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De Catulo a Lesbia

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F. Enrique

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De Catulo a Lesbia

Mensaje por F. Enrique el Miér 13 Dic 2017, 07:43

A Ramón Ataz

Catulo, poeta romano de los tiempos de César, nació en la ciudad donde Shakespeare siglos más tarde situaría su inmortal Romeo y Julieta. Su origen aunque acomodado era provinciano lo que le produjo un complejo que le llevó con tal de significarse, a hacerse amigo de algunos de los políticos más indeseables de su tiempo, algunos de ellos llegaron a participar en la famosa Conspiración de Catilina para acabar con la República. Su amor por Clodia, la Lesbia poética, fue inmenso y tortuoso, tan bella y licenciosa que la mismísima Mesalina la envidiaría más tarde en su desenfreno. Alegre y divertido como amigo, implacable cuando las flores se tornaban lanzas, delicadísimo y procaz al mismo tiempo, mediocre en la épica, en boga ya como exaltación del destino inmortal de la Ciudad Eterna, desangrada por las Guerras Civiles y que esperaba a Virgilio para encontrar su medida. Irregular y no siempre afortunado como poeta lírico, cuando consigue la inspiración de los besos, los pajarillos y sobre todo en la evocación del pasado cuando comprende la pérdida irreparable y aflora el arrepentimiento, la nostalgia y el deseo de gobernar la nave que partió para siempre, entonces es humano, variado, profundo y se convierte en uno de los poetas más grandes que haya habido.

     Estos poemas son algunos de los que le han inmortalizado con toda justicia. Mi conocimiento de la lengua de Cicerón es limitado, por ello en estas versiones o variaciones, más que traducciones, he querido que prevaleciera la admiración que siento hacia el poeta por encima de cualquier otra consideración. Podéis obtener por Internet un sinfín de traducciones más fieles y mejor comprendidas desde un punto de vista del conocimiento de su lengua, y otras que habrán logrado construir un poema casi tan grácil y profundo como el original en nuestro idioma. Yo sólo he pretendido cumplir un objetivo que rondaba mi cabeza desde la primera vez que los leí en un libro de 2º de BUP de mi hermana pequeña. Bien o mal, lo he hecho con todo lo que tengo, pero ya sabemos, cuanto más alto se sube… nos lo recuerda Baudelaire en el Albatros.  Por respeto a aquellas personas que aman esta lengua a la que debemos tanto, a estos poemas  los llamaré variaciones.


Nosotros cuando se apague nuestro breve fulgor
viviremos para siempre en una noche infinita.
(Catulo - Variación F. E. León)

Carmen III


Llorad, y no paréis ¡Oh, Gracias y Cupidos!,
como suelen hacerlo los hombres más sensibles.

Ha muerto el gorrión orgullo de mi amada,  
el pajarillo  que era su tesoro preciado,  
el mismo al que quería más que a sus propios ojos;  
era como la miel y volaba hacia su dueña
como una niña  corre de su madre al encuentro
y nunca se apartaba del regazo que adoro,  
y saltando,  y brincando a su alrededor piaba  
por llenarla de gozo sin pausa ni tristeza.

Ora surca una ruta terrible de tinieblas,  
busca el lugar sombrío de donde nadie vuelve.

¡Oh, maldita y perversa oscuridad del Orco  
que marchitas y extingues todo aquello que es bello;  
me arrancaste el gorrión que su pecho alegraba!

¡Oh, perversa fortuna, pajarillo perdido!  
Ahora, por tu culpa, los ojos de mi niña
enrojecen sin tregua hinchados por el llanto.

Carmen VIII

¡Ay, pobre Catulo, deja de hacer locuras  
y considera, de una vez, perdido lo que fue tuyo!
Hubo un día en que brillaban los soles más dichosos
para ti y acudías con gozo adonde ella te llevaba  
para ser querida como ninguna otra podrá serlo,
con todos los juegos que se te antojaban
y tu niña quería que fuese así.
Sí, es cierto que brillaban los soles más radiantes.
 
Ella ya no te quiere, ya que nada
puedes hacer para evitarlo,
tú tampoco debes quererla
ni seguirla cuando se aleje, ni vivir
en la amargura.
Debes resistir con un empeño ciego.
¡Oh, sí, resiste a tu deseo!

Adiós niña. ¡Catulo está decidido,
ya no te buscará ni hará ruegos
en contra de tu voluntad.
Tú te lamentarás cuando nadie de ti se acuerde.
¡Perversa, ay, de ti!
¿Qué vida te espera? ¿Quién se te acercará ahora?
¿Quién te mirará pensando que eres bella?
¿A quién vas a querer?
¿De quién serás? ¿A quién besarás y le morderás los labios?

Pero tú, Catulo, no cedas, debes mantenerte firme.


Carmen LXXXV

Te odio y te amo, me preguntas cómo es posible.
No lo sé, pero es lo que siento y me tortura.

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