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Margaret Atwood

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Pedro Casas Serra
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Margaret Atwood

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 24 Feb 2014, 07:43

.


MARGARET ATWOOD


Margaret Atwood es una escritora canadiense, considerada una de las principales figuras del mundo de las letras en la actualidad.

Nacida en Ottawa en 1939, Atwood inició su carrera literaria componiendo poesía, para luego comenzar a escribir relatos, campo en la que se ha convertido en una verdadera maestra, así como novelas. En cuanto a la temática de sus obras, es muy variada; trabaja desde la crítica literaria a la novela realista, pasando por la ciencia ficción -término con el que no se siente nada cómoda-, hasta la literatura comprometida en defensa de los derechos de la mujer.

Su obra más conocida es El cuento de la criada (1985), novela con la que recibió premios como el Arthur C. Clark o el Los Ángeles Prize.

Otros galardones recibidos a lo largo de su carrera han sido el Booker, el Governor General y el Príncipe de Asturias de las Letras, que le fue otorgado en el año 2008.





POEMAS:



A MEDIANOCHE

A medianoche me despierta la lluvia, un aguacero,
el viento azota las hojas, orejas
enormes, plumas enormes,
como un animal perseguido, un perro
gigantesco o un cerdo salvaje. Truenos y ventanas
que se estremecen; del tejado metálico
cae una tromba de agua.

Estoy tumbada bajo el mosquitero,
enredada en una tela húmeda, el pelo lleno de sal.
Cuando escampe habrá luciérnagas
y estrellas, más brillantes que en cualquier lugar;
podría contemplarlas en momentos
de pánico. Están a años luz, si lo piensas.

A la porra la poesía, es a ti a quien deseo:
tu sabor, la lluvia
en tu cuerpo, mi boca en tu piel.

MAGARET ATWOOD (De “historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)



PEQUEÑOS POEMAS PARA
EL SOLSTICIO DE INVIERNO


1

Una página en blanco: lo que
brilla en ti no es la nada,
aunque es igual de limpio, igual de azul

y he vivido lo bastante para saber
que debo renunciar al deseo
de tocar ese brillo.

¿Qué es lo que brilla?
Estrellas, cristal roto y agua,
y tú, vestido con la serena camisa azul,

de pie, al lado de una ventana,
mientras llueve, sin que suceda
casi nada, intocable.

Pones la mano
en la luz, y se revela no sólo
la mano, también la luz;
es el brillo donde se tocan ambas.

Otras cosas hechas de luz:
las alucinaciones y los ángeles.
Si extendiera mis manos
hacia ti, ¿desaparecerías?

2

La caída libre es caer, pero al menos es
libre. Ni siquiera sé
si salté o si me empujaron,
pero no importa ahora
que estoy aquí arriba. No hay alas
ni red, pero por un instante
hay una magnífica
vista: el mar,
una línea de olas, acantilados pardos
con mechones de maleza, tu cara
vuelta hacia arriba, un cero blanco.
Ojalá supiera
si vas a cazar o sólo a mirar.

3

Boca a boca,
te devuelvo a la vida.
¿Por qué te has ahogado así,
sin avisarme?
¿Qué te ha aletargado? Lo que
se alzó sobre tu cabeza
era algo paulatino y sólo
el aire de todos,
cotidiano y letal.
Tu cabeza flota sobre tu mano,
en el agua, te das
la vuelta, tu corazón retorna
incierto a sus dos sólidos sonidos.
Te estoy devolviendo
a la vida, aunque el rescate es mutuo.

4

Conduzco hacia mi frío hogar en este tiempo húmedo,
con las manos en el volante helado, espero una chimenea;
aguanieve en el cristal, dejo atrás un accidente,
luego otro. En algún lugar habrá uno más,
y será el mío. En un minué
nos soltamos el uno del otro; en un accidente,
no. La danza es algo deliberado pero
¿me soltaste o no,
estaba demasiado cerca del hueso para ti, era eso
el dolor, estoy muerta? No
me he roto nada, pero no tengo piel,
el roce más ligero me sacaría las vísceras.
Despacio, despacio, nadie quiere ver sangre.
Floto sobre las negras carreteras, puro hielo.

5

No hay un camino claro:
escribo sobre las rayas de este papel
amarillo. Poesía. Son detalles
como éste los que me empujan,
y las insufribles campanitas
que suenan en las esquinas, de camino
hacia ti, y cantan sobre el hambre,
la sombra y la miseria.

6

Las semanas pasan en un abrir y cerrar de ojos, el solsticio de invierno,
con sus ramas muertas de abetos,
y las pequeñas hogueras desesperadas
ya casi ha llegado

una y otra vez, en cincuenta versiones,
los árboles se vuelven azul pálido; los campos, pardos

por última vez en el año.
Tenemos un minuto, quizá dos,

un tiempo en el que caminamos juntos
hacia los lindes de ese bosque eternamente verde
en el que nunca entraremos

a través de la nieve acumulada
sin color,
recién caída,

recién caída,
en la que no dejaremos huellas.

7

Este poema es luctuoso
y tierno y está lleno
de quejas: ¿dónde estabas
cuando me hacías falta?

Quisiera hacer
una ramo de hermosas palabras limpias,
para entregártelo y marcharme,
misión cumplida. Pero no puedo
hacerlo. Éste es el día más corto
del año, encogido,
varicoso y gélido, sordomudo.
Esa de la esquina soy yo, con aguanieve
hasta el cuello, sin palabras. ¿Dónde estás?

8

¿Crees que vivo en una torre de marfil
donde el teléfono no suena
y nadie come? Pero sí lo hace, también comen
y dejan migas y los cuchillos sucios.

En el recibidor, el olor a perro
se filtra a través de la puerta, junto a
mugrientos abrigos de piel y las entrañas
de gargantas carnívoras. Abandono
y caos, el aire arrastra las frías cenizas
del horno hacia el suelo.
Gatos con espinas que se derriten
se acicalan en cada esquina
vacía. ¿Quién los ha alimentado? ¿Quién lo sabe?

Lo que quiero que veas
es que todo es banal; incluso
mientras escribo el timbre de la puerta
golpea en el piso de abajo, hay constantes ataques
de la radio, y otra
cara inocente ha sido aplastada, otro
par de botas se oye en el vestíbulo.

No hay misterio, quiero decírtelo:
ningún misterio, no más
que en cualquier otra cosa. Lo que hago
es normal; no es
sorprendente, como tú;
no es más difícil que el amanecer.

9

Algunos dirán que no hay excusa
para esta conspiración nuestra: mientras los hombres
se matan y mutilan los unos a los otros, y lo llaman política; incendian
edificios; queman a niños; hieren
a mujeres en los ojos o en el vientre, nosotros
nos cogemos las manos en el bar de la esquina.

Una distracción aparta tu mente
del trabajo o de la pantalla inquieta
donde la muerte es un suceso, el amor
no lo es, a no ser que se trate de un doble
suicidio, ¿Cómo puedo justificar
este tierno poema frente al más puro
horror? Una refinada apariencia, una
estupidez en este lugar de agrietado
fango gris, en el que los bebés se hinchan
y luego se marchitan y sólo hay una
forma rápida de huir del hambre.

Cogerse las manos es un lujo
que sólo se permiten los gordos.
No obstante, si no hubiera otra cosa
más que matar o que te maten, ¿por qué no
matar, entonces? Te conozco por tus
contradicciones. Conozco tu ausencia.

10

Por supuesto que soy una contadora
de mentiras mundanas, como: intentaré
no mentirte jamás; como:
en el día de mañana la tierra
inclinará su eje hacia el sol
otra vez; la luz se tornará más intensa;
será ya primavera y tú
estarás feliz. Como:
soy capaz de volar. Desearía poder
creerlo. En su lugar, estoy
aquí atascada, en este derroche de detalles,
verdades, hechos; dientes, guantes y calcetines.
No confío en el amor,
porque carece de color y forma.

11

Quiero que te sorprendas,
sin embargo, y que seas avaricioso, como un niño
que no necesita elegir, porque todas
las opciones son posibles y simples
como las golosinas. Un puñado
de globos que agarras y de repente
estás en medio del aire. Placer
en estado puro, es lo que deberías
tener, no esas arduas
cadenas y las manos atrapadas en redes,
ni futuros enmarañados.

Mira, tiendo las manos hacia ti,
no tienen líneas, parecen escaldadas,
o borradas. Qué ingenuidad. Supón que pudiera hacerlo,
¿querrías que lo hiciera?

12

Por la tarde, un caos de papel
y lazos de colores-
Llueve y llueve. Estás ausente,
como si no hubieras nacido. La familia pulula alrededor;
las máquinas zumban:
hay platos limpios y música, una cena, unas ventanas
empañadas. ¿En qué estás
ocupado? En las mismas
cosas de siempre, supongo. En el mismo sueño.
Hoy eres la cara
en blanco de la luna.
Hay un ave cocinada, un cuchillo afilado:
es real
y habrá que afrontarlo.

Qué arrogancia por mi parte
creer que te conozco
o que sé algo de tu vida.

13

Estoy en tus manos, dices, pero te refieres
a algo muy diferente: es una forma
de evitar elegir. No obstante,
eres lo que me han entregado
sin pedirlo, como esas cartas
impresas con la lengua de signos
que los sordos y mudos te dan en las paradas
de autobús. Es una situación incómoda, pero más
que eso: un objeto hecho de cristal, lúcido y simple
y sin nombre ni función
conocida. Puedo aprenderte
al tacto o adivinarte,
o no. Entretanto, te tengo
en las manos, es verdad, me pregunto qué
hacer contigo y qué harás tú
conmigo. Un gesto
de las manos, limpio
como el agua. La letra A.

14

¿Es éste tu destino,
penetrar en la poesía y volverte transparente?

No hay tierra debajo de ti, no hay pies ni zapatos,
ni alfombras, ni migas de pan, ni calendarios, ni botones,
tampoco bolsillos, pelo, pelaje en el cuerpo, sangre, ¿o es que
ya los he puesto ahí?

No me sirves de nada como rumor,
en blanco y eterno. El año
no es un círculo perfecto o el
sueño de un reloj, sino un momento sombrío tras otro.
No hay elección, tengo que llevarte
con todo el revoltijo;
con los miedos, justificados
o no; con los muebles ahumados,
la carne dudosa, la fatiga, el rezongar
de voces cotidianas; con ese oscuro corazón tuyo
que ninguno de los dos puede ver; que late
suavemente bajo mi mano
y vuela en tinieblas. Intentemos creer
que conoces tu camino.

MAGARET ATWOOD (De “historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)




HISTORIAS DE AMOR VERÍDICAS

I

Cuando los conocí parecían una pareja normal, ella sonreía mucho, trabajaba como fisioterapeuta, creo, y a él tampoco se le notaba nada raro, excepto que era un poco..., bueno, ya sabes. Ese verano se fueron juntos de vacaciones, como siempre, a España, era cuando uno todavía se lo podía permitir, y todo el mundo cree que él la despedazó y la metió en cuatro cubos de basura por la ciudad, o quizá no fuera en cubos, ¿tienen cubos allí? En Barcelona, o quizá no fuera Barcelona. La historia se parece a la del tio que metió a su mujer en el congelador, ¿la conoces? Entonces, dos niños fueron a buscar unos polos o algo así. El tío ni siquiera había puesto un cerrojo, es que algunos son bastante estúpidos. Él dijo que había ido a Madrid, pero tampoco0 debía de ser Madrid, y que un día ella salió a dar un paseo y nunca regresó. Pero la casera, en Barcelona o dondequiera que fuese, dijo que le había visto regresar al piso, o lo que fuera el lugar que habían alquilado, después del día en que él dijo que se habían marchado a no sé qué sitio. Y los cubos con el cuerpo de ella estaban en Barcelona, no en Madrid. Así es que los cubos están allí, pero él está aquí y, como es lógico, quieren que vaya allí, para interrogarle -eso dicen-, y, naturalmente, él no quiere ir. Dice que no quiere pasar por el mismo trago otra vez. No me extraña. Yo tampoco querría si estuviera en su lugar. Le vi en el supermercado la semana pasada. Tenía una berenjena en la mano y repetía: albergínia. Es una palabra catalana que suena mucho mejor ¿no crees? Estaba acariciando con sus dedos la piel violeta. No ha cambiado nada.

MAGARET ATWOOD (De “historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)



CONVERSACIÓN

El hombre pasea por la playa del sur,
lleva gafas de sol, una camisa informal
y dos bellas mujeres.
Es un fabricante de máquinas
para arrancar las uñas de los pies
y lanzar descargas eléctricas
a través del cerebro y los genitales.
No comprueba como funcionan,
sólo las vende. Mi querida señora,
dice: usted no conoce
a esa gente. No hay ninguna otra
cosa que entiendan. ¿Qué podía hacer yo?,
dijo ella. ¿Por qué estaba él en aquella fiesta?

MAGARET ATWOOD (De “historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)



VIAJE EN TREN DE VIENA A BONN

I

Son esos cascos lo que recordamos,
su forma de cráneo abierto,
y las caras de debajo,
crueles y uniformes.

Pero la gente sentada en este tren,
parece limpia y lúcida, vestida
de beis y crema: una niña sonríe,
lleva una mariposa de plástico y el camarero da
un huevo violeta a mi hija
para que se divierta. La amabilidad abunda.

II

Tras las ventanas, los árboles fluyen
veloces cual suave bruma,
de un verde tenue y de rocío florecido.

Aunque lo que veo son los troncos negros
de un cuadro de Brueghel:
las espaldas de tres hombres que vuelven
de una cacería, sus sabuesos los siguen,
sus duras líneas se marcan en la nieve.

III

El bosque no es más negro
que otros bosques, incluido
el mío, los campos que pasamos
podrían ser mi tierra, si se borra
lo que mi ojo les añade.

En este país hay un hombre
que escapa, y otros tres, lo persiguen,
sus abrigos marrones
ondean contra sus botas.

Entre las raíces del árbol, el hombre que corre
tropieza y cae
boca abajo y ahí se queda.

IV

Esto es lo que me intriga
de la historia que hemos oído
tantas veces antes:

los pocos que resistieron,
que no hicieron lo que se les ordenó.

Éste es el viejo temor:
no lo que te vayan a hacer,
sino lo que tú podrías hacerte
a ti mismo, o dejar de hacer.

Ésta es la vieja tortura.

V

Los tres hombres de oscuro y arcaicos
abrigos me dan la espalda, vuelven
a casa, al rancho y a una hoguera,
bromean, sus sabuesos los siguen.

El bosque me resulta
ajeno, más afín que la piel,
ignoto, algo tan primitivo
como las cuevas, pero enterrado, pétreo,

un cuchillo biselado en piedra, un
largo hueso que yace en las tinieblas
dentro de mi brazo derecho; no
inocente, sino oculto.

MAGARET ATWOOD (De “historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)




VARIACIONES SOBRE LA PALABRA AMOR

Ésta es la palabra que usamos para taladrar
agujeros. Tiene el tamaño justo para esos tibios
huecos del discurso, para esos vacíos en forma
de corazón que no se parecen
a los corazones de verdad. Si le añades encaje,
puedes venderla.
También la escribimos en el único
espacio vacío del impreso que viene sin instrucciones. Hay revistas
enteras que no tienen mucho más
que la palabra amor; puedes
frotártela por todo el cuerpo
y también puedes cocinar con ella. ¿Cómo sabemos
que no es lo que sucede en las divertidas orgías
de las babosas bajo cartones
mojados? Y los semilleros
de malas hierbas que asoman sus tercos hocicos
entre las lechugas, también la gritan.
¡Amor! ¡Amor!, cantan los soldados, levantando
al saludar sus brillantes cuchillos.

Pero luego estamos nosotros
dos. La palabra nos parece demasiado corta, sólo tiene
cuatro letras, es demasiado austera
para llenar esos vacíos profundos
y desnudos entre las estrellas
que oprimen con su sordera.
No evitamos caer en el amor,
sino en ese miedo.
Esta palabra no es suficiente pero tendrá
que bastarnos. Es una sola
vocal en este silencio
metálico; una boca que dice
oh, una y otra vez, con asombro
y dolor, un suspiro, un dedo
asido a un acantilado. Puedes
agarrarte o dejarte caer.

MARGARET ATWOOD (De “Historias reales”, 1990)
(Traducción de María Pilar Somacarrera Íñigo)


.


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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Pedro Casas Serra el Sáb 08 Mar 2014, 16:49

.


OTROS POEMAS DE MARGARET ATWOOD:



LOS POETAS RESISTEN

Los poetas resisten.
Es difícil librarse de ellos,
aunque Dios sabe que se ha intentado.
Nos los encontramos en el camino
en actitud mendicante, con sus platos,
una costumbre ancestral.
No tienen nada,
excepto moscas secas y céntimos falsos.
Nos miran como pasmados.
¿Están muertos o qué?
Sin embargo, tienen esa mirada irritante
de los que saben más que nosotros.

¿Saben más de qué?
¿Qué es lo que alegan saber?
Escupidlo, les silbamos.
¡Decidlo claro de una vez!
Si buscas una respuesta sencilla,
entonces fingen estar locos,
o borrachos, o pobres.
Se pudieron esos disfraces
hace algún tiempo,
esos jerséis negros, esos andrajos;
ahora pueden quitárselos
Y tienen problemas con sus dientes.
Ésa es una de sus cargas.
Les vendría bien ir al dentista.

También tienen problemas con sus alas.
No se muestran dispuestos a colaborar
con nuestro departamento de vuelos.
Ya no planean, no resplandecen,
no bromean.
¿Para qué demonios les pagamos?
(Imagina que les pagamos.)
No pueden despegar
con sus plumas enlodadas.
Si vuelan, es hacia abajo,
hacia la húmeda tierra gris.

Idos, les decimos,
y llevaos vuestra aburrida tristeza.
No os queremos aquí.
Se os ha olvidado cómo decirnos
lo sublimes que somos.
Que el amor es la respuesta,
siempre nos gustó ese verso.
Se os ha olvidado cómo hacernos la pelota.
Ya no sois sabios.
Habéis perdido vuestro esplendor.

Pero los poetas resisten.
No se puede decir que no son tenaces.
No saben cantar, no saben volar.
Sólo saltan y croan
y se golpean contra el aire
como si estuvieran en jaulas,
y cuentan el viejo chiste.
Cuando les preguntan, responden
que dicen lo que deben.
¡Jopé, qué pretenciosos son!

Sin embargo, saben algo.
Hay algo que sí que saben.
Algo que están susurrando.
No alcanzamos a oírlo.
¿Será sobre el sexo?
¿O sobre el polvo?
¿O sobre nuestro miedo?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



LECTURA DE POEMAS

Al mirar al poeta -al poeta famoso-
que revuelve sus entrañas, prepara
su cúmulo de pensamientos destructivos
y deseos vergonzantes,
sus odios rancios, sus tenues pero agudas ambiciones,
no sabes si ser sarcástico o agradecido,
al ver que él se confiesa por nosotros.

Desafienate, lleva un jersey suave,
no negro, sino amarillo pálido
como un sorbete de crema, el color
que compras a tus hijos cuando no quieres parecer sexista,
y su rostro de frente inquieta
flota sobre el oscuro fondo del escenario,
sus rasgos poco definidos
como el sol a través de la neblina;

y comprendes cómo era esta cara, una vez,
cuando era un muchachito ansioso
de puntillas y en equilibrio, que se miraba al espejo
y se preguntaba, ¿Por qué no puedo ser bueno?
y luego, ¿Son éstos mis verdaderos padres?
Y después, ¿Por qué el amor hace tanto daño?
Y más tarde, ¿Quién causa las guerras?

Quieres cogerlo en brazos
y contarle un montón de mentiras.
La gente normal no pregunta estas cosas,
podrías decir. En su lugar, vamos a fornicar.
Sabes bien que mujeres más estúpidas que tú
lo han propuesto como remedio para todos los males
de la mente y el alma. Tú juraste no caer nunca en ello,
así que haces una excepción con él.

Pero él sólo respondería,
Te he hablado de mis costras y de mis compulsiones,
mis repugnantes tormentos, mi falta de dignidad...
sólo te ensuciaría.
¿Por qué molestarte?


Y tú contestarías:
Nadie te obligó a hacer esto,
a tontear con las sílabas y el dolor,
a rodar desnudo por los cardos
y sacar tu lengua en las espinas.
Podrías haber sido albañil.
Podrías haber sido dentista.
Estar cubierto de una costra dura. Ser impasible.


Pero es inútil. Muchos albañiles
se han volado los sesos con pistolas,
de pura desesperación. En los dentistas, el porcentaje es más alto.
Quizá sea en lugar de, el escribir poesía.
Quizá esa sarta de palabras,
que ahora sale de él cual vena despellejada,
es lo que lo mantiene atado
a unos metros cuadrados de esta tierra.

Así que sigues mirando, mientras se desolla a sí mismo
en un éxtasis de auto-reproche,
ahora ya está en ropa interior,
lleva una saya de crin y unas cadenas
-fíjate bien: éstas son metáforas-
y comprendes que, al fin y al cabo,
tiene una destreza inconsciente, como hacer collares de cuentas
o destripar una caballa.
Existen técnicas o trucos para ello.

Pero en el momento en que te sientes engañado,
su voz se interrumpe de forma abrupta. Asiente levemente
y sonríe, hace una pausa;
y tú sientes el aliento que respiras
como un puño de aire que te golpea,
y te unes al aplauso.

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



UNA MUJER POBRE APRENDE A ESCRIBIR

Está en cuclillas, los pies desnudos,
abiertos, sin
gracia; la falda metida alrededor de los tobillos.

Tiene la cara marchita y agrietada.
Parece vieja,
más vieja que nadie.

Probablemente tiene treinta años.
Sus manos, también arrugadas y agrietadas,
garabatean con torpeza. Su pelo está escondido.

Escribe con un palo, laboriosamente,
en la tierra húmeda y gris,
mientras frunce, con ansiedad, el ceño.

Escribe letras grandes, anchas.
Ahí está, terminada,
su primera palabra hasta ahora.

Nunca pensó que podría hacerlo,
ella, no.
Eso era para otros.

Mira hacia arriba, sonríe
como disculpándose,
pero no lo hace; esta vez, no; ahora sí lo hizo bien.

¿Qué está escrito en el barro?
Su nombre. No podemos leerlo.
Pero lo podemos adivinar. Mira su cara:

¿Es una Flor gozosa? ¿Radiante? ¿Sol reflejado en el Agua?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



ACTIVIDADES POSIBLES

Podrías sentarte en la silla y rebuscar en el lenguaje
como si fuera un bol de guisantes.
Mucha gente lo hace.
Podrías ser instructivo.
No necesitas ni siquiera silla,
con el aire harías juegos malabares.

Podrías hurgar con un palo en la alambrada
de tu cerebro, ese que guardas encerrado arriba,
que se agazapa malhumorado como una vieja tortuga
y te observa, aletargado y ciego.
Podrías provocarlo de esta forma,
hacer que se equivoque y piense,
y que emita un graznido
que llamarías verdad.
Una actividad inofensiva,
como hacer punto,
hasta que llegas demasiado lejos
y otros sacan sogas y cerillas.

O podrías hacer otra cosa,
algo más sociable,
más apropiado para un grupo.
Muchos también lo practican.
Les gustan las multitudes y los gritos,
les gusta la adrenalina.

Agáchate. Consigue una cortina opaca.
Finge que no estás en casa.
Finge que eres sorda y muda.
¡Mira: horcas y antorchas!
A juzgar por las viejas fotos,
las cosas podrían ir peor.

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



RESPONSABLE

¿Cómo me hice tan responsable? ¿Es que siempre fui así?
De niña iba por casa con una escoba y un recogedor de miniatura,
barriendo migas que no había tirado yo,
o en el jardín, con un rastrillo de juguete,
arrancaba las malas hierbas de otros
-las migas volvían a caer, las hierbas crecía, pese a mis esfuerzos-,
y siempre con un gesto de reproche
por la negligencia de los otros, y por ser una esclava.
Yo no hacía esas tareas por voluntad propia.
Quería estar en el río, o bailando,
pero había algo que me agarraba por el cuello.
Ésa soy yo también, años después, hecha una pena y ojerosa,
porque el trabajo que había que terminar no estaba acabado, y trasnochaba,
gruñona como una serpiente, tomando mucho café
y lo que es más, en medio de esos grupos que se quejan
y refunfuñan, y de la súplica de siempre:
¡Alguien tiene que hacer algo!,
ahí estaba mi mano alzándose.

Pero he dimitido. He enterrado ese eco que me agarraba.
He decidido llevar gafas de sol, y un collar
adornado con la dorada palabra NO,
y comer flores que no planté yo.
Aún así, ¿por qué me siento tan responsable
por el llanto de las casas hechas añicos,
por los defectos congénitos y las guerras injustas,
y la suave, insoportable tristeza
que se filtra desde las estrellas remotas?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



ALGÚN DÍA ALCANZARÁS...

Algún día alcanzarás una curva en tu vida.
El tiempo se combará como el viento
y, tras esto, los jóvenes
ya no se sentirán intimidados por ti
tal y como deberían sentirse,

como era cuando tenías cincuenta años menos
y una mirada feroz como el invierno,
y guardabas las almas humanas en frascos de jarabe
y podías hacer que los perros estallaran en llamas.

En lugar de miedo, te dedicarán
una especie de respeto obediente
que, en realidad, no es serio
y te verás a ti misma como un objeto
de jocosidad secreta,
como un absurdo y costoso sombrero.
Los ojos rutilantes de los viejos no son alegres,

o si lo son, tienen la alegría
de las cosas que no tienen poder:
el papel pintado de flores rosas,
los capullos en búcaros, mariposas
ebrias de peras en fermento o
borrachos de los bajos fondos.

Borrachos de los bajos fondos, que cantando
-se me olvidaba añadirlo-.

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



HAS OÍDO AL HOMBRE QUE AMAS

Has oído al hombre al que amas
hablando consigo mismo en el cuarto de al lado.
No sabía que le escuchabas.
Pegaste el oído al muro
pero no conseguías captar las palabras,
sólo una especie de ruido sordo.
¿Estaba enfadado? ¿Estaba maldiciendo?
¿O era una especie de comentario
como una larga y críptica nota al pie en una página de versos?
O buscaba algo que había extraviado,
como las llaves del coche?
Entonces, de repente, se puso a cantar.
Te asustaste
porque era algo nuevo,
pero no abriste la puerta, no entraste,
y siguió cantando con su voz grave, desafinada,
densa y dura como el brezo.
La canción no era para ti, no te mencionaba.
Tenía otra fuente de contento,
nada que ver contigo en absoluto,
era un hombre desconocido, que canta en su cuarto, solo.
¿Por qué te sentiste tan dolida, y tan curiosa,
y al mismo tiempo tan feliz,
y también tan libre?

MARGARET ATWOOD (De “La puerta”, 2007)
(Traducción de María Pilar Somacarreras Íñigo)



UNA NIÑA TRISTE

Estás triste porque estás triste.
Es psíquico. Es la edad. Es químico.
Ve a ver a un psiquiatra o toma una píldora,
o abraza a tu tristeza como una muñeca sin ojos
que necesitas para dormir.

Bueno, todos los niños están tristes
pero algunos lo superan.
Cuenta tu consentimiento. Mejor que eso,
compra un sombrero.
Compra un abrigo o una mascota.
Acepta el baile para olvidar.

¿Olvidar qué?
Tu tristeza, tu sombra,
lo que fuera que te hicieran
el día de la fiesta del jardín
cuando entraste enrojecida por el sol,
tu malhumorada boca con azúcar,
y en tu vestido nuevo con cintas
la mancha de helados,
te dijiste a tí misma en el baño,
Yo no soy la chica favorita.

Querida, cuando viene lo incorrecto
y la luz falla y la bruma arrolla
quedas atrapado en tu cuerpo derrumbado
bajo de una manta o un coche en llamas,

y la llama roja se está filtrando
fuera de ti y encendiendo el asfalto
junto a tu cabeza ,
o bien el piso, o de lo contrario la almohada,
ninguno de nosotros es,
o todos somos nosotros mismos.

MARGARET ATWOOD


.




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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Mar 18 Mar 2014, 21:44

Pedro, muy reales estas historias.
Gracias por compartirlas.

Aquí comparto algunas:

TUS HIJOS SE CORTAN LAS MANOS

Tus hijos se cortan las manos
al acercarse a través del espejo
a donde el ser amado solía guarecerse.

No te lo esperabas,
creías que querían ser felices,
no llenarse de heridas.

Creías que la felicidad
les llegaría simplemente, sin esfuerzo
y sin ningún trabajo,

como el canto de un pájaro,
o una flor en el sendero,
o un banco de peces del color de la
plata;

pero ahora se han herido
con el amor, y lloran en secreto,
e incluso tus manos están entumecidas;
porque no puedes hacer nada,
porque no les dijiste que no lo
hicieran,
pues no creías
que fuera necesario,
y ahora te encuentras todo el cristal
roto
y tus hijos, con las manos
ensangrentadas,

aún se aferran a las lunas y a los
ecos,
al vacío y las sombras,
de la misma manera que tú lo hiciste entonces.

----------------

HONGOS

IV


No sólo
los recojo para comer,
sino por el placer de recogerlos y porque
huelen a muerte y a las pieles
de cera de los recién nacidos,
carne hecha tierra, tierra hecha carne.

He aquí un puñado
de sombra que te he devuelto:
la podredumbre, la esperanza, un bocado
de estiércol, la poesía.

----------------

DELETREO
(fragmentos)


*
Vuelvo a la historia
de la mujer atrapada en la guerra
durante su parto, sus muslos atados
con fuerza por el enemigo
para que no pueda dar a luz.

*

Antepasada: la bruja en la hoguera,
su boca cubierta por cuero
para estrangular las palabras.

Una palabra tras una palabra
tras una palabra, es poder.

*

En el punto en que el lenguaje cae
de los huesos calientes, ese momento
en que la roca se abre y la tiniebla
fluye como la sangre, en
el punto en que el granito se derrite,
cuando los huesos saben
que están huecos y la palabra
se parte y se dobla y dice
la verdad y el cuerpo
mismo se vuelve boca.

Esto es una metáfora.

-------------------

HOTEL

Me despierto a oscuras
en una habitaicón extraña.
Hay una voz en e ltecho
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;
ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire alrededor y encuentra
espacio. Al final, me

penetra y se vuelve mía.

---------------------

UN ASUNTO DE MUJERES

La mujer del aparato con púas,
agujereado como un colador, que le aprisiona
la cintura y el espacio entre las piernas
es la Prueba A.

La mujer de negro que mira a través
de una celosía y tiene una estaca
de madera de diez centímetros metida
entre las piernas para que no la puedan violar,
es la Prueba B.

La Prueba C es la muchacha
que las matronas arrastran al monte
y obligan a cantar mientras sajan la carne
de entre sus piernas, luego atan sus muslos,
hasta que le salen costras y la creen curada.
Ahora puede casarse.
Para cada nacimiento la abrirán
en canal, luego la coserán.

A los hombres les gustan las mujeres bien apretadas.
Las que mueren son enterradas con cuidado.

La siguiente prueba yace sobre su espalda,
mientras ochenta hombres cada noche
se mueven a través de ella, diez cada hora.
Mira al techo, escucha
cómo la puerta se abre y se cierra.
Un timbre sigue sonando.
Nadie sabe cómo llegó hasta aquí.

Verás que lo que tienen en común
está entre las piernas. ¿Por esto
se lucha en las guerras?
Territorio enemigo, tierra de
nadie, que se penetra furtivamente,
cercada, poseída, pero nunca con certeza;
escenario de estas incursiones desesperadas
a medianoche, capturas
y crímenes viscosos, guantes de médicos
grasientos de sangre, carne inerte, fuente
del inquietante poder que posees.

Este lugar no es un museo.
¿Quién inventó la palabra amor?

-------------
TORTURA

¿Qué sucede en los silencios
de esta conversación?
Esa que trata de la libertad
y la política y la falta de pasión.

Sólo esto: pienso en la mujer
que no mataron,
sino que le cosieron
la cara; le taparon la boca hasta dejar
un agujero como una paja,
y la devolvieron a la calle,
un signo mudo.

No importa dónde
lo hicieron o por qué, o si
lo hizo un partido u otro;
esas cosas se hacen en cuanto
existen los partidos.

Y no sé si los hombres buenos
con sus flamantes vidas existen
gracias a esta mujer o a pesar
de ella.
Pero un poder
como ése no es abstracto,
no tiene que ver con la política
ni con la libertad, va más allá de lemas de partidos;
y respecto a la pasión, he aquí
su intrincada negación:
ese cuchillo que te arranca los amantes
de la carne como tumores,
dejándote sin pechos
y sin nombre,
plana, sin sangre, tu propia voz
cauterizada por tanto dolor;

un cuerpo desollado que desatan
cuerda por cuerda y cuelgan
de la pared, un estandarte
desplegado por el mismo motivo
que las banderas.


Traducción: María Pilar Somacarrera



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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Maria Lua el Sáb 12 Abr 2014, 11:07

Gracias, Pedro por la biografía
y por los poemas de Margaret Atwood...
No la conocía, ya empezé a leer lo
que deajaste...
Besos
Maria Lua


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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasíón
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente...


Maria Lua






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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Vie 09 Mayo 2014, 11:57

Te leí desde el comienzo pero esperaba más de tus aportes pero como sabes que soy una "copiona", aquí te sigo:

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LA PUERTA

La puerta oscila y se abre,
miras adentro.
Está oscuro allí,
no hay nada que tú quieras:
seguramente, arañas.
Sientes miedo.
La puerta oscila y se cierra.
La luna llena brilla,
repleta de un néctar delicioso,
tú compras un portamonedas,
el baile es agradable.
La puerta se abre
y oscilando se cierra velozmente,
tú no te fijas.

El sol sale,
tú tomas un desayuno rápido
con tu esposo, que sigue delgado,
lavas los platos,
amas a tus hijos,
lees un libro,
vas al cine.
Llueve mesuradamente.


La puerta se balancea y se abre,
Miras adentro:
¿por qué esto sigue sucediendo?
¿hay un secreto?
La puerta se balancea y se cierra.


La nieve cae,
Abres paso respirando con fuerza;
no es tan fácil como lo fue una vez.
Tus hijos llaman a veces.
El tejado necesita una reparación.
Te mantienes ocupada.
La primavera comienza.


La puerta oscila y se abre:
Está oscuro allí,
Con muchos escalones hacia abajo.
¿Pero qué es lo que brilla?
¿Es agua?
La puerta oscila y se cierra


El perro ha muerto.
Esto pasó antes.
Tú conseguiste otro, aunque no ahora.
¿Dónde está tu esposo?
Abandonaste el jardín.
Ya era demasiado.


En la noche hay cobijas;
sin embargo te desvelas.


La puerta oscila y se abre:
Oh, dios de las bisagras,
dios de las largas travesías,
tú has mantenido la fe.
Está oscuro allí.
Tú te confías a las sombras.
Te haces cargo.
La puerta oscila y se cierra.



Traducción : Francia Rosa Calzadilla.

---------------

"LUGARES COMUNES"

"APUNTES PARA UN POEMA QUE NUNCA SE PODRÁ ESCRIBIR"
para Carolyn Forché


Éste es el lugar
del que preferirías no saber nada;
es el lugar que vivirá en ti;
es el lugar que no puedes imaginar;
es el lugar que al final va a derrotarte,

donde la expresión por qué se marchita y se agota
a sí misma. Esto es el hambre.
II
No hay poema que se pueda escribir
sobre ello: las fosas de arena
donde tantos fueron sepultados
y desenterrados, con el dolor
insufrible trazado aún en sus rostros.

No sucedió el año pasado
o hace cuarenta años, sino la semana pasada.
Ha sucedido hasta ahora,
sucede todos los días.

Trenzamos coronas de adjetivos para ellos;
los contamos como cuentas de rosario;
los volvemos números y letanías
y poemas como éste.

No sirve de nada.
Se quedan como están.
III
La mujer yace sobre el pavimento húmedo
bajo la luz perenne,
con las arcas de agujas en sus brazos hechas
para matar su cerebro,
y se pregunta por qué muere.

Muere porque ha hablado.
Muere por causa de la palabra.
Su cuerpo, en silencio
y sin dedos, escribe este poema.
IV
Recuerda a una operación
pero no lo es,

ni, pese a las piernas abiertas, los gritos
y la sangre, se trata de un parto.

En parte es su trabajo,
en parte es un alarde de pericia,
como un concierto.

Puede hacerse mal
o bien, se dicen a sí mismos.

En parte es un arte.
V
Ver con claridad los hechos de este mundo
es ver a través de las lágrimas;
¿por qué decirme entonces
que mis ojos no ven bien?

Ver claramente y sin estremecerse
sin apartar la vista,
esto es una agonía, como tener los ojos abiertos
a cinco centímetros del sol.

¿Qué ves entonces?
¿Es un mal sueño, una alucinación?
¿Una visión?
¿Qué es lo que oyes?
La cuchilla atravesando el ojo
es un detalle de una vieja película.
Es también una verdad.
Dar testimonio de tu saber.
VI
En este país puedes decir lo que quieras
porque de todas formas nadie te escuchará;
estás a salvo: en este país puedes intentar escribir
el poema que nunca podrá ser escrito;
el poema que no inventa
nada y no excusa nada;
porque tú te la inventas y te excusas cada día.

En otros lugares, este poema no es una invención.
En otros lugares, este poema necesita valor.
En otros lugares, este poema debe ser escrito
porque los poetas ya están muertos.

En otros lugares, debes escribir este poema
como si ya estuvieras muerta,
como si nada más pudiera hacerse
o decirse para salvarte.

En otros lugares debes escribir este poema
porque ya no se puede hacer nada más.


(Historias Reales) Margaret Atwood.

------------------

"COMIENZAS"

Comienzas así:

ésta es tu mano
éste es tu ojo,
ése es un pescado, plano y azul
dibujado en el papel, casi
con la misma forma de un ojo.
Ésta es tu boca, ésta es una O
también podría ser la luna, como
tú quieras. Éste es el amarillo.

Afuera, si miras por la ventana,
está la lluvia, es verde
porque es verano, y más allá
están los árboles y el mundo:
es redondo y sólo posee
los colores de estos nueve crayones.

Éste es el mundo, más grande
y mucho más difícil de comprender
que lo que he dicho.
Entiendo que lo rayonees así
con el color rojo y después
con el naranja: el mundo se está incendiando.

Una vez que hayas aprendido estas palabras
aprenderás que hay más palabras
que las que puedes aprender.
La palabra mano flota sobre tu mano
como una nube pequeña sobre un lago.
La palabra mano aferra
tu mano a la mesa,
tu mano es una piedra tibia
que sostengo entre dos palabras.

Ésta es tu mano, éstas son mis manos, éste es el mundo
no es plano, es redondo, y tiene más colores
que los que podemos ver.

Tuvo un principio y ha de terminar.
Esta revelación ha de alcanzarte.
Ésta es tu mano.

[Versión de Óscar Paúl Castro. Culiacán, 1979]
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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Vie 09 Mayo 2014, 12:03

Devuélvenos a Mamá: Una invocación

Devuélvenos a Mamá,
la Mamá que horneaba pan, con su delantal de cuadros almidonado
como los que le cosimos
en clase de costura
y le regalamos
el Día de la Madre —

Mamá, que no tenía trabajo
porque, para qué iba a necesitarlo,
que nos preparaba el almuerzo —
el bocadillo de atún, la manzana,
las galletas de avena envueltas en papel de cera —
con la goma elástica que había guardado en un tarro;
que siempre estaba en casa cuando llegábamos
planchando
o algo igual de aburrido.

que sonreía la sonrisa débil de un esclavo
cuando pasábamos de largo,
directos al teléfono,
llenos de mal genio y desprecio
y la determinación de no ser nunca como ella.

Devuélvenos a Mamá.
que quería ser pianista
pero no tuvo la oportunidad
y nos obligó a recibir clases de piano,
que no nos gustaban —

Mamá, cuyos roscos
y ensaladas de gelatina comíamos con avaricia
y luego criticábamos —
la Mamá asadora, experta en cebollas,
aunque nerviosa ante el ajo,
que recibía una sartén nueva
de nuestra parte todas las Navidades —
justo lo que quería —

Mamá, su boca manchada de pintalabios
sonriendo en blanco y negro en los
anuncios de detergente, los anuncios de aspirinas, los anuncios de papel higiénico,
Mamá, con su vida secreta
de dolores de cabeza y platos sucios
y membranas irritadas —
Mamá, que conocía la suciedad
y escondía la suciedad, y hacía el trabajo sucio,
y nunca se vio a sí misma
ni a nosotros lo suficientemente limpios—

y que creía
que había otras suciedades
que no deberías contar a los niños,
y no las contaba,
lo que resultaba peligroso más tarde.

Te echamos de menos Mamá
aunque eras vilipendiada
en revistas y libros
por arruinar a tus hijos
—esos somos nosotros -
no queriéndoles lo suficiente
queriéndoles demasiado
queriendo demasiado amor de ellos,
por algún fallo del amor—

(Mamá, cuyo marido le dejó
por su secretaria y pagó la pensión alimenticia,
Mamá, que bebía sola
por las tardes, viendo la televisión,
que se teñía el pelo de un imposible
tono de rojo, que flirteaba
con los maridos de sus amigas en las fiestas,
intentando por todos los medios
no hundirse por debajo de la línea
entre el “alegra esa cara” y la desesperación—

y que fue llevada
y encerrada, porque un día
empeó a gritar y no paró
e hizo algo muy malo
con las tijeras de la cocina—

Pero esa no eras tú, tú no, no
la Mamá que teníamos en mente, era
la señora loca del otro lado de la calle—
era sólo una señora
que se convirtió en víctima
de accidentes no vistos
y luego una historia espeluznante…)

Vuelve, vuelve, oh Mamá,
de la locura o la muerte
o nuestro recuerdo dañado—
aparece tal como eras:

La reina de la plancha de gofres,
generosa expendedora de pasta de dientes,
hechicera del Mercurocromo,
jugadora de partidas de bridge
en los que ganabas paños de cocina como segundo premio.
empolladora del huevo zurcido
del que no salían más que calcetines,
hervidora de horribles copos de avena—
vuelve a subir al paquete de harina repostera,
dinámica y competente, como solías parecer—

Ojalá pudiéramos llamarte—
¡Mamá! ¡Mamá!
vendrías taconeando
con tus tacones cubanos de todos los días
oliendo a fregadero y a lilas
(tu culo embutido en la prenda básica
que te quitarías por la noche
exhalando un suspiro como un pantano),
y dirías, Qué pasa ahora,
y podríamos atraparte
en una red, y enjaularte
en tu bungalow, donde perteneces,
y obligarte a quedarte—

Entonces todo iría bien
como cuando podíamos jugar
hasta después del anochecer las tardes de primavera
y luego dormir sin miedo
porque tú te ponías frente al miedo
y lo parabas con tu cuerpo—

Y ahí estarás, con tu bata de algodón,
sujetando una pinza de la ropa de madera
entre los dientes, mientras la colada aletea
en el tendal que una vez consideraste
utilizar para colgarte—

¡pero olvidate de eso! Allí estarás,
cantando una canción de tu juventud
como si no hubiera pasado el tiempo,
y podemos ser despreocupados de nuevo,
y sentir vergüenza ante ti,
e ignorarte como solíamos,

y todos los agujeros del mundo serán remendados

-----------------

VARIACIÓN SOBRE LA PALABRA SUEÑO

Me gustaría mirarte dormir,
algo que tal vez no suceda.
Me gustaría mirarte,
durmiendo. Me gustaría dormir
con vos, entrar
en tu sueño mientras su ola suave y oscura
resbala sobre mi cabeza
y caminar con vos por ese bosque
luminoso, oscilante, de hojas verdeazules
con su sol acuoso & sus tres lunas
hasta la cueva donde tenés que descender,
hasta el peor de tus miedos

me gustaría darte la rama
de plata, la pequeña flor blanca, la única
palabra que te va a proteger
del dolor en el centro
de tu sueño, desde el dolor
en el centro me gustaría seguirte
por la larga escalera
otra vez & transformarme
en la barca que cuidadosamente te traerá
de regreso, como una llama
entre dos manos juntas,
hasta donde tu cuerpo duerme
al lado mío, y cuando entres en él
con la facilidad de la respiración

me gustaría ser el aire
que te habita sólo un
momento. Me gustaría ser así de anónima
& así de necesaria.


VARIACIONES SOBRE LA PALABRA AMOR


Esta es una palabra que usamos para tapar
agujeros. Tiene el tamaño exacto de esos acalorantes
baches del discurso, de esos espacios
con forma de corazón rojo en la página, que nada se parecen
a corazones de verdad. Ponele un moño
y podés venderla.
Incluso la insertamos en el único
casillero vacío del formulario impreso
sin instrucciones. Hay revistas enteras
sin mucho más adentro
que la palabra amor, te la podés
frotar en todo el cuerpo y
usarla también para cocinar ¿Cómo saber
que no es lo que le sigue a las heladas
orgías de las babosas bajo
los cartones mojados? En cuanto a los brotes
de maleza que asoman sus morros prepotentes
entre las lechugas, la gritan.
¡Amor! ¡Amor! cantan los soldados, alzando
sus sables lustrosos como saludo.

Después estamos
nosotros dos. Esta palabra
nos queda demasiado corta, tiene sólo
cuatro letras, muy poco
para llenar esos dos hondos vacíos
desnudos entre las estrellas
que nos aplastan con su sordera.
No es el amor en lo que no queremos caer
sino en ese miedo.
Esta palabra no es suficiente pero tendrá
que ser. Es una sola
vocal en este silencio
metálico, una boca que dice
una y otra vez oh, con dolor
y con asombro, una respiración, un dedo
aferrado a la cornisa. Podés
agarrarte o dejarte caer.


Versiones en castellano de Sandra Toro
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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Vie 09 Mayo 2014, 12:09

Variación de la palabra sueño
(otra versión)



Me gustaría verte dormir,
lo cual podría no suceder.
Me gustaría observarte,
durmiendo. Me gustaría dormir
contigo, entrar
en tu sueño mientras su ola oscura y suave
se desliza sobre mi cabeza

y caminar contigo por ese radiante
ondulante bosque de hojas verdeazules
con su acuoso sol y tres lunas
hacia la gruta donde debes descender,
hacia tu peor miedo.

Me gustaría darte la rama
plateada, la florcilla blanca, la única
palabra que te protegerá
del dolor en el centro
de tu sueño, del dolor
en el centro. Me gustaría seguirte
al subir la extensa escalera
otra vez y convertirme
en la barca que te llevará de vuelta
con cautela, una llama
en dos manos ahuecadas
donde reposa tu cuerpo
a mi lado, y mientras entras
en ella con esa tranquilidad

me gustaría ser el aire
que habita en ti solo
por un momento. Me gustaría ser así tan inadvertida
y tan necesaria.

--------------

Esta es una foto mía


Fue tomada hace algún tiempo.
Al principio parece
una copia
borrosa: líneas imprecisas y manchas grises
dobladas con el papel;

luego, al escrutarla,
ves en la esquina izquierda
algo así como una rama: parte de un árbol
(bálsamo o abeto) que sobresale
y, a la derecha, en la parte superior, al centro
lo que puede ser una plácida
ladera, una pequeña casa de madera.

En el fondo hay un lago,
y detrás de éste pequeñas colinas.

(La foto fue tomada
el día después de que me ahogara.

Yo estoy en el lago, en el centro
de la imagen, justo debajo de la superficie.

Es difícil decir dónde
precisamente, o decir
cuán grande o pequeña soy:
el efecto del agua
en la luz es una distorsión

pero si miras lo suficiente,
al final
podrás verme.)
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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Mar 27 Mayo 2014, 21:37

Seguimos Pedro...

Al fin y al cabo, eres bastante

normal: dos brazos, dos piernas

una cabeza, un cuerpo

aceptable, dedos en los pies y en las manos, a veces

excéntrico, a veces sincero

pero no demasiadas veces, demasiados

aplazamientos y excusas pero

te adaptarás a todo, cumpliendo

con los plazos y con las otras

personas, fingiendo amar

a la mujer que no debes durante algún

tiempo, escuchando a tu cerebro

encogerse, tus diarios

extendiéndose mientras te haces mayor,

haciéndote mayor, por supuesto

morirás, pero aún no, sobrevivirás

incluso a mis ideas distorsionadas sobre ti

y no quiero hacer

nada para solucionarlo

tu desdicha y tu enfermedad

no estás enfermo ni eres desdichado

sólo estás vivo condenado a estarlo.


-------------------

"NOCTURNO"

No hay nada que temer,
es sólo el viento
que ahora sopla hacia el este, es sólo
tu padre..........el trueno
tu madre..........la lluvia
En este país de agua
con su luna ocre y húmeda como un champiñón,
sus muñones ahogados y sus pájaros largos
que nadan, donde crece el musgo
por todo el tronco de los árboles
y tu sombra no es tu sombra
sino un reflejo,
tus padres verdaderos desaparecen
al bajar la cortina
y quedamos los otros,
los sumergidos del lago
con nuestras cabezas de oscuridad
de pie ahora y en silencio junto a tu cama...
Venimos a arroparte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y susurros distantes.
Te meces en los brazos de la lluvia,
el arca fría de tu sueño,
mientras aguardamos, tu padre
y madre nocturnos,
con las manos heladas y una linterna muerta,
sabiendo que somos solamente
las sombras vacilantes que proyecta
una vela, en este eco
que oirás veinte años más tarde.

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Re: Margaret Atwood

Mensaje por Evangelina Valdez el Mar 27 Mayo 2014, 21:41

CORAZÓN

Traducido por Adriana Lisboa

Algunas personas venden sangre. ¿Venden corazón.
Era eso o el alma.
La parte difícil está tomando la mierda dentro.
Una especie de giro, como tomar una concha de ostra,
su columna un puño,
y luego Upa! oye, en la boca.
Que a su vez parte de adentro hacia afuera
como una anémona de mar toser una piedra.
Hay un corto splash, ruido fuerte
intestinal caer en un cubo de pescado,
y ahí está, un gran coágulo de brillante color rojo oscuro
del pasado sigue viviendo, todo el plato.

Pasarlo alrededor. Es resbaladizo. Drop-in,
sino también la experiencia. Rough otro dice. Demasiado salado.
Sour también, dice otro, haciendo una mueca.
Cada uno es un gourmet momentánea,
y que está ahí escuchando todo esto
en la esquina, como camarero de nuevo ingreso,
la parte reservada y competente en la herida oculta
la parte inferior de la camisa y el pecho,
tímidamente, sin corazón.


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