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    Carlos Pellicer

    Pedro Casas Serra
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    Carlos Pellicer Empty Carlos Pellicer

    Mensaje por Pedro Casas Serra el 18.12.18 14:11

    .


    Carlos Pellicer

    Poeta y museólogo mexicano nacido en Tabasco en 1899.
    Viajero apasionado y poeta de recintos cerrados, fue cantor de los grandes ríos, de la selva y el sol.
    Ocupó varios cargos importantes en diferentes museos, fue profesor de literatura e historia y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Ocupó además la presidencia del Consejo Latinoamericano de escritores con sede en Roma. La mejor definición del poeta la da Octavio Paz: "Gran poeta, Pellicer nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el mismo de principio a fin".
    «Piedra de sacrificios» en 1924, «Hora de junio» en 1937, «Exágonos» en 1941, «Subordinaciones» en 1948 y «Con palabras y fuego» en 1963, hacen parte de su extensa obra poética.
    Falleció en 1977.



    Algunos poemas de Carlos Pellicer:



    AL DEJAR UN ALMA

    Agua crepuscular, agua sedienta,
    se te van como sílabas los pájaros tardíos.
    Meciéndose en los álamos el viento te descuenta
    la dicha de tus ojos bebiéndose en los míos.

    Alié mi pensamiento a tus goces sombríos
    y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
    Tú alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
    yo devoré en el pan tus trágicos estíos.

    Mis manos quedarán húmedas de tu seno.
    De mis obstinaciones te quedará el veneno,
    flotante flor de angustia que bautizó el destino.

    De nuestros dos silencios ha de brotar un día
    el agua luminosa que dé un azul divino
    al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.



    AMOR SIN NOMBRE

    Amor sin nombre, ámbito destino
    de ser y de no estar. Tu pronto asedio
    sostiene mi dolor y anula el tedio
    de copa exhausta o apretado vino.

    En un alto silencio, un aquilino
    palmo azul de silencio, vivo. En medio
    de la infausta paciencia de tu asedio
    abro las jaulas y desbordo el trino.

    Por ti cuelgo coronas en los muros;
    por ti soy más fugaz y en los maduros
    soñares aligero tus canciones.

    Y te llevo en mi ser y has recogido
    la actitud que en Florencias o Bizancios
    consagra sus palomas al olvido.



    CANTO DESTRUIDO

    ¿En qué rayo de luz, amor ausente
    tu ausencia se posó? Toda en mis ojos
    brilla la desnudez de tu presencia.
    Dúos de soledad dicen mis manos
    llenas de ácidos fríos
    y desgarrados horizontes.

    Veo el otoño lleno de esperanza
    como una atardecida primavera
    en que una sola estrella
    vive el cielo ambulante de la tarde.

    Te amo, amor, y nada estoy diciendo
    para llamarte. Siento
    que me duelen los ojos de no llorar. Y veo
    que tu ausencia me encuentra
    como el cielo encendido
    y una alegría triste de no usarla
    como esos días en que nada ocurre
    y está toda la casa
    inútilmente iluminada.

    En la destruida alcoba de tu ausencia
    pisoteados crepúsculos reviven
    sus harapos, morados de recuerdos.
    En el alojamiento de tu ausencia
    todo lo ocupo yo, clavando clavos
    en las cuatro paredes de la ausencia.

    Y este mundo cerrado
    que se abre al interior de un bosque antiguo,
    ve marchitarse el tiempo,
    despolvorearse la luz, y mira a todos lados
    sin encontrar el punto de partida.

    Aunque vengas mañana
    en tu ausencia de hoy perdí algún reino.

    Tu cuerpo es el país de las caricias,
    en donde yo, viajero desolado
    -todo el itinerario de mis besos-
    paso el otoño para no morirme,
    sin conocer el valor de tu ausencia
    como un diamante oculto en lo más triste.



    DISCURSO POR LAS FLORES

    A Joaquín Romero

    Entre todas las flores, señoras y señores,
    es el lirio morado la que mas me alucina.
    Andando una mañana solo por Palestina,
    algo de mi conciencia con morados colores
    tomó forma de flor y careció de espinas.

    El aire con un pétalo tocaba las colinas
    que inaugura la piedra de los alrededores.

    Ser flor es ser un poco de colores con brisa.
    Sueño de cada flor la mañana revisa
    con los dedos mojados y los pómulos duros
    de ponerse en la cara la humedad de tos muros,

    El reino vegetal es un país lejano
    aun cuando nosotros creámoslo a la mano.
    Difícil es llegar a esbeltas latitudes;
    mejor que doña Brújula, los jóvenes laúdes.
    Las palabras con ritmo —camino del poema—
    se adhieren a la intacta sospecha de una yema.
    Algo en mi sangre viaja con voz de clorofila.
    Cuando a un árbol le doy la rama de mi mano
    siento la conexión y lo que se destila
    en el alma cuando alguien está junto a un hermano.
    Hace poco, en Tabasco, la gran ceiba de Atasta
    me entregó cinco rumbos de su existencia. Izó
    las más altas banderas que en su memoria vasta
    el viento de los siglos inútilmente ajó.

    Estar árbol a veces, es quedarse mirando
    (sin dejar de crecer) el agua humanidad
    y llenarse de pájaros para poder, cantando,
    reflejar en las ondas quietud y soledad.

    Ser flor es ser un poco de colores con brisa;
    la vida de una flor cabe en una sonrisa.
    Las orquídeas penumbras mueren de una mirada
    mal puesta de los hombres que no saben ver nada.
    En los nidos de orquídeas la noche pone un huevo
    y al otro día nace color de color nuevo.
    La orquídea es una flor de origen submarino.
    Una vez a unos hongos, allá por Tepoztlán,
    los hallé recordando la historia y el destino
    de esas flores que anidan tan distantes del mar.

    Cuando el nopal florece hay un ligero aumento
    de luz. Por fuerza hidráulica el nopal multiplica
    su imagen. Y entre espinas con que se da tormento,
    momento colibrí a la flor califica.

    El pueblo mexicano tiene dos obsesiones:
    el gusto por la muerte y el amor a las flores.
    Antes de que nosotros "habláramos castilla"
    hubo un día del mes consagrado a la muerte;
    había extraña guerra que llamaron florida
    y en sangre los altares chorreaban buena suerte.

    También el calendario registra un día flor.
    Día Xóchitl, Xochipilli se desnudó al amor
    de las flores. Sus piernas, sus hombros, sus rodillas
    tienen flores. Sus dedos en hueco, tienen flores
    frescas a cada hora. En su máscara brilla
    la sonrisa profunda de todos los amores.

    (Por las calles aún vemos cargadas de alcatraces
    a esas jóvenes indias en que Diego Rivera
    halló a través de siglos los eternos enlaces
    de un pueblo en pie que siembra la misma primavera).

    A sangre y flor el pueblo mexicano ha vivido.
    Vive de sangre y flor su recuerdo y su olvido.
    (Cuando estas cosas digo mi corazón se ahonda
    en mi lecho de piedra de agua clara y redonda).

    Si está herido de rosas un jardín, los gorriones
    le romperán con vidrio sonoros corazones
    de gorriones de vidrio, y el rosal más herido
    deshojará una rosa allá por los rincones,
    donde los nomeolvides en silencio han sufrido.

    Nada nos hiere tanto como hallar una flor
    sepultada en las páginas de un libro. La lectura
    calla; y en nuestros ojos, lo triste del amor
    humedece la flor de una antigua ternura.

    (Como ustedes han visto, señoras y señores,
    hay tristeza también en esto de las flores).

    Claro que en el clarísimo jardín de abril y mayo
    todo se ve de frente y nada de soslayo.
    Es uno tan jardín entonces que la tierra
    mueve gozosamente la negrura que encierra,
    y el alma vegetal que hay en la vida humana
    crea el cielo y las nubes que inventan la mañana.

    Estos mayos y abriles se alargan hasta octubre.
    Todo el Valle de México de colores se cubre
    y hay en su poesía de otoñal primavera
    un largo sentimiento de esperanza que espera.
    Siempre por esos días salgo al campo. (Yo siempre
    salgo al campo). La lluvia y el hombre como siempre
    hacen temblar el campo. Ese último jardín,
    en el valle de octubre, tiene un profundo fin.

    Yo quisiera decirle otra frase a la orquídea;
    esa frase sería una frase lapídea;
    mas tengo ya las manos tan silvestres que en vano
    saldrían las palabras perfectas de mi mano.

    Que la última flor de esta prosa con flores
    séala un pensamiento. (De pensar lo que siento
    al sentir lo que piensan las flores, los colores
    de la cara poética los desvanece el viento
    que oculta en jacarandas las palabras mejores).

    Quiero que nadie sepa que estoy enamorado.
    De esto entienden y escuchan solamente las flores.
    A decir me acompañe cualquier lirio morado:
    señoras y señores, aquí hemos terminado.



    EN EL SILENCIO DE LA CASA, TÚ...

    En el silencio de la casa, tú,
    y en mi voz la presencia de tu nombre
    besado entre la nube de la ausencia
    manzana aérea de las soledades.

    Todo a puertas cerradas, la quietud
    de esperarte es vanguardia de heroísmo,
    vigilando el ejército de abrazos
    y el gran plan de la dicha.

    Yo no sé caminar sino hacia ti,
    por el camino suave de mirarte
    poner mis labios junto a mis preguntas
    -sencilla, eterna flor de preguntarte-
    y escucharte así en mí ¡y a sangre y fuego
    rechazar, luminoso, las penumbras...!

    Manzana aérea de las soledades,
    bocado silencioso de la ausencia,
    palabra en viaje, ropa del invierno
    que hará la desnudez de las praderas.

    Tú en el silencio de la casa. Yo
    en tus labios de ausencia, aquí tan cerca
    que entre los dos la ronda de palabras
    se funde en la mejor que da el poema.



    EN UNA DE ESAS TARDES...

    En una de esas tardes
    sin más pintura que la de mis ojos,
    te desnudé
    y el viaje de mis manos y mis labios
    llenó todo tu cuerpo de rocío.

    Aquel mundo amanecido por la tarde,
    con tantos episodios sin historias,
    fue silenciosamente abanderado
    y seguido por pueblos de ansiedades.

    Entre tu ombligo y sus alrededores
    sonreían los ojos de mis labios
    y tu cadera,
    esfera en dos mitades,
    alegró los momentos de agonía
    en que mi vida huyó para tu vida.

    Estamos tan presentes,
    que el pasado no cuenta sin ser visto.
    No somos lo escondido;
    en el torrente de la vida estamos.

    Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
    toda el agua que va rumbo a tus cántaros.
    Tu nombre, tu alegría…
    Nadie lo sabe;
    ni tú misma a solas.


    .


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    Carlos Pellicer Empty Re: Carlos Pellicer

    Mensaje por Angel Salas el 10.07.19 10:10

    Pedro: Recuerdo mucho a este poeta Mexicano..Obras que me dejo mi Padre...con grandes poemas...greacias por compartirlos...

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