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La poesía en nuestro pop-rock

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F. Enrique

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Localización : Ceuta

La poesía en nuestro pop-rock

Mensaje por F. Enrique el Sáb 06 Ene 2018, 17:21

I

Andrés Calamaro - No son horas - El novio del olvido

Quizás prosiga triste por haber olvidado
su sonrisa de otoño despejando la aurora.




Aquellos suspiros, aquellas ilusiones rotas de 1998, se habían apoderado de mí logrando que me sintiera viejo con apenas 38 años. Por entonces había aprendido a sufrir en el Paraíso y a gozar en el Infierno y Andrés Calamaro ya volvía a tener los ojos ciegos de los sentimientos orientados hacia su Argentina natal y quería, a regañadientes, dejar de ser el profeta de la muerte para volver a mirar desde su piso de Madrid las direcciones del olvido y a la novia que nunca tuvo pero se apodera del recuerdo.

      Pero aún estaba empapado de España y lanzaba un disco en el que vibraba la memoria reciente de la alta suciedad, el mejor disco, para mí, de pop-rock de nuestro panorama emocional.

Honestidad brutal es un triple disco encerrado en dos cedés. Tiene canciones para todos los gustos desde el pop delicioso, sentimental y derrotado de "Cuando te conocí" hasta la pachanga en la que aparece el espíritu gambeteador de Diego iluminado por Boca y levantando la moral de un país que lo necesita porque, como España. carece de buenos políticos. Nosotros nos aferramos a la leyenda viva de Nadal, ellos al que, sin duda, hubiera sido el mejor futbolista de la historia de haber tenido una cabeza medianamente amueblada.

        Creo que, en conjunto, es una obra maestra en la que lloran los perdidos, una obra que seguirá sonando cuando el tiempo nos olvide, la cumbre de una manera de sentir peculiar empapada de Argentina y España al mismo tiempo, desde Leonardo Favio hasta Los Brincos, desde Fito Páez a Joaquín Sabina, desde la tristeza arrabalera de un tango hasta la altanería chulesca de un chotis. Quizás no tenga la calidad resplandeciente de la alta suciedad que se mueve entre la huella de Dylan y los Rollings hasta los aires de nuestra música tradicional y el homenaje melancólico al intimismo.


Entre la maraña de buenas canciones reunidas en los dos primeros discos de Andrés en solitario siempre me decanté por esta canción, tenía motivos sobrados para odiarla, me recordaba demasiado a la barca sin velas que empieza a desconfiar de la esperanza y se entrega al capricho sin norte de los vientos que fui en 1997, pienso que era una buena persona que buscándose cometía delitos al alcance solo de los más perversos.  Ya lo dicen los ingleses cuando hablan de las servidumbres del vivir; el camino al Infierno está pavimentado con buenas intenciones, y un corazón herido que busca la reconciliación con la muerte, añadiría yo. Pero si te dicen que duermo de día, es verdad.
Aquellos ojos míos de 1998 aún no habían conocido a aquel maduro indecente que no tenía sexo pero, como buen gitano que rompe todas sus camisas, tenía que cuidar una reputación que ya no estaba en sus manos.

25 de junio de 2017

II

Radio Futura - La estatua del Jardín Botánico



     
Hay en el rock, como en la literatura, una tendencia acusada a sobrevalorar lo que llega de países anglosajones. Pienso que es ridículo pero está impuesto de tal forma que muchos entendidos descartan de entrada otro idioma que no sea el inglés en una canción de este estilo. No tengo esos locos prejuicios y los chicos de Radio Futura con esta maravilla, en todos los aspectos, me dan la razón, si la hubieran cantado con el  acento de Memphis se diría que es la respuesta más contundente de la cuna del country al universo del rock.
IV

Estopa - Ya no me acuerdo


Esta mañana
ya no me acordaba
cómo tocaban mis dedos
esa guitarra que era
para mí tu cuerpo,
ya no me acordaba lo que sentía
cuando acariciaba tu pelo

Ya no me acuerdo
si tus ojos eran marrones o negros
como la noche o como el día
que dejamos de vernos.


No recuerdo el día, el mes, ni siquiera el año, pero sí la emoción que sentí la primera vez que escuché esta canción y el lugar; en el marco de las Murallas Reales y con el aliento del mar y del viento, seguramente, de Levante, que no pudieron acallar la sensación de que escuchaba algo perdurable en aquellos versos sencillos y profundos.

Los hermanos Muñoz estuvieron soberbios en la única actuación en la que podido disfrutar de su presencia, desgranaron el disco que acababan de publicar entonces; Allenrok y dieron un amplio repaso por todas las canciones que el público esperaba escuchar.

Me encontré de sopetón con "Ya no me acuerdo", no la conocía y, desde un primer momento supe que recurriría a ella cada vez que quisiera extraer una sonrisa de la melancolía, intentar comprender las paradojas del amor que no se olvida aunque no se recuerde. A través de ella me acerqué a la aventura de unos muchachos de barrio que nunca lo olvidaban ni en la temática ni en su orgullo y que llevaban el de San Ildefonso en cada representación, en cada gesto, en cada palabra que no se podía decir de otra manera; la Barcelona mestiza y convincente corría a la par de otros lugares de España que, probablemente, no habían visto nunca pero con los que conectaban a través de la música y de los sentimientos. No solo eran la rumba y el  rock que se apoderaron de su primer y, con justicia, celebrado disco, mostraron una madurez y un eclecticismo profundos que no correspondían con sus pocos años. David, el tímido, tomó el papel de su hermano como compositor para marcarse una canción de las que hacen época.
IV


Antonio Flores - Siete vidas




Antonio siempre tuvo que llevar al hombro, para los más escépticos que dudaban de su valía intrínseca como músico, las flores de su apellido. Su debut fue muy elogiado y obtuvo buenas ventas. "No dudaría", así se llamaba su primer disco grande, contenía la canción del mismo nombre que se convertiría en uno de los éxitos más sonados que consiguió en su carrera. Pero el segundo y tercero de sus elepés apenas tuvieron repercusión en su momento, y no dejó canciones que aparecieran en las listas o sonaran en la radio si exceptuamos la brillante y convincente versión de "Pongamos que hablo de Madrid" de Joaquín Sabina, aunque a raíz de su muerte alcanzaron un gran reconocimiento, sobre todo, entre los críticos que, al fin, se descubrían ante un músico que supo plasmar a unos niveles escalofriantes de realidad vivida la paradoja de un país y una ciudad que preconizaban el día más feliz de la Movida por haberse sacudido, en cierta forma, el tétrico espectro de una larga dictadura sombría,  y se encontró con el desenfreno errático de la noche más amarga que vivieron los poetas más sensibles.

Su obra maestra llegaría en 1994 y desde un primer momento fue reconocida como una de las joyas del pop-rock español. La confesional y apasionada "Siete vidas" pertenece a este trabajo que se convertiría en el último, una canción al alcance de muy pocos en la que supo definir el huracán sentimental de amante desquiciado en el que había derivado sus ansias involuntarias de tormenta.

Su vida estuvo, como la de algunos de los músicos más grandes de su generación, marcada por las drogas, a ellas, y a que derivó, quizás equivocadamente, su talento a varias incursiones en el mundo del cine, les debe que no se prodigara en exceso en la composición, aunque también de ellas, como buen artista que sabe crear a partir de sus experiencias, circunstancias y emociones, supo extraer canciones que se han convertido en un documento único y convincente por su cruda sinceridad sostenida por un personal lirismo desgarrado y la sombra de sus continuos viajes por el mundo de la frustración y del dolor en el que no quedaban ni gotas del placer de los primeros momentos. Reflejó como un mártir urbano, de un tiempo que debería haber sido despreocupado y dichoso, las contradicciones a las que lleva la tortuosa y atormentada convivencia entre las adicciones y el amor.
V

La Cabra Mecánica y María Jiménez - La lista de la compra.



       
¡Qué bonito el mar!
cuando lo miro a tu lado
olvido las pateras
las mareas negras
los alijos incautados
la playa en donde
                                 se dejan morir las ballenas...      


   
En el Fogón de Ana, una noche que se extinguió en la crueldad cognitiva del recuerdo, católicos, moras y nihilistas compartimos una velada estremecedoramente bella, todos los hombres del mundo teníamos alma, si es que alguien la tiene y estábamos juntos, con sentimiento y sin Dios. Entonces, cuando me tomaba un par de copas, soy un poco embustero, me parecía un excitante milagro comprobar que es maravilloso que todos seamos iguales y, sin embargo, diferentes.

Espero que la gran María Jiménez me perdone lo de "doña". Inmensa, sensual, sincera hasta donde la verdad se esconde, como una buena chica rebelde provinciana que no le enseñaron a mentir. Tiene una obra maestra imprescindible ahí donde más duele, Sabina, tan generoso como desconcertante y tierno se la sirvió en bandeja de plata, ¡ay, esta Salomé de los excesos que desvían del camino a una artista irrepetible! Su “Dieguitos y Mafaldas” debería ser de audición aconsejada en los institutos. Lichis, como Los Estopa, no sé por qué los he relacionado, me cae de puta madre, además es capaz de escribir joyas, aparentemente de todos los días, como ésta. Me hieren, hasta en las orillas donde muere mi bahía, esas playas que ya no oyen los latidos de las ballenas que pasan.

                                                                                                                                                                     12 de marzo de 2016.
VI

Enrique Urquijo y Los Problemas - Aunque tú no lo sepas





Provocamos mareas,
tripulábamos barcos
y encendía con besos
el mar de tus labios.
(Quique González)



Descubrí verdaderamente a Enrique Urquijo dos años antes de que muriera. No tuve demasiado interés en los años anteriores por la Movida madrileña, lo reconozco, aunque casi todos sus representantes eran de mi generación me sentía desligado de la música que creaban y defendían, y de la acomodada extracción social de la que sus miembros más representativos procedían.

 Entonces escuché una recopilación de los Secretos porque uno de mis hermanos la había puesto a mi alcance y conocí joyas como "Pero a tu lado" o "La calle del olvido".

Supe que Enrique ya no estaba en el grupo, que actuaba y había grabado varios discos con Los Problemas y que, al parecer, seguía con sus dificultades sempiternas con las mujeres y las drogas. No me costó decidirme a indagar por esta etapa artística de su vida y comprobé mejor que nunca que un cantante podía hacer suya una canción aunque no la hubiera compuesto. Aún suenan en mi mente como si tal cosa aunque me duelan la cruda y dolorosa "Para vivir" de Pablo Milanés y la desesperada  "Aunque tú no lo sepas", variación esplendorosa de un poema de Luis García Montero firmada por Quique González, aquí tenemos a a Enrique con esta última canción, escucharle es una ocasión de volver a la vida desde el infierno de la noche vacía de las drogas.

Cada vez que voy a Madrid suelo ir al Galileo y aún espero encontrarme con la sombra de Enrique. Ese muchacho taciturno que supo extraer todo el lirismo que tiene la tristeza.
VII

La Compañía - Gitano




     
Los compositores de tantas y tantas canciones inolvidables, Pablo Herrero y José luis Armenteros, fueron los responsables de esta deliciosa y punzante evocación del amor que se acaba. Tras de ti, Libre o Te voy a echar de menos son de su autoría. En 1971 entregó esta canción a estos chicos que no representan ni más ni menos que a la juventud de su época, aunque se cuidaban mucho de tener un repertorio que pudiera políticamente comprometerles.

     Conocí esta canción una tarde inolvidable cuando yo tenía doce años o estaba a punto de cumplirlos. Lo que sí sé con seguridad es que era primavera. Mi hermana del alma, cursaba el Graduado Escolar por culpa de su fracaso en la E.G.B y no se le ocurrió otra cosa que sugerirme que la acompañara a clase y me quedara dentro del aula. Ella tenía trece años y era probablemente la más pequeña allí, habiendo alumnos como había que se acercaban a la veintena. El maestro en vez de regañarle e invitarme a que me fuera, voy a admitir que hubiera hecho lo correcto, decidió que, con mi participación, se jugara aquel día a Cesta y Puntos, me puso en la mesa solitaria de mi equipo para que ni viera los rebotes y me dedicara a mirar los escaparates  o los árboles de la Plaza Azcárate. Entonces abservó que dijera lo que dijera acertaba aunque no sabía lo que decía, y decidió dar por terminado el juego al comprobar que había miradas que hubieran querido matarme. Después vino lo mejor, el colegio era el Lope de Vega y en las charlas informales descubrí a Calderón redivivo en los labios y en los gestos de un chico árabe que me recitó entero el soliloquio de Segismundo en "La vida es sueño". Ahí no acabó todo, salimos, ya era de noche y cogimos el autobús en la actual Plaza de la Constitución. Cuatro chicas con el pelo largo y curvas insinuantes no dejaron de cantar esta canción durante todo el trayecto . Allí la conocí y nunca la he olvidado.
VIII

Bunbury - Canto y Enganchado a ti.



Me costó aceptar a Enrique Bunbury entre mis cantantes de cabecera, a pesar de tener a un sucedáneo muy válido de su personalidad arrolladora, y más que admirador, devoto de oraciones en cada ángelus laico. Pienso que es un pecado casi imperdonable tratar como amigo a alguien que no lo es y que no lo será nunca porque esa palabra le viene grande.
Héroes del silencio, el grupo con el que consiguió la fama, no fueron, siguen sin serlo, uno de esos grupos que me gusten, hablaba sin parar, fascinado por la creatividad de Calamaro, de todas las virtudes de Los Rodríguez como ese algo que para mí les faltaba, o del misticismo un tanto inocuo y demasiado efectista, o el lenguaje excesivamente metafórico y manierista que, desde mi punto de vista, les sobraba como banda de rock que eran. Pero quedé prendado con uno de sus cantos del cisne; La mítica chispa adecuada.
Después, en solitario, vendría lo realmente bueno. He tenido que rendirme ante un hombre que sería artista aunque no tuviera talento, y lo tiene a espuertas.

No he podido verlo en directo, pero lo haré a la mínima oportunidad que se me presente, me han hablado maravillas de sus conciertos y me las creo, no tengo más que ver sus vídeos; iconoclasta, tierno, irresistible, entregado a su público y a quien haga falta, incluso sus salidas de tono me resultan geniales, como las del gran Raphael, con quien le une el ser animales irrepetibles de la escena; ecléctico, tanto que ni él mismo sabe adónde va, ni a qué quiere meterle mano al día siguiente después de culminar cualquier idea, y tantas otras cosas que podrían llenar varias manuales sin solución de continuidad. Pero lo que más me asusta de él es su sinceridad, brutal y que nadie en el mundo le puede exigir, habría tenido demasiados problemas por ella, pero le indulta un asunto insignificante, la palabra Bunbury.  
Publicado el 10 de Diciembre de 2014.


IX

Mecano - Sentía


Cuando dejaste de quererme pensé que mi vida se abrazaba a una noche oscura que nunca podría atravesar. Pensé que no había nada más terrible para mis ojos, más estridente y sordo para mis oídos, aunque luego me dijiste que no era cierto. Pero tú sabías que lo había sido, que tuviste que volver de la muerte para que yo esparciera tus cenizas sobre mis sentimientos.

De repente pensé que yo ya no te quería y sentí lo más amargo sin poder contemplar las garras del abismo que separa la verdad de la mentira, a Antígona de la Gaviota, la belleza de un héroe muerto sobre la arena de la indeterminación cobarde de un ángel que nunca quiso desplegar sus alas porque siempre pensaba en sí mismo en un mundo que había roto todos los espejos.



Y de tanto que sentía
no sentí que te perdía.


Conocí esta canción unos años después de que se hubiera publicado. El grupo más exitoso del panorama musical español ya estaba herido de muerte pero supo reunir un ramillete de canciones inolvidables en “Aidalai”.

“Sentía” quedó un poco arrinconada entre el esplendor de canciones más llamativas y depuradas, pero para mí acabaría convirtiéndose en la que más me ha hecho sentir, una de esas canciones raras que te hiere y te acaricia, que provoca una lágrima redentora cuando todo se ha perdido.

Recuerdo que le pedí que la cantara a una amiga con una voz excelente en una fiesta en Jerez que, después de la interpretación, el escenario tardó en recobrar el pulso festivo más de un cuarto de hora; se diga cómo se diga es demasiado duro pasar de titular indiscutible a ser suplente o sentir que se pierde después de haber llevado una ventaja que se antojaba definitiva.


Última edición por F. Enrique el Lun 15 Ene 2018, 17:47, editado 4 veces
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Pedro Casas Serra
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Re: La poesía en nuestro pop-rock

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 11 Ene 2018, 14:07

Desde mi ignorancia musical más absoluta, Enrique, te agradezco este tema que me confirma lo interesante que era todo lo que me he perdido musicalmente hablando. En mi defensa, solo puedo arguir que mi signo zodiacal capricorniano no me permite hacer varias cosas a la vez y puestos a elegir antepuse el silencio a la música. Pero hoy, Cocó (mi loro) y yo hemos disfrutando mucho escuchando estas canciones. (especialmente la de Los Estopa).

Un abrazo.
Pedro

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F. Enrique

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Re: La poesía en nuestro pop-rock

Mensaje por F. Enrique el Jue 11 Ene 2018, 18:09

No sabes la alegría que me has dado con tu comentario, Pedro, no puedo evitar buscar la poesía en la música popular, pienso que ha habido momentos en que ha marcado unas pautas cercanas y accesibles. Creo que cualquier canción de las que he colgado aquí merece ser escuchada atentamente. A mí particularmente me gusta "El novio del olvido".

Un abrazo.

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Re: La poesía en nuestro pop-rock

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