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Syd Barrett - La reencarnación de Rimbaud

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F. Enrique

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Syd Barrett - La reencarnación de Rimbaud

Mensaje por F. Enrique el Dom 24 Dic 2017, 17:31

I

Ojalâ estuvieses aquî

What have we found?
The same old fears[1]
Wish you were here[2].
(Roger Waters – David Gilmour)





Ya ves, Beatriz, he puesto "Wish you were here" mientras te escribo y no solo por mi amigo sino también por Syd Barrett que fue quien inspiró esta canción por su deriva mental y emocional. Leía durante aquellos días, en el prólogo que Antonio Tabucchi escribió para los fragmentos de Marilyn Monroe, acerca del problema que arrastran las personas sensibles e inteligentes para situarse en un mundo que no es el suyo. Creo que en esto último situaría el paso de una noticia que me afecta más conforme avanza el tiempo; me duele menos pero se me hace más incomprensible. Pretendí que todo lo que se decía en el poema fuera cierto, pero ya me di cuenta que mentimos incluso cuando pretendemos decir la verdad. Al final, nos queda la música como decía Aute, cuando todo se ha perdido, añadiría yo, y hemos construido la leyenda de lo que podría haber sido.

La música fue el hilo conductor de casi toda nuestra relación. No fue un capricho que intentara articular todo el poema sobre ella. No aparecen compositores españoles de música clásica porque, erróneamente, no los consideraba importantes exceptuando a Falla. De la otra música, como decía él, hice referencias a Pink Floyd y a Georges Brassens, pero fue lamentable que me olvidara de Ziggy Stardust y las arañas marcianas.

No quisiste ver el mar antes de la alborada,
este mar que saluda desde ventanas grises sin pañuelos,
desde la melodía sin ritmo de las olas
que hacen que te recuerde la guitarra sin cuerdas
que tocaste cuando llevabas el pelo largo,
creías que te llamabas David Gilmour
y cantabas con voz de terciopelo emocionada
“Wish you were here”.
   


¿Puede ser tu amigo alguien con quien solo una vez te tomaste una copa y que, en buena lógica, pertenecería al ámbito de los compañeros de trabajo o de los conocidos que te caen bien? Hace una semana hubiera dicho que no, ahora pensando en lo que una persona deja en ti, aunque ni siquiera lo hubiera pretendido, cambiaría la respuesta. No puede ser sino un amigo alguien que te enseña a amar a Bach y a Schubert en sus gigantescas dimensiones, el primero sobre la belleza abstracta, el segundo sobre la exaltación romántica de los sentimientos.

Un amigo que te deja algo de su erudición y de su bagaje cultural,  de su independencia, a pesar de sus equivocaciones, que, aunque entre líneas y de una forma difusa, te habla del sufrimiento y de que ha llegado a odiar “ Pequeña serenata diurna”, probablemente la canción que más amaba.

      Los dos adorábamos la música, él situaba la clásica varios peldaños por encima de la popular. Intenté explicarle, en vano, que si Mozart hubiera nacido en nuestros días se llamaría Paul McCartney y Bob Dylan sería Beethoven. Salvaba muy poco de estos tiempos modernos, lo bueno fue que coincidíamos en nuestros gustos sobre la música contemporánea.
 

Pink Floyd y dos de sus cinco obras maestras[3] los tenía en cuenta como si se trataran de auténticas sinfonías; The Dark Side of the Moon[4] y Wish you were here[5] eran situadas en su mente dentro del terreno de lo imprescindible, el viaje al sonido que nos recomendó cuando éramos muy jóvenes uno de los críticos del rock más importantes que ha habido en España.

      Vamos a imaginar que somos músicos y que somos muy buenos, tocamos y componemos en esta banda. Él no podría haber sido otro que Syd Barrett, yo tendría en Roger Waters el yugo que somete a mi propia creatividad. Él ha decidido dar un carpetazo involuntario con todas sus fuerzas y me deja un poco solo en la tarea de sacar la empresa adelante. Tres años duros, muy duros con discos experimentales y confusos, y otros, además, mediocres. El asunto empieza a aclararse con la ensoñadora y fascinante Echoes, hay que dar el paso definitivo, dejamos de tocar en público para concentrarnos en cuerpo y alma a ese proyecto. De repente, vuelve a aparecer mi amigo, en esa nostalgia, en esos sueños perdidos. Waters se saca de la manga Brain Damage (Cerebro dañado) y lo fusiona magistralmente con Eclipse.
   
The lunatic is on the grass
Remembering games and daisy chains and laughs[6].

El grupo tarda dos años y medio en publicar un nuevo álbum, en éste, el guiño antológico que hemos comentado es la espina dorsal desde la que dimanan todas las pretensiones de ofrecer un homenaje sincero y angustiado.

La sinfonía de nuestros días es Shine on you crazy diamond[7] . Esta canción, la más trabajada y de más nítido sonido, iba a dar el título al álbum, afortunadamente lo cambiaron por Wish you were here, Les adieux de todas las horas para los amantes del genio malogrado del rock.


      Quizás la muerte no sea una paradoja sino una metáfora invertida de la vida, el espejo de cara a la pared en el que todos acabamos reflejándonos aunque no queramos, solamente he escuchado dos o tres veces la canción que más nos gustaba en común en los últimos días, pero he repetido muchas veces en mi mente "Wish you were here. "      
14 de abril de 2014
     

[1] A un amigo que vino del norte y decidió morirse un sábado por la mañana. Quizás fue porque su hija pequeña se entregó a Cristo en comunión o porque su nueva familia estaba atrapada por la burguesía de Abyla.

[2] ¿Qué hemos hallado? / Los mismos antiguos miedos. / ¡Ojalá estuvieses aquí¡

[3] Las otras tres por orden cronológico serían El flautista en las puertas de la aurora (The piper at the gates of dawn), Meddle (Entrometerse) y The Wall (El muro).

[4] La cara oculta de la luna.

[5] Ojalá estuvieses aquí: La canción que da título al noveno álbum de Pink Floyd era la que más nos unía, quizás Star Man o Five Years de Bowie estuvieran ahí, entre las nuestras. Pero era el talento como compositor de Roger Waters, la voz de terciopelo de David Gilmour y el recuerdo del genial y malogrado Syd Barrett los que hicieron posible esta canción que pasa por ser una de las maravillas imperecederas del pop-rock.

[6] El lunático está en el césped / recordando juegos, guirnaldas de margaritas y risas.

[7]  Me atreveré a traducirlo así;  Brilla sobre ti un diamante loco.

II

Mira a Emily jugar - El espantapâjaros



El espantapájaros es bastante más triste que yo, que soy tan triste, y no tiene remedio; el mago de Oz cuando murió se marchó en busca de otro sueño.      

       Entre la inspiración y la locura, sus encabalgamientos abruptos y desencadenados, sus imágenes que nos ofrecían la posibilidad de tocarlas y cotejar una textura onírica con la que intentaba que fuera comparado el mundo de todos los días, Syd Barrett nos dejó un escaso bagaje cuantitativo y su buena estrella empezó a torcerse antes aún de su salida, poco diplomática aunque provocada por su desenfreno, de Pink Floyd. Tenía apenas 21 años y su trayectoria se interrumpió definitivamente dos o tres años más tarde cuando con la ayuda desinteresada de su sustituto en el grupo, David Gilmour, intentaba enderezar en solitario su camino, y no pudo dominar su gigantesca proyección como artista de primer orden.

     La causa de su temprana caída  fue una enfermedad mental diagnosticada, trastorno bipolar, a  la que se añadiría una ingesta desmedida de alucinógenos. En apenas cuatro años de actividad pública y con poco más de una treintena de canciones publicadas dejó su impronta original e intransferible dentro del cambio más brusco que sufriera el mundo del rock, ese que enterraría el lenguaje de las flores y el deseo de paz universal, no es que ya no interesara esto último, pero era tarea de otros, así nos va.

     En la grabación del único álbum en el que lideró a Pink Floyd, El flautista en las puertas de la aurora, coincidió con los Beatles cuando grababan la que para muchos es su obra maestra, Sgt. Peppers, ya sabemos que los pedantes nos rebelamos contra esta opinión extendida y decimos que es el Revolver a pesar de su submarino amarillo. Se dice, desconozco con quê base, que la inmersión ensoñadora de Lennon en los senderos de la imaginación en canciones como A day in the life o Lucy in the sky with diamonds se debió, aparte del LSD y la presión del talento de McCartney, a que entrara en contacto personal con aquel jovencísimo e incorregible genio.



     
See Emily play es solo una canción juguetona e irreverente que exprime como pocas la música y la letra hasta hacer de ellas un todo imposible de separar. Pero, junto a Astronomy domine y Scarecrow, vino a decirnos que algo había cambiado para siempre en el candor juvenil, pocas canciones se acordarían de una manera simple del chico que sufría por su amor.  

     Veo en ella claros signos de que Barrett conocía perfectamente a Lewis Carroll.

    Fecha y hora actual: Vie 25 Mayo 2018, 13:53