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El destino de un poeta

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F. Enrique

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El destino de un poeta

Mensaje por F. Enrique el Vie 29 Dic 2017, 11:15

I

Uno de los dos no puede estar equivocado

And then I confess that I tortured the dress
that you wore for the world to look through
                                         (Leonard Cohen)




   
Yo que conocí la tortura que nos ofrecen ciertas bendiciones, confieso que nadie como Cohen en esta canción ha ilustrado lo que yo sentía en mis tormentas, sí, ahora confieso que torturé el vestido / que llevaste por el mundo para olvidar.

      Hablar de Leonard Cohen para mí en estos días supone hacerlo del poeta al que le he hecho un seguimiento más fragmentario y, sin embargo, intenso en los diez últimos años, este canadiense que nos habla de la decadencia, del deseo y del amor, de la agonía críptica del hombre y de la civilización se ha asentado en mí y me ha invitado varias veces a que intente evitarle.

      Por esas cosas difíciles de explicar tuve desde el mismo día que salió al mercado su "Old ideas", me lo consiguió mi cuñada pues pensaba que también yo pertenecía, como él, al mundo de los tristes y solo lo escuché una vez si exceptuamos el amplio repaso que hizo de este disco en Madrid cuando fui a verlo. Mi mujer no pudo hacerme un mejor regalo, se lamentaba de que no  había podido conseguir las entradas en primera fila, así que tuvimos que conformarnos con la segunda. Nunca olvidaré aquel concierto, duró cuatro horas con un descanso que había dicho que duraría quince minutos y no llegó a los doce, no me enteré mucho de lo que pasaba, me emocioné cuando lo vi arrodillarse cuando cantaba Hallelujah, no podía creer que allí ante nosotros y envolviéndonos en una letanía bíblica estuviera un anciano de setenta y ocho años que nos decía que aún tenía que cumplir algún sueño.

    Después de haber leído poemas suyos he llegado a la conclusión de que entre los mejores están aquellos que ha convertido en canciones. Había hecho sus pinitos en la música de adolescente pero la había aparcado para triunfar en la literatura, varios poemarios y dos novelas le convirtieron en el "enfant terrible" de las letras canadienses en lengua inglesa. Su debut como cantante fue muy tardío, grabó su primer y, probablemente, mejor disco; Songs of Leonard Cohen en 1967 (era un material de años, que también inundó el siguiente y excelente disco, y cerró con inspiración ante la ilusión de un disco primero) desde entonces ha tenido dos caídas y tres resurrecciones, reinventarse es una de las facetas que mejor ha dominado, solo su poesía ha estado muy por encima ello. Hubiera dado mucho por escuchar en ese concierto "One of us cannot be wrong" pero no se acordó de ella y evalué la dificultad que entrañaría escucharle alguna vez cantarla en un gran escenario o, mejor aún, en un pequeño bar, con Leonard Cohen nunca se sabe, aún pienso que me lo puedo encontrar en cualquier esquina.

(19 de diciembre de 2014)

Ah, the last time we saw you looked so much older1
(Cohen – Famous blue raincoat)

La última vez que te vi parecías más joven,
las arrugas y los gestos habían enaltecido
tu rostro taciturno y adusto de profeta;
no volverá la vieja revolución confusa
que llenó de fantasmas la residencia de los dioses.

Recordabas al poeta
que empezaba a cantar a los perdidos
e inclinado en un alféizar
miraba la calle de una ciudad sin alma;
con una pistola en una mano
y en la otra una rosa.

Como en los mártires,
a los que quizás nunca rezaste,
el sufrimiento no se había llevado
tu gesto de contenida tristeza,
ni la calma de tus ojos,
y una aureola mostraba
la profundidad insondable
de tu herida más reciente.

Tu voz,  aún más ronca que de costumbre,
se apoderaba de las palabras
que el tiempo no había borrado
para brindar con un vals
por la hermosa decadencia
de los artistas sin rumbo
que se quedaron en el camino.

Era un encuentro único, mágico, transparente,
con aquel anciano seductor y atractivo,
con un traje usado e impecable,
que llevaba tu sombrero y ofrecía la rosa
que quedó de tu primer advenimiento,
que decía que eras tú, y no te conocía
pues no recordó el camino hacia el hotel Chelsea,
ni entonó la derrota
del amante que sufre con el alma estremecida
y el corazón angustiado
cuando se adentra en los abismos del amor y la tortura,
ni dejó que un monstruo verde me llevara
a la hermosura terrible de su ventisca de celos,
se sentara a mi lado y aplaudiera mis caídas.

Pero  me emocioné sinceramente,
de una manera antigua que se me hizo extraña,
cuando advertí en sus ojos
que eras tú quien reías  y llorabas, y llorabas
como si volvieras a otros escenarios
del recuerdo
y arrancaras a Marianne
de la suave marea que aún mece su isla
para decirle adiós riendo entre lágrimas.

Gracias, Leonard, por haberme dejado
escuchar el gemido disperso en tus tormentas,
por haber resistido en tu torre
de canción apasionada
mientras pasaban amantes y amigos,
y caían tantos sueños que se creían eternos,
por las horas que aliviaste el dolor de mi letargo
y lo mecías en el viento con una rara elegancia
que aún brota en el invierno de tus ansias de conquista
en los campos sembrados de espinas y alambradas
del amor y el desengaño,  
por haberme hecho olvidar tantas veces con tu verso
el destino inexorable del poeta.

1) La última vez que te vimos parecías mucho más viejo. (Famosa gabardina azul)

Publicada el 27 de Noviembre de 2014
II

Avalancha



Te vas lejos, lejos de mí
pero te siento cada vez que respiras.

       
Como todo en la vida, hay canciones buenas y malas, después les añadimos adjetivos y gradaciones, otras que no son ni una cosa ni la otra a las que su tibieza les impide que lleguen y se pierden en el camino, y otras a las que solo las podemos llamar por su nombre, de tal forma representan algo único que solo puede cruzarse en la mente de un elegido. Avalancha es una de ellas. Yo hubiera querido que Leonard Cohen cantara en español y poder degustar así cada una de sus palabras, quedarme con cada uno de los matices de su voz dolorida y temblorosa, directamente, sin tener que acudir a intermediarios. Ni siquiera el Dylan de "Blood on the tracks" supo afilar con tanto resentimiento las espinas, ni entregarnos los hierros que dejan sangre en el camino con tanto desasosiego.

        El sempiterno poema de amor es tratado con crudeza y realismo no exento de un romanticismo que se rebela con fuerza contra el fracaso, contra el destino aunque sea en su vertiente escarpada y trágica. El cantante desgrana sus nada complacientes palabras como si el odio pudiera liberarnos de un amor cuando nos duele, como si las cenizas de lo otrora venerado y perseguido pudieran provocar nuestra indiferencia mientras esparcimos su memoria en el viento, como si desear fuera siempre el comienzo de una amarga derrota.

        Cohen decía en uno de sus enigmáticos poemas que hablaba del silencio porque sabía mucho de él, que le entregaba a su amante como regalo un poema que había surgido de las entrañas del silencio.

Es muy probable que la amante de la canción fuera otra, dado que en ese tiempo en el que encuadramos "Avalancha" y en el que, posiblemente podemos situar "El regalo", el poeta era un enamoradizo impenitente, pero eso no quiere decir que no viviera cada amor como si fuera el definitivo o que no sufriera la indefensión de quien se siente desnudo y monstruoso ante la mirada de la amante que ha cambiado su discurso, que empieza a ver un alma torturada donde en algún momento vio una estrella resplandeciente, que no hay nada más amargo que cambiar los besos por reproches, una sonrisa por un gesto de desaprobación. Los amigos del amor romántico un tanto ingenuos encontrarán en "Avalancha" un atentado cruel contra sus ideales de la belleza en la poesía, ese tipo de personas difícilmente podría apreciar el valor artístico de un Cristo crucificado de Matthias Grünewald e, incluso, del Guernica aunque no lo dirán porque saben que encontrarán una avalancha de opiniones contrarias ya sea por convicciones sinceras o como un ejercicio de esnobismo mal asimilado. Cohen no buscó nunca satisfacer a ningún público, nunca alcanzó las cotas de popularidad de otros cantantes, pero tenía claro su compromiso de artista verdadero y aquí lucha por sacar algo de luz de las tinieblas, algo de amor en la tortura, algo de belleza en lo grotesco de un contrahecho moral, construir un altar con los restos del naufragio.  

      El título del álbum en el que está inserta es Canciones de amor y odio, uno se pregunta adónde ha ido el amor; Avalancha es sórdida, sombría, una canción de culto para los deprimidos que lo apuestan todo a la sensibilidad, vaga por los recovecos negros de la desesperación, cuando todo ha terminado y no se sabe cómo decir adiós, cuando se odia tanto que todavía se ama.

28 de noviembre de 2014

III

Leonard Cohen; hablemos de mitos, desterremos la mitología.




Well my friends are gone and my hair is grey
I ache in the places where I used to play
And I'm crazy for love but I'm not coming on
I'm just paying my rent every day
Oh in the Tower of Song.

Mis amigos se fueron y tengo el cabello gris,
ahora sufro en los sitios donde solía jugar
y estoy loco de amor pero no lo alcanzo,
solo pago el alquiler cada día
en La Torre de la canción.

He llegado a la conclusión que la vida es un milagro aunque no sea eterna, solo algunos hombres viven aunque en sus ansias por disfrutar de la existencia muchos de ellos se equivocan y se preguntan adónde fue la alegría antes de cerrar los ojos por última vez, sin embargo la muerte no me parece un milagro ya que todos los hombres mueren incluso aquellos que nunca estuvieron vivos.

       Al contrario que los pensadores que creen en la aristocracia me inclino a creer en la democracia aun manteniendo un respeto por aquellos que hablan de una aristocracia moral o intelectual. No veo ninguna forma razonable de establecer normas que nos indiquen quiénes son los mejores, nos iguala lo terrible; el dolor, la soledad, la muerte, nos separa aquello que anhelamos pero ponemos poco de nuestra parte para llevarlo a nuestras orillas;  la sensibilidad, la piedad,  la  inteligencia, aunque sea algo que viene dado, no como es interpretada en el dominio actual del hombre seguro y asertivo.

          Leonard Cohen que había hablado de mitologías en su primera juventud e hizo una magnífica recreación de la caída de los dioses y de la fragilidad de los héroes que, en los tiempos modernos[i], ya no buscan la gloria mirando lo que significa para la moral de su pueblo y su necesidad de autoestima y autoafirmación ante la historia; Roma se edificó sobre sonadas derrotas que, como ante los celtas y los samnitas, pusieron en peligro su persistencia como pueblo distinto y elegido.

Cohen advirtió con su llegada tardía y meditada al mundo de la música que el hombre debía hablar de mitos, que no debíamos recrearnos en la ruinas clásicas hasta el punto de cegarnos por el resplandor de lo que pudo haber sido y no ver al hombre desconcertado que surge de nuestro tiempo. El hombre que aún cruza las esquinas con un disco en el bolsillo necesita hablar de Lennon, Dylan y McCartney aunque no los comprenda, aunque el comportamiento público de algunos de ellos deje mucho que desear. Probablemente casi ninguno de nosotros hubiera sido mejor que ellos de haber tenido que enfrentarnos al monstruo que devora a casi todos los hombres que tienen el privilegio de cruzarse en su destino, casi todos nosotros nos acabaríamos arrojando desde el piso que ocupemos en la torre de la canción[ii].  


"I lost my way,
I forgot to call on your name.
The raw heart beat against the world,
and the tears were for my lost victory.
But you are here.
You have always been here.
The world is all forgetting,
and the heart is a rage of directions,
but your name unifies the heart,
and the world is lifted into its place.
Blessed is the one who waits
in the travellers heart for his turning."


"Perdí mi camino,
olvidé invocar tu nombre.
El corazón prístino latía contra el mundo
y  lágrimas fluyeron por mi victoria perdida.
Pero tú estás aquí.
Tú siempre has estado aquí.
El mundo lo olvida todo,
y el interior es un torbellino de itinerarios[iii],
pero tu nombre unifica el corazón,
y el mundo se levanta en su lugar.
Bienaventurado el que espera
en el corazón de los viajeros para que vuelvan. "

[i] Aquí hay que tener cuidado a la hora de establecer dónde empiezan, y reconocer con amargura que aún no han acabado.
[ii] Viniendo de Cohen solo podemos tildar de humildad la referencia que hace a Hank Williams.
[iii] Y el corazón es una furia de direcciones.
IV

El destino de un poeta



Gracias, Leonard, por haberme dejado
escuchar el gemido disperso en tus tormentas,
por haber resistido en tu torre
de canción apasionada
mientras pasaban amantes y amigos,
y caían tantos sueños que se creían eternos,
por las horas que aliviaste el dolor de mi letargo
y lo mecías en el viento con una rara elegancia
que aún brota en el invierno de tus ansias de conquista,
en los campos sembrados de espinas y alambradas
del amor y el desengaño,  
por haberme hecho olvidar tantas veces con tu verso
el destino inexorable del poeta.

Desconozco la consideración literaria de Brassens o Brel en Francia o  la de Bob Dylan y Leonard Cohen en la América anglosajona en estos días, solo el tiempo nos podrá decir donde estarán sus poemas cuando les quiten la música y tengan que danzar sin acompañamiento ni luces de candilejas.

Yo no podré verlo casi con toda seguridad porque estaré discutiendo con Plutón; la poesía ha sido expulsada a un lugar donde no existe la sonrisa, pero no me cabe la menor duda de que ellos estarán ahí en lo alto cuando transcurra el tiempo y se hable del nuestro  porque no solo escribieron con una calidad insultante sino que supieron extraer muchas de las contradicciones intemporales del ser humano y las supieron encajar con emoción y acierto en la época que les tocó vivir.

Centrándonos en Cohen podemos observar que siempre se puso serio cuando trataba con la palabra y la música y el misterio de su combinación, que en la genial y escalofriante variación del "Pequeño vals vienés" de Lorca (Take this Waltz) tuvo un amago de depresión profunda, y es un poema maravilloso que merecía la pena que se intentara transmitir a los muchachos nuevos y, al menos en español, lleno de una intrínseca musicalidad. Hace ya mucho tiempo que descubrí que el arte no es entretenimiento, aunque lo pueda tener, y que la poesía tiene muchos caminos, que este poeta es imprescindible porque encontró el suyo mirándose hacia dentro como un pájaro que se arrastra en los cables, como un borracho sereno que ha olvidado su nombre en un tugurio portuario de una isla asustada que es la mía y llora su soledad en las noches de levante y de zozobra.

Si yo hubiera pensado un poco más probablemente no habría escrito ningún poema, me habría acordado de mi propia intrascendencia, me habría puesto melancólico acuciado por los años que llevaba esperando un momento como ése; estar a pocos metros de uno de los ídolos de mi lejana juventud y tocarlo con la mirada. Recuerdo que empecé este poema en el tren el día anterior al concierto. Simplemente quise reflejar mi asombro y mi agradecimiento ante el encuentro con uno de esos mitos que se mantienen a pesar de la inconsistencia afectiva de un período precipitado a devorar a los ídolos y sepultar su recuerdo, insistí en su poesía porque en ella encontré la esencia de un hombre que había vivido intensamente la verdad y la mentira, que llevaba continuamente puesto un sombrero gris para evitar que se le viera el cabello canoso y ya escaso.

Quedé sorprendido por la duración del concierto y por cómo se condujo sobre el escenario en algunas canciones, aún lo veo agradecido a un país que le transmitía hermosas vibraciones y tragedias; español era aquel artista callejero que le enseñó una nueva forma de abrazar la guitarra y el poeta que le había obsesionado hasta el punto de ponerle a su hija como nombre su apellido. No podré nunca olvidar que se arrodillara al cantar “Hallelujah”, allí, con setenta y ocho años y un pasado que no podría abandonar nunca aunque lo había intentado.aunque tuvo que volver a la carretera y los estudios arruinado por su representante, consejera y, quizás, amante.

Volvió a recordar un repertorio cuyas mejores piezas tenían mucho tiempo, era una suerte inmensa que fuera así, que rindiera un amplio tributo a sus primeros escarceos en el mundo de la música, creo que intuía con la sabiduría otorgada por una vejez esplendorosa que sus mejores versos serían recitados cuando hablaran de este tiempo confuso entre la revolución marchita de las flores y la Guerra del Vietnam, de este mundo arbitrario que se arrastra entre las cenizas de un pensamiento angustiado por la hipocresía que se muestra ante los diferentes conflictos y regímenes políticos.

Aunque no cantó mi canción favorita; "Uno de nosotros no puede estar equivocado", ésta no dejó de sonar para mí en las casi cuatro horas que duró el concierto. Sí, también yo torturé el vestido que ella llevaba por el mundo para olvidar, no hizo falta que la cantara para que yo sintiera como sería ese momento, no me importa que casi todos la hayan olvidado, mi corazón me dice que es una obra maestra incuestionable.


V

Harapiento ensayo general

Leonard Cohen - Harapiento ensayo general.



Leonard Cohen se pone su traje gastado y lo plancha, con la misma delicadeza que los sacerdotes profanan la enseñanza de los profetas a la que reducen al rito, porque la vida le empuja a hacer un ensayo general de su propia decadencia moral, para hablar con un tono dolorido y asustado de la derrota incondicional y profunda contra el paso del tiempo.

Como es su costumbre cuando quiere llegar a cualquiera que desee tocar su frente arrugada, las llagas de su costado, Cohen se rodea de palabras cotidianas, de imágenes cristalinas al alcance de todos los oídos que quieran verlas y tocarlas.

Pero a través de su sencillez expositiva y la claridad de su verbo crea un intrincado enigma que pone a prueba nuestra capacidad de razonamiento para demostrar que desconocemos lo que es de sobras conocido y a lo que no se ha hallado nunca una respuesta convincente; ¿Adónde va el amor cuando muere? ¿Por qué seguimos cantándole como si fuéramos un tenor tembloroso y perdido en los brazos del licor, arrinconado entre la nocturnidad de una parranda[i] y el dorado anonimato de los momentos que siempre se recuerdan porque en ellos hemos logrado vida cuando nuestras aspiraciones (sexo, dinero y poder) eran insignificantes?

Una trascendencia hiriente que golpea los iconos de las equivocaciones recurrentes  nos dirige a un paseo inquietante y purulento por las sombras del resentimiento y del dolor.

Ya nunca será el muchacho que soñaba a través de las canciones, nunca volverá a levantarse del suelo para transitar por un pedestal en el que no podrá creer cuando los astros se hayan apagado, después de haber odiado de todo corazón aunque fuera una sola vez y un solo instante; es el único pecado que cabe la posibilidad de que no tenga redención posible, ni siquiera basta el amor por sí mismo para que sonriamos como un adolescente embarcado en un romance placentero que no llegó a florecer pero dejó la frescura de su aroma, la melodía de las canciones que escuchábamos para situar ese tiempo en la memoria.

El cronista de los perdidos, el poeta de los desamparados, el amante lacerado por las alambradas y sus coronas, el hombre que tomó por la cintura a la tristeza para mostrarnos la injerencia en nuestras vidas del monstruo de cemento enamorado del desamor cotidiano, ese que ha creado los vestigios indelebles que surgieron del fracaso de las revoluciones y la llegada de un consumismo voraz, superficial y desordenado para alertarnos de la soledad de los mártires ante la incomprensión de los verdugos cuyos rostros aparecen con regularidad en las portadas de los periódicos como héroes implacables, ante las encrucijadas dolientes de la avenida del alma, la fragilidad de los más grandes profetas ante un mundo que no ve aunque mira, que no escucha porque la multitud se apoderó del desierto de la indiferencia y grita más que los vientos del sur cuando cruzan el mar, ante la certeza empírica de que  la muerte nos encuentra siempre y la vida transcurre y pocas veces la hallamos para sentir aquello que hay de eterno en la brevedad de las lamentaciones cuando son verdaderas.

El poeta sabe pocas cosas, pero expresa mejor que nadie la incompatibilidad entre la felicidad y la libertad, el poeta es un albatros pero hay escribidores de versos que permiten burlarse de Baudelaire[ii], manchar la pureza melancólica del Darío[iii] más inspirado.

Pero apenas puede explicar, quizás porque no tiene cabeza ni sentido[iv], por qué busca la felicidad pero, en cambio, concentra todas su fuerzas en perder una guerra cierta cuando lucha agónicamente por ser libre. Los alemanes refiriéndose a los románticos de su país dirían que así de trágico es el destino del poeta. Cohen camina en esa estela, sabe que el fracaso genera angustia, pero también sabe que la gloria de los triunfadores es más amarga aún cuando se gestionan mal las mieles, cuando nos embriagan los laureles con el peor vino de mesa que siempre deja una resaca dolorida.

Pocas veces el señor de los tristes se mostraría más turbio, pesimista y desesperado[v]. Pocas veces una estrella puede ser tan injusta con las tinieblas de su propio resplandor. Pasarán muchos años para que se comprenda que canciones de amor y de odio es un disco que podría haberse escrito hace más de dos mil años, Catulo[vi] es testigo de ello, y también en un futuro por muy lejano que fuere mientras el hombre sea capaz, a regañadientes, de mirar, aunque sea de soslayo, sus propias entrañas y admitir que alguna vez no fue bueno y que llevará esa cadena para siempre en su expediente.

Solo el amor permanece decía Violeta[vii] ¿y qué podemos decir cuando,  con cualquier excusa legítima o peregrina, preferimos la persistencia del odio?

    Leonard Cohen no estaba, en ese momento de su vida, después de dos obras deslumbrantes y la inquietud desconcertante de quien vislumbra una edad en la que el chico de oro siente miedo cada vez que mira los surcos de su rostro, palpa con los ojos su piel envejecida en el espejo, cuando decide publicar, echando todavía un vistazo al material acumulado durante años, un disco tan oscuro que solo sería superado en sus ansias de tinieblas  por las ruinas de Berlín[viii] que vería la luz, por agarrarnos a un tópico, un par de años después para enfrentarse a una injusticia permanente.

Pero Cohen no quiere recrearse en lo logrado, tiene una madurez insólita en el mundo de una música casi adolescente por entonces, ya que no pueden consolarle  los beneficios de plástico gastado y la pérdida de caricias verdaderas inherentes a la fama mientras su juventud se consume sin remedio y para siempre, sino perseguir lo perdido aunque sea en la agonía, y las fuerzas le hayan abandonado.



Se había llenado de noche para buscar la luz a través de la desesperación de las habitaciones que acogieron el deseo de unos cuerpos exultantes y los recuerdos  siempre gratificantes del comienzo de una pasión. No nos podía hablar solo de amor porque había yacido en la cama con muchas mujeres de las que apenas había conocido cómo llevaban el cabello y cómo desgastaban un sujetador que no sostenía nada y lo inútil que son las suelas de los zapatos cuando nos llevan al infierno de las grandes ciudades que gritan la opacidad y la impotencia de los poetas callejeros a los que, probablemente, ni miraba cuando pasaba de largo ya que le asustaba pensar que ese destino, quizás, le había estado reservado mientras sonaba la campana. Pero se cruzó la muerte de un payaso melancólico en el camino. Ya no podría nunca más abrazar una guitarra española sin sentir escalofrío, ya tendría que hacer obligatoriamente su exégesis intransferible e inmensa del "Pequeño vals vienés".

No tendría que sonreír cuando alguien le dejara tres dólares en el sombrero cuando le ofreciera con la exclusividad del abandono el "Tennesee Waltz" que previamente le hubiera solicitado para hacer que corriera una lágrima por las mejillas de una novia de alquiler que aún soñara con vivir un gran amor aunque muriera.


[i] Like a bird on the wire / like a drunk in a midnight choir / I have tried in my way to be free. Como un pájaro en los cables / como un borracho en una ronda nocturna / he intentado ser libre a mi manera.
[ii] El poeta es igual, allí sobre cubierta / sus alas de gigante le impiden caminar. (Charles Baudelaire)
[iii] El dueño fui de mi jardín de sueño, / lleno de rosas y de cisnes vagos; / el dueño de las tórtolas, el dueño /de góndolas y liras en los lagos..  (Rubén Darío). El poeta hispano-nicaragüense fue una buena persona que hizo cosas horribles que solo están al alcance de los perversos, quizás fuera su admiración desmedida por Paul Verlaine a quien superó de largo en eso de las rimas y de quien quedó lejos a la hora de esculpir barbaridades.
Bardem estuvo maravilloso cuando en “Lorca: Muerte de un poeta”, hizo que le brillaran los ojos al poeta granadino al evocarle.
[iv] Siempre he pensado que el Espantapájaros del Mago de Oz representa muy bien lo que significa ser poeta. Es algo parecido a cuando Rubén Blades nos explica lo que hace falta para ser rumbero, eso es, precisamente lo que le sobra al poeta aunque no sepa nunca el por qué. .
[v] Desde la pasión de Juana de Arco, a la muerte traumática de una locura de Avalancha y la infidelidad, por desgracia frecuente, entre amigos, Cohen nos muestra que no estaba dispuesto a hacer concesiones al hombre que dormía con él, ese que le había llevado a desconfiar de todo, empezando por el rostro que se burlaba de él cuando se miraba al espejo.
[vi] Es el poeta romano que mejor supo cantar al amor.
[vii] Lo dijo Violeta Parra en “Volver a los diecisiete”.
[viii] Berlín es el disco maldito por excelencia, demasiados inconvenientes tuvo que superar su autor; Lou Reed para lograr su aparición, tuvo que recortar dramáticamente la duración del proyecto. El cronista urbano siempre se sintió triste por la incomprensión que se tuvo por toda su obra, especialmente por la que le era más querida..


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