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FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ

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Carlos Justino Caballero

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FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ

Mensaje por Carlos Justino Caballero el Miér 12 Jul 2017, 10:53

Tal vez no tan conocido, es entendible por distancias y épocas, este poeta argentino tiene una valiosa obra que tal vez sea bueno conocer. Mis disculpas si no ofrece todo lo necesario para anidar en este espacio.

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires. Era hijo de padres españoles, y a los veinte años viajó a la patria de sus ancestros. Vivió en España desde 1920 hasta 1924, donde leía a los poetas modernistas que lo influenciaron en sus primeros libros. Trabajó como periodista en Vigo, donde fue redactor de "Pueblo gallego". Allí se relacionó con figuras como Ramón María del Valle-Inclán, los hermanos Antonio y Manuel Machado, y Juan Ramón Jiménez. También se radicó por un breve período en Portugal.
La renovación literaria[editar]
Cuando volvió de España, Francisco Luis Bernárdez se unió al grupo de Florida, también llamado grupo Martín Fierro, una agrupación informal de artistas de vanguardia que significó una parte importante en la renovación literaria y estética argentina durante las décadas de 1920 y de 1930. Así, Bernárdez apoyó en este período el ultraísmo y, en general, las corrientes europeas propias de esta época.
En 1925, Bernárdez trabó amistad con el por entonces poco conocido Jorge Luis Borges, con quien gustaba de recorrer los suburbios en largas caminatas.1 Bernárdez participó de la segunda época de la revista Proa en las Letras y en las Artes, animada por un grupo literario integrado por Ricardo Güiraldes, Alfredo Brandán Caraffa, Pablo Rojas Paz y el propio Borges.2
Letras y diplomacia[editar]
Luego, trabajó en el diario La Nación. Desde 1928 escribió para la revista Criterio, en la que habían participado o participarían literatos de renombre, como G. K. Chesterton, Baldomero Fernández Moreno, Gabriela Mistral, y Jorge Luis Borges, entre otros.3 Además, integró el grupo fundador del diario El Mundo.
En 1937, fue nombrado secretario público de la Biblioteca Municipal «Miguel Cané» en el barrio de Boedo, e hizo ingresar a Jorge Luis Borges, quien trabajaría como auxiliar catalogador entre 1937 y 1946.1 Esa biblioteca, decana de las bibliotecas públicas de la Ciudad de Buenos Aires, ganaría más tarde fama internacional por ser el primer puesto público en que Borges trabajó y escribió.4
Ya escritor con tonos netamente cristianos, participó -al igual que el escritor Leopoldo Marechal y el pintor Ballester Peña- de Convivio, encuentro de artistas cristianos que constituyó el marco para debatir diferentes aspectos y problemas del arte en sus variadas manifestaciones.5 Asimismo, participó en la publicación homónima. Leopoldo Marechal y Francisco Luis Bernárdez eran muy amigos, tal como lo refiere Marcelo Sánchez Sorondo:
Obra literaria[editar]
Sus primeros trabajos fueron Orto (1922), Bazar (1922) y Kindergarten (1924) , escritos siguiendo los principios del ultraísmo. Junto con Alcándara (1935), lo conectaron a la era postmodernista, pero en esta última obra ya comienza a diluirse el ultraismo para aparecer pinceladas de lo que sería más tarde su barroquismo conceptuoso y original.
Desde la publicación de El buque (1935), trató temas de espiritualidad con el estilo clásico de Paul Claudel y Charles Péguy. Esta nueva fase fue representada por trabajos como Cielo de tierra (1937) —que incluía su soneto que iniciaba con las palabras Si para recobrar lo recobrado—, La ciudad sin Laura (1938) -inspirada en la persona de su propia esposa-, Poemas elementales (1942), Poemas de carne y hueso (1943), El ruiseñor (1945), Las estrellas (1947), El ángel de la guarda (1949), Poemas nacionales (1950), La flor(1951), Tres poemas católicos (1959), Poemas de cada día (1963) y La copa de agua (1963).
Ya en su madurez, su poesía se identificó por un tono lírico y romántico, influido por los poetas místicos, pero conservando su forma particular de enfocar la belleza de la vida, con un canto de serena fluencia. Bernárdez es uno de los muy escasos poetas argentinos que asumió el catolicismo en su creación.
Se caracterizó por la belleza de sus sonetos, por sus poemas de extenso metro (fue creador de un verso de 22 sílabas), y por su profundidad filosófica (por ejemplo, en La noche). Su traducción poética de los himnos litúrgicos del Breviario Romano, que aún hoy se rezan en algunos conventos argentinos,5 y sus trabajos en prosa, casi todos verdaderamente poéticos, completan la obra de este notable escritor argentino.



SONETO RECOBRAR

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

SONETO AL AMOR VICTORIOSO

Ni el tiempo que al pasar me repetía
que no tendría fin mi desventura
será capaz con su palabra obscura
de resistir la luz de mi alegría,

ni el espacio que un día y otro día
convertía distancia en amargura
me apartará de la persona pura
que se confunde con mi poesía.

Porque para el Amor que se prolonga
por encima de cada sepultura
no existe tiempo donde el sol se ponga.

Porque para el Amor omnipotente,
que todo lo transforma y transfigura,
no existe espacio que no esté presente.

SONETO ENAMORADO

Dulce como el arroyo soñoliento,
mansa como la lluvia distraída,
pura como la rosa florecida
y próxima y lejana como el viento.

Esta mujer que siente lo que siente
y está sangrando por mi propia herida
tiene la forma justa de mi vida
y la medida de mi pensamiento.

Cuando me quejo, es ella mi querella,
y cuando callo, mi silencio es ella,
y cuando canto, es ella mi canción.

Cuando confío, es ella la confianza,
y cuando espero, es ella la esperanza,
y cuando vivo, es ella el corazón.


AMOR ANTIGUO

Amor antiguo, cuya sombra empaña
mi cariñosa propensión de ahora,
eres como una sombra de montaña
sobre el encendimiento de la aurora.

Amor antiguo, cuya pesadumbre
traba la agilidad de mi alegría,
eres la tiranía de la cumbre
contra la libertad del mediodía.
Amor antiguo, cuya voz sofoca
la nueva vocecita del cariño,
eres palabra de proyecta boca
en una boca inédita de niño.
Amor antiguo, cuyo sentimiento
hace caber el mundo en nuestro llanto,
eres el alma convertida en viento
y eres el viento convertido en canto.
Amor antiguo, cuya remembranza
cada amorosa perspectiva cierra,
eres esa emoción que sólo alcanza
quien se acuerda del mar desde la tierra.

AMOR UNITIVO

Tan unidas están nuestras cabezas
y tan atados nuestros corazones,
ya concertadas las inclinaciones
y confundidas las naturalezas,

que nuestros argumentos y razones
y nuestras alegrías y tristezas
están jugando al ajedrez con piezas
iguales en color y proporciones.

En el tablero de la vida vemos
empeñados a dos que conocemos,
a pesar de que no diferenciamos,

En un juego amoroso que sabemos
sin ganador, porque los dos perdemos,
ni perdedor, porque los dos ganamos.


EL DESTELLO

Aunque el cielo no tenga ni una estrella
y en la tierra no quede casi nada,
si un destello fugaz queda de aquella
que fue maravillosa llamarada,

me bastará el fervor con que destella,
a pesar de su luz medio apagada,
para encontrar la suspirada huella
que conduce a la vida suspirada.

Guiado por la luz que inmortaliza,
desandaré mi noche y mi ceniza
por el camino que una vez perdí,

hasta volver a ser, en este mundo
devuelto al corazón en un segundo,
el fuego que soñé, la luz que fui.

La lágrima
No sé quién la lloró, pero la siento
(por su calor secreto y su amargura)
como brotada de mi desventura,
como nacida de mi desaliento.
Quizá desde un lejano sufrimiento,
desde los ojos de una estrella pura,
se abrió camino por la noche oscura
para llegar hasta mi sentimiento.
Pero la siento mía, porque alumbra
mi corazón sin esa luz sin tasa
que sólo puede dar el propio fuego:
Rayo del mismo sol que me deslumbra,
chispa del mismo incendio que me abrasa,
gota del mismo mar en que me anego.


LA PALABRA

En cada ser, en cada cosa, en cada
palpitación, en cada voz que siento
espero que me sea revelada
esa palabra de que estoy sediento.
Aguardo a que la diga el firmamento,
pero su boca inmensa está callada;
la busco por el mar y por el viento,
pero el viento y el mar no dicen nada.
Hasta los picos de los ruiseñores
y las puertas cerradas de las flores
me niegan lo que quiero conocer.
Sólo en mi corazón oigo un sonido
que acaso tenga un vago parecido
con lo que esa palabra puede ser.


SILENCIO

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.
No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.
Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.


Si ha sido de vuestro agrado agregaré más letras de este poeta que es valioso, por lo menos en Argentina.
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Maria Lua
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Re: FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ

Mensaje por Maria Lua el Vie 14 Jul 2017, 08:35

Gracias, amigo poeta Carlos, por traernos
el poeta Francisco Luis Bernárdez...
No lo conocía...
Agrego dos bellos poemas...



Estar enamorado




Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo 

                                                                 de la vida.

Es dar al fin con la palabra que para hacer frente a 

                                                 la muerte se precisa.

Es recobrar la llave oculta que abre la cárcel en que 

                                                 el alma está cautiva.

Es levantarse de la tierra con una fuerza que reclama 

                                                               desde arriba.

Es respirar el ancho viento que por encima de la carne 

                                                                   se respira.

Es contemplar desde la cumbre de la persona la razón 

                                                            de las heridas.

Es advertir en unos ojos una mirada verdadera que 

                                                                   nos mira.

Es escuchar en una boca la propia voz profundamente 

                                                                     repetida.

Es sorprender en unas manos ese calor de la perfecta 

                                                                  compañía.

Es sospechar que, para siempre, la soledad de nuestra 

                                                  sombra está vencida.



Estar enamorado amigos, es descubrir dónde se juntan 

                                                         cuerpo y alma.

Es percibir en el desierto la cristalina voz de un río 

                                                               que nos llama.

Es ver el mar desde la torre donde ha quedado prisionera 

                                                          nuestra infancia.

Es apoyar los ojos tristes en un paisaje de cigüeñas 

                                                              y campanas.

Es ocupar un territorio donde conviven los perfumes 

                                                              y las armas.

Es dar la ley a cada rosa y al mismo tiempo recibirla 

                                                               de su espada.

Es confundir el sentimiento con una hoguera que del pecho 

                                                                     se levanta.

Es gobernar la luz del fuego y al mismo tiempo ser esclavo 

                                                                de la llama.

Es entender la pensativa conversación del corazón 

                                                                 y la distancia.

Es encontrar el derrotero que lleva al reino de la música 

                                                                       sin tasa.



Estar enamorado, amigos, es adueñarse de las noches 

                                                                     y los días.

Es olvidar entre los dedos emocionados la cabeza 

                                                                  distraída.

Es recordar a Garcilaso cuando se siente la canción 

                                                            de una herrería.

Es ir leyendo lo que escriben en el espacio las primeras 

                                                               golondrinas.

Es ver la estrella de la tarde por la ventana de una 

                                                         casa campesina.

Es contemplar un tren que pasa por la montaña con las 

                                                            luces encendidas.

Es comprender perfectamente que no hay fronteras entre 

                                                       el sueño y la vigilia.

Es ignorar en qué consiste la diferencia entre la pena 

                                                                    y la alegría.

Es escuchar a medianoche la vagabunda confesión 

                                                                de la llovizna.

Es divisar en las tinieblas del corazón una pequeña 

                                                                       lucecita.



Estar enamorado, amigos, es padecer espacio y tiempo 

                                                                 con dulzura.

Es despertarse una mañana con el secreto de las flores 

                                                                  y las frutas.

Es libertarse de sí mismo y estar unido con las otras 

                                                                     criaturas.

Es no saber si son ajenas o son propias las lejanas 

                                                                   amarguras.

Es remontar hasta la fuente las aguas turbias del torrente 

                                                                 de la angustia.

Es compartir la luz del mundo y al mismo tiempo compartir 

                                                               su noche oscura.

Es asombrarse y alegrarse de que la luna todavía 

                                                                           sea luna.

Es comprobar en cuerpo y alma que la tarea de ser hombre 

                                                               es menos dura.

Es empezar a decir siempre, y en adelante no volver 

                                                                   a decir nunca.

Y es, además, amigos míos, estar seguro de tener las 

                                                                    manos puras.





La ciudad sin Laura

En la ciudad callada y sola mi voz despierta una 
     profunda resonancia. 
Mientras la noche va creciendo pronuncio un 
     nombre y este nombre me acompaña. 
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz 
     enamorada. 
No puede haber nada tan fuerte como una voz 
     cuando esa voz es la del alma. 
En el sonido con que suena siento el sonido de 
     una música lejana. 
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de
     una remota llamarada. 
Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera 
     que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera
     que eterniza lo que abrasa. 
Para poblar este desierto me basta y sobra con 
     decir una palabra. 
El dulce nombre que pronuncio para poblar este 
     desierto es el de Laura.
Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer
     las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en
     que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y
     resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza
     que teman.
La obscuridad desaparece mientras el sueño silencioso
     se disipa.
Por este nombre de los nombres hasta la muerte sin
     palabras tiene vida.
Ya no resuena entre las cosas el gran torrente de las
     noches y los días.
El tiempo calla y se detiene para escuchar esta perfecta 
     melodía.
Mi vida entera permanece porque este nombre que
     recuerdo no me olvida.
Porque este nombre me sostiene con emoción desde su
     tierna lejanía.
Cuando mi boca lo ignoraba, la soledad era más honda
     que el silencio.
Cuando mi boca estaba muda, mi corazón era invisible
     como el viento.
Se conocía que vivía por la canción que lo tenía 
     prisionero.
Pero vivía en otro mundo; para las cosas de este mundo 
     estaba muerto.
Le pesadumbre de las horas era mas íntima que nunca
     en aquel tiempo.
Porque las noches eran largas; porque los días de las noches 
     eran lentos.
La tierra estaba más obscura porque faltaban las estrellas 
     en el cielo.
El manantial de donde brota la luz que alumbra el corazón 
     estaba seco.
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este nombre que pronuncio 
     en el desierto ?
¿Qué hubiera sido de mi vida sin este amor que me acompaña 
     desde lejos?
Lejos está la dulce causa del corazón, de la cabeza y de la mano.
Pero su ausencia es la del río, que con la fuente que lo llora 
     vive atado.
Nunca he sentido como ahora la vecindad de la mujer que estoy 
     cantando.
Cuando el amor está presente no puede haber nada escondido 
     ni lejano.
La luz del fuego que me alumbra ¿no es la que alumbra el corazón 
     del ser amado ?
La llamarada que me quema ¿no es la del fuego en que se quema 
     sin descanso ?
Aunque las leguas se interponen entre nosotros, ya no pueden 
     separarnos.
Porque el amor que vence al tiempo no puede estar sino a cubierto 
     del espacio.
Entre la dicha y mi existencia la diferencia que hubo ayer se va 
     borrando.
El ser que nombro es el que, siendo, me da una vida  sin dolor ni
     sobresalto.



_________________
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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasíón
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente...


Maria Lua






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