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Juan Ramón Jiménez

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Pedro Casas Serra
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Dom 15 Feb 2015, 13:44

.


EL ROBLE SOLO QUE QUEDÓ DE ORO

El roble solo que quedó de oro,
se inflama con la aurora,
como todo un robledo,
como todo un noviembre,
como toda una aurora.

Y como todo el árbol,
como todo el otoño,
como toda la hora,
el roble solo que quedó de oro,
porque lo ansío y lo enamoro,
me ansía y me enamora;
ansía y enamoradaa todo el que lo ansía y enamora,
el roble solo que quedó de oro.

Todos los otros árboles
del noviembre y la aurora,
lo están mirando, todos
han hecho corazón de roble suyo
al roble solo que quedó de oro.

Y el roble solo que quedó de oro,
es el oro trasúltimo de todo,
el trasúltimo fuego enarbolado;
es el árbol del dios invariable,ç
es el dios en conciencia del otoño,
en quien prende la aurora
toda la gloria de su aurora.

¡La gloria anunciadora
de la belleza eternadora,
que el roble solo que quedó de oro
da a quien la ansía y la enamora;
me da a mí que la ansío y enamoro!


EN SU COPA DE GLORIA

Debajo de su olmo,
están todas sus hojas.
Él las mira caídas,
ellas le ven la gloria
azul con nubes blancas
que es ahora su copa.
¡Allí arriba rieron
con los pájaros todas!
(Hoy las ardillas grises
las entresaltan locas.)

No las quemo, las dejo
que se entren gustosas
en la tierra, que es
el mantén de sus bocas,
para que a las raíces
les den sus almas rojas;
las raíces que fueron
sus hondas formadoras.

¡Ojalá no se pierda
una, una sola, sola!
¡Ojalá otra vez sean
todas verdes cantoras!
¡Ojalá todas vuelvan
a la gloria su copa,
ojalá todas tengan
en su copa su gloria!


EN SU CORRIENTE

...Y el agua, día tras día,
se va llevando su cara.
POPULAR


El ser humano entre la tierra,
y la yerba, y el tronco, y el sol y el agua
(la luna por la noche desvelada),
eso es lo que yo tengo y quiero.

Esa mujer alzada en luz de pecho y frente,
ese niño contento que me mira,
ese hombre inclinado, con las manos tan grandes;
la fusión del ser vivo, del ser nuestro
con la renovación de todo;
este perderse en todo, este irse en todo, a todo,
el todo que nos lleva a donde sea,
o nos retiene en lo que sea,
en su corriente, la infinita,
que es corriente de agua y corriente de tierra
y corriente de luz y corriente de espacio
y corriente de tiempo, tiempo, tiempo.

Quedarme en las orillas es mi sino,
dándoles algo de mi ser y de mi estar
a una flor, a unos ojos, a una vereda, a un ala,
dejando mi presente pegado a lo pasado
para ue lo más firme que siguiera
esté lleno de mí (y conmigo sienta),
de mis manos, mis ojos, mi sonrisa,
de mi llanto también, en su alta y ancha superficie.

En las orillas de la vida
(es mi sino).
E irme en la corriente de la muerte,
con todo lo más grande y lo más leve,
que se va, cada hora, hacia el tesoro
donde todo se cambia, se renueva,
se trasmuta,
como yo trasmuté, yo renové, yo cambié
el mundo que yo vi
en espresión de vida y en espresión de muerte.


Y EN EL AIRE ESTÁ, EN EL AIRE

¡Las voces de la ilusión!
¡Qué dolor, en mi sentido,
de recordar el encanto
y de no poder ya oírlo!

Y en el aire está, en el aire
que me rodea, su grito:
su seriedad, su dulzura,
su sonlloro y su suspiro.


Y ENTRO Y ENTRO

Abro de par en par.
¡Qué bien estoy aquí!
Un cuarto es mi salón
y otro mi jardín.

Jardín, salón son uno.
No sé cuadradoál preferir4.
Y salgo a mi salón
y entro a mi jardín.

¡Qué luz la de aquí dentro,
qué luz de fuera aquí!
Tengo un pie en mi salón
y otro en mi jardín.

Naturaleza y obra
me llaman a su fin.
No sé qué es lomejor,
mi salón, mi jardín...

Y la puerta está en medio
y me tiene a mí en lid.
Y entro en mi salón
y entro en mi jardín.


AÑO EN CUERPO Y ALMA

Abril es sueño
(es todo sueño),
agosto es cuerpo
(es todo cuerpo),
octubre es eco
(es todo eco),
enero es cielo
(es todo cielo).


.


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Pedro Casas Serra
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 16 Feb 2015, 07:52

.



De Dios deseado y deseante. Animal de fondo (1948 -1952)

ESA ÓRBITA ABIERTA

Los pájaros del aire
se mecen en las ramas de las nubes,
los pájaros del aguanta
se mecen en las nubes de la mar
(y viento, lluvia, espuma, sol entorno)
como yo, dios, me mezco en los embates
de ola y rama, viento y sol, espuma y lluvia
de tu conciencia mecedora bienandante.

(¿No es el goce
mayor de lo divino de lo humano
el dejarse mecer en dios, en la conciencia
regazada de dios, en la inmanencia madreada,
con su vaivén seguro interminable?)

Va y ven, el movimiento
de lo eterno que vuelve, en ello mismo
y en uno mismo;
esa órbita abierta
que no sale de sí nunca, abierta,
y que nunca se libra de sí, abierta,
(porque)
lo cerrado no existe en su infinito
aunque sea regazo y madre y gloria.


SOY ANIMAL DE FONDO

“En fondo de aire” (dije) “estoy”,
(dije) “soy animal de fondo de aire” (sobre tierra),
ahora sobre mar; pasado, como el aire, por un sol
que es carbón allá arriba, mi fuera, y me ilumina
con su carbón el ámbito segundo destinado.

Pero tú, dios, también estás en ese fondo
yu esta luz ves, venida de otro astro;
tú estás y eres
lo grande y lo pequeño que yo soy,
en una proporción que es ésta mía,
infinita hacia un fondo
que es el pozo sagrado de mí mismo.

Y en este pozo estabas antes tú
con la flor, con la golondrina, el toro
y el agua; con la aurora
en un llegar carmín de vida renovada;
con el poniente, en un huir de oro de gloria.
En este pozo diario estabas tú conmigo,
conmigo niño, joven, mayor, y yo me ahogaba
sin saberte, me ahogaba sin pensar en ti.
Este pozo que era, sólo y nada más ni menos,
que el centro de la tierra y de su vida.

Y tú eras el pozo májico el destino
de todos los destinos de la sensualidad hermosa
que sabe que el gozar en plenitud
de conciencia amadora,
es la virud mayor que nos trasciende.

Lo eras para hacerme pensar que tú eras tú,
para hacerme sentir que yo era tú,
para hacerme gozar que tú eras yo,
para hacerme gritar que yo era tú
en el fondo de aire en donde estoy,
donde soy animal de fondo de aire
con alas que no vuelan en el aire,
que vuelan en la luz de la conciencia
mayor que todo el sueño
de eternidades e infinitos
que están después, sin más que ahora yo, del aire.


TAL COMO ESTABAS

En el recuerdo estás tal como estabas.
Mi conciencia ya era esta conciencia,
pero yo estaba triste, siempre triste,
porque aún mi presencia no era la semejante
de esta final conciencia.

Entre aquellos jeranios, bajo aquel limón,
junto a aquel pozo, con aquella niña,
tu luz estaba allí, dios deseante;
tú estabas a mi lado,
dios deseado,
pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran,
como la luna y las estrellas,
tu chispear y tu coloración conpleta,
pero yo no podía cojerte con tu esencia,
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía que lo era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué,
la tengo entera, entera.
No sé que día fue ni con qué luz
vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte,
y vi que era mi nombre sin mi nombre,
sin mi sombra, mi nombre,
el nombre que yo tuve antes de se
oculto en este ser que me cansaba,
porque no era este ser que hoy he fijado
(que pude no fijar)
para todo el futuro iluminado
iluminante,
dios deseado y deseante.


POR TANTO PEREGRINO

Dios en conciencia, caes sobre el mundo,
como un beso completo de una cara entera,
en plano contentar de todos los deseos.
La luz del mediodía
no es sino tu absoluto resplandor;
y hasta los más oscuros escondrijos
la penetras contigo,
con alegría de alta posesión de vida.

El estar tuyo contra mí
es tu secuencia natural; y eres
espejo mío abierto en un inmenso abrazo
(el espejo que es uno más que uno),
que dejara tu imajen pegada con mi imajen,
mi imajen con tu imajen,
en ascua de fundida plenitud.

Éste es el hecho decisivo
de mi imajinación en movimiento,
que yo consideraba un día sobre el mar,
sobre el mar de mi vida y de mi muerte,
el mar de mi esperada solución;
y éste es el conseguido
miraje del camino más derecho
de mi ansia destinada.

Por esta maravilla de destino,
entre la selva de mis primaveras,
atraviesa la eléctrica corriente
de la hermosura perseguida mía,
la que volvió, que vuelve y volverá;
la sucesión creciente de mi éstasis de gloria.
Ésta es la gloria, gloria sólo igual que ésta,
la gloria tuya en mí, la gloria mía en ti.

Dios; ésta es la suma en canto de los del paraíso
intentado por tanto pergrino.


EN MAR INMENSO

No es roja, pero tiene rojo ardor esta noche de luna con mi dios; y las olas son llama sin ser rojas. Un fuego interno la traspasa y traspasa y trasluce su estela, caminante detrás de mi camino seguidor, caminante delante de su amante.

La luna ¿es la conciencia, deseante también de lo distante que se acerca para tenerme ami diamante?

Conciencia en baja luna, deseante conciencia de lo distante, ahora que se acerca por no dejar ver el sol de mi diamante.

Diamante de verdad es el que tengo esta noche en mi vida, noche de gran verano hacia mi invierno. Se me acerca la llama conseguida, la llama conocida, la llama consentida, del lejos que se va quedando, que se va borrando.

Y este ardor ¿no es tu vida, no es mi vida, no es la vida que se viene conmigo por el cielo, para ganar mi paso por el suelo de agua, a acompañarme mi desvelo con sed de corazón, reconocida?

Bien penetrado vengo del cariño de lo que yo prendí con mi presencia. Yo le puse en su flor una vehemencia tan grande, mi conciencia de niño; y ello me tiene y quiere con fulgor también de niño; fulgor de niño en seno grande, sol, conversión del amor impetuoso en fuente de mirífica inocencia. Inocencia, esa agua que es demencia en inmanencia que pasa y que traspasa la existencia y la renueva con rubor intenso.

Por dios viene a mi amor la luna en mar inmenso.


UN ASCUA DE CONCIENCIA Y DE VALOR

Tú prendes con tu sol fuego a mi día,
dios, y todo comienza a preparse en sí
para este gran incendio que la aurora,
antigua levantada de la vida,
determina, gritando de alegría,
porque tú, dios, y yo nos fusionemos
en este comenzar de comenzares.

La llama se levanta y se derrama
con humo negro aún del nochear;
y luego el humo blanco se disipa
y va quedando este dorar unánime
del diamante total de mi universo.
Todo quiere fundirse en este fuego
en el que yo, presente, me fundí
desde el grito primero de la aurora.

Un ascua hemos de ser en plenitud
los dos, dios deseado y deseante,
de vida deslumbrada y deslumbrante;
un ascua de conciencia y de valor;
y, como con la noche nos perdimos
en la nada más dulce de tu todo,
con el día nos hemos de encontrar
en el todo más hondo de mi nada.


COMO TÚ, MI AMOR, MIRAS

Buscándote como te estoy buscando,
yo no puedo ofenderte, dios, el que tú seas;
ni tú podrías ser ente de ofensa.

Si yo te puedo, y yo lo sé que yo te puedo oír
todo el misterio que tú eres,
y tú no me lo dices como te lo pregunto,
yo no estoy ofendiéndote.

Y yo sé que te pienso
de la mejor manera que yo puedo y quiero,
en verdad de belleza,
belleza de verdad que es mi carrera.
Y si te pienso así,
yo no puedo ofenderte.

Gracias, te las doy siempre. ¿A quién las doy?
A la belleza inmensa se las doy,
que yo soy bien capaz de conseguir;
que tú has tocado, que eres tú.
Si la belleza inmensa me responde o no,
yo sé que no te ofendo ni la ofendo.

(Acaso la mentira, la duda de este mundo
está en la pobre lengua nuestra.
Si sólo nos pudiéramos mirar
como miras tú, dios, y tú, belleza, miras,
como tú, mi amor, miras,
lo sabríamos todo.)


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 17 Feb 2015, 07:22

.


De De ríos que se van (1951 – 1954):

CONCIERTO

Echada en otro hombro una cabeza,
funden palpitación, calor, aroma
y a cuatro ojos en llena fe se asoma
el amor con su más noble franqueza.

¡Unión de una verdad y una belleza,
que calma y que detiene la carcoma
cuyo hondo roer lento desmorona
por dentro la minada fortaleza!

Momento salvador por un olvido
fiel como lo anteterno del descanso:
La paz de dos en uno.

…................................Y que convierte
el tiempo y el espacio, con latido
de ríos que se van, en el remanso
que aparta a dos que viven de su muerte.


EL COLOR DE TU ALMA

Mientras que yo te beso, su rumor
nos da el árbol que mece al sol el oro
que el sol le da al huir, fugaz tesoro
del árbol que es el árbol de mi amor.

No es fulgor, no es ardor y no es altor
lo que me da de ti lo que te adoro,
con la luz que se va; es el oro, el oro,
es el oro hecho sombra: tu color.

El color de tu alma; pues tus ojos
se van haciendo ella, y a medida
que el sol cambia sus oros por sus rojos

y tú te quedas pálida y fundida,
sale el oro hecho tú de tus dos ojos
que son mi paz, mi fe, mi sol: ¡mi vida!


EL TERRIBLE DESVELO

Estás sola de ti misma, sola mía, más de ti que de mí que mas te quise que tú te quisiste...
¿Y cómo podrá ser que estés tan sola si estuve todo contigo? ¿No quepo en tu soledad?
Yo soy más grande por ti que mi vida y que mi muerte; y quepo donde tú estés tan sola en ti misma.
¡No, no me lo puedes decir; eres más grande que to, eres más grande que el mundo, eres más grande que el cielo, más que la muerte y la nada! ¡Eres ya tu eternidad!
¡No sé qué hacer con lo mío!


¿Y DIOS?

Pues yo soy yo, yo estoy
en brazos de mi amor
que es ella, sí, y que está
en mis brazos.
…....................¿Y Dios?
Es y está en el abrazo
que nos damos los dos
en el todo
fundidos
y la nada del hoy.


LOS DOS EN MÁS REALIDAD

Yo vine del allí libre
y estoy preso en este aquí;
antes yo era lo infinito
que hoy no sé ya concebir;
soy sólo el que considera,
sin comprenderlo, aquel sí
que fue y que ahora es el no.
...Y lo que iba a decir:
morirme es volver a ser
lo infinito que ya fui,
ser lo que ya no comprendo.

(¡Y es estar contigo en ti,
mujer, cuando tú te mudes
para ese mismo sinfín!)

Es la fe del más gran mar,
fe innecesaria, que allí,
como todo está en su sitio,
sólo es necesario ir,
ir, morir, ir, volver, ir,
llegar, morir, ir, ¡morir!

(¡Morir para siempre ya
contigo, mujer, tú en mí,
yo en ti, los dos en los dos,
en igual trasexistir!
Los dos en más realidad,
orijen en fin, al fin;
los dos en lo orijinal,
sin nunca inquirir ya si
esto es aquello o lo otro,
sin nadir o sin cenit;
un sentido de sentidos,
suma total del sentir.
Ser la nada de lo todo,
la sombra del cuerpo, sin
el cuerpo que es ya la sombra.)

¡Pues venga todo el morir!


CON TU VOZ

Cuando esté con las raíces
llámame tú con tu voz.
Me parecerá que entra
temblando la luz del sol.


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