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Juan Ramón Jiménez

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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:55

EL VIAJE DEFINITIVO

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:56

OTOÑO

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina
.



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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:56

TAL COMO ESTABAS

En el recuerdo estás tal como estabas.
Mi conciencia ya era esta conciencia,
pero yo estaba triste, siempre triste,
porque aún mi presencia no era la semejante
de esta final conciencia

Entre aquellos geranios, bajo aquel limón,
junto a aquel pozo, con aquella niña,
tu luz estaba allí, dios deseante;
tú estabas a mi lado,
dios deseado,
pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran,
como la luna y las estrellas,
tu chispear y tu coloración completa,
pero yo no podía cogerte con tu esencia,
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía lo que era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué,
la tengo entera, entera.
No sé qué día fue ni con qué luz
vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte,
y vi que era mi nombre sin mi nombre,
sin mi sombra, mi nombre,
el nombre que yo tuve antes de ser
oculto en este ser que me cansaba,
porque no era este ser que hoy he fijado
(que pude no fijar)
para todo el futuro iluminado
iluminante,
dios deseado y deseante.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:56

YO NO SOY YO

Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:57

TE DESHOJÉ COMO UNA ROSA


Te dehojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.

Mas todo en torno
--horizontes de tierras y de mares--,
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:57

¿REMORDIMIENTO?

La tarde será un sueño de colores...
Tu fantástica risa de oro y plata
derramará en la gracia de las flores
su leve y cristalina catarata.

Tu cuerpo, ya sin mis amantes huellas,
errará por los grises olivares,
cuando la brisa mueva las estrellas
allá sobre la calma de los mares...

¡Sí, tú, tú misma...! irás por los caminos
y el naciente rosado de la luna
te evocará, subiendo entre los pinos,
mis tardes de pasión y de fortuna.

Y mirarás, en pálido embeleso,
sombras en pena, ronda de martirios,
allí donde el amor, beso tras beso,
fue como un agua plácida entre lirios...

¡Agua, beso que no dejó una gota
para el retorno de la primavera;
música sin sentido, seca y rota;
pájaro muerto en lírica pradera!

¡Te sentirás, tal vez, dulce, transida,
y verás, al pasar, en un abismo
al que pobló las frondas de tu vida
de flores de ilusión y de lirismo!


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:57

NOSTALGIA

Al fin nos hallaremos. Las temblorosas manos
apretarán, suaves, la dicha conseguida,
por un sendero solo, muy lejos de los vanos
cuidados que ahora inquietan la fe de nuestra vida.

Las ramas de los sauces mojados y amarillos
nos rozarán las frentes. En la arena perlada,
verbenas llenas de agua, de cálices sencillos,
ornarán la indolente paz de nuestra pisada.

Mi brazo rodeará tu mimosa cintura,
tú dejarás caer en mi hombro tu cabeza,
¡y el ideal vendrá entre la tarde pura,
a envolver nuestro amor en su eterna belleza!


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:57

LLUVIA DE OTOÑO

(Llueve, llueve dulcemente...)

... El agua lava la yedra;
rompe el agua verdinegra;
el agua lava la piedra...
Y en mi corazón ardiente,
llueve, llueve dulcemente

Esté el horizonte triste;
¿el paisaje ya no existe?;
un dia rosa persiste
en el pálido poniente...
Llueve, llueve dulcemente.

Mi frente cae en mi mano
¡Ni una mujer, ni un hermano!
¡Mi juventud pasa en vano!
-- Mi mano deja mi frente... --
¡Llueve, llueve dulcemente!

¡Tarde, llueve; tarde, llora;
que, aunque hubiera un sol de aurora
no llegará mi hora
luminosa y floreciente!
¡Llueve, llora dulcemente!


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:58

EL POETA A CABALLO

¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

La dulce brisa del río,
olorosa a junco y agua,
le refresca el señorío...
La brisa leve del río...

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Y el corazón se le pierde,
doliente y embalsamado,
en la madreselva verde...
Y el corazón se le pierde...

A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!

Se esté la orilla dorando...
El último pensamiento
del sol la deja soñando...
Se está la orilla dorando...

¡Qué tranquilidad violeta,
por el sendero, a la tarde!
A caballo va el poeta...
¡Qué tranquilidad violeta!


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:58

ANTEPRIMAVERA

Llueve sobre el río...

El agua estremese
los fragantes juncos
de la orilla verde...
¡Ay, qué ansioso olor
a pétalo frío!

Llueve sobre el río...

Mi barca parece
mi sueño, en un vago
mundo. ¡Orilla verde!
¡Ay, barca sin junco!
¡Ay, corazón frío!

Llueve sobre el río.
..


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:58

(DE JARDINES LEJANOS)

VI

No hay sol; el cielo de invierno
es de bruma y nubes blancas;
sólo hay un raso celeste
sobre la saraucarias.

La avenida abre su sueño
llena de mujeres pálidas ...
los vientos están jugando
con las sedas perfumadas.

Hay carícias como rosas
en la lívida mañana;
la carne en flor da el perfume
que han perdido las acacias.

Es un pecado discreto,
es una carne cristiana
que va a misa, con un lirio
entre rosas deshojadas;

carne que nunca podrá
sobre la dulce frescura
de las espaldas románticas ...

en la mañana galante
rezan a Dios las campanas;
desde dentro están llamando
los corazones en gracia.

¡Fondos de oro, con albores
floreados, con fragancia
de purezas sin latido,
con dulzura de gargantas!

Pero el cielo gris ha puesto
muy rosas todas las almas
y tiende rasos celestes
sobre las araucarias ...


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:59

ROSAS MUSTIAS DE CADA DÍA

Todas la rosas blancas de la luna caían,
por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo ...
Mirando aquellas carnes blandas que florecían,
hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
de su sexo con luna! Hervían los blancores
de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor ... Y cual una
rosa de treinta años, opulenta y desierta,
el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna
frío, espectral, azul, como una pompa muerta ...


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Jue 08 Abr 2010, 16:59

REPROCHES

Como el cansancio se abandona al sueño
así mi vida a ti se confiaba...
Cuando estaba en tus brazos, dulce sueño,
te quería dejar ....y no acababa...

Y no acababa.....¡Y tú te desasiste,
sorda y ciega a mi llanto y a mi anhelo,
y me dejaste desolado y triste,
cual un campo sin flores y sin cielo!

¿Por qué huiste de mi? ¡Ay quién supiera
componer una rosa deshojada;
ver de nuevo, en la aurora verdadera,
la realidad de la ilusión soñada!

¿Adonde te llevaste, negro viento,
entre las hojas secas de la vida,
aquel nido de paz y sentimiento
que gorjeaba al alba estremecida?

¿En qué jardín, de qué rincón, de dónde
rosalearán aquellas manos bellas?
¿Cuál es la mano pérfida que esconde
los senos de celindas y de estrellas?

¡Ay quién pudiera hacer que el sueño fuese
la vida!, ¡Que esta vida fría y vana
que me anega de sombra, fuera ese
sueño que desbarata mi mañana!


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 02 Sep 2010, 12:18

Hola, Maria, Helena: Gracias por traernos esta maravillosa obra de Juan Ramón Jiménez.

En estos momentos estoy releyendola y disfrutando mucho con ella.

Os dejo un artículo que he encontrado en internet, copia de varios capítulos que me han gustado especialmente y un poema que escribí en su homenaje.

Un abrazo.
Pedro



Platero y Yo, Juan Ramón Jiménez
Encuentro con la vida sensible

Por Gonzalo Valdivia Dávila


Juan Ramón Jiménez editó su obra Platero y Yo (1914), un libro que se ha querido confinar dentro de la literatura infantil, pero que podríamos mejor rotular como literatura humana. Como grandes creadores sensibles, este autor andaluz transmitió mensajes nobles como el amor a los animales que llegan a ser personajes conocidos de un pueblo. La obra narra la estrecha relación del poeta y su burro, Platero; pero ambos interactúan con los niños, otros animales y el entorno natural de Moguer.

Las obras clásicas siempre pasarán la definición del ismo literario en que surgieron, así Platero y yo, no es sólo obra del modernismo que buscaba innovar la capacidad creadora del español en la literatura, sino una obra universal en que la poética del amor puro entre un hombre y su asno superan los límites de la edad, es un libro que conviene leerlo de niño pero que se entiende mejor de adulto. Con el tiempo apreciamos que tan verosímil se presenta Platero a nuestra lectura y que tan poético es su dibujo.

Un burrito de verdad: No solo asistimos al ciclo vital de Platero, desde su juventud hasta su muerte; sino que lo vemos en su dimensión animal de compañero del hombre, está dotado de una alegre y retozona personalidad, es inocente, y es vulnerable; lo vemos pasar accidentes que le causan dolor: pisa una espina, le pica una sanguijuela, le pican los tábanos, la coz de un potro, además pasa los estragos de la agonía y ocupa una presencia en el recuerdo del poeta, quien lo entierra cerca de su casa.

Platero destacará porque no está relegado por su amo, más bien lo lleva a todas partes, viajan juntos, el lo trata como a un niño y lo comparte en afecto con los niños de Moguer, con quienes juega y pasea, comparten alimentos y vivencias como la contemplación del atardecer. La presencia del dúo hombre burro domina la escena en el pueblo, Platero interactúa con otros personajes por su mansedumbre, personifica la nobleza animal necesaria para la supervivencia de los hombres sensibles.

El universo animal: Platero no es el único animalito del libro, está Diana, la perra amiga del borrico, el canario verde que escapa pero vuelve a su jaula; el loro, el perro sarnoso que es víctima del desprecio del guarda del camino que le dispara mortalmente, este can representa el sufrimiento de los animales abandonados y despreciados por la gente cruel en el relato. Aparecen en grupos animales como caballos, patos, gorriones, golondrinas, perros, gallinas, para recrear la vida colectiva que comparten con Platero.

La convivencia con los animales resalta el lado humano de los amigos de Platero, y su presencia hace que la representación de Moguer no se reduzca a edificios y personas, sino que el pueblo rebosa vida en los paseos de Platero y el poeta. La diversidad de vida posibilita la solidaridad en Moguer, como cuando Platero saca del atasco la carretilla de una niña, que tenía a un borriquillo débil tratando de moverla. Un animal puede ser solidario con los hombres y con su especie.

La religión: Como el poeta andaluz Lorca, Jiménez vincula su invención a la cosmovisión cristiana. En Moguer, se suceden fiestas como la muerte de Judas, El Corpus, los reyes magos, Navidad, se reza el Ángelus y ambos personajes borrico y amo participan de ellas en paz o en alegría. Como católico Juan Ramón reconoce el origen de la creación en Dios y sabe parte de ella a los animales que poetiza en su libro, es un mensaje de misticismo y de comunión espiritual con la vida en su totalidad.

El poeta tiene la esperanza pura del cielo para los animales “estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo a los ángeles adolescentes”, el mismo que desea para el canario cuando muere. La bondad e inocencia de los animales se representa merecedora del cielo, del descanso eterno. La muerte de su compañero y mascota desgarra el espíritu del poeta, quien tiene vida para recordarlo, es ahí que la esperanza y la fe en la misericordia divina se hace tan humana, motivo de la poesía.

Los seres que sufren: En el libro “la alegría y la pena son gemelas”, y los que sufren padecen enfermedad como la niña tísica que grave es paseada por Platero para que tenga un momento de alegría; otra niña chica muere muy pronto dejando tristes a Platero y al poeta; el niño tonto, enfermo que paraba a la puerta de su casa fallece olvidado por el pueblo. No todo el mundo quiere a los animales, hay niños que matan a pedradas animales enfermos, el guarda que dispara contra el perro antes de que el poeta lo evite.
Unos niños violentos tiran redes y piedras a los pajarillos, pero en este episodio el poeta y platero intervienen para que las aves escapen, ante la rabia de los chiquillos crueles. La crueldad se entrona en gente de cualquier edad, sólo el poeta está en un nivel más avanzado de espiritualidad, ya que es capaz de compartir cualquier experiencia vital con Platero y sentir que de alguna forma sensible el burrito la asimila. Las acciones de ambos son nobles, representan la recreación de la vida que surge de la poesía.

El Platero poético: Platero puede disfrutar con su amo de los versos de Ronsard, tiene más nobleza y entendimiento sensible que el torpe escritor de diccionarios que se burla de los burros. Platero sigue existiendo después de su muerte en el recuerdo del poeta, en la representación del borriquete de cartón, que le regala una amiga de ambos al poeta y lo tiene en su escritorio, logrando que todas las gentes lo identifiquen con Platero. En la frágil mariposa que aparece en la muerte y la tumba de Platero.

Conclusión: Platero y yo transmite la celebración de la vida y el pesar por la muerte de un ser querido en su tono de elegía. Juan Ramón Jiménez construye un animalito creíble en su vitalidad y afecto, y lo lleva a un nivel poético en la comunión que logra con su amo al contemplar la belleza de naturaleza, acompañarlo en su inspiración poética y liberar el bien en un contexto cristiano válido rescatado por el arte.

Gonzalo Valdivia Dávila


(Obtenido de: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]




Capítulo I

Platero

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.

Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: "¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...

Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...

Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:

— Tien' asero...

Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

(Obtenido de:
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Capítulo 29

Idilio de abril

Los niños han ido con Platero al arroyo de los chopos, y ahora lo traen trotando, entre juegos sin razón y risas desproporcionadas, todo cargado de flores amarillas. Allá abajo les ha llovido —aquella nube fugaz que veló el prado verde con sus hilos de oro y plata, en los que tembló, como en una lira de llanto, el arco iris—. Y sobre la empapada lana del asnucho, las campanillas mojadas gotean todavía.

¡Idilio fresco, alegre, sentimental! ¡Hasta el rebuzno de Platero se hace tierno bajo la dulce carga llovida! De cuando en cuando vuelve la cabeza y arranca las flores a que su bocota alcanza. Las campanillas, níveas y gualdas, le cuelgan, un momento, entre el blanco babear verdoso y luego se le van a la barrigota cinchada. ¡Quién, como tú, Platero, pudiera comer flores..., y que no le hicieran daño!

¡Tarde equívoca de abril!... Los ojos brillantes y vivos de Platero copian toda la hora del sol y lluvia, en cuyo ocaso, sobre el campo de San Juan, se ve llover, deshilachada, otra nube rosa.

(Obtenido de: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


Capítulo 43

Amistad

Nos entendemos bien. Yo lo dejo ir a su antojo, y él me lleva siempre a donde quiero.

Sabe Platero que, al llegar al pino de la Corona, me gusta acercarme a su tronco y acariciárselo, y mirar al cielo al través de su enorme y clara copa; sabe que me deleita la veredilla que va, entre céspedes, a la Fuente vieja; que es para mí una fiesta ver el río desde la colina de los pinos, evocadora, con su bosquecillo alto, de parajes clásicos. Como me adormile, seguro, sobre él, mi despertar se abre siempre a uno de tales amables espectáculos.

Yo trato a Platero cual si fuese un niño. Si el camino se torna fragoso y le pesa un poco, me bajo para aliviarlo. Lo beso, lo engaño, le hago rabiar... El comprende bien que lo quiero, y no me guarda rencor. Es tan igual a mí, tan diferente a los demás, que he llegado a creer que sueña mis propios sueños.

Platero se me ha rendido como una adolescente apasionada. De nada protesta. Sé que soy su felicidad. Hasta huye de los burros y de los hombres...

(Obtenido de: [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo]


Capítulo 79

Alegría


Platero juega con Diana, la bella perra blanca que se parece a la luna creciente, con la vieja cabra gris, con los niños...

Salta Diana, ágil y elegante, delante del burro, sonando su leve campanilla, y hace como que le muerde los hocicos. Y Platero, poniendo las orejas en punta, cual dos cuernos de pita, la embiste blandamente y la hace rodar sobre la hierba en flor.

La cabra va al lado de Platero, rozándose a sus patas, tirando con los dientes de la punta de las espadañas de la carga. Con una clavellina o con una margarita en la boca, se pone frente a él, le topa en el testuz, y brinca luego, y bala alegremente, mimosa, igual que una mujer...

Entre los niños, Platero es de juguete. ¡Con qué paciencia sufre sus locuras! ¡Cómo va despacito, deteniéndose, haciéndose el tonto, para que ellos no se caigan! ¡Cómo los asusta, iniciando, de pronto, un trote falso!

¡Claras tardes del otoño moguereño! Cuando el aire puro de octubre afila los límpidos sonidos, sube del valle un alborozo idílico de balidos, de rebuznos, de risas de niños, de ladreos y de campanillas...

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POEMA EN HOMENAJE A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Platero

¡Platero!, ¡Platerillo!, ¡Platerete!,
le decía Juan Ramón con voz muy queda,
y él le respondía
rebuznando suavemente.

En su alforja derecha
llevaba flores rojas
y en la izquierda azules,
en su cabeza un sombrero
y en el cuello cascabeles.

Calló la voz de Juan Ramón,
pero resuenan aún de Platero los cascabeles.

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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Maria Lua el Dom 03 Oct 2010, 13:48

POEMA EN HOMENAJE A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Platero

¡Platero!, ¡Platerillo!, ¡Platerete!,
le decía Juan Ramón con voz muy queda,
y él le respondía
rebuznando suavemente.

En su alforja derecha
llevaba flores rojas
y en la izquierda azules,
en su cabeza un sombrero
y en el cuello cascabeles.

Calló la voz de Juan Ramón,
pero resuenan aún de Platero los cascabeles.

Pedro Casas Serra (11-1991)

Gracias, querido amigo
Pedro!
Bello tu poema, muy
hermoso tu homenaje!
Platero me encanta!
Besos, con cariño
Maria Lua


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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasíón
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente...


Maria Lua






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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 04 Oct 2010, 20:25

Gracias, Maria, la imagen que de Platero nos transmite Juan Ramón Jiménez es entrañable.

Un fuerte abrazo.
Pedro
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Mar 05 Oct 2010, 06:50

Hermoso y bello homenaje. Un abrazo, Pedro
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 05 Oct 2010, 11:01

Gracias, Pascual.

Un fuerte abrazo.
Pedro
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Carmen Parra el Lun 11 Oct 2010, 16:02

Acabo de leer el primer relato de platero...¡¡tierno y delicado!! me ha gustado muchisimo Maria, seguiré en ello
Un beso
Stella
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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 26 Ene 2015, 18:06

.


De Jardines lejanos, 1904:

Pues que han abierto esta tarde...

Pues que han abierto esta tarde
las rosas de tu terraza,
deja que ponga mis labios
sobre tus labios, amada.

Tengo fragantes mis manos
para tus carnes intactas;
si tus pechos están blancos,
tú verás mis manos blancas.

Habrá flores y caricias
en la sombra de tu falda,
muchos besos..., muchos besos,
casi ninguna palabra...

Mis ojos sobre tus ojos,
tu alma dentro de mi alma,
tu corazón en tu pecho,
tu pecho en mi mano pálida;

todo bajo el cielo rosa
y el oro de tus pestañas,
todo, amada, bajo el sueño
de tus ojos de romántica;

la tarde se irá muriendo
sobre tus parques; el malva
y el rosa del cielo, harán
bien a las frondas doradas;

vendrá frescura de fuentes,
olor de lilas y acacias,
tal vez alguna magnolia
abrirá su carne blanca...

Y cuando la luna nueva
esté frente a tu terraza,
dará su pena más rosa
para tus rosas, amada.


Para sentir los dolores...

Para sentir los dolores
de las tardes, es preciso
tener en el corazón
fragilidades de lirios...

Estar lleno de fragancias
tristes y de llantos íntimos,
tener gestos de mujer,
melancolías de niño;

saber que el pesar, la música,
el amor..., todo es idilio
de almas y de labios..., y
saber hacerse el idílico.

Haber tenido luceros
en las manos, y rocío
en el corazón, y ser
todo de romanticismo;

amar los dulces espejos,
los oros claros, los visos
de las almas de las cosas,
los parques entristecidos

á través de las rosadas
muselinas..., y sentirlo
todo como una mujer
triste y frágil como un lirio.

Mirar bien al horizonte,
extasiarse en lo indeciso,
tener orgullo, tener
desdenes suaves y místicos...

Pero sufrir siempre el rosa,
sufrir el llanto sombrío
de la fuente abandonada...
sufrirlo y querer sufrirlo.

Y hasta dejarse morir
de pena, morir de frío,
morir de penumbra, o
de color, o de lirismo...

Dar toda la vida al alma,
hacerse el gris..., y sentirlo
todo como una mujer
triste y frágil como un lirio.



De Pastorales, 1911


Mediodía; sol y rosas;

Mi niño se va a dormir
en gracia de la Pastora
y por dormirse mi niño
se duerme la arrulladora.

(Canción de madre)

Mediodía; sol y rosas;
todo el pueblo se ha dormido;
rosas, cielo azul… Las madres
están durmiendo a los niños.

De la sombra de las casas
vienen cantares dolidos,
cantares que van llorando
no sé qué viejos idilios.

Las palabras de las madres
tienen fragancias y ritmos
de llanto, que nadie sabe
dónde los han aprendido.

Son tristezas que se abren
en la sombra, por caminos
que van a morir a un cielo
alegre, rosa y dulcísimo;

son pájaros que se posan
en los ojos de los niños,
sonrisas para sus bocas,
mariposas, lumbres, linos,

sensaciones irisadas
que van a la gloria, ríos
celestes, frondas de oro,
caminitos florecidos…,

yo no sé qué ruiseñores,
qué remansos cristalinos,
¡ay!, no sé qué alas blancas
que saben ir a los lirios…

Pueblo blanco; sol y rosas;
hasta el cielo se ha dormido;
rosas, cielo azul… Las madres
están durmiendo a los niños...


Andábamos, monte arriba,

Andábamos, monte arriba,
bañados de luna... Tú
me diste -Blanca, ¿te acuerdas?-
un ramo de almoraduj.

¡Qué pálida era tu mano
mate en la penumbra azul!
¡Cómo miraban tus ojos!
¡Oh! ¡Cómo estabas...!

…................................
.La luz
de la luna iba nevando
por los montes negros sus
tristezas de lirios blancos,
no tan blancos como tú...

¡Blanca, Blanca! Tú me abriste
la flor de tu juventud,
bien sé que por mí tú habrías
clavado a Cristo en la Cruz.

Bien sé que me dabas todo,
tu vida, tu muerte, tu...
Bien sé que por mí te hubieras
tendido en un ataúd...

...Blanca, quién pudiera darte
todo el corazón en un
rayo de luna, en un ramo
fragante de almoraduj...


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 04 Feb 2015, 12:17

.


De Las hojas verdes, 1909

OTRA BALADA A LA LUNA

..C'était, dans la nuit brune,
Sur le clocher jauni,
…...........La lune,
Comme un point sur un i.

Musset.

..Heine, Laforgue, Verlaine...-
Luna de mi corazón,
niña blanca, si has nacido en
…...........el Japón,

..baja a mis labios tu cara
de flor de almendro, pues eso
lo necesito yo para
…...........darte un beso.

..Háblame tú con tu voz
de musmé fresca y gentil,
luna de nardo, de arroz
…...........y marfil!

..!Y si fueres por tu cuna
noble y plácida princesa,
cásate conmigo, luna
…...........japonesa!

..Estás desnuda, o te endiosa
un velo blanco de tul?,
¿y tu carne, luna, es rosa
…...........o es azul?

..¿Eres pagana, o qué eres?
Di, ¿qué has oído, ¿qué has visto?,
¿también turbó tus placeres
…...........Jesucristo?

..¿Va algún alma eterna en ti
a los parques de la cita?,
¿Y tu hermana Ofelia?, di,
…...........Margarita...

..¿Te has muerto acaso?, ¿estás yerta?,
¿se enredó un nombre a tu boca?,
di, luna mía, ¿estás muerta
…...........o estás loca?

..Tú, que entre la noche bruna,
en una torre amari-
lla, eres como un punto, ¡oh, luna!
…...........sobre una i;

..tú, ladrada de los perros,
lámpara azul del amor,
tú, que dorabas los cerros
…...........al pastor;

..tú, Selene, tú, Diana,
urna de melancolía,
que te vaciarás mañana
…...........sobre el día;

..¡deja en mi frente tu estela,
o, como una mariposa,
desde tu magnolia, vuela
…...........a mi rosa!

..¡Luna, desde mi balcón
de florecidos cristales,
te mando este corazón
…...........de rosales!

..¡Sé mi novia, soberana
ciega, romántica muda,
tú que eres triste, liviana
…...........y desnuda!

..¡Emperatriz de jazmines,
bella sin años contados,
alma sin cuerpo, en jardines
…...........estrellados!

..¡Oh, rosa de plata!, ¡oh, luna!,
aldea blanca y en calma,
sé el hogar y la fortuna
…...........de mi alma!


De Melancolía, 1912

Mientras ella, divina de rubor, entre el leve...

Mientras ella, divina de rubor, entre el leve
espumear fragante de sus batistas blancas,
me dejaba morderle los labios y los pechos,
el colorismo de oro de los pueblos pasaba…

Torres con azulejos sobre cielos de esmalte,
riachuelos tranquilos con orillas de llamas,
y calles que se abrían hacia el tren, desde donde
mujeres, con un cántaro, riendo, saludaban…

Venían a nosotros los sones melancólicos
de las vísperas dulces de no sé qué campanas…
anhelos pasajeros de pasiones ignotas
se quedaban atrás, en villas momentáneas…

Luego, la suave brisa de la tarde de agosto
refrescó alegremente sus mejillas besadas,
y, mientras me miraba, cogiéndose el cabello,
en sus ojos floridos las praderas pasaban…


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 04 Feb 2015, 17:39

.


De Laberinto, 1913

¡Este beso! Una cosa tan fragante, tan leve...

¡Este beso! Una cosa tan fragante, tan leve,
de seda, de frescura, mariposa de un labio,
una flor que no es flor, que va, bajo los ojos
negros, cual un lucero de carne y luz, volando...

Algo que huele a sol, a dientes, a puñales,
a estrellas, a rocío, a sangre, a luna..., algo
que es como un agua cálida que se retira, como
el aíre de un incendio, errabundo y balsámico...

¿Es el alma que quiere entregase? ¿Un rubí
del corazón, que abre su sagrario de raso?
¡Un beso! Y las mejillas se tocan y se rozan...
y son nieves que arden..., y se encuentran las manos.


CARTA A GEORGINA HÜBNER
EN EL CIELO DE LIMA


… Pero ¿a qué le hablo a usted de mis pobres
cosas melancólicas; a usted, a quien todo sonríe?
… con un libro en la mano, ¡cuánto he pen-
sado en usted, amigo mío!
… Su carta me dio pena y alegría;¿ por qué
tan pequeñita y tan ceremoniosita?

(Cartas de Georgina al poeta.—Verano de 1904)


El cónsul del Perú me lo dice: "Georgina
Hübner ha muerto..."
…...............................¡Has muerto! ¿Por qué?, ¿cómo?, ¿qué día?
¿Cual oro, al despedirte de mi vida, un ocaso,
iba a rosar la maravilla de tus manos
cruzadas dulcemente, sobre el parado pecho,
como dos lirios malvas de amor y sentimiento?

...Ya tu espalda ha sentido el ataúd blanco,
tus muslos están ya para siempre cerrados,
en el tierno verdor de tu reciente fosa
el sol poniente inflamará los chuparrosas...
Ya está más fría y más solitaria La Punta
que cuando tú la viste, huyendo de la tumba,
aquellas tardes en que tu ilusión me dijo:
"¡Cuánto he pensado en usted, amigo mío!..."

¿Y yo, Georgina, en ti? Yo no sé cómo eras,
¿morena?, ¿casta?, ¿triste? ¡Sólo sé que mi pena
parece una mujer, cual tú, que está sentada,
llorando, sollozando, al lado de mi alma!
¡Sé que mi pena tiene aquella letra suave
que venía, en un vuelo, a través de los mares,
para llamarme "amigo"..., o algo más..., no sé..., algo
que sentía tu corazón de veinte años!

-Me escribiste: "Mi primo me trajo ayer su libro..."
-¿Te acuerdas? -Y yo, pálido: "Pero... ¿usted tiene un primo?"

Quise entrar en tu vida y ofrecerte mi mano
noble cual una llama. Georgina... En cuantos barcos
salían, fue mi loco corazón en tu busca...;
yo creía encontrarte, pensativa, en La Punta,
con un libro en la mano, como tú me decías,
soñando, entre las flores, encantarme la vida!...

Ahora, el barco en que iré, una tarde, a buscarte,
no saldrá de este puerto, ni surcará los mares;
irá por lo infinito, con la proa hacia arriba,
buscando, como un ángel, una celeste isla...
¡Oh Georgina, Georgina!, ¡qué cosas!..., mis libros
los tendrás en el cielo, y ya le habrás leído
a Dios algunos versos...; tú hollarás el poniente
en que mis pensamientos dramáticos se mueren...:
desde ahí, tú sabrás que esto no vale nada,
que, salvando el amor, lo demás son palabras...

¡El amor!, ¡el amor! ¿Tú sentiste en tus noches
el encanto lejano de mis ardientes voces,
cuando yo, en las estrellas, en la sombra, en la brisa,
sollozando hacia el Sur, te llamaba: Georgina?
¿Una onda, quizás, del aire que llevaba
el perfume inefable de mis vagas nostalgias,
pasó junto a tu oído?.¿Tú supiste de mí
los sueños de la estancia, los besos del jardín?

¡Cómo se rompe lo mejor de nuestra vida!
Vivimos..., ¿para qué? ¡Para mirar los días
de fúnebre color, sin cielo en los remansos...,
para tener la frente caída entre las manos!,
para llorar, para anhelar lo que esté lejos,
¡para no pasar nunca el umbral del ensueño,
ah Georgina, Georgina!, ¡para que tú te mueras
una tarde, una noche..., y sin que yo lo sepa!

El cónsul del Perú me lo dice: "Georgina
Hübner ha muerto..."
…................................Has muerto. Estás, sin alma, en Lima,
abriendo rosas blancas debajo de la tierra...
Y si en ninguna parte nuestros brazos se encuentran,
¿qué niño idiota, hijo del odio y del dolor,
hizo el mundo, jugando con pompas de jabón?

.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 04 Feb 2015, 17:51

.


De Sonetos espirituales, 1917

OCTUBRE

Estaba echado yo en la tierra, enfrente
del infinito campo de Castilla,
que el otoño envolvía en la amarilla
dulzura de su claro sol poniente.

Lento, el arado, paralelamente
abría el haza oscura, y la sencilla
mano abierta dejaba la semilla
en su entraña partida honradamente.

Pensé arrancarme el corazón, y echarlo,
pleno de su sentir alto y profundo,
al ancho surco del terruño tierno;

a ver si con romperlo y con sembrarlo,
la primavera le mostraba al mundo
el árbol puro del amor eterno.


A MI ALMA

Siempre tienes la rama preparada
para la rosa justa; andas alerta
siempre, el oído cálido en la puerta
de tu cuerpo, a la flecha inesperada.

Una onda no pasa de la nada,
que no se lleve de tu sombra abierta
la luz mejor. De noche, estás despierta
en tu estrella, a la vida desvelada

Signo indeleble pones en las cosas.
Luego, tornada gloria de las cumbres,
revivirás en todo lo que sellas.

Tu rosa será norma de las rosas,
tu oír de la armonía, de las lumbres
tu pensar, tu velar de las estrellas.


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 04 Feb 2015, 18:37

.


De Eternidades, 1918

Intelijencia, dame...

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡lntelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!


Yo solo Dios y padre y madre míos...

Yo solo Dios y padre y madre míos,
me estoy haciendo, día y noche, nuevo
y a mi gusto.

Seré más yo, porque me hago
conmigo mismo,
conmigo solo,
hijo también y hermano, a un tiempo
que madre y padre y Dios.

….......................................
Lo seré todo,
pues que mi alma es inifinita;
y nunca moriré, pues que soy todo.

¡Qué gloria, qué deleite, qué alegría,
qué olvido de las cosas,
en esta nueva voluntad,
en este hacerme yo a mí mismo eterno!


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 04 Feb 2015, 18:43

.


De Poesía, 1923

Hablaba de otro modo que nosotros todos...

Hablaba de otro modo que nosotros todos,
de otras cosas de aquí, mas nunca dichas
antes que las dijera. Lo era todo.
naturaleza, amor y libro.

Como la aurora, siempre,
comenzaba de un modo no previsto,
¡tan distante de todo lo soñado!
Siempre, como las doce,
llegaba a su cenit, de una manera
no sospechada,
¡tan distante de todo lo contado!
Como el ocaso, siempre,
se callaba de un modo inesperable,
¡tan distante de todo lo pensado!

¡Qué lejos y qué cerca
de mí su cuerpo! Su alma,
¡qué lejos y qué cerca
de mí!
.........…Naturaleza, amor y libro.


¿Cómo, muerte, tenerte...

¿ Cómo, muerte, tenerte
miedo? ¿No estás aquí conmigo, trabajando?
¿No te toco en mis ojos; no me dices
que no sabes de nada, que eres hueca,
inconsciente y pacífica? ¿No gozas,
conmigo, todo: gloria, soledad,
amor, hasta tus tuétanos?
¿No me estás aguantando,
muerte, de pie, la vida?
¿No te traigo y te llevo, ciega,
como tu lazarillo? ¿No repites
con tu boca pasiva
lo que quiero que digas? ¿No soportas,
esclava, la bondad con que te obligo?
¿Qué verás, qué dirás, adónde irás
sin mí? ¿No seré yo,
muerte, tu muerte, a quien tú, muerte,
debes temer, mimar, amar?


LA MANO
CONTRA LA LUZ


No somos más que un débil saco
de sangre y huesos,
y un alfiler, verdad, puede matarnos;
pero corre en nosotros la semilla
que puede dejar fuera de nosotros
la mariposa única,
de luz sólo y de sombra sólo y sólo nuestras,
sin piel, red ni armadura,
ni posibilidad de ser cazada
por nada humano ni divino;
el ser invulnerable,
inmaterial, tan largo como el mundo,
que colma, libre, lo infinito
y se sale de él a lo imposible.


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 05 Feb 2015, 18:02

.


De Belleza, 1923

LA TORRE ABIERTA

¡Qué goce, frente mía,
de las luces que has de encender,
como estrellas el cielo;
qué goce de las flores que has de abrir,
como edades la tierra, corazón!

Pensamientos, ¡oh vida!, sentimientos
que ya son míos aun sin ser
-¡qué goce ser el dueño de una cosa que no esiste-
desconocidos aún y conocidos ya;
¡qué goce conocer, amar, sufrir,
cosas desconocidas todavía!

¡Qué júbilo, alba dulce,
que has de azular mil veces
las alas nuevas de mis ojos pensativos;
que has de alegrar mil veces al latir
nuevo de mi encerrado corazón!



LA MÚSICA

De pronto, surtidor
de un pecho que se parte,
el chorro apasionado rompe
la sombra — como una mujer
que abriera los balcones sollozando,
desnuda, a las estrellas, con afán
de un morirse sin causa,
que fuera loca vida inmensa. —

Y ya no vuelve nunca mas.
— mujer o agua —,
aunque queda en nosotros, estallando,
real e inexistente,
sin poderse parar.


CENIT

Yo no seré yo, muerte,
hasta que tú te unas con mi vida
y me completes así todo;
hasta que mi mitad de luz se cierre
con mi mitad de sombra
-y sea yo equilibrio eterno
en la mente del mundo:
unas veces, mi medio yo, radiante;
otras, mi otro medio yo, en olvido-.

Yo no seré yo, muerte,
hasta que tú, en tu turno, vistas
de huesos pálidos mi alma.


LA OBRA

Día tras día, mi ala
—¡cavadora, minadora!
¡qué duro azadón de luz! —
me entierra en el papel blanco...

—¡Ascensión mía, parada
en futuros del ocaso! —

...¡De él, ascua pura inmortal,
quemando el sol de carbón,
volare refigurado!



.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 05 Feb 2015, 19:06

.


De La realidad invisible, 1923

No, se perderá. Lo que yo he dicho...

No, se perderá. Lo que yo he dicho
bien, está ya en la vida
para siempre.
Como la norma de una rosa
que ha llegado a sí misma,
para todas las rosas venideras...
Peredidas las palabras
al viento del olvido,
un día, de otra lira
florecerá la estrofasidéntica a la mía deshojada...


De La estación total, 1946

EL OTOÑADO

Estoy completo de naturaleza,
en plena tarde de áurea madurez,
alto viento en lo verde traspasado.
Rico fruto recóndito, contengo
lo grande elemental en mí (la tierra,
el fuego, el agua, el aire), el infinito.

Chorreo luz: doro el lugar oscuro,
trasmito olor: la sombra huele a dios,
emano son: lo amplio es honda música,
filtro sabor: la mole bebe mi alma,
deleito el tacto de la soledad.

Soy tesoro supremo, desasido,
con densa redondez de limpio iris,
del seno de la acción. Y lo soy todo.
Lo todo que es el colmo de la nada,
el todo que se basta y que es servido
de lo que todavía es ambición.


HADO ESPAÑOL DE LA BELLEZA

Te veo mientras pasas
sellado de granates primitivos,
por el turquí completo de Moguer.

Te veo sonreír; acariciar, limpiar,
equilibrar los astros desviados
con embeleso cálido de amor;
impulsarlos con firme suavidad
a sostener la maravilla esacta
de este cuartel del incesante mundo.

(No sé si eres el único
o la réplica májica del único;
pero, uno entre dioses descielados tú,
solo entre carnes de ascensión,
sin leyes que te afeen la mirada
yo voy a ti porque te veo
trabajando belleza desasida,
en tus días sin trono,
en tus noches en pie.)

Te veo infatigable variando
con maestría inmensamente hermosa
decoraciones infinitas
en el desierto oeste de la mar;
te veo abrir, mudar tesoros,
sin mirar que haya ojo que te mire,
¡rey del gozo en la obra sola y alta,
hado inventor, ente continuador
de lo áureo y lo insólito!


POETA Y PALABRA

Cuando el aire, suprema compañía,
ocupa el sitio de los que se fueron,
disipa sus olores, sus jestos, sus sonidos
y vuelve único a llenar
el orden natural de su silencio,
él, a cuyo infinito alrededor se ciñen
la medianoche, el mediodía
(horizontes de ausente plata o más allá del oro)
se queda con el aire en su lugar,
dulcemente apretado por la atmósfera
de la azul propiedad eterna.

Puede olvidar, callar, gritar entonces dentro
la palabra que llega del redondo todo,
redondo todo solo;
que el centro escucha en círculo
resuelto desde siempre y para siempre;
que permanece leve y firme sobre todo;
la vibrante palabra muda,
la inmanente,
única flor que no se dobla,
única luz que no se estingue,
única ola sin fracaso.

De todos los secretos blancos, negros,
concurre a él en eco, enamorada,
plena y alta de todos sus tesoros,
la profunda, callada, verdadera
palabra,
que sólo él ha oído, oye, oirá en su vijilancia.
La carne, el alma una de él, en su aire,
son entonces palabra:
principio y fin,
presente sin más vuelta de cabeza,
destino, llama, olor, piedra, ala, valederos,
vida y muerte,
nada o eternidad: palabra entonces.

Y él es el dios absorto en el principio,
completo y sin haber hablado nada;
el embriagado dios del suceder,
inagotable en su nombrar preciso;
el dios unánime en el fin,
feliz de repetirlo cada día todo.


EL CREADOR SIN ESCAPE

I
EL EJEMPLO

Enseña a dios a ser tú.
Sé solo siempre con todos,
con todo, que puedes serlo.
(Si sigues tu voluntad,
un día podrás reinarte
solo en medio de tu mundo.)
Solo y contigo, más grande,
más solo que el dio que un día
creíste dios cuando niño.


RENACERÉ YO

Renaceré yo piedra,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo viento,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo ola,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo fuego,
y aún te amaré mujer a ti.

Renaceré yo hombre,
y aún te amaré mujer a ti.


ES MI ALMA

No sois vosotras, ricas aguas
de oro, las que corréis
por el helecho, es mi alma.

No sois vosotras, frescas alas
libres, las que os abrís
al iris verde, es mi alma.

No sois vosotras, dulces ramas
rojas las que os mecéis
al viento lento, es mi alma.

No sois vosotras, claras, altas
voces las que os pasáis
del sol que cae, es mi alma.


CRIATURA AFORTUNADA

Cantando vas, riendo por el agua,
por el aire silbando vas, riendo,
en ronda azul y oro, plata y verde,
dichoso de pasar y repasar
entre el rojo primer brotar de abril,
¡forma distinta, de instantáneas
igualdades de luz, vida, color,
con nosotros, orillas inflamadas!

¡Qué alegre eres tú, ser,
con qué alegría universal eterna!
¡Rompes feliz el ondear del aire,
bogas contrario el ondular del agua!
¿No tienes que comer ni que dormir?
¿Toda la primavera es tu lugar?
¿Lo verde todo, lo azul todo,
lo floreciente todo es tuyo?
¡No hay temor en tu gloria;
tu destino es volver, volver, volver,
en ronda plata y verde, azul y oro,
por una eternidad de eternidades!

Nos das la mano, en un momento
de afinidad posible, de amor súbito,
de concesión radiante;
y, a tu contacto cálido,
en loca vibración de carne y alma,
nos encendemos de armonía,
nos olvidamos, nuevos, de lo mismo,
lucimos, un instante, alegres de oro.
¡Parece que también vamos a ser
perenes como tú,
que vamos a volar del mar al monte,
que vamos a saltar del cielo al mar,
que vamos a volver, volver, volver
por una eternidad de eternidades!
¡Y cantamos, reímos por el aire,
por el agua reímos y silbamos!

¡Pero tú no te tienes que olvidar,
tú eres presencia casual perpetua,
eres la criatura afortunada,
el májico ser solo, el ser insombre,
el adorado por el calor y gracia,
el libre, el embriagante robador,
que, en ronda azul y oro, plata y verde,
riendo vas, silbando por el aire,
por el agua cantando vas, riendo!


.


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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 06 Feb 2015, 12:20

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De Romances de Coral Gables, 1948

ÁRBOLES HOMBRES

Ayer tarde,
volvía yo con las nubes
que entraban bajo rosales
(grande ternura redonda)
entre los troncos constantes.

La soledad era eterna
y el silencio inacabable.
Me detuve como un árbol
y oí hablar a los árboles.

El pájaro solo huía
de tan secreto paraje,
solo yo podía estar
entre las rosas finales.

Yo no quería volver
en mí, por miedo de darles
disgusto de árbol distinto
a los árboles iguales.

Los árboles se olvidaron
de mi forma de hombre errante,
y, con mi forma olvidada,
oía hablar a los árboles.

Me retardé hasta la estrella.
En vuelo de luz suave,
fui saliéndome a la orilla,
con la luna ya en el aire.

Cuando yo ya me salía,
vi a los árboles mirarme,
se daban cuenta de todo,
y me apenaba dejarles.

Y yo los oía hablar,
entre el nublado de nácares,
con blando rumor, de mí.
Y ¿cómo desengañarles?

¿Cómo decirles que no,
que yo era sólo el pasante,
que no me hablaran a mí?
No quería traicionarles.

Y ya muy tarde, ayer tarde,
oí hablarme a los árboles.



De Espacio, 1954

FRAGMENTO PRIMERO
(Sucesión)

"Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo." Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo porvivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga (rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o qué dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es? Si hay quien lo sabe, yo lo sé más que ése, y si quien lo ignora, más que ése lo ignoro. Lucha entre este ignorar y este saber es mi vida, su vida, y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores soles y lunas, lunas soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección; como dioses. Y soy un dios sin espada, sin nada de lo que hacen los hombres con su ciencia; sólo con lo que es producto de lo vivo, lo que se cambia todo; sí, de fuego o de luz, luz. ¿Por qué comemos y bebemos otra cosa que luz o fuego? Como yo he nacido en el sol, y del sol he venido aquí a la sombra, ¿soy de sol, como el sol alumbro?, y mi nostaljia, como la de la luna, es haber sido sol de un sol un día y reflejado sólo ahora. Pasa el iris cantando como canto yo. Adiós iris, volveremos a vernos, que el amor de todo, cómo se me ha hecho en el sol, con el sol, en mí conmigo? Estaba el mar tranquilo, en paz el cielo, luz divina y terrena los fundía en clara, plata, oro inmensidad, en doble y sola realidad; una isla flotaba entre los dos, en los dos y en ninguno, y una gota de alto iris perla gris temblaba en ella. Allí estará temblándome el envío de lo que no me llega nunca de otra parte. A esa isla, ese iris, ese canto yo iré, esperanza májica, esta noche. ¡Qué inquietud en las plantas al sol puro, mientras, de vuelta a mí, sonrío volviendo ya al jardín abandonado! ¿Esperan más que verdear, que florear y que frutar; esperan, como yo, lo que me espera; más que ocupar el sitio que ahora ocupan en la luz, más que vivir como ya viven, como vivimos; más que quedarse sin luz, más que dormirse y despertar? Enmedio hay, tiene que haber un punto, una salida; el sitio del seguir más verdadero, con nombre no inventado, diferente de eso que es diferente e inventado, que llamamos en nuestro desconsuelo, Edén, Oasis, Paraíso, Cielo, pero que no lo es, y que sabemos que no lo es, como los niños saben que no es lo que no es que anda con ellos. Contar, cantar, llorar, vivir acaso; "elojio de las lágrimas", que tienen (Schubert, perdido entre criados por un dueño) en su iris roto lo que no tenemos, lo que tenemos roto, desunido. Las flores nos rodean de voluptuosidad, olor, color y forma sensual; nos rodeamos de ellas, que son sexos de colores, de formas, de olores diferentes; enviamos un sexo en una flor, delicado presente de oro de ideal, a un amor virjen, a un amor probado; sexo rojo a un glorioso; sexos blancos a una novicia; sexos violetas a la yacente. Y el idioma, ¡qué confusión!, qué cosas nos decimos sin saber lo que nos decimos. Amor, amor, amor (lo cantó Yeats), "amor en el lugar del escremento". ¿Asco de nuestro ser, nuestro principio y nuestro fin; asco de aquello que más nos vive y más nos muere? ¿Qué es, entonces, la suma que no resta; dónde está, matemático celeste, la suma que es el todo y que no acaba? Hermoso es no tener lo que se tiene, nada de lo que es fin para nosotros, es fin, pues que se vuelve contra nosotros, y el verdadero fin nunca se nos vuelve. Aquel chopo de luz me lo decía, en Madrid, contra el aire turquesa del otoño: "Termínate en ti mismo como yo". Todo lo que volaba alrededor, ¡qué raudo era!, y él qué insigne en lo suyo, verde y oro, sin mejor en el oro verde. Alas, cantos, luz, palmas, olas, frutas me rodean, me envuelven en su ritmo, en su gracia, en su fuerza delicada; y yo me olvido de mí entre ello, y bailo y canto y río y lloro por los otros, embriagado. ¿Esto es vivir? ¿Hay otra cosa más que este vivir de cambio y gloria? Yo oigo siempre esa música que suena en el fondo de todo, más allá; es la que me llama desde el mar, en la calle, en el sueño. A su aguda y serena desnudez, siempre estraña y sencilla, el ruiseñor es sólo un calumniado prólogo. ¡Qué letra, universal, luego, la suya! El músico mayor la ahuyenta. ¡Pobre del hombre si la mujer oliera, supiera siempre a rosa! ¿Qué dulce mujer normal, qué tierna, qué suave (Villon), qué forma de las formas, qué esencia, qué sustancia de las sustancias, las esencias; qué lumbre de las lumbres; la mujer, madre, hermana, amante! Luego, de pronto, esta dureza de ir más allá de la mujer, de la mujer que es nuestro todo, donde debiera terminar nuestro horizonte. Las copas de veneno, ¡qué tentadoras son!, y son de flores, yerbas y hojas. Estamos rodeados de veneno que nos arrulla como el viento, arpas de luna y sol en ramas tiernas, colgaduras ondeantes, venenosas, y pájaros en ellas, como estrellas de cuchillo; veneno todo, y el veneno nos deja a veces no matar. Eso es dulzura, dejación de un mandato, y eso es pausa y escape. Entramos por los robles melenudos; rumoreaban su vejez cascada, oscuros, rotos, huecos, monstruosos, con colgados de telarañas fúnebres; el viento les mecía las melenas, en medrosos, estraños ondeajes, y entre ellos, por la sombra baja, honda, venía el rico olor del azahar de las tierras naranjas, grito ardiente con gritillos blancos de muchachas y niños. ¡Un árbol paternal, de vez en cuando, junto a una casa, sola en un desierto (seco y lleno de cuervos; aquel tronco hueco, gris, lacio, a la salida del verdor profuso, con aquel cuervo muerto, suspendido por una pluma de una astilla, y los cuervos aún vivos posados ante él, sin atreverse a picotearlo, serios)! Y un árbol sobre un río. ¡Qué honda vida la de estos árboles; qué personalidad, qué inmanencia, qué calma, qué llenura de corazón total queriendo darse (aquel camino que partía en dos aquel pintar que se anhelaba)! Y por la noche, ¡qué rumor de primavera interna en sueño negro! ¡Qué amigo un árbol, aquel pino, verde, grande, pino redondo, verde, junto a la casa de mi Fuentepiña! Pino de la corona, ¿dónde estás?, ¿estás más lejos que si yo estuviera lejos? ¡Y qué canto me arrulla tu copa milenaria, que cobijaba pueblos y alumbraba de su forma rotunda y vijilante al marinero! La música mejor es la que suena y calla, que aparece y desaparece, la que concuerda, en un "de pronto", con nuestro oir más distraido. Lo que fue esta mañana ya no es, ni ha sido más distraído. Lo que fue esta mañana ya no es, ni ha sido más que en mí; gloria suprema, escena fiel, que yo, que la creaba, creía de otros más que de mí mismo. Los otros no lo vieron; mi nostaljia, que era de estar con ellos, era de estar conmigo, en quien estaba. La gloria es como es, nadie la mueva, no hay nada que quitar ni que poner, y el dios actual está muy lejos, distraído también con tanta menudencia grande que le piden. Si acaso, en sus momentos de jardín, cuando acoje al niño libre, lo único grande que ha creado, se encuentra pleno en un sí pleno. Qué bellas estas flores secas sobre la yerba fría del jardín que ahora es nuestro. ¿Un libro, libro? Bueno es dejar un libro grande a medio leer, sobre algún banco, lo grande que termina; y hay que darle una lección al que lo quiere terminar, al que pretende que lo terminemos. Grande es lo breve, y si queremos ser y parecer más grandes, unamos sólo con amor, no cantidad. El mar no es más que gotas unidas, ni el amor que murmullos unidos, ni tú, cosmos, que cosmillos unidos. Lo más bello es el átomo último el solo indivisible, y que por serlo no es, ya más, pequeño. Unidad de unidades es lo uno; ¡y qué viento más plácido levantan esas nubes menudas al cenit; qué dulce luz es esa suma roja única! Suma es la vida suma, y dulce. Dulce como esta luz era el amor; ¡qué plácido este amor también! Sueño, ¿he dormido? Hora celeste y verde toda; y solos. Hora en que las paredes y las puertas se desvanecen como agua, aire, y el alma sale y entra en todo, de y por todo, con una comunicación de luz y sombra. Todo se ve a la luz de dentro, todo es dentro, y las estrellas no son más que chispas de nosotros que nos amamos, perlas bellas de nuestro roce fácil y tranquilo. ¡Qué luz tan buena para nuestra vida y nuestra eternidad! El riachuelo iba hablando bajo por aquel barranco, entre las tumbas, casas de las laderas verdes; valle dormido, valle adormilado. Todo estaba en su verde, en su flor; los mismos muertos en verde y flor de muerte; la piedra misma estaba en verde y flor de piedra. Allí se entraba y se salía como en el lento anochecer, del lento amanecer. Todo lo rodeaban piedra, cielo, río; y cerca el mar, más muerte que la tierra, el mar lleno de muertos de la tierra, sin casa, separados, engullidos por una variada dispersión. Para acordarme de por qué he nacido, vuelvo a ti, mar. "El mar que fué mi cuna, mi gloria y mi sustento; el mar eterno y solo que me llevó al amor"; y del amor es este mar que ahora viene a mis manos, ya más duras, como un cordero blanco a beber la dulzura del amor. Amor el de Eloísa; ¡qué ternura, qué sencillez, qué realidad perfecta! Todo claro y nombrado con su nombre en llena castidad. Y ella, enmedio de todo, intacta de lo bajo entre lo pleno. Si tu mujer, Pedro Abelardo, pudo ser así, el ideal existe, no hay que falsearlo. Tu ideal existió; ¿por qué lo falseaste, necio Pedro Abelardo? Hombres, mujeres, hombres, hay que encontrar el ideal, y dí, qué eres tú ahora y dónde estás? ¿Por qué, Pedro Abelardo vano, la mandaste al convento y tú te fuiste con los monjes plebeyos, si ella era, el centro de tu vida, su vida, de la vida, y hubiera sido igual contigo ya capado, que antes, si era el ideal? No lo supiste, yo soy quien lo vió, desobediencia de la dulce obediente plena gracia. Amante, madre, hermana, niña tú, Eloísa; qué bien te conocías y te hablabas, qué tiernamente te nombrabas a él; ¡y qué azucena fatal que te dio tu tierra. No estaba seco el árbol del invierno, como se dice, y yo creí en mi juventud; como yo, tiene el verde, el oro, el grana en la raíz y dentro, mi dentro, mi adentro, tanto que llena de color doble infinito. Tronco de invierno soy, que en la muerte va a dar de sí la copa doble llena que ven sólo como es los deseados. Vi un tocón, a la orilla del mar neutro; arrancado del suelo, era como un muerto animal; la muerte daba a su quietud seguridad de haber estado vivo; sus arterias cortadas con el hacha, echaban sangre todavía. Una miseria, un rencor de haber sido arrancado de la tierra, salía de su entraña endurecida y se espandía con el agua y por la arena, hasta el cielo infinito, azul. La muerte, y sobre todo, el crimen, da igualdad a lo vivo, lo más y menos vivo, y lo menos perece siempre, con la muerte, más. No, no era todo menos, como dije un día, "todo es menos"; todo era más, y por haberlo sido, es más morir para ser más, del todo más. ¿Qué ley de vida juzga con su farsa a la muerte sin ley y la aprisiona en la impotencia? ¡Sí, todo, todo ha sido más y todo será más! No es el presente sino un punto de apoyo o de comparación, más breve cada vez; y lo que deja y lo que coje, más, más grande. No, ese perro que ladra al sol caído, no ladra en el Monturrio de Moguer, ni cerca de Carmona de Sevilla, ni en la calle Torrijos de Madrid; ladra en Miami, Coral Gables, La Florida , y yo lo estoy oyendo allí, allí, no aquí, no aquí, allí, allí. ¡Qué vivo ladra siempre el perro al sol que huye! Y la sombra que viene llena el punto redondo que ahora pone el sol sobre la tierra, como un agua su fuente, el contorno en penumbra alrededor; después, todos los círculos que llegan hasta el límite redondo de la esfera del mundo, y siguen, siguen. Yo te oí, perro, siempre, desde mi infancia, igual que ahora; tú no cambias en ningún sitio, eres igual a ti mismo, como yo. Noche igual, todo sería igual si lo quisiéramos, si serlo lo dejáramos. Y si dormimos. ¡Qué abandonada queda la otra realidad! Nosotros les comunicamos a las cosas nuestra inquietud de día, de noche nuestra paz. ¿Cuándo, cómo duermen los árboles? "Cuando los deja el viento dormir", dijo la brisa. Y cómo nos precede, brisa inquieta y gris, el perro fiel cuando vamos a ir de madrugada adonde sea, alegres o pesados; él lo hace todo, triste o contento, antes que nosotros. Yo puedo acariciar como yo quiera a un perro, un animal cualquiera, y nadie dice nada; pero a mis semejantes no; no está bien visto hacer lo que se quiera con ellos, si lo quieren como un perro. Vida animal, ¿hermosa vida? ¡Las marismas llenas de hermosos seres libres, que me esperan en un árbol, un agua o una nube, con su color, su forma, su canción, su jesto, su ojo, su comprensión hermosa, dispuestos para mí que los entiendo! El niño todavía me comprende, la mujer me quisiera comprender, el hombre.no, no quiero nada con el hombre, es estúpido, infiel, desconfiado; y cuando más adulador, científico. Cómo se burla la naturaleza del hombre, de quien no la comprende como es. Y todo debe ser o es echarse a dios y olvidarse de todo lo creado por dios, por sí, por lo que sea. "Lo que sea", es decir, la verdad única, yo te miro como me miro a mí y me acostumbro a toda tu verdad como a la mía. Contigo, "lo que sea", soy yo mismo, y tú, tu mismo, misma, "lo que seas", ¿El canto? ¡El canto, el pájaro otra vez! ¡Ya estás aquí, ya has vuelto, hermosa, hermoso, con otro nombre, con tu pecho azul, gris cargado de diamante! ¿De dónde llegas tú, tú en esta tarde gris con brisa cálida? ¿Qué dirección de luz y amor sigues entre las nubes de oro cárdeno? Ya has vuelto a tu rincón verde, sombrío. ¿Cómo tú, tan pequeño, dí, lo llenas todo y sales por el más? Sí, sí, una nota de una caña, de un pájaro, de un niño, de un poeta, lo llena todo y más que el trueno. El estrépito encoje, el canto agranda. Tú y yo, pájaro, somos uno; cántame, canta tú, que yo te oigo, que mi oído es tan justo por tu canto. Ajústame tu canto más a este oído mío que espera que lo llenes de armonía, ¡Vas a cantar! toda otra primavera, vas a cantar. ¡Otra vez tú, otra vez la primavera! ¡Si supieras lo que eres para mí! ¿Cómo podría yo decirte lo que eres, lo que eres tú, lo que soy yo, lo que eres para mí? ¡Como te llamo, cómo te escucho, cómo te adoro, hermano eterno, pájaro de la gracia y de la gloria, humilde, delicado, ajeno; ángel del aire nuestro, derramador de música completa! Pájaro, yo te amo como a la mujer, a la mujer, tu hermana más que yo. Sí, bebe ahora el agua de mi fuente, pica la rama, salta lo verde, entra, sal, rejistra toda tu mansión de ayer; ¡mírame bien a mí, pájaro mío, consuelo universal de mujer y hombre! Vendrá la noche inmensa, abierta toda en que me cantarás del paraíso, en que me harás el paraíso, aquí, yo, tú, esperanza; nunca te he comprendido como ahora; nunca he visto tu dios como hoy lo veo, el dios que acaso fuiste tú y que me comprende. "Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tienes tú." ¡Qué hermosa primavera nos aguarda en el amor, fuera del odio! ¡Ya soy feliz! ¡El canto, tú y tu canto! El canto.Yo vi jugando al pájaro y la ardilla, al gato y la gallina, al elefante y al oso, al hombre con el hombre, cuando el hombre cantaba. No, este perro no levanta los pájaros, los mira, los comprende, los oye, se echa al suelo, y calla y sueña ante ellos. ¡Qué grande el mundo en paz, qué azul tan bueno para el que puede no gritar, puede cantar; cantar y comprender y amar! ¡Inmensidad, en ti y ahora vivo; ni montañas, ni casi piedra, ni agua, ni cielo casi; inmensidad, y todo y sólo inmensidad; esto que abre y que separa el mar del cielo, el cielo de la tierra, y, abriéndolos y separándolos, los deja más unidos y cercanos, llenando con lo lleno lejano la totalidad! ¡Espacio y tiempo y luz en todo yo, en todos y yo y todos! ¡Yo con la inmensidad! Esto es distinto; nunca lo sospeché y ahora lo tengo. Los caminos son sólo entradas o salidas de luz, de sombra, sombra y luz; y todo vive en ellos para que sea más inmenso yo, y tú seas. ¡Qué regalo de mundo, qué universo inmenso, dentro, fuera de ti, segura inmensidad! Imágenes de amor en la presencia concreta; suma gracia y gloria de la imajen, ¿vamos a hacer eternidad? ¡Vosotras, yo, podemos crear la eternidad una y mil veces, cuando queramos! ¡Todo es nuestro y no se nos acaba nunca! ¡Amor, contigo y con la luz todo se hace, y lo que amor, no acaba nunca!



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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 06 Feb 2015, 18:20

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De Animal de fondo, 1949

LA TRANSPARENCIA, DIOS
LA TRANSPARENCIA


Dios del venir, te siento entre mis manos,
aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa
de amor, lo mismo
que un fuego con su aire.

No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo,
ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano;
eres igual y uno, eres distinto y todo:
eres dios de lo hermoso conseguido,
conciencia mía de lo hermoso.

Yo nada tengo que purgar.
Toda mi impedimenta,
no es sino fundación para este hoy
en que, al fin, te deseo;
porque estás ya a mi lado,
en mi eléctrica zona,
como está en el amor el amor lleno.

Tú, esencia, eres conciencia; mi conciencia
y la de otros, la de todos,
con forma suma de conciencia;
que la esencia es lo sumo,
es la forma suprema conseguible,
y tu esencia está en mí como mi forma.

Todos mis moldes, llenos
estuvieron de ti; pero tú, ahora,
no tienes molde, estás sin molde; eres la gracia
que no admite sostén,
que no admite corona,
que corona y sostiene siendo ingrave.

Eres la gracia libre,
la gloria del gustar, la eterna simpatía,
el gozo del temblor, la luminaria
del clariver, el fondo del amor,
el horizonte que no quita nada;
la transparencia, dios la transparencia,
el uno al fin, dios ahora sólito en lo uno mío,
en el mundo que yo por ti y para ti he creado.


EL NOMBRE CONSEGUIDO
DE LOS NOMBRES


Si yo, por ti, he creado un mundo para ti,
dios, tú tenías seguro que venir a él,
y tú has venido a él, a mí seguro,
porque mi mundo todo era mi esperanza.

Yo he acumulado mi esperanza
en lengua, en nombre hablado, en nombre escrito;
a todo yo le había puesto nombre
y tú has tomado el puesto
de toda esta nombradía.

Ahora puedo yo detener ya mi movimiento,
como la llama se detiene en ascua roja
con resplandor de aire inflamando azul,
en el ascua de mi perpetuo estar y ser;
ahora yo soy ya mi mar paralizado,
el mar que yo decía, mas no duro,
paralizado en olas de conciencia en luz
y vivas hacia arriba todas, hacia arriba.

Todos los nombres que yo puse
al universo que por ti me recreaba yo,
se me están convirtiendo en uno y en un
dios.

El dios que es siempre al fin,
el dios creado y recreado y recreado
por gracia y sin esfuerzo.
El Dios. El nombre conseguido de los nombres.


EN MI TERCERO MAR

En mi tercero mar estabas tú
de ese color de todos los colores
(que yo dije otro día de tu blanco);
de ese rumor ded todos los rumores
que siempre perseguí, con el color,
por aire, tierra, agua, fuego, amor,
tras el gris terminal de todas las salidas.

Tú eras, viniste siendo, eras el amor
en fuego, agua, tierra y aire,
amor en cuerpo mío de hombre y en cuerpo de mujer,
el amor que es la forma
total y única
del elemento natural, que es elemento
del todo, el para siempre;
y que siempre te tuvo y te tendrá
sino que no todos te ven,
sino que los que te miramos no te vemos hasta un día.

El amor más completo, amor, tú eres,
con la sustancia toda
(y con toda la esencia)
en los sentidos todos de mi cuerpo
que son los mismos en el gran saber
de quien, como yo ahora, todo, en luz, lo sabe.

Lo sabe, pues lo supo más y más;
el más, el más, camino único de la sabiduría;
ahora yo sé ya que soy completo,
porque tú, mi deseado dios, estás visible,
estás audible, estás sensible
en rumor y en color de mar, ahora;
porque eres espejo de mi mismo
en el mundo, mayor por ti, que me ha tocado.


TAL COMO ESTABAS

En el recuerdo estás tal como estabas.
Mi conciencia ya era esta conciencia,
pero yo estaba triste, siempre triste,
porque aún mi presencia no era la semejante
de esta final conciencia

Entre aquellos jeranios, bajo aquel limón,
junto a aquel pozo, con aquella niña,
tu luz estaba allí, dios deseante;
tú estabas a mi lado,
dios deseado,
pero no habías entrado todavía en mí.

El sol, el azul, el oro eran,
como la luna y las estrellas,
tu chispear y tu coloración completa,
pero yo no podía cojerte con tu esencia,
la esencia se me iba
(como la mariposa de la forma)
porque la forma estaba en mí
y al correr tras lo otro la dejaba;
tanto, tan fiel que la llevaba,
que no me parecía lo que era.

Y hoy, así, sin yo saber por qué,
la tengo entera, entera.
No sé qué día fue ni con qué luz
vino a un jardín, tal vez, casa, mar, monte,
y vi que era mi nombre sin mi nombre,
sin mi sombra, mi nombre,
el nombre que yo tuve antes de ser
oculto en este ser que me cansaba,
porque no era este ser que hoy he fijado
(que pude no fijar)
para todo el futuro iluminado
iluminante,
dios deseado y deseante.



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Re: Juan Ramón Jiménez

Mensaje por Pedro Casas Serra el Sáb 14 Feb 2015, 18:24

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De Una colina meridiana (1942 - 1950):


DISTINTO

Lo querían matar
los iguales,
porque era distinto.

Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo.
si veis a un hombre distinto,
matadlo.

Y el sol y la luna
dando en lo distinto?

Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.


MÁS HERMOSAS QUE NUNCA

Nunca la paz de los árboles grises,
redonda paz de los troncos desnudos,
la recta paz de los árboles grises
se ha repetido más bella en mi vida.

Porque tengo la edad de abonarles
la copa de abril con mi sangre,
y mi sangre cargada de luz.

Me rodean las flores humanas
(redonda paz de las flores humanas)
más hermosas que nunca. Son mías,
y les amo mi propio calor.

“Mías”, grito con nuevo sentido,
pues que es nuevo el sentido del dios
que les deja su sitio de luz
en la plácida luz.


COLORES, IDEAS

Los colores que saca la luz a los cuerpos,
me levantan, me escitan, no me dejan morir;
las ideas que saca la sombra a las almas,
me perturban, me escitan, no me dejan vivir.

¿Para qué estas ideas, para qué esos colores,
que nos cambian de sombra y de liz?
¿Dónde estaban?
…........................No estaban.
¿Su destino es lucir y sombrar el morir?
Mi destino es morir el sombrar y el lucir.


INVIERNO ANUNCIADOR

Este momento en que el invierno último
da flor y flor y flor;
flor que es entrada alegre del invierto
en las entrañas de la primavera
y anuncio de la primavera.
….......................................¡Invierno anunciador,
con tus árboles mudos, blancos, negros,
subiendo las colinas del ocaso;
bellos como escuadrones
de hombres, de mujeres y de niños desnudos,
tan hermosos de espalda que de frente;
seres entre dos vidas,
la gozada y la por gozar!

Y nosotros
(entre los árboles, los árboles desnudos
que llenandode su redondo ser todas las lomas)
tan hermosos de frente que de espalda,
tocados de amarillo sol radiante,
tan hermoso de espalda que de frente,
que se va, no al poniente a terminar,
no al fin sino al principio;
que no nos dice transparentes de él
“Quedaos atrás con dios”, sino “Vendré mañana,
mañana de mañana,
y bien seguro”.
….....................¡Conque todo,
tierra, trabajo, amor y muerte, hasta mañana!


CON ELLA Y EL BURLÓN

Éste es el campo en primavera,
el verdadero campo en primavera verdadera.

Tú me dijiste a mí que no lo era todavía,
pero yo sí sabía que lo era.

(Por eso hemos venido.)
…....................................Ahora, a pasear
este camino, que es
el camino del campo en primavera,
que sólo va a la primavera en primavera,
por el que se pasea uno en un llegar
permanente, y se detiene uno, otra y otra vez,
en hitos de la órbita total,
a respirar el todo, que se ofrece
al que lo ansía con amor y gracia,
cuando es la verdadera primavera;
el camino del todo en primavera,
que sólo va a la primavera verdadera.

En este aire que se aspira
hasta llenarse uno de presente único,
estaba ese alimento que el burlón nervioso
pedía a las tres nubes de anteayer,
a los dioses radiantes de anteayer,
estacionados sobre el ondular
del verde campo hermoso;
está el color en forma verdadero
de verdadera luz, la luz en verdadera forma
de verdadero ser, el ser que nutre el pecho verdadero,
donde el ala se cierra al volar hondo
sobre el fino plumón,
contra el henchido corazón
y el dilatado, inmenso y fiel pulmón.


COPLAS DE LOS TRES PERDEDORES

Del segundo

POR ESO NUNCA

El sol da de otra manera
en esta estraña ladera
que no acaba.
Por eso yo estraño estoy.

Porque este raro camino
era mi absurdo destino,
que no acaba.
Por eso yo solo voy.

Porque en mí, el equivocado,
todo es sombra de otro lado
que no acaba.
Por eso siempre otro soy.

Porque salgo de esta vida
con tierra desconocida
que no acaba.
Por eso nunca es mi hoy.


(continuará)


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