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Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Maria Lua Mar 19 Feb 2013, 11:36

ANTOINE DE SAINT-EXUPERY
(1900-1944)

Antoine Marie de Saint-Exupery nació el 29 de junio del año 1900 en el seno de una familia acomodada de Lyon (Francia). Su padre, ejecutivo de una compañía de seguros, era Jean de Saint-Exupéry, y su madre, de gran sensibilidad artística, se llamaba Marie de Fronscolombe. Tenía cuatro hermanos.

Cuando Antoine solamente contaba con cuatro años de edad falleció su padre, lo que provocó el traslado de su familia a Le Mans en el año 1909.
Residió en el castillo de su tía, ubicado en la localidad de Saint-Maurice-de-Remens. En esta gran casa el pequeño niño vivió una infancia muy feliz rodeado del cariño de su familia, en especial de su adorada madre.



Más tarde se trasladó de nuevo a Le Mans para estudiar con los jesuitas en Villefranche y en Suiza en un colegio marianista de Friburgo, ciudad en la cual habitó durante dos años entre 1915 y 1917.
Posteriormente fracasó en el examen de ingreso para la Universidad y decidió matricularse en Arquitectura en la Escuela de Bellas Artes.

En el año 1921 cumplió el servicio militar y comenzó a sentirse atrapado por la aviación, determinando firmemente su propósito de ser piloto en la ciudad de Estrasburgo. En este período dio inicio a un noviazgo con Louise de Vilmorin.

Consiguió el título de piloto pero no ejerció profesionalmente hasta su ruptura con Louise, quien no deseaba que Antonie se dedicara a la aviación.

Entre los años 1922 y 1926 Exupery trabajó en diversos oficios, como inspector de una fábrica de ladrillos o representante de los camiones Saurer.



En 1926 comenzó su etapa como piloto comercial trabajando para Aeropostale y volando regularmente entre Toulouse y Rabat, Toulouse y Dakar o Dakar y Casablanca. Ese mismo año publicó su primer título literario, “El Aviador (L'Aviateur)” (1926), un relato aparecido en la revista “Navire D’Argent”, publicación en la que trabaja su buen amigo Jean Prévost.

Su pasión por el desierto del Sahara procedía de su etapa como director del campo de aviación de Cabo Juby, en Río de Oro, iniciada a finales del año 1928.

“Correo Del Sur (Courrier-Sud)” (1929), su primera novela, ensalza la profesionalidad y camaradería de los pilotos de línea postal. El año de publicación de este libro se trasladó a Argentina, siendo nombrado en Buenos Aires director de la Aeroposta Argentina.

En abril de 1931 se casó con la escritora y artista Consuelo Carrillo, viuda de nacionalidad salvadoreña, y publicó “Vuelo Nocturno (Vole de nuit)” (1931), novela que sacó del anonimato su talento como escritor. Prologada por André Gide, consigue un enorme éxito comercial y crítico , alcanzando el Premio Fémina.

Sus relaciones con Consuelo no fueron buenas a causa de las ausencias e infidelidades de Antoine, y el matrimonio resultó muy tormentoso.

Tras unos resultados económicos desfavorables, la compañía aeropostal terminó prescindiendo del intrépido Antoine, quien durante la década de los 30 trabajó en diversos puestos. Fue piloto de línea entre Casablanca y Dakar, piloto de pruebas para Latécoère, intentó conseguir el récord de velocidad volando entre París y Raigón (sufriendo un accidente en el desierto Libio), se empleó en el servicio de propaganda de Air France y firmó artículos desde Moscú para el Paris Soir, llegando también a cubrir el conflicto de la Guerra Civil Española para el Intransigeant.

Un accidente ocurrido en el año 1938 en Guatemala, cuando pretendía viajar desde Nueva York a Tierra de Fuego, le dejó postrado en cama durante un tiempo considerable. En este período de convalecencia escribió “Tierra De Hombres (Terre des hommes)” (1939), un texto nutrido, como casi todos los de su carrera como autor, por su larga actividad como piloto. La novela recibió el Gran Premio de la Academia Francesa y el National Book Award estadounidense.



En la Segunda Guerra Mundial, el aventurero Saint-Exupéry se prodigó en acciones. A pesar de que sus lesiones no recomendaban su participación en el conflicto, consiguió, tras muchas insistencias, formar parte del ejército activo en la lucha contra los nazis.

Cuando Alemania ocupó Francia, Antoine se marchó a los Estados Unidos para intentar encontrar ayuda contra esta invasión. En América y estimulado por el contexto bélico del momento escribió “Piloto De guerra (Pilote de guerre)” (1942) y “Carta A Un Rehén (Lettre á un otage)” (1943).

En el año 1943 fue publicada su obra más famosa, “El Principito (Le petit prince)” (1943), un cuento en el cual, de manera alegórica, exponía parte de su filosofía vital y su concepción sobre el género humano. El libro fue ilustrado por el propio Antoine de Saint-Exupéry.

Se unió a la Resistencia Francesa. El 31 de julio de 1944, cuando estaba realizando una misión por la costa gala, su avión desapareció tras ser abatido por la aviación alemana. Tenía 44 años de edad en el momento de su muerte.



Póstumamente aparecieron libros como “La Ciudadela (La citadelle)” (1948), cuadernos de notas, o “Carta A Su Madre (Lettres à sa mère)” (1955).

Leer sus citas y frases


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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Ana María Di Bert Mar 19 Feb 2013, 19:57

Pedro, gracias por traerme tantos recuerdos con esta tarea que has hecho con tanto amor, como también agradezco a María Lúa que con sus aportes nos trae parte de su vida.

Cuando nació mi primer hijo Martín en 1974 un amigo, compañero de mi hermano en la facultad se lo trajo de regalo y fue cuando lo leí por primera vez; luego fueron muchas las veces que lo tomé en mis manos para ir leyéndoselo a él y a sus hermanos.

En la dedicatoria le puso

Para Martín
"Sé siempre un niño en tu alma, un niño feliz"
Luis Massa

Martín es el papá de mis nietos, es feliz y juega con sus niños...

Mi amigo Luis es uno de los desaparecidos de este país, estuvo en casa ese fin de semana para conocer a Martín con mi hermano y nunca más lo vimos. Duele recordar...

Gracias por darnos tanto, a los dos, a todos

Con todo mi cariño

Ana



Hago mi aporte de cuando Antoine de Saint-Exupéry vivió un tiempo en Argentina

Saint Exupéry en la PatagoniaHace mas de 100 años, el 29 de junio de 1900 nacía en Lyon, Francia, Antoine de Saint Exupéry. El célebre autor de El Principito, estaba destinado a crear lazos de afecto, inspiración y amor con la Argentina, y en particular con nuestra Patagonia.
Saint Exupéry es uno de los escritores y viajeros famosos que han recorrido y reflejado en su obra esta porción del continente americano. Queremos recordar una pequeña porción de su vida, la que lo liga a esta región, tan lejana de su Francia natal, pero tan cercana en sus afectos, sus cartas y sus libros.

Saint Exupéry llegó a la Argentina el 12 de octubre de 1929, junto con Jean Mermoz y Guillaumet, sus compañeros en la aviación. Fue el fundador y primer piloto de la Aeroposta Argentina, la primera compañía de aviación del país. Esta línea estaba dedicada fundamentalmente al transporte de correspondencia, el negocio de la época, aunque también llevaba, esporádicamente, pasajeros. El primer vuelo se realizó el 20 de octubre de 1929, entre Buenos Aires y Comodoro Rivadavia. Las escalas fueron en San Antonio Oeste, cuyo Aeródromo lleva hoy el nombre de Saint Exupéry, y Trelew, donde se cuenta que nuestro piloto recogió una foca.

La impresión que le causaron los paisajes patagónicos aparece plasmada en su correspondencia. Leemos lo que escribe en una carta a su madre, intentando describir estos lugares desde el cielo:

"¡Qué bello país y cómo es de extraordinaria la Cordillera de los Andes! Me encontré a 6500 metros de altitud, en el nacimiento de una tormenta de nieve. Todos los picos lanzaban nieve como volcanes y me parecía que toda la montaña comenzaba a hervir..."

Sus funciones no se limitaban a los vuelos comerciales sino que también efectuó vuelos de reconocimiento, rondas de inspección y raids hasta Tierra del Fuego. Muchos de estos vuelos cotidianos, de 18 horas de duración, se realizaban de noche, lo que lo inspiró para comenzar a escribir, entre dos misiones, "un libro sobre el vuelo de noche", el que será finalmente Vuelo Nocturno, publicado a su regreso en Francia, en 1931.

En junio de 1930 se perdió en la cordillera su compañero Guillaumet, durante una tormenta. Por días y días, Saint Exupéry sobrevoló los Andes buscándolo o buscando alguna señal de él. Nadie quería acompañarlo en una excursión por tierra, ya que la sabiduría de los baqueanos dice que los Andes, en invierno, no devuelven a los hombres. Escribe, entonces, en una carta imaginaria a su amigo, que luego formará parte de su libro Tierra de Hombres:

"...Y cuando de nuevo me deslizaba entre los muros de los pilares gigantes de los Andes, me parecía que ya no te buscaba, sino que velaba tu cuerpo en silencio, dentro de una catedral de nieve..."

Increíblemente, después de cinco días de errar, el piloto fue encontrado sano y salvo. La historia de su travesía heroica en la cordillera, escuchada tantas veces por Saint Exupéry, está contada con lujo de detalles y poesía, en el mismo libro que mencionamos, Tierra de Hombres.

En enero de 1931, después de quince meses de estadía en nuestro país, volvió a Francia. Su propósito, en principio era simplemente tomarse unas vacaciones, las que serían aprovechadas para casarse con una joven, Consuelo Suncin, que le había sido presentada en Buenos Aires. Estando en Europa, la compañía Aeropostal Argentina se declaró en quiebra y Saint Exupéry ya no volvería a la Argentina.

En 1943 escribiría su obra corta más conocida: El Principito, donde una de sus ilustraciones sobre una boa que traga un elefante tendría un parecido bastante particular con la silueta de la Isla de los Pájaros...

Su novela Vol de Nuit (Vuelo nocturno), que habla sobre los inicios del Servicio Postal Aéreo Sudamericano, fue llevada la pantalla grande por la compañía Metro Goldwym Meyer.





Su avión
El Laté 25, el avión utilizado por Antonio de Saint Exupéry en la Aeropostal Argentina, llegó a nuestro país en 1929, piloteado por el propio Saint Exupéry, a pedido de Jean Mermoz. Después de casi cuarenta años de abandono, ha sido restaurado, a principios de este año, respetando, en la medida de lo posible, los materiales originales de su construcción. Fue presentado en el mes de abril en los hangares de la Fuerza Aérea de la ciudad de Quilmes, Provincia de Buenos Aires, y allí se encuentra expuesto al público en general.

Este avión es un monoplano que podía transportar una tonelada de mercadería y recorrer una media de 5.000 km. sin dificultades. Puede servirnos como ejemplo del adelanto técnico que representaba para la época el saber que unía Buenos Aires con Comodoro Rivadavia a una velocidad promedio de 174 km/h.

Entre las travesías más importantes que lo tuvieron como protagonista figura la inauguración de la ruta Bahía Blanca-Río Gallegos, dos ciudades que hasta entonces sólo podían unirse por mar.

Para terminar, sólo podemos añadir una frase de Jean Canesi, un autor francés que está de acuerdo con los comentaristas que dicen que fue en la Patagonia donde Saint Exupéry concibió el personaje de El Principito:

"En realidad no sería nada sorprendente, pues en esta región primitiva es muy fácil dormirse a mil leguas de cualquier lugar habitado, en el polvo, entre las manadas de ovejas y despertarse una mañana con una vocecita que nos dice "Por favor, ¡dibújame una Patagonia!"

Para Patagonia-Argentina.com, Marita Alasio.

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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Angel Salas Miér 20 Feb 2013, 11:12

Que recuerdo, que obra mas extraordinaria es el PRINCIPITO...cuando comencé a leerlo a mis 8 años creo haber comenzado a respetar, amar y querer la tierra, mi planeta, la naturaleza, los animales, me emociona leer algunos capítulos, son una filosofía de vida, hoy cuanto más lo leo siempre encuentro algo nuevo. Puede parecer un libro infantil por la forma en la que está escrito y por la historia en un principio simple, pero en realidad el libro es una metáfora en el que se tratan temas tan profundos como el sentido de la vida, la amistad y el amor.

Son tantas frases celebres que me identifican...

- Si alguien ama a una flor de la que sólo existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas.”

- No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.

- “¿Y de qué te sirve poseer las estrellas? -Me sirve para ser rico. -¿Y de qué te sirve ser rico? -Me sirve para comprar más estrellas.”

Gracias Pedro por tan lindo recuerdo....
Un Abrazo
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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por cecilia gargantini Miér 20 Feb 2013, 11:15

Las citas de Ángel, traen otra a mi memoria:
"Amar no es mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección"
ESPECTACULAR!!!!!!!!!!!!!!!!
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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Angel Salas Miér 20 Feb 2013, 13:24

Continuo leyendo el regalo dejado por Pedro en capítulos, y sigo entreteniéndome como un niño....Las frases escritas por Antoine de Saint-Exupéry para “El Principito” hablan por sí solas, esconden muchos significados, son únicas e irremplazables, son un tesoro para quien las toma como propias El principito es un niño valiente y simpático, que cuenta con poderes maravillosos. Se comunica con la naturaleza y cuando está en peligro se convierte en un héroe de las causas nobles...

Un Abrazo
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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Rossana Arellano Lun 25 Feb 2013, 12:19

Pedro.... Pedroooooooo ¿Me das un abrazo?

Te voy a decir algo importante, SI LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS, ¿Porqué son los ojos que llevan esta respuesta que te dejo y no da abasto la mano, no Sr.

***

pd. a María Lua : Yo, te quiero Maria Lua, siempre recordaré mi esposo manejando muy rápido, para llegar a un lugar donde tuviesemos señal de la Wifi y OIR TU VOZ.

Un abrazo para todos y cada uno de los que han asomado a este precioso post.
Junto a mi libro bien ajado de Ana Frank, está mi versión de El Principito.
Muchos libros han tocado mi alma, el más importante, Sé que algunos de Uds., también lo consideran así... Los que no saben a cual me refiero, espero algún día, invitarlos a casa y lo verán en mi velador.

Ross
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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Evangelina Valdez Lun 25 Feb 2013, 21:49

Yo no escapo a la emoción de leer todo esto, post, comentarios, tanto... que hace días al entrar a leerlos, "maquiné" en mi mente abrir una sección para motivar ese niño que llevamos dentro; si Antoine Marie de Saint-Exupery lo hizo, nosotros también jajaja.

¡Cuántas palabras sabias, cuánto que aprender y asimilar para nuestras vidas!
Ha sido un placer repasar todo esto Pedro y los demás compañeros que han aportado sus pensares.
Abrazos
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Mensaje por Maria Lua Jue 28 Feb 2013, 06:14

pd. a María Lua : Yo, te quiero Maria Lua, siempre recordaré mi esposo manejando muy rápido, para llegar a un lugar donde tuviesemos señal de la Wifi y OIR TU VOZ.


Hermosos recuerdos de la
radio de Aires, en 2009...
Las músicas, las poesias,
el chat...
Me encantan tus palabras,
Ross...
Besos, con cariño
Maria Lua


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Mensaje por Maria Lua Vie 01 Mar 2013, 10:07

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 02 Mar 2013, 00:18

No sé bien que edad tendrían Maríe e Inmaculada cuando les leí este libro. Sé que cuando hablamos de ello todavía abren sus ojos y me dicen : - Papa, vuelve a leernos "El Principito".

Gracias, Pedro, en nombre de ellas y en el mío propio.


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FASCISMO (DON MIGUEL DE UNAMUNO. Poema 458 de POESÍAS COMPLETAS)

No un manojo, una manada
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detrás de la nada abismo.

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"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA recibe usted el título honorifico de "HOMO JUMENDIS JUMENDIS" :
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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 10 Mar 2013, 14:47

Gracias a todos por vuestro interés. "El principito" es una obra que reúne tanto mérito que a nadie deja indiferente. En cualquier circunstancia, su lectura cala hondo.

Un abrazo.
Pedro
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Mensaje por Maria Lua Miér 16 Abr 2014, 09:57


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El Principito

“Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.” (El Principito)
A León Werth

El Principito
Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan).
Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria:

A León Werth, cuando era niño

Así comienza el libro “El Principito”, fábula infantil para adultos escrita por Antoine Saint-Exupéry

“El Principito ” es un pequeño y extraño niño que vive en el asteroide B 612, no más grande que una casa. En este diminuto planeta observaba durante todo el día la puesta de sol y se dedicaba a limpiar los volcanes del asteroide que le servían para calentar el desayuno. Hasta que un día llega a su pequeño planeta una semilla de la cual crece una hermosa y caprichosa rosa que lo saca de su rutina. La cuida con esmero y decide dejarla y viajar, encontrándose con diferentes personajes que viven en planetas tan pequeños como el de él.

En el primer planeta encuentra a un Rey cuyo reino no tiene súbditos. El segundo planeta estaba habitado por un hombre vanidoso. Luego visita el planeta de un bebedor. En el cuarto asteriode conoció a un ocupado hombre de negocios. En otro planeta sólo encontró a un farol y su farolero. Y el sexto y último era habitado por un anciano que escribía grandes libros.

Finalmente llega a tierra y conoce a un zorro con el cual tiene una extensa conversación acerca de la amistad y del hecho de ser domesticado.

Lo esencial es invisible para los ojos
De este capítulo podemos rescatar una de las frases más conocidas del clásico literario: “…Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.- Lo esencial es invisible para los ojos – repitió el principito para acordarse… ”

Antoine Saint-Exupéry creó un texto lleno de parábolas que puede ser releido y siempre encontrar nuevas perspectivas, mensajes y lecturas.




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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Maria Lua Mar 05 Feb 2019, 22:17

"El principito es una narración corta del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, que cuenta la historia de un pequeño príncipe que parte de su asteroide a una travesía por el universo, en la cual descubre la extraña forma en que los adultos ven la vida y comprende el valor del amor y la amistad.

El principito es tenido como uno de los mejores libros de todos los tiempos y un clásico contemporáneo de la literatura universal.

Debido a su estilo sencillo y directo se lo ha considerado un libro para niños; no obstante, su profundo carácter reflexivo sobre la vida, la sociedad y el amor, lo convierten en una narración de interés para todos.

Fue publicado en abril de 1943, en Estados Unidos, puesto que, debido a la segunda guerra mundial, la obra no pudo ser imprimida en Francia.

El libro ha sido traducido a decenas de lenguas y adaptado a diversos formatos, como el teatro, el cine, la serie animada, el ballet y la ópera."



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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Maria Lua Dom 17 Ene 2021, 08:06

Vuelvo a este post, uno de los más bellos
de Aires de Libertad.
Hermoso "El Principito" de Antoine de Saint- Exupéry.
"Terre des hommes " es otra de sus preciosas obras.

Gracias, amigo Pedro!
Besos
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Antoine de Saint Exupéry: "El principito" - Página 3 Empty Re: Antoine de Saint Exupéry: "El principito"

Mensaje por Maria Lua Jue 20 Mayo 2021, 06:57

Tierra de Hombres
Por
Antoine De Saint-Exupéry


Capítulo 1

La Línea



Estábamos en 1926. Yo acababa de ingresar como piloto en la Sociedad Latécoère, que estableció,
antes que la Aéropostale (la actual Air France), el enlace Toulouse-Dakar. Allí aprendí el oficio. Al
igual que mis compañeros, pasaba el noviciado obligado a los jóvenes antes de alcanzar el honor de
llevar el correo. Prueba de aviones, desplazamientos entre Toulouse y Perpignan, aburridas lecciones de
meteorología en el fondo de un hangar helado. Vivíamos en el temor a las montañas españolas, que aún
no conocíamos, y en el respeto a los veteranos.
A estos veteranos los encontrábamos en el restaurante, hoscos, un poco distantes, concediéndonos de
mala gana sus consejos. Y cuando alguno de ellos regresaba retrasado de Alicante o de Casablanca con
la chaqueta de cuero chorreante de agua de lluvia, y uno de nosotros le interrogaba tímidamente sobre
su viaje, sus respuestas lacónicas, en los días de tempestad, nos construían un mundo fabuloso, lleno de
trampas, de escotillas, de acantilados surgidos bruscamente y de remolinos capaces de desraizar cedros.
Dragones negros defendían las entradas de los valles y haces de relámpagos coronaban las cimas.
Aquellos veteranos alimentaban sabiamente nuestro respeto. Mas, de tiempo en tiempo, apto ya para la
eternidad, uno de ellos ya no regresaba.
Recuerdo también un retorno de Bury, un viejo piloto que más tarde se mató en Las Corbières.
Acababa de sentarse entre nosotros y comía pesadamente, sin pronunciar palabra, con las espaldas
hundidas por el esfuerzo. Era por la noche de uno de aquellos días malos en que, de un extremo a otro
de la línea, el cielo aparecía putrefacto, en que las montañas daban la sensación al piloto de rodar entre
suciedad, como aquellos cañones que, rotas las amarras, recorrían el puente de los veleros de antaño. Yo
miré a Bury, tragué saliva y me arriesgué, al fin, a preguntarle si el vuelo había sido duro. Bury, con la
frente surcada de arrugas y la mirada fija en su plato, no me oía. A bordo de los aviones descubiertos,
cuando hacia mal tiempo, era necesario inclinarse fuera del parabrisas para ver mejor y las bofetadas del
viento silbaban después durante mucho tiempo en los oídos. Por último, Bury pareció oírme. Alzó la
cabeza, como si recordase de pronto, y estalló en una risa clara. Aquella risa me maravilló, aquella
breve risa que iluminaba su cansancio, porque Bury reía poco. No dio ninguna explicación sobre su
victoria. Bajó de nuevo la cabeza y reanudó la masticación en silencio. Pero entre los grises del
restaurante, entre los modestos funcionarios que reparaban allí las humildes fatigas de la jornada, aquel
compañero de anchas espaldas nos pareció revestido de una nobleza extraña. Por debajo de su ruda
corteza, se podía entrever el ángel que había vencido al dragón.
Llegó, por fin, la tarde en que, a mi vez, fui llamado al despacho del director. Se limitó a decirme.
—Saldrá usted mañana.
Permanecí allí de pie, en espera de que me despidiese. Sin embargo, después de una pausa, añadió:
—¿Conoce usted bien las consignas?
En aquella época, los motores no ofrecían la seguridad de los actuales. Con frecuencia, se paraban
de repente, sin previo aviso, con un estrépito de vajilla rota. Y uno volvía la vista hacia la corteza rocosa
de España, que ofrecía pocos refugios. «Cuando el motor se estropea allí —solíamos decir—, al avión,
¡ay! no tarda en sucederle lo mismo». Ahora bien, un avión puede ser remplazado. Lo más importante,
ante todo, consistía en no abordar la roca a ciegas. Por lo tanto, nos estaba prohibido, so pena de las
sanciones más severas, sobrevolar los mares de nubes por encima de las zonas montañosas. El piloto, al
hundirse el averiado aparato en el algodón blanco, no veía los picos y chocaba contra ellos.
He aquí por qué, aquella tarde, la voz lenta del director insistía una vez más sobre la consigna: -
Resulta muy bonito navegar con brújula sobre España, por encima de los mares de nubes. De acuerdo
en que es muy elegante, pero…
Y aún más despacio:
—Pero recuérdelo: debajo de los mares de nubes… se encuentra la eternidad.
Y, de pronto, aquel mundo tranquilo, tan unido, tan sencillo, que se descubre cuando se emerge de
las nubes, adquirió para mí un valor desconocido. Aquella suavidad se había convertido en una
emboscada. Me imaginaba aquella inmensa trampa blanca, extendida allí, a mis pies. Debajo no reinaba,
como hubiera podido creerse, ni la agitación de los hombres, ni el tumulto, ni el vivo ajetreo de las
ciudades, sino un silencio todavía más absoluto, una paz más definitiva. Aquella viscosidad blanca se
convertiría para mí en la frontera entre lo real y lo irreal, entre lo conocido y lo incognoscible. Y yo
adivinaba ya que un espectáculo carece de sentido si no se mira a través de una cultura, de una
civilización, de un oficio. Los montañeses conocen también los mares de nubes. Ellos, sin embargo, no
pueden descorrer el fabuloso telón.
Cuando abandoné aquel despacho, sentí un orgullo pueril. A partir del amanecer yo iba a ser, a mi
vez, responsable de una carga de pasajeros, responsable del correo de África. No obstante, me
embargaba también una gran humildad. Me creía poco preparado. España presentaba pocos refugios.
Temía, frente a un paro del motor, no saber dónde buscar la acogida de un campo de aterrizaje. Me
había inclinado, sin descubrir las enseñanzas que necesitaba, sobre la aridez de los mapas. Por ello, y
con el corazón invadido por una mezcla de timidez y de orgullo, resolví pasar la vela de armas al lado
de mi compañero Guillaumet. Guillaumet me había precedido por aquellos caminos. Guillaumet
conocía los trucos que permitían conseguir las llaves de España.
Necesitaba ser iniciado por Guillaumet.
Entré en su habitación.
—Ya sé la noticia. —Me sonrió—. ¿Estás contento?
Sacó de un armario oporto y vasos y se acercó a mí, sin dejar de sonreír: —Vamos a remojarlo. Ya
verás, todo irá bien.
Aquel compañero, que después había de batir el récord en las travesías postales de la Cordillera de
los Andes y en las del Atlántico Sur, infundía confianza con la misma naturalidad que una lámpara da
luz.
Aquella noche, algunos años antes de su hazaña, en mangas de camisa, con los brazos cruzados bajo
la lámpara, sonriendo con la más tranquilizadora de las sonrisas, me dijo con toda sencillez: «A veces,
las tempestades, las nieblas o la nieve, te molestarán. Piensa entonces en todos aquéllos que lo han
conocido antes que tú y dite simplemente: lo que otros han conseguido, también yo puedo hacerlo».
Pese a estas palabras, desplegué mis mapas y le pedí que accediera a revisar conmigo el viaje. Y
apoyado en el hombro del veterano, debajo de la lámpara, volví a encontrar la antigua paz del colegio.
¡Mas qué extraña lección de geografía recibí! Guillaumet no me mostraba España. Por el contrario,
la convertía en una amiga. No me hablaba ni de hidrografía, ni de poblaciones. No me hablaba de
Guadix, pero sí de tres naranjos que, cerca de Guadix, bordean un campo: «No te fíes de ellos, señálalos
en tu mapa…». Y los tres naranjos ocupaban ahora más lugar que Sierra Nevada. No me hablaba de
Lorca, sino de una sencilla granja cerca de Lorca. De una granja viva.
Y de su granjero. Y de su granjera. Y aquella pareja, perdida en el espacio a mil quinientos
kilómetros de nosotros, adquiría de súbito una importancia desmesurada. Porque bien instalados en la
pendiente de su montaña, semejantes a guardianes de faros, siempre se hallaban dispuestos, bajo sus
estrellas, a socorrer a los hombres.
Extraíamos así de su olvido, de su increíble lejanía, detalles ignorados por todos los geógrafos del
mundo. Porque, en efecto, el Ebro, que riega importantes ciudades, interesa a los geógrafos.
Y en cambio no les importa ese riachuelo escondido bajo la hierba, al oeste de Motril, ese padre que
alimenta a una treintena de flores. «Desconfía del riachuelo, estropea el campo… Señálalo también en
tu mapa». ¡Ah, no! ¡No me olvidaría de la serpiente de Motril! Parecía completamente inofensiva, como
si, con su ligero murmullo apenas si encantara algunas ranas.
Pero dormía con un ojo abierto. Desde aquel paraíso del campo de emergencia, tendido bajo la
hierba, a dos mil kilómetros de aquí, no dejaba de acecharme. A la primera ocasión intentaría
convertirme en haz de llamas…
Yo esperaba también, a pie firme, a aquellos treinta corderos de combate, colocados allí, al pie de la
colina, dispuestos a cargar: «Te imaginas que el prado está libre y de pronto… ¡zas! Ahí tienes a tus
treinta corderos, que se te meten entre las ruedas…». Y yo respondía con una sonrisa maravillada a una
amenaza tan pérfida.
Así, poco a poco, la España de mi mapa se transformaba, bajo la luz de la lámpara, en un país de
cuento de hadas. Yo jalonaba con una cruz los refugios y las trampas. Señalaba aquel campesino,
aquellos treinta corderos, aquel riachuelo. Colocaba en su lugar exacto a aquella granjera
menospreciada por los geógrafos.
Al despedirme de Guillaumet, experimenté de pronto la necesidad de caminar un poco en aquella
helada noche de invierno. Alcé el cuello de mi capote y, entre los transeúntes que nada sabían, paseé mi
joven fervor. Me sentía orgulloso al cruzarme con aquellos desconocidos, llevando mi secreto en el
corazón. Ellos, aquellos bárbaros, me ignoraban. Sin embargo, habrían de confiarme, con la carga de los
sacos postales, sus preocupaciones y sus esfuerzos, al alzarse el día. Sería entre mis manos donde
depositarían sus esperanzas. Así, arropado en mi capote, caminaba entre ellos con paso protector. Mas
ellos nada sabían de mis cuidados.
Ellos tampoco recibían los mensajes que yo recibía de la noche. Porque aquella tempestad de nieve
que acaso estuviera preparándose y que complicaría mi viaje interesaba a mi misma carne.
Las estrellas se apagaban una a una. ¿Cómo iban a saberlo los transeúntes? Yo era el único en quien
había sido depositada la confidencia. Se me informaba las posiciones del enemigo antes de la batalla…
Sin embargo, yo recibía aquellas contraseñas que me comprometían tan gravemente cerca de los
escaparates iluminados, donde lucían los regalos de Navidad. Allí, aparecían expuestos, en la noche,
todos los bienes de la tierra. Y yo saboreaba la orgullosa embriaguez del renunciamiento.
Yo era un guerrero amenazado: ¡Qué me importaban aquellas vidrieras relucientes destinadas a las
fiestas, aquellas pantallas de lámparas, aquellos libros! Yo me bañaba ya en la niebla espesa.
Yo, piloto de línea, mordía anticipadamente la pulpa amarga de las noches de vuelo.
Eran las tres de la mañana cuando me despertaron. Subí con un golpe seco las persianas, comprobé
que llovía sobre la ciudad y me vestí con gravedad.
Media hora más tarde, sentado sobre mi pequeña maleta, esperaba, a mi vez, en la acera brillante de
lluvia a que el autobús pasara a recogerme. Antes que yo, tantos camaradas habían sufrido aquella
misma espera en el día de la consagración, con el corazón un poco oprimido. Al fin, por la esquina de la
calle, surgió el vehículo antiguo, que difundía un ruido de chatarra. Y me fue concedido el derecho,
como a mis compañeros antes que a mí, de estrecharme en la banqueta, entre el aduanero medio
dormido aun y algunos burócratas. Aquel autobús olía a lugar cerrado, a administración polvorienta, a
vieja oficina donde se va hundiendo la vida de un hombre. Cada quinientos metros se detenía para
cargar un secretario más, un aduanero, un inspector. Los que se habían vuelto a dormir respondían con
un vago gruñido al saludo del recién llegado, que se acomodaba como podía y, en seguida, se dormía a
su vez. Era, sobre el pavimento desigual de Toulouse, una especie de triste acarreo. Y el piloto de línea,
mezclado con los funcionarios, apenas si, de momento, se distinguía de ellos… Pero los faroles
desfilaban, la pista de despegue se acercaba y el viejo autobús bamboleante no era ya sino una crisálida
gris de la cual el hombre saldría transfigurado.
Así, en una mañana parecida, cada uno de mis camaradas habrá sentido, bajo su cáscara de
subalterno vulnerable, sometido a la aspereza del inspector, nacer en sí mismo al responsable del correo
de España y de África, aquél que, tres horas después, afrontaría entre relámpagos al dragón del
Hospitalet…, aquél que, cuatro horas después, tras haberlo vencido, decidiría con toda libertad, con
plenos poderes, el rodeo por el mar o el asalto directo al macizo de Alcoy, aquél que tutearía a la
tempestad, a la montaña y al océano.





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Continuará


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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasión
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente... 


Maria Lua




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Mensaje por cecilia gargantini Jue 20 Mayo 2021, 13:58

Tenés razón Luita, un hermoso post!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Gracias a todos los que lo hicieron posible.
Besosssssssssssssssss

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