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Marilyn Monroe - Los puentes

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F. Enrique

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Edad : 58
Localización : Ceuta

Marilyn Monroe - Los puentes

Mensaje por F. Enrique el Dom 24 Dic 2017, 12:13

I

Algunos las prefieren calientes



Quizás pueda parecer contradictorio que un tipo como yo, tan radical en la forma y tan formal en el fondo, sienta esa atracción poética por una mujer como Marilyn; vi algunas de sus películas siendo niño, cuando no podía verla con otros ojos que los de la ternura porque ya sabía que había muerto y lo que me llegaba era un recuerdo de su redención. Sentí emoción y escalofríos en la parada de autobús y después pasó el tiempo y llegué a olvidarla.

Fue mi mujer, que me pasaba una biografía de ella en una publicación semanal tendente al sensacionalismo y no muy rigurosa, quien volvió a ponerme tras su pista y, más aún que eso, ver, quizás por primera vez, la inquietante Niágara y la maravillosa, corrosiva y descerebrada Con faldas y a lo loco. Algunos prefieren fugarse en una lancha sin saber quién se sienta a su lado.

Mi mujer ha abandonado a Marilyn, apenas puede asimilar sus delirios de grandeza en sus relaciones con los Kennedy o pensar que se echaba en los brazos del primero que se le cruzara y le ofreciera un poco de calor humano, yo todavía veo alguna de sus películas, de buena o de mala gana los mejores directores tuvieron que reflejar su magnetismo en la pantalla y después de la tortura del rodaje, sobre todo en sus últimos años, reconocían que ninguna lo habría hecho mejor.

 Me llevé una sorpresa muy agradable con sus Fragmentos, ya sé que todo eso se ha publicado porque era de ella, ya sé que no ganaría el Pulitzer con su campana de cristal, pero es innegable que tenía sensibilidad para la poesía y sus anotaciones, muy interesantes, nos hablan, con mejor estilo del que pudiera pensarse, de que detrás de los focos, y de la ostentación que le exigía un sistema en el que nunca supo manejarse, había una persona que se preguntaba por el sentido de la existencia, que necesitaba los fármacos para soportar la realidad, que llegaba tarde a los rodajes porque su cuerpo estaba aprisionado por las pastillas del sueño, una persona que había nacido marcada por el estigma de la tristeza aderezado por el abandono y la frustración.

Siempre he tenido una debilidad manifiesta por los tristes, quizás sea porque soy muy alegre, siempre sonrío aunque no me dé cuenta.


II


Una habitaci{on sin alma




Hay quien puede creer que tu sonrisa es triste,
que envidias la soledad sin sueño
de los pájaros que mueren
porque no tienen pulso que les lleve a gritar,
porque sus alas no vibran de desesperación
ni tienen que enfrentarse
al castigo de las horas envueltas en tañidos sin campana,
en llamadas sin respuesta.

No volverá tu padre para sentarte en sus rodillas
y decirte que eres preciosa y tierna,
que no te dejará nunca,
te sentirás fuera de órbita en el planeta de tu madre
que ante el espejo destroza el carmín contra sus labios,
las flores contra el olvido
donde navega la última frase de amor que no recuerda,
y llorarás, como se llora en el silencio de una habitación sin alma,
como llora una niña cuando el mar le inunda los ojos
y una pajarita de papel con un poema plegado
le atraviesa el pecho encogido
mientras espera que la aurora llegue para llevarse el miedo.



III

Marilyn Monroe en el Puente Cristo


Marilyn Monroe en el Puente Cristo es un poema maldito para mí, para mi pequeña historia, cada vez que lo acometía me acordaba de Peckinpah, era incapaz de tirar a la papelera cualquier cosa que escribía, sin encontrar razones convincentes.

Articulé el poema a partir de lo que me dijo un compañero de francés cuando me habló del miedo que sintió cerca de la Plaza de África el día que murió John Kennedy. El hombre más poderoso de la tierra había sido asesinado de una manera burda pero efectiva. ¿Quién podría sentirse seguro a partir de entonces?

Yo era demasiado pequeño para saber siquiera que John Kennedy había vivido antes de morir. Quise estructurar un larguísimo poema sobre la soledad de un mito partiendo de la leyenda que se contaba entonces en los bazares del Paseo de las Palmeras, se decía que Marilyn Monroe, durante los meses que se veía a solas con el presidente, hizo una visita relámpago a Ceuta para intentar distraer la atención de la prensa sensacionalista y para aprender a cantar melancólicamente “El novio de la muerte” para incluirla en su repertorio.

De aquel proyecto solo han quedado fragmentos, estas dos estrofas eran su final, comprendo que a nadie le importe, pero a mí me impresionó aquella corista enamoradiza e irresponsable que esperaba que quitaran la nieve para coger la camioneta mientras era acosada por un cowboy impresentable que más que inocencia primaria transmitía una misoginia espeluznante y una inteligencia inexistente, servidumbres del guion; James Dean había muerto y, además, no era alto ni fornido.

Después de haber tocado con la mano
la democracia de la nueva frontera,
abre su bolso y no busca el pintalabios
para impregnar sus besos en los escaparates
de los bazares
del Paseo de las Palmeras
donde se exhiben las conchas de los mares del sur
y los gatos se visten de azul cuando el viento
acaricia el norte de la bahía,
sino para dibujar en las paredes
el aullido recitado en las calles
cuando los derechos civiles no habían regresado
con los santos que se fueron de paseo,
para dejar su huella de carmín en las aguas
poco profundas del atracadero de las horas muertas
donde duermen los viejos marineros que no volverán
a cruzar el foso,
donde sueñan los niños desde las barandillas
cuando hacen robona y juegan a las cartas.

Yo sé que Marilyn se siente confundida en este puente,
como esa mirada triste y miope que escruta
las facturas dolorosas que siempre se pagan,
como esa voz sin destino que se ahoga en un vaso de ginebra,
como esas manos temblorosas
que ya no escriben poemas de amor  y esperanza
entre las flores que huelen a silencio
cuando se depositan en una lápida sin nombre,
sino anotaciones en las hojas
de la novela que Camus no pudo terminar mientras ella la leía.

IV

El fulgor de un momento




Marilyn será siempre una rubia sensual y atractiva, poco menos que estúpida, sin que, casi nadie, se pase por sus escritos que testimonian una sensibilidad especial para la poesía y las anotaciones, sin que se eche cuenta a su compulsión por la lectura para superar las carencias culturales de su niñez que no fue una fábula de fuentes, para estar a la altura de sus amigos del teatro del Método, y una tendencia obsesiva con el sentido de la vida que la llevó a reflexiones profundas e intrincadas sobre la soledad y la muerte.



V

Mi carta abierta




Inspirado por la huida de los grandes poetas
en las hojas del sauce mi corazón gemía,
son las calles, los sueños tan oscuros sin ti
que por no derramarme en la nada me inspiro.
( Abril de 1991)


No dejaré mi carta abierta en las paredes de tu calle,
romperé  tu fotografía reprochándome a mí mismo
haberte perdido en la maraña de tus anotaciones,
en la terquedad de tus reproches abiertos
como una espada que se esgrime en el aire que me llega.

Nadie sabrá que nos amamos una noche fría
que se adueñó de la fragilidad de nuestros cuerpos
mientras los barcos pasaban indiferentes
y los vagabundos miraban las estrellas
sin saber que eras tú quien reinaba en ese puerto
y tu calor guiaba la zozobra de mis manos.

Tú que alumbraste mi vida, tú que llevabas
la tristeza del mundo en la sonrisa,
la amargura de los vientos del sur en la mirada,
tú que ya no sabes que me amaste una noche fría.

V

Ningún lugar




Estarás sola cuando llegue el cartero
y pregunte por otra dirección,
¿sabes dónde vive la tolerancia?
¿dónde la generosidad que nadie tuvo contigo?
¿dónde encontrar el milagro de una sonrisa sincera?

Se hace tarde, la esperanza ha pasado,
la ciudad se cubre de una neblina fluorescente
y hay muchachos que escriben en la calle
ríos de amor con un verbo descontrolado,
hay quien pasea
sin saber hacia dónde se encaminan los versos
que morirán sin aire ante los muros vaporosos
de la avenida consagrada al silencio,
quién tiembla ante el recuerdo del amor
como si fuera un dios que nunca le perdonara
haber nacido con una sonrisa triste
como la tuya, como tu enredadera y tu recuerdo.

Siguen pasando los coches y te quedas ensimismada
con los fragmentos de belleza
que proyecta la luz de los faros sobre la lejanía
mientras tu corazón se acerca a la fragilidad
de un sueño inacabado,                                        
de una ruta cortada por un murmullo de voces que no comprendes.
                                                                                                                   
Nadie te espera, nadie te necesita
pero yo entregaré tu nombre
a la rosa de los vientos
cuando el norte se apague y tenga para siempre tu sonrisa.


Cada vez me planteo con más asiduidad contemplar el dolor que no me pertenece, sufrir otras soledades que no sean las mías. Los que hemos elegido o, citando a lo que dijeron de Rimbaud, hemos sido elegidos para la poesía, podemos optar por encubrir nuestro dolor en el dolor de los otros, a veces pienso que tengo demasiados motivos para la alegría y no entiendo que desemboque tantas veces en el culto a la tristeza. Pero ya sabes que Pessoa nos libera del sentimiento de culpa en "el poeta es un fingidor".

Esa muchacha que puede ser mi amante, o una transeúnte que pasa, o una estrella de Hollywood, me transmite que todos podemos estar unidos por el dolor. Hay que vivir intensamente los momentos de ternura.
***

Lucho por extraer ideas de la soledad, de la ternura que se vive en silencio, en el contexto urbano y en la crisis de la comunicación, hacer pensar que esa persona que se queda sin ningún lugar podría ser cualquiera de nosotros o una persona a la que amamos.

2 de julio de 2014.

Este poema que empezó siendo una anotación deslavazada en una página de la antología en la que descubrí el terrible soneto de Fernando Merlo me hizo insistir sobre la incomunicación, creo que se nota la huella de quien fue llamado Poeta del desencanto (Paul Simon). Una mujer se me pierde en ese corazón desorientado que no sabe por donde buscar, mientras, ella espera que llamen a la puerta, que ocurra algo. Los poetas callejeros, los urbanos y los raperos hacen lo que pueden por mostrar el amor que cabe en un verso mientras la gente pasa de largo y pensamos que algo se nos escapa en las revoluciones de los medios de comunicación. Nos queda la esperanza triste de los últimos versos.

14 de noviembre de 2014.

Quizás tendría que haber roto la estrofa con la que termina el poema para que fuera más descorazonado, aquella en la que intento mantener abierta la esperanza porque hay que alentarla a pesar de las tristezas, porque tendríamos que expulsar la soledad no deseada, porque debemos seguir creyendo en la comunicación.

Sabemos que hemos puesto a la cultura entre barrotes, que no hay nada más penado en estos días que haber leído "Poeta en Nueva York" o "La hojarasca" y hablar de una aurora que nunca llega o de la imposibilidad de que muera alguien que ya estaba muerto.

Hay quien sobrevive con la sonrisa y se encuentra después en la sala de espera que cubre el sueño de los locos, porque recita un soneto de Shakespeare o disfruta con una película de Bergman. Hemos llegado a la Luna y no sabemos tener los pies en el suelo.

28 de mayo de 2015.
VI

Mientras el carmín huía de tus labios

***



La última vez que te vi tenías el cuerpo hinchado, el rostro amoratado, el Nembutal[i] rebosaba por tu piel mientras rezabas en silencio con las manos cruzadas a un anhelante Dios que siempre fue, para ti, un desconocido mientras el carmín huía de tus labios y tu sonrisa se apagaba en el Bosque de Brent cuando soñabas con la Gran Manzana y su agonía silenciosa entre los murmullos del río, entre la angustia de los puertos con el resplandor errático de las luces de neón por la noche y los oficinistas[ii] en rebelión constante contra su propia mediocridad deslumbrando en el café del bar tempranero donde no se dejaba de hablar con pasión, para justificar el fatalismo de Philip Larkin[iii], de la caída de un equipo y la coronación de su némesis[iv].

Entonces pensabas en los puentes que ya nunca podrías cruzar mientras los enterradores se preguntaban sorprendidos, asustados, cómo ese  cuerpo indefenso y deformado podía haber sido el objeto de las más extravagantes fantasías, la culminación de la sensualidad para quienes dejaron que sus sueños durmieran en la calle mientras se apagaban las estrellas.

Ya no podías creer en la fragilidad de un poema que rozaba las alas polvorientas de la vida en un diario desordenado y macilento en el que hablabas de soledad y miedo, ni en la belleza efímera y díscola de la rosa de los vientos que nunca te indicó la dirección adecuada para encontrar la paz.

Ya no podías creer en el amor que se disfrazaba siempre de deseo, en palabras hermosas llenas de espinas ni en una orquídea roja que exaltaba la pasión mientras llorabas por los caballos condenados a muerte, y más bella que nunca, resplandeciente en la oscuridad de tu tristeza, cantabas para los muertos que vagaban por las ciudades buscando una sonrisa. Eras una corista ciega cuando cerrabas los ojos con la mirada abierta, una esperanza tierna de los espejos que recibían vida y reflejaban muerte.

No supiste adaptarte al ritmo de los astros, y ahora, en las esquinas olvidadas que saludan al Hudson desde la barandilla donde se arrojan las flores que alguna vez fueron resplandecientes, trazas una raya negra para indicar el día que te entregaba los secretos de tu leyenda ampliados, tu verdad en la calle apenas esbozada. ¿Para qué necesitaba cariño y una sonrisa de complicidad incomprendida la mujer más deseada y envidiada de su tiempo[v]?
 
Nadie recuerda que tuviste un nombre, que detrás de la cantante callejera que nunca dejaste de ser había una mujer perdida en el maquillaje y la sensualidad de un vestido mal ajustado para que pregonara la fragancia exuberante de tus medias y de tu vientre, una esperanza herida detrás de cada suspiro, una sensibilidad que apenas pudo expresarse y no se instaló en la memoria terrible de las incomunicaciones con mallas mal definidas que nos arrasan y nos impide penetrar en la ternura de tu canto.

Ahora quizás desees con fervor que sea así para siempre por recomponer bajo una vela trémula los poemas de amor que nunca acabaste de escribir, las anotaciones que no acabarán de despertar nunca, sepultadas bajo el brillo de tu nombre.
***

Es muy difícil estar casado con una mujer como Marilyn al presentir lo fácil que resultaría que cayera en la infidelidad, Joaquín. El mejor dramaturgo americano de la pasada centuria no sabía exactamente el papel que le estaba reservado en aquel desvarío que llevaba la actriz buscando, quizás el padre que nunca tuvo, el hogar que nunca perdió.

Marilyn por mucho que se haya querido ver otra cosa, era una mujer inteligente y con buenos libros en las estanterías, Miller estaba enamorado de ella y emprendió una aventura destinada al fracaso con la esperanza de que él sería una excepción, la lectora compulsiva había encontrado a alguien que podría escribir alguno de sus papeles que quedarían en las retinas así como pasara el tiempo.

El rodaje de "The Misfits" (Vidas rebeldes) acabaría siendo una tortura, el guion, quizás, iba siendo modificado en la medida que Arthur Miller se convencía de que Marilyn no iba a cambiar nunca, era aquella muchacha de belleza explosiva que había deslumbrado en Bus Stop, ligera de cascos y sin familia, sus personajes no tenían ataduras sentimentales. Se dice que cayó prendida por el atractivo otoñal y la sonrisa entre cínica y tierna de Clark Gable. Miller desnudó a su mujer y, aparentemente, acabó siendo cruel.

Pienso que para él aquel proyecto acabó siendo un calvario. Pero, en un momento de debilidad y comunión con ella, articuló uno de los diálogos más profundos y hermosos en la historia del cine.

Creo que Miller era un hombre honrado y valiente que se sometió a sí mismo a una prueba tortuosa y le quedaron fuerzas para pensar y escribir mientras su sueño florido se marchitaba entre su mano sin querer.
[
i] Ya sé que los psiquiatras actuales me regañarán cuando diga que el Nembutal es el somnífero más popular, y ello a pesar de Marilyn.
[ii] C. C. Baxter puede ser un ejemplo de aquel que sueña con ascender en la compañía que trabaja para resultar atractivo a su amor platónico y no le preocupa en absoluto que los Celtics estén tejiendo los mimbres de su dictadura competitiva mientras los Knicks  se pierden en su sempiterna indefinición atacante.
[iii] Philip Larkin: posiblemente el mejor poeta inglés del siglo XX.
[iv] A nadie se le habrá escapado que me refiero a aquel año en que la Agrupación Deportiva y el O’Donnell jugaron en el mismo grupo de tercera división.
[v] Nosotros los de entonces ya no somos los mismos. (Pablo Neruda – Poema XX)
VII

Volveré a tocar tu cabello humedecido



Volveré a tocar tu cabello humedecido
como una tarde gris
y volveré
a encender una llama en nombre del recuerdo,
a despertar el sabor de la resaca en tus ojos,
en ese infierno de los escaparates, en el ruido
que ahoga la palabra profunda del poeta
que duerme en la calle con el gesto contrariado
porque las lilas nos devuelven a la vida
una tarde de agosto
y se yerguen
sobre el sueño reseco de Nembutal adoctrinado,
y la respiración de aquellos que te amamos se contiene.

¡Ay, de esa libertad que aprisionó tus alas.
esos labios de rojo carmín,
esos pechos caídos para siempre!


[justify]Es difícil explicar porque uno se implica en este tipo de poemas, saber hasta donde se quiere llegar en esta mezcla entre lo confesional y lo aireado, entre lo propio e intransferible y lo que nos pertenece a todos. Creo que la tristeza tiene algo evocador que nos atrae y unos apuntes en un poemario pueden convertirse en un poema y sin saber las razones concretas podemos verle algo especial.

2 de agosto de 2014.

Es un terreno empantanado para situarse en un punto intermedio entre lo que fue y lo que pudo haber sido. Nunca amé los pechos ni las caderas de Norma Jean, pero me obsesionó su tristeza. A través de ella quedé seducido por todos los tristes, por todos aquellos que no saben apreciar la alegría de vivir. Aún tengo abierto el libro que espera los poemas que se quedaron sin concluir sobre este asunto, es complicado volver a él, predisponer la sensibilidad hacia algo tan serio, pero intuyo que, en estos pensamientos, estas incomprensiones, hay poesía.

7 de diciembre de 2014.

Tomé como referencia la poesía de la Experiencia estadounidense de los 50 en su vertiente menos culta. Algunos de estos poetas aficionados, me llegaron muy adentro por su introspección en los vericuetos del alma humana.

8 de diciembre de 2014.

Las estrellas siguen brillando miles de años después de haber desaparecido. Hay personas que dan mucho más de lo que tienen, nos hacen reír y llorar sin querer.

8 de diciembre de 2015.

Lo que ofrezco viene a decir que hay mitos que nos pertenecen a todos, quizás en estos momentos esté descansando; no deja de sorprenderme las escasas ventas de sus interesantísimos Fragmentos. Pero debe despertar de nuevo ya que es posible articular a través de ella y sus relaciones una parte valiosa de la cultura americana de los 50.

19 de enero de 2016.


IX

A una cantante callejera.



Ella creía que los poetas se dejaban
el alma en cada verso
cuando cantaban en la calle porque no había salida,
que la verdad vivía y brillaba entre todas las sombras
que no se dejan arrastrar por el olvido
de las horas perdidas en una agenda extraña,
que no había un solo puente que no fuera hermoso
a pesar de la muerte y el salto a los fracasos,
y tendía sus brazos de opalina
ante la soledad que se instala en el murmullo de las calles.

Ella no sabía mentir,
no podía decir no cuando le miraban las caderas
y el movimiento sin ritmo de sus pechos
en la incomunicación apasionada
de los espacios abiertos que oprimen con el aire
y no perdonan
a los corazones sensibles, a las almas generosas.

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