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POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Mar 02 Oct 2018, 00:20

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)




MADRUGADA EN ATENAS

Anoche, en el jardín de los sueños,
te vi:
estabas en las ruinas y en los arcos
Hoy, al levantarme,
me asomé a la ventana,
y en las ruinas y en los arcos
había un manantial de
pájaros


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Mar 02 Oct 2018, 00:22

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



ESA VOZ EN EL PIREO
A Ida y Enrique Fierro

Desde lejos,
como algo inesperado llegó
En El Pireo, sentadas en hilera,
cantaban las mujeres
"Estás en tu casa" —te dijeron
Abriste bien los ojos

Esa voz, Dios mío,
era la mía


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Mar 02 Oct 2018, 00:24

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



TESTAMENTO


En el año veintisiete de mi edad, viviendo entre la ruina y la desdicha y con el aire de soñar que yo entre ustedes sería el mejor de todos; en este año, infeliz y decisivo por mi vida, escribo enfermo —en el fuego! — este legado:
Dejo mis ojos, el mar y la ternura, a todas las mujeres que yo he amado;
Dejo mis libros, el Arno y dos mil pájaros, a Gabriela mi hermana, que inventó en mi lenguaje el grito superior;
Dejo mi Diario, las páginas enfermas y el Egeo, a Luis, mi amigo, quien oirá como nadie la voz del sufrimiento;
Dejo a Bernardo el espacio de mis viajes, las hojas del futuro, algunas charlas, para que perdure siempre la sed de la grandeza;
Dejo a Héctor las ruinas de Micenas y del Ática, mi Nietzsche hincado vivo y esta pluma, para que firme mis sueños en el viento;
Dejo a Alejandro la lluvia, recuerdos lacerantes del colegio, la tarde más triste compartida, porque él —como pocos— fue limpio en esta tierra;
Dejo a Ricardo imágenes de plazas y de lagos, acuarelas del viento hechas ceniza, para que recuerde mi amor por la tristeza;
Dejo a Carlos mi cerebro que teje laberintos, un parque donde el viento es la memoria, porque él —¿desde cuándo?— conoció mis obsesiones;
Dejo a Gerardo La Ilíada, La Odisea, poemas que el aire dejó en nuestra memoria, para que viva siempre en el mar Mediterráneo;
No, ya no es tiempo de hablarles de la vida. No me importa ni quiero discutirlo. ¡Me voy hacia la muerte y no hay un vaso! Pero antes, un momento, por favor. ¿Ya pueden escucharme? Es la seña que el viento grabó en mi sepultura: no quiero regresar por este infierno.



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:03

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

7) EN LA BELLEZ DE TI...

En la belleza de ti
hallé que no era del todo
desgarro mi voz y vi
que debía encontrar el modo
de entonarme y vine así
a comprender que podía
cantar desde el pecho abierto
el amor que nunca había
podido decir despierto
sino en sueños que tenía



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:10

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

8) ENCENDIMIENTO Y FRESCOR

Encendimiento y frescor
resguarda la pitajaya
y en desabrimiento ensaya
un apretado rigor
que es anuncio del dulzor
entre espinas redivivo
como de un canto cautivo
arde el rocío mañanero
da el son el primer jilguero
para el llorar no hay motivo

Si en amor amor sufrí
en amor encontré el cielo
inútil no fue el desvelo
si la prisión evadí
en un dolor me perdí
y en otro vine a encontrarme
nadie pretenda alejarme
de su repentino fuego
quién pudiera hablarme luego
de que quiso consolarme

Hasta mi pecho desciende
tierna estrella que se explaya
en silencio que batalla
por decir lo que se entiende
cuando la vida depende
del sentimiento mejor
el que al sol da resplandor
y refulgencia en el mar
a la bóveda estelar
y a la palabra el sabor

Imaginaba imposible
aqueste desbordamiento
fronteras de encantamiento
soy y en aliento inasible
la razón de lo invisible
pura me viene a nombrar
el castillo en que ha lugar
el corazón que me dice
aquello que tanto quise
de mí se viene a acordar


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:15

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

9) AH, LA VOZ QUE YO PEDÍA...

Ah la voz que yo pedía
para centro del oído
el favor me ha concedido
y en ardor de llama fría
por oscuridad me guía
y da claro desapego
en qué desnudez me entrego
y soy luego liminal
eternidad de boreal
fabular de nudo ciego

Raigambre extraña no niego
haber masticado nombra
tal refulgencia en la sombra
que en su resplandor me anego
escuchado fue mi ruego
y no sé lo que diré
sí que ignoro lo que sé
qué indocta ignorancia tanta
que en mí canta la garganta
la invidencia que se ve

Arde hialino el suspiro
y entenebrada la mancha
la respiración ensancha
alcanza el diáfano giro
del diamante que aquí miro
cuyo brillo cuál envés
si es ahora sin después
y sin ayer se callaba
el ser que en el ser andaba
por el érase una vez

Y érase una vez que era
prodigiosamente que
se abrió en abismo de fe
la soledad compañera
cumplimentada la espera
del tiempo que ya venía
llegó el tiempo de este día
arena del universo
y en su rodar como un verso
ah la voz que yo pedía


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:19

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

10) TENUE LLAMA PREDILECTA

Tenue llama predilecta
en imperfección te das
a la sombra de un quizás
perfección pero indirecta
no preocupe si correcta
o no llega la canción
si al fin de coronación
es cordial desbordamiento
y siendo duelo contento
es contento de oración

Si ayer derramado lloro
eras sólo manantial
lamentándote del mal
amoroso hoy cierto azoro
pasas de la plata al oro
y en tu propia vena viva
es sol de arpas la saliva
memoria de amor reencuentro
en esa memoria centro
mi palabra pensativa

Era la razón perdida
y el alacrán del rencor
pero más era dolor
dolor de toda la vida
ya la experiencia tenida
en mí revienta su flor
de fuego y es un loor
y es el comienzo del día
que siendo embriaguez es guía
de refulgencia y candor

Fluyentes frescura bebo
sentido y consolación
vino de ponderación
por el riesgo en que me atrevo
a comprender lo que debo
y eso sin elogio vano
que aunque el camino hallo llano
hacia la fuente y su brillo
prefiero decir me humillo
sencillo mas soberano

Fluente frescura bebo
cáliz de comprendimiento
eternidad el momento
al que de antaño me debo
y en que despacio me atrevo
ya nada parece ser
de otro modo o parecer
que no diga en modo grave
el trino leve del ave
que canta el amanecer


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:25

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

11) DÉCIMA AQUÍ ME DESPIDO...

Décima aquí me despido
gotita de agua en la mata
si efusivo di la lata
merezco un rayo perdido
muchas veces lo medido
de todos modos maltrata


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 02 Oct 2018, 06:36

MÉXICO

RICARDO YAÑEZ

12) EN UN ROSAL FLORECIDO

En un rosal florecido
un pajarillo cantó
y entre las rosas dejó
un rocío dolorido
que decía no hay olvido
para el corazón que amó
de modo que comprendió
lo nunca antes comprendido
que habiendo el amor nacido
no se puede decir no

En un rosal florecido
un pajarillo cantó
y entre las rosas dejó
su rocío dolorido
no haya el corazón olvido
decía su canto cansado
que olvidar lo que se ha amado
es más morir que olvidar
mejor prefiero llorar
que arrancarme lo añorado

En un rosal florecido
un pajarillo cantó
y entre las rosas dejó
un cantar que es sólo olvido (*)

(*) Si os fijáis el poema 11 - décima aquí me despido- sólo tiene 6 versos. Y éste, poema nº 12 - en un rosal florecido - termina conuna estrofade cuatro versos, como queriendo completar aquella estrofa, aunque aparéntemente el tema tratado difiera.
En definitiva hemosvisto una serie de décimas, composición muy propia de América Latina, pero, sobre todo, de México.

Vamos a seguir con el mismo autor, con otras composiciones diferentes.



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Miér 03 Oct 2018, 00:03

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



La ceniza en la frente

Y aquí yo lo presento: ex suicida, invencible romántico
investido con traje azul mediterráneo azul,
con el amor esclavo a la libertad y el sueño,
examinando periplos y navegaciones axiales
en mapamundis desvaídos,
él, que a diario timoneaba un barco de madera cardinal
desde los libros y los sueños hechizados, y oía
como hechizado el fulgor del idioma de la tripulación
que hablaba con tranquilidad de los fantasmas que fueron.

¿Cuántas veces no oyó en la hora de la aurora o bajo
el tórrido sol el esdrújulo vuelo de las aves,
rumores del mar que se encendían en la cresta de la ola,
el susurro de la sal hasta volverse olores,
la piel que ardía y se deshacía en las manos,
los mapas de las constelaciones que eran el cuento de nunca acabar
y que contaban de meridianos distintos y lejanías sustanciales?

¡Cuántas veces en silencio no se entristeció bajo el árbol
hablante de la playa al imaginar el poder en manos de abyectos,
de prevaricadores y de imbéciles,
los sueños rotos por embaucadores de la realidad y la ciencia,
la verdad escrita por plumas generosas que no esperaban sino
el placer del dominio,
la fúnebre púrpura de hombres que habían engañado
incesantemente en el nombre de Dios!

Y al fin esta noche vela para alzar velas y dejar para
siempre la isla de Crusoe,
la isla donde al anochecer miraba sin esperanza el horizonte
y sabía lo que era la más extrema soledad.

1984


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Miér 03 Oct 2018, 00:05

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Encuentro con Vallejo

Esta mañana miro inclinarse Avenida Insurgentes,
y la lluvia cae,
y el gris y el verde y la lluvia
me devuelven otoños parisienses,
la ciudad se me viste de otoño parisiense.
Cae la lluvia
c
a
e
y de pronto me duele
una dulce mujer que ya es ceniza.
Y la gente se refugia debajo de los árboles, bajo
aleros de tiendas o almacenes, o corren
hacia el coche o el autobús. Y Vallejo
observa los aparadores de los almacenes del
Puerto de Liverpool, se observa,
calla de nuevo algo que espera ya decirme.
Ve la ropa, los muebles, la cerámica:
“El sufrimiento es un orgullo”, dice. Oigo. Da un paso,
y a un paso de doblar a Félix Cuevas:
“El sufrimiento es un orgullo”.
Y nadie lo oye.

1980


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Mensaje por Lluvia Abril el Miér 03 Oct 2018, 00:06

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Mi casa quemada

Yo tenía una casa. Yo tuve una casa en Pinos 8.
Era una casa de portón y muros altos, una casa
donde la gruesa Epifania nos servía algo para
simular que se tiene algo en el estómago, donde
guardaba entre páginas de libros el viaje golondrino
para esperar el viaje, donde
en los estantes del librero mal mirábamos
la Enciclopedia Barsa y el azul del Tesoro, donde
a fines de los cincuenta se reunía ávida
la familia de tarde a las cinco en el comedor
para reconocerse en la vida y las historias
en blanco y negro de melodramas que veía
en una rústica televisión de bulbos, donde
madre nos hablaba de la ciudad del centro en que moró
como de un lugar donde las víboras alargan
el cuello en comedores y salas, prestas a perforar,
con afilados dientes, alma, corazón y cuerpo
de amigos y enemigos no menos emponzoñados,
ah esa casa, en alboroto continuo por escaramuzas y pleitos
que armábamos de nada los hermanos, donde
solidario conmigo mismo solía jugar solitario
con dados y barajas o leer historietas
de vidas ejemplares o heroicas o amores juveniles, o
vislumbraba en la adolescencia como nube y nube,
imágenes y metáforas y símiles
de poemas de Lorca y de Neruda, o el saludo y
la sonrisa y el perfecto nueve de Beatrice di Folco Portinari, o
las caminatas impetuosas de Rimbaud por el África terrible, o
escenas, en grabados de Doré, del Antiguo y
el Nuevo Testamento, o navegaba en la nave de Odiseo
creyendo posponer en las mareas la vuelta a Ítaca,
ah mi casa, donde lloré sin darme el pésame
la pérdida del primer amor como la pérdida del reino,
donde vi brillar el espejismo de una vida artística,
donde supe que un sujeto como yo, sujeto siempre
a la culpa y a la Culpa, sólo sabe
de paraísos sin luz, ah esa casa,
esa casa se quemó completamente,
se quemó en el 2000 completamente,
se quemó con los años de infortunio,
con imágenes armadas en la noche
en el teatro del sueño, donde a personajes
femeninos los solía llamar la reina o la alegría.
Yo era un muchacho delgado, alto y fuerte pero
también muy tímido, y tenía como el aire melancólico.

2002


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 04 Oct 2018, 00:10

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Hospital de la Concepción
a Frédéric Ives-Jeannet


Se llamaba Arthur Rimbaud,
pero se firmaba Rimbaud o Rimb o
Rbd o simplemente R.
Vino a morir a Marsella, a un hospital
de caridad pública, domiciliado
en Rue Baille número l45, donde alquiló,
donde tuvo que alquilar un cuarto.
Aquí fue cayéndose a pedazos poco a poco.
Fue haciéndose pedazos poco a poco.
Llegó por primera vez en mayo de 1891
y cinco de los menos de los seis meses
que le quedaban los malvivió aquí,
corroído por un cáncer que le hacía polvo
los huesos. Primero fue la pierna:
El formidable marchista, el de las
“suelas de viento” (como decía Verlaine),
el que cruzaba con alas el continente europeo
y regiones desérticas o enmarañadas
del noreste del África,
se vio de pronto con las extremidades rotas.
¿Pero cómo vivir una vida cul-de-jatte?
¿Cómo imaginar un gamo con muletas?
¿Cómo no oír de nuevo el “feliz viaje” o
e el “nos vemos pronto”?
“Adiós nupcias, familia, porvenir”.

Camino por el hospital. Olean en olas
los olores del cloroformo y de los medicamentos.
Es el orbe de las jeringas y de la anestesia,
del algodón y el yodo, de las luces anémicas,
de los cuartos como palizadas de agujas,
de las mesas de operaciones donde
los muertos conversan con los muertos.
Es el albo cielo de los inválidos y los fracturados,
de las escaleras larvadas que llevan a
cuartos sin salida.
Miro una enfermera sin ojos que busca
el ataúd exacto que defina al paciente.
Otras llevan legajos a ninguna parte.
Una, de bellas piernas, devuelve de pronto
el gusto a la vida.
¿Pero dónde murió? ¿Dónde estaba su cuarto?
El antiguo director (se le pregunta)
no lo sabe. “Se ha rehecho el hospital dos veces.
Cuando vino, nadie sabía (ni él mismo) –dice–
que era un hombre ilustre”.
Catherine Pansera, de Prensa y
Comunicación del hospital, va a la busca del
legajo. Magníficamente amable me lo entrega.
Nada que aclare nada. Nada que valga (pese a
la buena intención) ni siquiera una fotocopia.
Salgo de la oficina.
Desciendo. Miro sombras
en la sala de espera: ríen, sonríen, leen, se
aburren, desvarían, se crispan, crispan al
poco rato. Algunos internos en el pasillo
parecen flotar o irse de bruces.

Regresó al hospital a preparar su féretro,
a clavarlo de pies y manos, el 24 de agosto de l89l.
Dio como datos ser “negociante, soltero,
sin filiación y de paso por Marsella”.
Todos los sufrimientos físicos y mentales
cayeron sobre él. Los alaridos y lamentaciones del
gran animal precipitándose por la cuesta pedregosa
se oían fuera en el follaje de los árboles,
en la luz de los faroles y en las olas del mar,
y sus injurias e improperios rompían en mil pedazos
la cuerda de médicos imbéciles y de enfermeras
sin vista que no sabían ver el tamaño de su sufrimiento
ni la caligrafía tenaz que los roedores hacían en su
sistema óseo hasta el grito ronco o el silencio criminal.
Y la luna cortaba en dos la luna, el cuello de la hoz,
el cuello de la oveja, e Isabelle veía, lo veía, nunca
se cansó de verlo como un mártir parecido a Cristo,
la hermana caritativa, la hermana iluminada que
despreciaron y desprecian los tontos caropolitanos.
Al lado, en una silla, vigilaba del hermano
figuras, metáforas y emblemas de los sueños
y escribía por él con una pluma de sangre:
“Yo iré bajo tierra y tú andarás bajo el sol”.
Sobre la cabecera de la cama, en la pared,
un breve crucifijo decía al paciente
que la clave está en el sacrificio extremo.
Desde la ventana Rimbaud veía como entre brumas
las grandes hojas de los plátanos del jardín
empezar a amarillear y a marchitarse,
e imaginaba, a menos de una milla,
el viejo puerto o la estación de trenes.
Las voces en el jardín o en el pasillo,
el aleteo y las voces de los pájaros del verano o
del otoño tibio, la húmeda mano de la tramontana
le recordaban que algo se parecía a la vida.

Se atrevió todavía a cumplir 37 años.
Se desbandaron las imágenes:
Veía figuras de camellos en los muros
y los médicos e internos eran los
miembros de la nueva caravana.
Se agotó en la fiebre. Perdió toda la sangre
en el degüello de las bestias,
y el claro de luna, al entrar por la ventana,
caligrafiaba en resplandor el epitafio al filo.
Lloraba. No sabía si los ojos servían
para llorar o para ver. No sabía si la boca
sabía a morfina, a sal o a yodo.
¿Adónde llevan los pasillos? ¿Adónde lleva
la escalera? ¿Qué murmura la fuente del jardín?

Es 9 de noviembre. Isabelle apunta el dictado.
Horas blancas después vendrá en blanco
el adiós de las palomas. Es un mensaje
para el director de Mensajerías Marítimas:
“Infórmeme usted a qué hora puedo
ser transportado a bordo”.

1995



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 04 Oct 2018, 00:11

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)





Zum Weissen Engel
(Georg Trakl)


a Pura López Colomé


Es del otoño un día soleado. Pero no hubo sol
para ti. Estoy ante la farmacia donde empezaron
a serte habituales el cloroformo y las
imágenes claras y puras del infierno.
Empezaron los primeros metros del precipicio
y ya no habría piedra o árbol que detuvieran
la precipitación del ángel.
Viví en la ciudad un año y medio.
Paseé sin fin por los sitios que nombraste,
que de pronto se volvían neblina o sol,
fuga purísima de tordos, hojarasca, nieve.
Todas las imágenes e iconos de Salzburgo
salían de los muros y conversaban
de sus sueños en voz baja bajo el Mönchsberg.
Los caballos saltaban en las fuentes y huían
como relámpagos en dirección equívoca,
y en el río la barca giraba sin fin como
las manecillas del reloj, mientras el castillo
vertebraba su desconstrucción en las aguas.
No sé cuántas veces ha cambiado la forma
interior de la farmacia. No es la que yo conocí
pero el ángel negro todavía despacha
las medicinas atroces, y pregunta: “¿Algo más?”
Los muros guardan la humedad del siglo
y se escucha el rasguido de tu pluma
sobre las espantosas hojas donde escribías
tus primeros poemas y las visiones que sólo
puede crear en la noche el bosque.
Hermano, pero hermano triste y destruido,
hermano sin albergue por la tierra.
Cuando subo el Calvario de la calle Linzer
y llego a una iglesia donde me dan vino,
veo tu torso sangrante en la pared,
y nadie puede extraer las flechas.

1996


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 04 Oct 2018, 00:12

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Plegaria

Si regreso a la casa, Señor
–si casa es el mundo y no el infierno–,
si me alzo de nuevo en esta noche
en que enfermo descubro el rostro almo
de la mujer que amo.
Si me concedes esto, Señor,
prefiero ignorar cuando regrese
que hubo alguien aquí, por esta tierra,
que usaba mi cuerpo y mi lenguaje.
No olvides el nombre.


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 04 Oct 2018, 00:15

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Marco Antonio Campos (1949)





INTERRUPCIONES NEOYORQUINAS (1)

El otoño asoma en números de fuego de follaje y plata y un frío inmensamente sol en la clara y difícil mañana de noviembre. ¿No me oyen? He dormido con dulzura en las alas de los árboles y en la rama amarilla del gorrión. Anoche discurríamos: ¿La naturaleza o el arte? Si el mar y la montaña poderosos o la música de Wagner como el mar y la montaña poderosos. Y alguien dijo: "La flauta no olvida el sonido de la lira"; y uno más: "Viví una vida antes, y fue ésta"; y una voz más lejana: "El arco arcangélico madura en las mieses doradas del Señor".
Estoy solo, o mejor, me he quedado involuntariamente solo. Soy a menudo insoportable con los otros, pero téngase en cuenta que suelo serlo también conmigo mismo. No estoy justificándome. Sólo quiero añadir que la desdicha es un tigre llorando en pleno salto, y que la lucha despiadada con la muerte es como la del niño solo, con una espada rota, ante un guerrero enardecido.

(Nueva York, 1981)





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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 04 Oct 2018, 00:16

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Marco Antonio Campos (1949)



INTERRUPCIONES NEOYORQUINAS (2)

A través de los árboles del parque, del gris del cielo y del gris de la ciudad, veo la lluvia sin música en los árboles, y palmeándome en el hombro sin consuelo me digo que en décadas anteriores asistí a la mise en scéne de mi sepelio absurdo. Cavé la fosa, la lavé para mis ojos angustiados, y sólo respiré la respiración del aire roto. Conocí quemaduras y detritus de mi trinidad personal: cerebro, corazón y alma, y rimbaudianamente me puse a la cabeza de mis propios actos para una aventura insostenible. Todo estaba previsto, ¿cómo?, ¿y cómo deplorar lo que esperaba?
No busqué compasión ni comprensión. Tuve tanto a la mano y tanto dejé ir. ¿Y cómo estar satisfecho? ¡Vaya hermosa ironía! Haber soñado ser grande y con cierta frecuencia vivir la desazón de sentirse o de ser menos que humano.
Veo la lluvia —¡véanme!— y de súbito las lágrimas se detienen en lo bajo de los párpados, y casi resignado, con el grito quemándome los dientes, grito adentro: "¡Quise darle sentido a una vida que me parecía oscura, casi sin sentido".
Y cruzan glaucamente los árboles del parque, cruza el gris del cielo y se alza la ciudad, y escribiendo la hoja más triste del árbol que me leo, recuerdo aquella frase que Marco Antonio decía: "No deben preguntar por qué murió, sino por qué no murió antes".

(Nueva York, 1981)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 00:54

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RICARDO YAÑEZ

13) QUÉ OSCURA LUZ ME TRABAJA... (Sonetillo)

Qué oscura luz me trabaja
desde la ebriedad más fina
y polvo de oro camina
mi pecho como navaja,
corazón adentro viaja
y lo taja cruel y afina
su voz cansada, cansina,
mas libre de polvo y paja,
qué de repente me encaja
su mordedura canina.

Es el amor, su sonaja
que algo empieza y no termina
y de pronto me sorraja:
Hasta cuándo… Tú imagina.


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 01:00

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RICARDO YAÑEZ

14) DAR...

- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - "Darse, no hay alegría más alta."
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Eduardo Galeano

Dar,
no hay tiempo más logrado.

Darse,
no hay alegría más alta.

Comunicar el dar
en lo –si poco o mucho nada importa–
que desde sí
se da
y dar en esa entrega
–y regalarse así– el siempre inmerecido
don:
el Cielo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 01:02

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RICARDO YAÑEZ

15) UN CIEGO ME VINO A VER

Un ciego me vino a ver
y platiqué con un mudo
y muy finísimo un rudo
me trató, no puede ser.
Fue así que vine a entender
lo que entendido no había:
toda noche se hace día
y oscura la claridad.
Todo es uno, la verdad,
si uno en todo se vacía.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 01:06

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RICARDO YAÑEZ

16) YA EN LA PANGA ENRUMBADA

Ya en la panga enrumbada
hacia la Isla de los Pájaros
nos seguía acompañando el primer canto
de la Ilíada dicho de memoria
desde la blanca arena, el sol y el corazón
de quien por ese libro, sin ser persona de recursos,
habría de conocer los lugares de Grecia ahí nombrados.
El murmullo del mar, cada vez más azul,
y su cercana voz, no obstante que lejana,
no conjugaban mal con el escándalo
(más fuertes eran que éste, lo atravesaban)
del motor que impulsaba nuestro ávido mirar
hacia la no tan ancha franja de tierra
brillante de humedad,
llena de huellas de aves
y de aquietadas, agitadas, batientes alas,
y de nuestra alegría
agradecida, equilibrada, justa.



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 01:09

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RICARDO YAÑEZ

17) HAY UN DE REPENTE YYA...


Hay un de repente y ya
el corazón apagado
se ilumina. Iluminado
va derecho a lo que va.
A sí mismo de pe a pa
se conoce de repente,
miserable e inclemente
y dichoso y desbordado
manantial, aunque callado
–y mortal, probablemente.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:04

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RICARDO YAÑEZ

18) NO TENGO MIEDO DE VIVIR...

No tengo miedo de vivir
ni de morir.
No tengo miedo.
Lo tuve tanto tiempo
(toda la vida, al menos hasta aquí)
que terminó por agotárseme.
No es la felicidad, no propiamente,
esto que experimento,
pero sí un gran alivio.
Me he aliviado del miedo.
Y a tal alivio
un poquillo de miedo, la verdad, la verdad,
aún le tengo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:07

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RICARDO YAÑEZ

19) BEBIERA UN DÍA…

Bebiera un día
la estrella de mi sueño
el que seguía

Bebiera un día
el venado del agua
voz herida

Bebiera un día
el tiempo de lo eterno
que ya perdía

Bebiera un día
las palabras del agua
a mediodía.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:11

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RICARDO YAÑEZ

20) COMO EL GRANADO...

Como el granado
con sus granadas
tú contigo
platicando.


(De “Estrella oída”)

--- --- --- --- ---

21) COMO EN SORDINA

Como en sordina
suena el ruido del mar
en la neblina.

(De “Estrella oída”)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:14

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RICARDO YAÑEZ

22) DESHOJAMIENTO EL AIRE RESPIRADO...

Deshojamiento el aire respirado

lengua dolida luz el pensamiento

y llave de ceniza el pedimento

de que el fuego nos diga iluminado


Rebalse de luciérnagas el vado

vaharadas de ámbar y el aliento

arborescencias habla soy y siento

en murmurio aquel tiemblo abandonado


Coruscación y asombro de la brisa

que cuatrocientas voces cristaliza

pajarillo sajado del instante


noventa y nueve veces el diamante

se dice sin decirse en claridades

soplo de oro por vientos de verdades


(Del libro "Si la llama")


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:26

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RICARDO YAÑEZ

Isocronías (La Jornada 25/04/2018)
Afinaciones
Ricardo Yáñez

- Es fácil ser poeta, lo difícil es serlo.

- La poesía no acompaña al poeta que se hace por ella acompañar pero no se decide a acompañarla.

- En cada poema un código. Entre mejor el poema, más secreto ese código –así se deje ver a primera vista.

- Enseñar es un modo de agradecer, pero agradecer lo es de aprender o, por lo menos, de abrirse a la necesidad de aprender.

- La inspiración, dijo, no es sino la mezcla afortunada de razón e imaginación.

- Su moral, que a su modo de ver tienen tan clara, es tan confusa, tan... –no sé si decir falta de crítica o de ética.

- ¿Modelos de conducta? Hay muchos, no suficientes pero hay muchos. ¿Libros de civismo? Sobran.

- ¿Obras maestras? Aun cuando no falten, nunca sobran. Y en ellas hay auscultación (por descripción) de las conductas, no modelos de...

- Moralismo: miedo que se tranquiliza a sí mismo y se convence de que Dios está, y estará siempre, de su parte.

- Si tú, haciendo lo que haces, no entras en contacto con tu propia humanidad y en ella, tu propia humanidad, profundizas, ¿cómo esperas que aquellos que entran en contacto con lo que haces avancen en la suya?

- La humildad afina.

- Lo importante no es tener la razón, sino llevarla consigo (a buen puerto).

- En el justo hay justicia más que afán de justicia. El afán de justicia es de los justicieros, casi siempre injustos.

- Ningún pasado es mejor que el propio, que no podemos ni debemos querer cambiar. Con escoger qué de ese pasado desarrollar, con qué de ese pasado trabajar, cuánto de ese pasado no olvidar pero sí, en lo posible, dejar de lado, relegar, y claramente advertir qué de ese pasado es prioritario atender, hacer presente, diría yo que suficiente es. ¿Qué de cada pasado, en especial del mío, tiene en verdad futuro?, pudiera ser, precisa, la pregunta.

- Sacó del fuego la cafetera, pero él siguió en el fuego.



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 04 Oct 2018, 13:28

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RICARDO YAÑEZ

Revista TERRITORIO ( sin centro ni periferia – no sabemos la fecha-.)

Ricardo Yáñez y el periodismo
de creación
Una de las aproximaciones de Ricardo Yánez al lenguaje parte de su afirmación
de que la escritura sin sujeto es un memorándum

Por GERARDO LAMMERS /



“Como todos los humanos, soy cíclico”, escribe el poeta Ricardo Yáñez en su libro Prosaísmos. “Y he aprendido a respetar el hecho de cuando comienzo a alejarme de algo no estoy sino comenzando a acercármele desde otra perspectiva. Así me ocurrió con el periodismo, que me ha hecho sufrir casi más que el amor y gozar bastante menos que lo otro. Pero de todos modos gozar, gozar en serio. Amo el periodismo aun cuando no ame, según creo, ser periodista”.

Para quienes hemos tenido la suerte, el privilegio y también el desafío de conocerlo y participar en alguno de sus talleres (con toda la intensidad que ello implica, que no es poca ni fácil), de los muchos que ha dado a lo largo y ancho del país, Yáñez —trotamundos nacional— ha sido un parteaguas en nuestra aproximación al fenómeno y al trabajo creativo, es decir, al trabajo con el lenguaje, es decir, al arte.

Y cuando digo arte, me refiero lo mismo a la poesía, que a la música o a la pintura, que a la fontanería o la electricidad (por aquello de las conexiones), o que a un cierto periodismo conocido como cultural, por ejemplo, pero no necesariamente referido a las llamadas bellas artes, sino a una escritura —llamémosle de no-ficción a falta de un mejor término— que es expresión de la propia visión del sujeto sobre esa realidad que se le presenta y sobre la cual indaga. Pero, sobre todo, escritura que emana de la propia voz, la cual primero hay que encontrar. Una escritura que, por supuesto, tiene cabida en los diarios y las revistas. ¿Por qué no habría de tenerla?

Yáñez sabe de ello, pues, además de poeta y tallerista (y cantor y pintor y músico de temporada), es, como ya se ha dicho, periodista.
Mientras me dirijo caminando a su estudio de la calle Liverpool, en la ciudad de México, trato de ordenar mi cabeza al modo de un entrevistador. Aunque no me acuerdo con claridad del contenido, sí recuerdo que existe un texto suyo, que alguna vez leí y me resultó muy significativo, sobre la creación. He aquí el motivo principal de mi visita.

Encuentro a Yáñez, de 67 años, atareado frente a una computadora, tratando de reinstalar su cuenta de Spotify, sin éxito. Hacía semanas, tal vez meses, que el autor de Ni lo que digo no acudía a este frágil y triangular espacio, forrado de libros y viniles, desde cuyos amplios ventanales se aprecia, desde la alturas, una estampa descuadrada de la avenida Insurgentes rodeada, claro, de bloques de edificios, también descuadrados, en esta mañana sabatina y brumosa del verano chilango.
Aunque en el fregadero de la cocina hay un altero de platos que recuerdan vidas pasadas, y polvo por todas partes, en realidad el objeto que llama poderosamente mi atención se encuentra en el vértice más iluminado del sitio: una bola de cristal sobre la mesa, alrededor de la cual nos sentamos. Como siempre, he venido a ver a Yáñez en busca de una respuesta, que ni el propio Yáñez sabe a ciencia cierta, porque él lo ha dicho, lo ha escrito, así son los poetas. Y los adivinos. Que es un poco lo mismo.

—¿Qué es para ti el periodismo de creación? —le pregunto a quemarropa.

Sé que lo más indicado hubiera sido iniciar preguntándole por su estado de salud, pues hace sólo unos días que estuvo en el hospital. Pero lo veo bien. Lo veo como siempre: asomándose, no exento de vértigo pero tampoco de sorna, a una barranca, que a juzgar por la procedencia del poeta, debe ser la de Huentitán. Sentado frente a su esfera de Tlaquepaque, me parece ver al clásico Yáñez, grande, fuerte, estruendoso y delicado, con sus barbas de monje franciscano, que conocí en Guadalajara, a principios de los años noventa, cuando dirigía un semanario fantasmal llamado Paréntesis y daba talleres en el célebre y no menos fantasmal Roxy y llegaba sólo algunas horas tarde a las juntas que él mismo convocaba en el café Madoka, ése que alguna vez calificó de “especular y voyeurista” porque, además de tener las columnas forradas de espejos, tenía también uno de esos cuartos como los que usan los psicólogos para estudiar a sus pacientes sin ser vistos.

Me parece ver al mismo Yáñez que solía repetir enigmáticas frases como “lo concreto es lo concreto, pero para llegar a lo concreto hay que dar un rodeo” (Yáñez es también un maestro de la digresión) y que para resolver contratiempos sin contratiempos decía, zanjaba: “Soy poeta y se chingan”.
Es curioso que me parezca ver al Yáñez de siempre, siendo que él, que tiene su lado místico —baste decir el nombre de su santo de cabecera: San Juan de la Cruz—, se la vive advirtiéndonos, sobre la impermanencia. Dios es sí y si, dice el que quizá sea su poema más breve. No en vano uno de sus primeros libros se llama justamente Dejar de ser (Era) y uno de los más recientes, en el cual reúne lo mejor de su obra poética, Desandar (Fondo de Cultura Económica).

Pero, regresando: la pregunta que le hice sobre el periodismo de creación es abrupta, lo sé, pero así tiene que ser porque luego Yáñez, como invariablemente ocurre, se despega de la Tierra y se va.

—Mira, en realidad yo ya no recuerdo —contesta con parsimonia.

Como buen artesano que también es, comienza a hilar sus palabras, mientras, sentado frente a la computadora el joven Didier Armas, uno de sus más alumnos más recientes, habla por teléfono con alguien de Telmex para ver qué pasa con la señal de internet (Spotify puede esperar). Pero este barco también está equipado con artefactos análogos, como un viejo tocadiscos que nos permite tener a Nacha Guevara de fondo.

—Pero sí —continúa —, recuerdo que a mí se me ocurrió, lo que no quiere decir que no se la ha ocurrido a otros: el término escritura de creación, antes de darme cuenta que en Estados Unidos le llaman creative writing, que es muy diferente. Para mí la escritura de creación es, por ejemplo, Humboldt, ¿no? Él no era propiamente un escritor, pero tú lo lees y estás leyendo a un escritor. Tú lees a Sócrates, bueno, que en realidad lees a Platón; o a Jenofonte y tú dices: lo que no escribió Sócrates es escritura de creación. Porque Sócrates se supone que no escribió, pero lo que dijo es escritura de creación. Y como lo pone Jenofonte y como lo pone Platón, pues es escritura de creación. La cuestión es que ahí la sensibilidad está muy presente y el sujeto también, que es lo mismo, vaya. Una escritura sin sujeto es imposible: se llama memorándum (risas). Se puede llamar memorándum y a veces Biblia. Porque se supone que La Biblia no la escribió nadie. No en el sentido real: la gente te puede decir: esto lo escribió Salomón. Esto lo hizo tal, pero a ti te lo… no encuentro la palabra… ¿enjamban? Usemos un término bancario: te lo depositan como si no fuera de nadie. Como si fuera a la vez de Dios y de nadie. Y no hay escritura que no sea de nadie. Siempre es de alguien. Siempre es de un sujeto. Él que sea. Y ese sujeto tiene que aparecer en la escritura, no porque sea tu deber, sino porque no puede desaparecer.
Ricardo Yáñez se inició en el periodismo, como el lo dice, por absoluta necesidad.

—¿Cómo recuerdas esos tiempos?

—Lo he platicado una que otra vez, pero muy pocas: Yo nunca había leído el periódico cuando me puse a trabajar como periodista: yo compraba el periódico para ir al cine. E incluso, en 1968 (estando en Guadalajara), cuando vi la foto en el Excélsior del Ejército invadiendo Ciudad Universitaria, no leí la nota. Ya con eso (con ver la fotografía), yo sentí que la cosa estaba de la fregada. No quiere decir que yo tuviera razón: quiere decir que así era yo. Y ese periódico tal vez sí lo compré, pero no lo leí. Simbólicamente eso era todo. No había que leer. Me parece, no estoy tan seguro, que es cuando los estudiantes cantaron el himno nacional. Y yo dije: Pues con eso tengo. Tres datos. Entonces no me interesaba estar informado, pues.

Algunos años después, habiéndose mudado a la ciudad de México, Yáñez encontró trabajo como corrector en la sección de deportes del diario Unomásuno. Fue un año feliz, hasta que se dio cuenta, leyendo una novela de Mariano Azuela en la que un monje se da cuenta de que está en el lugar equivocado, que ése no era para nada su lugar. Fue entonces que el director Manuel Becerra Acosta lo asignó a la sección nacional, donde al cabo de poco tiempo terminó enfermo:

—Tú sabes como son los reporteros: son como los médicos lanzándose un corazón de lado a lado. Se burlan mucho de quienes no tenemos el corazón duro. Pero además yo no conocía la ciudad de México, entonces gastaba más en transportarme que lo que ganaba. Un día, de hecho terminé tirado a la entrada del periódico. Ahí llegó el médico.

Además del Unomásuno, Yáñez ha trabajado para La Jornada y para la revista Mira que dirigió Miguel Ángel Granados Chapa. Después abrió un paréntesis en el que regresó a Guadalajara para desempeñarse como jefe de redacción, primero, y director, después, del semanario de ese nombre. Y poco después, hacia mediados de los años noventa, se integró a la redacción del diario Siglo 21.

—¿Cuál es la conexión entre poesía y periodismo de creación?

—Que no hay escritura que no tenga un grado de subjetividad muy alto y que entre más altura subjetiva tenga es más verdad. Me da mucha flojera cuando la gente se refiere a la objetividad. No hay periodismo objetivo. Todo es subjetivo. Pero a veces es subjetivo de la industria del periodismo o de la industria de la política. Es decir que no te dejan ser subjetivo. No te dejan pensar. No te dejan sentir. Y aquí viene lo grave: no te dejan percibir. Te dicen: la nota es así. El estilo editorial de mi periódico va por este lado. Dices: entonces yo no estoy informando: me estoy deformando.

—¿Qué es para ti informar, si lo contreponemos a la creación literaria?

—Es que no hay contraposición. Información siempre es cuestionamiento. Si yo te informo verdaderamente de algo, tú y yo estamos cuestionados. Mínimamente. Y si yo te informo a ti de algo y eso se publica, la cuestión es para todos. Eso pasa con la poesía: cuestiona a todo el mundo. Entonces es muy difícil ser poeta. Una de las cosas que más gordas me caen es que ahora todo el mundo quiera ser poeta. ¿Tú sabes que en la Universidad de Guadalajara la tercer carrera más demandada es Letras? ¿Sí lo sabías?

—No.

—Es un horror. O sea: siempre fue Medicina y Leyes.

—¿Por qué te cae gordo eso y por qué te parece un horror?

—A los médicos los respeto; a los abogados, no tanto. En mis tiempos si tú querías ser licenciado, ya lo eras antes de inscribirte (risas). Es decir, ya te vestías como licenciado, ya hablabas como licenciado, ya eras licenciado. No había que pasar clases. Había que tener algo entre tipología y conducta. Y ahora ése es el miedo que me da con los literatos: ¿Tienen una tipología? Sí. ¿Tienen una conducta? Sí. ¿Van a ir a cuántas ferias del libro? ¿A cuántos encuentros internacionales? ¿Tienen obra? Pero yo no estoy criticando a nadie específicamente. Yo lo que digo es que hay un remolino en el que la gente ya no sabe qué hacer.

—Se confunde lo sustancial con la apariencia.

—Pero volvamos a la escritura de creación: El verdadero creador no necesita ser poeta, no necesita ser novelista. Puede fundar un hospicio, para no hablar de los artistas. Puede ser alguien que hizo algo por tu vida hace 300 años y tú no sabes qué hizo. Lo que sí es que algo tuvo que haber escrito porque si no, no estaríamos hablando de escritura. Freud, Jung, la Heller, la Keller y se me olvidan otros y otras. Pero la Heller hizo algo por ti, la Keller hizo algo por ti, Jung hizo algo por ti y Freud también. Por ti que estás aquí y que jamás se hubiera imaginado que existirías, ¿no? Pero lo hizo en la escritura. Y este es el punto principal que no estoy seguro de que ahí se acabe: Yo no le voy a mentir a (ponga el lector aquí su nombre). ¿Sí me entiendes? ¿Eso lo pensó Freud? Claro que no lo pensó, pero sí pensó en alguien como tú.

—Eso me trae a la memoria a Ezra Pound cuando habla sobre la importancia de que el poeta, el creador, no debe falsear jamás sus informes.

—Te das cuenta de que los que no han falseado sus informes son los que han hecho posible que la vida continúe. Aunque se hayan peleado entre ellos como Freud y Jung. O como Góngora y Quevedo.

—Tú además de ser poeta y de ser periodista, te has distinguido por tus talleres de creación. ¿En qué momento sentiste el impulso por empezar a dar estos talleres?

—No sentí ningún impulso, a mí me invitaron. Yo no sabía lo que era un taller cuando me invitaron. Bueno, un taller de literatura. Porque mi padre tenía un taller: era albañil y luego se metió a hacer bicicletas y parrillas. Y abrazaderas. Pero la verdad es que soy un muy buen tallerista. Suena horrible, pero yo sé lo que es un taller: los demás saben lo que es la literatura y te dan talleres. En cambio, yo partí del taller antes de saber lo que era la literatura.

—¿Y qué es un taller?

—Un lugar donde la gente trabaja, donde tu personalidad se diluye para que el producto aparezca, y donde lo menos importante es quién lo hizo, sino para qué sirve.
Los talleres de Yáñez, como él lo dice, son eso: lugares donde la gente, los talleristas, como él, trabajan. Pero son mucho más que eso: a partir de una serie de prácticas y ejercicios, creados, imaginados, decantados por el poeta a lo largo de todos estos años, que ponen a la persona en contacto consigo misma (con su corporeidad y con su voz, que, como lo advierte el poeta, es vocación), a través del lenguaje, el taller de Yáñez bien puede ser asumido, en el mejor de los casos, como un rito de paso a la madurez creativa. Me gustaría hablar al detalle de alguno de estos ejercicios, como por ejemplo “La sombra de las palabras” y “El manantial de la voz”, pero entiendo que eso es material de su siguiente libro.

—¿Qué relación puedes encontrar entre la poesía y el periodismo?

—La relación que yo encuentro es la escritura. Pero los periodistas no se preocupan mucho por la escritura, sino por la información. Y yo digo: si no sabes escribir, tu información va a salir mal. Y no sólo eso: si tú te interesas sólo en lo objetivo, tu información de todos modos va a salir mal, porque el objetivo para ti es lo que te dijeron que es objetivo. Objetivo según el estilo del diario, según el estilo de la tele, según lo que tú mismo crees. Pero, ¿y tú qué piensas? ¿O tú qué sientes? ¿O tú que viviste?

—Borges distingue entre el fenómeno poético y el género literario.

—Ah, no sabía, pero me encanta.

—Me imagino que es algo que tú has explorado muchísimo. Más allá de escribir un poema con una métrica, pienso que lo que a ti más te interesa es que la persona pueda conectarse con el fenómeno poético. No solamente se trata de descubrir la belleza, pero también es eso.

—Sí, belleza es una palabra muy limitada, pero sí. La cuestión no es informar, sino sentir. Pero te lo cambio un poco: la cuestión no es informar sino saber. Si no sabes qué pasó, puedes estar informado, pero nunca saber. Lo voy a decir de otra manera: puedes estar informado, pero nunca saber. Y tú dices: claro que yo sé. Pero para saber, hay que sentir. Y ahí es donde se conecta la escritura de creación, porque de alguna manera es la escritura de la disolvencia del sujeto. Puede parecer una contradicción, pero es muy importante importante que el sujeto esté ahí, pero para disolverse.

—¿Qué significa disolverse? Trayendo de nueva cuenta a Freud, ¿tiene que ver con el ego?

—Sí, pero yo no diría ego. Diría: no importas tú; importa lo que pasa. Y si importas tú estás poniendo una aduana entre tus receptores y lo que pasa.

—¿Qué quieres decir?

—Que tienes que abrirte como si no hubiera tú, aunque claro que lo hay. Pero tienes que hacer como que no hay. Comportarte de una manera que no sea “túbica”. Es un juego, ¿eh? En pintura no habría cabida para el “tubismo” (risas). O sea: tú deja pasar la información sensible, no la información medible o métrica.

—¿Por qué?

—Porque lo importante es que el lector sienta lo que se siente esa realidad. No se trata de que sepa qué hacer con esa información, que eso cualquier político lo sabe, sino al contrario.

—¿Dar talleres para ti ha sido una manera de investigar?

—Siempre uso la palabra indagar. A mí no me gusta investigar: no soy ni detective ni académico. Me gusta indagar.

—¿Podrías explayarte en esta definición de indagación?

—Es como pasear por un pueblo e irse a las orillas a ver qué pasa: te metes al cementerio, te metes al jardín. El que investiga siempre busca algo; el que indaga, no. El que indaga va a ver qué hay.

El poeta anuncia que va a descansar un momento, pausa que aprovecho para salir a la calle.

Hace unos días que, buscando entre los libros que uno va dejando regados aquí y allá, me encontré el librito azul de Prosaísmos, editado por la UAM Azcapotzalco en 1995. Compilación de textos breves, cada uno dedicado a una persona en particular, que dan fe del poeta, del periodista, del creador que es Ricardo Yáñez y del extraordinario vínculo amistoso que tiene con cada uno de sus talleristas, que pasan a convertirse en colegas. Fueron escritos en las salas de redacción de Mira y Siglo 21. Un libro de quehaceres humanos (“Escribir”, “Recordar”, “Delirio e intuición”) y no quehaceres (“Los que no bailan”), pero también de oficios (“Poetas”, “Cantantes”, “Moneros”, “Fotógrafos”, “Teatreros”) y aún de situaciones (“Después del sueño”, “Separaciones”) y lugares (“El manantial primero”). El primero de ellos se titula justamente “Atender a la creación”, del cual extraigo este par de fragmentos especulares, como los que recubren los pilares del café Madoka:

“Cual sin querer he vuelto al periodismo, aquí y en otros lugares y he encontrado que esa voz es mi voz; una de sus posibilidades: ahora bien sé que lo ya, aunque mal, sabía: que el periodismo puede ser periodismo de creación (…).

Imposible, me atrevo a asentar, un periodismo cultural que no sea periodismo de creación, periodismo con voz y con personalidad definidas. Entendemos que el periodismo cultural sólo puede ejercerse desde una perspectiva que no pierda de vista el hecho de que el periodismo es lenguaje de relación (con otros, claro está, lenguajes) y lenguaje con vocación de servicio, de poner en relación, de armonizar, de dirigirse a la sensibilidad, pero precisamente a la sensibilidad, de los lectores”.



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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Sáb 06 Oct 2018, 01:11

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Grabados españoles (1)



Joven diciembre veo en el cielo las ciudades que fueron la ciudad de Toledo. Camino. Miradas de alfileres destellantes pican y picotean la calle. Voces Voces. El río bebe la nieve y dice, al detener la lengua, su nombre oriental. Casi tenues las calles suben, baja, se cruzan se entrecruzan,
¡Es el aire!
¿Yo? Yo anhelé que los astros fueran míos. Yo robé huella y polvo al dios del viaje. Yo soy la bestia que siempre han derribado. Mi padre fue como yo pero sin ojos. Degollaba corderos bajo el árbol y los nombres ardían en el mapa de su cara. Timoneó múltiples barcos, y en los atardeceres nos contaba con olas en la voz que espumaban el horizonte de la mesa, del trasmar y del trasol inexperimentados. Vigilé su sueño, lo guardé en la brisa y el aire marinos, y en un capítulo leí que la batalla y Paulina eran los ojos que esperaban el país y la ciudad natales, que a su vez esperaban al poeta que cantara las innumera¬bles hazañas para que las generaciones sucesivas tuvieran algo que cantar. La melodía figura de Paulina —observó mi padre— parece el dibujo de un maestro ático en un vaso sagrado o en el relieve de un templo. Eso dijo.
Mi madre murió de tarde al sol. Soñó en un mundo feliz que nunca quiso. En la frente de los hijos señaló con ceniza la historia de la culpa con imágenes del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Antes del rosario o antes de dormir, pespunteaba en oro los relatos espléndidos del marido inolvidable al que nunca esperó. Discutíamos por nada, hablamos casi nada. No pueden hablarse dos gentes que crecieron destrozándose. Siempre, siempre.
El río se borra de mis ojos y al marchar me borra. Y yo, ¿quién soy? ¿En qué espejo me perdí? ¿En qué río?
He negado a la sangre la heráldica más oro, las simbólicas fechas, la espada musical, el alba más alma que glorifica el cuerpo, y sólo sé que soy alguien —¿un aire, un simulacro?— que soñó una grandeza sin desprecio, que asumió la desdicha y el propósito.

(Toledo, 1981)


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Re: POESÍA SOCIAL VI (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Sáb 06 Oct 2018, 01:12

MÉXICO

Marco Antonio Campos (1949)



Grabados españoles (2)



Silencio, por favor, cambien de acto. "¿Recuerdas —me dices— recuerdas aquella vez cuando oíamos las hojas del olivo como música verde en aquel valle griego, recuerdas, recuerdas cuánto te dije: 'Tu poesía es muy amarga, no entiendo porqué tu desamparo...'?"
Y renace iluminándose el rostro dulcísimo y triste de Paulina en el instante que era el universo.
Bah, todo es cierto y no es cierto, era cierto y tan cierto como este coñac que bebo hondo, como este hombre que habla de diciembre y del dolor como algo ajeno. No es para rasgar las vestiduras pero escúchame: uno es hermosamente infeliz y así lo dice, así lo escribe para el oído y los ojos de las generaciones que pasan como hojas. Uno actúa o simula actuar, o mejor, decide o cree que actúa, como el príncipe Hamlet, lleno de luz y lucidez, hasta que otro, ignorante del libreto, opina inopinadamente que el personaje o su disfraz no tienen ni heroísmo ni nobleza mínimos.
Y la función no continúa.
Uno es hermosamente infeliz, como te he dicho, como te digo, Paulina, con mexicanísimo modo de aguzar el grito a media sombra, huyéndome del cuatro en el caballo apocalíptico, ¡huyéndome! Al blanco, al negro, al culpable, al soñador, ¡huyéndome! Exacto: el pez astralmente se me impuso y el agua calló a mi cuerpo hasta volverme sol bajo el olivo en aquel valle desolladamente griego en la mañana terminal cuando oíamos las hojas como música verde.
¿El cielo? ¿Escuchas en el cielo? ¿Crees en verdad que exista un paraíso para culpables? ¿Lo crees? Soy el infierno de mi cielo ético. Me he vuelto flébil, fino, elegante en ocasiones, yo que juré por la llama y la gloria corporales. ¿Me escuchas?, ¿me quieres escuchar? Quizá si te grito me alcances a escuchar: "Yo quise —anhelé— que mi Reino se hiciera en este mundo".


(La Granja, 1981)


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