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POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

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Pascual Lopez Sanchez
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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:23

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

15) Imposible

Mi corazón se pierde en la nevada
ascensión de tu cuerpo, sin consuelo,
y enfrías la fuerza del anhelo
en medio de tu carne congelada.

Cada día te ofrezco una alborada
de ilusión y de vida, todo un cielo
palpitante de sol, que funda el hielo
y transforme tu cuerpo en llamarada.

Pero toda mi vida es poca vida
para matar la muerte que se esconde
y circula en tu sangre adormecida.

Has desatado el nudo de tus brazos,
tu voz a mi llamado no responde,
y es sólo un eco el paso de tus pasos.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:26

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

16) Íntima

Estás en mí, como latido ardiente,
en mis redes de nervios temblorosos,
en mis vetas de instintos borrascosos,
en los mares de insomnios de mi frente.

Estás fuera de mí, como corriente
de voces imprecisas, de sollozos,
de filos de secretos tenebrosos.
de roces de caricia inexistente.

Me cubres y me encubres, sin dejarme
un espacio de ser sin tu presencia
un átomo sin linfa de tu aliento.

Estás en mí, tocándote al tocarme,
y palpita la llama de tu esencia
hasta en la entraña de mi pensamiento.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:37

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

17) Nocturno Llanto(*)

Ese llanto tan mío, tan de todos y ajeno,
expansión comprimida de atávicas nostalgias
que no alcanzan la lluvia que las hunda en la tierra
para seguir por ella, en humedades hondas,
persiguiendo el declive
que las retorne a su raíz marina.

Ese llanto de todos acedrado en el mío,
ese llanto tan mío en que fluye el de todos
-agua y sal trasvasadas en angustia ambulante-,
que circula enclaustrado
como altura caída que anhela levantarse,
y al no poder hacerlo,
se retuerce en el centro de su lumbre vacía
para seguir luchando contra el blindaje sordo
que no puede llorarlo.

Llanto ciego que brota de la oculta resaca
de una sangre viajera en su cárcel de agobio.
El calor dilatado de musculares zonas
que sube hasta la orilla
de la flor sin corola del insomnio sediento.

Ese llanto sin llanto, percepción absoluta
del íntimo goteo
que al nacer se derrama nuevamente hacia dentro,
porque le dieron vida lacrimales sin parto,
o porque lo producen las vertientes secretas
de siglos de memoria
que quisieran rodarse
por el salto mortal de nuestras lágrimas.

Ese llanto inllorado, ese llanto en deseo
de volcarse en el llanto;
esas olas de miedo, de ansiedad, de tormento
que se agolpan y piden
el nacer repentino de su líquida fuga.

Ese llanto sin llanto empotrado en la frente,
que se muere sin agua y se bebe a sí mismo
para seguir formando
el manatial sin cauce
que detrás de la carne presiona con su asfixia,
y transforma la vida en un volcán sin cráter
o alud que sin espacio se rebulle en su sitio.

Ese llanto sin llanto, ese impulso encerrado
de un brotar que no puede encontrar desahogo
y que vive en nosotros, comprimido, creciente,
porque es llanto de hombre que no cabe
en el hombre
y que tiene, por fuerza, que vivir sumergido
hasta el instante trágico
en que la muerte hiera,
y se llore fundido al corporal derrumbe.

(*) Este poema no es el mismo que el nº 7, también llamado Nocturno Llanto, pero que lleva por subtítulo REMORDIMIENTOS.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:43

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMA

18) Mi Primer Amor...

El azul es el verde que aleja
-verde color que mi trigal tenía-;
azul...de un verde, preso en lejanía,
del que apenas su huella se despeja.

Celeste inmensidad, donde mi queja
tiende su mudo velo noche y día,
para buscar el verde que tenía,
verde en azul...allá donde se aleja...

Mi angustia, en horizonte liberada,
entreabre la infinita transparencia
para traer mi verde a la mirada.

Y en el azul que esconde la evidencia:
yo descubro tu faz inolvidada
y sufro la presencia de tu ausencia.

De Sonetos, 1983


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:45

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

19) Nostalgia Cerril (Haiku)

Al ver los cerros
los pies de mi memoria
trepan por ellos.

De Ciclos terrenales, 1989


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 00:53

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

20) Nostalgia de tierra

Tierra hambrienta, maternal atracción;
sepultura vacía en asedio amoroso;
sólido mar de espera
en el que presiento y siento
el reposo para mis pies cansados;
yo capto el lento ascenso
de tus leves caricias
arropando mis ansias
y escucho en mi conciencia
tus palabras de aroma cortejando mi cuerpo.

Tierra y vientre, acecho infatigable
que se posa en mi piel
como sedienta brisa
de un agresivo amor que me persigue...
yo sé que tu energía circula por mis venas
y que somos, los dos
incompletas fracciones
que buscan refundirse.

Soy tuyo, madre tierra:
me invade el parentesco
inevitable y hondo
de tu ritmo en mi sangre,
porque pese a mi miedo, a mi apego a la vida,
hay algo en mis adentros
que espera y desespera
por regresar a ti...

Mi vegetal instinto, mis árboles de fiebre
sin raíces ni sitio, están pidiendo ansiosos
su parcela segura,
su isla inamovible
donde dormir a solas su letargo yacente.

Tierra voraz, oscuro hogar bendito
donde el dolor se apaga,
yo quiero reposar bajo tus sábanas
de secretas ternuras germinales
y así, cual la semilla
que se oculta en tus húmedas tinieblas
resurge transformada:
ya en la longeva beatitud de un árbol
o en los brotes de flores temporales
que las lluvias despiertan en los campos:
renacer de tu entraña
y subir los peldaños
que en la escala de vidas
mi evolución alcance;
porque vengo de ti, soy lodo en trance
que a fuerza de nacer y de morir,
ha de llegar a definir su esencia
para ser en el cosmos vida eterna.

Tierra insaciable, intimidad perfecta,
cuando caiga en tu seno
incinera mi carne, y después, con amor
alienta mis cenizas, porque quiero
proseguir cultivando mi poesía,
al volver a vivir con nuevo cuerpo.

De Nocturna palabra, 1960


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:08

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

21) Nocturno A La Luna

La luna, que brincó por la ventana,
en el piso del cuarto se retira
rebotando en el muro que la mira
y, del rebote, la penumbra emana.

Su luz, entre las sombras deshilvana
un metálico brillo que delira,
y el espejo sediento le suspira
desde el rincón, como presencia humana.

Perforada la sombra, se estremece,
y el rayo de la luna me parece
escalera pendiente de los cielos.

Y asido a la visión que me rodea,
el afán de mi alma se recrea
al subir por el rayo sus anhelos.

De Color de ausencia, 1932


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:10

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

22) Nocturno amor

Naciste en mí, a sangre vinculado,
en creciente raíz, cósmico nudo;
de mi selva interior el potro rudo
que anhela libertad enamorado.

Soy mortaja y estoy, amor, tajado
por tu evasión continua que no eludo,
sino que vuelo en ti y en mí me escudo,
para que al volver seas amparado.

Venero de tus ímpetus, me ligo
a tu fuga celeste, a tu caída,
a la expansión total de tu secreto;

pero de noche, cuando estoy contigo,
recobro con tu fuerza sumergida
la sola soledad de estar completo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:23

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ELÍAS NANDINO

POEMAS

23) Noctuno difunto

(A la memoria de mi padre
En vida nunca pude llevarme con mi padre.
Cuando este murió, la muerte, milagrosamente,
le dio vida dentro de mi corazón.)

Desde que despojado de tu cuerpo
te escondiste en el aire,
yo siento mi existencia más honda en el misterio,
como si mis manos, alargadas por las tuyas
inmensas en el cielo,
en levantado avance
ya tocaron la astronomía sin fin...

Estoy como en los ríos
que a pesar de correr sumisos a su cauce,
por su mortal marino abocamiento
también están ligados
a las aguas del mar donde se acendran.

Por la ventana que al morir dejaste
abierta en la penumbra,
he podido mirar
mi aventajada muerte
persiguiendo tus huellas espaciales,
y tengo la certeza de que me estoy rodando
indeteniblemente
en el hambre del vaso universal,
igual que el humo libre que la atmósfera atrae
y no puede, aunque quiera, regresarse a su lumbre.

Estoy seguro de que cada día
mi sangre que te busca, se evapora
ganando altura transformada en nubes,
y parte de mí
ya vuela en el espacio, emparentada.

Desde tu muerte, siento que te guardo
como un lucero íntimo
que medita en la noche de mi entraña,
disuelto como el azúcar en el orbe líquido
y que, muchas veces, te denuncias asomando
tu espiritual dulzor en mi saliva amarga.

Desde que tu voz, por el silencio amortaja,
dejó de hablar para encender palomas
sobre el árbol del viento, en que cantan
con insepultos ecos
la profunda madurez
del idioma flotante de tu ausencia,
yo palpo -al escuchar el
molde vivo que en el aire horada
tu falta de materia, que es ternura
siempre en acecho que acaricia y roba.

Yo creo que tu cósmico deleite
es atraerme a tu pasión de vuelo,
a tu girar errante,
porque ya tu misión es recoger
esta fracción de ti que aún perdura
en el fluvial ramaje de mis venas.

No puedo definir dónde te encuentras,
pero sí te adivino circundante
en un arribo de alentada fuga,
que exacerba mis ansias en un filial apego
al resplandor sin luz de tus imanes.

¡Qué plenitud vacía
te dibuja en el fondo de mis ojos
que no te ven, pero que sí me permiten
que hasta la fuente de mis sueños bajes
y quedes a su impulso vinculado!

¡Cuánto tiempo de estar solo y contigo
habitándome a solas,
como la llama al fósforo en el letargo,
o a la uva, el espíritu del vino!

Yo soy una ambulante sepultura
en que reposa tu fugitiva permanencia
que me va madurando, lentamente,
hasta que mi energía entumecida
se adiestre en vuelo que recobre estrella.

Inmerso en mi conciencia desarrollas
un pensante silencio que se atreve
a conversar sin mí. Yo lo descubro
reviviendo recuerdos en mi oído:
es como el nacimiento de sollozos
que se produce cuando el agua cae
sobre la carne viva de las brasas.

Al derribarse tu estatura en polvo
formaste la marea
del vislumbre mortal que me obsesiona,
y no hay sitio, temor, espera o duda
en donde tú, como trasfondo en alba,
no finques la silueta de tu amparo.

En mi vigilia, a oscuras,
como los ciegos sigo con el tacto
los relieves que escribes en el papel nocturno,
y los capto agitados en asedio amoroso:
amor de un muerto que jamás olvida
la sangre que ha dejado trasvasada.

Yo quisiera que la imagen que de ti conservo
se azogara la espalda,
para mirar, siquiera unos instantes,
cómo el deslinde al incolor procrea
tu claridad auténtica de ángel.

(De Nocturna palabra, 1960)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:40

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

24) Voz de mí

No sé como mirar para encontrarte,
horizonte de amor en que me excito,
distancia sin medida donde habito
para matar las ansias de tocarte.

No sé como gritar para llamarte
en medio de mis siglos de infinito
donde nace el silencio de mi grito
movido por la sangre de buscarte.

Mirar sin que te alcance la mirada
sangrar sin la presencia de una herida,
llamarte sin oírme la llamada;

y atado al corazón que no te olvida,
ser un muerto que tiene por morada
un cuerpo que no vive sin tu vida.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:43

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

25) Álamo ( Haiku?)

¡Entre sus ramas
cuelga un millón
de monedas de plata!


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 14:45

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

POEMAS

26) Árbol De Magnolias

Eres una jaula verde
donde duermen
blancas palomas extáticas
con el pico bajo el ala.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Miér 13 Jun 2018, 15:09

MÉXICO

ELÍAS NANDINO

En los poemas que hemos visto no hay nada que indique  la adscripción de ELÍAS NANDINO  a POESÍA SOCIAL. Ello es absolutamente cierto. Hay diferentes artículos que hablan de Elías  como un "enamorado de la muerte"... - un J.L.Hidalgo, aunque previo a él, mexicano-. Es cierto. Seguimos y seguiremos en POESÍA SOCIAL. Nos tememos, sin embargo, que si pasamos de los autores que no tengan compromiso social marcado, corremos el riesgo de perder una poesía de un considerable valor. NOCTURNO DIFUNTO es una ELEGÍA TAN BELLA que sólo es comparable a la ELEGÍA DE CÉSAR VALLEJO A SU HERMANO MIGUEL , o la propia ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ DE MIGUEL HERNÁNDEZ. Por tanto, nos disculparéis... pero vamos a seguir por el camino trazado. Llegaremos a los autores mexicanos con compromiso social, seguro... Pero no vamos a dejar sin conocer a autores que, en la busqueda, llegan a nuestras manos y que de otra forma no se conocerían en el Foro.

Gracias por comprenderlo.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 00:16

MÉXICO


Bernardo Ortíz de Montellano




IX. FORMAS DE SUEÑO

Este busto de yeso que respira
lunas de noche antiguas y metales
rodillas mutiladas desiguales
que si la noche cubre el sueño mira
Esa mano de flores que conspira
al abrir y cerrar dedos cristales
sonrisa de coral ya sin corales
ajeno mar donde la voz expira
Estos ojos de verdes vegetales
que al fuego muerto de los goces gozan
y a lo oscuro me miran inmortales
Y esta sombra de luz donde rozan
las almas y los cuerpos que reposan.
Vivos sueños, bellezas funerales.



XIV. A LA ALEGRÍA DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Espíritu que nace de lo inerte
negación de placer, cuerpo dormido
indolente conciencia del sentido
que goza de la rosa de la muerte
Otro placer sin sombra ¿quién advierte?
¿quién muda de color, descolorido,
sin sentir en la sangre que lo ha herido
el paso sigiloso de la muerte?
Y si ese labio calla y otro miente
y es el cuerpo la letra y la medida
y el arte de morir es inconsciente
Color el agua sangre y no deserte
que al fuego de la sombra de la vida
no escape mi sombra de la muerte.

Muerte del cielo azul, 1937






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El silencio no solo no está sediento,
sino que nunca trae dolor o tristeza.

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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 00:18

MÉXICO


Bernardo Ortíz de Montellano



ELEGÍA (fragmentos)

(No la amante, el amor...)

I

Recuerdos de la noche, los ausentes
que vuelven despojados de su luto,
haber vivido y muerto, flor y fruto,
asoman por lo oscuro de las frentes.

No fluye su pasado por las fuentes
que gozan de olvidar cada minuto,
ni niegan a la Noche su atributo
y estando son, aun sin querer, presentes.

Sólo la muerte, en la memoria, sabe
precisar la distancia de la vida
entre el vuelo y la flor, la voz que hiere,

o que fuego o ceniza preferida
deja el amor, cuando la amante muere
en brazos de algo inmaterial y grave.

IV

No la amante, el amor. La singladura
de la noche que arrastra fuego frío
por las venas del sueño, poderío
de la encendida palidez oscura.

El amor, no la amante. El goce mío;
la imagen que desbasto; la onda pura
que invade entre las ruinas mi locura
de tallar en diamante lo sombrío.

No la amante, el amor que le dió vida.
Lo que mi mano roza y estos ojos
desojan; lo que nace de la herida

soledad en la noche de mi sueño:
¡Encarnación que vive entre despojos
de la que soy -¡oh, dulce sangre!- dueño!

Sueño y poesía, 1952




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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 00:25

MÉXICO

Habiendo concluido con la obra de Bernardo Ortíz de Montellano, dejo antes de irme la biografía de nuestro próximo autor:

José Gorostiza
(1901/11/10 - 1973/03/16)


José Gorostiza Alcalá

Poeta y diplomático mexicano




Nació el 10 de noviembre de 1901 en San Juan Bautista, Tabasco (hoy Villahermosa), México.

Fue el segundo de cinco hijos de Celestino Gorostiza Escauriza Vizcaíno y Elvira Alcalá. Hermano del dramaturgo Celestino Gorostiza.

Siendo joven, mantuvo amistad con el poeta Carlos Pellicer. Su familia se trasladó a Aguascalientes, donde estudió la preparatoria en el Instituto Científico y Literario. En 1920 concluyó los estudios de bachiller en Letras en la Ciudad de México.
Desde 1929, trabajó como profesor de Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México; dio clases de Historia Moderna en la Escuela Nacional de Maestros, en 1932, y también fue jefe del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública.

Reconocido como el poeta de la inteligencia, su obra se caracteriza por la pureza y delicadeza de su lirismo. Escribió poemas aparentemente simples, pero sumamente complejos en su significación. Además escribió prosa y teatro. Desde 1920, colaboró en publicaciones como El Universal Ilustrado, El Maestro, San-Ev-Ank, El Monitor Republicano, El Heraldo de la Raza, México Moderno o la Revista Nueva. También formó parte del grupo de la revista literaria Contemporáneos.

Perteneciente al llamado grupo de Los Contemporáneos (1928-1931), fue autor de obras como Canciones para cantar en las barcas (1925) donde inicia una búsqueda por la expresión poética pura, el interés por la métrica tradicional y los temas populares; Muerte sin fin (1939) considerado como uno de los más destacados poemas largos, escritos en español del siglo XX en el que sus versos reflejan simplicidad manteniendo el diálogo entre vida común y expresión exacta buscando una poética exhaustiva del ser, del mundo y de la muerte; Poesía (1964) donde se reúnen los libros anteriores con poemas inconclusos bajo el título Del poema frustrado y el ensayo Notas sobre poesía.

El 14 de mayo de 1954 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, correspondiente de la española, y el 22 de marzo de 1955 lo fue de número, en la silla número XXXV. Entre los reconocimientos que recibió destaca el premio Mazatlán de literatura en 1964, y el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Literatura en 1968.

Fue canciller de primera en el servicio exterior residiendo en Londres en 1927. Desde1937 hasta 1939, ejerció como segundo secretario de la Legación en Copenhague y como Primer secretario en Roma de 1939 a 1940. Ministro plenipotenciario y director general de Asuntos Políticos y del Servicio Diplomático en 1944, fue asesor del representante de México ante el Consejo de Seguridad de la ONU en 1946. Embajador de México en Grecia en 1950 y 1951, fungió como delegado en muchas conferencias internacionales entre 1953 y 1964. Subsecretario de la Secretaría de Relaciones entre 1958 y 1963 y secretario en el año 1964. Presidente de la Comisión Nacional de Energía Nuclear de 1965 a 1970.

En 1938, contrajo matrimonio con Josefina Ortega Calderón, madre de sus tres hijos, Luis Gabriel, Martha y José.

Falleció el 16 de marzo de 1973 en Ciudad de México, México.


Obras

Canciones para cantar en las barcas (1925)
Muerte sin fin (1939)
Poesía (1964)
Prosa (1969)
Teatro: Ventana a la calle (1924)



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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:33

MÉXICO

JAIME TORRES BODET (Fte.- Biografías y Vidas)

(México, 1902 - id., 1974) Escritor mexicano que fue uno de los principales animadores del grupo formado en torno a la revista Contemporáneos (1928-1931), cuya particular síntesis de tradición y vanguardia resultaría de gran trascendencia en el devenir literario y cultural del país.

Cuando, en 1928, aparece en Ciudad de México la revista Contemporáneos y comienza a actuar el grupo de poetas y escritores que componen su redacción y que, durante tres años, animarán su publicación, se produce uno de los hechos capitales en el devenir de la literatura mexicana posterior. Sin aquella empresa cultural que optaba por la experimentación creadora defendiendo, al mismo tiempo, la especificidad mexicana; sin su interés por las nuevas tendencias creadoras que aparecían en Europa, pero también sin su empeño en mantener una originalidad que bebía en las fuentes autóctonas que tanto habían influido, anteriormente, en la generación de los grandes muralistas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, las letras y la cultura mexicana del siglo XX serían muy distintas: habrían quedado amputadas de alguno de sus componentes fundamentales. Junto a Salvador Novo, Xavier Villaurrutia y otros escritores, Jaime Torres Bodet fue uno de los portaestandartes de aquel grupo fecundo y versátil.

Nacido en Ciudad de México el 17 de abril de 1902, la vida de Jaime Torres Bodet es el paradigma de una estirpe de literatos mexicanos que distribuyeron sus intereses personales, su inteligencia y su laboriosidad entre la creación literaria y las funciones políticas o diplomáticas. Tras sus estudios en las escuelas Normal, Nacional Preparatoria y de Jurisprudencia, se inscribió en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad de México donde, en 1921, fue nombrado secretario personal de su rector que, por aquel entonces, era el insigne escritor José Vasconcelos.
Inició de este modo una casi ininterrumpida sucesión de cargos que prosiguió, en 1922, con su nombramiento como jefe del Departamento de Bibliotecas de la Secretaría de Educación Pública, puesto que ocupó hasta 1924, para convertirse luego, de 1925 a 1928, en profesor de literatura francesa en la Facultad de Altos Estudios. En 1929 ingresó, por oposición, en el Servicio Exterior, ocupando el cargo de secretario en la Legación mexicana en Madrid y en París. En 1934 regresó a América como encargado de negocios en Buenos Aires y, al año siguiente, cruzó de nuevo el Atlántico convertido ya en primer secretario de la embajada de México en Francia.
Tras un período mexicano, durante el cual ocupó, en 1936 y 1937, la jefatura del Departamento Diplomático de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pasó a ser encargado de negocios en Bélgica (1938) y, de nuevo en México, secretario de Educación Pública entre 1943 y 1946, puesto desde el que promovió la Campaña Nacional contra el Analfabetismo (1944-1946), estableció el Comité Federal del Programa de Construcción de Escuelas (1945) y fundó el Instituto Nacional de Capacitación del Magisterio.
Se hizo cargo luego, en 1946, de la Secretaría de Asuntos Exteriores, representando a México primero en la Conferencia Interamericana de Quintandinha (Brasil, 1947), que estableció el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, y, después, en la IX Conferencia Internacional Americana de Bogotá (1948), que aprobó la Carta de la Organización de Estados Americanos. En 1948, su carrera diplomática encontró un refrendo internacional cuando fue elegido para el cargo de director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura (UNESCO), puesto que había de ocupar hasta 1952.

De nuevo como secretario de Educación Pública, Torres Bodet dirigió, a partir de 1959 y hasta 1964, el Plan de Once Años para la Extensión y el Mejoramiento de la Enseñanza Primaria, y puso en marcha el sistema de libros de texto gratuitos, creando, además, los primeros treinta centros de Capacitación para Trabajo Industrial, que supusieron un importante impulso para la formación profesional en México.
Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, de El Colegio Nacional, del Instituto de Francia (cuya Academia de Bellas Artes presidió en 1966 y 1967) y de la Academia del Mundo Latino, fue investido doctor honoris causa por las universidades de Albuquerque, Burdeos, Bruselas, La Habana, Lima, Lyon, Mérida, México, París, Sinaloa y del Sur de California, recibiendo en 1966 el Premio Nacional de las Letras.

La obra de Jaime Torres Bodet:
Escritor de pluma fértil y exquisita, Torres Bodet escribe y publica muy pronto, a los dieciséis años, su primer libro de poemas, Fervor (1918), en el que pueden todavía rastrearse las influencias y los modos de un modernismo declinante y que se irán atemperando hasta desaparecer en sus obras posteriores, gracias, sin duda, a la lectura de sus contemporáneos franceses y españoles: André Gide, Jean Cocteau, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, entre otros, escritores que despertarán en el joven creador el deseo de internarse por sendas menos manidas y de lanzarse a ciertos vanguardismos literarios.
Así pues, partiendo de sus primeros postulados modernistas, inicia un período de búsqueda estética y estilística que se plasmará en obras como El corazón delirante, publicada en 1922, Biombo (1925) o la ya posterior Sin tregua, que aparece en 1957 y cuya sensibilidad alcanza resonancias personalísimas, que se encarnan en unos versos de refinada exquisitez y en una temática posromántica que se acerca al realismo para utilizarlo como símbolo, como metáfora.
Fundador en 1922 de la revista Falange, de ideología claramente conservadora, participa sin embargo, más tarde, en la fundación de Contemporáneos (lo que parece señalar un giro en su pensamiento), integrándose en el grupo de intelectuales y creadores que animan la revista, uno de los hitos más destacados en la reciente historia de la cultura mexicana, que se distinguía por sus afanes vanguardistas y renovadores. Su obra constituye, en este contexto, uno de sus frutos más refinados y, también, más preñados de un dramatismo que adquiere tintes místicos, pues el poeta busca sin cesar, en su obra, los vínculos con la eternidad, con lo imperecedero, plasmándolos en una sutil melodía que lo mantiene alejado de la desesperanza.
Algunos críticos y estudiosos han puesto de relieve el surrealismo que alienta en la poesía de Torres Bodet y también en sus textos en prosa, haciendo hincapié en su imaginación desenfrenada y en algunas de sus imágenes más extravagantes. Sin embargo, lo cierto es que el poeta intenta hallar un equilibrio personal, una senda que serpentea entre lo tradicional y lo innovador, entre clasicismo y vanguardia, como apuntaban ya los primerizos versos de Fervor, un equilibrio que va perfilándose y se impone por la sinceridad de su actitud literaria (incluso en la propia audacia de las imágenes), y por unas líneas formales que beben en las fuentes de los grandes poetas del Siglo de Oro, Luis de Góngora en especial, sin renunciar al vuelo imaginativo más osado.
Los profundos sentimientos que Torres Bodet manifiesta en su lírica y su preocupación existencial desembocan, casi como una inesperada paradoja, en una ansiosa invocación a la muerte, que sorprende por el vigor, el plástico dinamismo de unas imágenes transidas de anhelo y por las que fluyen el tiempo y la vida, la inalcanzable eternidad como deseo y ensueño. Aparece así, como expresan los versos de Reloj, la perspectiva de "una tumba cada vez más profunda" y, en el fondo del alma, "un puntual enemigo" que abrevia el júbilo, pero también el quebranto.
La muerte se convierte de este modo en la única salvación, la única realidad tangible ante la inconsistencia de lo real, el arma que nos libera del mal que atenazaba a Baudelaire: el tedio. Y Torres Bodet la invoca en Regreso con un verso que es casi un grito: "¡Afirmación total, muerte dichosa!", pues la existencia, la vida humana, por más que se empeñe en una inútil búsqueda, no permite conocimiento alguno. Esta afirmación radical, en la que se ha querido ver, a veces, una prefiguración del existencialismo, se tiñe de horror cuando estalla la violencia de la Segunda Guerra Mundial y empuja al poeta hacia una solidaridad, como vemos en el poema Civilización, en la que palpita ya su postrer humanismo:
Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado,
por el miedo y la prisa de otros hombres.
Esta última etapa, que coincide con su actuación en la UNESCO, justifica la afirmación, un tanto injusta, de José Joaquín Blanco cuando asegura que la fama de Torres Bodet se debe a haberse integrado en el "astuto grupo de poetas mexicanos que se hicieron célebres por sus buenos sentimientos", olvidando sin duda su sólida trayectoria literaria en la que no sólo pueden encontrarse poemarios de "insólita limpieza" (según Carlos Monsiváis) y de logradísimo estilo, como Cripta (1937) y Sonetos (1949), sino que se vierte también en la prosa de sus novelas, La educación sentimental (1929), Proserpina rescatada (1931) y Sombras (1937), o en sus narraciones cortas, como Nacimiento de Venus y otros relatos (1941); para florecer en la deslumbrante muestra de erudición y profundidad crítica que son sus ensayos literarios, de entre los que pueden citarse El escritor en su libertad, publicado en 1953, o su lúcido acercamiento a la obra de Proust, que apareció en 1967 con el título de Tiempo y memoria en la obra de Marcel Proust, así como en numerosos prólogos e introducciones.
Valiosísima es también la serie de sus memorias, que son un documento inapreciable por su sensibilidad y el rico abanico de acontecimientos que contemplan. Iniciadas en 1955 con Tiempo de arena, les siguieron Años contra el tiempo (1969), La victoria sin alas (1970), El desierto internacional (1971) y La tierra prometida, publicada también en 1971. "¡Basta ya de palabras, un gesto! No escribiré más", había escrito años antes Cesare Pavese; y no es de extrañar que el poeta que tanto invocó a la muerte, el creador torturado por su deseo de infinito decidiera, por fin, acudir al encuentro de la eternidad. Algún tiempo después de su suicidio en Ciudad de México (1974), Gabriel Zaid, en su artículo sobre "tres muertos nobles", escribió: "Jaime Torres Bodet se pegó un tiro en la boca dejándose llevar, con exceso poético, de su sentido del deber..." Y añadía a continuación: "...lo ejemplar de estos poetas radica menos en la realización de un paradigma, que en el hecho de haber realizado, y padecido, una necesidad de dar ejemplo".

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Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:40, editado 2 veces


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:37

JAIME TORRES BODET

POEMAS

1) DÉDALO

Enterrado vivo
en un infinito
dédalo de espejos,
me oigo, me sigo,
me busco en el liso
muro del silencio.

Pero no me encuentro.

Palpo, escucho, miro.
Por todos los ecos
de este laberinto,
un acento mío
está pretendiendo
llegar a mi oído...

Pero no lo advierto.

Alguien está preso
aquí, en este frío
lúcido recinto,
dédalo de espejos...
Alguien, al que imito.
Si se va, me alejo.
Si regresa, vuelvo.
Si se duerme, sueño.
—«¿Eres tú?», me digo...

Pero no contesto.

Perseguido, herido
por el mismo acento
—que no sé si es mío—
contra el eco mismo
del mismo recuerdo,
en este infinito
dédalo de espejos
enterrado vivo.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:50

MÉXICO

JAIME TORRES BODET

He puesto este poema, DÉDALO, en primer lugar porque un buen número de críticos dicen que es su poema más conocido. Otros van más lejos y afirman que sustancialmente el mejor poema del autor es DÉDALO.
La primera información no está en mi mano... Si existen datos estadísticos sobre el hecho estarán en México. Es más, a fuerza de ser sincero y aunque se me acuse de ignorancia: yo desconocía hasta la existencia del poeta.
La segunda información...? He llegado a aproximadamente unos 70 poemas del autor. Y son de tal calidad que me avergüenzo de no haberlo conocido antes : al autor y a sus poemas. ¿Dédalo es el mejor...? Yo no soy crítico: no lo sé. Pero me ha gustado tanto que ya lo he leído 6 o 7 veces. Por eso va el primero.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:54

MÉXICO

JAIME TORRES BODET

POEMAS

2) Amor

Para escapar de ti
no bastan ya peldaños,
túneles, aviones,
teléfonos o barcos.
Todo lo que se va
con el hombre que escapa:
el silencio, la voz,
los trenes y los años,
no sirve para huir
de este recinto exacto
-sin horas ni reloj,
sin ventanas ni cuadros-
que a todas partes va
conmigo, cuando viajo.

Para escapar de ti
necesito un cansancio
nacido de ti misma:
una duda, un rencor,
la vergüenza de un llanto;
el miedo que me dio
-por ejemplo- poner
sobre tu frágil nombre
la forma impropia y dura
y brusca de mis labios...


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:55

MÉXICO

JAIME TORRES BODET

POEMAS

3) Canción de las voces serenas

Se nos ha ido la tarde
en cantar una canción,
en perseguir una nube
y en deshojar una flor.

Se nos ha ido la noche
en decir una oración,
en hablar con una estrella
y en morir con una flor.

Y se nos irá la aurora
en volver a esa canción,
en perseguir otra nube
y en deshojar otra flor.

Y se nos irá la vida
sin sentir otro rumor
que el del agua de las horas
que se lleva el corazón...


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 07:59

MÉXICO

JAIME TORRES BODET

4) Carta

Amada, en las palabras que te escribo
quisiera que encontraras el color
de este pálido cielo pensativo
que estoy mirando, al recordar tu amor.

Que sintieras que ya julio se acerca
-el oro está naciendo de la mies-,
y escucharas zumbar ]a mosca terca
que oigo volar en el calor del mes...

Y pensaras: "¡Qué año tan ardiente!",
"¡Cuánto sol en las bardas!"... y, quizás,
que un suspiro cerrara blandamente
tus ojos... nada más... ¿Para que más?


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Jun 2018, 08:05

MÉXICO

JAIME TORRES BODET

5) Civilización (**)

Un hombre muere en mí siempre que un hombre
muere en cualquier lugar, asesinado
por el miedo y la prisa de otros hombres.

Un hombre como yo; durante meses
en las entrañas de una madre oculto;
nacido, como yo,
entre esperanzas y entre lágrimas,
y -como yo- feliz de haber sufrido,
triste de haber gozado,
hecho de sangre y sal y tiempo y sueño.

Un hombre que anheló ser más que un hombre
y que, de pronto, un día comprendió
el valor que tendría la existencia
si todos cuantos viven
fuesen, en realidad, hombres enhiestos,
capaces de legar sin amargura
lo que todos dejamos
a los próximos hombres:
El amor, las mujeres, los crepúsculos,
la luna, el mar, el sol, las sementeras,
el frío de la piña rebanada
sobre el plato de laca de un otoño,
el alba de unos ojos,
el litoral de una sonrisa
y, en todo lo que viene y lo que pasa,
el ansia de encontrar
la dimensión de una verdad completa.

Un hombre muere en mí siempre que en Asia,
o en la margen de un río
de África o de América,
o en el jardín de una ciudad de Europa,
una bala de hombre mata a un hombre.

Y su muerte deshace
todo lo que pensé haber levantado
en mí sobre sillares permanentes:
La confianza en mis héroes,
mi afición a callar bajo los pinos,
el orgullo que tuve de ser hombre
al oír -en Platón- morir a Sócrates,
y hasta el sabor del agua, y hasta el claro
júbilo de saber
que dos y dos son cuatro...

Porque de nuevo todo es puesto en duda,
todo se interroga de nuevo
y deja mil preguntas sin respuesta
en la hora en que el hombre
penetra -a mano armada-
en la vida indefensa de otros hombres.
Súbitamente arteras,
las raíces del ser nos estrangulan.

Y nada está seguro de sí mismo
-ni en la semilla en germen,
ni en la aurora la alondra,
ni en la roca el diamante,
ni en la compacta oscuridad la estrella,
¡cuando hay hombres que amasan
el pan de su victoria
con el polvo sangriento de otros hombres!

(**) MARCADO COMPONENTE SOCIAL DEL POEMA. SIEMPRE QUE PONGAMOS LA ANOTACIÓN ESE SERÁ EL SIGNIFICADO POR LO QUE NO VOLVEREMOS A EXPLICARLO.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 09:04

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá

Poeta y diplomático mexicano


¿Quién me compra una naranja para mi consolación?

Una naranja madura
en forma de corazón.

La sal del mar en los labios
¡ay de mi!
la sal del mar en las venas
y en los labios recogí.

Nadie me diera los suyos
para besar.
La blanca espiga de un beso
yo no la puedo segar.

Nadie pidiera mi sangre
para beber.
yo mismo no sé si corre
o si deja de correr.
Como se pierden las barcas
¡ay de mi!
como se pierden las nubes
Y las barcas, me perdí.

Y pues nadie me lo pide,
ya no tengo corazón.
¿Quién me compra una naranja
para mi consolación?



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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 09:06

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá



Elegía

A veces me dan ganas de llorar,
pero las suple el mar.


La orilla del mar

No es agua ni arena
la orilla del mar.

El agua sonora
de espuma sencilla,
el agua no puede
formarse la orilla.
Y porque descanse
en muelle lugar,
no es agua ni arena
la orilla del mar.

Las cosas discretas,
amables, sencillas;
las cosas se juntan
como las orillas.

Los mismo los labios,
si quieren besar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Yo sólo me miro
por cosa de muerto;
solo, desolado,
como en un desierto.

A mí venga el lloro,
pues debo penar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.







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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 09:09

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá


Muerte sin fín

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí ahíto me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante oh paradoja constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso también más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!

¡Más que vaso también más providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.
El mismo Dios,
en sus presencias tímidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
peces del aire altísimo
los hombres.
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circundante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el río hostil de su conciencia
¡agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesión al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
¿Qué puede ser si no si un vaso no?
Un minuto quizá que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
con el vuelo del pájaro,
estalla en él como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada pólvora de plumas.
Mas en la médula de esta alegría,
no ocurre nada, no;
sólo un cándido sueño que recorre
las estaciones todas de su ruta
tan amorosamente
que no elude seguirla a sus infiernos,
ay, y con qué miradas de atropina,
tumefactas e inmóviles, escruta
el curso de la luz, su instante fúlgido,
en la piel de una gota de rocío;
concibe el ojo
y el intangible aceite
que nutre de esbeltez a la mirada;
gobierna el crecimiento de las uñas
y en la raíz de la palabra esconde
el frondoso discurso de ancha copa
y el poema de diáfanas espigas.
Pero aún más porque en su cielo impío
nada es tan cruel como este puro goce
somete sus imágenes al fuego
de especiosas torturas que imagina
las infla de pasión,
en la prisma del llanto las deshace,
las ciega con el lustre de un barniz,
las satura de odios purulentos,
rencores zánganos
como una mala costra,
angustias secas como la sed del yeso.
Pero aún más porque, inmune a la mácula,
tan perfecta crueldad no cede a límites
perfora la substancia de su gozo
con rudos alfileres;
piensa el tumor, la úlcera y el chancro
que habrán de festonar la tez pulida,
toma en su mano etérea a la criatura
y la enjuta, la hincha o la demacra,
como a un copo de cera sudorosa,
y en un ilustre hallazgo de ironía
la estrecha enternecido
con los brazos glaciales de la fiebre.
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente
Muerte sin fín
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis
por un dios inasible que me ahoga,
mentido acaso
por su radiante atmósfera de luces
que oculta mi conciencia derramada,
mis alas rotas en esquirlas de aire,
mi torpe andar a tientas por el lodo;
lleno de mí ahíto me descubro
en la imagen atónita del agua,
que tan sólo es un tumbo inmarcesible,
un desplome de ángeles caídos
a la delicia intacta de su peso,
que nada tiene
sino la cara en blanco
hundida a medias, ya, como una risa agónica,
en las tenues holandas de la nube
y en los funestos cánticos del mar
más resabio de sal o albor de cúmulo
que sola prisa de acosada espuma.
No obstante oh paradoja constreñida
por el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma.
En él se asienta, ahonda y edifica,
cumple una edad amarga de silencios
y un reposo gentil de muerte niña,
sonriente, que desflora
un más allá de pájaros
en desbandada.
En la red de cristal que la estrangula,
allí, como en el agua de un espejo,
se reconoce;
atada allí, gota con gota,
marchito el tropo de espuma en la garganta
¡qué desnudez de agua tan intensa,
qué agua tan agua,
está en su orbe tornasol soñando,
cantando ya una sed de hielo justo!
¡Mas qué vaso también más providente
éste que así se hinche
como una estrella en grano,
que así, en heroica promisión, se enciende
como un seno habitado por la dicha,
y rinde así, puntual,
una rotunda flor
de transparencia al agua,
un ojo proyectil que cobra alturas
y una ventana a gritos luminosos
sobre esa libertad enardecida
que se agobia de cándidas prisiones!

¡Más que vaso también más providente!
Tal vez esta oquedad que nos estrecha
en islas de monólogos sin eco,
aunque se llama Dios,
no sea sino un vaso
que nos amolda el alma perdidiza,
pero que acaso el alma sólo advierte
en una transparencia acumulada
que tiñe la noción de Él, de azul.
El mismo Dios,
en sus presencias tímidas,
ha de gastar la tez azul
y una clara inocencia imponderable,
oculta al ojo, pero fresca al tacto,
como este mar fantasma en que respiran
peces del aire altísimo
los hombres.
¡Sí, es azul! ¡Tiene que ser azul!
Un coagulado azul de lontananza,
un circundante amor de la criatura,
en donde el ojo de agua de su cuerpo
que mana en lentas ondas de estatura
entre fiebres y llagas;
en donde el río hostil de su conciencia
¡agua fofa, mordiente, que se tira,
ay, incapaz de cohesión al suelo!
en donde el brusco andar de la criatura
amortigua su enojo,
se redondea
como una cifra generosa,
se pone en pie, veraz, como una estatua.
¿Qué puede ser si no si un vaso no?
Un minuto quizá que se enardece
hasta la incandescencia,
que alarga el arrebato de su brasa,
ay, tanto más hacia lo eterno mínimo
cuanto es más hondo el tiempo que lo colma.
Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada,
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
con el vuelo del pájaro,
estalla en él como un cohete herido
y en sonoras estrellas precipita
su desbandada pólvora de plumas.
Mas en la médula de esta alegría,
no ocurre nada, no;
sólo un cándido sueño que recorre
las estaciones todas de su ruta
tan amorosamente
que no elude seguirla a sus infiernos,
ay, y con qué miradas de atropina,
tumefactas e inmóviles, escruta
el curso de la luz, su instante fúlgido,
en la piel de una gota de rocío;
concibe el ojo
y el intangible aceite
que nutre de esbeltez a la mirada;
gobierna el crecimiento de las uñas
y en la raíz de la palabra esconde
el frondoso discurso de ancha copa
y el poema de diáfanas espigas.
Pero aún más porque en su cielo impío
nada es tan cruel como este puro goce
somete sus imágenes al fuego
de especiosas torturas que imagina
las infla de pasión,
en la prisma del llanto las deshace,
las ciega con el lustre de un barniz,
las satura de odios purulentos,
rencores zánganos
como una mala costra,
angustias secas como la sed del yeso.
Pero aún más porque, inmune a la mácula,
tan perfecta crueldad no cede a límites
perfora la substancia de su gozo
con rudos alfileres;
piensa el tumor, la úlcera y el chancro
que habrán de festonar la tez pulida,
toma en su mano etérea a la criatura
y la enjuta, la hincha o la demacra,
como a un copo de cera sudorosa,
y en un ilustre hallazgo de ironía
la estrecha enternecido
con los brazos glaciales de la fiebre.
Mas nada ocurre, no, sólo este sueño
desorbitado
que se mira a sí mismo en plena marcha;
presume, pues, su término inminente

y adereza en el acto
el plan de su fatiga,
su justa vacación
su domingo de gracia allá en el campo,
al fresco albor de las camisas flojas.
¡Qué trebolar mullido, qué parasol de niebla
se regala en el ánimo
para gustar la miel de sus vigilias!
Pero el ritmo es su norma, el solo paso,
la sola marcha en círculo, sin ojos;
así, aun de su cansancio, extrae
¡hop!
largas cintas de cintas de sorpresas
que en un constante perecer enérgico,
en un morir absorto,
arrasan sin cesar su bella fábrica
hasta que hijo de su misma muerte,
gestado en la aridez de sus escombros
siente que su fatiga se fatiga,
se erige a descansar de su descanso
y sueña que su sueño se repite,
irresponsable, eterno,
muerte sin fin de una obstinada muerte,
sueño de garza anochecido a plomo
que cambia sí de pie, mas no de sueño,
que cambia sí la imagen,
mas no la doncellez de su osadía
¡oh inteligencia, soledad en llamas!
que lo consume todo hasta el silencio,
sí, como una semilla enamorada
que pudiera soñarse germinando,
probar en el rencor de la molécula
el salto de las ramas que aprisiona
y el gusto de su fruta prohibida,
ay, sin hollar, semilla casta,
sus propios impasibles tegumentos.

¡Oh inteligencia, soledad en llamas
que todo lo concibe sin crearlo!
Finge el calor del lodo,
su emoción de substancia adolorida,
el iracundo amor que lo embellece
y lo encumbra más allá de las alas
a donde sólo el ritmo
de los luceros llora,
mas no le infunde el soplo que lo pone en pie
y permanece recreándose a sí misma,
única en Él, inmaculada, sola en Él,
reticencia indecible,
amoroso temor de la materia,
angélico egoísmo que se escapa
como un grito de júbilo sobre la muerte
oh inteligencia, páramo de espejos!
helada emanación de rosas pétreas
en la cumbre de un tiempo paralítico;
pulso sellado;
como una red de arterias temblorosas,
hermético sistema de eslabones
que apenas se apresura o se retarda
según la intensidad de su deleite;
abstinencia angustiosa
que presume el dolor y no lo crea,
que escucha ya en la estepa de sus tímpanos
retumbar el gemido del lenguaje
y no lo emite;
que nada más absorbe las esencias
y se mantiene así, rencor sañudo,
una, exquisita, con su dios estéril,
sin alzar entre ambos
la sorda pesadumbre de la carne,
sin admitir en su unidad perfecta
el escarnio brutal de esa discordia
que nutren vida y muerte inconciliables,
siguiéndose una a otra
como el día y la noche,
una y otra acampadas en la célula
como en un tardo tiempo de crepúsculo,
ay, una nada más, estéril, agria,
con Él, conmigo, con nosotros tres;
como el vaso y el agua, sólo una
que reconcentra su silencio blanco
en la orilla letal de la palabra
y en la inminencia misma de la sangre.
¡ALELUYA, ALELUYA!

Iza la flor su enseña,
agua, en el prado.
¡Oh, qué mercadería
de olor alado!

¡Oh, qué mercadería
de tenue olor!
¡cómo inflama los aires
con su rubor!

¡Qué anegado de gritos
está el jardín!
«¡Yo, el heliotropo, yo!»
«¿Yo? El jazmín.»

Ay, pero el agua,
ay, si no huele a nada.

Tiene la noche un árbol
con frutos de ámbar;
tiene una tez la tierra,
ay, de esmeraldas.

El tesón de la sangre
anda de rojo;
anda de añil el sueño;
la dicha, de oro.

Tiene el amor feroces
galgos morados;
pero también sus mieses,
también sus pájaros.

Ay, pero el agua,
ay, si no luce a nada.

Sabe a luz, a luz fría,
sí, la manzana.
¡Qué amanecida fruta
tan de mañana!
¡Qué anochecido sabes,
tú, sinsabor!
¡cómo pica en la entraña
tu picaflor!

Sabe la muerte a tierra,
la angustia a hiel.
Este morir a gotas
me sabe a miel.

Ay, pero el agua,
ay, si no sabe a nada.

[BAILE]

Pobrecilla del agua,
ay, que no tiene nada,
ay, amor, que se ahoga,
ay, en un vaso de agua.

En el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
ciertamente.
Trae una sed de siglos en los belfos,
una sed fría, en punta, que ara cauces
en el sueño moroso de la tierra,
que perfora sus miembros florecidos,
como una sangre cáustica,
incendiándolos, ay, abriendo en ellos
desapacibles úlceras de insomnio.
Más amor que sed; más que amor, idolatría,
dispersión de criatura estupefacta
ante el fulgor que blande
germen del trueno olímpico la forma
en sus netos contornos fascinados.
¡Idolatría, sí idolatría!
Mas no le basta el ser un puro salmo,
un ardoroso incienso de sonido;
quiere, además, oírse.
Ni le basta tener sólo reflejos
briznas de espuma
para el ala de luz que en ella anida;
quiere, además, un tálamo de sombra,
un ojo,
para mirar el ojo que la mira.
En el lago, en la charca, en el estanque,
en la entumida cuenca de la mano,
se consuma este rito de eslabones,
este enlace diabólico
que encadena el amor a su pecado.
En el nítido rostro sin facciones
el agua, poseída,
siente cuajar la máscara de espejos
que el dibujo del vaso le procura.
Ha encontrado, por fin,
en su correr sonámbulo,
una bella, puntual fisonomía.
Ya puede estar de pie frente a las cosas.
Ya es ella también, aunque por arte
de estas limpias metáforas cruzadas,
un encendido vaso de figuras.
El camino, la barda, los castaños,
para durar el tiempo de una muerte
gratuita y prematura, pero bella,
ingresan por su impulso
en el suplicio de la imagen propia
y en medio del jardín, bajo las nubes,
descarnada lección de poesía,
instalan un infierno alucinante.

Pero el vaso en sí mismo no se cumple.
Imagen de una deserción nefasta
¿qué esconde en su rigor inhabitado,
sino esta triste claridad a ciegas,
sino esta tentaleante lucidez?
Tenedlo ahí, sobre la mesa, inútil.
Epigrama de espuma que se espiga
ante un auditorio anestesiado
...

(cont.)


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sino que nunca trae dolor o tristeza.

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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 09:18

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá

Muerte sin fín


(cont.)

incisivo clamor que la sordera
tenaz de los objetos amordaza,
flor mineral que se abre para adentro
hacia su propia luz,
espejo ególatra
que se absorbe a sí mismo contemplándose.
Hay algo en él, no obstante, acaso un alma,
el instinto augural de las arenas,
una llaga tal vez que debe al fuego,
en donde le atosiga su vacío.
Desde este erial aspira a ser colmado.
En el agua, en el vino, en el aceite,
articula el guión de su deseo;
se ablanda, se adelgaza;
ya su sobrio dibujo se le nubla,
ya embozado en el giro de un reflejo,
en un llanto de luces se liquida.

Mas la forma en sí misma no se cumple.
Desde su insigne trono faraónico,
magnánima,
deífica,
constelada de epítetos esdrújulos,
rige con hosca mano de diamante.
Está orgullosa de su orondo imperio.
¡En las augustas pituitarias de ónice
no juega, acaso, el encendido aroma
con que arde a sus pies la poesía?
¡Ilusión, nada más gentil narcótico
que puebla de fantasmas los sentidos!
Pues desde ahí donde el dolor emite
¡oh turbio sol de podre!
el esmerado brillo que lo embosca,
ay, desde ahí, presume la materia
que apenas cuaja su dibujo estricto
y ya es un jardín de huellas fósiles,
estruendoso fanal,
rojo timbre de alarma en los cruceros
que gobierna la ruta hacia otras formas.
La rosa edad que esmalta su epidermis
senil recién nacida
envejece por dentro a grandes siglos.
Trajo puesta la proa a lo amarillo.
El aire se coagula entre sus poros
como un sudor profuso
que se anticipa a destilar en ellos
una esencia de rosas subterráneas.
Los crudos garfios de su muerte suben,
como musgo, por grietas inasibles,
ay, la hostigan con tenues mordeduras
y abren hueco por fin a aquel minuto
¡miradlo en la lenteja del reloj,
neto, puntual, exacto,
correrse un eslabón cada minuto!
cuando al soplo infantil de un parpadeo,
la egregia masa de ademán ilustre
podrá caer de golpe hecha cenizas.

No obstante ¿por qué no? también en ella
tiene un rincón el sueño,
árido paraíso sin manzana
donde suele escaparse de su rostro,
por el rostro marchito del espectro
que engendra aletargada, su costilla.
El vaso de agua es el momento justo.
En su audaz evasión se transfigura,
tuerce la órbita de su destino
y se arrastra en secreto hacia lo informe.
La rapiña del tacto no se ceba
aquí, en el sueño inhóspito
sobre el templado nácar de su vientre,
ni la flauta Don Juan que la requiebra
musita su cachonda serenata.
El sueño es cruel,
ay, punza, roe, quema, sangra, duele.
Tanto ignora infusiones como ungüentos.
En los sordos martillos que la afligen
la forma da en el gozo de la llaga
y el oscuro deleite del colapso.
Temprana madre de esa muerte niña
que nutre en sus escombros paulatinos,
anhela que se hundan sus cimientos
bajo sus plantas, ay, entorpecidas
por una espesa lentitud de lodo;
oye nacer el trueno del derrumbe;
siente que su materia se derrama
en un prurito de ácidas hormigas;
que, ya sin peso, flota
y en un claro silencio se deslíe.
Por un aire de espejos inminentes
¡oh impalpables derrotas del delirio!
cruza entonces, a velas desgarradas,
la airosa teoría de una nube.

En la red de cristal que la estrangula,
el agua toma forma,
la bebe, sí, en el módulo del vaso,
para que éste también se transfigure
con el temblor del agua estrangulada
que sigue allí, sin voz, marcando el pulso
glacial de la corriente.
Pero el vaso
a su vez
cede a la informe condición del agua
a fin de que a su vez la forma misma,
la forma en sí, que está en el duro vaso
sosteniendo el rencor de su dureza
y está en el agua de aguijada espuma
como presagio cierto de reposo,
se pueda sustraer al vaso de agua;
un instante, no más,
no más que el mínimo
perpetuo instante del quebranto,
cuando la forma en sí, la pura forma,
se abandona al designio de su muerte
y se deja arrastrar, nubes arriba,
por ese atormentado remolino
en que los seres todos se repliegan
hacia el sopor primero,
a construir el escenario de la nada.
Las estrellas entonces ennegrecen.
Han vuelto al dardo insomne
a la noche perfecta de su aljaba.

Porque en el lento instante del quebranto,
cuando los seres todos se repliegan
hacia el sopor primero
y en la pira arrogante de la forma
se abrasan, consumidos por su muerte
¡ay, ojos, dedos, labios,
etéreas llamas del atroz incendio!
el hombre ahoga con sus manos mismas,
en un negro sabor de tierra amarga,
los himnos claros y los roncos trenos
con que cantaba la belleza,
entre tambores de gangoso idioma
y esbeltos címbalos que dan al aire
sus golondrinas de latón agudo;
ay, los trenos e himnos que loaban
la rosa marinera
que consuma el periplo del jardín
con sus velas henchidas de fragancia;
y el malsano crepúsculo de herrumbre,
amapola del aire lacerado
que se pincha en las púas de un gorjeo;
y la febril estrella, lis de calosfrío,
punto sobre las íes
de las tinieblas;
y el rojo cáliz del pezón macizo,
sola flor de granado
en la cima angustiosa del deseo,
y la mandrágora del sueño amigo
que crece en los escombros cotidianos
ay, todo el esplendor de la belleza
y el bello amor que la concierta toda
en un orbe de imanes arrobados.

Porque el tambor rotundo
y las ricas bengalas que los címbalos
tremolan en la altura de los cantos,
se anegan, ay, en un sabor de tierra amarga,
cuando el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta,
se le quema confuso en la garganta,
exhausto de sentido;
ay, su aéreo lenguaje de colores,
que así se jacta del matiz estricto
en el humo aterrado de sus sienas
o en el sol de sus tibios bermellones;
él, que discurre en la ansiedad del labio
como una lenta rosa enamorada;
él, que cincela sus celos de paloma
y modula sus látigos feroces;
que salta en sus caídas
con un ruidoso síncope de espumas;
que prolonga el insomnio de su brasa
en las mustias cenizas del oído;
que oscuramente repta
e hinca enfurecido la palabra
de hiel, la tuerta frase de ponzoña;
él que labra el amor del sacrificio
en columnas de ritmos espirales,
sí, todo él, lenguaje audaz del hombre,
se le ahoga confuso en la garganta
y de su gracia original no queda
sino el horror de un pozo desecado
que sostiene su mueca de agonía.
Porque el hombre descubre en sus silencios
que su hermoso lenguaje se le agosta
en el minuto mismo del quebranto,
cuando los peces todos
que en cautelosas órbitas discurren
como estrellas de escamas, diminutas,
por la entumida noche submarina,
cuando los peces todos
y el ulises salmón de los regresos
y el delfín apolíneo, pez de dioses,
deshacen su camino hacia las algas;
cuando el tigre que huella
la castidad del musgo
con secretas pisadas de resorte
y el bóreas de los ciervos presurosos
y el cordero Luis XV, gemebundo,
y el león babilónico
que añora el alabastro de los frisos
¡flores de sangre, eternas,
en el racimo inmemorial de las especies!
cuando todos inician el regreso
a sus mudos letargos vegetales;
cuando la aguda alondra se deslíe
en el agua del alba,
mientras las aves todas
y el solitario búho que medita
con su antifaz de fósforo en la sombra,
la golondrina de escritura hebrea
y el pequeño gorrión, hambre en la nieve,
mientras todas las aves se disipan
en la noche enroscada del reptil;
cuando todo por fin lo que anda o repta
y todo lo que vuela o nada, todo,
se encoge en un crujir de mariposas,
regresa a sus orígenes
y al origen fatal de sus orígenes,
hasta que su eco mismo se reinstala
en el primer silencio tenebroso.

Porque los bellos seres que transitan
por el sopor añoso de la tierra
—¡tragos de sangre, libres,
en la pantalla de su sueño impuro!—
todos se dan a un frenesí de muerte,
ay, cuando el sauce
acumula su llanto
para urdir la substancia de un delirio
en que —¡tú! ¡yo! ¡nosotros!— de repente,
a fuerza de atar nombres destemplados,
ay, no le queda sino el tronco prieto,
desnudo de oración ante su estrella;
cuando con él, desnudos, se sonrojan
el álamo temblón de encanecida barba
y el eucalipto rumoroso,
témpano de follaje
y tornillo sin fin de la estatura
que se pierde en las nubes, persiguiéndose;
y también el cerezo y el durazno
en su loca efusión de adolescentes
y la angustia espantosa de la ceiba
y todo cuanto nace de raíces,
desde el heroico roble hasta la impúbera
menta de boca helada;
cuando las plantas de sumisas plantas
retiran el ramaje presuntuoso,
se esconden en sus ásperas raíces
y en la acerba raíz de sus raíces
y presas de un absurdo crecimiento
se desarrollan hacia la semilla,
hasta quedar inmóviles
¡oh cementerios de talladas rosas!
en los duros jardines de la piedra.

Porque desde el anciano roble heroico
hasta la impúbera
menta de boca helada,
ay, todo cuanto nace de raíces
establece sus tallos paralíticos
en los duros jardines de la piedra,
cuando el rubí de angélicos melindres
y el diamante iracundo
que fulmina a la luz con un reflejo,
más el ario zafir de ojos azules
y la geórgica esmeralda que se anega
en el abrilde su robusta clorofila,
una a una, las piedras delirantes,
con sus lindas hermanas cenicientas,
turquesa, lapislázuli, alabastro,
pero también el oro prisionero
y la plata de lengua fidedigna,
ingenuo ruiseñor de los metales
que se ahoga en el agua de su canto;
cuando las piedras finas
y los metales exquisitos, todos,
regresan a sus nidos subterráneos
por las rutas candentes de la llama,
ay, ciegos de su lustre,
ay, ciegos de su ojo,
que el ojo mismo,
como un siniestro pájaro de humo,
en su aterida combustión se arranca.

Porque raro metal o piedra rara,
así como la roca escueta, lisa,
que figura castillos
con sólo naipes de aridez y escarcha,
y así la arena de arrugados pechos
y el humus maternal de entraña tibia,
ay, todo se consume
con un mohíno crepitar de gozo,
cuando la forma en sí, la forma pura,
se entrega a la delicia de su muerte
y en su sed de agotarla a grandes luces
apura en una llama
el aceite ritual de los sentidos,
que sin labios, sin dedos, sin retinas,
sí paso a paso, muerte a muerte, locos,
se acogen a sus túmidas matrices,
mientras unos a otros se devoran
al animal, la planta
a la planta, la piedra
a la piedra, el fuego
al fuego, el mar
al mar, la nube
a la nube, el sol
hasta que todo este fecundo río
de enamorado semen que conjuga,
inaccesible al tedio,
el suntuoso caudal de su apetito,
no desemboca en sus entrañas mismas,
en el acre silencio de sus fuentes,
entre un fulgor de soles emboscados,
en donde nada es ni nada está,
donde el sueño no duele,
donde nada ni nadie, nunca, está muriendo
y solo ya, sobre las grandes aguas,
flota el Espíritu de Dios que gime
con un llanto más llanto aún que el llanto,
como si herido —¡ay, Él también!— por un cabello
por el ojo en almendra de esa muerte
que emana de su boca,
hubiese al fin ahogado su palabra sangrienta.
¡ALELUYA, ALELUYA!

¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una espesa fatiga,
un ansia de trasponer
estas lindes enemigas,
este morir incesante,
tenaz, esta muerte viva,
¡oh Dios! que te está matando
en tus hechuras estrictas,
en las rosas y en las piedras,
en las estrellas ariscas
y en la carne que se gasta
como una hoguera encendida,
por el canto, por el sueño,
por el color de la vista.

¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
ay, una ciega alegría,
un hambre de consumir
el aire que se respira,
la boca, el ojo, la mano;
estas pungentes cosquillas
de disfrutarnos enteros
en sólo un golpe de risa,
ay, esta muerte insultante,
procaz, que nos asesina
a distancia, desde el gusto
que tomamos en morirla,
por una taza de té,
por una apenas caricia.

¡Tan-tan! ¿Quién es? Es el Diablo,
es una muerte de hormigas
incansables, que pululan
¡oh Dios! sobre tus astillas,
que acaso te han muerto allá,
siglos de edades arriba,
sin advertirlo nosotros,
migajas, borra, cenizas
de ti, que sigues presente
como una estrella mentida
por su sola luz, por una
luz sin estrella, vacía,
que llega al mundo escondiendo
su catástrofe infinita.

[BAILE]

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!





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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 09:20

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá



Pausas I

¡El mar, el mar!
Dentro de mí lo siento.
Ya sólo de pensar
en él, tan mío,
tiene un sabor de sal mi pensamiento.


PAUSA II

No canta el grillo. Ritma
la música
de una estrella.

Mide
las pausas luminosas
con su reloj de arena.

Traza
sus órbitas de oro
en la desolación etérea.

La buena gente piensa
- sin embargo -
que canta una cajita
de música en la hierba.


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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 23:53

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá



Preludio

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que ensombrecido en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas
guarda un ángel de sueño en la ventana.
¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?
Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar
¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.
¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí, entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?
Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí escapada al dardo
tenaz de la estatura
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?
Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira como un soplo cauta
sobre bisagras de secreta lama,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!


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El silencio no solo no está sediento,
sino que nunca trae dolor o tristeza.

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Lluvia Abril
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Re: POESÍA SOCIAL V (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

Mensaje por Lluvia Abril el Jue 14 Jun 2018, 23:56

MÉXICO


José Gorostiza Alcalá



Presencia y fuga
(fragmento IV)




¡Agua, no huyas de la sed, detente!
Detente, oh claro insomnio, en la llanura
de este sueño sin párpados que apura
el idioma febril de la corriente.
No el tierno simulacro que te miente,
entre rumores, viva; no, madura,
ama la sed esa tensión de hondura
con que saltó tu flecha de la fuente.
Detén, agua, tu prisa, porque en tanto
te ciegue el ojo y te estrangule el canto,
dictar debieras a la muerte zonas;
que por tu propia muerte concebida,
sólo me das la piel endurecida
¡oh movimiento, sierpe! que abandonas.


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sino que nunca trae dolor o tristeza.

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