El pueblo enajenado,
    al verte de ese cuerpo regalado
    en el baile ostentar las formas bellas,
    que llamas ¡ay! los besos y caricias,
    la Musa de la danza te juzgara,
    y su incienso quemara
    en tus altares de oro. Sus delicias
    fueras y su deidad.
    - - - - - - - - - - - - Cuando serena,
    vuelas girando, como el aura leve,
    ¡cuál me arrebatas...! Trémulo, suspenso,
    me embriaga la sonrisa
    de tu rosada boca,
    que al dulce beso del amor provoca;
    y estático, embebido,
    cuando tiendes los brazos delicados,
    mostrando los tesoros de tu seno,
    mis infortunios, mi penar, olvido,
    y en el soberbio techo estremecido
    de aplauso universal retumba el trueno.

    Óyelo, goza, y en tu gloria pura
    el galardón de tu talento hermoso,
    grata recibe. Méjico te aclama
    hermana de Tersícore sublime,
    y su delicia y su deidad te llama.
    De la danza fugaz reina y señora,
    el himno escucha que mi voz te canta:
    vuela, Ninfa gentil, vuela y encanta
    al pueblo que te aplaude y que te adora.

    (1826)
    Ed. 1832

    (*) María Pautret era una bailarina que actuaba con gran éxito
    en Méjico.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 09 Ene 2019, 07:53

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    27

    ADIÓS

    Belleza de dolor, en quien pensaba
    fijar mi corazón, y hallar ventura,
    adiós te digo, ¡adiós! —Cuando miraba
    respirar en tu frente calma y pura
    el ingenuo candor* y en tu sonrisa
    y en tus ojos afables
    brillar la inteligencia y la ternura,
    necio me aluciné. Mi fantasía
    a la imagen de amor siempre inflamable,
    en tu bello semblante me ofrecía
    facciones que idolatro; y embebido
    en esperanza dulce y engañosa,
    pensaba en ti cobrar mi bien perdido.

    Mas ¡ay! veloz desapareció cual niebla
    mi halagüeña ilusión. En vano ansiaba
    en tu pecho encontrar la fuente pura
    del delicado amor, del sentimiento.
    Tan sólo caprichosa en él domina
    triste frivolidad, que me arrastrara
    de tormento en tormento,
    a un abismo de mal, llanto y ruina.
    ¡Qué suplicio mayor que amar de veras,
    y mirar profanado, envilecido,
    el objeto que se ama, y que pudiera
    ser amor de la tierra, si estuviera
    de pudor y modestia revestido!

    ¡Pérfida semejanza...! Si tu pecho,
    como tu faz imita la que adoro,
    de prendas y virtud igual tesoro
    en su seno guardara,
    ¡cuál fuera yo feliz! ¡Cómo te amara
    con efusión inmensa de ternura,
    y a labrar tu ventura
    mi juventud ardiente consagrara...!

    Caminas presurosa
    por la senda funesta del capricho
    a irreparable mal y a abismo fiero
    de ignominia y dolor... ¡Mísero! en vano
    en mi piedad ansiosa
    he querido tenderte amiga mano.
    La esquivaste orgullosa... ¡Adiós! yo espero
    que al fin vendrás a conocer con llanto
    si era fino mi afecto, si fue pura
    y noble mi piedad. —Ya te desamo,
    que es imposible amar a quien no estima,
    y sólo en compasión por ti me inflamo.

    ¡No te maldigo, no! ¡Pueda lucirte
    sereno el porvenir, y de mi labio
    el vaticinio fúnebre desmienta!
    A mi pecho agitado
    será continuo torcedor la vista
    de tu infausta beldad, y desolado
    tu suerte lloraré. Si acaso un día
    sufres del infortunio los rigores,
    y a conocerme aprendes, en mi pecho
    encontrarás no amor, pero indulgencia,
    y el afecto piadoso de un amigo.
    ¡Belleza de dolor! Adiós, te digo.


    (1826)
    Ed. 1832


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 09 Ene 2019, 07:58

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    28

    EN LA REPRESENTACIÓN DE "ÓSCAR"

    De un amor delincuente devorado
    el infeliz Osear se agita y gime.
    ¡Ay! sus combates y dolor sublime
    ¿quién podrá contemplar con pecho helado?
    Vedle temblar y reprimirse al lado
    de Malvina, y volar a los desiertos
    a ocultar su vergüenza y sus furores.
    Le es insufrible de Morven la estancia,
    do ve a Malvina y dobla su tormento:
    "¿A qué apurar con importuno acento
    su ya débil y lánguida constancia?"
    ¡Oh! dejadle morir: ¡la tumba sola
    puede apagar la inextinguible hoguera
    de tan funesto amor...! Ya no resiste,
    y enfurecido y ciego
    su espantosa pasión revela el triste.

    Y Dermidió, su amigo... ¡su asesino!
    lleva a sus labios áridos la copa
    de pérfido placer; mas al instante
    se la arrebata... Su alma delirante
    por el mortal veneno
    de amor celoso gime contrastada:
    Provoca, lidia, y la fatal espada
    del amigo infeliz clava en el seno.

    Víctima infausta del feroz delirio
    vagar le miro luego
    por la fúnebre selva. Todo calla:
    Le cercan los sepulcros silenciosos:
    "¡Salvadme!'* grita, "y oponed piadosos
    entre el crimen y Osear una muralla..."
    ¡Vano anhelar...! Las manos homicidas
    tiene empapadas del amigo en sangre,
    y le sigue doquier su sombra yerta:
    Para colmo de horror cobra el sentido;
    ve su crimen atroz, y confundido
    se hunde en la tumba que le aguarda abierta.

    ¡Osear! ¡Mísero Osear! ¡Ah! yo no ignoro
    lo que es una pasión desesperada,
    y en torno miro de la frente amada
    los tristes rayos del poder y el oro.
    ¡Oh! ¡cuánto es duro en la abrasada frente
    fingir serenidad, ahogar el llanto,
    y en lucha eterna y en dolor eterno
    agitarse y gemir...! ¡Ay! fatigada
    advierto mi razón, y bien conozco
    que turbándose va. —Mísero Taso,
    ¡seré tal vez tu igual en desventura,
    pero en gloria jamás...! ¡Ay! mi locura
    me arrastra... ¿Do fue Osear...?
    - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Garay, mi amigo,
    sublime actor, Melpómene severa
    te presta su puñal: con mano fiera
    víbralo tú, y en poderoso encanto
    al pueblo estremecido que te admira
    con tu talento irresistible inspira
    terror profundo, compasión y llanto.


    (1826)
    Ed, 1832


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 09 Ene 2019, 08:04

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    29

    A MI AMANTE

    Es media noche: vaporosa calma
    y silencio profundo
    el sueño vierte al fatigado mundo,
    y yo velo por ti, mi dulce amante.
    ¡En qué delicia el alma
    enajena tu plácida memoria!
    Único bien y gloría
    del corazón más fino y más constante,
    ¡cuál te idolatro! De mi ansioso pecho
    la agitación lanzaste y el martirio,
    y en mi tierno delirio
    lleno de ti contemplo el Universo,
    Con tu amor inefable se embellece
    de la vida el desierto,
    que desolado y yerto
    a mi tímida vista parecía,
    y cubierto de espinas y dolores.
    Ante mis pasos, adorada mía,
    riégalo tú con inocentes flores.

    ¡Y tú me amas! ¡Oh Dios! ¡Cuánta dulzura
    siento al pensarlo! De esperanza lleno,
    miro lucir el sol puro y sereno,
    y se anega mi ser en su ventura.
    Con orgullo y placer alzo la frente
    antes nublada y triste, donde ahora
    serenidad respira y alegría.
    Adorada señora
    de mi destino y de la vida mía,
    cuando yo tu hermosura
    en un silencio religioso admiro,
    el aire que tú alientas y respiro
    es delicia y ventura.

    Si pueden envidiar los inmortales
    de los hombres la suerte,
    me envidiarán al verte
    fijar en mí tus ojos celestiales
    animados de amor, y con los míos
    confundir su ternura.
    O al escuchar cuando tu boca pura
    y tímida confiesa
    el inocente amor que yo te inspiro:
    Por mí exhalaste tu primer suspiro,
    y a mí me diste tu primer promesa.

    ¡Oh! ¡luzca el bello día
    que de mi amor corone la esperanza,
    y ponga el colmo a la ventura mía!

    ¡Cómo de gozo lleno,
    inseparable gozaré tu lado,
    respiraré tu aliento regalado
    y posaré mi faz sobre tu seno!
    Ahora duermes tal vez, y el sueño agita
    sus tibias alas en tu calma frente,
    mientras que blandamente
    sólo por mí tu corazón palpita.
    Duerme, objeto divino
    del afecto más fino,
    del amor más constante;
    descansa, dulce dueño,
    y entre las ilusiones de tu sueño
    levántese la imagen de tu amante.


    (Abril 1827)
    Ed. 1832


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 09 Ene 2019, 08:10

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    30

    LA AUSENCIA

    Cuando angustiado gimo
    en esta ausencia impía,
    escucha, amada mía,
    la voz de mi dolor.

    Y cuando aquestos versos
    repitas con ternura,
    júrame en tu alma pura
    fino y eterno amor.

    ¿Quién me quitó tu vista?
    ¿Quién ¡ay! tu dulce lado?
    Objeto idolatrado,
    ¿quién me te arrebató?

    Mientras otros prodigan
    en vicios su riqueza,
    la bárbara pobreza
    de ti me separó.

    De ella con mis afanes
    alcanzaré victoria,
    y entre placer y gloria
    a ti me reuniré.

    Te estrecharé a mi seno,
    te llamaré mi esposa,
    y en unión deliciosa
    contigo viviré.

    Si no muda mi suerte,
    si aun me persigue el hado,
    nunca, dueño adorado,
    mis votos burlarán.

    Pues pobre te haré mía,
    y de ventura lleno
    te acostaré en mi seno,
    te haré comer mi pan.

    Mas no; dulce esperanza
    me halaga en lo futuro,
    y de tu amor seguro
    pongo mi vida en ti.

    Cuando suspiro triste,
    sé que en aquel instante,
    tu corazón amante
    palpita fiel por mí.

    Sufre, cual yo, y espera,
    objeto a quien adoro,
    mi gloria, mi tesoro,
    divinidad mortal.

    Piensa en mi amor constante;
    y la esperanza amiga
    alivie la fatiga
    de ausencia tan fatal.


    (Julio 1827)
    Ed. 1832


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 08:42

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    31

    Le correspondería al SONETO LA MAÑANA, que viene como nº 4 en la sección sonetos del siglo XIX, en el espacio asignado al autor.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 08:47

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA


    A / POESÍAS AMOROSAS


    32

    En este caso correpondería al soneto VOTO DE AMOR, Nº 5 en las referencias dadas en el anterior.

    Tanto éste soneto, como el que le precede no puede asegurarse al 100% que pertenezcan al autor. Al pie de ambos hay una nota que dice:

    "No se ha podido comprobar si este soneto es original o traducción.
    Cuaderno manuscrito de poesías de Heredia, que perteneció
    al archivo de José Augusto Escoto"


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 08:58

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    33

    EN UNA TEMPESTAD (*) y (**)

    Huracán, huracán, venir te siento,
    y en tu soplo abrasado
    del señor de los aires el aliento.

    En las alas del viento suspendido
    vedle rodar por el espacio inmenso,
    silencioso, tremendo, irresistible
    en su curso veloz. La tierra en calma
    siniestra, misteriosa,
    contempla con pavor su faz terrible.
    ¿Al toro no miráis? El suelo escarban,
    de insoportable ardor sus pies heridos:
    la frente poderosa levantando,
    y en la hinchada nariz fuego aspirando,
    llama la tempestad con sus bramidos.

    ¡ Qué nubes! ¡ Qué furor! El sol temblando
    vela en triste vapor su faz gloriosa,
    y su disco nublado sólo vierte
    luz fúnebre y sombría,
    que no es noche ni día...
    ¡Pavoroso color, velo de muerte!
    Los pajarillos tiemblan y se esconden
    al acercarse el huracán bramando,
    y en los lejanos montes retumbando
    le oyen los bosques, y a su voz responden.

    Llega ya... ¿No le veis? jCuái desenvuelve
    su manto aterrador y majestuoso...!
    ¡Gigante de los aires, te saludo...!
    En fiera confusión el viento agita
    las orlas de su parda vestidura...
    ¡Ved...! ¡En el horizonte
    los brazos rapidísimos enarca,
    y con ellos abarca
    cuanto alcanzo a mirar de monte a monte!

    ¡Oscuridad universal...! ¡Su soplo
    levanta en torbellinos
    el polvo de los campos agitado...!
    En las nubes retumba despeñado
    el carro del Señor, y de sus ruedas
    brota el rayo veloz, se precipita,
    hiere y aterra al suelo,
    y su lívida luz inunda el cíelo.

    ¿Qué rumor? ¿Es la lluvia...? Desatada
    cae a torrentes, oscurece el mundo,
    y todo es confusión, horror profundo,
    cielos, nubes, colinas, caro bosque,
    ¿do estáis...? Os busco en vano
    desaparecisteis... La tormenta umbría
    en los aires revuelve un océano
    que todo lo sepulta...
    Al fin, mundo fatal, nos separamos;
    el huracán y yo solos estamos.

    ¡Sublime tempestad! ¡Cómo en tu seno,
    de tu solemne inspiración henchido,
    al mundo vil y miserable olvido,
    y alzo la frente, de delicia lleno!
    ¿Dó está el alma cobarde
    que teme tu rugir...? Yo en ti me elevo
    ai trono del Señor; oigo en las nubes
    el eco de su voz; siento a la tierra
    escucharle y temblar. Ferviente lloro
    desciende por mis pálidas mejillas,
    y su alta majestad trémulo adoro.

    (Septiembre 1822)
    Ed. 1832


    (*) De esta composición existe una versión al inglés que hizo el
    poeta norteamericano William Cullen Bryant con el título de
    "The Hurricane". "The Hurricane" fue publicado la primera vez
    como poesía original, en "The Talismán", en 1828, en las páginas
    114 y 115, con el subtítulo siguiente: "Escrito en las Indias
    Occidentales". Sin embargo, en la primera edición de los "Poemas"
    de Bryant, editados por Washington Irving, en Londres,
    1832, en las notas que aparecen al final del libro, en la página 234,
    se explica con claridad que no se trata de una composición original
    : "Este poema es casi una traducción de uno de José María
    Heredia, un nativo de la isla de Cuba, quien publicó en Nueva
    York, hace seis o siete años, un volumen de poemas en lengua
    española".

    (**) Además, este poema es uno de los más conocidos del autor, y representativo del Romanticismo hipanoamericano.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 09:06

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    34

    LA ESTACIÓN DE LOS NORTES (*)

    Témplase ya del fatigoso estío
    el fuego abrasador: del yerto polo
    del setentrión los vientos sacudidos,
    envueltos corren entre niebla oscura,
    y a Cuba libran de la fiebre impura.

    Ruge profundo el mar, hinchado el seno,
    y en golpe azotador hiere las playas:
    sus alas baña céfiro en frescura,
    y vaporoso transparente velo
    envuelve al sol y rutilante cielo.

    ¡Salud, felices días! A la muerte
    la ara sangrienta derribáis que mayo
    entre flores alzó: la acompañaba
    con amarilla faz la fiebre impía,
    y con triste fulgor resplandecía.

    Ambas veían con adusta frente
    de las templadas zonas a los hijos
    bajo este cielo ardiente y abrasado:
    con sus pálidos cetros los tocaban,
    y a la huesa fatal los despeñaban.

    Mas su imperio finó: del norte el viento
    purificando el aire emponzoñado,
    tiende sus alas húmedas y frías,
    por nuestros campos resonando vuela,
    y del rigor de agosto los consuela.

    Hoy en los climas de la triste Europa
    del aquilón el soplo enfurecido
    su vida y su verdor quita a los campos,
    cubre de nieve la desnuda tierra,
    y al hombre yerto en su mansión encierra.

    Todo es muerte y dolor: en Cuba empero
    todo es vida y placer: Febo sonríe
    más templado entre nubes transparentes,
    da nuevo lustre al bosque y la pradera,
    y los anima en doble primavera.

    ¡Patria dichosa! ¡tú, favorecida
    con el mirar más grato y la sonrisa
    de la divinidad! No de tus campos
    me arrebate otra vez el hado fiero.
    Lúzcame ¡ay! en tu cielo el sol postrero.

    ¡Oh! ¡con cuánto placer, amada mía,
    sobre el modesto techo que nos cubre
    caer oímos la tranquila lluvia,
    y escuchamos del viento los silbidos,
    y del distante Océano los bramidos!

    Llena mi copa con dorado vino,
    que los cuidados y el dolor ahuyenta:
    él, adorada, a mi sedienta boca
    muy más grato será de ti probado,
    y a tus labios dulcísimos tocado.

    Junto a ti reclinado en muelle asiento,
    en tus rodillas pulsaré mi lira,
    y cantaré feliz mi amor, mi patria,
    de tu rostro y de tu alma la hermosura,
    y tu amor inefable y mi ventura.

    (Octubre 1822)

    (*) En la obra de James Kennedy, "Selections from the poems
    of Don José María Heredia, with translations into english verse",
    publicada en La Habana, 1844, aparece una versión inglesa de
    esta composición, que el mismo Kennedy reprodujo en su obra
    "Modern poets and poetry of Spain", Londres, 1852, y que aparece
    en "Poesías de Heredia traducidas a otros idiomas", de González
    del Valle,
    W. H. Hurlbut, literato norteamericano, en un artículo titulado
    "The poetry of Spanish America", publicado en "North
    American Review" Boston, enero-abril, 1849, págs. 140 a 142,
    hace una traducción al inglés de esta composición.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 09:17

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    35

    AL SOL (*)

    Yo te amo, Sol: tú sabes cuan gozoso,
    cuando en las puertas del oriente asomas,
    siempre te saludé. Cuando tus rayos
    nos arrojas fogoso
    desde tu trono en el desierto cielo,
    del bosque hojoso entre la sombra grata,
    me deleito al bañarme en la frescura
    que los céfiros vierten en su vuelo;
    y me abandono a mil cavilaciones
    de inefable dulzura
    cuando reclinas la radiosa frente
    en las trémulas nubes de occidente.

    Empero el opulento en su delirio
    sólo de vicios y maldad ansioso,
    rara vez alza a ti su faz ingrata.
    Tras el festín nocturno crapuloso
    tu luz sus ojos lánguidos maltrata,
    y tu fuego le ofende,
    tu fuego puro, que en tu amor me enciende.
    ¡Oh! si el oro fatal cierra las almas
    a admirar y gozar, yo lo desprecio;
    disfruten otros su letal riqueza,
    y yo contigo mi feliz pobreza.

    ¡Oh! ¡cuánto en el Anáhuac
    por tu ardor suspiré! Mi cuerpo helado
    mirábase encorvado
    hacia la tumba oscura.
    En el invierno rígido, inclemente,
    me viste, al contemplar tu tibio rayo,
    triste acordarme del fulgor de mayo,
    y alzar a ti la moribunda frente.
    "¡Dadme", clamaba, "dadme un sol de fuego,
    "y bajo el agua, sombras y verdura,
    "y me veréis feliz...! Tú, Sol, tú solo
    mi vida conservaste: mis dolores
    cual humo al aquilón desaparecieron,
    cuando en Cuba tus rayos bienhechores
    en mi pálida faz resplandecieron.

    ¡Mi patria...! ¡Oh Sol! Mi suspirada Cuba
    ¿a quién debe su gloria,
    a quién su eterna virginal belleza?
    Sólo a tu amor. Del Capricornio al cáncer
    en giro eterno recorriendo el centro,
    jamás de ella te apartas, y a tus ojos
    de cocoteros cúbrese y de palmas,
    y naranjos preciosos, cuya pompa
    nunca destroza el inclemente hielo.
    Tus rayos en sus vegas
    desenvuelven los lirios y las rosas,
    maduran la más dulce de las plantas,
    y del café las sales deliciosas.
    Cuando en tu ardor vivífico la viertes
    larga fuente de vida y de ventura,
    ¿no te gozas ¡oh Sol! en su hermosura?

    Mas a veces también por nuestras cumbres
    truena la tempestad. Entristecido
    velas tu pura faz, mientras las nubes
    sus negras olas por el aire ardiente
    revuelven con furor, y comprimido
    ruge el rayo impaciente,
    estalla, luce, hiere y un diluvio
    de viento, agua y fuego se desata
    sobre la tierra trémula, y el caos
    amenaza tornar... Mas no, que lanzas
    ¡oh Sol! tu dardo irresistible, y rompe
    la confusión, de nubes y a la tierra
    llega a dar esperanza. Ella con ansia
    le recibe, sonríe, y rebramando
    huye ante ti la tempestad. Más pur,o
    centella tu ancho disco en occidente.
    Respira el mundo paz: bosque y pradera
    se ornan de nuevas galas,
    mientras al cielo con la tierra uniendo
    el iris tiende sus brillantes alas.

    ¡Alma de la creación! Cuando el Eterno
    del primitivo caos
    con imperiosa voz sacó la tierra,
    ¿qué fue sin tu presencia? Yermo triste
    do inmóviles reinaban
    frialdad, silencio, oscuridad... Empero
    la voz omnipotente
    Dijo: ¡Enciéndase el Sol! y te encendiste,
    y brotaste la luz, que en raudo vuelo
    pobló los campos del desierto cielo.

    ¡Oh! ¡cuan ardiente, al recibir la vida,
    al curso eterno te lanzaste luego!
    ¡Cómo al sentir tu delicioso fuego,
    se animó la creación estremecida!
    La sombra de los bosques,
    el cristal de las aguas,
    las brisas y las ñores,
    y el rutilante cielo y sus colores
    a una mirada tuya parecieron,
    y el placer y la vida
    su germen inmortal desenvolvieron.

    Y esos planetas, tu feliz corona,
    te obedecen también: raudos giraban
    sin órbita ni centro
    del éter en las vastas soledades.
    El Creador soberano sugetólos
    a tu poder, y les pusiste rienda,
    a tu fuerte atracción los enlazaste,
    y en derredor de ti los obligaste
    a que siguiesen inerrable senda.

    Y tú sigues la tuya, que eres sólo
    criatura como yo, y estrella débil,
    (como las que arden por la noche umbría
    en el cielo sin nubes), en presencia
    de tu Hacedor y mi Hacedor, que eterno,
    omniscio, omnipotente, dirigiendo
    con designios profundos
    tantos millones férvidos de mundos,
    reina en el corazón del universo.

    Espejo ardiente en que el Señor se mira,
    ya nos dé vida en tu fulgor sereno,
    ya con el rayo y espantoso trueno
    al mundo lance su terrible ira;
    gloria del universo,
    del empíreo señor, padre del día,
    ¡Sol! oye: si mi mente
    alta revelación no iluminara,
    en mi entusiasmo ardiente
    a ti, rey de los astros, adorara.

    Así en los campos de la antigua Persia
    resplandeció tu altar; así en el Cuzco
    los Incas y su pueblo te acataban.
    ¡Los Incas! ¿Quién, al pronunciar su nombre,
    si no nació perverso,
    podrá el llanto frenar...? Sencillo y puro,
    de sus criaturas en la más sublime
    adorando al autor del universo
    aquel pueblo de hermanos,
    alzaba a ti sus inocentes manos.

    ¡Oh dulcísimo error! ¡Oh Sol! Tú viste
    a tu pueblo inocente
    bajo el hierro inclemente
    como pálida mies gemir segado.
    Vanamente sus ojos moribundos
    por venganza o favor a ti se alzaban:
    tú los desatendías,
    y tu carrera eterna proseguías,
    y sangrientos y yertos expiraban.

    (Créese de 1821 a 1823)
    Ed. 1832

    (*) Alice Stone Blackwell tradujo al inglés y en prosa esta composición,
    que apareció con el título "To the Sun" en el libro
    "Some Spanish-American Poets", con introducción y notas de
    Isaac Goldlerg, University of Pensylvania Press, Philadelphia,
    1937.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 11 Ene 2019, 09:29

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    36

    NIÁGARA

    Templad mi lira, dádmela, que siento
    en mi alma estremecida, y agitada
    arder la inspiración. ¡Oh! ¡cuánto tiempo
    en tinieblas pasó, sin que mi frente
    brillase con su luz...! Niágara undoso,
    tu sublime terror sólo podría
    tornarme el don divino, que ensañada
    me robó del dolor la mano impía.

    Torrente prodigioso, calma, calla
    tu trueno aterrador: disipa un tanto
    las tinieblas que en. torno te circundan;
    déjame contemplar tu faz serena,
    y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
    Yo digno soy de contemplarte: siempre
    lo común y mezquino desdeñando,
    ansié por lo terrífico y sublime.
    Al despeñarse el huracán furioso,
    - al retumbar sobre mi frente el rayo,
    palpitando gocé: vi al Océano,
    azotado por austro proceloso,
    combatir mi bajel, y ante mis plantas
    vórtice hirviente abrir, y amé el peligro.
    Mas del mar la fiereza
    en mi alma no produjo
    la profunda impresión que tu grandeza.

    Sereno corres, majestuoso; y luego
    en ásperos peñascos quebrantado,
    te abalanzas violento, arrebatado,
    como el destino irresistible y ciego
    ¿qué voz humana describir podría
    de la sirte rugiente
    la aterradora faz? El alma mía
    en vago pensamiento se confunde
    al mirar esa férvida corriente,
    que en vano quiere la turbada vista
    en su vuelo seguir al borde oscuro
    del precipicio altísimo: mil olas,
    cual pensamiento rápidas pasando
    chocan, y se enfurecen,
    y otras mil y otras mil ya las alcanzan,
    y entre espuma y fragor desaparecen.

    ¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo
    devora los torrentes despeñados:
    crúzanse en él mil iris, y asordados
    vuelven los bosques el fragor tremendo.
    En las rígidas peñas
    rómpese el agua: vaporosa nube
    con elástica fuerza
    llena el abismo en torbellino, sube,
    gira en torno, y al éter
    luminosa pirámide levanta,
    y por sobre los montes que le cercan
    al solitario cazador espanta.

    Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista
    con inútil afán? ¿Por qué no miro
    alrededor de tu caverna inmensa
    las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
    que en las llanuras de mi ardiente patria
    nacen del sol a la sonrisa, y crecen,
    y al soplo de las brisas del Océano,
    bajo un cielo purísimo se mecen?

    Este recuerdo a mi pesar me viene...
    nada ¡oh Niágara! falta a tu destino,
    ni otra corona que el agreste pino
    a tu terrible majestad conviene.
    La palma, y mirto, y delicada rosa,
    muelle placer inspiren y ocio blando
    en frivolo jardín: a ti la suerte
    guardó más digno objeto, más sublime.
    El alma libre, generosa, fuerte,
    viene, te ve, se asombra,
    el mezquino deleite menosprecia
    y aun se siente elevar cuando te nombra.

    ¡Omnipotente Dios! En otros climas
    vi monstruos execrables,
    blasfemando tu nombre sacrosanto,
    sembrar error y fanatismo impío,
    los campos inundar en sangre y llanto,
    de hermanos atizar la infanda guerra,
    y desolar frenéticos la tierra,
    vilos, y el pecho se inflamó a su vista
    en grave indignación. Por otra parte
    vi mentidos filósofos, que osaban
    escrutar tus misterios, ultrajarte,
    y de impiedad al lamentable abismo
    a los míseros hombres arrastraban.
    Por eso te buscó mi débil mente
    en la sublime soledad: ahora
    entera se abre a ti; tu mano siente
    en esta inmensidad que me circunda,
    y tu profunda voz hiere mi seno
    de este raudal en el eterno trueno.

    ¡Asombroso torrente!
    ¡Cómo tu vista el ánimo enajena,
    y de terror y admiración me llena!
    ¿Do tu origen está? ¿Quién fertiliza
    por tantos siglos tu inexhausta fuente?
    ¿Qué poderosa mano
    hace que al recibirte
    no rebose en la tierra el Océano?

    Abrió el Señor su mano omnipotente;
    cubrió tu faz de nubes agitadas,
    dio su voz a tus aguas despeñadas,
    y ornó con su arco tu terrible frente.
    ¡Ciego, profundo, infatigable corres,
    como el torrente oscuro de los siglos
    en insondable eternidad...! ¡Al hombre
    huyen así las ilusiones gratas,
    los florecientes días,
    y despierta al dolor...! ¡Ay! agostada
    yace mi juventud; mi faz, marchita;
    y la profunda pena que me agita
    ruga mi frente, de dolor nublada.

    Nunca tanto sentí como este día
    mi soledad y mísero abandono
    y lamentable desamor... ¿Podría
    en edad borrascosa
    sin amor ser feliz? ¡Oh! ¡si una hermosa
    mi cariño fijase,
    y de este abismo al borde turbulento
    mi vago pensamiento
    y ardiente admiración acompañase!
    ¡Cómo gozara, viéndola cubrirse
    de leve palidez, y ser más bella
    en su dulce terror, y sonreírse
    al sostenerla mis amantes brazos...!
    ¡Delirios de virtud...! ¡Ay! ¡Desterrado,
    sin patria, sin amores,
    sólo miro ante mí llanto y dolores!

    ¡Niágara poderoso!
    ¡Adiós! ¡Adiós! Dentro de pocos años
    ya devorado habrá la tumba fría
    a tu débil cantor. ¡Duren mis versos
    cual tu gloria inmortal! ¡Pueda piadoso
    viéndote algún viajero,
    dar un suspiro a la memoria mía!
    Y al abismarse Febo en occidente,
    feliz yo vuele do el Señor me llama,
    y al escuchar los ecos de mi fama,
    alce en las nubes la radiosa frente.

    Ed. 1832

    (*)"Niágara" ha sido traducida al francés por F. E. Johanet, con
    motivo del centenario del nacimiento de Heredia, celebrado en
    31 de diciembre de 1903, traducción que se publicó en "Cuba
    y América", La Habana, 17 abril 1904; y por Alex de Grandel,
    "Revue de l'Amérique Latine", París, agosto 1929; al italiano,
    por E. Teza, en folleto publicado en Padua en 1895, y al japonés
    por Ryoji Ymamura, en "Antología Hispanoamericana", Tokyo,
    1903. Todas estas traducciones aparecen en "Poesías de Heredia
    traducidas a otros idiomas", por F. González del Valle. Villemain,
    en su "Essai sur le génie de Pindare et sur la poésie
    lyrique", París, 1859, pág. 581, tradujo en prosa francesa algunos
    trozos de esta poesía, y también lo hizo Boris de Tannenberg,
    según cita de González del Valle, en "La poésie castillane contemporaine"
    (Espagne et Améríque), París, 1889. (Cita de Emilio
    Roig de Leuchsenring).
    De la versión de junio de 1824 existe una traducción al inglés
    que se le ha venido atribuyendo sin justificación al poeta
    norteamericano William Cullen Bryant. La traducción al inglés
    apareció en "The United States Review and Literary Gazette",
    Boston, enero 1827, págs. 283-286. Los editores de la revista
    cuando se publicó la traducción inglesa del "Niágara" eran
    Charles Folsom y Bryant. Esta composición fue reproducida en
    una antología preparada por H. W. Longfellow, "The poets and
    poetry of Europe", Filadelfia, 1845; de ella se han publicado
    unos fragmentos en "The National Reader", libro de lectura
    para las escuelas, que se editó en Boston por P. John Pierpont,
    apareciendo en la edición de 1831, y en otras posteriores una
    nota que dice: "From de United States Review and Literary
    Gazette", translated from the Spanish of José María Heredia,
    by T. T. Payne". Héctor H. Orjuela afirma que la traducción fue
    hecha por un desconocido literato norteamericano Thatcher
    Taylor Payne, y revisada y corregida por William Cullen Bryant.

    LA ODA AL NIÁGARA ES LA MÁS CONOCIDA Y EMBLEMÁTICA DEL AUTOR, AL PUNTO DE QUE EN AQUELLAS HAY UN MONUMENTO A JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Lluvia Abril el Sáb 12 Ene 2019, 02:30

    Vaya vaya, dos días sin poder pasar por aquí y...¡Eres único! Aquí hay mucho, pero mucho para poder
    disfrutar de este autor que tú nos has permitido conocer.
    Gracias de nuevo, y seguiré leyendo.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Sáb 12 Ene 2019, 05:01

    Gracias, querida amiga... todo esto tiene sentido gracias a que personas como tú pasan y dicen, aunque sea sólo eso: "¡Hola, estoy aquí!". Pero tú dices mucho más: infundes ánimo. Con ello el trabajo esmás fácil.

    Besos.

    Y sigo.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Sáb 12 Ene 2019, 05:29

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    37

    HIMNO AL SOL

    (Escrito en el Océano)

    En los yermos del mar, donde habitas,
    alza ¡oh Musa! tu voz elocuente:
    lo infinito circunda tu frente,
    lo infinito sostiene tus pies.

    Ven: al bronco rugir de las ondas
    une acento tan fiero y sublime,
    que mi pecho entibiado reanime,
    y mi frente ilumine otra vez.

    Las estrellas en torno se apagan,
    se colora de rosa el oriente,
    y la sombra se acoge a occidente
    y a las nubes lejanas del sur:

    Y del este en el vago horizonte,
    que confuso mostrábase y denso,
    se alza pórtico espléndido, inmenso,
    de oro, púrpura, fuego y azul.

    ¡Vedle ya...! Cual gigante imperioso
    alza el Sol su cabeza encendida...
    ¡Salve, padre de luz y de vida,
    centro eterno de fuerza y calor!

    ¡Cómo lucen las olas serenas
    de tu ardiente fulgor inundadas!
    ¡Cuál sonriendo las velas doradas
    tu venida saludan, oh Sol!

    De la vida eres padre; tu fuego
    poderoso renueva este mundo;
    aun del mar el abismo profundo
    mueve, agita, serena tu ardor.

    Al brillar la feliz primavera,
    dulce vida recobran los pechos,
    y en dichosa ternura deshechos
    reconocen la magia de Amor.

    Tuyas son las llanuras: tu fuego
    de verdura las viste y de flores,
    y sus brisas y blandos olores
    feudo son a tu noble poder.

    Aun el mar te obedece: sus campos
    abandona huracán inclemente,
    cuando en ellos reluce tu frente,
    y la calma se mira volver.

    Tuyas son las montañas altivas,
    que saludan tu brillo primero,
    y en la tarde tu rayo postrero
    las corona de bello fulgor.

    Tuyas son las cavernas profundas,
    de la tierra insondable tesoro,
    y en su seno el diamante y el oro
    reconcentran tu plácido ardor.

    Aun la mente obedece tu imperio,
    y al poeta tus rayos animan;
    su entusiasmo celeste subliman,
    y le ciñen eterno laurel.

    Cuando el éter dominas, y al mundo
    con calor vivificas intenso,
    que a mi seno desciendes yo pienso,
    y alto numen despiertas en él.

    ¡Sol! Mis votos humildes y puros
    de tu luz en las alas envía
    al Autor de tu vida y la mía,
    al Señor de los cielos y el mar.

    Alma eterna, doquiera respira,
    y velado en tu fuego le adoro:
    si yo mismo ¡mezquino! me ignoro,
    ¿cómo puedo su esencia explicar?

    A su inmensa grandeza me humillo:
    sé que vive, que reina y me ama,
    y su aliento divino me inflama
    de justicia y virtud en amor.

    ¡Ah! si acaso pudiera un día
    vacilar de mi fe los cimientos,
    fue al mirar sus altares sangrientos
    circundados por crimen y error.

    (1825)
    Ed. 1832

    "Miscelánea", segunda época, Toluca, t. II, núm. 6, junio
    1832, pág. 187.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Sáb 12 Ene 2019, 05:34

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    38

    CALMA EN EL MAR

    El cielo está puro,
    la noche tranquila,
    y plácida reina
    la calma en el mar.
    En su campo inmenso
    el aire dormido
    la flámula inmóvil
    no puede agitar.

    Ninguna brisa
    lleva las velas,
    ni alza las ondas
    viento vivaz.
    En el oriente
    débil meteoro
    brilla y disípase
    leve, fugaz.

    Su ebúrneo semblante
    nos muestra la luna
    y en torno la ciñe
    corona de luz.
    El brillo sereno
    argenta las nubes,
    quitando a la noche
    su pardo capuz.

    Y las estrellas,
    cual puntos de oro,
    en todo el cielo
    vense brillar.
    Como un reflejo
    terso, bruñido,
    las luces trémulas
    refleja el mar.

    La calma profunda
    de aire, mar y cielo,
    al ánimo inspira
    dulce meditar.
    Angustias y afanes
    de la triste vida,
    mi llagado pecho
    quiere descansar.

    Astros eternos,
    lámparas dignas,
    que ornáis el templo
    del Hacedor;
    Sedme la imagen
    de su grandeza,
    que lleve al ánima
    santo pavor.

    ¡Oh piloto! la nave prepara,
    a seguir tu derrota disponte,
    que en el puro lejano horizonte
    se levanta la brisa del sur:

    Y la zona que oscura lo ciñe,
    cual la luz presurosa se tiende,
    y del mar, cuyo espejo se hiende
    muy más bello parece el azul.

    (1830)
    Ed. 1832

    "Miscelánea", primera época, Toluca, t. II, núm. 6, febrero
    1830, págs. 56-57.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 08:26

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    B / POESÍAS DESCRIPTIVAS

    39

    AL OCÉANO

    ¡Qué! ¡De las ondas el hervor insano
    mece por fin mi pecho estremecido!
    ¡Otra vez en el mar...! Dulce a mi oído.
    Es tu solemne música, Océano.
    ¡Oh! ¡Cuántas veces en ardientes sueños
    gozoso contemplaba
    tu ondulación, y de tu fresca brisa
    el aliento salubre respiraba!
    Elemento vital de mi existencia,
    de la vasta creación mística parte,
    ¡Salve! Felice torno a saludarte
    tras once años de ausencia.

    ¡Salve otra vez! A tus volubles ondas
    del triste pecho mío
    todo el anhelo y esperanza fío.
    A las orillas de mi fértil patria
    tú me conducirás donde me esperan,
    del campo entre la paz y las delicias,
    fraternales caricias,
    y de una madre el suspirado seno.

    Me oyes, ¡benigno mar! De fuerza lleno
    en el triste horizonte nebuloso,
    tiende sus alas Aquilón fogoso,
    y las bate: la vela estremecida
    cede al impulso de su voz sonora,
    y cual flecha del arco despedida,
    corta las aguas la inflexible prora.
    Salta la nave como débil pluma,
    ante el fiero Aquilón que la arrebata,
    y en torno, cual rugiente catarata
    hierven montes de espuma.

    ¡Espectáculo espléndido, sublime
    de rumor, de frescura y movimiento;
    mi desmayado acento
    tu misteriosa inspiración reanime!
    Ya cual mágica luz brillar la siento;
    y la olvidada lira
    nuevos tonos armónicos suspira.
    Pues me torna benéfico tu encanto
    el don divino que el mortal adora,
    tuyas, glorioso mar, serán ahora
    estas primicias de mi nuevo canto.

    ¡Augusto primogénito del Caos!
    Al brillar ante Dios la luz primera,
    en su cristal sereno
    la reflejaba tu cerúleo seno:
    y al empezar el mundo su carrera,
    fue su primer vagido,
    de tus hirvientes olas agitadas
    el solemne rugido.

    Cuando el fin de los tiempos se aproxime,
    y al orbe desolado
    consuma la vejez, tú, mar sagrado,
    conservarás tu juventud sublime.
    Fuertes cual hoy, sonoras y brillantes,
    llenas de vida férvidas tus ondas,
    abrazarán las playas resonantes,
    ya sordas a tu voz: tu brisa pura
    gemirá triste sobre el mundo muerto,
    y entonarás en lúgubre concierto
    el himno funeral de la natura.

    ¡Divino esposo de la madre tierra!
    Con tu abrazo fecundo,
    los ricos dones desplegó que encierra
    en su seno profundo.
    Sin tu sacro tesoro, inagotable,
    de humedad, y de vida,
    ¿qué fuera? —Yermo estéril, pavoroso,
    de muerte y aridez sólo habitado.
    Suben ligeros de tu seno undoso
    los vapores que en nubes condensados,
    y por el viento alígero llevados,
    bañan la tierra en lluvias deliciosas,
    que al moribundo rostro de natura
    tornando la frescura,
    ciñen su frente de verdor y rosas.

    ¡Espejo ardiente del sublime cielo I
    en ti la luna su fulgor de plata
    y la noche magnífica retrata
    el esplendor glorioso de su velo.
    Por ti, férvido mar, los habitantes
    de Venus, Marte o Júpiter, admiran
    coronado con luces más brillantes
    nuestro planeta que tus brazos ciñen;
    cuando en tu vasto y refulgente espejo
    mira el sol de su hoguera inextinguible
    el áureo, puro, vivido reflejo.

    ¿Quién es, sagrado mar, quién es el hombre
    a cuyo pecho estúpido y mezquino
    tu majestuosa inmensidad no asombre?
    Amarte y admirar fue mi destino
    desde la edad primera:
    de juventud apasionada y fiera
    en el ardor inquieto,
    casi fuiste a mi culto noble objeto;
    hoy a tu grata vista, el mal tirano
    que me abrumaba, en dichoso olvido
    me deja respirar. Dulce a mi oído
    es tu solemne música, Océano.

    (Noviembre 1836)

    "Aguinaldo Habanero", La Habana, 1837, págs. 85-89


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 08:33

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    C / POESÍAS FILOSÓFICAS E HISTÓRICAS

    40

    Es el SONETO que empieza por

    "Si la pálida muerte aplacara"

    Ver en la sección de Sonetos dedicada al autor.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 08:40

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    C / POESÍAS FILOSÓFICAS E HISTÓRICAS

    41

    AL POPOCATEPETL

    Tú que de nieves eternas coronado
    alzas sobre Anáhuac la enorme frente:
    tú de la indiana gente
    temido en otro tiempo y venerado,
    gran Popocatépetl, oye benigno
    el saludo humildoso
    que trémulo mi labio dirige.
    Escucha al joven, que de verte ansioso
    y de admirar tu gloria, abandonara
    el seno de Managua delicioso.

    Te miro en fin: tus faldas azuladas
    contrastan con la nieve de tu cima;
    cual descuellas encima
    de las candidas nubes apiñadas
    están en torno de tu firme asiento.
    En vano el recio viento
    apartarlas intenta de tu lado.
    Cual de terror me llena
    el boquerón horrendo, do inflamado
    tu pavoroso cóncavo respira!
    Por donde ardiendo en ira
    mil torrentes de fuego vomitabas,
    y el fiero Tlaxcalteca
    el ímpetu temiendo de tus lavas,
    ante tu faz postrado
    imploraba glorioso tu clemencia.

    Cuan trémulo el cuitado
    quedábase al mirar tu seno ardiente
    centellas vomitar, que entre su gente
    firmísimos creían
    ser almas de tiranos
    que a la tierra infeliz de ti venían.

    Y llegará tal vez el triste día
    en que del Etna imites los furores,
    y con fuertes hervores
    consigas derretir tu nieve fría,
    que en torrentes bajando
    el ancho valle inunde,
    y destrucción por él vaya sembrando.
    O bien la enorme espalda sacudiendo
    muestras tu horrible seno cuasi roto,
    y en fuerte terremoto
    vayas el Anáhuac estremecido.
    Y las grandes ciudades
    de tu funesta cólera al amago,
    con miserable estrago
    se igualen a la tierra en su ruina,
    y por colmo de horrores
    den inmenso sepulcro
    a sus anonadados moradores.
    ¡Ahí, ¡nunca, nunca sea!
    ¡Nunca, oh sacro volcán tanto te irrites!
    lejos de mí tan espantosa idea.
    A tu vista mi ardiente fantasía
    por edades y tiempos va volando,
    y se acerca temblando
    a aquel funesto y pavoroso día
    en que Jehová con mano omnipotente
    la ruina de la tierra decretara.

    El Aquilón soberbio
    bramando con furor amontonara
    inmensidad de nubes tempestuosas,
    que con su multitud y su espesura
    la brillantez del sol oscurecieran.
    Cuando sus senos húmedos abrieran
    el espumoso mar se vio aumentado,
    y entrando por la tierra presuroso
    imaginó gozoso
    a su imperio por siempre sujetarla.
    Los horribles aterrados
    a los enhiestos árboles subían,
    mas allí no perdían
    su pánico terror; pues el océano
    que fiero se estremece
    temiendo que la tierra se le huye,
    a todos los destruye
    en el asilo mismo que eligieron.
    Acaso dos monarcas enemigos
    que en pos corriendo de funesta gloria,
    sobrados materiales a la historia
    en bárbaros combates preparaban,
    al ver entonces el terrible aspecto
    de la celeste cólera temblaron.
    En un sagrado templo guarecidos
    de palidez cubiertos se abrazaron,
    y al punto sofocaron
    sus horrendos rencores en el pecho.
    Pero en el templo mismo
    los furores del mar les alcanzaban,
    que con ellos y su odio sepultaban
    su reconciliación y su memoria.

    Revueltos entre sí los elementos,
    su terrible desorden anunciaba,
    que el airado Creador sobre la tierra
    el peso de su cólera lanzaba.

    Cont.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 08:44

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    C / POESÍAS FILOSÓFICAS E HISTÓRICAS

    41

    AL POPOCATEPETL

    Cont.

    Tú entonces del volcán genio invisible
    el ruido de las olas escuchaste,
    y al punto demostraste
    tu sorpresa y tu cólera terrible.
    Cual sacude el anciano venerable
    su luenga barba y cabellera cana,
    tal tu con furia insana
    la nieve sacudiste que te adorna,
    y humo y llamas ardientes vomitando
    airado alzaste la soberbia frente,
    y tembló fuertemente
    la tierra, aunque cubierta de los mares.
    Entonces dirigiste
    a las ondas la voz y así dijiste:
    "¿Quién ha podido daros
    suficiente osadía,
    para que a vista mía
    mi imperio profanéis de aqueste modo?
    Volved atrás la temeraria planta,
    y no intentéis osados
    penetrar mis mansiones, visitadas
    sólo del aire vigoroso y puro".
    Así dijiste, y de su seno oscuro
    con horrible murmurio respondieron
    las ondas a tu voz y acobardadas
    al llegar a tus nieves eternales
    con respetuoso horror se detuvieron.
    De espuma y de cadáveres hinchadas,
    mil horribles despojos arrastrando
    hasta tu pie venían
    y humildes le besaban
    y allí la furia horrenda contenían,
    Jehová entonces su mano levantando,
    dio así nuevos esfuerzos a las ondas,
    que súbito se hincharon,
    y a pesar de tu rabia y tus bramidos
    a tus senos ardientes se lanzaron.
    Mas aún allí tu cólera temían,
    pues de tu ardiente cráter arrojadas,
    y en vapor transformadas
    vencer tu resistencia no podían.
    Pero Jehová contuvo tus furores,
    y sobre tu cabeza
    con inmortal divina fortaleza
    aglomeró las ondas espumosas.
    Viéndote ya vencido
    por el mar protegido de los cielos
    en tu seno más hondo y escondido
    los fuegos inextintos ocultaste,
    con que tu claro imperio recobraste
    pasados los furores del diluvio.
    En tanto de tus senos anegados
    un negro vapor sube,
    que alzando al éter columnosa nube,
    al universo anuncia
    los estragos del húmedo elemento,
    de Jehová la venganza y la alta gloria,
    su tan fácil victoria,
    y tu debilidad y abatimiento.

    Después de la catástrofe horrorosa
    luengos siglos pasaste sosegado,
    temido y venerado
    de la insigne Tlaxcala belicosa.
    Jamás humana planta
    las nieves de tu cima profanara
    ¿Mas qué no pudo hacer entre los hombres
    POESÍAS COMPLETAS
    la ansia fatal de eternizar sus nombres?
    Miró tu faz el español osado,
    y temerario intenta
    penetrar tus misterios escondidos,
    El intrépido Ordaz se te presenta,
    y a tu nevada cúspide se arroja.
    En vano con bramidos
    le quisiste arredrar; entonces airado
    ostentas tu poder. Con mano fuerte
    procura de tu espalda sacudirle,
    y haciéndole temer próxima muerte,
    por los aires despides
    mil y mil trozos de tu duro hielo,
    y amenazas con llamas abrasarle,
    y te encumbres el cielo
    y la lejana tierra
    con pómez y volcánica ceniza,
    que a fuer de lluvia bajo sí le entierra.
    Mas él siempre animoso
    ve tu furor con ánimo sereno:
    holla tu nieve, y desde tu ancha boca
    mira con ansia tu horroroso seno.
    Mil victorias y mil do quier lograba
    el español ejército valiente,
    pero ya finalmente
    la pólvora fulmínea les faltaba.
    Y su impávido jefe fabricarla
    con el azufre de tu seno quiere.
    Hablará así a sus huestes el grande
    "Eterno loor a aquel que se atreviere
    a acometer empresa de tal nombre".
    Así dice, y Montano valeroso
    la voz de honor oyendo que le anima,
    baja a tu ardiente sima,
    y tus frutos te arranca victorioso.

    Cont.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 08:46

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    C / POESÍAS FILOSÓFICAS E HISTÓRICAS

    41

    AL POPOCATEPETL

    Cont.

    Con fuerza te extremeces? Ah! yo creo
    que a cólera mi labio te provoca.
    De tu anchurosa boca
    humo y sulfúrea llama salir veo.
    ¿Qué? ¿me quieres decir fiero y airado
    que sólo he murmurado
    los terribles ultrajes que has sufrido?
    Basta, basta, o volcán; ya temeroso
    el torpe labio sello.
    Pero escucha mis súplicas piadoso.
    No quieras despiadado
    ser más temido siempre que admirado.
    Jamás enorme piedra
    de tus senos lanzada
    llene de espanto al labrador vecino;
    jamás lleve tu lava su camino
    a su fértil hacienda,
    no derribes su rústica vivienda
    con tus fuertes y horribles convulsiones:
    que el inextinto fuego
    que en tu seno se guarda
    para siempre jamás quede en sosiego. (*)

    "Noticioso General", Méjico, 17 enero 1920.

    (*) Fin de este poema.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 09:00

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

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    42

    EN EL TEOCALLI DE CHOLULA (1)

    ¡Cuánto es bella la tierra que habitaban
    los aztecas valientes! En su seno
    en una estrecha zona concentrados,
    con asombro se ven todos los climas
    que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos
    cubren a par de las doradas mieses
    las cañas deliciosas. El naranjo
    y la pina y el plátano sonante,
    hijos del suelo equinoccial, se mezclan
    a la frondosa vid, al pino agreste,
    y de Minerva el árbol majestuoso.
    Nieve eternal corona las cabezas
    de Iztaccihual purísimo, Orizaba
    y Popocatepetl (2), sin que el invierno,
    toque jamás con destructora mano
    los campos fértilísimos, do ledo
    los mira el indio en púrpura ligera
    y oro teñirse, reflejando el brillo
    del sol en occidente, que sereno
    en yelo eterno y perennal verdura
    a torrentes vertió su luz dorada,
    y vio a Naturaleza conmovida
    con su dulce calor hervir en vida.
    Era la tarde; su ligera brisa
    las alas en silencio ya plegaba
    y entre la hierba y árboles dormía
    mientras el ancho sol su disco hundía
    detrás de Iztaccihual. La nieve eterna,
    cual disuelta en mar de oro, semejaba
    temblar en torno de él; un arco inmenso
    que del empíreo en el cénit finaba,
    como espléndido pórtico del cielo,
    de luz vestido y centellante gloria,
    de sus últimos rayos recibía
    los colores riquísimos. Su brillo
    desfalleciendo fue; la blanca luna
    y de Venus la estrella solitaria
    en el cielo desierto se veían.
    [Crepúsculo feliz! Hora más bella
    que la alma noche o el brillante día,
    ¡cuánto es dulce tu paz al alma mía!

    Cont.

    Ver (1) y (2) al final del poema.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 09:03

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

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    42

    EN EL TEOCALLI DE CHOLULA (1)

    Cont.

    Hallábame sentado en la famosa
    Cholulteca pirámide. Tendido
    el llano inmenso que ante mí yacía,
    los ojos a espaciarse convidaba.
    ¡Qué silencio! ¡Qué paz! ¡Oh! ¿Quién diría
    que en estos bellos campos reina alzada
    la bárbara opresión, y que esta tierra
    brota mieses tan ricas, abonada
    con sangre de hombres, en que fue inundada
    por la superstición y por la guerra...?

    Bajó la noche en tanto. De la esfera
    el leve azul, oscuro y más oscuro
    se fue tornando; la movible sombra
    de las nubes serenas, que volaban
    por el espacio en alas de la brisa,
    era visible en el tendido llano.
    Iztaccihual purísimo volvía
    del argentado rayo de la luna
    el plácido fulgor, y en el oriente,
    bien como puntos de oro centelleaban
    mil estrellas y mil... ¡Oh! ¡Yo os saludo,
    fuentes de luz, que de la noche umbría
    ilumináis el velo
    y sois del firmamento poesía!

    Al paso que la luna declinaba,
    y al ocaso fulgente descendía,
    con lentitud la sombra se extendía
    del Popocatepetl, y semejaba
    fantasma colosal. El arco oscuro
    a mí llegó, cubrióme,' y su grandeza
    fue mayor y mayor, hasta que al cabo
    en sombra universal veló la tierra.

    Cont.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 09:07

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

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    42

    EN EL TEOCALLI DE CHOLULA (1)

    Cont.

    Volví los ojos al volcán sublime,
    que velado en vapores transparentes,
    sus inmensos contornos dibujaba
    de occidente en el cielo.
    ¡Gigante del Anáhuac! ¿Cómo el vuelo
    de las edades rápidas no imprime
    alguna huella en tu nevada frente?
    Corre el tiempo veloz, arrebatando
    años y siglos, como el norte fiero
    precipita ante sí la muchedumbre
    de las olas del Mar. Pueblos y reyes
    viste hervir a tus pies, que combatían
    cual ora combatimos, y llamaban
    eternas sus ciudades, y creían
    fatigar a la tierra con su gloria.
    Fueron: de ellos no resta ni memoria.
    ¡Y tú eterno serás? Tal vez un día
    de tus profundas bases desquiciado
    caerás; abrumará tu gran ruina
    al yermo Anáhuac; alzaránse en ella
    nuevas generaciones, y orgullosas,
    que fuiste negarán...
    - - - - - - - - - - - - - - Todo perece
    por ley universal. Aun este mundo
    tan bello y tan brillante que habitamos,
    es el cadáver pálido y deforme
    de otro mundo que fue...
    En tal contemplación embebecido
    sorprendióme el sopor. Un largo sueño
    de glorias engolfadas y perdidas
    en la profunda noche de los tiempos,
    descendió sobre mí. La agreste pompa
    de los reyes aztecas desplegóse
    a mis ojos atónitos. Veía
    entre la muchedumbre silenciosa
    de emplumados caudillos levantarse
    el déspota salvaje en rico trono,
    de oro, perlas y plumas recamado;
    y al son de caracoles belicosos
    ir lentamente caminando al templo
    la vasta procesión, do la aguardaban
    sacerdotes horribles, salpicados
    con sangre humana rostros y vestidos (3).

    Cont.

    (3) Al final del poema.


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    Re: JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Ayer a las 09:16

    JOSÉ MARÍA HEREDIA Y HEREDIA

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    42

    EN EL TEOCALLI DE CHOLULA (1)

    Cont.

    Con profundo estupor el pueblo esclavo
    las bajas frentes en el polvo hundía,
    y ni mirar a su señor osaba,
    de cuyos ojos férvidos brotaba
    la saña del poder.

    - - - - - - - - - - - Tales ya fueron
    tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo,
    su vil superstición y tiranía
    en el abismo del no ser se hundieron.
    Sí, que la muerte, universal señora,
    hiriendo a par al déspota y esclavo,
    escribe la igualdad sobre la tumba.
    Con su manto benéfico el olvido
    tu insensatez oculta y tus furores
    a la raza presente y la futura.
    Esta inmensa estructura
    vio a la superstición más inhumana.
    En ella entronizarse. Oyó los gritos
    de agonizantes víctimas, en tanto
    que el sacerdote, sin piedad ni espanto,
    les arrancaba el corazón sangriento;
    miró el vapor espeso de la sangre
    subir caliente al ofendido cielo,
    y tender en el sol fúnebre velo,
    y escuchó los horrendos alaridos
    con que los sacerdotes sofocaban
    el grito de dolor.

    - - - - - - - - - - - Muda y desierta
    ahora te ves, pirámide. ¡Más vale
    que semanas de siglos yazcas yerma,
    y la superstición a quien serviste
    en el abismo del infierno duerma!
    A nuestros nietos últimos, empero,
    sé lección saludable; y hoy al hombre
    que ciego en su saber fútil y vano
    al cielo, cual Titán, truena orgulloso,
    sé ejemplo ignominioso
    de la demencia y del furor humano.

    Ed. 1832
    (Diciembre 1820)

    Ed. 1825 "Fragmentos descriptivos de un poema mejicano".
    F. González del Valle en su folleto "Poesías de Heredia traducidas
    a otros idiomas", La Habana, 1940, dice que han sido
    traducidas al francés y al italiano, en prosa o en verso, fragmentos
    de esta composición, y publica uno que apareció en la
    "Nuova Rassegna di Letterature Moderne", Florencia, año VI,
    núm, 7-8, 1908. Según nota del archivo de D. Figarola-Caneda,
    J. J. Ampére, en el cap. XXIV, t. II de su "Promenade en
    Amerique", París, 1867,tradujo en prosa francesa unos fragmentos
    de esta poesía, acompañándolos de unos párrafos sobre la
    vida y obra de Heredia. (Nota a las "Poesías" de José María
    Heredia dirigida por E. R. de Leuchsenring). Ver Boy G. Cárter,
    "Traducciones francesas de José María Heredia, en La Revue
    des Deux Mondes". En Revista Iberoamericana, vol. 17, núm. 34,
    agosto 1951-enero 1952.

    (1) Teocalis son los templos de los antiguos aztecas. El famoso
    de Cholula, en el Estado de Puebla, es una pirámide de 427 m.
    de base por 55 de ancho.

    (2) Ixtacihual ("mujer blanca"), de 5.286 m., el Orizaba, de
    5.625 m., y el Popocatepel ("monte humeante"), de 5.453 m., son
    enormes volcanes perennemente nevados, que se levantan en la
    meseta central de Méjico, o Anáhuac, la altiplanicie más elevada
    de la tierra.

    (3) Como se sabe, los aztecas hacían en sus altares sacrificios
    sangrientos a los dioses, arrancándoles el corazón a las víctimas.


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    PASCUAL LOPEZ SANCHEZ

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