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CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

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Mensaje por Maria Lua el Jue Mayo 14, 2020 4:21 am

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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Jue Mayo 14, 2020 4:42 am

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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Jue Mayo 14, 2020 6:55 pm

Un cuento de Carlos Drummond de Andrade:

FLOR, TELÉFONO, MUCHACHA

No, no es cuento. Yo soy uno de esos tipos que a veces escucha y otras no escucha, y así va tirando.
Aquel día escuché porque era una amiga la que hablaba y hace bien oír a los amigos, aunque no hablen, porque un amigo es capaz de hacerse entender hasta sin señales. Hasta sin ojos.

¿Se hablaba de cementerios? ¿De teléfonos? No me acuerdo, pero fuera de lo que fuese, mi amiga —ah, sí; ahora me acuerdo, hablábamos de flores— de pronto se puso seria y bajó la voz.
—Sé el caso de una flor, ¡pero es tan triste!
Y sonriente:
—Además, estoy segura de que no lo vas a creer.

¿Quién sabe? Todo depende de quién lo cuenta y de cómo lo cuenta. Hay días en que ni de esto depende: es cuando estamos poseídos de una credulidad universal; pero, argumento máximo para mí, ella aseveraba que la historia era verdadera.

—La muchacha vivía en la calle General Polidoro —empezó diciendo—. Cerca del cementerio de San Juan Bautista. Como has de saber, los que viven por ahí, quiéranlo o no, se familiarizan con la muerte. No hay hora en que no pase un entierro y termine por interesarnos. No es tan fascinante como ver pasar navios, o casamientos, o la carroza de un rey, pero siempre vale la pena mirarlos. La muchacha, naturalmente, prefería ver un entierro a no ver nada. Menos mal que el desfile de tanto cadáver no la deprimía.

Si el entierro era muy importante, de esos, sabes, con un obispo o un general, la muchacha se quedaba a la entrada del cementerio para ver mejor. ¿Te has fijado cómo la gente se impresiona con las coronas? Demasiado, ¿no? Y se muere de curiosidad por saber qué hay escrito en las cintas. El muerto que da verdaderamente pena es el que llega sin acompañamiento floral, tanto da que sea por decisión de la familia o por falta de medios.

Las coronas no sólo confieren prestigio al difunto, sino que hasta lo acunan. A veces ella entraba al cementerio y seguía al séquito hasta el lugar de la sepultura. Así adquirió, seguramente, la costumbre de pasear por allí dentro. ¡Dios mío, con tantos lugares para pasear como hay en Río! Y en el caso de esa muchacha, de haberse aburrido mucho, no tenía más que tomar el tranvía que va a la playa, bajar en el Morisco y apoyarse en el múrete. Tenía el mar a su disposición, a cinco minutos de su casa. El mar, los viajes, las islas de coral, todo gratis. Pero, por pereza, o por su interés en los entierros o... qué sé yo, le dio por ir al San Juan Bautista, a contemplar bóvedas. ¡Pobre!

—En el interior eso es muy común...
—Pero ella era de Botafogo.
—¿Trabajaba?
—En su casa. Pero no me interrumpas. Ni me pidas el certificado de su nacimiento ni que te describa su físico. Para el caso que te estoy contando, eso no interesa. El hecho es que, de tarde, solía pasearse —o mejor dicho, "deslizarse"—, ensimismada, entre las callecitas blancas del cementerio. Leía una inscripción, o no la leía, descubría una figura de angelito, una columna trunca, un águila; comparaba las tumbas ricas con las tumbas pobres, hacía cálculos sobre la edad de los difuntos, miraba retratos y medallones —sí, ha de haber sido esto lo que hacía, porque allí, dime, ¿qué más podía hacer?—. Quizá llegó a subir el cerro, donde está la parte nueva del cementerio, las tumbas más modestas. Debe de haber sido ahí donde, una tarde, recogió la flor.
—¿Qué flor?
—Una flor cualquiera. Una margarita, por ejemplo. O un clavel. Para mí era una margarita, pero esto es puro palpito, nunca lo averigüé. La tomó con ese ademán, vago y maquinal, que en ese caso todos hacemos, se la acercó a la nariz —como era de esperar, no tenía aroma—, después machucó la flor distraídamente y la arrojó hacia un costado, pensando en otra cosa. Tampoco sé si la muchacha tiró la margarita al pavimento del cementerio o al de la calle, de vuelta a su casa. Ella misma trató, más tarde, de esclarecer este punto, pero no pudo. Lo cierto es que ya estaba tranquilamente en su casa desde hacía unos minutos, cuando sonó el teléfono. Ella lo atendió.
—Hola.
—¿Qué es de la flor que sacaste de mi sepultura?
La voz era distante, pausada, sorda. Pero la muchacha rió y, comprendiendo a medias, preguntó:
—¿La qué?
Cortó. Volvió a su cuarto, a sus obligaciones. Cinco minutos después, el teléfono llamaba de nuevo.
—Hola.
—¿Qué es de la flor que sacaste de mi sepultura?

Cinco minutos bastan para que la persona menos imaginativa se haga una composición de lugar. La muchacha rió de nuevo, pero prevenida.
—La tengo aquí: ven a buscarla.
En el mismo tono lento, severo, triste, la voz respondió:
—Quiero la flor que me robaste. Dame mi florcita.
¿Era hombre? ¿Era mujer? Imposible adivinarlo por esa voz distante que, sin embargo, se hacía entender. La muchacha siguió su juego:
—Ya te he dicho: ven a buscarla.
—Sabes muy bien, hija mía, que yo no puedo buscar nada. Quiero mi flor y es tu obligación devolvérmela.
—Pero ¿quién habla?
—Dame mi flor, te lo suplico.
—O me dices quien eres o no te la doy.
—Dame mi flor. Tú no la necesitas y yo sí. Quiero la flor que brotó en mi sepulcro.
La broma era estúpida, machacona. La muchacha, aburrida, cortó la comunicación. Se quedó tranquila el resto del día.
Pero al siguiente, a la misma hora, el teléfono volvió a sonar. La muchacha, con toda inocencia, fue a atenderlo:
—¡Hola!
—¿Qué es de la flor ..?
No oyó más. Irritada, colgó el receptor. ¡Qué ganas de embromar! Con rabia, volvió a su costura. Apenas se sentó, la campanilla sonó de nuevo. Y antes de que la voz quejumbrosa recomenzase, ella advirtió:
—Oiga, cambie de disco. Ya estoy harta.
—Tienes que devolverme la flor —retrucó la voz doliente—. ¿Por qué razón te entrometiste con mi tumba? Tienes todo en el mundo, y yo, pobre de mí, he terminado. Me hace mucha falta esa flor.
—Bueno, déjate de embromar.
Cortó. Pero al volver a su cuarto, ya no iba sola.
Llevaba consigo la idea de aquella flor, o, mejor dicho, la idea de la persona idiota que la vio arrancar una flor en el cementerio y ahora la cargaba por teléfono. ¿Quién podría ser? No recordaba haber visto a ningún conocido; era distraída por naturaleza. No sería fácil adivinar por la voz. Claro, era una voz camuflada, pero tan bien que no podía saberse si era de hombre o de mujer. Una voz extrañamente fría. Y llegaba de lejos, como de fuera de la ciudad. O de algún lugar más distante aún... ¿Te darás cuenta de que la muchacha ya empezaba a tener miedo?
—Yo también.
—No seas tonto. Bueno, el hecho es que esa noche a ella le costó dormirse. Y de ahí en adelante no durmió nada. La persecución telefónica no cesaba. Siempre a la misma hora, siempre en el mismo tono. La voz no amenazaba, no subía de volumen: imploraba. Parecía que la maldita flor era, para ella, la cosa más valiosa del mundo, y que su eterno descanso —admitiendo que se trataba de una persona muerta— dependiera de la restitución de una humilde florcita, pero sería absurdo admitir tal cosa y, por lo demás, la muchacha no quería dejarse abatir. Al quinto o sexto día, escuchó firme la cantilena de la voz y, a continuación, le dijo de todo: que se fuera al demonio, que dejara de ser imbecil (palabra excelente porque se adecuaba a ambos sexos) y que si no se callaba, ella tomaría las medidas pertinentes.

La medida consistió en avisarle al hermano y después al padre. (La intervención de la madre no había conmovido a la voz.) Por el teléfono, el padre y el hermano cubrieron de improperios a la voz suplicante. Estaban totalmente convencidos de que se trataba de alguien que quería hacerse el gracioso, sin tener pizca de gracia, pero lo raro era que, al referirse a él, decían 'la voz".

—¿La voz llamó hoy?—preguntaba el padre al volver del centro.
—¡Mira que no! Es infalible —suspiraba la madre, desalentada.

Por lo visto, con enfurecerse no se sacaba nada. Era menester usar el cerebro, indagar, hacer averiguaciones en el vecindario, vigilar los teléfonos públicos. Padre e hijo se repartieron las tareas. Lo primero fue frecuentar los comercios, los cafés más próximos, las florerías, los marmolistas. Si alguien entraba y pedía permiso para usar el teléfono, el oído del espía se afinaba. ¡Pero qué...!
Nadie reclamaba una flor de sepultura. Quedaba la red de los teléfonos particulares. Uno en cada departamento, diez, doce en el mismo edificio. ¿Cómo descubrirlo?

El hermano comenzó a llamar a todos los teléfonos de la calle General Polidoro, después a todos los de las calles transversales, después a todos los de la característictí 2-6... Discaba, oía el "Hola", verificaba que ésa no era la voz y cortaba. Tarea inútil: la persona de la voz debía de estar mucho más cerca: el tiempo de salir del cementerio y llamar a la muchacha. Y muy escondida tenía que estar ya que sólo se hacía oír cuando quería, es decir, a cierta hora de la tarde. Este problema de la hora le inspiró a la familia algunas diligencias. Pero infructuosas.

Claro que la muchacha dejó de atender el teléfono. Ni siquiera con sus amigas hablaba. Entonces la "voz" que le pedía "dame mi flor", le decía al que atendía el aparato: "Quien me robó la flor tiene que restituirla", "quiero mi flor", etc. ... No dialogaba con estas personas. Únicamente conversaba con la muchacha. Y la "voz"no daba explicaciones.

Quince días o un mes así termina por enloquecer a un santo. La familia quería evitar el escándalo, pero tuvo que quejarse a la policía. O la policía estaba demasiado ocupada en detener comunistas, o las investigaciones telefónicas no eran de su incumbencia: el hecho es que no se averiguó nada. El padre, entonces, corrió a la Compañía Telefónica. Lo recibió un caballero amabilísimo que, rascándose el mentón, aludió a factores de orden técnico.

—¡Pero se trata de la paz de mi hogar, eso vengo a pedirle! La tranquilidad de mi hija, de mi casa. ¿O me veré obligado a privarme del teléfono?
—No, no vaya a hacer eso, mi estimado señor: sería una locura. Entonces sí que no sabríamos nada. Hoy en día es imposible vivir sin teléfono, radio y heladera. ¿Me permite un consejo? Mire, vuelva a su casa, tranquilice a la familia y espere los acontecimientos. Le prometo que haremos lo posible.

Bueno, ya te habrás dado cuenta de que todo eso no sirvió para nada. La voz siguió mendigando la flor. La muchacha, perdiendo el apetito y el ánimo. Andaba pálida, sin fuerzas para salir a la calle o para trabajar. ¡Ni qué decir para ver pasar los entierros! Se sentía desdichada, esclava de una voz, de una flor, de un vago difunto que ni siquiera conocía. Porque —ya te dije que era distraída— ni siquiera recordaba de qué tumba había sacado esa maldita flor. Si por lo menos lo supiera...

El hermano volvió del cementerio diciendo que por donde su hermana había pasado aquella tarde había cinco sepulturas con flores plantadas. La madre no dijo nada, bajó, entró a la florería más cercana, compró cinco enormes ramilletes, cruzó la calle hecha un jardín viviente y con ademán votivo, esparció las flores sobre los cinco túmulos. Volvió a casa y quedó a la espera de la hora insoportable. El corazón le decía que aquel gesto propiciatorio aplacaría el ansia del enterrado —si es que los muertos sufren y a los vivos les es dado consolarlos, después de haberlos afligido.

Pero la "voz" no se dejó consolar ni sobornar. Ninguna flor le convenía sino aquella menuda, estrujada, olvidada, que había quedado rodando en el polvo y que ya no existía. Las otras venían de otra tierra; no habían nacido de su humus —esto decía la voz, sin decirlo—. Y la madre desistió de las ofrendas que había proyectado. ¿Flores, misas, para qué?...

El padre jugó la última carta: espiritismo. Descubrió un médium eficaz a quien le expuso largamente el caso, pidiéndole que estableciese contacto con el alma despojada de su flor. Asistió a innumerables sesiones y grande era su fe de emergencia, pero los poderes sobrenaturales se negaron a cooperar, o son impotentes cuando alguien quiere alguna cosa en su última fibra: la voz continuó sorda, desdichada, metódica. Si era de una persona viviente (como a veces la familia todavía conjeturaba, aunque se aferraba cada día más a una explicación desalentadora que era la falta de cualquier explicación lógica), esa persona había perdido toda noción de misericordia. Y si era de una persona muerta, ¿cómo juzgar, cómo vencer a los muertos? De cualquier modo, en el llamado había una tristeza húmeda, una congoja tan honda, que hacía olvidar su crueldad y reflexionar que hasta la maldad puede ser triste. Esto era todo lo que se podía comprender. Alguien pide continuamente cierta flor, y esa flor no se le puede dar porque ya no existe. ¿No te parece que es el colmo de la falta de esperanza?

— Pero ¿y la muchacha?
— Carlos, te previne que este caso era muy triste. La muchacha murió, exhausta, al cabo de algunos meses. Pero quédate tranquilo, para todo hay esperanza: la voz no llamó nunca más.


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Mensaje por Maria Lua el Jue Mayo 14, 2020 8:51 pm



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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Vie Mayo 15, 2020 7:27 pm

Os Ombros Suportam o Mundo

Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus.
Tempo de absoluta depuração.
Tempo em que não se diz mais: meu amor.
Porque o amor resultou inútil.
E os olhos não choram.
E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
E o coração está seco.

Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
És todo certeza, já não sabes sofrer.
E nada esperas de teus amigos.

Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
Teus ombros suportam o mundo
e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edifícios
provam apenas que a vida prossegue
e nem todos se libertaram ainda.
Alguns, achando bárbaro o espetáculo
prefeririam (os delicados) morrer.
Chegou um tempo em que não adianta morrer.
Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
A vida apenas, sem mistificação.
Publicado em 1940, na antologia Sentimento do Mundo, este poema foi escrito no final da década de 1930, durante a Segunda Guerra Mundial. É notória a temática social presente, retratando um mundo injusto e repleto de sofrimento.
O sujeito descreve a dureza da sua vida sem amor, religião, amigos ou sequer emoções ("o coração está seco"). Em tempos tão cruéis, repletos de violência e morte, ele tem que se tornar praticamente insensível para suportar tanto sofrimento. Deste modo, sua preocupação é apenas trabalhar e sobreviver, o que resulta numa solidão inevitável.
Apesar do tom pessimista de toda a composição, surge um laivo de esperança no futuro, simbolizada pela "mão de uma criança". Aproximando as imagens da velhice e do nascimento, faz referência ao ciclo da vida e à sua renovação.
Nos versos finais, como se transmitisse uma lição ou conclusão, afirma que "a vida é uma ordem" e deve ser vivida de forma simples, focada no momento presente.


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Mensaje por Maria Lua el Sáb Mayo 16, 2020 8:16 pm



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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Lun Mayo 18, 2020 12:43 am

AMOR Y SU TIEMPO
 
Amor es privilegio de maduros
extendidos en la más estrecha cama,
que se vuelve la más ancha y herbosa,
rozando, en cada poro, el cielo del cuerpo.
 
Es esto, amor: la ganancia no prevista,
el premio subterráneo y fulgurante,
lectura de relámpago cifrado
que, descifrado, nada más existe
 
que valga la pena el precio de lo terrestre,
salvo el minuto de oro en el reloj
minúsculo, vibrando en el crepúsculo.
 
Amor es lo que se aprende al límite,
después de archivarse toda la ciencia
heredada, oída. Amor comienza tarde.


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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Mar Mayo 19, 2020 3:41 am

Carlos Drummond de Andrade

Contenido: Carlos Drummond de Andrade. Introducción. Mi poema sobre la traducción de A máquina do mundo. A Máquina do mundo traduzido.Biografia de Carlos Drummond de Andrade. Video
La traducción para mí es traslación, es tomar un relato o un poema: prefiero la poesía porque es más dúctil, más maleable; y trasladarlo a otra casa con todas las pertenencias. También es el acomodo en el nuevo espacio. Me siento obligado a dejar lo mejor posible en la nueva residencia todo lo recogido de la anterior; habitaciones nuevas, nuevo salón, jardín recién conquistado. Espero haber tomado en mi mente lo más de lo que Drummond de Andrade quiso decir y sugerir en “La Máquina do Mundo”
Espero haberlo trasladado sin romper ninguna pieza, ni el jarrón de Sévres ni el hombrecillo de los gansos, adorno de terracota que rompió siendo niño con disgusto y pegó con resina. Espero haberlo colocado como él lo hubiera querido, contando con que todo en la nueva casa es distinto queriendo ser lo mismo. Por eso quise conocer a Drummond lo suficiente para atreverme a traducirlo, para atreverme a interpretarlo. Como el nuevo espacio es mayor, las piezas pueden estar más separadas. Conocer el idioma de partida o dominar las herramientas que lo cercan, diccionarios, referencias de uso; conocer el idioma de llegada, conocer el género literario de la pieza. Eso necesita el traductor; y con frecuencia no se tiene todo.
Trabalhos do tradutor


Pedro Sevylla de Juana


Tinha trazido ao castelhano

desde o idioma português vários centos

de poemas, filhos de muito diferentes

bardos;

por isso me atrevi com um dos grandes:

Carlos Drummond

de Andrade e seu audaz

e celebrado

“A Máquina do Mundo”;

pilar do Modernismo neste

Brasil

de meus desvelos.

“…se foi miudamente recompondo,

enquanto eu, avaliando o que perdera,

seguia vagaroso, de mão pensas.”

Cheguei ao ponto morto,

certamente,

na postrema estrofe, pedra angular

e fechamento do poema.

Mas stricto sensu

a di culdade,

insuperável por então,

de mão pensas

premeditada falta de concordância

estava nas três palavras

últimas.

“Y como mis pies palparan suavemente

una carretera de Minas, empedrada,

y en la aldaba de la tarde una campana ronca…”

Me animou o princípio, o confesso,

e me crendo

capaz de traduzí-lo inteiro

continuei carregado

de otimismo contagioso:

“…la máquina del mundo se entreabrió

para quien de romperla ya se arrepentía

y solo por haberlo imaginado lagrimaba.”

Pressentia a minha imodéstia

algum inconveniente

dos considerados menores.

Nada ni nadie iba a suponer obstáculo bastante

para que, mi fuerza expresiva, expresara

-raíz y tallo nutriéndose, armonía encadenada-

lo mucho que mi inteligencia compartía.

“Arrancó suntuosa y reservada,

sin emitir un sonido considerado impuro

ni un resplandor mayor que el soportable…”

Progresivos

sonido y movimiento, amanecían

martes y miércoles unidos,

jueves y viernes de la mano

y yo me las prometía

tan felices.

Desconhecendo ainda

o que agora sei, minha intuição

apagava: Se abrió, para escrever

em seu lugar: Arrancó:

palavra-chave.

“…esa exégesis integral de la vida

ese vínculo inicial y único

que no llegas a interpretar pues tan arisco…”

Filosofía, metafísica, teosofía, naturalismo,

sociología, sicología: entiendo al hombre

en su conjunto y en las partes:

homo homini lupus; amor, primera fuerza

metafórica:

estoy bien preparado:

me dije: exégesis sin duda tiene ahí su hueco.

¿Sé adónde voy?: conozco el sendero.

“…y la gloria de los dioses y el imponente

sentimiento de muerte, que florece,

en el mástil de la existencia más gloriosa…”

Exultante estava e convencido

de minhas instáveis reservas, ente eu

que se autoalimenta

alimentando a própria dúvida;

já, sexta-feira dia nove,

pouco antes

das duas da manhã,

desconhecendo que numa noite de insónia

posterior,

o laberinto de mão pensas

pensando e repensando

me ia mostrar sua saída.

“…como olvidados credos requeridos

pronto y vibrantes no se dispusieran

a colorear de nuevo la cara neutra…”

Presto y fremente:

pronto y vibrantes: pluralizo;

mas mão pensas segue martelando a minha cabeça

porque perguntada R^Bomfim,

temporalmente lisboeta, não

me pode fechar uma mão,

nem o dicionário Priberam, sempre tão

atento a minhas necessidades;

recorro a Mario

também Andrade de apelido,

a suas cartas cruzadas com Carlos,

e não está nelas a saída.

A Ester Abreu voy, último recurso,

y de su respuesta rauda y precavida,

minucioso análisis de las palabras,

infiero una posición de duda sobre la fiabilidad

del texto de partida.

Incorporo la incertidumbre a las posibles soluciones;

y decido escribir: “olvidados credos requeridos”

como versión del verso al que,

por el momento, llego.

“…pasara a dirigir mi voluntad

que, ya de por sí inestable, se cerraba

semejante a esas ores indecisas…”

Descobria admirável o nexo literário,

o ritmo, a paixão,

a veemência sujeitada; mas na amanhecida

me intrigava mais ainda

o sentido exato que o poeta

quis dar às indômitas palavras

de mão pensas, sua concreção abstrata.

Me encontraba en punto muerto

esperando una resurrección imposible

o un entierro profiláctico, cuando

la primera luz de la alborada, en otra noche,

avivó mi mente trasladándome,

infante, a mi pueblo;

época agitada do traçado

dessa breve estrada que vai de Valdepero

a Valdeolmillos:

povos limítrofes separados pelos montes

de azinheiras.

Allí el burrero y su reata de asnos,

serones repletos de rocas;

allí los pedreros, que

con sus martillos largos

machacaban peñas, alisando;

allí los peones con sus paladas de tierra,

allí la máquina aplanadora,

apisonadora por buen nombre:

férreo cilindro macizo la rueda delantera

destinada a compactar el suelo,

transformando

tierra y piedra sueltas

en calzada resistente.

Isso era, aí estava o quid.

Esclarecido e esclarecedor

compreendi que podia retirar da engrenagem o pau

na tradução de «A Máquina do Mundo».

La acompasada voz silente de la cachazuda máquina,

vino a mí: atrás y adelante, adelante y atrás,

guiada por un operario experimentado,

sutil e inteligente, que se hacía preguntas y respuestas,

iluminado en la noche

por un fanal sereno,

y en los descansos muchos

bajaba a tierra para palpar con el pie el empedrado

o apoyaba, pensativo, en el timón

los brazos cruzados, las manos sobrepuestas,

observando los trajines de los demás oficios

desarrollados a sus pies.

Ainda habitava eu a dúvida, quando Carlos Machado,

poeta difusor de poetas, grande pesquisador

de Drummond

com firme conhecimento de causa,

me enviou o carinhoso e esclarecedor aviso:

“Essa falta de concordância não existe:”

as edições certas incluem o “s” de mãos.

Assim que eu havia sofrido sem ração verdadeira

porque nesse verso postreiro

Drummond escreveu

inequivocamente:

seguia vagaroso, de mãos pensas.

Saturados de murmullos: “hálito, eco

o simple sacudida”, mis oídos internos,

lleno yo de un vigor intuitivo

destinado a seguir vertiendo

al castellano

esas “verdades más altas que tantos

monumentos erigidos a la verdad;”

esclarecido o mistério das três robustas palavras,

últimas do vibrante poema,

adotei a decisão de terminá-lo assim:

“…poco a poco se fue recomponiendo,

mientras yo, valorando lo perdido,

permanecía indolente, mano sobre mano.”


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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Mar Mayo 19, 2020 7:10 pm

CONVITE AO SUICÍDIO
A MÁRIO DE ANDRADE                   
  
Vamos dar o tiro no ouvido, Vamos ?
Largar essa vida largar esse mundo comprar o ultimo bilhete
e desembarcar na estação central do Infinito pe­rante a commissão importante de archan-jos bem-aventurados prophetas—vivôôôô !
Vamos acabar com isso, dar o fóra nas aporrinhações. Adeus contrariedades. Nunca mais desastres nem callos nem desejos
nem percevejos nem nada.
Só um gesto PUM PUM Acabou-se.
Já estou cansado da Metro, da Paramount, de todas as marcas inclusive a barbante. O fita pau.
Repetir é casar dobrado. Me dá o braço, vamos s'embora.
A vida foi feita pros trouxas
que esperdiçam as riquezas do coração
nessa lenga lenga infindável
e depois vão dormir o somno abençoado dos burros
justos pra recomeçar no dia seguinte cedinho.
Vida que não é vida...
(Suspirei
foi pra abrir o peito, soltar o ultimo desgosto.)
Estou prompto pra sahir. Vamos sahir juntos ? E' mais divertido
e enche mais os jornaes: um suicídio duplo, hein ?
que mina pros repórteres e pros cidadãos que gostam de misturar o café matinal com historias de Smith and Wess.
 
A noite está fria.
Noite indifferente.
Vamos morrer daqui a um minuto
(si você não roer a corda)
e no entanto o Cruzeiro do Sul parece
dizer: que m'importa,

E astros   aguas e terras  repetem
machinalmente: que m'importa.

 
Elles têm razão.
Nós também temos.
Dois contribuintes de menos,
que perderá o Brasil com isso.
No frio da noite os amorosos multiplicam a espécie.
O Brasil é tão grande.
Mais grande que o mundo inteiro.
Estamos caceteados, vamos s'embora
 
Adeus minha terra
terra bonita
pintada de verde

com bichos exquesitos e moleques
treteiros,

abençoada pelo Deus brasileiro das
felicidades e descarrilamentos. Meu povo
amigos inimigos
canalha miúda

me despéço de todos sem excepção.
Apezar de ser inútil,
se lembrem de mim nas suas orações.
 
Está na hora.
Agora vamos.

Me acompanhe nesse passo
tão complicado.
Me ajude a morrer,
morre com a gente, irmãosinho.

 
Vamos fazer a grande besteira: rebentar os miolos
e ir receber no céo o castigo de nossos
amores
e o premio de nossas
devassidões.

 
                   Carlos Drummond de Andrade
 
(poema publicado originalmente na edição da revista
VERDE, Número 4, Anno 1, Dezembro 1927, Cataguases, MG)


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Mensaje por Maria Lua el Miér Mayo 20, 2020 7:03 pm



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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Jue Mayo 21, 2020 6:15 pm

O enterrado vivo
 
É sempre no passado aquele orgasmo,
é sempre no presente aquele duplo,
é sempre no futuro aquele pânico.
 
É sempre no meu peito aquela garra.
É sempre no meu tédio aquele aceno.
É sempre no meu sono aquela guerra.
 
É sempre no meu trato o amplo distrato.
Sempre na minha firma a antiga fúria.
Sempre no mesmo engano outro retraio.
 
É sempre nos meus pulos o limite.
É sempre nos meus lábios a estampilha.
É sempre no meu não aquele trauma.
 
Sempre no meu amor a noite rompe.
Sempre dentro de mim meu inimigo.
É sempre no meu sempre a mesma ausência.
 
 
El enterrado vivo
 
Está siempre en el pasado el mismo orgasmo,
y siempre en el presente el mismo doble,
y siempre en el futuro el mismo pánico.
 
Esta siempre en mi pecho la misma garra.
Y siempre en mi tedio la misma llamada.
Y siempre en mi sueño la misma guerra.
 
Está siempre en mi acuerdo el gran desacuerdo.
Siempre en mi firma la antigua furia.
Siempre en el mismo engaño otro retrato.
 
Está siempre en mis saltos el límite.
Y siempre en mis labios la estampilla.
Y siempre en mi no el mismo trauma.
 
Y siempre en mi amor la noche rompe.
Y siempre dentro de mí mi enemigo.
Y en mi siempre la misma ausencia siempre.
 
De Fazendeiro do ar (19S2-19S3)
 
 
 Metadados: Mãe (poesia); Itabira (Minas Gerais); Metapoesia; Metapoema; Poesia erótica. Modernismo.


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Mensaje por Maria Lua el Vie Mayo 22, 2020 10:30 pm



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Recomendado Re: CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

Mensaje por Maria Lua el Sáb Mayo 23, 2020 7:08 pm

Reconocimiento del amor








Amiga, cómo carecen de norte


los caminos de la amistad.


Apareciste para ser el hombro suave


donde se reclina la inquietud del fuerte


(o que ingenuamente se pensaba fuerte).


Traías en los ojos pensativos


la bruma de la renuncia:


no querías la vida plena,


tenías el previo desencanto de las uniones para toda la vida,


no pedías nada,


no reclamabas tu cota de luz.


Y te deslizabas en ritmo gratuito de ronda.


Descansé en ti mi fajo de desencuentros


y de encuentros funestos.


Quería tal vez -sin percibirlo, lo juro-


sádicamente masacrarte


bajo el hierro de culpas y vacilaciones y angustias que dolían


desde la hora del nacimiento,


estigma desde el momento de la concepción


en cierto mes perdido en la Historia,


o más lejos, desde aquel momento intemporal


en que los seres son apenas hipótesis no formuladas


en el caos universal.


¡Cómo nos engañamos huyéndole al amor!


Cómo lo desconocimos, tal vez con recelo de enfrentar


su espada reluciente, su formidable


poder de penetrar la sangre y en ella


imprimir una orquídea de fuego y lágrimas.


Pero, él llegó mansamente y me envolvió


en dulzura y celestes hechizos.


No quemaba, no brillaba, sonreía.


No entendí, tonto que fui, esa sonrisa.


Me herí con mis propias manos, no por el amor


que traías para mí y que tus dedos confirmaban


al juntarse a los míos, en la infantil búsqueda del Otro,


el Otro que yo me suponía, el Otro que te imaginaba,


cuando -por agudeza del amor- sentí que éramos uno sólo.


Amiga, amada, amada amiga, así el amor


disuelve el mezquino deseo de existir de cara al mundo


con la mirada perdida y la ancha ciencia de las cosas.


Ya no enfrentamos al mundo: en él nos diluimos,


y la pura esencia en que nos transmutamos perdona


alegorías, circunstancias, referencias temporales,


imaginaciones oníricas,


el vuelo del Pájaro Azul, la aurora boreal,


las llaves de oro de los sonetos y de los castillos medievales,


todos los engaños de la razón y de la experiencia,


para existir en sí y para sí,


con la rebeldía de cuerpos amantes,


pues ya ni somos nosotros,


somos el número perfecto: Uno.


Tomó su tiempo, yo se, para que el «Yo» renunciase


a la vacuidad de persistir, fijo y solar,


y se confesara jubilosamente vencido,


hasta respirar el más grande júbilo de la integración.


Ahora, amada mía para siempre,


ni mirada tenemos para ver, ni oídos para captar la melodía,


el paisaje, la transparencia de la vida,


perdidos como estamos en la concha ultramarina de mar.


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Mensaje por Maria Lua el Dom Mayo 24, 2020 12:09 pm

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Mensaje por Maria Lua el Dom Mayo 24, 2020 10:34 pm

Elegia 1938




Trabalhas sem alegria para um mundo caduco,
onde as formas e as ações não encerram nenhum exemplo. 
Praticas laboriosamente os gestos universais,
sentes calor e frio, falta de dinheiro, fome e desejo sexual.


Heróis enchem os parques da cidade em que te arrastas,
e preconizam a virtude, a renúncia, o sangue-frio, a concepção. 
À noite, se neblina, abrem guarda-chuvas de bronze
ou se recolhem aos volumes de sinistras bibliotecas.


Amas a noite pelo poder de aniquilamento que encerra
e sabes que, dormindo, os problemas te dispensam de morrer. 
Mas o terrível despertar prova a existência da Grande Máquina
e te repõe, pequenino, em face de indecifráveis palmeiras.


Caminhas entre mortos e com eles conversas
sobre coisas do tempo futuro e negócios do espírito. 
A literatura estragou tuas melhores horas de amor.
Ao telefone perdeste muito, muitíssimo tempo de semear.


Coração orgulhoso, tens pressa de confessar tua derrota
e adiar para outro século a felicidade coletiva. 
Aceitas a chuva, a guerra, o desemprego e a injusta distribuição
porque não podes, sozinho, dinamitar a ilha de Manhattan.






*************




Elegía 1938






Trabajas sin alegría para un mundo caduco,

donde las formas y las acciones no encierran ejemplo alguno.

Practicas laboriosamente lso gestos universales,

sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.



Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras,

y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.

De noche, si hay neblina, abren paraguas de bronce

o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.



Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra

y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.

Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Máquina Enorme

y vuelve a reponerte, minúsculo, frente a indescifrables palmeras.



Caminas entre muertos y con ellos conversas

sobre cosas del tiempo futuro y asuntos del espíritu.

La literatura estropeó tus mejores horas de amor.

Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.



Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota

y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.

Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución

porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.


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Mensaje por Maria Lua el Mar Mayo 26, 2020 3:50 am

SENTIMENTAL




Ponho-me a escrever teu nome

com letras de macarrão.

No prato, a sopa esfria, cheia de escamas

e debruçado na mesa, todos contemplam

esse romântico trabalho.

Desgraçadamente falta uma letra,

uma letra somente

para acabar teu nome!

– Está sonhando? Olhe que a sopa esfria!
Eu estava sonhando…

E há em todas as consciências um cartaz amarelo:

“Neste país é proibido sonhar”.

Carlos Drummond de Andrade


Sentimental


Me pongo a escribir tu nombre
con fideos de letritas.
En el plato, la sopa se enfría, llena
de escamas
y acodados en la mesa todos contemplan
ese romántico trabajo.


Desgraciadamente falta una letra
¡una letra solamente
para acabar tu nombre!


-¿Estás soñando? ¡Mira que la sopa se
enfría!


Yo estaba soñando…
Y hay en todas las conciencias este cartel
amarillo:
“En este país está prohibido soñar”.


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Mensaje por Maria Lua el Miér Mayo 27, 2020 5:10 am

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Mensaje por Maria Lua Ayer a las 7:02 pm

Destruição

Os amantes se amam cruelmente
e com se amarem tanto não se veem.
Um se beija no outro, refletido.
Dois amantes que são? Dois inimigos.

Amantes são meninos estragados
pelo mimo de amar: e não percebem
quanto se pulverizam no enlaçar-se,
e como o que era mundo volve a nada.

Nada, ninguém. Amor, puro fantasma
que os passeia de leve, assim a cobra
se imprime na lembrança de seu trilho.

E eles quedam mordidos para sempre.
Deixaram de existir, mas o existido
continua a doer eternamente.


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