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GABRIELA MISTRAL

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Evangelina Valdez
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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Evangelina Valdez el Jue 30 Ene 2014, 18:44

Y sigamos con la Mistral:

"YO NO TENGO SOLEDAD"

Es la noche desamparo
de las sierras hasta el mar.
Pero yo, la que te mece,
¡yo no tengo soledad!

Es el cielo desamparo
si la Luna cae al mar.
Pero yo, la que te estrecha,
¡yo no tengo soledad!

Es el mundo desamparo
y la carne triste va.
Pero yo, la que te oprime,
¡yo no tengo soledad!

------------

"ROMANCE DEL ESTABLO DE BELÉN"

Al llegar la medianoche
y romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo...

y se fueron acercando
y alargaron hasta el Niño
sus cien cuellos, anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos,
como llenos de rocío...

Una oveja lo frotaba
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos...

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes y de ocas
y de gallos y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el niño
su ancha cola de colores;
y las ocas de anchos picos

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un vuelo palpitante
sobre del recién nacido...

Y la Virgen entre el bosque
de los cuernos, sin sentido,
agitada iba y venía
sin poder tomar al Niño.

Y José sonriendo iba
acercándose en su auxilio...
¡Y era como un bosque todo
el establo conmovido!

------------------

"POEMA DEL HIJO"
-A ALFONSINA STORNI-


I


¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo

y mío, allá en los días del éxtasis ardiente,

en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo

y un ancho resplandor creció sobre mi frente.



Decía: ¡un hijo!, como el árbol conmovido

de primavera alarga sus yemas hacia el cielo.

¡Un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos,

la frente de estupor y los labios de anhelo!



Sus brazos en guirnalda a mi cuello trenzados;

el río de mi vida bajando a él, fecundo,

y mis entrañas como perfume derramado

ungiendo con su marcha las colinas del mundo.



Al cruzar una madre grávida, la miramos

con los labios convulsos y los ojos de ruego,

cuando en las multitudes con nuestro amor pasamos.

¡Y un niño de ojos dulces nos dejó como ciegos!



En las noches, insomne de dicha y de visiones,

la lujuria de fuego no descendió a mi lecho.

Para el que nacería vestido de canciones

yo extendía mi brazo, yo ahuecaba mi pecho...



El sol no parecíame, para bañarlo, intenso;

mirándome, yo odiaba, por toscas, mis rodillas;

mi corazón, confuso, temblaba al don inmenso;

¡y un llanto de humildad regaba mis mejillas!



Y no temí a la muerte, disgregadora impura;

los ojos de él libraron los tuyos de la nada,

y a la mañana espléndida o a la luz insegura

yo hubiera caminado bajo de esa mirada...



II



Ahora tengo treinta años, y mis sienes jaspea

la ceniza precoz de la muerte. En mis días,

como la lluvia eterna de los polos, gotea

la amargura con lágrimas lentas, salobre y fría.



Mientras arde la llama del pino, sosegada,

mirando a mis entrañas pienso qué hubiera sido

un hijo mío, infante con mi boca cansada,

mi amargo corazón y mi voz de vencido.



Y con tu corazón, el fruto de veneno,

y tus labios que hubieran otra vez renegado.

Cuarenta lunas él no durmiera en mi seno,

que sólo por ser tuyo me hubiese abandonado.



Y en qué huertas en flor, junto a qué aguas corrientes

lavara, en primavera, su sangre de mi pena,

si fui triste en las landas y en las tierras clementes,

y en toda tarde mística hablaría en sus venas.



Y el horror de que un día, con la boca quemante

de rencor, me dijera lo que dije a mi padre:

«¿Por qué ha sido fecunda tu carne sollozante

y se henchieron de néctar los pechos de mi madre?»



Siento el amargo goce de que duermas abajo

en tu lecho de tierra, y un hijo no meciera

mi mano, por dormir yo también sin trabajos

y sin remordimientos, bajo una zarza fiera.



Porque yo no cerrara los párpados, y loca

escuchase a través de la muerte, y me hincara,

deshechas las rodillas, retorcida la boca,

si lo viera pasar con mi fiebre en su cara.



Y la tregua de Dios a mí no descendiera:

en la carne inocente me hirieran los malvados,

y por la eternidad mis venas exprimieran

sobre mis hijos de ojos y de frente extasiados.



¡Bendito pecho mío en que a mis gentes hundo

y bendito mi vientre en que mi raza muere!

¡La cara de mi madre ya no irá por el mundo

ni su voz sobre el viento, trocada en miserere!



La selva hecha cenizas retoñará cien veces

y caerá cien veces, bajo el hacha, madura.

Caeré para no alzarme en el mes de las mieses;

conmigo entran los míos a la noche que dura.



Y como si pagara la deuda de una raza,

taladran los dolores mi pecho cual colmena.

Vivo una vida entera en cada hora que pasa;

como el río hacia el mar, van amargas mis venas.



Mis pobres muertos miran el sol y los ponientes

con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan.

Se me cansan los labios de las preces fervientes

que antes que yo enmudezca por mi canción entregan.



No sembré por mi troje, no enseñé para hacerme

un brazo con amor para la hora postrera,

cuando mi cuello roto no pueda sostenerme

y mi mano tantee la sábana ligera.



Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje

con los trigos divinos, y sólo a Ti espero,

¡Padre nuestro que estás en los cielos!, recoge

mi cabeza mendiga, si en esta noche muero.



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Evangelina Valdez
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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Evangelina Valdez el Jue 30 Ene 2014, 18:56

"LA MUJER FUERTE"

Me acuerdo de tu rostro que se fijó en mi días,
mujer de saya azul y de ostada frente,
que en mi niñez y en mi tierra de ambrosía
vi abrir el surco negro en un abril ardiente.

Alzaba en la taberna,honda,la copa impura
el que te apegó un hijo al pecho de la azucena,
y bajo su recuerdo, que te era quemadura,
caía la simiente de tu mano,serena.

Segar te vi en enero los trigos de tu hijo,
y sin comprender tuve en tí los ojos fijos,
agrandados al par,de maravilla y llanto.

Y el lodo de tus pies todavía besara,
porque entre cien mundanas no he encontrado tu cara
¡y aun te sigo en los surcos la sombra de mi canto!

----------------

"IM MEMORIAM"

Amado Nervo,suave perfil,labio sonriente;
Amado Nervo, estrofa y corazón en paz:
mientras te escribo, tienes losa sobre la frente,
baja en la nieve tu mortaja inmensamente
y la tremenda albura cayó sobre tu faz.
.

Me escribías: «Soy triste como los solitarios,
pero he vestido de sosiego mi temblor,
mi atroz angustia de la mortaja y el osario
y el ansia viva de Jesucristo, mi Señor».
.

¡Pensar que no hay colmena que entregue tu dulzura;
que entre las lenguas de odio eras lengua de paz;
que se va el canto mecedor de la amargura,
que habrá tribulación y no responderás!
.

De donde tú cantabas se me levantó el día.
Cien noches con tu verso yo me he dormido en paz.
Aun era heroica y fuerte, porque aún te tenía;
sobre la confusión tu resplandor caía.
¡Y ahora tú callas, y tienes polvo, y no eres más!
.

No te vi nunca. No te veré. Mi Dios lo ha hecho.
¿Quién te juntó las manos? ¿Quién dio, rota la voz,
la oración de los muertos al borde de tu lecho?
¿Quién te alcanzó en los ojos el estupor de Dios?
.

Aún me quedan jornadas bajo los soles. ¿Cuándo
verte, dónde encontrarte y darte mi aflicción,
sobre la Cruz del Sur que me mira temblando,
o más allá, donde los vientos van callando,
y, por impuro, no alcanzará mi corazón?
.

Acuérdate de mí —lodo y ceniza triste—
cuando estés en tu reino de extasiado zafir.
A la sombra de Dios, grita lo que supiste:
que somos huérfanos, que vamos solos, que tú nos viste.
¡que toda carne con angustia pide morir!

-----------------

"EL ESTABLO"

Al llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.

Y se fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.

Una oveja lo frotaba,
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos...

Las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes, y de ocas,
y de gallos, y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el Niño
la gran cola de colores;
y las ocas de anchos picos,

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un velo palpitante
sobre del recién nacido...

Y la Virgen, entre cuernos
y resuellos blanquecinos,
trastocada iba y venía
sin poder coger al Niño.

Y José llegaba riendo
a acudir a la sin tino.
Y era como bosque al viento
el establo conmovido...

---------------------

"DEVUELTO"

A la cara de mi hijo
que duerme, bajan
arenas de las dunas,
flor de la caña
y la espuma que vuela
de la cascada...
.
Y es sueño nada más
cuanto le baja;
sueño cae a su boca,
sueño a su espalda,
y me roban su cuerpo
junto con su alma.
.
Y así lo van cubriendo
con tanta maña,
que en la noche no tengo
hijo ni nada,
madre ciega de sombra,
madre robada.
.
Hasta que el sol bendito
al fin lo baña:
me lo devuelve en linda
fruta mondada
¡y me lo pone entero
sobre la falda!
.


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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Evangelina Valdez el Jue 30 Ene 2014, 19:07

"DECÁLOGO DEL ARTISTA"

I.

Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.

II.

No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.

III.

No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.

IV.

No te será pretexto para la lujuria ni para la vanidad, sino ejercicio divino.

V.

No la buscarás en las ferias ni llevarás tu obra a ellas, porque la Belleza es virgen, y la que está en las ferias no es Ella.

VI.

Subirá de tu corazón a tu canto y te habrá purificado a ti el primero.

VII.

Tu belleza se llamará también misericordia, y consolará el corazón de los hombres.

VIII.

Darás tu obra como se da un hijo: restando sangre de tu corazón.

IX.

No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista.

X.

De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño, e inferior a ese sueño maravilloso de Dios, que es la Naturaleza.
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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Evangelina Valdez el Jue 30 Ene 2014, 19:12

"CON TAL QUE TE DUERMAS"

La rosa colorada
cogida ayer;
el fuego y la canela
que llaman clavel;

.

el pan horneado
de anís con miel,
y el pez de la redoma
que la hace arder:
todito tuyo
hijito de mujer,
con tal que quieras
dormirte de una vez.
.

La rosa, digo:
digo el clavel.
La fruta, digo,
y digo que la miel;
y el pez de luces
y más y más también,
¡con tal que duermas
hasta el amanecer!

---------------

"CANCIÓN DE PESCADORAS"

Niñita de pescadores
que con viento y olas puedes,
duerme pintada de conchas,
garabateada de redes.
.
Duerme encima de la duna
que te alza y que te crece,
oyendo la mar-nodriza
que a más loca mejor mece.
.
La red me llena la falda
y no me deja tenerte,
porque si rompo los nudos
será que rompo tu suerte...
.
Duérmete mejor que lo hacen
las que en la cuna se mecen,
la boca llena de sal
y el sueño lleno de peces.
.
Dos peces en las rodillas,
uno plateado en la frente,
y en el pecho, bate y bate,
otro pez incan
.---------------------------

"Yo canto lo que tú amabas"

Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
Por si te acercas y escuchas, vida mía,
Por si te acuerdas del mundo que viviste,
Al atardecer yo canto, sombra mía.

Yo no quiero enmudecer, vida mía.
¿Cómo sin mi grito fiel me hallarías?
¿Cuál señal, cuál, me declara, vida mía?

Soy la misma que fue tuya, vida mía.
Ni lenta ni trascordada ni perdida.
Acude al anochecer, vida mía;
Ven recordando un canto, vida mía,
Si la canción reconoces de aprendida
Y si mi nombre recuerdas todavía.

Te espero sin plazo ni tiempo.
No temas noche, neblina ni aguacero.
Acude con sendero o sin sendero.
Llámame a donde tú eres, alma mía,
Y marcha recto hacia mí, compañero.


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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Evangelina Valdez el Jue 30 Ene 2014, 19:17

"ÚLTIMO ÁRBOL"

Esta solitaria greca
Que me dieron en naciendo:
Lo que va de mi costado
A mi costado de fuego;

Lo que corre de mi frente
A mis pies calenturientos;
Esta isla de mi sangre,
Esta parvedad de reino,

Yo lo devuelvo cumplido
Y en brazada se lo entrego
Al último de mis árboles,
A tamarindo o a cedro.

Por si en la segunda vida
No me dan lo que ya dieron
Y me hace falta este cuajo
De frescor y de silencio,

Y yo paso por el mundo
En sueño, carrera o vuelo,
En vez de umbrales de casas,
Quiero árbol de paradero.

Le dejaré lo que tuve
De ceniza y firmamento
Mi flanco lleno de hablas
Y mi flanco de silencio;

Soledades que me di,
Soledades que me dieron,
Y el diezmo que pagué al rayo
De mi Dios dulce y tremendo;

Mi juego de toma y daca
Con las nubes y los vientos,
Y lo que supe temblando,
De manantiales secretos.

¡Ay, arrimo tembloroso
De mi arcángel verdadero,
Adelantado en las rutas
Con el ramo y el ungüento!

Tal vez ya nació y me falta
Gracia de reconocerlo,
O sea el árbol sin nombre
Que cargué como a hijo ciego.

A veces cae a mis hombros
Una humedad o un oreo
Y veo en contorno mío
El cíngulo de su ruedo.

Pero tal vez su follaje
Ya va arropando mi sueño
Y estoy, de muerta, cantando
Debajo de él, sin saberlo.

------------

Riqueza

Tengo la dicha fiel
Y la dicha perdida:
La una como rosa,
La otra como espina.
De lo que me robaron
No fui desposeída:
Tengo la dicha fiel
Y la dicha perdida,
Y estoy rica de púrpura
Y de melancolía.
¡Ay, qué amante es la rosa
Y qué amada la espina!
Como el doble contorno
De dos frutas mellizas,
Tengo la dicha fiel
Y la dicha perdida...

--------------

Puertas

Entre los gestos del mundo
Recibí el que dan las puertas.
En la luz yo las he visto
O selladas o entreabiertas
Y volviendo sus espaldas
Del color de la vulpeja.
¿Por qué fue que las hicimos
Para ser sus prisioneras?

Del gran fruto de la casa
Son la cáscara avarienta.
El fuego amigo que gozan
A la ruta no lo prestan.
Canto que adentro cantamos
Lo sofocan sus maderas
Y a su dicha no convidan
Como la granada abierta:
¡Sibilas llenas de polvo,
Nunca mozas, nacidas viejas!

Parecen tristes moluscos
Sin marea y sin arenas.
Parecen, en lo ceñudo,
La nube de la tormenta.

A las sayas verticales
De la muerte se asemejan
Y yo las abro y las paso
Como la caña que tiembla.

"¡No!" dicen a las mañanas
Aunque las bañen, las tiernas.
Dicen "¡no!" al viento marino
Que en su frente palmotea
Y al olor a pinos nuevos
Que se viene por la Sierra.
Y lo mismo que Casandra,
No salvan aunque bien sepan:
Porque mi duro destino
Él también pasó mi puerta.

Cuando golpeo me turban
Igual que la vez primera.
El seco dintel da luces
Como la espada despierta
Y los batientes se avivan
En escapadas gacelas.
Entro como quien levanta
Paño de cara encubierta,
Sin saber lo que me tiene
Mi casa de angosta almendra
Y me pregunto si me aguarda
Mi salvación o mi pérdida.

Ya no quiero irme y dejar
El sobrehaz de la Tierra,
El horizonte que acaba
Como un ciervo, de tristeza,
Y las puertas de los hombres
Selladas como cisternas.
Por no voltear en la mano
Sus llaves de anguilas muertas
Y no oírles más el crótalo
Que me sigue la carrera.

Voy a cruzar sin gemido
La última vez por ellas
Y alejarme tan gloriosa
Como la esclava liberta,
Siguiendo el cardumen vivo
De mis muertos que me llevan.
No estarán allá rayados
Por cubo y cubo de puertas
Ni ofendidos por sus muros
Como el herido de sus vendas.

Vendrán a mí sin embozo,
Oreados de luz eterna.
Cantaremos a mitad
De los cielos y la tierra.
Con el canto apasionado
Heriremos puerta y puerta
Y saldrán de ellas los hombres
Como niños que despiertan
Al oír que se descuajan
Y que van cayendo muertas.

---------------------

País de la ausencia

A Ribeiro Couto.


País de la ausencia
Extraño país,
Más ligero que ángel
Y seña sutil,
Color de alga muerta,
Color de neblí,
Con edad de siempre,
Sin edad feliz.

No echa granada,
No cría jazmín,
Y no tiene cielos
Ni mares de añil.
Nombre suyo, nombre,
Nunca se lo oí,
Y en país sin nombre
Me voy a morir.

Ni puente ni barca
Me trajo hasta aquí,
No me lo contaron
Por isla o país.
Yo no lo buscaba
Ni lo descubrí.

Parece una fábula
Que yo me aprendí,
Sueño de tomar
Y de desasir.
Y es mi patria donde
Vivir y morir.

Me nació de cosas
Que no son país;
De patrias y patrias
Que tuve y perdí;
De las criaturas
Que yo vi morir;
De lo que era mío
Y se fue de mí.

Perdí cordilleras
En donde dormí;
Perdí huertos de oro
Dulces de vivir;
Perdí yo las islas
De caña y añil,
Y las sombras de ellos
Me las vi ceñir
Y juntas y amantes
Hacerse país.

Guedejas de nieblas
Sin dorso y cerviz,
Alientos dormidos
Me los vi seguir,
Y en años errantes
Volverse país,
Y en país sin nombre
Me voy a morir.


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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Lluvia Abril el Vie 31 Ene 2014, 06:07

Corderito


Corderito mío,
suavidad callada:
mi pecho es tu gruta
de musgo afelpada.

Carnecita blanca,
tajada de luna:
lo he olvidado todo
por hacerme cuna.

Me olvidé del mundo
y de mí no siento
más que el pecho vivo
con que te sustento.

Y sé de mí sólo
que en mí te recuestas.
Tu fiesta, hijo mío,
apagó las fiestas.



Del nicho helado en que los hombres te pusieron



Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!




Obrerito



Madre, cuando sea grande,
¡ay..., qué mozo el que tendrás!
Te levantaré en mis brazos,
como el zonda al herbazal.

O te acostaré en las parvas
o te cargaré hasta el mar
o te subiré las cuestas
o te dejaré al umbral.

¿Y qué casal ha de hacerte
tu niñito, tu titán,
y qué sombra tan amante
sus aleros van a dar?

Yo te regaré una huerta
y tu falda he de cansar
con las frutas y las frutas
que son mil y que son más.

O mejor te haré tapices
con la juncia de trenzar;
o mejor tendré un molino
que te hable haciendo el pan.

Cuenta, cuenta las ventanas
y las puertas del casal;
cuenta, cuenta maravillas
si las puedes tú contar...







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Si quieres hallar en cualquier parte
amistad, dulzura y poesía, llevalas contigo.

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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Lluvia Abril el Vie 31 Ene 2014, 06:26




Caperucita roja
de Gabriela Mistral



Caperucita Roja visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja, la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
«Caperucita Roja, cuéntame adónde vas».

Caperucita es cándida como los lirios blancos.
«Abuelita ha enfermado. Le llevo aquí un pastel
y un pucherito suave, que se derrama en juego.
¿Sabes del pueblo próximo? Vive en la entrada de él».

Y ahora, por el bosque discurriendo encantada,
recoge bayas rojas, corta ramas en flor,
y se enamora de unas mariposas pintadas
que la hacen olvidarse del viaje del Traidor...

El Lobo fabuloso de blanqueados dientes,
ha pasado ya el bosque, el molino, el alcor,
y golpea en la plácida puerta de la abuelita,
que le abre. (A la niña ha anunciado el Traidor.)

Ha tres días la bestia no sabe de bocado.
¡Pobre abuelita inválida, quién la va a defender!
... Se la comió riendo toda y pausadamente
y se puso en seguida sus ropas de mujer.

Tocan dedos menudos a la entornada puerta.
De la arrugada cama dice el Lobo: «¿Quién va?»
La voz es ronca. «Pero la abuelita está enferma»
la niña ingenua explica. «De parte de mamá».

Caperucita ha entrado, olorosa de bayas.
Le tiemblan en la mano gajos de salvia en flor.
«Deja los pastelitos; ven a entibiarme el lecho».
Caperucita cede al reclamo de amor.

De entre la cofia salen las orejas monstruosas.
«¿Por qué tan largas?», dice la niña con candor.
Y el velludo engañoso, abrazado a la niña:
«¿Para qué son tan largas? Para oírte mejor».

El cuerpecito tierno le dilata los ojos.
El terror en la niña los dilata también.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes ojos?»
«Corazoncito mío, para mirarte bien...»

Y el viejo Lobo ríe, y entre la boca negra
tienen los dientes blancos un terrible fulgor.
«Abuelita, decidme: ¿por qué esos grandes dientes?»
«Corazoncito, para devorarte mejor...»

Ha arrollado la bestia, bajo sus pelos ásperos,
el cuerpecito trémulo, suave como un vellón;
y ha molido las carnes, y ha molido los huesos,
y ha exprimido como una cereza el corazón...




La lluvia lenta



Esta agua medrosa y triste,
como un niño que padece,
antes de tocar la tierra
desfallece.

Quieto el árbol, quieto el viento,
¡y en el silencio estupendo,
este fino llanto amargo
cayendo!

El cielo es como un inmenso
corazón que se abre, amargo.
No llueve: es un sangrar lento
y largo.

Dentro del hogar, los hombres
no sienten esta amargura,
este envío de agua triste
de la altura.

Este largo y fatigante
descender de aguas vencidas,
hacia la Tierra yacente
y transida.

Llueve... y como un chacal trágico
la noche acecha en la sierra.
¿Qué va a surgir, en la sombra,
de la Tierra?

¿Dormiréis, mientras afuera
cae, sufriendo, esta agua inerte,
esta agua letal, hermana
de la Muerte?

El papagayo

El papagayo verde y amarillo,
el papagayo verde y azafrán,
me dijo «fea» con su habla gangosa
y con su pico que es de Satanás.

Yo no soy fea, que si fuese fea,
fea es mi madre parecida al sol,
fea la luz en que mira mi madre
y feo el viento en que pone su voz,
y fea el agua en que cae su cuerpo
y feo el mundo y Él que lo crió...

El papagayo verde y amarillo,
el papagayo verde y tornasol,
me dijo «fea» porque no ha comido
y el pan con vino se lo llevo yo,
que ya me voy cansando de mirarlo
siempre colgado y siempre tornasol...




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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Lluvia Abril el Vie 31 Ene 2014, 06:49


La cajita de Olinalá



Cajita mía
de Olinalá,
palo-rosa,
jacarandá.

Cuando la abro
de golpe da
su olor de reina
de Sabá.

¡Ay, bocanada
tropical:
clavo, caoba
y el copal!

La pongo aquí,
la dejo allá;
por corredores
viene y va.

Hierve de grecas
como un país:
nopal, venado,
codorniz,

los volcanes
de gran cerviz
y el indio aéreo
como el maíz.

Así la pintan,
así, así,
dedos de indio
o colibrí;

y así la hace
de cabal
mano azteca,
mano quetzal.

II

Cuando la noche
va a llegar,
porque me guarde
de su mal,

me la pongo
de cabezal
donde otros ponen
su metal.

Lindos sueños
que hace soñar;
hace reír,
hace llorar:

Mano a mano
se pasa el mar,
sierras mellizas
campos de arar.

Se ve al Anáhuac
rebrillar,
la bestia-Ajusco
que va a saltar,

y por el rumbo
que lleva al mar,
a Quetzalcoalt
se va a alcanzar.

Ella es mi hálito,
yo, su andar;
ella, saber;
yo, desvariar.

Y paramos
como el maná
donde el camino
se sobra ya,

donde nos grita
un ¡halalá!
el mujerío
de Olinalá.



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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Lluvia Abril el Vie 31 Ene 2014, 06:55


Interrogaciones



¿Cómo quedan, Señor, durmiendo los suicidas?
¿Un cuajo entre la boca, las dos sienes vaciadas,
las lunas de los ojos albas y engrandecidas,
hacia un ancla invisible las manos orientadas?

¿O Tú llegas después que los hombres se han ido,
y les bajas el párpado sobre el ojo cegado,
acomodas las vísceras sin dolor y sin ruido
y entrecruzas las manos sobre el pecho callado?

El rosal que los vivos riegan sobre su huesa
¿no le pinta a sus rosas unas formas de heridas?
¿No tiene acre el olor, sombría la belleza
y las frondas menguadas de serpientes tejidas?

Y responde, Señor: Cuando se fuga el alma
por la mojada puerta de las largas heridas,
¿entra en la zona tuya hendiendo el aire en calma
o se oye un crepitar de alas enloquecidas?

¿Angosto cerco lívido se aprieta en torno suyo?
¿El éter es un campo de monstruos florecido?
¿En el pavor no aciertan ni con el nombre tuyo?
¿O van gritando sobre tu corazón dormido?

¿No hay un rayo de sol que los alcance un día?
¿No hay agua que los lave de sus estigmas rojos?
¿Para ellos solamente queda tu entraña fría,
sordo tu oído fino y apretados tus ojos?

Tal el hombre asegura, por error o malicia;
mas yo, que te he gustado, como un vino, Señor,
mientras los otros siguen llamándote Justicia,
¡no te llamaré nunca otra cosa que Amor!

Yo sé que como el hombre fue siempre zarpa dura;
la catarata, vértigo; aspereza, la sierra.
¡Tú eres el vaso donde se esponjan de dulzura
los nectarios de todos los huertos de la Tierra!


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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por cecilia gargantini el Vie 31 Ene 2014, 19:48

Gracias, mil gracias, Evangelina y Lluvia, por darnos tanto!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Besitossssssssssss miles para cada una
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Re: GABRIELA MISTRAL

Mensaje por Maria Lua el Sáb 01 Feb 2014, 18:01

Gracias, amigos: Mauricio, Evangelina,
Lluvia, Cecilia, Pascual
Besos
Maria Lua


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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasíón
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente...


Maria Lua






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