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FRANCISCO DE QUEVEDO

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Pedro Casas Serra
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Re: FRANCISCO DE QUEVEDO

Mensaje por Pedro Casas Serra el Sáb 16 Ene 2016, 14:31

.


Romance burlesco de Quevedo:


“Pariome adrede mi madre,
¡ojalá no me pariera!,
aunque estaba cuando me hizo
de gorja Naturaleza.
Dos maravedís de luna
alumbraban a la tierra,
que por ser yo el que nacía
no quiso que un cuarto fuera.
Nací tarde, porque el sol
tuvo de verme vergüenza,
en una noche templada,
entre clara y entre yema.
Un miércoles con un martes
tuvieron grande revuelta
sobre que ninguno quiso
que en sus términos naciera.
Nací debajo de Libra,
tan inclinado a las pesas,
que todo mi amor le fundo
en las madres vendederas.
Diome el León su cuartana,
diome el Escorpión su lengua,
Virgo el deseo de hallarle,
y el Carnero su paciencia.
Murieron luego mis padres;
Dios en el cielo los tenga,
porque no vuelvan acá
y a engendrar más hijos vuelvan.
Tal ventura desde entonces
me dejaron los planetas,
que puede servir de tinta
según ha sido de negra.
Porque es tan feliz mi suerte,
que no hay cosa mala o buena
que aunque la piense de tajo
al revés no me suceda.
De estériles soy remedio,
pues con mandarme su hacienda
les dará el cielo mil hijos
por quitarme las herencias.
Y para que vean los ciegos,
pónganme a mí a la vergüenza,
y para que cieguen todos
llévenme en coche o litera.
Como a imagen de milagros
me sacan por las aldeas:
si quieren sol, abrigado,
y desnudo porque llueva.
Cuando alguno me convida
no es a banquete ni a fiestas,
sino a los misacantanos,
para que yo les ofrezca.
De noche soy parecido
a todos cuantos esperan
para molerlos a palos,
y así, inocente, me pegan.
Aguarda hasta que yo pase
si ha de caerse, una teja;
aciértanme las pedradas,
las curas sólo me yerran.
Si a alguno pido prestado,
me responde tan a secas,
que en vez de prestarme a mí
me hace prestar paciencia.
No hay necio que no me hable,
ni vieja que no me quiera,
ni pobre que no me pida,
ni rico que no me ofenda.
No hay camino que no yerre,
ni juego donde no pierda,
ni amigo que no me engañe,
ni enemigo que no tenga.
Agua me falta en el mar
y la hallo en las tabernas,
que mis contentos y el vino
son aguados dondequiera.
Dejo de tomar oficio
porque sé por cosa cierta
que en siendo yo calcetero
andarán todos en piernas.
Si estudiara medicina,
aunque es socorrida ciencia,
porque no curara yo
no hubiera persona enferma.
Quise casarme estotro año
por sosegar mi conciencia,
y dábanme un dote al diablo
con una mujer muy fea.
Si intentara ser cornudo
por comer de mi cabeza,
según soy de desgraciado
diera mi mujer en buena.
Siempre fue mi vecindad
mal casados que vocean,
herradores que madrugan,
herreros que me desvelan.
Si yo camino con fieltro
se abrasa en fuego la tierra,
y en llevando guardasol
está ya de Dios que llueva.
Si hablo a alguna mujer
y la digo mil ternezas,
o me pide o medespide,
que en mí es una cosa mesma.
En mí lo picado es roto,
ahorro cualquier limpieza,
cualquiera bostezo es hambre,
cualquiera color vergüenza.
Fuera un hábito en mi pecho
remiendo sin resistencia,
y peor que besamanos
en mí cualquiera encomienda.
Para que no estén en casa
los que nunca salen de ella,
buscarlos yo solo basta,
pues con eso estarán fuera.
Si alguno quiere morirse
sin ponzoña o pestilencia,
proponga hacerme algún bien
y no vivirá hora y media.
Y a tanto vino a llegar
la adversidad de mi estrella,
que me inclinó que adorase
con mi humildad tu soberbia.
Y viendo que mi desgracia
no dio lugar a que fuera,
como otros, tu pretendiente,
vine a ser tu pretenmuela.
Bien sé que apenas soy algo;
mas tú, de puro discreta,
viéndome con tantas faltas,
que estoy preñado sospechas.”
Aquesto Fabio cantaba
a los balcones y rejas
de Aminta, que aun de olvidarle
le han dicho que no se acuerda.


.


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Re: FRANCISCO DE QUEVEDO

Mensaje por Pedro Casas Serra el Dom 17 Ene 2016, 07:11

.


Un romance satírico de Quevedo:


De un molimiento de huesos
a puros palos y piedras,
don Quijote de la Mancha
yace doliente y sin fuerzas,
tendido sobre un pavés,
cubierto con su rodela,
sacando como tortuga
de entre conchas la cabeza.
Con voz roída y chillando,
viendo el escribano cerca,
ansí, por falta de dientes,
habló con él entre muelas.
“Escribid, buen caballero,
que Dios en quietud mantenga,
el testamento que fago
por voluntad postrimera.
Y en lo de “su entero juicio”,
que ponéis a usanza vuesa,
basta poner “decentado”,
cuando entero no le tenga.
A la tierra mando el cuerpo,
coma mi cuerpo la tierra,
que según está de flaco
hay para un bocado apenas.
En la vaina de mi espada
mando que llevado sea
mi cuerpo, que es ataúd
capaz para su flaqueza.
Que embalsamado me lleven
a reposar a la iglesia,
y que sobre mi sepulcro
escriban esto en la piedra:
“Aquí yace don Quijote,
el que en provincias diversas
los tuertos vengó y los bizcos,
a puro vivir a ciegas”.
A Sancho mando las islas
que gané con tanta guerra,
con que si no queda rico
aislado a lo menos queda.
Item, al buen Rocinante
dejo los prados y selvas
que crió el Señor del cielo
para alimentar las bestias;
mándole mala ventura
y mala vejez con ella,
y duelos en que pensar
en vez de piensos y yerba.
Mando que al moro encantado
que me maltrató en la venta,
los puñetes que me dio
al momento se le vuelvan.
Mando a los mozos de mulas
volver las coces soberbias
que me dieron, por descargo
de espaldas y de conciencias.
De los palos que me han dado,
a mi linda Dulcinea,
para que gaste el invierno
mando cien cargas de leña.
Mi espada mando a una escarpia,
pero desnuda la tenga,
sin que a vestirla otro alguno
si no es el orín, se atreva.
Mi lanza mando a una escoba
para que puedan con ella
echar arañas del techo
cual si de san Jorge fuera.
Peto, gola y espaldar,
manopla y media visera,
lo vinculo en Quijotico,
mayorazgo de mi hacienda.
Y lo demás de los bienes
que en este mundo se quedan,
lo dejo para obras pías
de rescate de princesas.
Mando que en lugar de misas,
justas, batallas y guerras
me digan, pues saben todos
que son mis misas aquestas.
Dejo por testamentarios
a don Belianís de Grecia,
al Caballero del Febo,
a Esplandián el de las Xergas”.
Allí fabló Sancho Panza,
bien oiréis lo que dijera,
con tono duro y de espacio,
y la voz de cuatro suelas:
“No es razón, buen señor mío,
que cuando vais a dar cuenta
al Señor que vos crió
digáis sandeces tan fieras.
Sancho es, señor, quien vos fabla,
que está a vuesa cabecera
llorando a cántaros, triste,
un turbión de lluvia y piedra.
Dejad por testamentarios
al cura que vos confiesa,
al regidor Per Antón
y al cabrero Gil Panzueca.
Y dejaos de Esplandiones,
pues tanta inquietud nos cuestan,
y llamad a un religioso
que os ayude en esta brega”.
“Bien dices -le respondió
don Quijote con voz tierna-,
ve a la Peña Pobre y dile
a Beltenebros que venga.”
En esto la Extremaunción
asomó ya por la puerta,
pero él, que vio al sacerdote
con sobrepelliz y vela,
dijo que era el sabio proprio
del encanto de Niquea,
y levantó el buen hidalgo
por hablarle la cabeza.
Mas viendo que ya le faltan
juicio, vida, vista y lengua,
el escribano se fue
y el cura se salió afuera.


.


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Re: FRANCISCO DE QUEVEDO

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 18 Ene 2016, 07:19

.


Un romance satírico de Quevedo:

Medio día era por filo,
que rapar podía la barba,
cuando después de mascar
el Cid sosiega la panza;
la gorra sobre los ojos
y floja la martingala,
boquiabierto y cabizbajo,
roncando como una vaca.
Guárdale el sueño Bermudo,
y sus dos yernos le guardan,
apartándole las moscas
del pescuezo y de la cara,
cuando unas voces, salidas
por fuerza de la garganta,
no dichas de voluntad
sino de miedo pujadas,
se oyeron en el palacio,
se escucharon en la cuadra
diciendo: “¡Guarda el león!”,
y en esto entró por la sala.
Apenas Diego y Fernando
le vieron tender la zarpa
cuando hicieron sabidoras
de su temor a sus bragas.
El mal olor de los dos
al pobre león engaña
y por cuerpos muertos deja
los que tal perfume lanzan.
A venir acatarrado
el león, a los dos mata,
pues de miedo del perfume
no les siguió las espaldas.
El menor, Fernán González,
detrás de un escaño a gatas,
por esconderse abrumó
sus costillas con las tablas.
Diego, más determinado,
por un boquerón se ensarta
a esconderse donde van
de retorno las viandas.
Bermudo, que vio el león,
revuelta al brazo la capa
y sacando un asador
que tiene humos de espada,
en la defensa se puso.
Despertó al Cid la borrasca,
y abriendo entrambos los ojos
empedrados de legañas,
tal grito le dio al león
que le aturde y le acobarda,
que hay leones enemigos
de voces y de palabras.
Envióle a su leonera
sin que le diese fianzas,
por sus yernos preguntó
receloso de desgracia.
Allí respondió Bermudo:
“Señor, no receléis nada,
pues se guardan vuesos yernos
en Castilla como Pascua”.
Y remeciendo el escaño,
a Fernán González hallan
devanado en su bohemio,
hecho ovillo en la botarga.
Las narices del buen Cid
a saberlo se adelantan,
que le trujeron las nuevas
los vapores de sus calzas.
Salió cubierto de tierra
y lleno de telarañas;
corriose el Cid de mirarlo,
y en esta guisa le fabla:
“Agachado estabais, conde,
y tenéis mucha más traza
de home que aguardó jeringa,
que del que espera batalla.
Connusco habedes yantado;
¡oh, que mala pro vos faga,
pues tan presto bajó el miedo
los yantares a las ancas!
Sacárades a Tizona,
que ella vos asegurara,
pues en vos no es rabiseca,
según la humedad que anda”.
Gil Díaz, el escudero
que al Cid contino acompaña,
con la mano en las narices
todo sepultado en bascas,
trayendo detrás de sí
a Diego, el yerno que falta,
con una mano le enseña
mientras con otra se tapa.
“Vedes aquí, señor mío,
un fijo de vuesa casa,
el conde de Carrión,
que esconde mal su crianza.
De dónde yo le he sacado,
sus vestidos vos lo parlan,
y a voces sus palominos
chillan, señor, lo que pasa.
Más cedo podréis tomar
a Valencia y sus murallas
que de ningún cabo al conde
por no haber de do le asgan.
Si no merece de yerno
el nombre por esta causa,
tenga el de servidor vueso,
pues tanta parte le alcanza.”
Sañudo le mira el Cid;
con mal talante le encara:
“De esta vez, amigos condes,
descubierto habéis la caca.
¿Pavor de un león hobistes
estando con vuesas armas,
fincando en compaña mía,
que para seguro basta?
Por san Millán, que me corro,
mirándovos de esa traza,
y que de lástima y asco
me revolvéis las entrañas.
El que de infanzón se precia
face en el pavor y el ansia
de las tripas corazón:
así el refrán vos lo canta,
mas, vos, en esta presura,
sin acatar vuesa casta,
facéis del corazón tripas,
que el puro temor vos vacia.
Ya que Colada no os fizo
valiente aquesta vegada,
fágavos colada limpio:
echaos, buen conde, en colada”.
“Calledes, el Cid, calledes,
-dijo, con la voz muy baja-,
y la cosa que es secreta
tan pública no se faga.
Si non fice valentía
fice cosa necesaria
y si probáis lo que fice,
lo tendredes por fazaña.
Mas ánimo es menester
para echarse en la privada,
que para vencer a Búcar
ni a mil leones que salgan.
Ánimo sobrado tuve...”
Mas en esto el Cid le ataja,
porque, sin un incensario,
ninguno a escuchar le aguarda.
“Id, infante, a dona Sol,
vuesa esposa desdichada,
y decidla que vos limpie
mientras yo vos busco un ama.
Y no fabéis ende más
y obedeced, si os agrada,
aquel refrán que aconseja:
la caca, conde callarla.”


.


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Re: FRANCISCO DE QUEVEDO

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 19 Ene 2016, 06:07

.


Un romance satírico de Quevedo:

Ya está guardado en la trena
tu querido Escarramán,
que unos alfileres vivos
me prendieron sin pensar.
Andaba a caza de gangas
y grillos vine a cazar,
que en mí cantan como en haza
las noches de por San Juan.
Entrándome en la bayuca,
llegándome a remojar
cierta pendencia mosquito
que se ahogó en vino y pan,
al trago sesenta y nueve,
que apenas dije “Allá va”,
me trujeron en volandas
por medio de la ciudad.
Como al ánimo del sastre
suelen los diablos llevar,
iba en poder de corchetes
tu desdichado jayán.
Al momento me embolsaron
para más seguridad
en el calabozo fuerte
donde los godos están.
Hallé dentro a Cardeñoso,
hombre de buena verdad,
manco de tocar las cuerdas
donde no quiso cantar.
Remolón fue hecho cuenta
de la sarta de la mar
porque desabrigó a cuatro
de noche en el Arenal.
Su amiga la Coscolina
se acogió con Cañamar.
Aquel que sin ser san Pedro
tiene llave universal.
Lobrezno está en la capilla;
dicen que le colgarán
sin ser día de su santo,
que es muy bellaca señal.
Sobre el pagar la patente
nos venimos a encontrar
yo y Perotudo el de Burgos:
acabóse la amistad.
Hizo en mi cabeza tantos
un jarro que fue orinal,
y yo con medio cuchillo
le trinché medio quijar.
Supiéronlo los señores,
que selo dijo el guardián,
gran saludador de culpas,
un fuelle de Satanás,
y otra mañana a las once,
víspera de San Millán,
con chilladores delante
y envaramiento detrás,
a espaldas vueltas me dieron
el usado centenar,
que sobre los recibidos
son ochocientos y más.
Fui de buen aire a caballo,
la espalda de par en par,
cara como del que prueba
cosa que le sabe mal;
inclinada la cabeza
a monseñor cardenal,
que el rebenque sin ser papa
cría por su potestad.
A puras pencas se ha vuelto
cardo mis espaldas ya,
por eso me hago de pencas
en el decir y el obrar.
Agridulce fue la mano;
hubo azote garrafal,
el asno era una tortuga,
no se podía menear.
Sólo lo que tenía bueno
ser mayor que un dromedal,
pues me vieron en Sevilla
los moros de Mostagán.
No hubo en todos los ciento
azote que echar a mal,
pero a traición me los dieron:
no me pueden agraviar.
Porque el pregón se entendiera
con voz de más claridad
trujeron por pregonero
las sirenas de la mar.
Invíanme por diez años,
¡sabe Dios quién los verá!,
a que dándole de palos
agravie toda la mar.
Para batidor del agua
dicen que me llevarán,
y a ser de tanta sardina
sacudidor y batán.
Si tienes honra, la Méndez,
si me tienes voluntad,
forzosa ocasión es esta
en que lo puedes mostrar.
Contribúyeme con algo,
pues es mi necesidad
tal, que tomo del verdugo
los jubones que me da,
que tiempo vendrá, la Méndez,
que alegre te alabarás
que a Escarramán por tu causa
le añudaron el tragar.
A la Pava del cercado,
a la Chirinos, Guzmán,
a la Zolla y a la Rocha,
a la Luisa y la Cerdán,
a mama y a taita el viejo,
que en la guarda vuestra están,
y a toda la gurullada,
mis encomiendas darás.
Fecha en Sevilla, a los ciento
de este mes que corre ya,
el menor de tus rufianes
y el mayor de los de acá.


.


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